Hola todos ¿cómo están? Espero que bien. Lamento la demora, de verdad, estoy en una especie de caos en mi vida. Pero, no por eso pienso dejarlos desamparados. Este es el capítulo prometido la semana pasada, y en dos semanas tendrán el capítulo correspondiente.
Espero que me disculpen por eso. No tengo más que agregar, solo mencionar que uno de mis Headcanons es que Italia, Alemania y Japón continuan siendo los mejores amigos como lo eran durante la guerra. Sin nada más que agregar...
Hetalia no me pertenece.
Disfruten su lectura.
Era la madrugada cuando Prusia llegó a la casa de Austria; confiaba en que Liechtenstein dormiría hasta tarde, en cuanto a su agresivo hermano todavía le faltaba largo por viajar, así que no habría problema que la dejara sola por varias horas. Como siempre, Prusia abrió la puerta; como la asombrosa nación que es. Se dirigió a la habitación de Austria y lo despertó, poniéndole la luz de la lámpara directo a sus ojos, asemejando un interrogatorio.
— ¿quién está ahí? — dijo despertándose de golpe y cegándose con la luz.
— El hada de los dientes ¿Quién demonios crees? —
— ¿Gilbert? Eres un bastardo infeliz— respondió encolerizado — ¿Quieres que te arresten por invadir propiedad privada? —
— No es invasión, es llegar de visita a la casa de mi tonto hermano—
— ¿qué quieres? Y apaga eso que me ciegas—
Prusia apagó la lámpara y encendió la del techo. Causando que Austria gritara de dolor por la súbita llegada de Luz. Austria tomó sus lentes y se los colocó de inmediato. Que humillación, que ese loco irrumpiera de esa forma en su casa y lo despertara de manera tan inapropiada.
— Ya sé lo que dice el rumor— dijo Prusia parándose y mirando a Austria encogerse en el colchón. — Cuando dijiste que hay vidas en juego nunca me imaginé que te referirías a Lily o Feli—
— ¿quién te lo dijo? —
— Fue Lily—
— No es posible—
— Si hubieras visto lo aterrada que estaba cuando le mencioné que tu sabías. ¿Por qué no me lo dijiste antes? —
— Suiza, ese bastardo, estaba atrás tuyo. Si él se hubiera enterado de lo que se rumorea ¿sabes lo que le hará a Feliciano? —
— oh, ahora te preocupas por él— dijo sarcástico y con un tono cruel en su voz.
— No ahora Gilbert, deja de atormentarme con eso— respondió el parándose de la cama y poniéndose su bata de seda— ya que lo sabes ¿qué quieres de mí? —
— ¿Qué opinas de todo esto? —
— ¿Eh? ¿Que qué opino? — Austria no había aclarado su mente desde que su jefe le vino a contar esa, según él, desgracia — bueno, supongo que esto es una terrible equivocación; es obvio que quien sea que haya corrido el rumor no tienen ningún fundamento—
— Y si te dijera que sí hay fundamento, al menos la mitad de él—
— ¿qué quieres decir? —
— Erika, ella está enamorada de Feliciano—
— ¡¿QUÉ?! —
— Bueno no perdidamente, pero tampoco le es indiferente—
— ¡Eso no es posible, tenemos que hacer algo para que cambie de opinión!—
— ¿Perdón? — dijo Prusia indignado
— No me digas que piensas ayudarla a conquistarlo—
— ¿Por qué no? —
— Eso es una completa locura. Sabes que Feliciano es un coqueto, pervertido, casanova... —
— Alto ahí, sabes perfectamente que no es así— dijo Prusia golpeándolo en la frente. — Si no hubiera sido Liechtenstein, y hubiera sido otra, opinarías distinto—
— Por supuesto que no—
— ¡No seas sínico!— dijo elevando la voz — Se a la perfección que dirías todo lo contrario—
— Quiero proteger a Erika—
— ¿y Feliciano qué? ¿Acaso el no merece también ser feliz? —
— Él se merece mucho más que eso, pero afrontémoslo, Feliciano no está enamorado de Lily, no quiero que a ella le rompan el corazón—
— No sabemos eso con certeza—
— Tampoco sabemos si él ya supero a... —
— ¡No lo digas! —
— No entiendo qué quieres hacer Prusia ¿para qué viniste? —
— Quiero que Erika sea feliz, y si Feliciano puede hacerlo, ¿por qué no ayudarla?—
— Pero... *suspiro* déjame pensarlo—
— no sé qué tienes que pensar—
— No hagas nada hasta que te de mi respuesta—
— Te esperaré por ahora, tengo que hablar con alguien más— dijo saliendo de la habitación.
— Espero que nadie te acuse de allanamiento de morada—
— Soy demasiado asombroso para eso— decía mientras salía por el portón de entrada.
El sol se estaba elevando por el horizonte, Feliciano salió de casa de Francis sin hacer mucho ruido, dejó más o menos limpio el sillón que le prestó y la cocina; dejó un humeante café listo para servir y unos cuantos panecillos. Así era la pequeña forma en que le agradecía a su hermano mayor por haberlo recibido a altas horas de la noche. Tomó su auto, maldijo para sí al ver el golpe que había ocasionado al estacionarse. Se dirigió directo a su casa. Se sentía más tranquilo ahora que entendió sus sentimientos. No obstante, todavía tenía algo que aclarar en su interior, algo que le molestaba pero aún no descifraba de que se trataba y porque le molestaba.
Al llegar a su casa llamó al mecánico, el cual lo atendería en un par de horas. Fue a ducharse y mientras estaba en la ducha oyó que tocaban el timbre y la puerta. Sabía que Romano no podía ser, por el simple hecho de que era esa época de año cuando se quedaba con España. Así que pensó que el mecánico llegó antes de lo esperado. Corrió a abrir y se topó con...
— Italia-kun, buenos días. ¿Puedo pasar? —
— Sí claro Kiku— dijo sorprendido y haciéndose a un lado para que el hombre entrara a su casa— No te esperaba ¿olvidé alguna reunión importante? — Preguntó sabiendo que Japón únicamente vendría a su casa si tuvieran un asunto de trabajo importante que discutir.
— No, no en esta ocasión. — dijo Kiku, respirando suavemente— solamente vine a visitarlo, a charlar con usted, es todo—
— ve~ eso me alegra mucho—
— Sí, pero me gustaría más que se pusiera algo de ropa encima—
Italia se dio cuenta de que solo traía la toalla puesta. — ve~ lo siento, en seguida me cambio. Ponte cómodo—
Kiku se sentó en uno de los sillones de la sala de estar y esperó, en silencio, pensando cómo abordar el tema que era la razón para poder haber venido hasta la casa de Italia. Durante los últimos días no había dejado de pensar en el tema. Y sabía que por el bien de uno de sus pocos amigos debía afrontar ese predicamento.
Veneziano bajó en poco tiempo y dirigiéndose a la cocina, sirvió unos cuantos bocadillos y un poco de café.
— si quieres té, puedo ir a comprarlo—
— No Feliciano-kun. Está bien así—
— Y ¿a qué debo tu visita? — dijo Feliciano esperando no insultar a la nación asiática en frente.
— tengo que hablar con usted... —
Feliciano regresó en el tiempo al día de la junta, cuando Finlandia y Polonia hicieron lo mismo — dime que no es por ese rumor— respondió asustado.
— Lamentablemente lo es—
— No es verdad— dijo él rápidamente para hacerle ver a Kiku que no tenía nada que ver con eso.
— Lo sé, es solo que... — Kiku buscó la manera más japonesa para expresarse y el ver la cara de espera y tristeza en la cara de su amigo, al igual que su urgencia por hacerle escuchar su punto de vista, decidió expresarlo tal como le viniera —... Al diablo...— dijo dejando la taza en la mesa bruscamente, pero no lo suficiente para romperla, causando el asombro de Feliciano— Estoy preocupado por usted y por Erika-san — y antes de que Feliciano pudiera responder prosiguió — sé lo que me va a decir, usted sería incapaz, y le creo. Lo conozco ya de mucho tiempo para saber perfectamente cuál es su actitud hacia las mujeres — Feliciano se quedó pensando exactamente qué es lo que quiso decir pero no pudo decir nada— y también conozco a Erika-san lo suficiente para saber cómo es ella hacia el resto de personas. Solo vine hacerle una pregunta: ¿usted le ama? —
— Yo... —
— Y perdón que le interrumpa, pero no quiero saber si usted la ama como ama la pasta, o a cualquiera del resto de sus amigos, quiero saber si usted estaría dispuesto a interponerse entre ella y un enemigo, o si estaría dispuesto a darlo todo por ella ¿qué me responde? —
— Estoy enamorado de ella Kiku, aún no sé si la amo con esa intensidad con la que me exiges responder. Pero te aseguro que nadie ni nada puede dañarla mientras yo esté cerca de ella—
— Eso quería escuchar. Erika-san es una excelente persona para ser lastimada fácilmente, solo me pregunto una cosa más ¿estaría dispuesto a arruinar su amistad con Ludwig-san por ella?—
— ¿qué quieres decir? —
— Feliciano-kun, olvidó acaso que Ludwig-san quiere a Erika-san como si fuera su hermana menor—
Feliciano entendió que era lo que le estaba molestando más temprano. Ludwig adoraba a Erika, incluso la protegía más que Suiza. No se le ocurrieron las consecuencias de eso. Ludwig era su mejor amigo.
— No pensé en eso— fue lo único que Feliciano pudo responder.
— Lo sé, y eso fue lo que me obligó a venir aquí—
— ¿Viniste a regañarme por no haber visto lo obvio? —
— No, vine a asegurarme de que usted afrontara hasta las últimas consecuencias por amarla. —
— sabías de antemano que yo estaba enamorado de Erika ¿verdad? —
— *suspiro* me apena decirlo pero sí, me di cuenta en la última junta, usted es muy obvio a veces— causando que Feliciano sonriera avergonzado— luego me enteré del rumor, y... — Japón había perdido su fuerza inicial para volver a ser el reservado Japón que Italia conocía—... le soy sincero, me alegre por usted, hacen una muy linda pareja. Luego pensé en Ludwig-san, y en mí. —
— ¿En ti? — preguntó Feliciano extrañado.
— Usted y Ludwig-san son mis mejores amigos. Hemos afrontado cosas terribles los tres juntos. Pero ninguno está preparado para afrontar que una mujer se meta entre nuestra amistad. Y llegué a asustarme. Llegué a pensar que tal vez nuestra amistad acabe, por Erika-san—
— Kiku, sabes perfectamente que eso no pasará. Siempre seremos el Eje, aunque políticamente no debemos hacer referencia a eso—
—Lo sé, también llegué a esa conclusión. El problema recae en Ludwig-san. Ya de por sí, él es demasiado serio y reservado. No creo que reciba la noticia con agrado—
— El me odiará — respondió él, revolviendo su aún húmedo cabello— pero, a pesar de que me llegara a odiar, yo no puedo dejar que eso evite que ame a Erika. No puedo dejar que su opinión dañe mi pequeño momento de felicidad, he sufrido mucho en esta vida, malditamente larga, para dejar que se me escape—
— Le entiendo perfectamente, y le voy a ayudar—
— ¿Eh? ¿Por qué? ¿Cómo? —
— Porque soy su amigo, Feliciano-kun, debo ayudarlo con esto. No me sentiría bien si sé lo que le ocurre y no hago nada. Le prometo que haré todo a mi alcance para que usted pueda disfrutar una sana relación con Erika-san. El cómo ya se me ocurrirá—
— Gracias Kiku, no creí que serías capaz de esto—
— Lo mismo pensé de usted cuando me impidió beber licor en nuestro aniversario ¿recuerda? —
Feliciano rió, como olvidar ese día ya lejano en donde por creer a Japón más joven le quitó el vaso de sake y le dio uno de jugo. Pensar que lo hizo para cuidarlo.
Mientras eso pasaba en Italia, en Suiza Liechtenstein había despertado con la sorpresa de que estaba sola en casa. Y en cuanto se preguntaba donde pudo haber ido Gilbert. La puerta fue golpeada duramente. Ella preocupada, corrió a abrir y vio a Bielorrusia con Prusia atado de pies y manos en el suelo. No era difícil de imaginar que por algún motivo Prusia había molestado a Bielorrusia y esta, lo había arrastrado de vuelta.
— Nata, Gil ¿qué ocurrió? — decía mientras los dejaba pasar.
— Este estúpido entró a mi casa sin avisar, y a la madrugada—
— ¡Gilbert Beilshmitch! — exclamó Erika muy enojada.
— ¡Puedo explicarlo! — dijo mientras Natalia lo tiraba a uno de los sillones
— Y espero que lo hagas Gilbert— dijo Erika mientras cruzaba los brazos con una expresión de desaprobación en el rostro.
— Pervertido—
— NO SE TRATA DE ESO— gritó Gilbert defendiéndose de las miradas atroces de Natalia — Erika, puedes dejarnos solos unos minutos—
— Grita si necesitas ayuda— dijo Erika al aire
— Estoy atado, no le haré nada— respondió Gilbert algo ofendido.
— Te lo decía a ti—
—¿qué hacías en mi casa? Y ¿qué es tan secreto para que tengas que sacar a Erika del cuarto? — preguntó ella bajando súbitamente la voz, pero no lo suficiente para llegar a susurrar.
— Se trata de ese dichoso rumor que ha corrido por los pasillos en las UN —
— Así que ya lo sabes— dijo Natalia asombrada— ¿quién te lo dijo? — Prusia no respondió, solo miró hacia la dirección por dónde Erika había desaparecido. — Entiendo... pero hay muchas versiones del mismo, en esencia es lo que le dije a Lily—
— Me imagino que sí, pero tengo que preguntarte ¿qué harías sí...? — Prusia fue silenciado de inmediato.
— prefiero que ella me lo diga—
— ¿qué harás? — Volvió a preguntar Prusia — porque yo pienso ayudar a... —
— no harás nada, creo que es mejor que se dé todo solo—
— Pero Lily no tiene ninguna experiencia en ese tema—
— Ah, ¿y tú sí? — Prusia se dio cuenta de su error — lo único que puedo hacer es no intervenir y ayudarla solo si ella me lo pidiera. —
— Me sorprendes Natalia; siempre creí que eras una princesa de hielo y ahora resulta que si tienes corazón—
— No te burles Blanca nieves, Erika es mi amiga y si a ella le gusta ese bastardo no tengo más que hacerme su amiga, pero si ese tipo la hace llorar, yo seré quien lo deje casto para siempre—
— Y no lo dudo, es más, te puedo ayudar ¿me desatas por favor? —
— Claro— Bielorrusia empezó a desatar a Prusia con cuidado para no cortarlo.
— Una cosa más, haz lo que puedas para que tenga éxito— susurró Prusia minutos antes de que Erika entrara en la habitación.
— ¿No están muertos? — preguntó Erika al entrar de nuevo en la habitación y verlos a los dos vivos e intactos al igual que los muebles. — Prepararé el almuerzo, ¿tienen hambre? — dijo mientras entraba en la cocina.
— haré todo lo que pueda— susurró de vuelta Natalia — ¿te ayudo Lily?— dijo mientras entraba corriendo en la cocina.
¿Les gustó? Espero que sí.
¿Qué piensa hacer Japón para ayudar a Italia? ¿Qué quería hacer Prusia para ayudar a Liechtenstein? ¿Por qué Austria no quiere que Italia sea novio de Liechtenstein? ¿Qué haran Alemania y Suiza cuando se enteren de este romance? ¿Cuántas naciones conocen el rumor?
Todas estás preguntas hallaran su respuesta en el siguiente capítulo por el mismo canal, y en el mismo horario.
Nos vemos en dos semanas.
No olviden de dejar sus comentarios, críticas, sugerencias, etc.
