¡Hurra! ¡Es hora de una épica y maravillosa aventura!

Para que lo sepáis, casi todas las aventuras épicas empiezan con un aburrido y monótono viaje. Ya os daréis cuenta un poco más adelante.

Twilight cumplió su palabra. El resto de ponis aparecieron un par de horas después, poco antes del mediodía. Zecora fue lo bastante amable como para prestarme un par de alforjas para mí, las cuales llenó de diversas pociones, ungüentos y cosas así. En caso de emergencia, me dijo. Con rimas.

Una vez estuvimos todos dentro, tuvimos una rápida reunión para planificarlo todo. Twilight empezó con una… noticia bastante inquietante.

—Tengo una… noticia bastante inquietante —dijo—. Parece que el doctor Needles ha estado visitando casa por casa para buscar a Pinkie. Incluso aparecieron por casa de Fluttershy justo antes de que nos marcháramos, y exigieron registrarla. Supongo que alguien te vio entrar allí a pesar del disfraz.

Oh. Bueno, tampoco es que me estuviera mostrando discreto aun yendo con ese vestido. Ey, espera un momento…

—Un segundo —dije—. ¿Me estas diciendo que el nombre de ese doctor es Needles?

—¿Sí? —dijo Twilight, mostrándose confusa ante mi reacción.

—¡Tío! ¡Todo este tiempo había estado llamándolo "Pinchazos" porque creía que era algo insultante! ¿Y ahora resulta que su nombre era prácticamente eso?

Twilight confirmó que así era.

—Estoy muy decepcionado. Supongo que tendré que llamarle simplemente "asqueroso doctor trolero" a partir de ahora.

—Vaaale —dijo Twilight para después tratar de reencaminar el tema—. Vamos en busca de alguien llamada Skyggie, también conocida como la "Bruja de las Sombras".

—¡ que ella es la responsable! —dije—. ¡Llamándose la "Bruja de las Sombras", tiene que ser una villana por fuerza!

—¡Sí! ¡Vayamos a por esa bruja! —añadió Rainbow Dash con entusiasmo.

—No es alguien malvada, conmigo ha mostrado bondad —dijo Zecora, volviendo a interferir con la realidad dentro de mi fantasía—. Ese título se debe a que las ilusiones son su especialidad.

Dash se dejó caer hasta el suelo e hizo un mohín.

Odio cuando las cosas se complican —se quejó—. Prefiero cuando hay un malo al que pueda darle una coz en la cara y que todo se arregle con eso.

Que conste en acta que yo estaba de acuerdo con Dashie.

Cualquier paso adelante es un paso que te acerca más a casa —me recordó la vocecita en mi cabeza.

—¿Por qué no le tendemos una emboscada al doctor y lo hacemos prisionero? —pregunté. Casi todas se mostraron impactadas ante la idea. Excepto Dash. Ella se mostró más animada.

—¿Por qué íbamos a hacer eso? —preguntó Twilight.

—¡Porque así podríamos obligarle a que nos contara para quién trabaja! —dije.

Twilight se mostraba dudosa ante la idea.

—¿Y cómo vas a hacer que nos lo cuente? —preguntó.

—¡Podrías usar sobre él tu conjuro detector de mentiras!

—¿Qué? ¡Yo no tengo ningún conjuro detector de mentiras!

—Ah, ¿no?

—¡No! ¿Por qué iba a tener yo un conjuro así?

—No sé —dije con algo de decepción—. Me parecía uno de esos conjuros que podrías tener en tu repertorio.

—Bueno, pues no lo tengo —dijo Twilight—. ¿Podemos concentrarnos en lo que es el viaje, por favor?

Todo el mundo estuvo de acuerdo, y Twilight sacó el mapa que Zecora había dibujado, el cual consistía mayormente en un pequeño triángulo para señalar su choza, una línea dirigiéndose hacia el oeste, y un par de rayas curvas para indicar ríos. También había una equis en el mapa para señalar dónde estaba el castillo, y un montón de notas sobre las cosas con que nos podríamos topar en el camino.

Finalmente, como una hora tras el mediodía, empezamos el viaje. La senda era irregular y estaba algo embarrada, y el antes pacífico bosque empezaba a avivarse con el zumbido de pequeños insectos. Pequeños insectos que parecían disfrutar mordiendo ávidamente la tierna y delicada carne de poni que tenían a su alcance.

¿Os he dicho ya lo poco que me gusta el Everfree?

Sorprendentemente, nadie se quejó. Ni siquiera Rarity, la cual yo creía que se pasaría todo el rato quejándose por su crin. Se hizo un pequeño arreglo, sin embargo: en vez de su peinado habitual, tenía el pelo recogido en… bueno, una coleta. Y resultaba mona hasta decir basta.

Eso sí, a pesar de todos aquellos bichos, yo estaba de muy buen humor. ¿Cómo podría no estarlo? ¡No solo estaba de camino para obtener finalmente respuestas, sino que además estaba viajando junto a las mismísimas portadoras de los Elementos de la Armonía! ¿A que mola?

¡De hecho, me sentía tan feliz que pensé que esta excursión se merecía una canción! Tomé aliento y empecé a cantar:

—¡Ooooohhh~!

—¡No! —dijo Twilight Sparkle, dando media vuelta y haciéndome callar con una dura mirada—. ¡Nada de cantar!

—Auuu… —dije en respuesta.

—Lo siento, Pinkie… o como te llames. Es que no estoy de humor ahora para una canción, ¿vale?

—Claro, Twilight —dije, tratando de disimular mi decepción.

Caminamos en silencio durante unos pocos minutos más tras aquello. Bueno, en relativo silencio.

—Pinkie —dijo Twilight tras unos momentos—. Nada de tararear tampoco.

—Ups, lo siento.

Un par de minutos más tarde, Twilight suspiró y dijo:

—Pensaba que no haría falta especificar que tampoco quiero silbidos.

—¡Bueno, perdóname que esté de buen humor y trate de hacer este viaje un poco más divertido! —dije, sintiéndome algo molesto—. Todavía nos queda mucho camino; ¿de verdad vamos a estar todo el rato en completo silencio? Vamos, ¿ni siquiera podemos hablar o algo?

—Bueno… —contesto Twilight con algo de duda.

—Estoy de acuerdo con lo que dice Pinkie Macho —dijo Rainbow Dash—. El viaje va a ser largo, así que podríamos tratar de hacerlo más llevadero.

¿Pinkie Macho? Oh, ni de broma.

—Por favor, no me llames así, Dashie —dije, pero fui ignorado.

—A mí no me importa que cante —dijo Fluttershy—. Siempre he pensado que Pinkie tiene una voz de canto muy bonita.

—Podríamos contar historias —dijo Applejack—. Tengo unas cuantas anécdotas muy graciosas de cuando Big Macintosh era solo un potro.

—O-Oh, ¿en serio? —dijo Fluttershy, tratando pobremente de fingir naturalidad.

—O también podríamos tratar de averiguar algo más sobre nuestro compañero de viaje —sugirió Rarity—. Asumiendo que alguna vez nos dé una respuesta directa.

—Está bien —dijo Twilight, rindiéndose, pero con una pequeña sonrisa que parecía mostrar que no le importaba—. Contemos historias. Puedes empezar tú… Pinkie Macho.

Por la forma en que se rió cuando dijo eso, diría que el título le hacía mucha gracia. Puse los ojos en blanco.

—Vale —dije—. ¿Qué os gustaría saber?

—Bueno, podrías contarnos algo sobre ti —dijo Twilight—. Sabes gran cantidad de cosas sobre nosotras, pero apenas sabemos nada de ti.

—¿En serio vas a dejar que la señorita Pie dé rienda suelta a sus delirios? —dijo una voz conocida delante del camino.

El doctor saltó de detrás de unos arbustos junto a dos policías. ¡Era una trampa! O algo parecido. Los dos grupos de ponis se miraron el uno al otro durante unos segundos antes de que se me ocurriera decir algo.

—¡Cuidado! —grité de forma completamente innecesaria—. ¡Es el asqueroso doctor trolero!

Twilight miró atrás y puso los ojos en blanco.

—Sí, ya lo vemos —señaló.

—¿Cómo me has llamado? —preguntó el doctor, confundido.

—Venid con nosotros sin armar alboroto y nadie saldrá herido —dijo uno de los policías, el que tenía la voz más grave.

—Estarás de broma, ¿no? —dijo Rainbow Dash con tono desafiante—. Vosotros sois tres, y nosotros seis. Tenemos ventaja.

—No me hace mucha gracia pelearme con la policía —susurró Twilight furiosamente hacia la pegaso.

—Vosotras cinco ya habéis causado bastantes problemas —dijo el otro oficial de policía—. Si seguís así, nos veremos obligados a presentar cargos.

Bueno, eso ya fue la puntilla.

—¡Quietos! ¡Parad todo el mundo! —dije—. No puedo permitir esto. Chicas, no puedo dejar que os metáis en problemas por tratar de ayudarme.

Di un paso adelante y, mirando a los tres sementales, dije:

—Si no tratan de evitar que me capturéis, ¿prometéis que las dejaréis en paz y no presentaréis cargos?

—¡Pinkie, no! —protestó Dash. El resto del grupo también expresó su disconformidad ante mi plan. Miré hacia atrás y alcé un casco.

—Tranquilas, chicas. Sé lo que hago —les dije mientras guiñaba un ojo.

Los dos policías se miraron entre ellos y después se encararon hacia mí.

—Claro. Las dejaremos en paz. Ahora ven con nosotros en silencio y te llevaremos al hospital.

—Necesito que lo prometáis —dije mientras caminaba hacia ellos. Los dos ponis uniformados se movieron con incomodidad.

—Vale, lo prometemos —dijo Voz Grave—. Y ahora acompáñanos.

—¿Chicas? —dije, girando la cabeza mientras seguía caminando hacia los tres—. Os veré en el lugar al que nos dirigimos, ¿vale?

—No, tú te vienes con nosotros —dijo el doctor, en lo que él probablemente creía que era un tono tranquilo y razonable—. Lo has prometido, ¿recuerdas?

—Oh, ¿he prometido que iba a ir con vosotros? —dije con un tono lo más inocente posible—. Yo no recuerdo haber hecho eso.

—Dijiste que si dejábamos en paz a tus amigas… —dijo el poli de voz profunda con furia antes de que yo le cortara con un profundo suspiro.

—No, eres el que dijiste que las dejaríais en paz si no trataban de evitar que me capturarais —señalé con voz dulce—. Pero no os preocupéis, soy alguien razonable. Mirad, incluso pondré los cascos tras mi espalda para poneroslo más fácil.

No estaba loco. Bueno, al menos eso creía. Tenía un plan. Más o menos. Lo que pasa es que… no tenía ni idea si iba a funcionar.

Me senté sobre la senda y puse los cascos delanteros detrás de mi espalda, justo donde los policías no podían verlos. Y entonces me concentré. Pinkie interior y todo eso. No pasó mucho tiempo hasta que empecé a sentir esa extraña sensación que tuve anteriormente, la misma que empezó a manifestarse cuando casi me puse a cantar en Ponyville. La misma sensación de estar el centro de una tormenta que tuve cuando perseguía a Rainbow Dash a través del pueblo.

Me sentía bien, y empecé a sonreír ampliamente. En ese momento sabía que el plan funcionaría. Los policías dudaron al ver la enorme sonrisa que tenía dibujada en mi cara.

—Bueno… Vale —dijo el oficial que tenía la voz normal, mostrando duda pero tratando de solaparla con valor. Los dos policías intercambiaron miradas de preocupación y se echaron adelante, obviamente para intentar esposarme y sacarme a rastras de allí.

—No os preocupéis —les dije—. No os voy a dar ningún problema. ¡Solo voy a daros un pastelazo en la cara!

Y, dicho esto, estiré mis cascos, que de repente portaban tartas de crema de coco, ¡y arrojé los cremosos dulces hacia sus estupefactas caras! El par de tartas formaron un bello arco en el aire, y aterrizaron sobre los ojos de ambos oficiales con un hermoso y espeso "¡twahp!".

Solté un risita, me despedí de las sorprendidas yeguas agitando un casco, le hice una pedorreta al anonadado doctor, y salté hacia un arbusto cercano.

—¡A por ella! —dijo el asqueroso doctor trolero (¡me niego a usar su verdadero nombre!).

—¡Necesitas trabajar más en tu diálogo de "villano malvado", doc! —le grité mientras me movía rápidamente entre los arbustos—. ¡Eso que has dicho no podría ser más cliché!

El par de policías, maldiciendo y limpiándose aún el pringue de sus ojos, corrieron torpemente a por mí, aunque creo que escuché a Voz Grave decir algo parecido a "La verdad, esto está bastante bueno".

Y entonces empezó la persecución, que duró… Cielos, no sé. ¿Horas, tal vez? Empezamos a última hora de la tarde, y el sol había empezado a ponerse para cuando estábamos a punto de terminar. Nuestro juego "tú la llevas" fue muy animado; les hice pasar entre arbustos y a través de riachuelos. Traté continuar en la misma dirección en la que íbamos al principio, hacia el hogar de Skyggie, porque no tenía mucho sentido que ahora empezara a retroceder.

El terrible trío logró aguantar mi ritmo sorprendentemente bien, aunque supongo que era por el hecho de que volvía atrás para gastarles alguna que otra broma. Como por ejemplo, atar entre dos árboles una fina cuerda a la altura de sus cascos, haciendo que los tres tropezaran. U ocultarme tras un arbusto hasta que todos pasaban por mi lado para después salir de mi escondite y pegarle una nota que ponía "¡dame una patada!" en el trasero del doctor y después salir corriendo.

Encontré unas calabazas bastante gordas de las que Zecora me había advertido, diciendo "Si una de esas calabazas llegas a quebrar, la peste una semana te ha de durar". Así que, naturalmente, cogí unas pocas y se las arrojé al trío. Después huí entre risitas mientras los tres se ahogaban con el nauseabundo hedor.

Más tarde encontré un lecho de poison joke. Lo rodeé y esperé a que los malos me vieran. Los tres corrieron a través de él, tal y como tenía planeado. Yo me quedé allí sentada, sonriendo. Después me acordé de que la poison joke no hacía su efecto hasta la mañana siguiente, así que empecé a correr otra vez.

Todavía no sé de dónde salieron el barril de pegamento y la enorme bolsa de purpurina, pero la persecución se volvió mucho más brillante después de eso.

A pesar de todo, se negaban a rendirse. Estaba empezando a pensar que nunca me desharía de aquellos tipos a menos que me topara con alguna mantícora o algo así.

—¡Roooar!

—¡Aaaagh! ¡Cuidado, una mantícora!

Vale, nota mental: a Equestria le encanta la ironía.

Los relucientes policías gritaron en pánico mientras el monstruo alado se alzaba a dos patas ante ellos y yo daba media vuelta con un suspiro. Pensaba que las frases del doctor eran algo cliché, ¡pero esta era la segunda vez que me topaba con una mantícora en el Everfree! ¡La tercera si cuentas el sueño de la noche anterior! ¡Eso ya rozaba los límites de lo más cliché!

En fin, no podía dejar que el bicho se los comiera, por mucho que estuvieran intentando llevarme de vuelta a aquel manicomio. Afortunadamente, Zecora me había dado antes un tarro lleno de repelente para mantícoras. Bueno, en realidad era un repelente para casi todo, pues creaba una nube de humo ardiente e irritante que hacía huir a casi cualquier cosa que tuviera nariz, pero serviría para deshacerse de la mantícora.

Corrí hacia el trío de ponis y salí hacia el claro para ver cómo trataban de esquivar al terrible monstruo.

—¡Ey! —grité a la mantícora—. ¡No es justo, todavía estaba jugando con ellos!

Después lancé el tarro de repelente hacia la mantícora. Y, para mi sorpresa, ¡el recipiente atravesó a la bestia!

—¡Te tengo! —dijo el doctor, y de repente me vi envuelta otra vez en un campo mágico que me alzaba del suelo. La mantícora se desvaneció, dejándome completamente confundido.

—Os dije que vendría si pensaba que estábamos en peligro —dijo el doctor trolero, regodeándose—. Todo lo que hacía falta era una ilusión convincente. Bueno, ¿dónde había guardado el sedante?

—¡Ey, eso no es justo! —protesté mientras agitaba en vano mis patas en el aire—. ¡Había vuelto para tratar de evitar que os comiera!

—Y te damos las gracias por ello —dijo el doctor con engreimiento mientras su cuerpo relucía bajo el sol poniente—. Ah, aquí está.

—¡Nooooo! —protesté mientras la aguja me pinchaba en el culo una vez más. ¡Esto ya estaba empezando a pasar de castaño oscuro!

Y fue entonces cuando sentí una extraña combinación de mi sentido Pinkie. Vale, me temblaba la cola, pero también me dolía un casco y me temblaba una pata. No estaba seguro de lo que significaban todas esas cosas a la vez.

¿Podría significar que iba a acabarse aquí el capítulo?

¡Oh, en realidad significaba que Rainbow Dash iba a aparecer con un picado desde el cielo e iba a tumbar a los tres ponis como si fueran bolos! La magia del doctor asqueroso se disipó y caí al suelo con un sonoro "¡uf!".

—¡Por aquí! —gritó Rainbow Dash mientras los tres malos cubiertos de purpurina trataban de levantarse.

Voz Grave se recuperó primero y empezó a caminar hacia mí, pero Applejack arrojó un lazo y lo ató por las patas con una mirada de determinación. Rarity levantó al otro del suelo con su magia, y sus patas se agitaron débilmente en el aire a modo de protesta. AJ se acercó con otro trozo de cuerda para atarlo también.

El doctor se levantó en ese instante, con cara de pocos amigos y su cuerno centelleando. El reflejo de su magia sobre la purpurina que cubría su pelaje lo hacía brillar como una bola de discoteca. Twilight se puso frente a él de un salto, con el ceño fruncido, y los dos se enzarzaron en una épica batalla mágica que duró unos dos segundos antes de que Twilight la arrollara y lo enviara al suelo de un plumazo.

La verdad, me hubiera dado pena el tipo si no hubiese estado clavándome todas esas agujas en las posaderas. ¡Acababa de recibir una buena paliza mágica por parte de una pequeña y adorable unicornio que apenas le llegaba al hombro!

—¿Estás bien, Pinkie? —preguntó Rainbow Dash, intranquila.

—Oh, sí —dije con aire despreocupado mientras mi visión empezaba a emborronarse por los tranquilizantes—. Nubca he ebstado mejobblll…

—¿Qué? —preguntó Rainbow Dash, confusa por alguna razón.

—¿Blep? —contesté claramente—. Mnubca ebll mbjobblll…

—Eh, ¿chicas? Creo que a Pinkie le pasa algo —dijo, y el resto empezó a agruparse a mi alrededor.

¡Ey, trata de hablar con el culo repleto de tranquilizantes! La oscuridad empezaba a invadirme y sentí otra extraña combinación: un cosquilleo en las encías y un tic en la pata trasera izquierda. ¡Oh, esa debe de ser la señal de que el capítulo va a acabarse!

Contento de haberme figurado lo que significaba, me desmayé.