Capítulo 9: Emergencia en la torre.
Las cosas habían cambiado mucho desde la noche del ataque. Y no solo en cuanto a mi relación con Loki.
Para empezar, desde aquella noche en la que intentaron robarme la furgoneta, los temblores dejaron de poseer la ciudad. El primer día estaba bastante nerviosa esperando que sucediera algo. Después de aquella extraña conversación en la que rebelé cosas de más a mi compañero de piso, Manhattan amaneció plácida y tranquila. Ningún disturbio, ningún rayo azul, ningún seísmo tras la fuerte lluvia. Dos días después, seguíamos sin rastro alguno de movimientos nocturnos. Fue como si la ciudad nunca hubiera recibido el azote de los terremotos. Los expertos intentaban explicar lo ocurrido pero nadie daba con un hecho clarificador.
Tony nos había vuelto a enviar un mensaje grupal. Básicamente, se deshacía, no muy amistosamente, en adjetivos descalificativos en lo que quiera que fuera que hubiera detenido los ataques justo ahora que la torre iba a estar lista. El mensaje acababa con un "dentro de tres días nadie se libra del trabajo."
Estaba bastante contenta con el hecho de volver, pero por otra parte, estar con Loki me resultaba demasiado cómodo. Y eso en parte, me disgustaba y aterrorizaba al mismo tiempo. Me estaba empezando a acostumbrar a su presencia. Me encantaba sentir que no estaba sola y me preguntaba como me lo había montado hasta aquel mismo momento para sobrevivir el día a día sin relacionarme con nadie estando en casa.
Además, no podía evitar sentirme cada día más atraída por ese lado oculto del muchacho. Sabía que había algo que no quería contarme, algo que había marcado contundentemente su destino, algo que lo hacía débil y fuerte a la misma vez. Compartíamos conversaciones sobre todo un poco. Seguía intrigándome su desconocimiento absoluto por según que cosas cotidianas, pero a la vez me resultaba algo inocente y terriblemente atrayente. ¿Quien era aquel chico? ¿Algún fugitivo?
Habíamos establecido un patrón silencioso en el que todas las tardes nos sentábamos a devorar palomitas al son de las películas que tenía perdidas por los cajones del salón. Disfrutaba del cine clásico, más que ningún otro, y su apetito pareció mejorar con los días. Por no decir su ánimo de conversación. Ya no daba gruñidos por respuesta o ridículos monosílabos.
- ¿Te importa si guardo esto en otro lugar? - Pregunte uno de aquellos días mientras barría el salón. Señalé a la armadura con un ladeo de cabeza.
- ¿Molesta en este lugar? - Alzó la vista del libro que estaba leyendo. Literatura clásica inglesa. Un libro que había encontrado en una de las estanterías en mi habitación. No me preguntéis como o cuando entró porque ni yo lo sabia.
- Eh bueno... No. - Miré aquella especie de armadura compuesta por capas y capas de metal y cuero. - ¿Qué es exactamente?
- Una armadura. - Resumió mirando por encima del libro.
- ¿Para qué necesitabas una armadura?- Pregunté de nuevo. Me miró directamente a los ojos y aquellos orbes verdes parecían querer advertirme de algo. - ¿Es una especie de disfraz?
- Más o menos. - Giró su cabeza en dirección al libro y eso fue todo lo que le pude sacar.
Debería sentirme afortunada de que al menos, poco a poco, fuera contándome cosas. No decía mucho, y me costaba bastante sonsacarle información, pero al menos, de poquito en poquito, iba obteniendo algo. La tarde de aquel día llegó sin más complicaciones, y después de comer, nos pusimos a ver otra película. Al acabar, Loki estaba hasta arriba de palomitas (había tenido que ir a por provisiones al supermercado más cercano) y yo estaba secretamente contenta de que el chico mostrara interés en algo... Aunque fuera aquello.
Desenchufé el DVD desde el mando y enseguida saltó el canal de televisión que habíamos estado viendo antes de poner la película. Una muchacha detrás de una mesa elegante informaba sobre las noticias más recientes. Miré el reloj: las nueve de la noche. Se me pasaban las horas volando. Me lo estaba pasando bien. Y eso seguía remordiéndome la cabeza... Loki tenía demasiado que ver con ello.
- Hoy hace 100 días de los ataques acaecidos en el centro de Manhattan. Informadores anónimos observan que los terremotos ocurridos la semana anterior, no tienen relación alguna con lo sucedido en la ciudad. - La chica uniformada recordaba a los espectadores la tragedia de las naves. - Aun así, fuentes cercanas a las industrias Stark, nos informan que los denominados Vengadores, están trabajando para resolver el misterio mientras la ciudad aún se resiente de los últimos ataques.
Una tira de imágenes seguidas del día de las naves voladores se reprodujo en el televisor. Se me pusieron los pelos de punta mientras me arrimaba al filo del sofá. De alguna forma u otra, no me dejaba tranquila saber que nadie tenía ni idea de que había sucedido aquella vez. Si los Vengadores sabían algo, lo tenían muy escondido.
Tal vez si hiciera las preguntas correctas...
Thanos había dejado de amenazar la ciudad con sus ondas de reconocimiento. No sabía si aquello sería una buena señal, o una pista ominosa de su descenso a Midgard. De todas formas, parecía que mi plan de ocultar las pruebas había surtido efecto, pues si me hubiera reconocido, para aquel entonces, hubiera dado indicios de su aparición.
Aún así, tenía que convivir con el incómodo sentimiento que se había aposentado en la boca de mi estómago. No había dejado de darle vueltas a aquella conversación que tuve con la humana dias atrás. Más bien fue un monólogo en el que declaró que le hacía feliz el que yo estuviera conviviendo en aquel lugar al que llamaba casa. Me preguntaba por qué a todas horas. ¿Le hacía feliz? Eso quería decir que era bienvenido en aquel lugar.
Aquello era un nuevo sentimiento. Uno un tanto incómodo de asimilar. ¿Qué se suponía que tenía que dar a cambio? No contesté a aquella afirmación en su día, y supongo que tampoco hubiera podido contestar porque se me hacía difícil de asimilar. Incluso siendo príncipe de Asgard, incluso en los días en los que no sabía de donde provenía mi verdadera sangre, siempre me había sentido entre las sombras. Se afirmó el día en el que Odín reveló mi identidad, y utilidad en el gran plan enmarcado con los años. Inútil, utilizado y exiliado, aquellas palabras parecían darme una nueva dirección, un nuevo camino al que no sabía si adentrarme.
- ¡Es él! – Gritó la humana a mi lado. El televisor (o así es como lo nombraba ella), había empezado a emitir imágenes de los Chitauri. Recordaba aquello. Yo mismo había generado parte de los disturbios… - El de la capa… ¡El hombre de la capa verde! Se interpuso entre los aliens y parecían hacerle caso. Yo estaba allí, justo detrás de él cuando cayó de una de las naves… si no hubiera sido por Steve… no se que hubiera pasado…
- ¿A qué te refieres? – Pregunté.
Las imágenes terminaron pronto, no había mucha documentación, o eso parecía. Los Vengadores se encargaron de tapar la catástrofe, Thor, antes de que yo fuera exiliado a Midgard, me contó que Stark había intentado recaudar todos los archivos posibles para que no fueran mostrados o extendidos por los medios. Aún así, algunas habían llegado a manos del pueblo. Pude ver una perspectiva de espaldas de mi armadura de batalla, la gran mayoría tapada por la capa. Los Chitauri sobrevolaban Manhattan. La mayoría de las imágenes estaban protagonizadas por el hombre de metal, muestra de su egocentrismo, ya que se veía que incluso las imágenes filtradas parecían estar manipuladas.
- Oh, supongo que no estabas por Manhattan por aquel entonces… - Despegó la vista de la televisión cuando acabó el reporte. – Verás, hubo una especie de invasión alienígena. Yo estaba en el peor lugar posible y los bichos esos salían por todas partes, pero entonces algo impactó contra una de las naves que volaban y calló un guerrero extraño con la capa verde… Bueno, era ese que ha salido por el televisor. – Señaló el aparato, que seguía hablando. – Pero Steve estaba por allí.
- ¿Steve? – Una inquietud se apoderó de mi ser. Sospechaba de quien estaba hablando… Y… ¿me molestaba?
- Sí, bueno, ya sabes… El Capitán América. – Se llevó un mechón detrás de la oreja. Eso solía hacerlo cuando se ponía nerviosa.– Nos metieron en estaciones de metro hasta que pasó la catástrofe. Me sentí un poco ridícula cuando vi como el Capitán América tenía que decirme hacia donde correr. Si aquel ser de capa verde se hubiera girado… tal vez no me hubiera dado tiempo a pestañear… Todos los aliens parecían obedecerle. Y era… humano.
- Así que así fue como conociste a el capitán Rogers… - Murmuré, sin dejar la pregunta en claro.
- Oh, bueno, algo parecido. – Asintió, recostando su hombro en el respaldo del sillón, girándose al compás. – Me metí en un pequeño lío con el editor de un periódico y Steve volvió a resolverme los problemas. Al volver a casa te encontré… en la carretera. – Se hizo un silencio incómodo. – Se que no vas a responderme, pero me gustaría saber qué hacías allí. Me gustaría poder entenderte más.
- Me metí en un problema. – Contesté sin pensar. Automáticamente me di cuenta de que había metido en un jardín del que me costaría salir.
- Oh, bueno… Eso esta bien. – Se miró las manos. – Quiero decir, que esta bien si… si te ayudé a salir y eso. Espero que no te haya metido en un lío peor… porque si no…
- No, quiero decir, sí. En realidad me solucionaste uno de los contratiempos. - ¿Porqué me había costado dar la respuesta? ¡Estaba hablando con una humana! De repente me sentía incómodo.
- Un pla-placer entonces. – Murmuró bajito. – Ya sabes que me gusta tenerte por aquí… - Añadió con un susurro de voz algo resquebrajada.
¿Por qué no dejaba de repetir aquello?
Me sentía peor después de haber visto que aquella vida humana se había interpuesto en mi camino con anterioridad. La miré, algo encorvada en si misma, mirándose las manos con total interés. Aquella humana era débil, como el resto de su raza. Su vida era una insignificante existencia más en la vida de Midgard. ¿Qué hubiera pasado si aquella vez uno de los Chitauri se la hubiera arrebatado? Incluso yo mismo podría haberle agredido sin mostrar sentimiento alguno.
Pero sus palabras me confundían. Y ahora parecía que una barrera estaba a punto de ceder por otro de aquellos sentimientos humanos. Lo odiaba con todas mis fuerzas a la vez que sabía que aquello era a lo único que podía agarrarme ahora.
Por una vez, no me sentía excluido.
Oh vaya, oh vaya. Tenía que dejar de repetirle eso a Loki en la cara. Parecía una adolescente con exceso de hormonas. Estaba estropeando el clima. La alarma de "incómodo y extraño" había saltado y en cuanto pude me escabullí a la cocina, la cual se había convertido en mi refugio natural cuando metía la pata.
Para mi alivio, la noche pasó sin más después de la cena. Se me había chamuscado un poco el primer plato y Loki empezó a agasajarme con cumplidos culinarios. Claro está, la ironía se le daba fenomenal. Yo mantenía una compostura digna y aceptaba aquellos piropos como si fueran verdades, pero al final no pude resistirlo y caí en un ataque de risa que me hizo retorcerme. El plato estaba horroroso y incomestible, no se porque me había forzado a mi misma a comerlo. Loki rió disimuladamente y me supo a gloria (para mi remordimiento).
Así vimos acabar un día más, y cansada (en parte, por las agujetas que seguía teniendo de reírme tan fuerte) me volví a mi habitación cerrando la puerta tras de mi. Como no tenía gana alguna de cambiarme, arrojé los pantalones a una esquina de la habitación y caí de cara a la almohada. Estaba prohibido pensar en Loki, simplemente cerraría los ojos y dormiría plácidamente.
Me desperté intranquila, algo estaba mal. Una presencia en mi habitación hizo que diera un bote en cuanto abrí los ojos. Antes de que pudiera gritar alguna palabra de reclamo, Loki me tapó la boca con una sola de sus manos.
- Shhh. No alces la voz. – Susurró, mirándome a través de la oscuridad. Estaba de pié frente a mi cama y yo estaba sentada intentando aclararme. – Hay alguien en tu puerta. Deberías abrir.
Lo miré con los ojos abiertos. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba tan revolucionada? Lo miré directamente a los ojos, y con mis manos aparté la suya de mi boca y mi nariz, respirando con mayor tranquilidad.
- ¿Qué haces aquí? – Murmuré los más bajo que pude.
- Hay alguien en tu puerta, deberías ir. – Volvió a decir con una voz que podría congelar el ambiente.
- Pe-pero… - ¿Pero qué haces en mi habitación?, ¿Pero porqué siento estos escalofríos?, ¿Pero porqué me miras de esa forma? Ninguna de aquellas salió de mi boca.
Me quedé quieta intentado relacionar ideas. Antes de poder pestañear, la mano de Loki me sujetó por la muñeca y me levantó de la cama. No pude murmurar ni una sola sílaba de protesta antes de verme arrojada al exterior de mis sábanas. Hacía muchísimo frío y recordé que ni siquiera me había puesto el pijama. Oh, no. Me puse colorada como un tomate y me miré los pies descalzos. Al menos la oscuridad sería una buena aliada.
- La puerta. – Susurró cerca de mi oreja enviándome un escalofrío a la espina dorsal. Podía sentir su aliento caer por mi cuello.
No me atreví a mirarlo, simplemente sentía el contacto frío de su mano en mi muñeca. Cerré los ojos. Aquello estaba definitivamente mal… Tenía que empezar a reaccionar pronto. Tiré de mi camiseta hacia abajo intentando conservar un poco la dignidad y justo cuando crucé el umbral de mi habitación, unos golpes agresivos estallaron contra la puerta de entrada.
- ¡María, ábreme! - ¿Era la voz de Sun? Abrí de un tirón, abalanzándome hacia la puerta. - ¡María! Por fin. Te hemos estado llamando al móvil pero no lo cogías. Ha habido una emergencia en la torre y necesitamos que vengas. – Sun hablaba rápido, con su trenza un tanto despeinada y su uniforme de trabajo.
- ¡Sun! – Grité. - ¿Me ne-necesitáis? ¿A mi?
- ¡Sí! No hay mucho tiempo para explicarlo, pero bueno, resumido, sería que hemos dado con el punto exacto de los seísmos. Es algo bastante extraño… - Se cruzó de brazos. – Los chicos necesitan toda la ayuda posible y este asunto solo manejan ellos y nosotras dos, a parte de Bee y Pepper. Nadie en Shield lo sabe, así que no pueden pedir agentes para reforzar la ayuda… Stark es muy estricto con ese tema…
- ¿Qué es Shield? – Pregunté, sin pensarlo.
- ¿De verdad no lo sabes? – Alzó las cejas. – Nick Furia es quien maneja el cotarro, tienes que haberlo visto en algún lado… Es ese hombre del parche en el ojo y la gabardina… - Me miró, y dado que no vio ni un ápice de entendimiento se encogió de hombros. – Bueno, es como una asociación súper secreta. No tengo mucho más tiempo de explicártelo, pero en general, Furia fue quien reunió a los Vengadores.
- ¿Y entonces porque no quieren avisarlos? – Pregunté.
- Cosas de Stark, ya se lo preguntarás cuando lleguemos. – Dijo haciendo un gesto con la mano derecha. – Oh, vaya,… No estas vestida. Uh, eres de mi club. Camisa vieja, pijama nuevo.
- Yo, no… - Me sonrojé. – Esto es una tontería. – Dije en voz alta admitiendo mi derrota. – Dame cinco minutos para que me vista.
- Será mejor que nos veamos en la torre, yo iré adelantándome con la moto. No tardes, por favor. – Sonrió, y antes de que pudiera decirle nada, Sun bajaba las escaleras de dos en dos, desapareciendo por el rellano.
Antes de que el sol pudiera despegar de nuevo, un sonido seco se escuchó en la calle. Me asomé, mirando con curiosidad. No había podido dormir, mi cabeza estaba demasiado activa relacionando ideas perdidas en mi mente. Demasiada sensiblería Midgardiana.
Un vehículo de dos ruedas derrapó bruscamente enfrente de la puerta de entrada. Una mujer se sacó el casco y arrojándolo al asiento, corrió a través de la carretera. En pocos segundos relacioné ideas: la humana llevaba un uniforme de Shield, y había aparcado en aquel lugar a esas horas. Eso solo podrá decir una cosa. Escuché como una puerta se abría, sí, definitivamente vendría aquí.
Me levanté y me colé sin hacer ruido en la habitación de la humana. Estaba durmiendo plácidamente pero tenía que advertirla antes de que llegaran allí. Sabía que era demasiado escandalosa, y yo no podía dar indicios de que estaba allí. Le tapé la boca con la mano, en seguida se despertó, aunque le costó reaccionar. En cuanto pude, la arrastré hacia fuera, advirtiéndole una vez más. Algo en la manera de erizarse el vello en su piel me dejó fascinado. La vulnerabilidad que parecía tener ahora que estaba bajo mi agarre, la delicadeza de la piel que se mostraba más allá de aquella camisa y que la oscuridad se ocupaba de esconder. Murmuró algo y se alejó, dejándome escondido en la habitación.
Parece ser que la extraña conocía a la humana. Y a los Vengadores. Le explicó lo que era Shield, y cada vez me vi más arrinconado entre la espada y la pared. Aquella humana sabía demasiado, no estaba bien para alguien como yo residir allí. Pero me pude enterar de algo más, lo que también era una ventaja. En la torre de Stark había sucedido algo fuera de lo normal y estaban en alerta. Y yo sabía que Thor estaba allí. Quizás la luz se le había iluminado y se había dado cuenta de quien había estado detrás de aquello todo este tiempo.
Un portazo seco anunció la partida del nuevo huésped. Miré por la rendija de la habitación. Un cuerpo pequeño y rígido se encontraba con la mirada perdida frente a la puerta. Sus manos se juntaban a la altura de su pecho, en gesto de preocupación. Sus pies, uno sobre el otro, reflejaban el frío de la habitación, los dedos contraídos por el clima. Las piernas, desnudas y torneadas, tomaron mi atención. Abrí la puerta y el ruido del crujir de mis pasos la despertó del ensimismamiento. Sin mirarme a la cara, entró a su habitación, cerrando con cautela.
¿Qué clase de emergencia era tan importante como para recolectar vidas humanas como la suya? ¿No tenían bastante con el equipo de súper hombres que había juntado Furia? Miré a la puerta cerrada de la habitación, sintiendo algo que se podría clasificar como preocupación. ¿Qué pasaría con mi tapadera si aquella humana no volvía?
La puerta se abrió con fuerza y como un rayo, la muchacha salió disparada hacia la salida.
- María. – Susurró mi voz sin mi permiso.
La aludida se giró sorprendida. Había actuado como un estúpido y sensible adora-humanos. Me estaba convirtiendo en una clase de Thor. Pero había llegado a un punto en el que no podía controlar lo que mi boca decía o lo que mi cuerpo decidía hacer. El silencio reinó en la penumbra del salón. La humana me miraba, algo consternada, a punto de abrir la puerta.
Algo en el aire no estaba bien, podía sentirlo. Demasiada presencia mágica acumulada. Incluso sin poderes, un mago podía detectar esas cosas. Una presencia ominosa, ruin, con un propósito desmesurado. El ambiente estaba cargado, ahora podía sentirlo con claridad. Eso solo podía decir una cosa…
- Tengo que irme, volveré esta noche. – Murmuró atropellándose en las palabras mientras yo me acercaba a la puerta. – Siento que te hayan despertado.
Se giró, y antes de que pudiera cerrar tras de si, la sostuve por la muñeca. Me miró, algo confundida, tanto como yo lo estaba. Mi mente y mi cuerpo habían discrepado, y ahora cada uno iba por libre.
- Eh… um… - Miraba confundida hacia los lados. – Tengo algo de prisa, pero volveré esta noche.
- Vuelve. – Fue la única palabra que mi garganta logró pronunciar, a duras penas, cortada por mi mente, que decía que aquello era tan patético como el hecho de que la hubiera llamado por su nombre.
