Nota: Al día siguiente de publicar el episodio anterior abrí mi correo y me encontré 42 maravillosos reviews, que han ido aumentando con los días. Muchas gracias a todos los que habéis llegado hasta el final de este fic. Ahora, os dejaré por un tiempo para disfrutar de mis vacaciones y a la vuelta, si no se estrella mi avión -vuelo con Ryanair-, subiré otro drarry.
Este capi se lo dedico a Waalej porque está entusiasmada con los masajes y a Ainelen porque dice que va a revolcarse en la lavanda del jardín de su madre a ver si le sale un quiromago como Malfoy. Ya quisiéramos todas, ya...
Este capítulo tiene saltos en el tiempo constantemente. Aunque no están señalados, creo que son claros.
Gracias, Dybbo, por betear (comas de inciso). ^^
CON LAVANDA, POR FAVOR
Fanfiker_Fanfinal
Beta: Dybbo
CAPÍTULO 9: CONCLUSIÓN DE LA TERAPIA
El joven quiromago cree que Harry se ha marchado demasiado deprisa; no era su intención dejarlo esperando hasta que terminara el turno, pero sí esperaba que ambos se viesen al día siguiente, o al otro, o quizá que al menos le hubiera enviado alguna lechuza; ¿y si para Potter solo había sido un polvo y nada más? Porque bueno, para Draco lo había sido, pero a pesar de su torpeza y su mal gusto en el vestir, siente que lo aguanta inevitablemente mejor que al interesado de McLaggen y le apetece ir con él a algún otro lado, aunque tiene dudas de que Potter sepa admirar los conciertos de música o ir a restaurantes de alto standing. Quizá sea mejor establecer unas quedadas que solamente involucren sexo, o sus padres se sentirán terriblemente decepcionados al verlo emparejado con un mestizo.
Ha transcurrido una semana y en la mente de Harry no para de repetirse la imagen de ambos disfrutando en aquel lugar tan blanco y cálido con ese olor tan agradable, y eso ha producido que varias veces tuviera que salir del Departamento de Aurores directo al baño. La lavanda como decoración tampoco ha ayudado nada. Es una pena que Malfoy no quiera nada más, porque el moreno estaría dispuesto a intentar incluso varias citas con él, aunque ello involucre ir a restaurantes caros o a museos de autores mágicos que ni él haya oído nombrar. Luego, Kevin le ha preguntado si fue bien el último masaje, y Harry no sabe qué decirle porque no quiere herirlo. Finalmente, se propone enviar una lechuza a Malfoy para quedar otro día; se le ocurre que el rubio puede exponer las condiciones. Al salir de la lechucería, suerte la suya, se encuentra con un rubio elegante que sube las escaleras, vestido con ropa de calle. Draco alza la vista y no parece sorprendido, al contrario que Harry, que no espera este encuentro, sobre todo porque acaba de venir de pedirle a Draco a través de un pergamino que vuelvan a verse.
—Hum…Malfoy… —Harry se guarda las ganas de besarlo: su cabello está tan impecable como siempre pero las mejillas tienen un ligero rubor, quizá de venir a toda prisa.
—Potter —el moreno teme que Draco piense que viene de ver a Kevin—, ¿no decías que no ibas a volver?
Harry frunce el ceño, sin entender.
—No vengo de tu clínica, así que he cumplido mi palabra.
—Pues muy bien —el tono de voz de Malfoy suena fastidiado. Ambos se han quedado mirándose pero han de apartarse para dejar pasar a otra persona.
—¿Qué haces aquí? —dice Harry por entablar una conversación, y se gana una mirada burlona del otro.
—Voy a trabajar, ¿y tú qué haces fuera de tu cuartel de aurores? —Harry no se da cuenta de que el rubio quizá quiera averiguar de dónde viene con esa simple pregunta.
—Es mi día libre hoy —es la sencilla explicación de Harry, y de nuevo cae el silencio.
—Diviértete, entonces —algo está mal. Draco parece enfadado, y Harry no entiende por qué se dirige hacia él de ese modo: cierto que nunca han sido amigos, que su modo de hablarse dista mucho de ser amistoso, pero a Harry se le escapa algo. Por eso se permite la intrusión de agarrar el brazo de su némesis reteniéndolo a su lado.
—Vengo de… enviarte una lechuza.
Ambos conectan las miradas, y parece haber un sentimiento común en ambos. Draco lo evalúa por un momento y después dice:
—Bueno, entonces, aprovecha y dime lo que tengas que decirme ahora, Potter.
Harry advierte que ha vuelto a llamarlo por su apellido; quizá sea hora de pasar a otra cosa. Quizá el rubio ya no tenga ganas de llegar más allá con él. Tiene a McLaggen; demonios, puede conseguir a quien quiera en el mundo mágico. Y de repente siente un nudo en el estómago, porque lo quiere para él.
—Era para preguntarte si… quieres quedar conmigo, alguna vez… podemos ir a algún sitio, si quieres.
Draco lo escucha y finalmente rompe a reír.
—Potter, eres patético ligando.
—Vete a la mierda, Malfoy —dice el otro molesto, echando a andar. ¿Cómo puede alguien ser tan creído? Una mano se alza para posarse en su hombro.
—Responderé tu lechuza —dice para perderse en la escalera mientras el moreno lo mira marchar.
—Harry, creo que deberías salir con nosotros mañana —le dice una insistente Hermione dos meses después—, pareces algo deprimido. Ron me dijo que sales con un quiromago, ¿ha salido mal?
—No, Hermione, realmente tampoco estamos saliendo oficialmente —explica el chico con torpeza.
—De cualquier modo, insisto. Vendrán Dean y Seamus y quizá se pase Luna. Es una buena oportunidad para ver antiguos compañeros. En Hogsmeade.
Harry sonríe por dentro, porque él se ha estado viendo precisamente con un antiguo compañero durante todo ese tiempo.
—Iré, Hermione —sonríe.
Harry mira a un lado y a otro: su amiga no le había dicho que fuese a ser una reunión tan concurrida; cuando se reúnen en Las Tres Escobas se da cuenta de que ocupan tres cuartas partes del lugar. Rosmerta no da abasto a traer bebidas mágicas y cada vez que se abre la puerta del local es para que alguien se una a la mesa; Harry está sentado entre Ron y Hermione; hay una gran cantidad de Gryffindors y Ravenclaws, por lo que la entrada de un Slytherin pilla a todos por sorpresa; Harry retira la vista cuando ve a Draco Malfoy acompañado de McLaggen, arrancando cuchicheos de todo el grupo.
—¿Qué hace aquí Malfoy? —susurra Ron, fastidiado—, nos joderá la fiesta.
—Yo tampoco invité a McLaggen —dice Hermione pensativa—. ¿Y por qué vienen juntos?
Si lo supieras, querida amiga, piensa Harry, y le duele pensar que ambos tienen absoluto conocimiento íntimo del otro.
Draco se sienta entre McLaggen y un Ravenclaw, Luna entre ellos, y tras varios minutos de conversación extraña echan a reír. Harry decide concentrarse en sus amigos y escucha cómo Seamus visitó una ciudad y estuvo a punto de violar el secreto mágico cuando hizo flotar varios coches.
—No bebáis alcohol muggle, dispara vuestra magia —dice, y Ginny se echa a reír.
—Qué tontería, mi padre lo ha estado consumiendo durante muchos años y le hace estar más sobrio.
—Bueno, es evidente que tu padre es raro —admite Seamus dándole un trago a su hidromiel.
—Quizá el raro seas tú —añade Ron, y todos ríen, incluso Harry. Cuando los antiguos estudiantes van por la segunda ronda, Harry decide levantarse al baño, siente que ha bebido demasiado.
Vaciada ya su vejiga, el joven se lava las manos en el lavabo cuando una conocida voz lo asalta.
—Potter, Potter… ¿ya estás borracho? —Harry no tiene que girarse para saber de quién es esa voz, aunque la traicionera imagen del espejo revela la identidad inconfundible de quien le habla.
—Malfoy, vienes muy bien acompañado hoy, ¿no?
Antes de que pueda añadir algo más, tiene a Draco respirando en su oreja.
—¿Celoso?
El rubio lo arrastra hacia uno de los cubículos y cierra la puerta para después asaltar sus labios, beso que Harry corresponde con entusiasmo.
—Mmmmm… te va el whisky de fuego, ¿eh? —dice el rubio saboreándolo.
—Y tú te has echado lavanda otra vez, capullo —indica Harry sin poderse controlar, paseando las manos por la espalda y los muslos de su compañero.
—Tranquilo, a McLaggen no le pone, solo a ti. Eres así de rarito.
—Si te lo echas es porque me quieres brutal y salvaje —dice Harry.
—Deberías valorar el esfuerzo que supone para mí el ponérmelo, ya que huelo como una chica.
—Espero que tú también valores que me visto con los trapitos que me haces llevar —y Draco sonríe apreciativamente tocando los tejidos de las ropas que él mismo le ha ordenado comprar.
—Solo la mejor calidad, Potter, siempre —Draco se encarga de chupar con intensidad la zona del cuello del héroe para poder exhibirlo después—, además, el mundo agradece tu cambio. He visto cómo te mira la pelirroja.
—Volvamos fuera, Draco —dice Harry arreglándose la camisa y los pantalones—, tendremos tiempo para esto después.
—Es una promesa, Harry —sentencia Draco pinzándole el trasero, y muestra una mueca burlona—. Por cierto, ¿qué ocurre con nosotros y los baños?
Cuando ambos vuelven a sentarse cada uno en su sitio, ríen y cuentan diversas anécdotas y finalmente brindan. Luego, todos se ponen a confesar cosas que han hecho en Hogwarts y que jamás han salido a la luz; ya nadie discrimina a nadie porque todos están contentos, han bebido y lo pasan bien, además a ninguno le amarga conocer cotilleos que ya dejaron atrás pero siempre fueron comentados; así que cuando Draco se levanta para anunciar su secreto, a Harry se le seca la boca.
—Yo también quiero anunciar algo.
—¡Ya sabemos que eres gay, Malfoy! —dice McLaggen—, así que a ver qué nos cuentas.
—Querido Cormac; no diré nada que te pueda dejar en ridículo —el rubio estudia al otro con la mirada y finalmente se pone junto a Harry—. Levanta, Potter.
El susodicho obedece, con sus mejillas completamente azoradas, por la vergüenza y el alcohol ingerido. Entonces, todos siguen sus movimientos, y ven cómo el mimado de Draco agarra la mano derecha del Niño que Vivió y declara:
—Potter y yo somos pareja.
A continuación, diversas reacciones: Dean y Seamus empapan a los compañeros de enfrente escupiendo la bebida por la impresión; Hermione se tapa la boca y musita "Oh, Dios mío", Ron se golpea la cabeza creyendo haber oído mal; Luna los contempla como si hubiera visto un snorckak de cuernos arrugados; el resto de la mesa no ha movido un músculo. McLaggen echa a reír ruidosamente y Seamus se levanta.
—Deja la broma, Malfoy, no tiene gracia.
—Sí, Harry es nuestro amigo, no se fijaría en ti —añade Ron, pero Hermione le agarra del brazo y le dice algo por lo bajo que lo deja patidifuso—, ¿un quiromago? No me digas, Harry, que es con él con quien salías…
—No me creo nada —añade Parvati.
—Yo tampoco —apoya Hannah Abott.
Luna levanta la mano y los dice, con la voz absolutamente neutra:
—Hum… ¿podéis daros un beso?
Harry y Draco se miran, y el rubio asoma una sonrisa de suficiencia.
—Ya los has oído, Potter.
Harry los mira a todos, uno por uno, sus caras ansiosas y algunas incrédulas sin quitarles la vista de encima; espera de todo corazón que sus amigos no lo dejen de lado, porque realmente en todo ese tiempo se ha dado cuenta de que ama a Malfoy más que a cualquier otra persona; sigue siendo un engreído insufrible, pero ahora ya no es tan molesto; ahora que ha descubierto otras facetas suyas, que sabe que lo complementa y sobre todo, que sabe que el rubio no le quiere por ser El Niño que Vivió, acerca lentamente la cara para fusionar sus labios con los de Draco. El beso no es demasiado largo, ni demasiado indecoroso; lleva ternura y pasión por igual, pero sirve a los incrédulos para callarles la boca.
Pasan tres días hasta que Harry recibe una lechuza y cuando lo hace acaricia el pergamino, envuelto en un lazo de terciopelo negro y con el sello de la familia. Le da cierto terror abrirla, pero la lechuza no se marcha ni aunque el chico le dé dulces, por lo que entiende que quiere una respuesta. Suspirando largamente, rompe el sello de lacre y despliega el pergamino.
Querido Potter:
A pesar de que tu carta fue bastante poco clara, parece que por fin has reconocido que te gusto, que no puedes vivir sin mí y que el sexo que tuvimos en la clínica fue lo mejor que te pasó en la vida.
Harry frunce el ceño. ¡Él no ha dicho nada de eso!
Me permito decirlo yo porque sé que no estás preparado para reconocerlo; aún te queda mucha terapia que tomar. Así que decide si quieres hacerla conmigo o no. Como veo que no eres muy locuaz, te daré la opción de responder "sí" o "no". Con esta respuesta entenderé que volveremos a vernos estableciendo un contacto habitual a partir de ahora.
D.L.M.
Maldito Malfoy… la carta está llena de egocentrismo, como no puede ser de otra forma, pero el moreno pensaba que quizá Malfoy le hiciera saber que le gusta, que quiere estar con él y que está preparado para la gran aventura que sería ver la reacción de todo el mundo al saber que están saliendo. Pero no, en lugar de eso, escribe evasivas, con cierto ultimátum. Enfadado además por haberle insultado por no tener un vocabulario extenso, pasa toda la mañana consultando diccionarios —menos mal que la lechuza se marchó en el momento en el que Harry elevó la mirada del pergamino o habría criado malvas— y la carta queda así:
"Al quiromago Malfoy (quien obviamente me volvió loco por un olor e insiste en echarse todos los méritos):
Debes saber que soy una persona muy curiosa, y fue la curiosidad la que me llevó a visitar tu clínica. De hecho, fui porque los compañeros me dijeron que había quiromagos realmente buenos en su trabajo (no hablaron de ti, entiendo que o no te gusta magrear cuerpos de aurores o bien eres realmente especialito con eso de la sangre). Da igual, no me importa. Y de hecho fue Kevin quien me sorprendió gratamente, con su personalidad y su profesionalidad. Vale, ya sé que contigo todo fue muy placentero, y no voy a negar que me atraes y me gustas; creo que eso quedó claro el día de mi último masaje, donde casi estuve rogando para que te quedaras. Entenderás que es para mí un gran dolor de cabeza sentirme atraído por alguien tan mimado y caprichoso. Pero sí, me gustas. Yo no escribo cartas con evasivas ni ultimátums, soy un Gryffindor y digo lo que siento. Tampoco comparto amantes; ni siquiera soy amante del sexo esporádico, y como no dejas muy claro en tu carta qué es lo que quieres, debes saber que yo también tengo mis condiciones. Quiero estar contigo, y te recuerdo que mi vida ha sido siempre una aventura, por lo que estaré preparado para asumir ese gran cambio. Para mí merece la pena. Sí, quiero hacer "terapia" contigo, obvio.
Pero no voy a dejar que juegues conmigo ni que me ridiculices delante de la gente. A lo mejor tú no estás acostumbrado a recibir respuestas tan claras, qué pena, Malfoy, el mundo no es perfecto.
Harry".
Draco recibe la carta como una gran bofetada. Furioso, quiere responder con varios insultos, pero luego se da cuenta de que el modo de hablar de Potter lo ha calentado. Él está acostumbrado a recibir cartas demasiado cursis y ñoñas y llenas de miedo por el tema del apellido "Malfoy" y su reputación; y siempre demasiado impersonales.
Potter (a quien la fama se le ha subido como la espuma de una cerveza de mantequilla… espera… ese ejemplo no vale contigo, te gusta demasiado el alcohol):.
Primero, yo magreo a quien me da la gana, no tiene nada que ver con la sangre como verás, porque a ti te he tocado varias veces, aunque tengas la sangre mezclada y tu forma de vestir me dé arcadas.
Segundo, claro que mi clínica es famosa, es la mejor del mundo mágico y si se dice en las altas esferas del Ministerio como acabas de corroborar, quizá yo tengo algo que ver, ya que llevo el negocio.
Para ser un Gryffindor me parece que tardaste mucho en actuar, aún recuerdo tu huida del baño de mi clínica, todavía debes despertarte de noche por lo que hiciste, culpándote de algo que amenaza tu aparente valentía.
Qué sorpresa, me alegra ver que en algo estamos de acuerdo, y es en lo de compartir amantes. Mira, Potter, no me conoces, yo no comparto amantes, yo simplemente envío un crucio o un avada si te veo en brazos de cualquier otra persona que no sea yo.
Por cierto, si sugieres que me meta contigo en ese agujero de comadrejas, vas listo. Sin embargo, será todo un reto para mí ver cómo te desenvuelves en Malfoy Manor si llegas a venir algún día. Y no me sueltes esa parida de que has vencido al Señor Tenebroso, porque seguiré pensando que eres un creído. A más ver.
D.L.M.
PD: Estoy muy, muy sorprendido por la longitud de tu pergamino.
"Malfoy:
Qué hermosas cartas de amor nos estamos escribiendo. Solo hay algo que me preocupa, has puesto Señor Tenebroso en mayúsculas. Exijo saber cuáles son tus lealtades, aún pareces algo enganchado al pasado.
PD: Esto es raro, sorprenderse por la longitud de un pergamino y no por otras longitudes…
Harry".
Potter: idiota.
Las comillas se ponen después del punto.
Tras apretarme contra tu espalda de forma bien sospechosa en la sala de los menesteres creo que quedó claro dónde están mis lealtades; bueno, eso y el que yo haya abierto mi preciado agujero para ti.
Draco.
PD: Ya te dije que tu tamaño es normal, supéralo.
"Draco:
No recuerdo cómo te apretabas contra mi espalda. Tampoco he podido valorar lo de tu agujero (¿esto es ser fino?). Creo que deberíamos repetir ambas experiencias.
Harry.
PD: Soy grande, y no lo digo yo, sino El Profeta".
Harry:
Creí que no querías solo sexo conmigo. Estoy confuso ahora.
Draco (caliente)."
PD: En Hogwarts pudiste comprobar que El Profeta está lleno de mentiras.
Draco:
Corta el rollo con estas malditas cartas y ven ipso-facto a mi casa. Dejo abierta la red Flu. Trae condones.
Harry.
Cuando el rubio aparece entre llamas verdes medio fastidiado en Grimmauld Place argumentando cuánto odia la red Flu, Harry le hace callar con un beso largo y desesperado: se han estado enviando cartas mutuamente sin ningún roce físico y ahora eso les está pasando factura.
—No más cartas, Draco —exige Harry haciendo una pausa.
—Pasemos a la parte práctica entonces —ríe el rubio.
—¿Qué hay de McLaggen? —dice Harry sin quitar las manos del cuerpo de su atracción.
—Nunca me han preocupado los sentimientos ajenos —responde Draco echándose en el enorme sofá junto al moreno.
—Eso suena fatal, Malfoy —pero Harry ya no tiene ganas ni ánimos para recriminarle nada.
—Soy un Slytherin —admite Draco, y vuelve a poseer los labios de Harry, ahora sobre él.
—Estupendo, porque yo soy domador de serpientes —y ambos llegan a un acuerdo silencioso sobre no hablar más y actuar como sus cuerpos les piden a gritos.
—¿Qué lees? Es raro verte leer —dice Draco desde la cama del moreno después de que este haya bajado a por el periódico y haya subido de nuevo con el desayuno.
—Hermione ha organizado una quedada de antiguos alumnos de Hogwarts. Irán todos mis amigos.
—A mí no me ha llegado esa carta —dice Draco, molesto.
—He dicho amigos, Malfoy —y el moreno le desordena el cabello, observando al rubio sobre su cama, desnudo. Después de dos meses y no hay nada que lamentar, aún no se han matado; es más, su relación parece haber sorprendido a ambos por su fluidez. Pero ahora Kevin está feliz, porque su jefe llega de buen humor todos los días y falta otros tantos más, y trabajar sin el exigente Malfoy es algo a destacar. Incluso le ha enviado una tarjeta de agradecimiento a Harry. Ya sabía el moreno que Malfoy era como una patada en el culo para sus empleados.
—Pues yo voy a ir —resuelve el rubio, decidido.
—Olvídate de ir conmigo —bromea Harry, pero entonces nunca supo lo serio que iba a tomarse Draco ese aviso.
—Iré con mi ex y callaré la boca a todos los estudiantes que se presenten. Será divertido.
—¿Cómo que con tu ex? Dijiste que McLaggen era historia —Harry nota cómo los nudillos de las manos se tensan. Draco también lo nota, por eso pone su mano sobre la de Harry.
—Ya, pero me encanta cuando te pones celoso. Además, la última vez que me viste con él fue cuando dijiste mi nombre, en el pub. ¿Recuerdas?
Harry siente su rostro arder. Draco no ha parado de recordarle aquel momento. Es evidente que disfrutó mucho ese desliz. Ese desliz que pareció unirlos. Draco dice que si no se hubiera presentado con McLaggen entonces, aún seguirían jugando al ratón y al gato en la clínica.
—Draco, ¿qué tienes planeado? Es una reunión de amigos y en cuanto te vean entrar se largarán todos.
—Me subestimas. Mucho —y Draco se pierde en la sensación del zumo de calabaza y los bollos que Harry ha preparado para él. El moreno entra de nuevo a la cama y pasando un posesivo brazo por la cintura del quiromago, gruñe.
—Tengo dolor de espalda.
—¿Quieres un masaje?
Ambos se miran con deseo, y Draco abre la boca para pasar la lengua por los labios de Harry, quien piensa que saborear el desayuno en la boca de su novio es de las cosas más placenteras de la vida. Luego, asiente y solicita:
—Con lavanda, por favor.
*FIN*
17/02/2012
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Notas: Por cierto, el otro día robé el libro de visitas de la clínica de Draco, y he puesto vuestros nombres para que os atienda -nota: no respondo de sus reacciones-. Pasadme el correo los que queráis masaje.
Notas finales (respondiendo a anónimos):
Guest: Me alegra mucho que te guste. Espero que el final te haya encantado. Besos.
Liziprincsama: Gracias por felicitarme. No hubo muchos regalos, solo un champú XD Ni siquiera tuve tarta, tendré que comprarla yo. Eso sí, tuve una gran compañía.
Espero que el final del fic te parezca igual de sexy. Abrazo.
