Más Defteros/Asmita.
Ene-veces.
La primera vez que lo besó, ni siquiera sintió sus labios. Esa maldita máscara se interponía.
La segunda, se aseguró de que no la tuviera puesta, y apagó todas las quejas sobre la prohibición de quitársela con su boca y un jalón de su túnica.
La tercera, él no tenía puesta la armadura y la máscara hacía un buen rato había desaparecido.
La cuarta vez se dio cuenta de que la ropa de Defteros estaba muy desgastada y se rompía fácilmente. Se sintió ligeramente culpable por acabar con una de las tres camisetas que Defteros tenía.
La quinta vez, Defteros le regresó el gesto y rasgó su túnica favorita.
La sexta, muchas cosas había desaparecido y muchas otras habían ocupado el lugar vacío.
Después de la séptima ocasión dejó de contar.
