Al fin cuando llegamos el cielo estaba oscureciendo, no podía quitarme de la cabeza que esa sería la última noche que Albert pasaría en el Magnolia, me entristecía y aunque trataba de disimularlo sé que él se daba cuenta, sacó su llave y jugueteo con ella en su mano, entonces decidió no abrir, me tomo por sorpresa besándome contra la pared con tanta pasión que me erizo la piel, dejé que sus manos me tocaran y despertaran todas las sensaciones exquisitas que me producía, ¿era la despedida? De ser así quería que fuera eterna, pero eso no sucedió, unos pasos en el pasillo interrumpieron de golpe el momento

- ¡Ya era hora! – la señora Denisse nos sonreía mientras se acercaba desde el otro lado del pasillo – Niños les tengo un regalo, ¿Recuerdas jovencito de lo que hablamos para la terraza? – se dirigió a Albert con una enorme sonrisa – está listo – le entregó una llave y nos miró - espero que lo disfruten

No dejo que dijéramos palabra alguna se encerró en su departamento sin más, justo en medio del pasillo había una puerta y aunque me pregunté antes que abría jamás me imaginé que sobre el último piso del edificio había una enorme terraza, la vista al aire libre era preciosa, el lago, el parque, el cielo de un tono lapislázuli y el aire fresco. Albert encendió un interruptor alumbrándo el espacio con pequeñas luces de colores, era un pequeño oasis de flores con piedras y una fuente pequeña, las tumbonas eran lujosas a simple vista cómodas, estaba adornado de una forma tan bonita que solo me hizo sonreír, encendió una pequeña paila en el centro que daba la sensación de tener una hoguera, luego se acercó abrazándome de esa forma que me hacía suspirar

- ¿Es preciosa no crees?

- Si, el Magnolia tiene tantos secretos como tú

- No tantos - besó suavemente mis labios – ¿sabes por qué se llama este edificio Magnolia? Su dueño, un viejo amargado lo restauró e instaló aquí a algunos ex empleados jubilados

- ¿De verdad? Es decir que Milton y la señora Denisse…

- No quisieron regalías Milton mencionó una vez que moriría si no trabajaba, y la señora Denisse es la viuda del que fue su Jardinero, su hijo se encarga ahora y es decorador hace estas maravillas, en total son 6, por ello es que están todos aquí, fueron leales trabajadores de toda una vida

- ¿Y ese señor amargado aún vive? – me recosté de su pecho en un abrazo – no era tan malo si hizo esto para ellos

- Ya no, yo no dije que fuera malo, solo un amargado, egocéntrico y malcriado – resonó su risa preciosa - buscó un lugar para alejarse de todo lo que lo agobiaba y al final lo encontró aquí, junto a los suyos, sus ex empleados fueron los únicos que llegaron a conocerlo bien, a apreciar más que su legado, mucho más que su enorme familia, se mantenía aquí oculto con su amargura, no quería ver a nadie ni a su familia que trato de que volviera con una gran cantidad de artimañas que no servían de nada

- ¿Estaba sólo entonces?

- Se sentía así que no era lo mismo, su amargura alejo a casi todos

- No era feliz, por ello era un amargado Albert

- Y una prueba de que el dinero no da la felicidad, entre más, más es la falsedad alrededor – lo miré y devolvió la mirada con ternura

- ¿Por ello tú prefieres fingir que no lo tienes?

- No lo finjo nada bien, se me hace cuesta arriba vivir con lo justo no estoy acostumbrado a algo así, pero trato de vivir con mucho menos suntuosidad y debo decir que es más divertido y real

- Dime algo, ¿aprendiste de ese viejo amargado? ¿Tú eres feliz?

- Desvío la mirada a su alrededor y sonriéndome acaricio mi nariz - en este momento si. Él también lo fue, en donde vivía antes cuando era más feliz habían muchísimas Flores – tomo mi mano y me llevó hacia unas blancas que no había visto nunca, habían muchas de ellas – son Magnolias, sus favoritas y decidió plantarlas en todas sus propiedades, todo lo que ama está rodeado de estas flores, mirarlas le recordaba la vida, cuando todo era más sencillo y también era la única forma que tenía sentirse tranquilo estando a solas, siendo él mismo, admirarlas por un rato lo ayudaba, se sentía en casa otra vez

- ¿Era tu abuelo? - Rió

- El tío abuelo, una parte importante de mi vida que… se fue – frunció el ceño y giro la conversación como siempre quizá le era doloroso recordarlo - ¿te quedarás conmigo esta noche a ver las estrellas?

- Tú te quedaste conmigo a verlas junto al mar – su mano subió por mi espalda hasta mi cuello y deje de pensar con claridad, lo miré por largo rato

- No te enamores de mí Candy, no soy tan fácil – era la segunda vez que me lo decía

- Siempre voy a querer a el señor Albert, ese eres tú y no puedes pedirme eso, a menos que me digas que mañana me olvidaras para siempre y cómo lo harás, seguiré tu receta

- Es una tarea que no sé cómo llevarla a cabo pero tengo la certeza de que tú sabrás hacerlo con el tiempo, prométemelo

- Serás el más hermoso de mis recuerdos en él Magnolia, lo prometo – beso mi frente y me abrazó

Esa noche hicimos un picnic en la terraza, nos reíamos haciendo malvaviscos y mirando las fotos que había logrado tomar con mi móvil, menos de las que hubiese preferido, pero había sido un día largo, ajetreado y perfecto muy a pesar del incidente con la supuesta periodista, terminamos en la tumbona mirando el parque enrollados en un edredón, dejamos de hablar y ese silencio cómodo se instaló en el espacio del cual solo las pequeñas llamas hacían ruido, estaba abrazándome a mi espalda, tomo mi mano rozándola con su pulgar de forma tierna y suspiré internamente, lo extrañaría demasiado quizá él estaba pensando lo mismo

- Suceden cosas inexplicables y otras que no queremos explicar por muchas razones, ambas nos envolvieron estos días y no quiero que pienses que de algún modo te usé

- No pienso eso

- No debes, simplemente porque si solo fuera Albert yo...

- ¿Quién eres entonces?

- Puede que simplemente un niño que necesita afecto y tiene miedo – las mismas palabras que iniciaron todo aquello, beso mi mejilla - en realidad soy un hombre que ha hecho su vida solo y no tengo otra manera de vivir, no puedo o no quiero poder mi mundo es.. Complicado

- Está bien, me gusta Albert

- ¿Me escribirás? Quizá en algún momento podamos hablar seguiremos siendo amigos...

- No – y lo dije con convicción, aunque sonaba y se sentía doloroso - No voy a escribirte, no voy a buscarte ¿tendria sentido?, si quieres que te olvide… Además no quieres que me enamore de ti, entonces de qué serviría algo así cuando no tienes otra manera de vivir y no volverás ¿cierto?

- No, no lo sé

- Suspiré y susurre para ambos lo que pensaba - Todo lo nuestro queda aquí Albert, en el Magnolia, puede que con el tiempo también sea para ti parte de los recuerdos pasados de tu habitación

No me respondió, simplemente me abrazo más fuerte y la conversación terminó, ambos sabíamos que era mejor así, cuando se fuera sería algo que quedaría como un sueño. Un sueño fue aquella noche, que curioso que cuando sabes que perderás a alguien al que realmente quieres sin querer entregas más, das con el cuerpo, con el corazón, prestas atención a cada caricia, a cada palabra susurrada, a la textura de su piel, al sabor de su boca, el latido de su corazón y la sonrisa que te dedica inesperadamente, no hay más pensamientos que el de sentir con todo tu ser solo un instante porque quizá no será nunca más. Acariciaba mi cabello mirándome fijamente, bese su barbilla y susurrando en su oído musité lentamente "no te enamores de mí" me sonrió apenas y beso mi frente atrayéndome en un abrazo. Sus ojos cerrados a mi lado fueron lo último que vi de nuestra "despedida" y quería conservar su presencia, el sonido de su voz, la forma en la que me miraba cuando me dijo que jamás me olvidaría y que si la vida volviera a juntarnos... que si nos da una segunda oportunidad... que la próxima vez... y quería creerle, pero ni él mismo estaba seguro de lo que decía, no, no nos volveríamos a ver, lo sentía, lo sabía.

Por la mañana no quise abrir los ojos, aunque desperté hacia minutos mi mente divagaba en un sueño que había hecho realidad y si abría los ojos se acabaría, me di valor y los abrí lentamente queriendo que él estuviese a mi lado, pero ya sabía que no lo encontraría, lo que si estaba eran tres flores blancas con pétalos redondos y grandes, con una nota, me incorpore girando la nota doblada en mis dedos, olí las flores y me eche a llorar.

A las 10:00am en el silencioso Magnolia tomaba mi café sentada en el taburete de la isla, miraba el papel blanco doblado no me sentía tan valiente de pronto leer su adiós, quería creer que entraría en cualquier momento por la puerta, la mire y me dije que era imposible había dejado su llave, ¡que tontería! el departamento era suyo, pero lo dejaba, me dejaba para no volver, me volví hacia la puerta de su habitación mirándola simplemente y al cabo de un minuto me acerque deprisa, si giraba el pomo seguramente estaría cerrado, como su vida para mi, pero no se me quitaba de la cabeza que... tal vez.. Y cuando abrió cerré los ojos como si una punzada me atravesara, camine en lo que me pareció fue un momento eterno hasta el rincón en donde estaban los trofeos y medallas, inhalé profundamente mirando a mi alrededor y me pregunte si estaba segura que quería saber su nombre, si quería enterarme de mas, mire desde arriba en donde una enorme copa sostenía una moto y fui bajando recorriendo cada foto y premio a... otro hombre, un hombre que lo tenía todo, a simple vista su modo de vida se bifurcaba entre el ejecutivo elegante con opulencia y el deportista extremo, miraba los detalles de una vida a plenitud, o eso parecía cuando sonreía con un líquido dorado entre sus manos en una copa de cristal rodeado de gente que daba la impresión que siempre sonreía, me pareció ver a alguien más, ese hombre el que mencionaban los trofeos con letras enormes, William A. Andrew, su verdadero nombre no me decía nada aunque seguro significaba mucho. En un estante otra pila de fotos de hacia años lo mostraba con un grupo de deportistas, a medida que iba pasando diferían los escenarios y los deportes, en la montaña, en el mar, en el cielo, solo me presentaba a alguien que conocía, Albert, era el mismo alegre, haciendo lo que tanto le gustaba, sencillo y dulce, también habían otras con los mismos amigos que poco a poco fueron menos y con la que era su novia en lo que parecían eventos, por ultimo la foto era frente a una mansión, él estaba en el centro con un traje elegante y oscuro, hacia su derecha el señor Johnson estaba al lado de una mujer rubia muy bonita a la que abrazaba y un joven rubio saludaba a la cámara, hacia la izquierda Amanda, una mujer mayor y respingada, su tía quizá, y dos jóvenes risueños, su... familia, mis ojos se llenaron de lágrimas, todo eso que tenía y no tenía por muchas vueltas del destino, tanto que se alejó de todo y de todos, me pregunté por qué y mire a mi alrededor por última vez, no quería volver a esa habitación llena de más preguntas, cerré por dentro y condene ese lugar, el mismo en donde había sido sólo para mí, ¿como viviría ahora allí con tantos recuerdos?, en mi mente quería cerrar todo en relación a… Mi Albert o William Andrew, chasqueé la lengua limpiándome las lágrimas y corrí hasta mi laptop, solté todo el aire que estaba reteniendo frente a la pantalla, teclee su nombre en el buscador.

Había escuchado que la curiosidad mataba al gato y si no quería saber más desde un principio ¿por que precisamente me había dado por averiguar?, de la lista de noticias con su nombre no me decidía por alguno, que absurdo era investigar a esas alturas a un hombre con el que conviví de todas las formas posibles durante poco más de dos meses.

- William A. Andrew heredero, magnate, C.E.O del emporio Andrew y el Banco Internacional Industrial, Cuatro veces campeón de motocross en Reino Unido, 35 años, soltero y… ¿Excéntrico?.

El de la foto evidentemente era él con el cabello más corto, de traje y sin sonrisa, otras noticias decían que hacía seis años que no se dejaba ver en Estados Unidos residenciandose en Edimburgo, manejando todos los negocios desde el exilio y le habían perdido la pista desde los escandalosos alborotos públicos en los que se involucraba hacía unos diez años, cuando su prometida Amanda Farris falleció en una competición en motocicleta, sus accidentes en la arena del CTM casi ocasionan su expulsión del deporte había perdido el espíritu ganador que lo caracterizaba y varias veces se le vio envuelto en peleas de bares. Su hermana Rosemary Johnson falleció hacia 7 años de una enfermedad neurológica, su tía y sus sobrinos vivían en la mansión Andrew en.. Carolina del Sur; los mencionaba y había más información de uno de ellos, Anthony Brown único hijo de su hermana con su primer matrimonio sufrió un accidente en una carrera de autos que lo dejo parapléjico hacia 8 años. La información no la leía completa cada que avanzaba era terrible, chismes, peleas callejeras, malas inversiones, reportes policiales y accidentes en moto. Habían fotos que comprobaban todo lo escrito y parecía una película de cadenas desafortunadas. Cerré todo aquello y trate de ordenar mis ideas, todo pasó muy seguido, perdió a su prometida y pasó dos años con un dolor ciego que casi lo mata, su sobrino tiene el accidente y el año siguiente su hermana fallece, pasé largos minutos tratando de hilar, de entender un poco, y al final solo me susurre "se culpa de todo" me lleve las manos al rostro y mis ojos se empañaron, le había gritado hacia solo unos días que temía lastimarme como lastimó a las personas que seguramente pasaron por su vida y … yo era la que lo lastimaba sin saberlo abriendo sus heridas, llore por él y por mí, sentía unas ganas enormes de abrazarlo, si tan solo hubiese sabido todo antes… Ya no importaba lo deje marcharse.

Me quede largo rato en silencio con mis pensamientos, si no me hubiese ganado la inmadurez… Hubiese hecho lo posible para que me revelará el verdadero problema del por qué no podía quedarse conmigo, sus palabras exactas fueron que su mundo era complicado y si era la razón quizá yo podía haber elegido… Luchar, pero sin embargo no podía quitarle su libertad, la que le había costado años obtener. Llegue hasta la nota con desesperación y la abrí mientras mis ojos se empañaban sin poder evitarlo

Princesa.

No sabes cuan difícil es para mi despedirme de esta forma, pero mirarte dormida era mejor que ver en tus ojos la tristeza de una despedida, respetaré tu decisión de no mantener ningún contacto que a la larga sería aun mas difícil, no se si te lo dije en algún momento de estos únicos seis días en los que nos permitimos conocernos más, pero todo este tiempo que pase compartiendo el departamento fue el mas maravilloso que había tenido en años, me enseñaste a disfrutar de las pequeñas cosas, a vivir simplemente como un pequeño hogar y que una sonrisa alegra más que cualquier detalle, disfruté cada minuto de la tuya, de los hoyuelos que se formaban al hacerlo y de tus ojos, los que no podré sacar de mi mente aunque intente, tienes un hermoso futuro por delante y estoy convencido de que llegaras a ser lo que quieres, mientras tanto quiero que seas feliz y vivas un poco tu juventud, con las cosas de mi habitación.. son solo recuerdos de un pasado que no volverá y me mantenían atado hasta que los liberaste de cierta forma, gracias, gracias por los pequeños grandes momentos en tan corto tiempo, pensaré en ti siempre. Albert


El sonido de mi teléfono me sobresalto de pronto en medio del silencio, lo tomé con desesperación queriendo que fuera su voz la que escuchara del otro lado, pero no fue así

- ¡Señorita! ha desaparecido por varios días, no contesta los mensajes ni las llamadas es un milagro - le conteste un hola que sonó muy apático mientras limpiaba mi rostro – que te sucedió estás enferma o... ¡claro! ¡Enterrada en libros cierto! Cariño necesitas un descanso estas de vacaciones, el año pasado fue igual, ¡levántate ya! vístete que nos vamos a comer a donde Miguel - intente negarme, pero no me dio tregua - te espero en 45min Candice White no hay excusas.

Sonreí a medias, necesitaba hablar con alguien quizá desahogarme y dejar de atormentarme por cosas que pasaron o no, tenía que salir al mundo real. Eestaba sentada sola en una de las mesas encontradas del restaurant ambientado en los 60, me senté frente a ella y me miro con seriedad.

- ¿Estuviste en la playa? y yo que te creía juiciosa - rió y yo puse los ojos en blanco - ¿Vamos cuéntame, con quien pecadora?

- Pensé mucho en el camino si debería decirle, si contarle sobre Albert serviría de algo, la conocía muy bien y a pesar de sus múltiples conquistas y su manera arrebatada de vivir era una buena amiga, pero Albert era mi secreto – con nadie, estuve mucho al sol - miré por la ventana

- Mientes de una forma tan patética que da pena, está bien si no quieres decirme...

- Ya se acabó Gis, no hay más - las palabras salieron rápidamente y ella no emitió ninguna, la hija de Miguel llego en ese preciso momento y me saludó animada

- ¿Lo de siempre doctoras? - aun no lo éramos, pero desde siempre nos decía de ese modo, era muy simpática

- No, gracias Julia ensalada y... - por que de pronto tenía que comer balanceado, al demonio todo él ya no estaba y no le importaba que comiera, ya no prepararía ninguna de mis comidas y me escondería el chocolate – si, tráeme papas fritas y un buen trozo de pollo en braza con mucha grasa, además de esas bolitas aliñadas y una merengada de chocolate

- ¡Vaya! parece que llevas días sin comer - anoto en su libreta - ¡a la orden!

- ¿Estas molesta? - pregunto con seriedad Gis mientras ojeaba el menú y ordenaba algo menos ambicioso, me miró profundamente y salió a la luz aquella profesional en la que se estaba convirtiendo, un cambio drástico que me indico que me analizaba – Sea lo que sea que pasara con ese hombre no era para ti y si fue es por que así debía ser y era lo mejor para ambos, Candy mereces que te amen con todo, sin ningún tipo de condición ni reservas, todos esos que han llegado hasta ti han sido unos problemáticos en desgracia, no dudo que este último también lo fuera, llenas su corazón con toda esa ternura tuya sin condiciones y luego se van ¿y que te dejan a ti?

Era cierto, pensé, creí de verdad que Albert era distinto, sólo era un rebelde más que... sus palabras de la noche anterior vinieron a mi mente.. "no quiero que pienses que de algún modo te use, porque si fuese simplemente Albert..." me sentía confusa, fue tanto lo que cambió en tan poco que aun no tenia tiempo de reaccionar y zanje el tema, quizá antes lo fue por razones muy fuertes, pero ya no, no era así. Me invitó a pasar los días de fiesta en una Villa propiedad de su familia, pero yo me negué, necesitaba irme unos días y ya se lo había prometido a la Hermana Maria, caminé de regreso hacia el Magnolia esa tarde y al entrar a el departamento sentí como un nudo apretaba mi garganta, era el mismo lugar que había redecorado para no verlo tan vacío, pero el vacío se había instalado, me di cuenta que desde hacía mucho entraba a ese lugar con emoción por que sabía que alguien me esperaba o yo lo esperaría, resoplé, fueron solo poco más de dos meses, dos meses en los que se quedó a hacerme compañía, 6 días en los que observamos como nuestra amistad se transformaba en algo más, 3 noches entre sus brazos y ninguna promesa, mis ojos volvieron a añorarlo, pero suspiré profundamente y fui directo hasta mi habitación a hacer mi maleta, me iría a Chicago al día siguiente, necesitaba dejar de pensar, con el montón de tareas por hacer allá podría distraerme y aclararme al mismo tiempo, con el tiempo toda esa experiencia sería una historia más o eso esperaba.