Segundo capi en éste día tan especial. Disfrútenlo~
CAPITULO 9: La apuesta
En algún momento en serio creí que estaba soñando. Ver a mi querida Crystal acomodarse en la comodidad de su cama mientras me hacía un espacio para que me acomodase junto a ella.
Mi pijama dejaba expuestos mis brazos y eso sólo aumentaba el área de contacto directo con ella.
–Gold, estás muy tieso –me dijo mientras me tomaba de un brazo y el hecho de que dijera eso con una voz divertida y juguetona sólo logró ponerme más tenso. –Se supone que eres un muñeco de felpa, no de plástico.
¡Genial! Ahora era ella la que hacía comentarios para su diversión poniéndome a prueba, pero yo estaba muy nervioso y sabía bien que si hablaba mis nervios me traicionarían.
De pronto, sentí como se acomodaba sobre mi pecho y me rodeaba con sus brazos.
–Buenas noches, descansa. –Me dijo.
Quizá el hecho de saber que ella ya estaría dormida, o al menos en ese proceso, me tranquilizó. Lentamente moví mis manos para explorar un poco. Rápidamente encontré su cintura, que estaba pegada a mi cuerpo. La rodeé con mis brazos y esperé alguna reacción, nada. Seguramente estaba dormida, de lo contrario ya me hubiera golpeado por andar de "curioso". Después, con mis manos recorrí su espalda y eso le provocó un poco de cosquillas, porque soltó una ligera risa mientras se movía instintivamente. Sentí el tacto de la suave piel de sus piernas con las mías y recordé que ella estaba dormida... y lo mejor era que yo también intentara dormir. Aunque el estar en ésta situación no me dejara siquiera el estar tranquilo. El suave aroma de su cabello no ayudaba en nada. Quité una de mis manos de su cintura y busqué su rostro, encontrándolo con facilidad y dándome la oportunidad de acariciar su mejilla ¿por qué tenía que tener la piel tan suave? Chris dormía plácidamente en la protección de mis brazos, y me acerqué a besar su frente.
–¿Gold? –me sorprendí al escucharla, pero no pude evitar sonreír ante la idea de que yo la había despertado.
–¿Qué ocurre? –pregunté con voz suave.
–No me sueltes –dijo acurrucándose en mí.
–¿Estás bien? –pregunté preocupado por su inusual comportamiento.
–No me gusta la oscuridad
–¿Eh? – ¡Eso no tenía ni pies ni cabeza! ¡Era Chris! Una chica madura, seria y dulce –Pero en todos éstos días no dijiste nada al respecto –agregué.
–Porque entraba la luz de afuera –explicó –pero ahora todo está completamente oscuro, ni siquiera hay luna.
–No sabía que le temías a la oscuridad –comenté divertido.
–¡No le tengo miedo! –replicó molesta –Simplemente no me gusta.
Comencé a reírme y ella me pellizcó. Por un momento había olvidado el detalle de que ella podía ser muy agresiva en ocasiones.
–Eso dolió –me quejé.
–Eso te pasa por odioso e impertinente –sonreí. Me encantaba irritarla de esa manera, así que la abracé.
–No soy odioso ni impertinente –le dije mientras la acercaba más a mí.
–Y además de todo, mentiroso. –Agregó con sorna.
–Creí que te querías dormir y que tenías mucho sueño –me picó el estomago. –¡Hey!
–Sigues hablando y no me dejas dormir.
–Está bien, ya entendí. – Le planté un beso en la mejilla – Buenas noches.
Al principio me costó trabajo conciliar el sueño, pero una vez que cerré mis ojos ya no supe nada más.
Cuando abrí los ojos pude notar cómo ya era de día porque el sol se colaba por la ventana iluminándolo todo. El que hubiera tanta luz era molesto para mi vista. Me moví un poco para buscar a Chris, que debería estar entre mis brazos, pero no estaba en la cama. En ese momento la escuché.
–Ummh... la roja es más cómoda, pero la azul es más linda.
Chris estaba parada frente al espejo de cuerpo completo que estaba en su habitación. Y era algo extraño, no creí que Chris en verdad se preocupara por esa clase de cosas. Siempre tuve la idea de que Chris era del tipo de chicas que tomaba lo primero que tuviera enfrente a menos que fuera una situación especial.
La observé un momento. Se quitó la parte de arriba de su pijama y se probó la blusa roja. Se veía muy bien con los shorts de mezclilla que traía puestos. Se contempló un poco y después se la quitó para ponerse la blusa azul. También se veía muy bien, ya que era mucho más entallada y resaltaba más su figura.
–Me gusta más la azul –le dije.
Al escucharme, Chris se quedó paralizada y al volver su vista hacia mí puso una cara de miedo, como si hubiese visto a un fantasma.
–¿Desde cuándo estás despierto? –preguntó alarmada.
–Me acabo de despertar –respondí – No sabía que tu brasier fuera de cerezas. Siempre creí que usarías uno de rayas o uno moteado.
El comentario, divertido para mí, le cayó como un balde de agua fría a la chica de cabello azul. Sonreí con una mirada acosadora y un notorio color rojo invadió el rostro de Chris.
–¡Gold! –gritó con todas su fuerzas, indignada.
–Bueno, ya que tú ya te terminaste de cambiar ¿podrías salirte en lo que yo me cambio de ropa?
–¡Eres un...! –se acercó a mi mochila y me la lanzó a la cara. Me cubrí con mis brazos para amortiguar el golpe y en ese momento escuché cómo se cerraba la puerta con tanta fuerza que mis oídos retumbaron por el ruido.
Me encantaba hacerla enojar. Simplemente era adorable ver la forma en que solía autocontenerse. Aunque si tenía la oportunidad, no la desaprovecharía para golpearme tan fuerte como pudiese, y tenía que ser cuidadoso para no darle esa oportunidad.
Cuando terminé de cambiarme de ropa bajé a la cocina y ahí estaba ella, preparando la masa para unos hot-cakes. Me acerqué a ella, tan sigiloso como pude y en cuanto estuve a sus espaldas la abracé por la cintura. Al instante sentí cómo se sorprendía por eso pero apenas estaba comenzando. Inmovilizada, me acerqué a su oreja.
–Buenos días, Chica Super Seria.
Terminé aquella frase con un beso en su oreja y recargué mi barbilla sobre la base de su cuello. Chris estaba petrificada y con la cercanía de nuestros rostros pude sentir cómo el calor llegaba a su cabeza.
–¿Estás preparando hot-cakes? –pregunté con la intensión de relajar un poco el ambiente y sacarla de su trance, aún así, no me separé de ella.
–Sí –respondió tan rápido como pudo.
Parecía estar bien, así que podía proseguir. Con mi nariz y mis labios me dispuse a recorrer su cuello y sentí cómo se estremecía un poco con eso mientras aspiraba su dulce aroma. Pero... ella tenía todo el derecho y la posición adecuada para golpearme ¿por qué no lo hacía? No lo sé, pero ella me dio su respuesta, la gustaba ésta situación. Se movió ligeramente de modo que exhibía mejor su cuello. Comencé a besarlo, una ligera presión de mis labios por cada centímetro cuadrado de su perfecta anatomía. Quizá por eso los vampiros como Drácula mordían el cuello de sus víctimas, si eran tan suaves y deliciosos como el de Chris yo también hubiese elegido esa parte para robarles la vida. Finalicé con otro beso en su oreja y la solté despacio, a pesar de que su delgado cuerpo me pedía a gritos no ser abandonado ahí. Pero el desayuno aún no estaba listo y mi estómago no aguantaría demasiado sin algo de comer.
Chris lucía adorable con ese rosa en sus mejillas mientras intentaba recobrar el ritmo habitual de su respiración. Se quedó quieta, como esperando a ver que más sucedía, pero ninguno de los dos dijo nada. Era un silencio profundo, pero no era incómodo en lo absoluto. No era necesario decir nada, puesto que todo había sido dicho con besos y caricias.
Me encontraba sentado mientras la observaba preparar una enorme pila de hot-cakes mientras la cocina se inundaba con el aroma dulzón del líquido ámbar con el que los bañaba. Me hizo relamerme los labios con ansias, ella lo notó pero contuvo sus risas. Decoró el platillo con unas cuántas fresas y frambuesas.
–Tu desayuno está listo.
–Una obra maestra, si se me permite decir algo. –Comenté guiñándole el ojo, ella comenzó a reír.
–Deja esos comentarios baratos para cuando andas de coqueto –me regañó –Ahora cómete eso o se enfriará.
Así era Chris, nunca aceptaría un cumplido viniendo de mi boca y tampoco perdía la oportunidad de echarme en cara el cuánto le molestaban esos momentos de galantería que solía tener.
Ambos comíamos en silencio nuestro monumental desayuno cruzando miradas de tanto en tanto mientras nos devolvíamos sonrisas sutiles en cada ocasión posible. Pero luego de tanto, Chris tomó la iniciativa en el asunto.
–Gold...
Me llamó calmada como siempre. Volví mi vista hacia ella en cuanto escuché mi nombre. Ella se mordió el labio inferior por un instante, sus cubiertos descansaban a un lado de su plato y cuando estaba por continuar se escuchó un ruido.
Era la puerta principal, y acompañándolo se escuchó la voz de la madre de Chris.
–Chris, cariño, he vuelto –anunció la mujer desde la entrada principal.
–Estamos en el comedor –respondió para que su madre nos alcanzara ahí. En cuanto entró nos brindó una amplia sonrisa.
–Buenos días –saludé.
–Buenos días, Gold –respondió mientras se acercaba a su hija – ¿Todo bien, Chris?
–Claro mamá, ¿tienes hambre?
–No tienes ni idea.
Después de eso Chris se dirigió hacia la cocina a preparar algo para su madre. Mientras le hacíamos compañía, su madre nos contó algunas de las cosas que hizo en su ausencia. La madre de Chris era muy intrépida, al igual que su hija, pero era mucho más infantil que ésta.
Chris y yo también le platicamos sobre lo que sucedió mientras no estuvo en su hogar, en especial de lo que hicimos con Silver y con nuestros pokémon.
Cuando terminamos con las anécdotas, me dirigí a la habitación de Chris y comencé a juntar mis cosas. El momento de marcharme había llegado.
Me despedí de ella, prometiéndole que le llamaría para poder organizarnos y al fin poder salir de viaje. El viaje que había planeado desde un inicio, en el que le confesaría todo lo que siento por ella.
Afortunadamente, todo el tiempo que pasé aquí me hizo darme cuenta de que tengo muchas más posibilidades con ella, lo cual me motivaba a realizar ese viaje.
Ale escribiendo a velocidad warp para poder traer el último capi a tiempo :3
Nos vemos al rato~
