Pizza y una digievolución para chicas
Hola! Soy yo otra vez, sé que el título es raro, pero créanme que todo en el título tomará sentido apenas avance el capítulo (sí, la pizza es importante aunque no lo crean). Y este capítulo será centrado en tres niños elegidos… saquen sus conclusiones, bueno se viene el capítulo.
…
Matt miró por la ventana de la "habitación" del hotel—si es que se podía llamar así, ya que era de dos pisos y no era para nada pequeña—, se encontraba ahora en Tokio, donde sería el siguiente concierto. El chico suspiró, a diferencia de Shinjuku Tokio no le daba ni una sola motivación, ahí no vivían ni su hermano, tampoco iba a encontrarse con la chica pelirroja, sólo tenía a Tsunomon, que lo miraba desde la cama.
— ¿Sigues pensando en Shinjuku Matt?—preguntó el digimon.
—Tal vez si pudiera ser un chico normal…—reflexionó Matt en voz alta— yo podría estar allá con mi hermano, y quién sabe, tal vez hasta salir con ella.
Matt miró una vez más por la ventana.
—Aunque tal vez, por hoy pueda fingir ser un chico normal—dijo el chico mientras bajaba las escaleras.
A penas llegó al primer piso una de las asistentas se le acercó.
— ¿Desea algo señor?—preguntó.
—Simplemente pediré una pizza—contestó este sin mirar a la chica.
—Enseguida le digo al chef que…—Matt la interrumpió.
—No gracias, pediré yo mismo una por teléfono—Matt sacó el teléfono de su bolsillo y llamó a una de esas pizzerías a domicilio—. Hola… sí, quería pedirle una pizza normal para la habitación 32 del hotel Tokio… si, con extra tocino por favor… bien, muchas gracias.
La asistenta lo quedó mirando extraño.
—Avísame cuando llegue por favor—fue lo único que dijo Matt antes de retirarse.
…
—Mimí, el vestido que tienes de cuando eras niña es muy bonito ¿puedo usarlo?—preguntó Tanemon mientras contemplaba un pequeño vestido rosa.
—Ay Tanemon—dijo Mimí riéndose—, ese vestido no te va a quedar.
—Bueno, no como Tanemon pero tal vez…
— ¿No estarás pensando en digievolucionar? ¿Verdad Tanemon?—preguntó Mimí cambiando su expresión sonriente por una de fastidio.
—No Mimí—dijo Tanemon mientras dejaba tristemente el vestido de vuelta en su lugar— ¿Por qué no te gusta que digievolucione?
—Porque te ves mucho más bonita como Tanemon—respondió la chica aun con un deje de fastidio—, ya hemos hablado de esto antes.
—Mimí ¿Por qué no te agrada mi apariencia cuando digievoluciono? Tampoco es que me vea tan mal.
—Eso es porque no te he entregado un espejo cuando lo haces.
Tanemon miró a su amiga un tanto sentida, ella quería mucho a Mimí, de verdad lo hacía, pero a veces quería que dejara de ser tan caprichosa y superficial.
—Bien Tanemon, creo que podría irme de compras un rato ¿Vienes conmigo Tanemon?—la digimon miró a su compañera, ella encontraba muy divertido salir con Mimí a ver ropa, pero también le gustaría poder probarse ropa ella misma.
—Está bien—aceptó Tanemon aun un poco decaída de ánimo.
Ambas salieron del departamento, la digimon ya se había acostumbrado a esa rutina de ser un muñeco para poder acompañar a Mimí de compras, por lo que simplemente tomó su posición entre los brazos de Mimí y se quedó quieta, de vez en cuando, cuando consideraba que pasaría desapercibido hablaba con Mimí, básicamente, lo que hacían en los típicos días de compras.
Finalmente llegaron al centro comercial, había tanta gente que si Tanemon hablaba nadie se daría cuenta, por lo que de vez en cuando le hacía preguntas sobre marcas, tallas o le recomendaba alguna de las prendas que se veían en las vitrinas.
A menudo, Tanemon se imaginaba como se vería si tomara una forma humana y pudiera probarse las prendas que habían en el centro comercial: tantas blusas, faldas, vestidos y accesorios… la digimon se lo probaría todo.
Mimí ya había entrado a la primera tienda, estaba entre la sección juvenil buscando algo que le llame la atención, cómo lo hizo aquel vestido rojo, la chica se acercó y lo tomó, pero alguien más estaba tirando de él.
— ¡Que te pasa! ¡Yo lo vi…!—Mimí quedó asombrada al ver quien la otra persona era— ¿Tú…?
…
El repartidor de pizza iba en su bicicleta a hacer entrega de su pedido, el cual extrañamente había venido del hotel más caro de la ciudad ¿Por qué alguien con dinero suficiente para quedarse en aquel hotel pediría una común pizza a domicilio? Él no lo sabía.
El chico estaba a punto de llegar cuando escuchó una voz desde la bolsa que llevaba en la parte trasera de la bici.
— ¡Joe apúrate! ¡Debes llegar en menos de cinco minutos o la entrega será gratis otra vez!—avisó.
—Tranquilo Bukamon, creo que esta vez lo conseguiré—lo calmó Jyou.
—Eso dices siempre y siempre terminas pagando tú la entrega—dijo una vez más Bukamon.
Joe a veces dudaba si la compañía de Bukamon era grata para él, el digimon y él eran muy diferentes y se peleaban constantemente, sin embargo Joe sabía que se estimaban mucho y que ambos siempre estarían ahí para defenderse el pellejo el uno del otro, era extraño, pero a él le gustaba así.
Joe ya había llegado al hotel, dejó la bicicleta apoyada en el primer lugar que encontró, fue a la secretaría del hotel y se dirigió a la señorita que ahí se encontraba.
—Hola señorita—saludó Joe aun agitado—, vine a entregar una pizza para la habitación 32.
—Déjeme verificar—dijo tranquilamente la señorita mientras hacía todo con total delicadeza y lentitud, lo que comenzaba a frustrar al repartidor—. Hola… sí, disculpe, le quiero consultar si usted pidió una pizza a domicilio… muy bien, gracias, que pase una buena noche—la señorita colgó el teléfono—. La habitación queda en el cuarto piso, puede tomar el ascensor.
—Muchas gracias señorita—Joe partió corriendo al ascensor, el cual estaba a comenzando a cerrarse, Joe pensó que lo iba a conseguir, pero algo lo hizo tropezar.
— ¡Joe ten más cuidado!—se quejó Bukamon— ¡Me podrías haber matado!
Joe vio como la puerta del ascensor se cerraba, genial.
— ¡Ah! Bukamon ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer?
— ¡Dímelo tú a mí! ¡Me dejaste olvidado en el bolso!
Joe se arregló los lentes, suspiró, tomó la pizza y se levantó. El elevador aun no volvía a bajar, tal vez sería más rápido tomar las escaleras.
Joe se dirigió a las escaleras y las subió corriendo lo más rápido que pudo, con Bukamon levitando a su lado.
— ¡Vamos Joe! ¡Tú puedes!—lo animaba.
Joe sentía sus piernas muy pesadas, estaba muy sudado y respiraba agitadamente, pero no paró de correr, no podía volver a pagar con su dinero otra pizza, no podía volverlo a hacer.
El repartidor por fin había llegado al cuarto piso, con la vista buscó el número 32, hasta que lo encontró, la primera puerta de la pared del frente.
—Será mejor que te escondas Bukamon—advirtió mientras tocaba la puerta, el digimon se colocó tras sus piernas.
— ¿Es usted el que vino a dejar la pizza?—le preguntó el hombre que abrió la puerta: llevaba un traje, lentes de sol y era increíblemente fornido. "Debe ser un guarda espaldas" pensó Joe.
—Este… yo… sí—respondió el chico con nerviosismo.
—Pues está atrasado por dos minutos, la pizza es gratis.
— ¡¿Qué?! ¡No!—exclamó Joe alarmado— ¡Escuche señor necesito el dinero! ¡Fueron sólo dos minutos! ¡Por favor!
Mientras Joe tenía la conversación con el guardia Bukamon echó una mirada a la habitación: era increíble, tenía un enorme televisor, un acuario, un hermoso balcón ¡Y hasta había un jacuzzi adentro! El digimon no pudo resistir el impulso de entrar a curiosear un poco, así que cruzó sigilosamente el marco de la puerta, por suerte, ni Joe ni el intimidante tipo de traje se dieron cuenta.
— ¡Por favor señor! ¡Perdónemelo por esta vez!—suplicó Joe otra vez sin percatarse de lo que acababa de hacer su digimon.
—Ya le dije que…
—Déjame pagar a mí—se escuchó otra voz decir desde adentro de la habitación.
—Usted no comprende señor—explicó el supuesto guardaespaldas—, la pizza llegó dos minutos tarde, no hay nada que pagar.
—Insisto en que yo pagaré la Pizza—volvió a decir la misma voz—, por favor retírate.
Entonces un chico rubio apareció en la puerta, Joe lo conocía perfectamente, podías ver su fotografía prácticamente en cada calle de la ciudad: era el cantante de aquella banda que estaba de moda, los Teenage Werewolves, sin embargo al verlo en persona sintió que ya lo conocía de antes "¿En qué estoy pensando?" se cuestionó Joe, era imposible que conociera una celebridad como él.
—Lo siento por… ¿Te conozco?—preguntó apenas se fijó en la cara del chico.
—Este…—Joe estaba a punto de responder cuando otra voz interrumpió.
— ¡Matt ven a ver esto!—esta voz sonó bastante más infantil.
— ¡Estoy ocupado!—respondió "Matt" (Joe no tenía tiempo para entretenerse con la música así que no conocía el nombre del cantante) — ¡Iré a ver luego! ¡No te muevas de ahí!
— ¡No entiendes Matt!—dijo una vez más la voz— ¡Es importante que vengas a ver esto!
— ¡Está bien! ¡Ya voy!—el cantante se volteó una vez más hacia Joe— Vuelvo en un momento, por favor espere aquí.
Matt acudió al llamado de su digimon, que se encontraba junto al jacuzzi en un punto en el cual era imposible verlo desde la puerta. Tsunomon señaló al jacuzzi, donde un pequeño digimon gris los miraba asustados.
— ¿Qué hacemos con él?—preguntó Tsunomon a Matt.
El pequeño digimon no pudo resistir más su miedo y se puso a gritar.
— ¡AH! ¡JOE! ¡JOE!—el digimon se fue a toda velocidad disparado a la puerta.
Joe miró asustado a su digimon ¿Lo habían descubierto?
Matt volvió corriendo con cara de haber visto un fantasma… porque probablemente vio a Bukamon.
— ¡Escucha por favor no te asustes! ¡Él…!—entonces el repartidor reparó en la pequeña criatura que se hallaba junto a los pies de Matt— ¿Tú también tienes uno?
—Yo… creí que era el único—dijo Matt sorprendido.
…
Mimí observó con sorpresa al ser que tiraba del vestido.
— ¿Eres un digimon?—preguntó Mimí alarmada, la cosa que tiraba del vestido tenía un pétalo rojo cubriendo la parte superior de su cabeza y flores en vez de manos.
— ¡Me gusta tu cabello!—fue lo único que contestó la criatura, dicho esto salto sobre Miñí y jalo de su largo cabello— ¡Dámelo!
— ¡Ah! ¡¿Qué haces?! ¡Suéltame!—se quejó Mimí.
— ¡Suelta a Mimí!—ordenó Tanemon mientras saltaba sobre la criatura que le jalaba el pelo a Mimí. Pero Tanemon era muy pequeña y no le hizo ni un rasguño a la digimon, tal vez si digievolucionara podría proteger a Mimí.
—Tanemon digivolves a… ¡Palmon!
— ¡Palmon! ¡¿Qué haces?!—preguntó Mimí mientras el cambio de su compañera.
— ¡Hiedra venenosa!—atacó la forma evolucionada de Tanemon, enredando sus ahora largos dedos en el cuerpo de la criatura, tirándola lejos de Mimí.
— ¡Es una Palmon!—advirtió la criatura— ¡Floramon ataquen!
Más criaturas iguales a la anterior comenzaron a aparecer de distintas partes de la tienda.
— ¡Palmon! ¡No podrás contra tantas!—gritó Mimí cuando se percató de cómo las Floramon se conglomeraban alrededor de su compañera.
De pronto todas las digimon se lanzaron sobre Palmon, la cual desesperadamente intentaba quitárselas de encima con su ataque de hierba venenosa sin ningún resultado.
— ¡Palmon!—gritó preocupada Mimí mientras observaba a su compañera ser atacada por varias Floramon a la vez. Una pequeña lágrima amenazó con salir de sus ojos "Palmon digievolucionó para ayudarme" pensó la chica ", yo no quería permitir que lo haga, pero ella lo hacía por mí. Me comporté cómo una estúpida" la lágrima ya no podía ser retenida, se deslizó por la mejilla izquierda de Mimí y cayó exactamente sobre su digivice, cómo provocado por la lágrima el digivice comenzó a brillar dando comienzo a otra digievolución.
—Palmon digivolves a… ¡Toguemon!
Palmon ahora era muchísimo más grande, era una suerte que el tacho de la tienda fuera tan alto, ya que así Toguemon apenas entraba, las Floramon ya no podían atacar tan fácilmente, la gran parte había caído al suelo, mientras otras más desafortunadas se quedaron atrapadas entre sus espinas.
— ¡Lluvia de espinas!—atacó Toguemon, destruyendo a todas las Floramon de un solo ataque, Mimí tuvo que esconderse tras los probadores para que no le llegaran las espinas de Toguemon a ella también.
Para cuando el ataque terminó, ya no quedaban Floramon, pero tampoco había señal de la enorme Toguemon.
— ¿Estás bien Mimí?—preguntó Palmon mientras se acercaba a ella.
—Si Palmon, gracias a ti—agradeció la chica.
—No es nada—dijo Palmon mientras miraba hacia el piso, después Mimí se dio cuenta de lo que acababa de pasar, dentro de poco mucha gente vendría a averiguar qué había pasado.
— ¡Debemos irnos Palmon!—Mimí tomó a la digimon entre sus brazos y salió corriendo de la tienda, entrando a la siguiente lo más rápido que pudo.
—Emm… Mimí, creo que te equivocaste—dijo Palmon—, entramos en otra tienda, la salida está más adelante.
—No me equivoqué Palmon, entré en otra tienda a propósito—respondió la chica sonriente—. Nosotras vinimos de compras y no me iré hasta que compremos algo.
—Pero Mimí yo Aún estoy con la forma de Palmon.
—Eso ya lo sé—dijo Mimí mientras revisaba las prendas, deteniéndose frente a un vestidito blanco— ¿Qué piensas de este Palmon?
—Es bonito—opinó la digimon—, pero es muy pequeño, no creo que te quede.
—Te equivocas Palmon—la corrigió la chica—, es perfecto porque no es para mí ¿Por qué no te lo pruebas?
Palmon miró impresionada a su compañera, después sonrió emocionada.
— ¡Claro Mimí!
…
Matt ya le había pagado a Joe el respectivo dinero de la pizza, entonces Joe le dio las gracias y se preparó para irse.
— ¡Espera!—lo detuvo Matt— Tengo que hablar contigo ¿Desde cuándo conoces a tu digimon?
—Mira, a mí también me encantaría quedarme a charlar—aseguró Joe—, pero tengo que volver al trabajo, aún necesito dinero si quiero ir a la universidad el próximo año.
— ¿Por eso es que trabajas? ¿Por tus estudios universitarios?—preguntó Matt.
— ¿Te parece una mala razón?—cuestionó Joe.
Matt pensó en el chico, probablemente con lo que él ganaba en un concierto el chico hubiera tenido todos sus estudios universitarios asegurados al cien por ciento y le todavía le sobraría dinero. Miró apenado a Joe, después sacó su chequera y firmó un cheque con el valor de diez millones de dólares.
—Por favor, acepta esto—pidió Matt.
Joe miró el cheque impresionado.
—Esto… ¿Es para mí?
Matt asintió, Joe se puso a reír como loco.
— ¡Ves esto Bukamon!—le dijo emocionado a su digimon— ¡Con este dinero no tendré que trabajar por más de medio año!
— ¡Es increíble Joe!—aseguró el digimon.
—No sé cómo agradecerte Matt—dijo Joe aun sin poder creer lo que acababa de pasar.
—Quédate aquí un rato y cuéntame sobre tu digimon—fue lo único que el chico pidió.
—Es un trato—respondió Joe entrando a la habitación.
…
No saben cuánto me entretuve escribiendo sobre Joe, literalmente sonreía con solo imaginarme la escena, espero que a ustedes también le haya gustado.
Les dije que la maldita pizza sería importante nkavndava.
Adiós :*
