Capitulo y Morgana escuchando a través de la puerta
Merlín estuvo bajo la estricta orden de permanecer en reposo absoluto los próximos dos días, antes de que Gaius estuviese satisfecho y le permitiera dejar su cama recamara. Durante su confinamiento, Arthur raramente dejaba solo al brujo. Morgana y Gwen visitaban frecuentemente a su amigo mago.
Cuando Merlín estuvo de pie nuevamente Arthur inmediatamente lo reinstaló como su sirviente. Ahora que ellos estaban juntos mantenían su relación en secreto, Merlín pensó que el príncipe le daría menos quehaceres. Pero por desgracia, Arthur era tan mandón como siempre y el trabajo que tenía que hacer era tan pesado como siempre.
Aunque Merlín estaba cansado después de un largo día de trabajo, no podía negar que se sentía bien de estar de vuelta en Camelot. Le sorprendió la facilidad con que retomó su rutina.
Arthur por otro lado estaba consciente que Merlín era tan inútil como siempre. Su cama parecía que la hubiera hecho un ciego, el suelo como si lo limpiasen con tierra, sus botas como sin nunca las pulieran y su habitación en un estado general de desorden. Sin embargo ante tal visión una sonrisa apareció en los labios del príncipe, todo lo que estaba en sus aposentos parecía gritar Merlín. El rubio había extrañado muchísimo a su amigo y amante durante su larga ausencia, pero para nada había extrañado al sirviente torpe e incompetente de la misma manera.
Aun así se dio cuenta que su espada y armadura tenían un brillo espectacular. Entendió que Merlín si había tenido cuidado en esas tareas, pues eran esenciales para la sobrevivencia de Arthur en el caso de ir a batalla.
La puerta de sus habitaciones se abrió y Merlín entró sonriéndole, mientras él caminó hasta la puerta para cerrarla y asegurarla. Arthur le devolvió la sonrisa y nuevamente atravesó la habitación para reunirse con su criado y darle un beso apasionado.
El príncipe abrazo a su brujo posesivamente y comenzó a besar toda la piel pálida a su disposición le quitó su chaqueta café oscura y la deslizó por sus brazos. El pañuelo azul de su cuello fue el siguiente en caer al piso, poco después su túnica. Entonces Arthur inclinó su cabeza para besar la clavícula del chico, antes de bajar más y tomar en su cálida boca un pezón.
—Arthur— suspiró feliz Merlín mientras sus manos acariciaban los cabellos rubios del príncipe.
Poniéndose de rodillas, Arthur deslizo sus besos por el abdomen de Merlín antes de meter su lengua en el ombligo de este provocándole una risa.
—Me provocas cosquillas— le dijo.
Arthur alzo su cabeza y sonrió antes de quitarse su túnica para quedar con el torso desnudo igual que Merlín. El rubio se puso de pie y buscó nuevamente los labios de su hechicero.
Un gemido suave escapó de los labios de Merlín solo para ser sofocado por el beso voraz del príncipe. Arthur condujo a Merlín a la cama, cuando de pronto se detuvo.
—¿Qué ocurre?— cuestionó Merlín odiándose cuando estuvo consciente de que interrumpió todo con esas dos palabras.
—Solo dame un minuto— le dijo Arthur dándole un beso rápido en el dorso de su m ano.
Alejándose apresurado del chico confundido, Arthur se acercó rápidamente con tres pasos hasta su puerta y la abrió estrepitosamente, causando que Morgana y Gwen cayeran al piso, mirándolo con culpa.
—¡Oh… Arthur!— exclamó Morgana, dándole una sonrisa dulce. —¿Acaso no has visto mi collar favorito?, no puedo encontrarlo por ningún lado.
Arthur rodó sus ojos antes de ayudar a ambas damas a ponerse de pie.
—¿Qué es lo que quieres Morgana?— le preguntó mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho desnudo.
—Esperábamos atraparlos en el acto— le dijo Morgana mientras Gwen se sonrojaba fuertemente y evitaba mirarlos.
—Será mejor que te vayas, por lo menos a cepillar tu cabello—. Arthur les cerró la puerta en las narices. Giró para ver a su amante quien tenía un adorable sonrojo. —Lo siento mucho, Morgana es solo… una pervertida.
Prácticamente estaba seguro que ambas chicas seguían del otro lado de su puerta, así que Arthur agarró la chaqueta tirada de Merlín y la puso en la manija de su puerta para que las mujeres no fueran capaces de mirarlos por la cerradura. Un suspiro decepcionado de Morgana confirmó sus sospechas de que si estaban aun fuera de la habitación.
—¿Aun están ahí?— preguntó Merlín en voz baja.
Arthur se mantuvo quieto por unos instantes hasta que escuchó el sonido de unos pasos alejándose. Asintió con la cabeza antes de ir hasta sus ventanas, cerrarlas y correr las cortinas. Sabía que su habitación era una de las superiores y era demasiado alto para que escalasen, pero dudó que la curiosidad de Morgana no fuera tanta para que no lo hiciera. Sin embargo si ella veía las ventanas cerradas y los cortinajes corridos, no podía más que renunciar a su empresa y darles a los chicos su privacidad.
—Ahora— dijo Arthur mientras caminaba hacia Merlín balanceando sus caderas. —¿Dónde nos quedamos?
—Estábamos aquí Sire— respondió Merlín mientras atraía al príncipe hacia su cuerpo y daban los últimos pasos hasta la cama de Arthur.
Se sentaron lado a lado besándose uno al otro suavemente, sus manos viajaron por sus abdominales, espaldas y hombros, así como por sus cabellos oscuros y rubios.
Aun besando a Merlín, Arthur bajó sus manos hasta los pantalones del chico y desatando el cordón de este, antes de bajarlos por las delgadas caderas del brujo. Estos descendieron hasta los tobillos de Merlín y sin más fueron arrancados para arrojarlos al suelo. Con dedos temblorosos, Merlín hizo lo mismo con los pantalones de Arthur deslizándolos por esos fuertes muslos.
Merlín tenía un rubor rojo brillante cuando los ojos del príncipe recorrieron su cuerpo desnudo y Arthur podría evitarlo pero lo encontró maravilloso. Con cuidado hizo que Merlín se recostase de espaldas para posteriormente colocarse encima de él con suavidad dejando escapar un gemido ambos cuando sus pieles cálidas hicieron contacto.
—Arthur— dijo Merlín nervioso. —Yo aún… Quiero decir, yo nunca he… no se lo que estoy haciendo.
—Yo tampoco Merlín—. Admitió Arthur, mientras acariciaba la mejilla del muchacho para tranquilizarlo. —Solo confía en mí.
Merlín aceptó asintiendo con la cabeza, respiro profundamente tratando de relajarse. El rubio atrapó su boca en un beso apasionado y deslizó cuidadosamente un dedo entre los glúteos de Merlín y comenzar a introducirlo en su ano virgen.
La sensación era extraña para Merlín pero no era desagradable. De hecho era placentera, sobre todo cuando Arthur rozó cierto punto. Arthur continuó besando a su amante mientras metía otro dedo en la apertura de Merlín. Movió los dedos en forma de tijera para expandirla. Poco después Arthur metió un tercer dedo y pronto Merlín mismo se estaba empujando sobre los dedos para satisfacerse.
Una vez comprobado que Merlín estaba lo suficientemente preparado, Arthur retiró sus dedos y Merlín dejó escapar un gemido de insatisfacción.
—Lamento si te hago daño— susurró Arthur mientras entrelazaba sus dedos en una de las manos de Merlín y colocaba su pene en la entrada de Merlín antes de comenzar a empujar para adentrarse lentamente.
Merlín apretó la mano de Arthur con fuerza y mordió su labio al sentir la ardiente intromisión. El príncipe continuó moviéndose lentamente y con sumo cuidado, aun así Merlín sintió dolor. Cerrando los ojos y concentrándose en la respiración de Arthur sobre su rostro, Merlín se obligó a abrirse más, mientras Arthur se enterró completamente dentro de su amante.
Ambos chicos dejaron un escapar un gemido de placer indescriptible. La sensación de las paredes del recto de Merlín apretando su pene era alucinante y desesperado solo quería adentrarse una y otras vez en el cuerpo del otro chico, pero se obligó a permanecer quieto.
Después de respirar profundamente varias veces, Merlín se acostumbró a la peculiar sensación de estar lleno y movió sus caderas experimentando.
—Muévete Arthur— le rogó Merlín, sujetando fuertemente la mano de Arthur.
Obedeciendo la orden, Arthur comenzó a moverse lentamente dentro y fuera de su amante, teniendo todo el cuidado de no lastimarlo. Sus labios se buscaron para besarse apasionadamente, haciéndose el amor a un ritmo lento y constante.
Le declaró su amor en un susurró antes de que Merlín le rogara que se moviera más rápido. El rubio obedeció y no tardo en estar estrellando sus caderas contra las de su amante de cabello negro, quien embestía con igual fervor.
Si alguien pasase por los aposentos de Arthur en ese instante, escucharía fuerte y claro los gemidos que daban los dos hombres quienes estaban profundamente inmersos en su pasión.
Tal como sucedió, alguien pasó por ahí. Ese alguien fue la misma persona que había encontrado a los dos chicos abrazándose y besándose apasionadamente en el dormitorio de Merlín un par de noches antes, cuando había ido a buscar a Gaius.
Después de escuchar una frase sucia que provino de la boca del príncipe, su padre, el rey Uther decidió dar media vuelta y se apresuró a caminar en dirección opuesta.
Así era, el rey estaba al tanto de la relación de su hijo con su criado. Sino fuera porque veía como Arthur estaba feliz de nuevo, habría mandado a encerrar en el calabozo al chico torpe o incluso aun ahora tenía ganas de hacerlo. Aunque tal vez más adelante, pero no hoy. Después de todo, no solo a Arthur le agradaba el muchacho. Morgana y su criada lo apreciaban mucho y Uther no quería enfurecer a su protegida. También tomaba en cuenta los sentimientos de Gaius. El medico era el amigo más querido del rey y sabía que el chico era como un hijo para este.
Aun incluso sino fuera por estas razones, Uther probablemente retiraría la sentencia de muerte. Era muy divertido cuando en sus idas y venidas por el castillo, el chico tropezaba y tiraba todo lo que llevaba para sus labores diarias. Porqué Uther también aun recordaba la ocasión en que el criado de su hijo se las había ingeniado para caerse mientras servían la mesa con un plato de comida caliente sobre el regazo de unos nobles invitados. Uther había luchado para evitar reírse ante la expresión de furia de Lord Adimah.
También estaba el hecho que Merlín había salvado la vida de su hijo en varias ocasiones. El no podía olvidar eso. También sabía que si Igraine estuviese viva habría aprobado al chico.
Sonriendo para si mismo, Uther caminó por el corredor murmurando, dándole un saludo breve a Gwen cuando paso junto a ella.
Continuara….
i Arima chan /i
