Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.

Una nueva vida.

Habían pasado ya cinco años desde que nuestros protagonistas se habían graduado. Ambos eran ahora unos exitosos empleados en el ministerio y habían alcanzado tocar sus sueños con los dedos.

Si se preguntan si las cosas entre ellos habían cambiado, puedo decirles que sí, y mucho. Ambos tenían sus vidas, estaban muy ocupados, pero seguían siendo los mejores amigos que se pudiera alguien encontrar.

Tal y como habían prometido antes de marcharse de Hogwarts, se visitaban siempre que podían y comían juntos una vez por semana o más si les era posible.

Lo que más les gustaba era ir al apartamento del otro por la noche y cenar juntos para hablar sobre lo que les había sucedido en el día y a veces ver una película en la televisión que Scorpius había insistido en comprar. Porque sí, como habían acordado, se habían mudado al mismo edificio y tenían la fortuna de vivir el uno frente al otro.

-¡Rose!- exclamó Scorpius al verla abrazando un cojín como si fuera lo único en el mundo, mientras sollozaba fuertemente y las lágrimas caían de sus ojos como si estos fueran dos copiosas cascadas.

Acababa de llegar del trabajo y le iba a dar la gran noticia de su asenso antes de llegar a su apartamento. Como no le abría cuando llamó, le pareció extraño, pues sabía que había salido del trabajo hacía horas, y abrió con la llave de reserva que ella misma le había dado.

Fue hasta ella y la abrazó con fuerza.

Rose se aferró a él como antes al cojín y se dejó mimar hasta que las lágrimas dejaron de caer poco a poco y los sollozos se fueron apagando.

Scorpius notó que aún vestía su ropa del trabajo y el maquillaje se le había corrido. Le acarició el cabello para acabar de tranquilizarla. Hacía mucho que no la veía así y no sabía qué era lo que podría haberla hecho llorar de ese modo.

-¿Qué sucede, Cerecita?- preguntó el rubio luego de darle un beso en la coronilla.

-Alex- dijo ella con voz queda y las lágrimas volvieron a aparecer.

Scorpius la abrazó más, sintiendo una furia hacia el novio de su amiga que no se comparaba con nada, quería destriparlo por haber lastimado a Rose y luego tirarlo por el precipicio más profundo para que los animales carroñeros acabaran con su cuerpo.

Rose no sabía qué haría sin Scorpius, quizás estaría perdida en el mundo sin saber qué hacer. Él era su soporte en todo, su mejor amigo.

Era ya entrada la noche cuando la pelirroja se separó de Scorpius para contarle todo. Le daba vergüenza decirlo, se sentía como una estúpida a la que habían engañado y traicionado. Pudo ver cómo su amigo tenía la camisa mojada por las lágrimas que ella reconoció como suyas y las ojeras que tenía desde hace casi un mes, cuando su novia, con la que llevaba año y medio, le había dicho que prefería buscar a alguien más.

Se golpeó mentalmente, él ya tenía sus propios problemas; recordaba cómo el chico había llegado con una aparente calma hasta su oficina y le había dicho que estaba de nuevo soltero. Esa noche tomó alcohol como no lo hacía desde que era adolescente y desde entonces ella lo cuidaba, pero ahora ¿cómo cuidar de alguien si te sientes igual de rota por dentro? Se preguntaba.

Lo vio a los ojos y en ellos encontró su calma. Todo estaba bien y era más fácil cuando se perdía en ese mar de color gris. Enterró el rostro en el cuello del rubio, calmándose con el sonido de su respiración acompasada.

-Me había estado engañando- soltó ella luego de un rato.

Al ver que el rubio se tensaba, se sintió mal de nuevo y se quedó callada.

Cuando Scorpius reaccionó, lo único que pudo decir fue un:

-¿Qué?- bastante calmado para la salud mental de Rose.

Sabía que Rose no le contaría nada si se sobresaltaba.

-Íbamos a salir hoy- contó ella tapándose la cara con las manos-. Fui a su oficina y allí estaba, ¡justo con la secretaria que aborrezco! Cuando salí de allí (no pude decirle nada) escuché cosas, como que desde hace tiempo dormían juntos- sollozó. Scorpius no sabía qué decir.- Lo peor fue que cuando llegué a las chimeneas, me alcanzó y me echó en cara que ya no le hacía caso, que me la pasaba contigo y yo me enfurecí y salí de allí luego de darle una bofetada.

Scorpius se levantó enfurecido ¡todavía el imbécil tenía la desfachatez de reclamarle a Rose! Esa la pagaría caro, ya decía que ese sujeto no le agradaba…

-Scorpius, por favor, no hagas nada- suplicó ella poniéndose en pie también.

-Rose, te lastimó- dijo él como si eso fuera razón para poner el mundo de cabeza, y es que para él, sí lo era.

Rose lo abrazó de nuevo y él la pegó más a él, infundiéndole su calor.

-Al menos hoy no hagas nada- dijo la pelirroja como último recurso. Sabía que su amigo iba a cobrar cuentas con Alex de cualquier manera.- quédate conmigo.

Aunque sus ganas de venganza era más fuertes que cualquier cosa en ese momento. Las palabras de su amiga llegaron hasta el centro de su ser y decidió hacerle caso, por el momento. Como toda respuesta, se dirigió a la cocina y comenzó a sacar cosas de la alacena para hacer un chocolate caliente.

-Anda, ve a darte un baño mientras hago la cena- dijo el rubio con delicadeza.

Rose asintió con desgana.

Sus saladas lágrimas se perdían con el agua caliente que salía de la regadera. Intentaba olvidar lo que había visto, pero no podía.

Dos años de su vida se los había dado a ese infeliz que la engañó a la primera de cambio. Sabía que no era sólo por Scorpius que él se había molestado, sino porque varias veces no había querido llegar más allá que simples besos, pero eso no se lo diría a su amigo, que ya estaba lo suficientemente molesto.

Cuando salió del baño enfundada en su pijama de franela y con el cabello completamente húmedo, Scorpius la esperaba con una charola llena de galletas y pasteles con apariencia de poseer mucha azúcar, una taza humeante de chocolate y una sonrisa de dientes blancos que nunca se cansaría de ver.

Scorpius observó a su pelirroja mientras esta comía con una sonrisa en los labios que sabía que no duraría mucho, pero confiaba en que así fuera. Tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar y, estaba seguro de eso, un gran vacío en su corazón.

Con una agilidad que sólo ellos se conocían, terminaron con toda la comida y al final estaban echados en el sofá. Rose bostezó.

-¿Quieres que me vaya para que duermas?- preguntó el rubio acariciándole una mejilla.

Rose negó con la cabeza.

-Te sonará infantil, pero… no quiero estar sola hoy- dijo ruborizada.

Scorpius la abrazó.

-Me quedaré contigo- prometió.

Rose lo abrazó más, acurrucándose en su pecho como siempre hacía para oír los latidos de su corazón, que lograban arrullarla. Cuando ya estaba más dormida que despierta, sintió cómo su amigo la levantaba en brazos y luego la colocaba en su cama.

-No te vayas- le pidió en un susurro que Scorpius comprendió a la perfección.

Se quitó los zapatos y se recostó al lado de ella, cubriéndola con los brazos y acariciándole el cabello hasta que ésta se durmió. El olor a flores de su cabello lo inundó por completo mientras observaba, a la luz de la luna, su suave rostro de porcelana. Si de algo estaba seguro, era de que Rose era hermosa.

Por suerte, al día siguiente era sábado y no tenían que ir al trabajo, así que Scorpius la dejó dormir hasta tarde, mientras él iba a su departamento a bañarse y cambiarse, listo para un día de entretenimiento para su amiga.

-¡Suéltame!- escuchó que gritaba Rose con furia. Salió rápidamente para ver qué sucedía.

Allí estaba ese infeliz de Alex, tomándola por el brazo y con una cara de arrepentimiento mal fingida.

-Por favor, Rose…- suplicaba él.

Scorpius se sulfuró y, sin pensarlo, le dio un puñetazo en la nariz que lo tiró al suelo, soltando a Rose al instante.

-Olvidaba que tienes guardaespaldas- se burló el sujeto mientras se levantaba.

Scorpius puso a Rose detrás suyo en signo protector.

-No te vuelvas a acercar a ella- advirtió con voz venenosa y el cuerpo tenso.

-¿Por qué no? -se envalentonó el otro y lo desafió con la mirada- ¿contigo si se acuesta?

Esa fue la gota que derramó el vaso.

Los golpes llovían por aquí y por allá, Rose les pedía que pararan (no quería que Scorpius se lastimara). Al final, Alex se levantó y se fue corriendo como cobarde con la cara llena de sangre al igual que la camisa.

Diez minutos después, Scorpius se encontraba en el sofá de Rose, quejándose mientras ella le colocaba quién sabe qué cosas con un algodón sobre la cara, curando sus heridas después de haber limpiado la sangre.

-Desperté cuando escuché que alguien tocaba a la puerta- explicó todavía sorprendida con lo ocurrido-. Como no te vi, creí que eras tú, pero allí estaba él, tratando de pedir perdón- su voz sonaba temblorosa-. Le dije que se marchara pero me sujetó, fue cuando tú apareciste.

Scorpius la abrazó, sin saber por qué una corriente eléctrica se había apoderado de su cuerpo cuando la suave piel de Rose rozó la suya.

-No volverá a hacerte daño- prometió el rubio juntando su frente con la de ella-, de eso me encargo yo.

Rose le sonrió y cerró los ojos. La voz de Scorpius era como música para ella, comparable con el sonido de las olas en el mar. Una sensación cálida se extendía sobre su cintura, donde estaban posadas las manos del rubio.

Una vez tranquilos, Scorpius obligó a Rose a cambiarse de ropa. Cuando ella se negó diciendo que no estaba de ánimos para salir, Scorpius la cargó como si de un saco de papas se tratara, haciéndola reír y llevándola a su habitación, donde comenzó a sacar ropa del armario, desordenándola toda.

-¡Corpy!- exclamó ella fingiendo enojo ante el desorden.

Scorpius rió y le sacó la lengua; siguió sacando cosas sólo para molestarla.

-Me sé vestir yo sola- refunfuñó ella cruzada de brazos cuando él escogió su ropa, aunque la verdad no tenía tan mal gusto para las combinaciones.

-¿Segura no necesitas ayuda?- preguntó él pícaramente. Rose le arrojó un calcetín a la cara.

Una hora después, ambos estaban listos para marcharse.

-¿Vas a decirme a dónde vamos?- preguntó ella haciendo un puchero cuando salían a la carretera.

La sensación de ser libre en ese viejo auto que Scorpius conservaba seguía sin desaparecer cada vez que salían.

-Es sorpresa- dijo él misteriosamente.

Cuando llegaron, Rose sonrió ampliamente, olvidándose de su anterior problema.

Era la cafetería que había conocido años atrás cuando Scorpius la llevo. No se lo había mencionado, pero era su lugar favorito a pesar de sólo haber estado allí una vez. La calma y familiaridad que destilaba era fantástica.

-Hola, Martha- saludó Scorpius a la cajera como aquella vez.

-¡Scorpius! Mira que guapo te has puesto- exclamó la distraída mujer son una sonrisa amplia. Salió del mostrador y envolvió al chico en un abrazo-. Nos tenías olvidados- le reprochó aunque no podía dejar de sonreír.

El sitio no había cambiado en nada.

-Por supuesto que no- respondió el rubio feliz de ver a su antigua jefa-. Recuerdas a mi mejor amiga Rose, ¿no?- dijo abrazando a la pelirroja por los hombros.

-Claro- dijo ella, aunque Rose notó un brillo de decepción en sus ojos y eso se completó con una mirada con la cocinera antes de abrazarla.

Estuvieron un rato hablando de todo un poco. Rose se sorprendía de la habilidad de su amigo para manipular la verdad, pues no podía decirles que trabajaba en el ministerio de magia ni nada por el estilo.

Una hora después, ambos disfrutaban de un delicioso pastel de chocolate.

-No se ha dado cuenta- comentó la cocinera mientras limpiaba un plato.

-No creí que fuera tan lento- se decepcionó Martha observándolos.

Se reían, se tomaban de la mano y se daban besos en la mejilla de vez en cuando; sus ojos brillaban intensamente cuando se veían. Su lenguaje corporal era obvio.

Esa noche, cuando regresaron a casa y se iban a despedir en el pasillo, Rose dijo:

-Gracias.

Scorpius le sonrió y jugueteó con un mechón de su cabello. Le dio un beso en la mejilla y dijo:

-¿Quieres que me quede contigo?- pues sabía, por la mirada de Rose, que no quería estar sola de nuevo.

Ella asintió y él prometió estar con ella en un momento.

Se dio un baño rápido y se puso la pijama, no quería pasar otra noche incómoda con pantalón de mezclilla.

Cuando entró al apartamento de Rose, la encontró frente al tocador de su habitación cepillándose en cabello casi con furia. Se acercó y le quitó el cepillo de las manos y, sin decir nada, comenzó a cepillarlo él mismo con suavidad y cuidado.

Rose observaba sus reflejos en el espejo mientras la colonia de su amigo se colaba por sus fosas nasales, sintiendo que no podía ser más perfecto.

El siguiente lunes, Scorpius se presentó en la oficina de su jefa, Hermione Weasley.

-De verdad lo siento, pero no podré tomar el trabajo de ir a París, al menos no por el momento.

Hola!

Aquí les dejo un cap recién salido del horno xD

A quién no le gustaría tener la suerte de Rose? Si saben de un galanazo así, mándenmelo por correo!

Sólo una pregunta, el fic no le está gustando a algunas? Porque recibo muchísimos menos comentarios que en cualquier otra historia, sólo les pido que si tienen comentarios que ayuden a mejorar, son bien recibidos, después de todo, la historia es para ustedes =D

Mil besos y que tengan un hermoso fin de semana.