-Rick… no deberíamos –dijo mientras se separaba y se enderezaba.
-Kate –la sujetó del brazo para que no se marcharse.
-Castle, por favor. –Intentó zafarse de su agarre sin éxito.
-No te vayas… sé que no debí besarte, -se frotó la frente con la mano libre –pero no pude evitarlo. Me gustaste desde el primer día que te vi, el día que llegué aquí. Kate –la llamó cuando esta desvió su mirada hacia el otro lado.
-¡Eres mi jefe! –exclamó, sacudiendo la cabeza.
-¿Y qué? –preguntó.
-No deberíamos. Hannah, Bastian,… los demás. –Suspiró, echando su cabeza hacia atrás.
-¿Qué más da lo que digan esos dos o los demás? Lo importante somos nosotros, no ellos, Kate.
-No es tan fácil. –Exhaló.
-¿Por qué? –inquirió, moviéndose un poco, acortando la distancia que los separaba.
-Porque ellos tendrán razón. Quieres meterme en tu cama. –Lo miró con los ojos enrojecidos por las lágrimas contenidas.
-¿De verdad piensas eso? ¿Que solo quiero meterte en mi cama? –preguntó, dolido.
Beckett lo miró fijamente por unos segundos.
-No lo sé. –Se tapó la cara con sus manos. –No es que tu historial ayude.
Castle la miró con tristeza.
-No me crees… -se rascó la cabeza. –Pensé que me habías conocido en estos días que me has estado ayudando.
-Y lo he hecho, pero… ¡No lo sé! -Gritó, frustrada. –No sé si puedo fiarme de ti.
-Vale –dijo con la cabeza gacha. –Entiendo. –Se removió en la cama, separándose por completo de ella. –Cierra la puerta al salir. –Le pidió dándole la espalda.
XXX
-Buenos días –saludó a los niños que corrían hacia ella con una sonrisa. -¿Habéis dormido bien? –les preguntó.
-Sí –contestaron al unísono.
-¿Me ayudáis a preparar el desayuno?
XXX
-Te traigo el desayuno –dijo una Kate entre nerviosa y tensa por la discusión de ayer. No debió de haberse quedado como él se lo pidió.
Carraspeó, ante la intensa mirada de Castle.
-¿Qué haces aquí? –espetó con el entrecejo fruncido y una mirada dura. Beckett fue a decir algo pero tragó saliva cuando la voz de su jefe volvió a escucharse en la habitación. –Si no confías en mí, no sé qué haces aquí. –Dejó el periódico a su lado, en la cama.
-Pensé que… no sé. Os estaba ayudando. –Respondió, algo sorprendida.
-Bueno, pues ya no hace falta. He contratado a alguien esta mañana. Estará a punto de llegar.
No dijo nada, solo lo miró con rabia y soltó la bandeja que traía con el desayuno del escritor de mala gana encima del primer mueble que vio.
XXX
-Katie, cuidado –dijo Jim, acercándose a ella.-No deberías hacerlo tan bruscamente o te harás daño.
-No pasará nada, papá. –Siguió haciéndolo de la misma manera, sin seguir el consejo de su padre.
-¿Estás bien? –le preguntó, sabiendo que algo andaba mal. Primero porque la conocía lo suficiente y, segundo, porque se suponía que debía estar en casa de Richard.
-Sí. –Mintió.
-Vale, pero ¿no deberías estar en casa de Rick? –Ante esa pregunta, Kate, dejó de hacer lo que estaba haciendo para mirarlo.
-Ha contratado a otra. –Se pasó el brazo por la frente, para no mancharse con los guantes que estaba utilizando, y se retiró los pelos que se había escapado de la coleta.
Su padre, achicó los ojos, extrañado, pero al ver el enfado de su hija no quiso preguntar nada más.
XXX
-Me ha contado tu padre que Rick ha contratado a alguien para que los ayude, pensé que todo volvía a estar bien entre vosotros.
Kate puso los ojos en blanco. Sabía que de su madre no se escaparía tan fácilmente como de su padre, ella no pararía hasta saberlo todo. Y, la verdad, no quería hablar sobre ello.
-¿Algo que deba saber? –Beckett, ladeó la cabeza y levantó una ceja.
-Pues que debas, debas no. –Contestó, dándole un sorbo a su vaso de vino.
-Oh, vamos, Katie. Sabes perfectamente que era una forma de hablar. –Esta negó con la cabeza. -¿Qué ha pasado?
Suspiró con desgana.
-Pasa que no soporta que le digan que no.
-Espera, espera –Johanna alzó una mano, acomodándose en el sofá. -¿Qué es eso "que le digan que no"? ¿Qué me he perdido? No me digas… ¡Oh, Dios! –la miró con una sonrisa.
Beckett revoleteó los ojos.
-Deja de hacerte la interesante y cuenta. –Su madre le dio una palmada en la pierna.
-Mamá… -se quejó.
-Vamos, Katie, ¿qué pasó? –Insistió.
Suspiró antes de comenzar.
-Me besó y discutimos. Eso es todo.
-¿Le correspondiste? –curioseó.
-¿Qué? –inquirió, confundida.
-¡El beso! –exclamó, sonriente. Kate ladeó la cabeza. -¿Le correspondiste? –insistió.
-Sí –volvió a llevarse la copa de vino a los labios.
-¿Entonces? ¿Por qué discutisteis? Te he visto cómo lo miras y…
-¡Mamá! –la cortó. –Le dije que no, que no podía pasar.
-No me digas que fue por los rumores… -le pidió, mirándola con ojos acusadores.
-No. –Negó sin mirarla a los ojos.
-¿No? –se movió en el asiento, acercándose más a su hija. –No suenas muy convincente.
-No es solo eso. Es todo lo que dicen de él en la revista y…
-No todo lo que dice la prensa amarillista es verdad. Es más, casi todo es mentira o está exagerado. –Tomó un poco de vino. –Deberías saberlo.
-No sé qué pensar… -gruñó. –No sé si podría tener una relación con alguien como él. Además, se está comportando como un imbécil. –Se quejó. –Claro, el gran Richard Castle no puede tener un "no" como respuesta. –Rodó los ojos. –Todas deben tirársele encima y, claro, -bufó -¡ni que fuera irresistible!
Johanna la miró haciendo una mueca con los labios.
-No sé si será o no irresistible. Solo puedo decir que es muy guapo, atractivo, sus brazos, y, oh, sus ojos…
-¡Mamá que estás casada! –exclamó.
-¿Y qué? ¿No puedo mirar? Yo también tengo ojos. –Kate sacudió la cabeza. -¿Y sabes que más sé? –Su hija la miró de medio lado.
-Sé que te gusta y más que eso. Y sé, que podrías ser feliz. Ninguna relación está garantizada, Katie. Todas pueden fracasar. Todas. –Repitió, poniéndose de pie. –Será mejor que me vaya a casa. Es tarde. Buenas noches, cariño. –Dejó la copa encima de la mesita de roble y besó la mejilla de su hija antes d irse.
XXX
Una semana después
Rick, por fin, podía ser vida normal. Todo lo normal que no albergarse inclinarse o coger peso.
-Os he reunido a todos –comenzó a hablar frente a todos los trabajadores de la finca –para, en primer lugar, agradecer a todos aquellos que os habéis preocupado por mi salud. –Miró a través de sus gafas de sol a Kate que estaba en la última fila que miraba hacia todos lados, se notaba que no quería estar allí. –Pero, no os he llamado para eso. He sabido sobre algunos rumores que andan por ahí. No quiero ese tipo de cosas aquí. No quiero al tipo de personas que se inventan cosas de los demás, sea por lo que sea, envidia, venganza, rabia,… Así que, sin más dilación, Hannah y Bastian estáis despedidos. Aquí están vuestros cheques con el dinero que habéis ganado estos días. –Se los tendió. –A los demás, que tengáis buen día.
XXX
-¿Qué te crees que haces? –gritó Beckett enfadada, interponiéndose en el camino del escritor.
-Limpiar esto de gente indeseada. –Respondió como si nada, encogiéndose de hombros.
-Claro, y no tendrá nada que ver eso con que tengas tu orgullo herido, ¿no? –se cruzó de brazos con la mandíbula apretada.
-¿El orgullo herido? –rio, sarcástico. Lo que enfureció más a Kate.
-Eres un idiota. –lo insultó. –Van a pensar que me escudo contigo, acabas de darle la razón.
-¿Eso es lo que te importa? No te preocupes, lo he hecho porque no quiero a esos cuentistas en mi finca. No tienen nada que ver contigo.
-Ya. Tiene que ver con tu ego dañado. –Repuso.
-Te recuerdo que también rumoreaban sobre mí. ¿Sabes qué? Piensa lo que quieras. No tengo por qué darte explicaciones de lo que hago.
XXX
Vio a Ian y a Zoey a lo lejos y sonrió sin poder evitarlo. Echaba de menos a ese par de pequeñajos. Se encaminó hacia ellos pero cuando, los niños, vieron que se acercaba, corrieron en sentido contrario, dejando a Kate descolocada.
Richard no podía haber puesto a sus hijos en su contra. No sería capaz de hacer algo así, ¿no?
XXX
-¡Kate! –una agitada Hayle llegó hasta ella, llevándose la mano al corazón por el esfuerzo que había hecho de ir corriendo todo el camino.
-Dime –arrugó el entrecejo al verla tan preocupada.
-Es tu caballo. –dijo.
-¿Mi caballo? –preguntó, confundida.
-Sí, está teniendo convulsiones. Ya han ido a avisar al veterinario.
Beckett dejó lo que estaba haciendo y corrió hacia los establos.
XXX
-¿Qué le pasa? –se hizo paso por todos los que estaban alrededor de su caballo, dejándose caer de rodillas a su lado. –Hola, amigo, -Notó cómo sus ojos se inundaban de lágrimas al verlo en aquel estado.
Estaba tirado entre la paja con la mirada perdida. Respiraba con dificultad y tenía espasmos. Sus pupilas estaban dilatadas.
Se tapó la boca con una de sus manos en el mismo momento que una lágrima rebelde se escapaba de sus ojos.
Acarició el cuello del animal antes de abrazarse a él.
-¿Qué ha pasado? Estaba bien esta mañana. –preguntó.
-No lo sabemos, ha sido de pronto. –contestó uno de sus compañeros.
-¿Vas a ponerte bien, verdad? –le preguntó, pasando su mano entre los ojos del animal. –No puedes dejarme, amigo.
XXX
-¿Qué es lo que le pasa? –inquirió Kate cuando el veterinario hubo examinado a Zar.
Este la miró serio y apenado.
-No estoy seguro. Primero tengo que analizar su sangre pero…- se rascó por encima de las gafas- todo apunta a que ha sido envenenado y por los síntomas y el estado en el que se encuentra… no creo que sobreviva más que unas cuantas horas.
-¿No se puede hacer nada? Tiene que haber algo. –Sollozó. Había compartido muchas cosas con ese caballo.
El veterinario negó, suspirando.
-Le he administrado un sedante para que sufra lo menos posible. También un antídoto pero no estoy seguro de que funcione. Es general y el veneno se ha expandido rápidamente. Apenas respira.
-Pero debe haber algún antídoto específico. Algo. –Dijo Kate.
-Sí, pero para eso, debemos saber qué es el causante del envenenamiento. Por eso, es mejor que me vaya ya. Cada segundo cuenta. –El hombre de mediana edad salió de la cuadra.
Kate se sentó junto a su caballo, pidiendo en su interior que el antídoto funcionase.
XXX
-Deberías ir a tu casa a descansar. –Beckett negó. Castle se acercó más a ella. –No puedes hacer nada.
-Lo sé, pero quiero estar con él. Es lo mínimo que puedo hacer. –Rodeó sus piernas con sus brazos, observando a Zar que cada vez respiraba con más dificultad.
-Encontraremos a quién ha hecho esto. Te lo prometo.
Se pasó las manos por la cara, limpiándose las lágrimas.
-No creo que haya que investigar mucho…
-¿Crees que ha sido Hannah o Bastian? –preguntó.
-No lo creo, estoy segura.
-Siento mucho que haya pasado esto, de verdad. –Se disculpó, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos.
-Tú no los has envenado. –Dijo, acariciando el cuello de Zar. –Todavía no asimiló que se esté muriendo… -su voz se rompió.
Castle se sentó a su lado.
-Yo los despedí. No le di de comer las semillas de codeso, pero lo he provocado. –Lo miró entristecido.
Kate negó. Intentó decir algo pero el nudo que se había formado en su garganta se lo impidió.
-Ve a descansar. Yo me quedo con él. –Se ofreció Rick.
-No, tengo que estar aquí. –Sollozó, sorbiendo por la nariz. El escritor le ofreció un pañuelo. –Gracias.
XXX
-Castle –lo llamó tocando su hombre –vete a casa, te estás durmiendo. Además, aún estás convaleciente.
-No, no –negó, frotándose los ojos. –Quiero acompañarte.
-No tienes por qué hacerlo. Ve a dormir.
-Quiero hacerlo. –insistió.
Beckett no dijo nada más. No tenía ganas de discutir. Ya lo había hecho con sus padres ante su insistencia a que se fuera a dormir y para que ellos se fuesen a su casa. Estaba emocionalmente agotada.
Aunque lo sabía, no estaba preparada para decirle adiós definitivamente al que había sido su caballo por tantos años. Era un potro cuando Mike se lo regaló y ella una adolescente. Sonrió con amargura al recordar la primera vez que lo vio.
Vio cómo Kate se limpiaba nuevas lágrimas y deseó poder abrazarla, pero no sabía cómo iba a reaccionar ella. Si esa misma mañana habían discutido. Tal vez si no hubiese sido tan testarudo y orgulloso, si no hubiese buscado a otra persona para que lo ayudase, las cosas podrían ser muy diferentes ahora.
Si no hubiera despedido a Hannah y Bastian, Zar no estaría muriéndose delante de sus ojos.
-¡Eh! Amigo. –Kate intentó contener las lágrimas que se deslizaban sin control por sus mejillas pero no pudo. Rozó con su mano el cuello del animal. –He sido muy feliz contigo. He disfrutado cada paseo que hemos dado. Gracias por todo. –Zar entornó los ojos hacia ella. Empezaba a asfixiarse. –Me vas a hacer mucha falta, colega. Sobre todo, cuando esté triste y necesite dar un paseo. Uno de nuestros largos paseo. –Gimoteó, viendo cómo el animal hacia un gran esfuerzo para seguir respirando y mantenerse con vida. Kate lloró, abrazándose a Zar.
Se separó e intento calmarse. Notó la mano de Richard colocada en su hombro.
-Creo que ha llegado la hora, amigo. No sufras más. –Lloriqueó. El animal la miró y sofocó su último suspiro.
Beckett comenzó a llorar sin control. Castle no pudo contenerse más y la abrazó. Esta rodeó su cuello con sus brazos y escondió la cara en su pecho, sollozando audiblemente.
Rick se quedó callado, dejándola que se desahogase.
XXX
-Ven, vamos –dijo, pasando uno de sus brazos por sus hombros. –He llamado al veterinario, él se hará cargo de todo. Tú ahora necesitas descansar.
Kate se dejó guiar por Richard.
-Puedes quedarte a dormir en mi casa, si quieres –le ofreció. –Así no tienes que estar sola.
Esta aceptó para sorpresa de Rick. La verdad es que no quería estar sola.
-Oh, -dijo en voz baja cuando entraron a la casa de su jefe –necesito ducharme y…
-No te preocupes, ven, no salgamos más. Yo te dejo algo. –La cogió de la mano y la guio hasta su habitación. –Toma –le dio una camiseta de él larga y unos de sus bóxers. –Están sin utilizar. –aclaró.
Beckett asintió y caminó hasta el baño para ducharse.
Richard fue a hacer lo mismo al baño de abajo.
XXX
-Tú puedes dormir aquí. Yo lo haré en el sofá. Llámame si necesitas algo, estaré abajo. –Le sonrió antes de darse la vuelta.
-Rick… tu espalda. Duerme tú en la cama.
El escritor negó.
-Necesitas descansar, Kate.
Esta lo tomó de la mano.
-Entonces, durmamos los dos aquí. Es una cama grande. –tiró de él hasta el colchón.
Se acostaron cada uno en un lado de la cama. Richard apagó la luz y notó cómo Kate se removía.
-Gracias por acompañarme y no dejarme sola –dijo Beckett.
Se acercó más a ella y aprovechando la poca luz que se filtraba por el ventanal, dejó un beso en la frente de su acompañante.
-Siempre, Kate. –Respondió.
