CAPITULO 8. Volterra.

La puerta se acabab de abrir y detrás de ella estaba un Demetri bastante serio. Su mirada escarlata penetró la mía y una sonrisa salió de sus labios. En su mente pude leer que era bienvenido. No creo que estubiera mintiendo u ocultando algo. Realmente te alegraba de mi llegada.

Se apartó d ela puerta y me dejó entrar. Sus pasos me siguieron lentamente hasta llegar a una sala pequeña con una humana como recepcionista. La pobre sabía que si un día no la convertian, sería su comida. Pero aún así ella estaba allí con una absurda esperanza.

La salude despacio y seguí a Demetri hasta la gran puerta donde los Vulturi se reunian. Me hizo un gesto con su mano y entró en la sala dejandome allí solo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde los pies hasta mi último cabello.

Empecé a pasear lentamente por aquella sala mientras era observado por aquella humana. De vez en cuando nustras miradas se cruzaban y podía escuchar el latido de su corazón descontrolarse. Sus pensamientos eran los tipicos de las mujeres. Aunque debajo de aquellos pensamientos no paraba de hacerse preguntas sobre mí.

Miré a la humana y le sonreí. En ese instante su rubor se hizo claro y una sonrisita nerviosa salió d esu labios. Se preguntaba que hacía allí y si me quedaría. Los demás pensamientos eran los tipicos de que guapo era y esas cosas.

Cuando iba a decirle que si solian tardar mucho, Demetri abrió la puerta y me hizo otro gesto con la mano. Esta vez para que pasara. Cuando entré en la sala, ellos tres estaban sentados en sus sillas grandes y antiguas. Estaban rodeados por sus guardias, entre ellos Felix, Jane, Alec y Chelsea.

Me acerqué hasta donde me dejaron y sonó la voz de Aro. Su aspecto era como el de los cuadros de Carlisle. Su piel cebolla parecia que si la tocaras se fuera a romper y sus rostro era extramadamente serio.

-Bienvenido Edward Cullen. Me agrada saber que has tomado la decisión de unirte a nosotros. Mientras lo deliberamos, necesito que te acerques.

Solo asentí con mi cabeza. Aro era un lector de mentes como yo, pero él solo lo hacía cuando tocaba a la gente en cuestión. Por esa razón siempre estuvo interesado en que me uniera a su guardia.

Me acerqué despacio y en ese instante pensé que su don también era más fuerte que el mio. Él al tocar, también podía observar que había pasado tiempo atrás. Le extrendí mi mano bajo la mirada protectora de jane. Ella hacía daño fisico. No es que te hiciera daño en el cuerpo, era un simple don psicologico. Pero creias que te hacía arder de verdad.

Aro cogió mi mano y saco hasta mi último recuerdo. En sus labios a veces se dibujaba una media sonrisa que daba más miedo que otra cosa y a veces, su rostro parecía una simple roca. Me sentí bastante humillado cuando sacó de mi interior lo que había pasado con Isabella. Pero me lo tenía merecido.

Cuando soltó mi mano ya no había secretos entre nosotros. Me quedé sorprendido cuando él mismo se levantó de su asiento, pasó una mano por mis hombros he hizo un gesto para que nadie nos siguiera.

Aro abrió la puerta de la sala, para dejarme pasó y él salir detrás de mí. Subimos unas escaleras en silencio. Sabía bloquear su mente para mí. Eso de tener casi el mismo don me estaba pasando factura.

Abrió otra puerta antigua, esta vez cuatro pisos mas arriba. Los pasillos no tenían vida. Colgaban retratos sin importancia y la luz apenas entraba. Para nuestros ojos no era una molestía, pero aquello de esa manera, daba miedo a cualquiera.

Entramos en la instancia y prendió una luz. La habitación era aburrida. De su pared mas grande, colgaba otro cuadro con la fotografía del castillos. La cama era antigua. Y no había más muebles que un simple armario marrón y una pequeña mesita.

-Este será tu cuarto Edward. Mañana empezaran los entrenamientos de la guardia. A las seis de la mañana te esperaran en el jardín trasero. Espero que tu estancía sea agradable. Pronto iras a una misión.

-Gracias Aro.

Mi vida allí empezaba dandome una nueva oportunidad de servir a alguien y no defraudarlos como hize con mi antigua familia. Los días pasaron y cada vez que me encontraba con Demetri, este cerraba su mente. Aquello era algo extraño, pero ¿Qué no era extraño entre los Vulturis?

Cuando regresamos de aquella misión, Aro nos felicitó a todos. El mensaje había sido entregado además de un nuevo miembro en la guardia. Realmente en las horas libres, aquello era demasiado aburrido sin mi piano o un buen libro para leer, pero Aro me había asegurado que poco a poco tendría mas misiones de confianza y llegaría un momento en que no tendría tiempo de aburrirme.

Los meses allí dentro pasaban como los días para los humanos. Cada rato que estaba solo, recordaba a mi familia y me preguntaba que es lo que estarian haciendo en esos moemntos. Aunque lo que más me dolía era pensar en ella. En Isabella.

Siete meses habían pasado desde mi llegada y Aro cada vez me hacía llamar mas a menudo a aquella enorme sala. No salía nunca del castillo excepto para las misiones o cazar. En las horas de caza, era acompañado por Alec y Jane.

Sentí mi cuerpo retorcerse cuando escuché qu eno saldría más a cazar. Si vivia con los Vulturis me alimentaría como los Vulturis. Llevaba dos meses casi sin cazar y la sed me estaba destrozando la garganta. Sabía que era cuestión d etiempo. En el fondo sabía que no aguantaría mucho más.

Aro pudo leerlo en mi mente, así que pronto preparo una noche d ehumanos. Los turistas eran conducidos a una sala y allí, ellos conseguian el proposito de alimentarse de llos sin levantar sospechas. Cuando los humanos entraban en el castillo, me encerraba en mi habitación para no tentar a la suerte. Pero esa noche la tuve.

Estaba recostado en la cama pensando en mi familia cuando la puerta sonó insistentemente.

-Adelante.

Jane asomó su rostro por la puerta y me sonrió. Pude leer en su mente que traia una humana con ella. Aro, Cayo oy Marco lo habían ordenado. Cerré mis puños y los apreté con fuerza contra mi cuerpo. Era un precio muy elevado el que tenía que pagar si quería seguir con los Vulturis. Ahora ya no había marcha atrás. Bine voluntariamente, pero saabía que no me iria de la misma manera.

Él me había desseado entre ellos mucho tiempo y no me iba a dejar marchar por los simples humanos. O tomaba lo que me ofrecían o no me alimentaría hasta qu erogara hacerlo.

Jane entró a la humana y auqel olor a miedo y sangre inundó mi garganta. En su mente tenía miedo, pero quería morir en mis manos. La humana rogaba a gritos su muerte dentro de su cabeza. No entendía por qué, pero cuando miré sus ojos vi a la Isabella del instituto.

Mi cuerpo se encogió y giré la cara. Ya había mordido a una mana y me salió muy caro. Jane me miró y uso su poder contra mí. Aro había ordenado que así fuera, sin fuerzas, yo no servía de nada.

Un dolor agudo entro en mi cuerpo. Sentí como este te quemaba sin ser quemado. Miré sus ojos y vi su risa de suficiencia. Eso continuaria así hasta que tomara a aquella humana.

Después de usar su don contra mí unas cuantas veces, me levanté y acerqué a la humana hasta mi cuerpo.

-Esta bien Edward ¿ves como no cuesta tanto ser lo que uno es?

-No le contesté, simplemente rocé la piel de aquella muchacha y sentí el calor de su sangre en mis dedos. Ella estiró su cuerpo, para acto seguido acercarme su cuello contra mi boca. Esa humana era bastante extraña. Realmente deseaba morir y yo no iba a negarme a ello una vez más.

Acerqué msi dintes a su piel y la rasge. Sentí el calor de su sangre apagar esa horrible sed. Caimos los dos al suelo de rodillas y sentí una fuerza en mí que hacía demasiado tiempo que no sentía. No podía soltarla, necesitaba esa maravillosa sangre. Ese maldito sabor aliviando mi ser.

Después e haber caido en la tentación, Aro me dejó salir de allí y acercarme a la sala. Un gran festin me esperaba. Tomé a un humano y repetí la acción. Dos humanos habían caido entre mis manos.

Cuando regresé a la habitación, el nombre de Carlisle vino a mi mente y con ello el de Alice. Ella abría visto la escena. Abría visto mi debilidad.

Cerré los ojos y empecé a entonar una melodía que ya era demasiado conocida para mí. Ella, Isabella me había inspirado una de esas mañanas solitarias entre aquellas cuatro paredes.

Después de aquellos humanos cayeron muchos más en los siguientes cinco meses. Un año desde mi partida. Un años desde que me separé de aquello que quería. Uno desde que Isabella y yo ya nunca volveríamos a estar juntos.

A mi paso había muerte, raptos, humanos desaparecidos y victoria. Aro había hecho de mi un buen guardia. Tanto que me había nombrado guardia personal. Jane cada vez que nos cruzabamos, deseaba matarme y demetri, sin embargo seguía siendo un enigma para mi.

En la última misión, había llevado a un muchacho humano al castillo. Él deseaba ser como nosotros. Ellos ya se habían encargado de que así fuera. Según tenía entendido tenía un don parecido al mio. Cuando fuera uno de los nuestros, comprobariamos cuanto tenía de cierto.

Demetri, hacía casi un mes que no lo veía ¿Qué había pasado con él? En el lugar que él ocupaba había otro chico de pelo rubio y ojos escarlata. Por lo que pude leer, era mejor rastreador que él. Aquello no me gustó en absoluto. Pero pronto binieron mis respuestas cuando a los tres días de despertar el humano y ser uno de los nuestros, Demetri y yo fuimos llamados a la gran sala.