Hola nenas, volví… y como lo había prometido les traigo un pequeño viaje al pasado… me quedo bastante largo, por ello lo dividí en dos partes. Esta es la parte feliz… todo color de rosas, la segunda parte viene lo malo… las nubes negras.

Puedo subir el lunes o el martes la segunda parte o el capitulo IX. Uds deciden… así que háganmelo saber…

Bueno sin más aquí les dejo el Outtake.


Como ya saben los personajes no me pertenecen, yo solo juego con ellos.


Outtake

Primera parte:

La impaciencia y el nerviosismo me estaban consumiendo, mordía mis uñas de manera frenética, como si de esa manera lograse aplacar mi impaciencia. A mi lado Edward, permanecía en silencio, ambos éramos consiente que en pocos minutos nuestras vidas podían cambiar para siempre.

— ¿Pasaron los 5 minutos ya? — pregunte con impaciencia, mientras observaba a la distancia el test de embarazo sobre el lavado del baño.

Edward no dijo nada, se puso de pie y fue en búsqueda del pedazo de plástico que nos mantenía en ascuas. No fue necesario que dijese nada, solo con ver su rostro supe el resultado.

Mi primera reacción fue de incredulidad, como habíamos sido tan descuidados, tan idiotas, no es que Edward o yo fuéramos ignorante en el tema, sabíamos muy bien como se hacían los bebes y como evitar la concepción, y nos cuidábamos, si bien no usábamos un método estable como las pastillas, algún parche o dispositivo, usábamos condón y el calendario chino para mis días infértiles, métodos que evidentemente no eran 100% confiables y que esta vez no habían funcionado.

Maldije mi irresponsabilidad y a mis hormonas adolescentes ¿a quién mas podía culpar? Era muy consciente de que nadie me había obligado a nada, yo por el contrario había sido muy activa en todo, quería vivir mi sexualidad con el hombre que amaba, y había insistido en dar ese paso.

Pero es que nunca había pensado que quedar embarazada fuese una posibilidad, después de todo era cuidadosa con los métodos que usábamos, siempre teníamos a mano un condón y las veces que nos arriesgábamos a hacerlo sin ellos, era porque estaba más que segura que eran mis días infértiles, por eso llevaba una cuenta de mi ciclo menstrual, yo era muy regular y esos métodos nos habían resultado por más de un año.

Tenía muy claro cuando había quedado embarazada, todo sucedió en la noche de mi cumpleaños número 17, los chicos habían organizado una fiesta sorpresa en la casa de Edward, un par de tragos de más y un cuerpo hormonal, fueron la combinación perfecta para echar a rodar la fortuna y perder.

Un hijo —pensé —yo quería ser madre, eso no lo ponía en duda, pero no ahora, no así, sino cuando tuviera unos 30 años, trabajara y viviera en los suburbios de una gran ciudad, fuera profesional y exitosa.

Pero eso ya no podría ser, "Charlie iba a matarme" "mi vida y mi futuro se habían ido al trasto de la basura" ni siquiera sabía si podía seguir estudiando.

Ante esos pensamientos me fue imposible controlar el llanto, sentí los brazos de Edward envolverme mostrándome su apoyo, el calor de su cuerpo me reconforto, nos amábamos y eso debería ser suficiente para que todo saliera bien ¿o no?.

Estaremos juntos y todo saldrá bien, no te preocupes, mi amor… Solucionaremos esto. — dijo, mientras acariciaba mi espalda.

Cuando me hube calmado, conversamos sobre nuestros pasos a seguir, el aborto nunca fue una posibilidad, si bien ninguno de los dos era apegado a ninguna religión, a los dos nos habían educado para hacernos responsable del resultado de nuestras acciones, y eso sería lo que haríamos, no teníamos la menor idea lo que significaba ser padres pero «Tendríamos que averiguarlo» seguiríamos adelante juntos, eso era de lo único que estábamos seguros, el siguiente paso era decírselos a nuestros padres y luego agendar una hora con un ginecólogo para comenzar a controlar el embarazo.

Esa misma tarde y de manera simultáneamente, pero por separado se lo dijimos a nuestros padres, mi madre lo tomo bastante bien, no hubo gritos, ni reproches de su parte, mi padre tampoco mostro su decepción pero yo lo conocía, sabía que estaba decepcionado, yo era su bebe, su niña.

Los padres de Edward no estaban felices, si bien Esme no dijo nada, Carlisle me mando a llamar para darnos a los dos un sermón sobre los métodos anticonceptivos, siendo muy duro con Edward, le mostro su descontento, señalándole que no se esperaba algo así de él, después de todo había tenido esa conversación hacia mucho tiempo, precisamente para evitar posibles embarazos y no concebía como era posible que aun con la información entregada hubiese sucedido.

Tres días después nuestros padres se reunieron para tratar el tema, fue una charla incomoda, en la cual no tuvimos participación, había temas que discutir los gastos, del parto, del bebe, cosas de las que ni siquiera teníamos idea o habíamos pensado todavía.

Nuestros amigos se tomaron la noticia con tranquilidad, Alice era la más feliz seria tía, mi mayor temor era el no poder volver al instituto y terminar la secundaria, pero no me habían puesto ningún impedimento, después de todo no era ni la primera ni la ultima adolescente que tenía un hijo a una edad poco conveniente.

Primer mes:

Esme y mi madre me agendaron una hora con la ginecóloga que las atendió a ella en sus respectivos embarazos y que nos había traído al mundo a Edward y a mí.

Yo estaba nerviosa al igual que Edward.

La doctora Doroty Lancaster, era una mujer alegre de unos 50 años, lo primero que hizo al vernos, fue hablarnos de los embarazos de nuestras madres, lo que provoco que nos relajáramos. Luego de eso la doctora reviso los exámenes de sangre que me había realizado al llegar a la clínica, confirmando mi embarazo de poco mas de 6 semanas, me realizo preguntas sobre mi ciclo menstrual, nuestra sexualidad, nuestros hábitos, si consumíamos algún tipo de drogas entre muchas otras cosas.

Luego me peso y midió, para posteriormente pedirme que me pusiera una bata, me sacara la ropa interior y me subiera a la camilla. Yo mire a Edward con incomodidad, no esperaba que me ordenara sacarme la ropa interior, siempre pensé que la ecografía debía hacerse en el vientre, pero la doctora me explico que al tener tan poco tiempo de gestación eso no era posible, por lo que debía hacerme una "Ecografía Transvaginal".

Cuando estuve tendida en la camilla me obligo a poner la piernas a los costados en las asas metálicas, pero lo que realmente me descoloco y a Edward también, porque lo vi en su rostro, fue el momento cuando la doctora infundo en un condón y puso lubricante en una larga y gruesa barra de color blanco, la doctora debió notar nuestra turbación porque nos explico que eso era un Transductor, el instrumento que introduciría en mi vagina para ver cómo estaba todo.

Fue invasivo e incomodo, la doctora se sentó entre mis piernas y comenzó a mover el aparato en mi interior, mientras imágenes borrosos y llenas de estática se proyectaron en la pantalla que tenía en frente, Edward estaba a mi lado, tomando mi mano, dándome apoyo, sabía que él al igual que yo, estaba intentando entender lo que se proyectaba en la pantalla, pero por lo menos yo no entendía nada.

— Vamos a ver cómo está este pequeñin… el saco embrionario se ve normal. — dijo mientras miraba con concentración la pantalla. — En este momento está pesando 0,8 gramos y mide 1,3 cm… el peso y la estatura está bien para su edad gestacional… ahora vamos a oír su corazón.

Después que dijo eso apretó un botón, y un fuerte ruido se extendió por toda la habitación, sorprendiéndonos, fue lo más emocionante que había escuchado en mi vida, ese era la prueba fehaciente de que habíamos creado vida y que ella estaba creciendo dentro de mí, nuestro bebe, mío y de Edward.

Supe que Edward esta feliz, o por lo menos eso me hacía pensar el ver la enorme sonrisa que adornaba su rostro embobado, mientras apretaba mi mano, al verme observándolo me beso, fue perfecto, recordaría ese momento por siempre, no amábamos y nada podía separarnos.

Cuando me hube vestido la doctora nos dio la fecha estimativa del parto, me entrego las vitaminas que debía tomar para estar fuerte y para que mi bebe creciera sano, una lista con las comidas que debía comer y los alimentos que debía omitir y una serie de imágenes de la ecografía.

Al llegar a casa se las mostré a mi mamá, pero no tuve el valor para mostrárselas a Charlie.

Segundo mes:

Por más que me miraba al espejo, no veía un cambio en mi, estaba igual de flaca que siempre, lo único que notaba era que mi vientre estaba duro como la roca y que mi estado de ánimo era como una montaña rusa, a veces estaba feliz y otras veces estaba extremadamente irritable y sensible.

Las nauseas eran otra cosa, se habían transformado en una algo normal, todas las mañanas me despertaba con ellas, pero Esme me recomendó que comiera galletas saladas que eso le había servido a ella, y tenía razón a mí también me había funcionado,.

Mi padre aun no me hablaba y cada vez que veía a Edward lo fulminaba con la mirada.

Por otro lado Edward había buscado en internet todo lo necesario acerca de los bebes, de cómo debía alimentarme, de su crecimiento y de cómo estimularlo, le hablaba constantemente a mi vientre plano y solía ponerle los audífonos con música clásica para estimularlo, sabíamos que aun no tenia formado su sistema auditivo, pero según Edward le llegaban las vibraciones.

Mi novio siempre estaba atento a lo que necesitara, a cumplir mis caprichos, mis antojos por más estúpido e irracionales que fueran. Las fresas y arándanos eran mi debilidad quería comerlos todo el día, literalmente babeaba por ellos.

Edward había intentado trabajar pero Carlisle se lo había prohibido, le dijo que solo debía preocuparse por tener los créditos para poder postular a la carrera de Medicina, yo sabía que ese era el sueño de Edward, pero también entendía que él quería trabajar para poder comprarle algunas cosas al bebe.

Aun faltaba un mes para la segunda ecografía.

Tercer mes:

—Creo que será un niño. — le dije a Edward.

Estábamos recostados desnudos en la cama de la pieza que Edward ocupaba en la cabaña que sus padres tenían en la Push, su mano estaba en mi vientre realizando pequeños círculos a modo de caricias, se giro para quedar sobre mí.

—Yo creo que será una niña, tan hermosa como tú. — dijo mientras besaba la punta de mi nariz, para luego pasar a mis labios.

Yo me deje llevar por su beso, era como si nunca me saciara de él, nunca tenía suficiente, mis manos viajaron por su torso, lo deseaba ahora, a toda hora, si estábamos en el instituto mis manos siempre estaban tocándolo, acariciándolo y cada instante que teníamos para estar solos lo aprovechábamos al máximo, nuestros padres se habían empeñado en no dejarnos mucho tiempo solos, como si de esa forma pudiesen evitar lo que ya estaba hecho.

— Va ser un niño, estoy segura. — insistí, mientras una de mis manos viajaba hacia al sur de su cuerpo y se empuñaba entorno a su miembro erecto, comencé a masturbarlo.

— Te amo. — me dijo.

Yo también lo amaba y lo deseaba.

Con sus piernas separo las mías, acomodándose entre ella, para lentamente adentrarse en mi, y comenzar con el tortuoso vaivén de entrar y salir. ¡Dios como lo necesitaba! Podía tocar el cielo con la punta de mis dedos, su piel caliente, sus gemidos mesclados con los míos, sus caricias, sus besos, todo era perfecto y fantástico, no me aburriría nunca de esto, nunca.

Cuando tocamos el cielo juntos, volvió a abrazarme y con su mano volvió acariciar en círculos mi vientre.

Era la segunda vez que lo hacíamos esa tarde. Nos habíamos escapado después de la consulta con la ginecóloga y sabíamos que debíamos aprovechar ese tiempo a solas.

Nuestro bebe estaba bien, tenia doce semanas de embarazo, el primer triste había llegado a su fin, ya tenía manitos y piecitos visibles.

En la ecografía yo aun lo seguía viendo como un alíen, porque yo aun no lo veía como un ser humano, ya se podía mover, aunque yo no lo sentiría hasta mucho más adelante, la doctora no había podido decirnos su sexo, ya que si bien tenia desarrollado sus órganos reproductivos, no había querido mostrarse, por lo que tendríamos que esperar hasta el próximo control para saberlo. Pesaba alrededor de 14 gramos y su longitud era poco más de 5 cm.

Lleve mi mano a mi vientre que tenía una leve protuberancia dura en la parte baja, y me encontré con la Edward, quien la tomo entre las suyas y comenzó nuevamente acariciar mi estomago.

Cuarto mes:

Los malestares se habían ido, ya no había nauseas por la mañana, aunque tenia sueño todo el día, mis antojos por las frutas habían aumentado ya no solo quería fresas y arándanos, sino también piñas, papayas en conserva, frambuesas etc. Me alimentaba de manera saludable, mi mamá se había adjudicado tal tarea y era muy insistente con ello, le aterraba la sola idea de que engordase más de la cuenta, a veces era imposible no dejar que sus miedos me atormentaran.

La protuberancia en mi vientre era mucho más notoria y mis senos estaban hinchados y sensibles, por otra parte mi libido estaba por los cielos, nunca tenía suficiente de Edward, nos habíamos vuelto insaciables, lo hacíamos hasta en los lugares mas increíbles e inesperados.

Mi vida en el instituto iba bien, mis amigos me acompañaban constantemente y siempre tenían cuidado conmigo, solíamos hacer cosas juntos ir al cine, ir a la playa, a la casa de alguno después del instituto, aunque claro había cosas que yo ya no podía hacer, como salir a bailar, ir al único pub del pueblo o irme de fiesta con los chicos. Alice estaba conmigo siempre atenta lo que necesitaba, ella era como una hermana para mi, era mi mejor amiga, después de Edward era en la persona que mas confiaba, ella tenía muchas ideas para el bebe y solía platicarme de la ropa que le compraría, de la decoración que le gustaba para el cuarto que ocuparía su sobrino, cosas en las cuales yo aun no había pensado.

Siendo sincera yo no había pensado en muchas cosas, cosas importantes, las postulaciones a la universidad se acercaban y no sabía que pasaría conmigo, solo sabía que ya no podía ir Nueva York, como teníamos planeado con Edward, no habíamos tocado el tema todavía, pero era consiente que ese momento no se podía suspender eternamente, tenía miedo por los cambios que eso podía significar para nosotros, para nuestro proyecto de familia.

Quinto mes:

En la tercera ecografía por fin vislumbramos a un bebe, ya no era un alíen, sus pies y manos estaban formadas y tenia cabello, la doctora nos dijo que ya escuchaba por lo que era bueno que le habláramos o le pusiéramos música para estimularlo, cosas que Edward llevaba meses haciendo, pero nuevamente no se mostro, seguíamos ignorando si seria hombre o mujer. Su peso era 360 gramos y media 25.6 cm. Cada día estaba más grande.

Mi padre rompió el silencio que él me había auto impuesto, para tener una conversación conmigo, en resumen me prometió su apoyo económico, pero yo debería hacerme cargo del cuidado de mi hijo, ya que mi madre solo me ayudaría lo estrictamente necesario, honestamente nunca había pensado que las cosas fueran diferente, este bebe era mío y yo sería su mamá.

Sexto mes:

27 semanas el segundo trimestre estaba comenzando a llegar a su fin; si los primeros meses me miraba constantemente en el espejo para notar algún cambio en mi vientre, eso ahora ya no era necesario, este era notoriamente abultado, ¡Para mí era enorme! no podía imaginar que aun le faltaba mucho por crecer.

La primera vez que lo sentí moverse fue después de una tarde de sexo silencioso en mi cuarto, Edward llevaba cerca de un mes colándose por la ventana de mi cuarto para dormir conmigo, le gustaba abrazarme y acariciar mi vientre constantemente y a mí me encantaba estar entre sus brazos, fue algo extraño, estaba dormitando en los brazos de Edward, agotada y somnolienta, cuando sucedió, primero fue como una sensación, como un revoloteo en mi entrañas, el sentir al bebe era algo que llevaba esperando desde el comienzo, y de manera autónoma tome la mano de Edward y la posicione donde el bebe se movía.

Edward estaba feliz y asombrado, le hablo y le canto canciones de cuna hasta que me dormí.

Me preocupaba, que quizás el mantener relaciones sexuales podía ser perjudicial de alguna manera para el bebe, por lo que había buscado en Google información, lo que encontré me tranquilizo, el sexo en el embarazo era considerado beneficiosos para el feto y este no corría ningún tipo de riesgo con ello.

Después de ese primer momento, sus movimientos se volvieron una constante y cada vez se podían sentir con más fuerza. Era totalmente alucinante.

Mi madre, estaba siempre pendiente de mi, aunque mi padre solo me dirigía la palabra lo justo y necesario, evitando en todo momento mirar mi abultado vientre, veía la decepción en su mirada, "yo ya no era más su niña".

A veces era imposible no sentirme sola, las cosas con mis amigos ya no era lo mismo, ya no me consideraban en sus salidas y hasta Alice ya no me llamaba o visitaba como antes, andaba con Tania para todos lados, ahora era ella su confidente y compañera de salidas, no podía dejar de sentir celos de eso, Alice había sido mi mejor amiga desde siempre y extrañaba contarle mis cosas, hablar y reír con ella, pero trataba de entenderla yo ya no podía acompañarla en sus aventuras, no podía ser egoísta.

Séptimo mes:

El último trimestre comenzó.

Y con él, todo lo que se debía preparar para la próxima llegada del bebe. Las ecografías desde ahora debían de ser mensuales, debíamos realizar algunos cursos de relajación y ver el tipo de parto que tendría, natural o cesaría, comprar una lista interminable de cosas necesarias para el bebe.

—No entiendo, como algo tan pequeño puede ser tan caro. — dijo Edward con frustración.

Y era verdad, la ropa de bebe, aunque solo usaban solo una pequeña cantidad de tela para confeccionarla, era carísima. Llevábamos toda la tarde en el centro comercial de Port Angels, y con nuestros ahorros era bastante poco lo que podíamos costear, así que no nos quedaba de otra que utilizar la tarjeta de nuestros padres.

Como aun no sabíamos su sexo, solo pudimos comprar cosas unisex, nada de niño o niña. El tener ropita tan pequeñita en mis manos era la cosa más tierna, que había imaginado, solo pedía que estos meses pasaran rápido y poder tener a mi bebe en mis brazos.

Mi pieza poco se fue transformando, mis cosas fueron siendo arrinconadas, para hacer lugar a una hermosa cuna, un mudador y muebles para la ropa y las cosas del bebe.

Esa misma tarde teníamos control, así que después del centro comercial, nos fuimos directamente a la clínica, el bebe y yo estábamos en perfecto estado, había subido el peso normal, así que esto solo era rutinario.

Edward había asistido a todos los controles conmigo y realmente estaba entusiasmado con la idea de ser padre, quería vivir todo, cada uno de mis cambios, del crecimiento de su hijo.

—Es una niña. — dijo la doctora mientras movía el ecografo sobre mi muy abultado vientre. Edward sonrió con suficiencia, el llevaba meses hablándole a mi vientre como si el bebe su fuese una niña, y no se había equivocado. Adiós a mi idea de tener un Edward en miniatura. — Está pesando 1.200 gramos y mide 38 cm, es una nena bastante grande, pero dentro del margen normal para las 30 semanas de gestación.

Cuando me hube vestido la doctora nos informo que debíamos asistir a las charlas para preparar el parto y la próxima ecografía seria en tres dimensiones para descartar cualquier tipo de anormalidad, ya que este tipo de ecografía era mucho más precisa que las normales.

—¿Dónde vamos ahora? — pregunto Edward una vez que estuvimos en su volvo. Yo solo le sonríe y el entendió lo que quería. — Te has vuelto una ninfómana. — dijo entre risas.

—Touche. – le dije entre risas.

Nos fuimos directamente a la cabaña de sus padres, la intensidad de mi deseo aun no disminuía muy por el contrario, se acrecentaba, pero ya casi nunca lo hacíamos en la cama, era muy difícil hacerlo de la manera convencional, mi vientre era cada vez más grande, por lo que nos habíamos puesto creativos, debíamos buscar nuevas poses y lugares. Y eso era jodidamente excitante y divertido.

Las clases de preparación para el parto, era un trabajo en equipo, una mezcla entre yoga, tips de relajación y entrega de información crucial, éramos la pareja más joven que asistía y aunque al comienzo las otras parejas nos miraban con una mezcla de pena y curiosidad, poco a poco dejamos de llamar la atención, aprendimos a conectarnos entre nosotros y con el bebe.

Edward seguía colándose por mi ventana para dormir conmigo y en las noches después de hacer el amor en silencio, insistía en poner en práctica el método que nos habían aconsejado en el curso de preparación para adecuar mis pezones al amamantamiento y de esa forma facilitarle al bebe la succión, Edward tenía una fijación con mis senos, los cuales estaban mucho más grande, para él succionar mis senos era como un juego, un juego que le encantaba hacer.

Octavo mes:

— No quiero culpar a mi hija de nada. — me dijo Edward, mientras acariciaba mi vientre, estábamos sentados en la palaya mirando el mar. Esta era una conversación que veníamos postergando hace mucho. Antes de quedar embarazada, nuestro plan era irnos juntos a estudiar a Nueva York, pero las cosas habían cambiado y eso para mí ya no era posible. — Sé que si me quedo acá, en algún momento culparé a mi hija de no poder alcanzar mis sueños y no quiero eso. Quiero poder darles un futuro mejor a mis chicas, ¿me entiendes, Bella? Dime que me apoyas, nena. — dijo mientras me besaba.

Yo no quería que se fuera, lo quería junto a mí, pero también era consciente de que retener no era el camino, él seria infeliz y lo amaba demasiado para condenarlo a esa infelicidad. Teníamos un proyecto de familia para nuestro futuro y mi deber era apoyarlo para que pudiéramos conseguirla.

—Sabes que te apoyo. – le dije devolviéndole el beso, mientras él me arrastraba y me sentaba en sus piernas, dándole un mejor acceso a mis labios.

—Mi padre quiere que a más tardar esta semana envié mis solicitudes. dijo mientras continuaba besándome.

Yo guarde silencio, Carlisle venia hace meses presionando para que enviara las solicitudes, creo que tenia temor que no quisiera estudiar, o que cambiara medicina por otra carrera.

Acaricie mi vientre, con 36 semanas de embarazo ya tenía un gran tamaño y no lograba ver mis pies, eso me deprimía, me sentía gorda y enorme.

—No estás gorda. dijo mientras me volvía a besar. Estas embarazada Bella y es normal que subas de peso… su mano se coló por debajo de mi casaca y acaricio mi vientre y como si la bebe lo apoyara se movió. Pero cuando nuestra hija nazca recuperaras tu peso… continuo Además hay algunos cambios que me gustan mucho. dijo mientras su mano subía a mis senos sensibles y enormes, provocando que se endurecieran, solté un suspiro, Edward solo rio y me beso.

Mis hormonas alborotadas no me daban tregua, me excitaba con facilidad, en otras ocasiones lloraba por cualquier cosa. Y en momentos como estos maldecía estar en la playa, lo deseaba.

Esa tarde teníamos consulta en la clínica, me realizarían una ecografía en 3 dimensiones, y estábamos ansiosos por ello, veríamos por primera vez el rostro de nuestra hija.

Estuvimos un rato más en la playa, hasta que llego la hora de ir a la clínica.

—Tiene tu nariz y tus pestañas. dijo Edward emocionado, mientras el rostro de nuestra hija se proyectaba en la pantalla, de pronto comenzó a chuparse el dedo, fue algo totalmente alucinante. Las facciones de su rostro se podían apreciar nítidamente, era hermosa, perfecta.

—Todo se ve bien… es una hermosa niña. dijo la doctora. sus órganos se están desarrollados y funcionan con normalidad... — guardo silencio mientras observaba la pantalla, para continuar después de un momento, — esta posicionado y teniendo en consideración tu edad y que es tu primer hijo, tienes que estar preparada en cualquier momento puede querer nacer. — yo me asuste, el parto era algo que me atemorizaba, había escuchado tantas cosas horribles de ese momento. — Pesa 2.632 gramos y mide 47,1 cm. dijo finalmente la doctora.

Noveno mes:

Estaba nerviosa, me aterraba el parto, había insistido en tener una cesaría programada, la que se realizaría cuando tuviera 40 semanas.

Mi movilidad se había reducido enormemente, me sentía pesada, me costaba caminar y me cansaba sobre manera, en las noches me costaba dormir y mi vejiga no resistía nada, por lo que tenía que ir al baño constantemente. Quería que esto acabara pronto.

Edward trataba de confortarme y estaba conmigo lo máximo que podía, yo ya no podía ir al instituto porque era riesgoso para mí y la bebe, así que terminaría la secundaria desde mi casa, Edward me traía mis deberes, por lo que me pasaba gran parte del día en eso.

Todo con una leve molestia en la parte baja de mi espalda, eran poco más de de las 9 de la mañana y no tendría control médico hasta la próxima semana, pero tampoco me preocupe, llevaba sintiendo esas molestias hacia algunos días, pero la doctora había dicho que era normal, que no debía preocuparme.

Realice mis actividades con normalidad, hice mis deberes para la escuela, pero la molestia no disminuía, por el contrario solo se incrementaba, mis padres estaban en sus trabajos por lo que estaría sola, hasta las 12, hora en que llegaría Edward a acompañarme.

Me acosté en mi cama a descansar e intentar dormir un rato, para que de esa forma se me pasara el malestar, dormite por momentos, pero el dolor no se iba.

Cuando Edward por fin llego, el malestar se había transformado en dolor. Se preocupo por lo que me llevo de inmediato a la clínica, cuando llegamos me informaron que lo venia sintiendo no era un malestar cualquiera, estaba en trabajo de parto, tenia 4 cm de dilatación y ya seria posible realizarme una cesaría, mi hija había decidido nacer de forma natural.

Uno de los mejores descubrimientos que ha realizado el hombre es la anestesia, nunca había agradecido tanto que me pincharan, aunque he de reconocer que temblé de miedo ante la enorme aguja que clavaron en mi columna, el adormecimiento de la parte baja de mi cuerpo me ayudo a relajarme y de esa forma poder traer al mundo a mi hija.

Dilate rápido y el trabajo de parto fue relativamente corto, 12 horas, mis padres y los Edward estaban en la sala de espera, solo habían dejado entrar a Edward y lo agradecía no quería a nadie más junto a mí en ese momento, este era un momento nuestro, era nuestra hija quien llegaba a este mundo.

Nuestra hija nació a las 01:15 minutos del 14 de abril, peso 2.505 gramos y medio 48 cm, era una cosita roja y pequeñita, con unos pulmones fuertes que se hicieron escuchar por toda la habitación con un potente llanto, cuando la pusieron sobre mi pecho sentí que era perfecta, lo más hermosos que había visto en mi vida, mía y de Edward.

Edward la siguió cuando se la llevaron para limpiarla y realizarle los primeros exámenes, fue el encargado de traérmela. Pude ver la felicidad en los ojos del hombre que amaba, de ahora en adelante éramos una familia y eso nunca nadie lo podría cambiar.


Pobre Bella creo que esta muy equivocada….

¿Que les pareció?

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