La verdad del perro.
Sirius los miró interrogantes, pasando la mirada de uno al otro. El comentario de Godric había despertado las suspicacias en aquel hombre, que los miraba entre sorprendido y extrañado. Salazar tuvo que respirar profundamente para no salir tras de Godric. Tuvo que recordarse que, culpable o no, estaban ante un criminal declarado del que ignoraban su peligrosidad. No iba a dejar a Helga a solas con él, por mucho que ella supiese defenderse.
—Así que... ¿estáis juntos? —se atrevió a preguntar Black.
—Depende de lo que interpretes por estar juntos —afirmó Salazar en tono neutro.
—Deberías darte una ducha y cambiarte —sugirió Helga con una seriedad que rozaba la peligrosidad.
—Eso es un sí. ¡Es corrupción de menores!
Helga puso los ojos en blanco y Salazar soltó una carcajada negando con cierta diversión. De todas formas ambos se miraron, estaban pensando en lo mismo. Toda la sociedad reaccionaría de la misma forma, su sistema moral estaba contaminado por las políticas del ministerio. Con eso podían encontrarse con un grave problema. En la actualidad, podrían incapacitar a Helga o incluso algo peor; eso podía manchar su nombre. Salazar no se fiaba de ese hombre, no hasta que este mostrase que era de fiar. No quería que su compañera, su amiga más íntima estuviese en problemas.
—Desde cierto punto de vista podría no serlo, Black. Es discutible al prisma que se le aplique. Si la ley dictada por el demócrata actual o la ley propia de las antiguas civilizaciones mágicas; en las cuales el decimotercer año marca la muerte del niño y el nacimiento del hombre.
—Sirius, llámame Sirius Harry. ¿Y hace cuanto estáis juntos?
—No hemos dicho que lo estemos —afirmo Helga.
—Puedo notarlo. Vuestra forma de miraros, de comunicaros... es como si hubiese una conexión especial.
—Tonks es auror. Preferimos hablar con ella antes que levantar la liebre y que los dementores decidan registrar cada pequeña hectárea de estos terrenos.
—Ahora te ducharás, te cambiaras y nos contarás tu historia —ordeno Helga. —Es eso o enfrentarte a un hechizo desparasitante. Tú decides.
A regañadientes, Sirius entró en el baño que le proporcionaba la sala. Una vez dentro sonrió al ver que la bañera estaba llena, y con agua caliente. Había distintos tipos de jabón y ropa no solo limpia, sino completamente nueva. También utensilios para afeitarse y recortarse el pelo. Olvidando por unos instantes que era preso de una auror que parecía recién salida de la academia y de dos adolescentes de trece años, se zambulló el en agua caliente. Estaba dispuesto a disfrutar de un baño como no había tenido oportunidad en mucho tiempo. Mientras tanto. Mientras Sirius Black disfrutaba de un primer baño después de casi trece años de encarcelamiento, Salazar y Helga, sin dejar de controlar la puerta de acceso al baño, ahora cerrada para preservar la intimidad del prófugo, mantenían una conversación en susurro.
—Voy a matar a Godric.
—Tranquilo, no te exaltes. Además Black no está en posición de decir nada. En cuanto a Godric, sabes bien porqué lo hace.
—No debería inmiscuirse en esto.
—Quiere que sus amigos estén bien. Es algo de lo que no hemos hablado realmente.
Tuvieron que dejar la conversación en ese momento. Godric había regresado, cargando comida para los cuatro. Enseguida la habitación proporcionó dos mesas, una de tamaño medio alargada para tres comensales y otra para un único comensal frente a la primera. Entre los tres repartieron con la varita las diferentes viandas entre los cuatro. El servicio individual para Sirius y los otros tres para ellos mismos. De paso, Salazar aprovecho para poner unas gotas de veritaserum en la bebida de Sirius.
—Hay mucho —observó Helga. —Los elfos te han agasajado, Godric.
—Suelen hacerlo cuando les muestras respeto.
—Nuestro invitado ha decidido honrarnos con su pulcritud —señaló Salazar mirando en dirección a la puerta del baño.
Sirius acababa de salir por la puerta, vestido con sus ropas nuevas, bien afeitado y con un corte de pelo que dejaba atrás la facha de loco que tenía como preso recién fugado. Si se dejaba su delgadez extrema a un lado, parecía una persona de provecho. Podía recuperarse, con unas buenas comidas y algo de ejercicio. A decir verdad, a Salazar no le parecía bien ese tipo de tortura sobre los presos, delincuentes o no, no dejaban de ser personas.
Los tres; Godric, Helga y Salazar se sentaron a la mesa. Ella en medio de sus dos amigos. Dirigieron una mirada seria a Black, señalando el sitio libre en la mesa individual.
—Bueno, cuéntanos tu punto de vista mientras comemos —dijo Helga. Al ser ella auror y actualmente figura de autoridad, era mejor que fuese ella quien llevase el interrogatorio. —Empieza por el principio. ¿Qué ocurrió la noche que Voldemort atacó a los Potter? —preguntó nada más el reo dio un primer trago a su bebida.
—Esa noche tenía un mal presentimiento. Notaba que algo iba mal. Sabíamos que había un traidor entre nosotros y el ambiente general estaba cada vez más enrarecido. Decidí visitar a Peter en el sitio donde se ocultaba y al ver que no había nadie ni tampoco signos de lucha me alarmé. —Mientras relataba aquello, Sirius miraba en dirección a Harry, quien mantenía la expresión seria y tranquila. —Me dirigí a casa de tus padres. Se encontraba destruida. En ese momento tan sólo sentí una gran desesperación. Allí estaba Hagrid, te acababa de sacar de entre los escombros. Discutí con él. Yo quería cuidar de ti pero él me decía que tenía órdenes de Dumbledore para llevarte con tus tíos, que allí estarías más seguro. Tus padres estaban muertos y yo estaba confundido y dolido por ello. Tan solo quería venganza. —Se detuvo unos instantes, como si le costase hablar de ello. Tomó otro trago de su vaso, era zumo de calabaza. —Fui tras Peter, deseaba vengarme, pedirle cuentas. Cuando lo encontré él se me adelantó, gritó que había sido yo quien había traicionado a Lily y a James, voló toda la calle a sus espaldas y se cortó el dedo antes de desaparecer transformándose en rata. Peter Petigrew es el verdadero traidor, no yo. —Hizo un alto, para comer algo de pollo y terminarse ese primer vaso de zumo.
—Has dicho que Petigrew los traicionó, ¿cómo sabes que fue él? —Helga no tardo en captar lo más relevante y reconducir la conversación.
—Era el único que podía hacerlo. Aunque los demás supiésemos donde estaba ninguno podía revelar su ubicación. La magia no lo permitía. Solo Peter podía, él era el guardián secreto.
—Encantamiento fidelio—murmuró Godric. Tanto Helga como Salazar asintieron.
—Cuando la orden se enteró que Voldemort iba tras Lily y James, Dumbledore les sugirió ocultarse tras ese encantamiento. Dumbledore aseguro que Voldemort iba a por ti, Harry.
—¿Qué orden?¿Por qué Voldemort querría matarme?
—La orden del fénix, por supuesto —respondió incapaz de resistirse a hacerlo. La poción, y el no haber podido prepararse para la misma lo inducían a ello. Era cierto que la oclumancia le hubiese servido, pero en el estado debilitado en el que estaba era muy poco probable tener el control mental para crear un escudo eficiente. Abrió la boca sorprendido cuando se percató de la situación en la que estaba. —¡Me habéis dado veritaserum!
—De alguna forma teníamos que saber si mentías o no —respondió Salazar con tranquilidad, como si aquello fuese lo más normal del mundo. —¿Esperabas que te creyésemos por gracia divina? —lanzó una pregunta retórica.
—¿Seguro que eres un Gryffindor?. Hablas como una serpiente.
—¿Por qué Voldemort quería matar a Harry? —preguntó nuevamente Helga, retomando la conversación.
—No lo sé. No le dijo a nadie. Ni siquiera a Lily ni a James. Tan solo les pidió que confiasen en él. Solo Dumbledore lo sabe. De hecho los visitaba de cuando en cuando para ver cómo estaban.
—Si James Potter y tú eráis tan amigos como los profesores dicen y Peter tan torpe, ¿cómo es que escogieron a Peter como guardián? — preguntó Godric.
—En un principio el guardián iba a ser yo, pero tras una conversación con el director respecto a la conveniencia de usar señuelos en las guerras me cambie por Peter. Nadie esperaría que alguien débil fuese la línea de defensa definitiva de los señalados por Voldemort. Ese fue mi error.
—Al algo que no me explico —dijo Salazar. —Leí sobre el fidelio tras escuchar hablar de ese encantamiento a unos de séptimo. Es muy complicado de hacer, muy por encima de los niveles de EXTASIS. ¿Cómo es que alguien tan inútil como Peter pudo conjurarlo?
—Pues... el sacó aceptable en el TIMO de encantamientos. Supongo que lo conjuraría Lily, era la mejor de la clase y extraordinaria en encantamientos; al igual que Flicwitch y Dumbledore.
—Albus Dumbledore tiene una doble maestría —informó Hega. —Transformaciones y encantamientos. —reveló a sus dos compañeros. —¿Por qué te escapaste de Azkaban?
—Para cometer el asesinato por el que fui condenado.
Ante esa revelación los tres intercambiaron una mirada. El más sereno de ellos era Salazar. En cierta manera podía comprender esa motivación, el tampoco toleraba la traición. Pero al mismo tiempo era bien consciente que, vengarse podía llegar a un punto sin retorno. Godric lo miraba con sorpresa y conmoción, él nunca había contemplado la venganza ni siquiera cuando la oscuridad se había llevado a uno de sus amigos. Helga miraba a Sirius como si fuese un peligro andante.
—Termina de comer. Te dejaremos tranquilo. En unos minutos se pasará la poción —le aseguró Salazar.
—¿Soy vuestro prisionero ahora?
—No lo eres —se pronunció Helga. —Sin embargo no podemos dejarte marchar. Trataremos de regularizar tu situación y que el verdadero culpable pague, pero no por tu mano mi estimado primo.
—Tú eres auror.
—Esta conversación es completamente extraoficial. No se habría producido de haber notificado tu captura. Te han sentenciado al beso del dementor.
—Mi abuela dice que quieren dar ejemplo contigo. Así que necesitaremos pensar en qué hacer para que ni siquiera tengas que comparecer.
—Me quedaré de ahora en adelante en la casa de los gritos. Al menos tiene un patio interior, muy amplio. Detesto estar encerrado.
—Nos aseguraremos que no te falte sustento —afirmo Godric. —Sin embargo tendrás que prometer que no intercederás ni te adentrarás de nuevo en el castillo.
—¿Vais a hacerme pronunciar un juramento inquebrantable?.
—No me tientes —pronunció Salazar con un tono de voz algo peligroso.
La sala comenzó a construir una nueva habitación, en la que se encerraron los tres ignorando por completo a Sirius. Al menos, por el momento, tenían asuntos más serios que tratar. Sirius no podría abandonar la sala de los menesteres a menos que ellos le diesen permiso para eso, la sala respondía a ellos, le habían ordenado que no lo dejase salir. Eso debía ser suficiente. Una vez cerraron la puerta, Helga se encargó de los pertinentes encantamientos de privacidad.
—Porque tengo la impresión que Dumbledore esta hasta en la sopa —murmuró oscuramente Salazar con una frialdad que no se había atrevido a manifestar hasta el momento. No le gustaba que jugasen con él. Y si habían jugado con él a saber con cuántas vidas más habían jugado —Dumbledore sabe porque Voldemort atacó a mi familia pero ni dice nada en el momento ni me lo dijo cuándo pregunte hace dos años. Dumbledore sugiere esconderse y usar ese encantamiento tan conveniente. Dumbledore los trata a diario pero no intercede por Sirius ante el ministerio ni le pide juicio.
—Ya sabíamos que había un asunto turbio en torno a todo esto —comentó Godric. —Pero este es un frente que es mejor dejar a un lado hasta que podamos tratarlo. Independientemente de eso, tengo ganas de cantarle unas cuantas verdades a la cara.
—Para acudir a casa de tus padres, debió darle la ubicación el guardián secreto. Ya fuese verbal o por escrito —apuntó Helga. —Si fue escrito bien podía no saber que su sugerencia del señuelo fue tal.
—Lo sé. Como también sé que hay dos opciones de quienes pudieron lanzar ese encantamiento.
—Flitwicth queda descartado. El habría hablado. Tiene fama de persona íntegra e incorruptible, pese a que muchos lo hagan a un lado por tener ascendencia de duende —comentó Godric. —Esa ascendencia lo dota de una barrera mental especial. No puede ser manipulado ni su mente modificada por la magia de los magos.
—Estamos ante una conspiración o una concatenación de infortunios —resumió Salazar con un suspiro. —No podemos atrapar a la rata. Tenemos que forzarla a que ella misma se revele. A ser posible ante adultos que no seas solo tú, Helga. Tu compañero y algún otro docente tendrán que servir.
—Entonces ha llegado el momento de empezar a estudiar el plan de acción.
Habían pasado las tres siguientes semanas preparando el ritual. Los rituales eran un tipo de magia cada vez más en desuso, según habían podido comprobar. Muchos de ellos habían caído en el olvido y otros tantos habían sido prohibidos por las leyes, tachados de oscuros, de magia negra. No todo lo conocido como magia negra era en realidad magia oscura, la mayoría de veces importaba más la intención que la magia en sí y, muchas de las cosas tachadas como oscuras eran fruto del miedo y la ignorancia. Magia para la que hacía falta una preparación y experiencia de la que muchos que la habían practicado carecían y eso les había conducido a perder sus mentes. Entre eso, esa impaciencia por hacer sin prepararse y que cada vez habían habido menos maestros, el caldo de cultivo para la reacción actual a esas prácticas se había gestado. Era algo que ellos tres lamentaban, todo ese conocimiento perdido y en muchos casos corrompido. Lo triste era, que aquello les costaría mucho de cambiar.
El ritual en cuestión que necesitaban emplear, dado la perversión natural de aquello que buscaban, caminaba sobre el fino filo de la luz y la oscuridad. Tal como había hecho Salazar siempre, el cual sabía que en su anterior vida, sin sus amigos se hubiese convertido en una de esas almas perdidas en la oscuridad. Se había hecho con todos los materiales que necesitaba, entre los tres lo habían logrado: Sal, un elemento purificador; siete velas, tres blancas y cuatro de colores distintos y unos mapas para reflejar los marcadores de aquello que se buscaba. Cuando estos apareciesen.
—¿Solo vamos a usar el mapa de Reino unido? —inquirió Godric. —Si este ritual nos muestra la ubicación del resto de fragmentos de alma, ¿no nos mostraría también la anfitriona?
—Según Dumbledore, Voldemort está actualmente en Albania. —Salazar los observó meditabundo. —Puede ser que si muestre el anfitrión, a fin de cuentas un alma fragmentada es un alma fragmentada.
—Necesitaremos pues uno de Europa también —murmuró Helga. —Con los mapas, si cambian de ubicación lo sabremos.
—Este ritual no destruirá la Diadema.
—Sí lo hará —aseguró Salazar. —La poción marcadora de almas requiere de un ingrediente especial. Veneno de basilisco diluido. La cantidad de veneno no será suficiente para matar a un ser vivo, en caso de accidente solo se pondría muy enfermo. Pero... es capaz de llegar al alma y destruirla en unos minutos. Por eso sólo tendremos una oportunidad.
—Irás a cogerlo del cuerpo de Rea, ¿no? —preguntó Helga con una pequeña sonrisa, una sonrisa algo triste. Le habían contado lo sucedido con la guardiana de la cámara y la decisión que había tenido que tomarse.
—Deseas presentarle tus respetos.
—Bueno, pues mientras vosotros vais a por ese ingrediente, yo terminaré de preparar los mapas y dejare el laboratorio listo para Helga. Nosotros tenemos clase.
Era temprano, muy temprano. Habían quedado así para poder prepararlo todo para la noche. El ritual que debía realizarse a la hora del lobo. La poción que necesitaban para el ritual debía ser preparada en el día, pues tenía un rango de efectividad muy bajo, de tan solo doce horas. Se degradaba muy rápido. Dejaron a Godric en la sala de los menesteres y ellos dos se dirigieron al baño del segundo piso, lo que antaño era el laboratorio privado de Salazar.
—Ingenioso camuflar la entrada en un lavabo, ¿quién lo haría?
—Un Gaunt seguramente —respondió a su compañera mientras revisaba que Myrtle no estuviese rondando por ahí. —Todo despejado. —Se volvió hacia los lavabos, quedando frente a ellos— Ábrete—Como si tuviese un mecanismo interno con unos engranajes que respondían a una sola contraseña, el sifón comenzó a separarse y el lavabo a hundirse en el suelo revelando una anchísima tubería inclinada que se perdía en las profundidades como si de una gruta bajo tierra se tratase. —Escaleras —solicitó. Se negaba a manchar nuevamente su ropa como si hubiese estado esquiando en el barro.
Ambos iluminaron el descenso con el hechizo "lumos", y Harry se aseguró de decirle a la entrada que se cerrase hasta nuevo aviso. El año pasado había revelado a Dumbledore y McGonagall donde estaba la entrada, algo que de haber despertado antes nunca hubiese hecho. No podía estar seguro de que ellos se hubiesen guardado para si esa información y desde luego no deseaba levantar sospechas. Bajar a la cámara de los secretos no creía que estuviese muy bien visto la verdad.
Al llegar al final de las escaleras estas regresaron a ser la tubería completamente lisa de antes. Salazar y Helga observaron la estancia. Una estancia con olor a humedad y repleta de fango y huesos de pequeños roedores; más adelante estaba la piel de serpiente, la última muda de la misma. Pensó en recolectarla y utilizarla para pociones o para algo de ropa. Más de cincuenta metros daban para mucho y apenas había comenzado a degradarse.
—Otro día. —Oyó que le decía Helga. —Ahora lo importante es asegurarse que el túnel no se nos cae encima. Si se derrumba podría colapsar algunas partes del castillo.
—Si no las ha colapsado ya.
Estaba conforme con ella, debían arreglar todo ese estropicio antes que fuese un peligro aún mayor. Reparar los muros y techos. Usar la magia que usaron en el pasado para ello. El daño era importante pero la zona no muy extensa, ellos dos eran suficientes para atender a ese problema. Concentrados y realizando unos rápidos y precisos movimientos de varita, no tardaron en dejar el túnel como antaño, arreglado, sin zonas de peligro y algo reluciente. Como si la vida nunca hubiese pasado por él. Con el camino ya despejado, avanzaron hasta la entrada a la cámara. Lo otro tan solo había sido el pasillo de bienvenida.
—Ábrete.
La puerta les permitió la entrada. Aquella estancia sí que era más luminosa gracias al brillo del mármol encantado para aportar luminosidad al lugar. El cuerpo del basilisco ocupaba un lugar importante en la cámara, y en el suelo, en un rincón de la misma había un gran manchurrón de tinta, la sangre del diario. El Horrocrux que sin saber lo que hacía realmente, había destruido el año pasado.
—¿No vas a mirar si hay algún huevo? —inquirió Helga señalando hacia la caverna de la cueva del basilisco, la que tenía cierta comunicación con el exterior para que las alimañas entrasen y poder alimentar a Rea.
—No. Hay acromantulas en el bosque. Podrían querer reclamar este territorio. De hecho, estoy por sellarla por completo. Nada entrará por ahí a mi cámara —manifestó con seriedad mientras llenaba una pequeña redoma de cristal con el veneno que necesitaban. —Ten, aquí tienes guárdala bien.
Salazar caminó hacia un despacho que tenía en la cámara, al cual pudo acceder tras pronunciar una combinación concreta de palabras. En ese despacho guardaba muchos libros, entre otras cosas. Cogió un frasco y una daga de veinte centímetros fabricada por duendes. Le entregó el antídoto a Helga, comunicándose ambos con la mirada como solían hacer muy a menudo. Luego se volvió hacia el basilisco e impregno la daga con el veneno del mismo.
—Los metales trabajados por duendes se imbuyen de todo aquello que los fortalece, claro —murmuró Helga.
Una vez impregnada la daga de veneno la dejó reposar, haciendo que el resto se secase. Por último guardó la daga en su funda con una sonrisa satisfecha, ya tenían un arma infalible contra esas malditas anclas. Solo quedaba localizarlas y destruirlas, una a una.
—Convendrás que es mejor esto que el fuego demoniaco, amiga mía. Más fácil de controlar y menos llamativo.
—Regresemos, no deben notar tu falta.
—Cierto. Desde Halloween tanto profesores como alumnos de séptimo me vigilan, como si me estuviesen protegiendo de algo.
—¿De un supuesto asesino, quizá?
Ambos se sostuvieron la mirada por unos instantes, antes de intercambiar una sonrisa. Era el momento de partir, cada uno hacia sus obligaciones momentáneas. Esa noche tendría lugar el ritual y mientras estuviesen en clase, ni Salazar ni Godric podrían encargarse de prepararlo.
