Cap 9: Esperando el mañana
El cielo era gris y una espesa neblina rodeaba la ciudad. El autobús había tardado más de lo normal y hacía un frio de los mil demonios. 'Vaya día' pensó. Ahora entraba a la escuela, que ya estaba repleta de jóvenes y maestros por todos lados. El eco de las risas y jugueteos de todos le llegaron a los oídos como un funesto ruido ensordecedor. Paso junto a un grupo de gorilas molestando a un chico de 1° grado. Era tan delgado y escuálido que apenas y podía evitar que sus gafas cayeran al suelo. 'Abusivos'.
Subió las grandes escaleras y entró a su salón donde se encontró con sus amigas Yuca, Eri y Ayumi, parloteando como siempre, algo que ya no le parecía extraño. Antes cuestionaba su gran habilidad para sacar un tema de conversación o iniciar alguna plática, cosa que le parecía casi imposible a ella, y en cierto modo lo envidiaba. No el caso de hablar todo el tiempo, si no el hecho de tener siempre algo nuevo que contar. Para ella su rutina del día no era algo interesante que pudiera importarle a alguien.
Paso junto a ellas levantando su mano en forma de saludo y sonriéndoles sinceramente. Ellas devolvieron el acto gentilmente y regresaron a su charla. Se sentó en su lugar junto de la ventana y dejo la mochila a un lado. El gran cristal no exhibía gran cosa, solo un gran manzano meneándose libremente por el viento y la zona de deportes vacía, como todas las mañanas. Dio un pesado respiro y recargó el mentón en la mano. El frio afuera era infernal y el cielo estaba tan cerrado que ahora dudaba que alguna vez hubiera existido un poco de luz allá arriba.
Se aliso algunas arrugas invisibles de su falda y arreglo su pelo. Entonces lo recordó, ese colguije que había encontrado la noche anterior. Lo apretó fuertemente en sus manos e intentó pensar en qué hacer con él. Esperaba que le importara lo suficiente como para lograr algo bueno. Pero no debía esperar mucho, a Inuyasha le sobraba el dinero como para comprar miles de ellos, todos iguales si le placía. Tal vez ni se acordaba de él, o ni siquiera se había dado cuenta de que lo había extraviado, o solo era un adorno bonito que lo obligaban a usar. Pero tampoco podía quedárselo, tarde o temprano el se iría y tendría que entregárselo, y eso sería más temprano que tarde.
El profesor de Matemáticas llego con una exacta puntualidad, caminando tan firme y recto que parecía parte de la militarizada. Todos se levantaron y lo saludaron al unísono. Las clases se impartieron como siempre, un tema, un par de explicaciones y algunos ejercicios que al final nadie terminaba, además de una serie de preguntas y respuestas. Siempre había odiado su gran suerte para ser la primera en contestar, y en verdad no era algo por envidiar.
Pasaron las horas como de costumbre, nada nuevo a excepción de que Haku, la chica más popular de la escuela, fue bateada fuertemente por su novio, quedándose hecha un mar de lagrimas. De ahí, el día había sido completamente normal. Algunas veces se encontraba con Sango en sus clases, daba gracias que su tema de conversación no se concentrara en ciertas estrellas que conocía, parecía que comenzaba a superarlo, pero eso no le quitaba las ganas de gritarle al mundo que no solo conocía, sino que convivía con el gran ídolo y su baterista. Pero para eso estaba ella, para hacerla entrar en razón cuando estaba a punto de echarlo todo a perder, no es que Kagome no tuviera ganas de decirles a sus amigas que conocía a su gran estrellas, pero aun tenía un poco de compasión y no arruinaría sus planes, sin importar que tanto lo odiara.
Caminaba con las manos en las bolsas y la cabeza baja, evitando que el viento le diera de lleno en la cara. El día parecía empeorar aun más, sin dejar que ni un solo rayo de sol se filtrara por esas grandes capas de nubes grises. Su mente estaba abarcada con miles de pensamientos, como que debía estudiar para su examen final, o la gran fiesta que se daría esa noche a la cual no podría ir porque su familia llegaría dentro de poco. Había llamado a su madre y ya habían acordado la hora de llegada.
Tenía tantas ganas de verlos. Al comenzar su vida sola era todo genial, pero después de un tiempo comenzó a extrañar su casa y la nostalgia a pareció, claro que su familia trataba de visitarla seguido, pero no era muy posible por la edad de su abuelo y las clases de Sota. Además de que su madre trabajaba a diario para sacar algo de dinero y pagar las medicinas y la escuela.
Siempre había admirado la gran fortaleza de su madre al haberlos sacado adelante después de haber fallecido su padre. Si, ella no tenía padre, había muerto en un trágico accidente que aun le costaba olvidar. Aun seguía viniendo a su cabeza el recuerdo de su padre, sus caricias, sus juegos y las incontables veces que se quedaba hasta noche con ella solo porque tenía miedo. Era un hombre genial. Nunca entendió el por qué de su partida.
Llego a su casa solo para cambiarse y salir de nuevo, era inicio de semana y a Onigumo no le gustaría nada que llegara tarde apenas comienza la semana. Era un arrogante, no sabía si más o menos que Inuyasha. Camino por la larga acera, ahora no había necesidad de correr, además se había prometido fijarse por donde iba, solo para evitar pequeños incidentes que después pudieran convertirse en grandes accidentes.
Escuchó el motor de un carro disminuir, pero no lo tomó importancia, tal vez solo era alguien buscando una dirección. Notó que el auto no se detenía por completo, solo avanzaba despacio, y entonces comenzó a asustarse. Volteo hacia atrás y frunció el ceño. Podría reconocer el flamante mercedes donde fuera, y mucho mejor a su conductor.
Si, era Inuyasha
No se imaginaba que podría estar haciendo allí, creía que después de su última salida no volvería a verla. Pero estaba allí, tan galante y hermoso, montado en su reluciente mercedes negro, mirándola. O eso se podría decir, tenía su camuflaje encima. Pito un par de veces para después bajar. No la saludo, algo que no se le hizo extraño dada su relación.
"Que quieres" le dijo cortante y siguió caminando, sin importar si la seguía o no
"Pues…um….veras" carraspeó un poco y emitió una leve risa "no sé porque te estoy preguntando esto, a decir verdad serias la última persona a la que se lo diría"
"Entonces no me lo digas" contestó calmada
"No…em…quería saber si tu por casualidad"
"Que" insistió, ya había parado de caminar, verlo en esa faceta tan nerviosa era divertido. Tuvo que reprimirse para no soltar una carcajada ahí mismo, y claro no ver sus ojos ayudaba mucho a lograrlo.
"Si no has encontrado" se rascó la cabeza "una pequeña medalla con mis iníciales" soltó, en realidad él pensaba que Kagome sería la última persona que podría encontrarlo, pero sus esperanzas se habían acabado y ya se había cansado de buscar
"Ah, era eso" dijo con burla, viendo en las condiciones en las que se encontraba Inuyasha. Ahora ella era el gato y él el ratón "Si, creo que lo vi, pero no recuerdo donde"
"Kagome" masculló en tono amenazador
"A si!" grito "buscas esto"
Por debajo de su blusa sacó un pequeño objeto que colgaba de su cuello. Inuyasha abrió los ojos aun más. Esa niña tenía su medalla, su tan preciada medalla. Eso no lo iba a dejar así.
"Dámelo" intento arrebatárselo pero ella retrocedió
"Y las palabras mágicas son?"
"Mm…abra cadabra?"
"No idiota" espetó
"Está bien, por favor" musitó muy bajo, como si lo dijera más para el que para Kagome. Intentó de nuevo arrebatarle la medalla de las manos, pero ella fue más rápida y lo aparto de su camino.
"No me refería a esas" objetó "Tal vez si me pidieras perdón"
"Perdón porque" dijo con sorna
"Porque tú y yo sabemos que el accidente del otro día no fue del todo mi culpa"
"Claro que no"
"Claro que si, si me hubieras visto correr me habrías esquivado, pero no lo hiciste"
Inuyasha se quedo callado, como objetar por algo que sabía que era verdad?, claro que unos segundos antes la había visto, pero le fue imposible esquivarla. Pero eso no quería decir que le pediría perdón tan fácilmente, su ego era más grande que su razón, además su dignidad no se lo permitía, y mucho menos si era hacia esa mujer. Kagome balanceaba la pequeña medalla frente a sus ojos. Que acaso no sabía qué valor tenía ese objeto para él? No, claro que no, pero tampoco iba a decírselo, no quería que tuviera más poder para chantajearlo con eso.
"Y bien?" insistió Kagome
"No, ni loco te pediría perdón" cruzó los brazos y le dio la espalda, la oyó resoplar exasperada y comenzar a caminar de nuevo
"Pues si no quieres" dijo en tono manipulador
Subió a su coche pero no se iría, no, esa chiquilla no iba aganarle tan fácilmente, o dejaba de llamarse Inuyasha Taisho. La siguió de cerca en su gran mercedes, habría sido más fácil a pie, pero no iba a dejar su coche en medio de la calle a su suerte. Kagome escuchó el motor avanzar despacio, una sonrisa se dibujo en su rostro, algo le decía que eso iba a ser más divertido de lo que esperaba.
"Vas a seguirme todo el camino?"Preguntó sin voltear aun
"No dejare mi preciada medalla en manos de alguien como tú, y al final, terminaras hartándote y me la darás por las buenas, quieras o no"
"Pues bien, pero prepárate para una larga espera" dijo alargando las ultimas silabas
Ya no se dijeron más, Inuyasha se dedicó a seguirla de cerca y Kagome a ignorarlo. Él no se iba a dar por vencido tan fácilmente, y ella lo sabía.
Llego a su trabajo y dejo su pequeña mochila atrás del escenario, tomo su guitarra y salió de nuevo a dar su espectáculo. Esta vez el ambiente estaba un poco más animado, perfecto para comenzar la semana, siempre le había gustado ese tipo de público. Diviso a Inuyasha, sentado casi con la espalda hasta el final de las mesas 'hasta su forma de sentarse es sexy'. Sacudió la cabeza bruscamente alejando cualquier pensamiento de ese tipo que pudiera llegarle a la mente.
Esta vez sus canciones fueron alegres y emotivas. No sabía porque, pero una parte de ella sabía que Inuyasha la escuchaba y quería impresionarlo a cualquier precio, pero la otra simplemente se encargaba de ignorarlo y olvidar que estaba ahí. Nunca sabes cuándo cantaras para una gran estrella de la música reconocida mundialmente.
Sango la miró complacida pero a la vez extrañada, que podría estar haciendo Inuyasha en ese lugar, no podía confundirse, no se suponía que él y Kagome se odiaban a muerte, y ahora llegaba a presenciar su show? Algo no andaba bien con esos dos, pero no se lo preguntaría, si era algo serio tarde o temprano Kagome se lo diría. Al final de su presentación se dedico a hacerle elogios como todas las noches y a propiciarle un poco de agua. La vio salir por la puerta después de decirle que recogería a su familia al aeropuerto, y a Inuyasha un momento después que ella.
La noche se había hecho presente y ella caminaba sumergida en su abrigo. Después de las tantas insistencias de Inuyasha por hacerla subir al coche al final terminó rindiéndose, pero la seguía de cerca, por no decir que casi le pisaba los talones.
"Eres persistente eh?" le gritó Kagome, lo suficientemente fuerte para que el entendiera
"Y tu muy terca" le espetó "si subieras llegaríamos más rápido por tu familia"
"Tomare un taxi"
"Pero los taxis son muy caros"
"Tengo el dinero suficiente" le reprochó ofendida
Inuyasha soltó un gruñido para si, esa chica estaba acabando con la poca paciencia que le quedaba, y si esto seguía así, terminarían en un serio problema. La vio entrar a un pequeño callejón. Ja, lo que le faltaba, quería deshacerse de él tomando un atajo lo demasiado angosto como para que su coche pasara, pero no lo iba a lograr tan fácilmente. Apago el motor de su coche y bajo para seguirla a pie 'bien, quieres caminar? Caminemos'
"Vamos, es lo mejor que tienes? No lograrás deshacerte de mi tan fácilmente" masculló Inuyasha
Kagome comenzó a caminar más rápido, pero él aun la seguía, aunque un poco alejado de ella, cruzó un par de callejones que parecían más un laberinto, ella los sabía todos de memoria y no se perdería, pero que tal él. Camino varias veces en círculos y giro en dirección contraria hasta que ya no lo vio por ninguna parte. Sonrió triunfante y retomó su camino. Ya quería ver la cara de Inuyasha en la mañana, saber que fue engañado por una niña torpe no le caería muy bien.
El viento soplo con más ferocidad. Sintió pasos detrás de ella, seguro que el tonto de Inuyasha ya la había encontrado. El sonido de las pisadas se multiplicaron y entonces el pánico la invadió. Pero en que había pensado, una chica sola de noche. Se había enfocado tanto en perder a la estrella, que no recordó eso. Discretamente volteó hacia atrás y distinguió dos sombras de entre la oscuridad. Definitivamente no era Inuyasha. Aceleró sus pasos y sintió como los demás también aceleraban.
"Oye, no huyas pequeña, solo queremos jugar" dijo uno de los chicos, su voz era fuerte y grave.
Imagino a un tipo regordete, con la cabeza completamente calva y un tatuaje en el brazo
"No mordemos, anda te divertirás" le dijo el otro, esta vez su vos era chillona e irritante
Caminó aun más rápido, lista para correr, pero ellos la acorralaron tan pronto como vieron sus intenciones. La rodearon. Kagome estaba muerta de miedo, su respiración se entrecortó y su corazón se desembocó fuertemente. Estaba sola, en la oscuridad de la noche, con dos tipos que no eran del tipo que charla para agradarte. Solo esperaba lo peor.
"No temas" dijo el más grande y le toco la mejilla, Kagome saltó de susto al sentir el contacto
"No me toques" dijo casi sin habla
"Vamos, no quieres jugar con nosotros?" le dijo el pequeño de la voz chillona que comenzó a retirar el pelo de su cuello, haciendo el mayor contacto posible
"Déjenme en paz, no se me acerquen!" chilló, sus ojos comenzaron a humedecerse, pensó en gritar y pedir ayuda, pero quien la escucharía. Y todo por entrar a ese estúpido atajo.
De momento, el de la voz chillona cayó al suelo sobándose la cara y gimiendo fuertemente de dolor, después el otro llegó a hacerle compañía. Quien había sido el causante?
"Inuyasha!" grito Kagome, en su interior creció un poco de esperanza, pero el miedo la atacó de nuevo, eran dos contra uno, que posibilidades podría tener
"Arg" gruño el más grande "pagaras muy caro" le advirtió
Ambos se abalanzaron contra Inuyasha, era genial la forma en que los esquivaba y propiciaba un nuevo golpe
Sus movimientos eran tan agiles y veloces que me sentí segura y a la vez emocionada por que haya sido él el que llego en ese momento y no otra persona más, aunque sabía bien que me lo cobraría con creses, pero era mucho mejor que dejarme con esos tipos. Los golpes aumentaron y yo gritaba cada vez que el recibía uno. En cierto modo me recordó a la escena que vi en la escuela, es solo que esta vez el pequeño chico escuálido le daba los golpes a los gorilas, aunque Inuyasha no era para nada pequeño y escuálido, todo lo contrario. Esos dos esperaban el momento perfecto para darle un buen golpe que el callaba con un grito ahogado. Estaba preocupada, preocupada porque algo pudiera pasarle, o que los papeles de la pelea cambiasen y ahora él fuera el que recibiera la paliza, si, temía por él. Mis temores aumentaron cuando uno de ellos saco de su chaqueta una filosa navaja, que forma tan sucia de jugar.
La punta del arma brillaba amenazadoramente por la luz de la luna, pero por qué rayos Inuyasha se veía tan confiado? No se lo explicaba Kagome. De un momento a otro el grandulón se le fue encima, manipulando ese objeto con mayor torpeza que sus pies. Inuyasha esquivaba sus ataques al mismo tiempo que vigilaba a su compañero, quien ya se encontraba tirado a un lado de la pared. La navaja llego a uno de sus brazos, cortándolo levemente, rasgando su costoso abrigo.
El estaba furioso, y lo peor es que no sabía porque, claro que estaba molesto por todos los golpes que había recibido y la herida de su brazo derecho, pero la rabia salía de otro lado. Era porque esta vez era Kagome la afectada? Siempre odió ver a las mujeres llorar, y mucho más a los que lo provocaban, pero al ver a esos dos molestando a Kagome, no lo pensó dos veces antes de abalanzarse sobre ellos sin medir las consecuencias, ellos eran mayoría pero qué más daba, por más que odiara a Kagome no podía dejarla ahí, algo en su interior le decía que debía protegerla a cualquier costo.
Esquivo el último golpe y lo noqueo con otro en la cara, estaba cansado y muy lastimado, pero no lo pensó mucho. Kagome llegó a su lado corriendo y abalanzándose sobre él, llorando como una pequeña niña. La refugio en sus brazos sintiendo un alivio, ahora debía sacarla de ahí, aprendió el camino de regreso a su coche a causa de las veces que llegó ahí perdido y frustrado por crees haberla perdido de vista.
"Estas bien?" preguntó preocupado, solo quería saber eso, quería que le dijera que estaba a salvo, que no habían llegado a tocarla
"Si" asintió y levanto la cabeza, dejando ver sus hermosos ojos chocolate húmedos por las lagrimas "Como estas tu, te lastimaron fuertemente?"
"Mm, he tenido días mejores" le sonrió, esperando relajarla un poco, y lo consiguió
La llevo por el camino de regreso y la subió a su coche acogida por su abrigo, esta vez Kagome no objeto nada, lo que menos quería era retomar el camino sola. Inuyasha puso un poco de música suave para relajar un poco el ambiente y encendió el motor. Se abrió paso entre las calle, la llevaría a su casa, tal vez era lo mejor, estaba asustada y no podía dejar que su familia la viera en esas condiciones.
Se sintió más relajada y cómoda estando dentro del abrigo de Inuyasha. So olor masculino y deliciosa fragancia aun se podía percibir en él. El mismo aroma que despedía el día de la fiesta de antifaces. Aspiro profundamente, ya no tenía miedo. Siempre veía ese tipo de escenas en las películas y las creyó irreales, nadie podría enfrentarse a dos sujetos a la vez, o tal vez un tremendo fortachón que practicaba lucha libre sí. Se rio de su propia imaginación, a veces solía decir muchas tonterías. Sintió un poco de humedad en su brazo derecho y volteo a ver que era. Una terrible mancha roja se había formado en un corte del abrigo.
"Inuyasha, estas lastimado" volteó de inmediato hacia su brazo y vio la herida, no era muy grave pero debía tratarse enseguida
"Si, creo que esos dos no solo ladraban" soltó una risa
"Vamos a mi casa, te curaré" ordenó, como podía estarse riendo en momentos como ese, era muy impredecible
"Como mande capitana"
Aparcó el choche en la entrada del apartamento y subieron. Kagome entro a su casa y encendió la luz rápidamente, después de decirle a Inuyasha que se sentara fue por el botiquín de primeros auxilios. Él gemía y se quejaba cada vez que pasaba el algodón con alcohol por alguna de sus heridas, pero no dejaba de reírse, no sabía que le causaba tanta gracia
"Enserio te dieron fuerte eh?" exclamó después de vendar su brazo, que era el más grave
El calló de momento, quería hacer el ambiente agradable y ella simplemente lo echaba a perder. Remojo el algodón y lo paso por un rasguño encima de la ceja, y el de nuevo se quejo, reclamándole lo poco que sabía sobre curar que ella ignoro por completo. Le estaba muy agradecida por lo de ese día que no quería estresarlo con otra de sus peleas. Terminó y guardo todo de nuevo. El timbre sonó de momento. Diablos. Se suponía que debía haber recogido a su familia hace media hora, lo había olvidado por completo. Inuyasha lo concluyó y puso chaqueta, gorra y gafas oscuras de nuevo.
Abrió la puerta y se encontró con el pequeño Sota en la entrada, una enorme sonrisa adornaba su rostro como siempre, llevaba arrastrando una gran maleta. Lo abrazó fuertemente y besó su mejilla después de decirle cuanto lo extrañaba.
"Donde están los demás?" preguntó
"Oh, están allá abajo bajando el equipaje" le anunció, entró a la casa, vio al chico sentado en el sillón e imaginó la razón por la que su hermana no había ido a recogerlos "Hola, soy Sota Higurashi" le tendió la mano
"Y yo Inu…..Sayo" recalcó, estaba a punto de darle su nombre verdadero
"Mucho gusto" estrechó su mano
Entró el resto de su familia, su madre y su abuelo, Kagome les ayudo a meter las pocas maletas y los abrazo fuertemente, tanto de no verlos ya los extrañaba
"Me da gusto verlos" le dijo a su madre
"A nosotros también" le respondió esta, recorrió el lugar, era bonito y acogedor, vio a Inuyasha quien ya se había levantado y pensaba irse en cualquier momento "Oh, no me di cuenta de que Kagome tenía visitas, mucho gusto soy Sonomi y este es el abuelo"
"Hola" respondió
"Mamá, el es Sayo, un amigo" intervino Kagome
"Así que eres amigo de Kagome" lo abrazó "me da gusto"
El sonrió nerviosamente, normalmente la gente le pedía permiso para abrazarlo, la única persona que lo había abrazado así fue su madre, la abrazo ligeramente y se separó de ella. Parecía una mujer muy dulce, y sabía que no fingía con él al no saber quién era, la mayoría de las personas se portaba amable o fingía ser amable con él, algo que le molestaba por que no sabía la verdadera personalidad de las personas.
"Pero hijo, por que las gafas de sol dentro de la casa, y aun si es de noche" le reprochó
Inuyasha sintió un dolor punzante en la cabeza, se toco ligeramente y gimió "Kagome me dices donde está el baño?"
"Claro, por este pasillo a la izquierda" le sorprendió su espontánea amabilidad pero tal vez no quería dejarla mal frente de su familia
Entro al baño, a decir verdad era la primera vez que entraba a cada de Kagome, otras veces solo había llegado a la entrada pero no más, Kagome tenía estilo en el punto de decorar su casa, cada pequeño detalle contaba para hacer lucir su vivienda. Se quito su camuflaje y se miro en el espejo, un pequeño raspón que cubría su flequillo era lo que le molestaba. Tomo un poco de agua entre sus manos y enjuago la zona con mucho cuidado, algunos músculos comenzaban a dolerle a causa de todos los golpes recibidos, pero no se arrepentía en lo más mínimo. Se miro en el espejo por un momento, no habían afectado mucho su rostro, algo que le alivió, como llegaría con Kagura teniendo raspones y pequeñas cortadas? Seguro ella lo mataría, no solo por el hecho de que se fue sin avisar, si no porque se metió en una pelea callejera como ella las llamaba, en ese sentido Kagura era muy justa estricta, decía que su reputación se podría manchar. Bah, como si ella ya no la hubiera ensuciado demasiado. Acomodó su flequillo de nuevo en su lugar
"No puede ser!" escuchó por detrás
Rápidamente se giró y se encontró con el hermano menor de Kagome, Sota, lo miraba fijamente con sus ojos y boca muy abiertos, como si estuviera viendo un fantasma. El trato de detenerlo y decirle que no gritara, pero corrió por el pequeño pasillo, donde se encontraban los demás. El por instinto lo siguió, pero el pequeño era muy escurridizo
"Mamá, mamá, adivina quien está en nuestro baño" grito el pequeño
La señora Higurashi volteó a ver a su hijo, quien venía muy emocionado, lo tomo por los hombros. Inuyasha salió para detener al chico. Porque fue tan descuidado, había dejado la puerta del baño abierta, eso solía hacer en su gran mansión cuando solo se lavaba los dientes o se cepillaba, pero maldición ya no estaba en su mansión, debía tener más cuidado o cosas como esas podrían ocurrir. Salió disparado hasta la sala y se detuvo en seco, todos lo miraban fijamente como si fuera una especia de bicho raro.
Que estupidez más grande
Kagome quedo atónita ante lo que veía, como se le ocurría salir así cuando estaba su familia, es que acaso el termino identidad secreta no significaba nada para él? Le envió una mirada reprochadora. Tenía que encontrar una buena explicación para eso, y era seguro que no la dejarían en paz hasta conseguir una buena.
"Em…eto…bueno" carraspeó un poco, no encontraba algo para decirles, volteó a ver a Inuyasha para que la ayudara pero parecía que el estaba igual "sorpresa!"
"Eh?" dijeron todos al unísono
"Si, se acerca tu cumpleaños no Sota? Y que mejor regalo que tu cantante favorito" le dijo con una sonrisa nerviosa, aun no sabía de donde había sacado eso
"Si, claro hermana, y yo tengo 5 años" le contestó el pequeño niño
No le había creído en lo absoluto.
Ese sí que era un día genial, lo supo desde la mañana. No había estudiado nada, había faltado a la mejor fiesta del año dejando a Sango ir sola, fue atacada por dos tipos que querían hacerle quien sabe que cosas, Inuyasha había salido lastimado por su culpa y ahora su familia se había enterado de que Sayo, no era en realidad Sayo si no la gran estrella e ídolo juvenil Inuyasha Taisho. Si, era un día estupendo.
N/A: bueno ps aqui esta, me he inspirado mucho y he cambiado totalmente la trama de este cap, se suponía que se trataría de la familia de Kagome y Kouga haría su gran aparición, pero quise agregarle un poco de acción y aqui lo tienen, Kouga puede esperar sentado, la pareja principal esta en plena acción, por algo dicen que del odio al amor hay solo un paso y estos apenas aprenden a caminar xD. Esperen el siguiente cap, agradezco mucho sus reviews en especial a lapislázuli Stern y paulaa, gracias por todos sus comentarios. Espero no haya sido muy largo el cap
Avances del siguiente capitulo: La familia de Kagome no cree en toda la historia que ellos les cuentan y quieren la verdad o solo una versión creíble. Habra una audición y Kagome esta muy ansiosa por asistir, pero Inuyasha, que ahora se convirtió en un perro fiel a su amo no quiere ir, que hara Kagome para aplacar la ira que contiene dentro, le pedirá razones por su comportamiento en el centro comercial? Inuyasha le cobrará el favor que le hizo al librarla de esos tipos y por tanto Kagome quedara atrapada en un problema mayor? Si quieren saber todas las respuestas esperen el siguiente capitulo que les prometo dejara mucho que decir
