DISCLAIMER: Rowling es la dueña de los personajes de Harry Potter.

Aviso: La trama de este fic AU está basada en «Boys Over Flowers», adaptación coreana del manga japonés «Hana Yori Dango». Las características de los personajes pueden ser un poco OoC, por lo que leen bajo su propia responsabilidad.

Para Athenea-Eris en su cumpleaños.


IX. La dolorosa verdad.

Tal vez el viento quiere ser mi amigo y me sigue a todas partes porque me siento sola…

(Story – Park Shin Hye)

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El asfalto rompió inevitablemente las medias de Hermione haciendo que sus rodillas empezaran a sangrar por entre las hendiduras, de la misma manera que sus manos y una de sus mejillas que habían sido heridas al momento del impacto contra el suelo.

Varios de sus compañeros habían estado esperando a que terminaran las clases para esperarla fuera de la escuela donde con una cuerda colocada con anticipación, habían conseguido hacer que cayera de su bicicleta lastimándose en el acto. La situación con Draco al parecer había hecho que volviera a ser el blanco de las bromas de sus compañeros, aunque aquello pareciera más un intento de homicidio que otra cosa.

Y no era para nada una exageración.

Algunos de los chicos pateaban su bicicleta con la firme idea de destruirla, mientras la mayoría de las chicas arrojaban a Hermione globos llenos de agua que hacían que las lágrimas, que esta vez no había logrado contener, se mezclaran con su sangre y corrieran por su ropa como desbocados ríos escarlata.

Hermione no recordaba cuando había sido la última vez que se había sentido tan desprotegida y miserable como en ese momento.

¿Dónde estaba aquella valentía que la caracterizaba? Aquel coraje con el que fuera capaz de enfrentar al bravucón más grande de toda la escuela para defender a esa amiga que ahora la había dejado sola y a la merced de los lobos.

Todo su cuerpo dolía, pero aquel sufrimiento físico no era nada comparado con la punzada que atravesaba su pecho en ese instante.

¿Acaso no iban a cansarse jamás de lastimarla?

Durante aquellos eternos minutos en los que se burlaron de ella y de sus heridas aun sangrantes, Hermione pensó en Fred Weasley y en la decisión que había tomado en aquella lejana ocasión que era la misma por la que ahora estaba en ese lugar sintiendo en carne propia el mismo sufrimiento que él había experimentado.

¿Por qué había creído que las cosas iban a ser diferentes para ella? Y como en otras ocasiones fue imposible que no pensara en Theo y en los ojos azules que tantas veces la habían defendido, los cuales extrañaba como nunca.

Pero su salvador ahora estaba demasiado lejos para poder hacer algo por ella y por esa razón nuevas lágrimas inundaron sus ojos que se cerraron para no ver las risas de los que no sentían pena de hacerla sufrir y para que ellos a su vez no pudieran notar que pedía ayuda a gritos; aunque en el fondo supiera que nadie iba a venir a ayudarla.

—Aléjense de ella. —La voz que tantas veces había sonado irritante por primera vez era un sonido de esperanza para la castaña.

Draco.

Hermione sintió que todo pasaba en cámara lenta cuando varios gritos, que no eran suyos, se escucharon en el aire al tiempo que un rubio enfurecido empezó a golpear uno a uno a los chicos que la habían esperado en la salida de la escuela para lastimarla.

Fueron varios los que recibieron su merecido y justo después de que la multitud había empezado a disiparse por miedo a más represalias, Draco se acercó a ella y la abrazó.

—Lo lamento —susurró en su oído antes de levantarla en sus brazos y sacarla de allí frente a la mirada sorprendida y apenada de los que aún permanecían en el lugar.

El final de la pesadilla había llegado a pesar de que la chica no entendía lo que estaba sucediendo.

¿Cómo era que Draco había ido a salvarla después de que ella lo había lastimado, aun sin intención? Hermione prefirió no pensar en eso por un segundo y se abrazó con fuerza a su nuevo salvador cuya ropa ahora también estaba manchada con su sangre, y cuyo pecho cálido le permitió ahogar los sollozos que todavía sacudían su cuerpo.

Hermione nunca pensó que alguien como él pudiera reconfortarla de esa forma y por eso sintió la enorme necesidad de darle aquella explicación que antes había pensado que no le debía.

—Yo no lo hice. No lo besé y mucho menos dejé que me tocara.

—Ya no importa —contestó él sin detener su andar—. No hay necesidad de seguir hablando sobre eso.

—Aun no me crees —afirmó Hermione levantando su mirada para encontrar que los ojos grises de Draco estaban fijos en ella.

—Te creo —dijo después de unos segundos que parecieron una eternidad—. Te creo y confío en ti.


La habitación de Draco era tal y como Hermione la recordaba.

El edredón verde botella que cubría la cama tenía pequeños detalles en color plata que resaltaban llamativamente igual que las heridas en el cuerpo de Hermione las cuales Draco limpiaba con mucha dedicación.

Al llegar al lugar el chico le había dicho, o más bien le había ordenado, que se diera un baño mientras le había pedido a Dobby que le trajera un botiquín de primeros auxilios, un ungüento para las heridas y algunos paños de agua fría y tibia para intentar bajar la hinchazón ocasionada por los golpes y a pesar de las objeciones de la chica se había dedicado él mismo a hacerle curaciones.

—Déjame hacerlo —volvió a pedir Hermione, tratando de arrebatarle el paño con el que limpiaba un pequeño corte en uno de sus tobillos.

—¿Acaso tengo que amarrarte para lograr que te quedes quieta? —dijo él sin interrumpir su labor.

—Esto es muy vergonzoso.

—Y tú eres una tonta y nadie se está quejando de eso.

—¿Tonta? —preguntó ella con fastidio.

¿Quién se creía para llamarla así?

—Solo los tontos le dan a otros la oportunidad de que los lastimen —respondió Draco—. Debiste huir. Hasta los animales más pequeños tienen instinto de supervivencia.

Hermione no respondió y en cambio dejó que el rubio siguiera limpiando sus heridas, esta vez sin protestar.

—Cierra los ojos —pidió Draco aproximándose al rostro de Hermione con un paño tibio.

Ella hizo lo que le pedía y un momento después sintió como el chico frotaba con suavidad uno de sus párpados y su mejilla maltratada. Hermione no pudo percatarse de eso, pero Draco no dejó de contemplar sus labios cerrados los mismos que tiempo atrás había besado cuando ella lo había sacado de aquella piscina y esos mismos que ahora lo atraían como la miel a las moscas.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó la chica abriendo los ojos para encontrarse con la mirada gris de Draco a centímetros de su rostro.

Fue inevitable que un escalofrío recorriera su columna vertebral.

—¿Qué cosa? —dijo él alejándose de ella rápidamente.

—Que yo no era culpable —contestó ella tratando de no hacerle caso a la sensación que todavía estaba experimentando.

—El chico que te drogó lo confesó todo.

—¿En serio? —preguntó con interés y convencida de que aquello era obra de Harry y Blaise.

—Deberías escoger bien tus amistades.

—¿A qué te refieres? —insistió siendo ignorada por el rubio que ahora se ocupaba de una de las heridas de sus manos—. ¡Auch! ¡Ten más cuidado! —exclamó molesta.

—¡Entonces termina de hacerlo tú misma! —contestó él arrojando el paño sobre el regazo de la chica antes de salir del lugar por su propia seguridad más que por la de ella.

¿Qué había querido decir con que cuidara sus amistades?

Hermione permaneció pensativa mientras acabó de limpiarse. Pronto averiguaría de lo que hablaba.


Cuando Blaise y Harry llegaron a Malfoy Manor, Draco los esperaba en uno de sus salones privados hasta donde escoltaron a la chica rubia, que muy a su pesar, había tenido que acompañarlos.

Su cara, todavía empapada de lágrimas, mostraba que había estado llorando a borbotones, pero eso no fue suficiente para conmover a Draco que con rostro de piedra la observó detenidamente cuando estuvo frente a él, a pesar de que no dijo una palabra.

No obstante, ella sí tenía mucho que decir al parecer.

—Cuando era pequeña, un niño rompió mi corazón en mil pedazos —empezó la rubia—. Yo estaba enamorada, pero él me consideraba decididamente inferior.

Los ojos de la chica inspeccionaron la mirada de Draco cuya ira contenida amenazaba con desatarse en cualquier momento. Sin embargo, eso no impidió que continuara con su historia.

»Él era hijo de alguien poderoso y ni siquiera porque yo también era de una buena familia, consideró la posibilidad de no hacerme daño —agregó mientras su mirada se perdía en la vista a través de la ventana que estaba detrás del rubio—. Todavía recuerdo el asco con que me dijo que yo era fea y que jamás quería que volviera a acercarme a él. —Sonrió con amargura—. Era un niño, pero sus palabras me atormentaron por demasiado tiempo hasta que decidí que un día haría que se las tragara.

Draco no entendió la razón de aquel relato hasta que Harry se acercó a él y le dio el anuario del jardín infantil de Hogwarts en el que el rostro de la pequeña Lavender Brown estaba tachado.

Solo hasta entonces se dio cuenta de que el niño del que ella hablaba era él.

—Yo no recuerdo nada de eso —respondió—, pero si te lastimé, lo lamento.

—¡No te atrevas a disculparte! —escupió ella mientras nuevas lágrimas, esta vez cargadas de ira, brotaron de sus ojos—. No quiero oír algo como eso de ti, no cuando tu desprecio fue mi fuerza para mantenerme en pie.

—¿De qué estás hablando?

—Gracias a eso me propuse ser mejor, más bella y refinada para que un día te fijaras en mí y te dieras cuenta de que te habías equivocado conmigo —dijo volviendo a mirarlo—. Cada esfuerzo, cada mejora que le hice a mi aspecto y cada día de sufrimiento vivido hasta hoy serían recompensados cuando pudiera vengarme de ti consiguiendo que te enamoraras justo de la chica a la que tanto habías despreciado. —Lavender le dio la espalda, caminó unos pasos y luego se volvió hacia él con furia—. Pero entonces ella tuvo que aparecer y arruinarlo todo.

La imagen de Hermione llenó la mente de Draco antes de que Lavender lo agarrara de la camisa.

—¿Por qué tuviste que elegirla en vez de a mí? ¿No es ella todo lo que odias? —Las lágrimas caían sin tregua mientras agachó la cabeza para apoyarla en el pecho de Draco cuyo rostro de hielo no había cedido un ápice.

—Eres patética —dijo de pronto, haciendo que los ojos castaños de la chica lo miraran una vez más—. Tú y tus intentos por agradarme no han hecho otra cosa que causar que te repudie aún más —escupió—. Por lo menos la niña que conocí en el jardín tenía sentimientos puros, tú en cambio eres un monstruo.

Lavender no pudo soportarlo más y aun ahogada en llanto, salió huyendo del lugar ante la mirada perpleja de Harry y Blaise que no habían tenido idea de los motivos ulteriores de la chica para lastimar de esa manera a Hermione.

El rubio por su parte volvió los ojos a la vista a través de la ventana, castigándose internamente por haber creído por un instante que Hermione era el tipo de mujer que habían mostrado aquellas falsas fotografías.


Draco le había dicho a Hermione que le pidiera a Ginny que la cubriera para que pudiera pasar la noche en Malfoy Manor pues aún estaba muy lastimada y no era bueno que sus padres la vieran en ese estado.

Hermione por su parte había estado dando vueltas a las explicaciones que iba a tener que dar en casa cuando recibió la propuesta de Draco, la cual le pareció bastante sensata para variar, por lo que llamó a su casa y por primera vez en su vida mintió sin remordimientos. Sin embargo, se encontraba sumamente preocupada porque recordaba que su uniforme había quedado en mal estado, igual que sus libros de texto que de seguro se habían perdido, y su bicicleta que había sido reducida a chatarra cerca de la escuela.

De momento vestía un enorme pijama de Draco, pero no podía presentarse con él a clases y aunque aquello no dejaba de darle vueltas en la cabeza no fue capaz de mencionárselo a Draco cuando regresó a la habitación horas después.

—Pensé que ya te habías dormido —dijo él, entrando de lleno en el lugar.

—Aún es temprano para ir a la cama.

—Pero traes puesto un pijama.

—No podías pretender que anduviera desnuda por la habitación.

—Es una perspectiva interesante —contestó él sonriendo ladinamente mientras ella puso los ojos en blanco.

—No creas que porque me ayudaste voy a ceder a tus pretensiones —dijo ella a la defensiva.

—¿Cuáles pretensiones? —preguntó Draco acercándose peligrosamente a ella hasta hacer que cayera sobre la cama.

—¿Qué demonios estás haciendo? —Hermione sintió que el corazón le latía con fuerza. Draco estaba casi encima de ella, y ella por supuesto, no sabía cómo reaccionar.

¿Debía golpearlo?

Estaba segura de que lo haría si se propasaba, a pesar de que la misma sensación de horas atrás se había apoderado nuevamente de su cuerpo.

Sin embargo, Draco solamente estiró su brazo hasta alcanzar el pequeño botiquín que descansaba sobre una de las mesas de noche de la habitación antes de alejarse de la chica y sentarse en la cama con una sonrisa burlona en los labios.

—¿De verdad pensaste que iba a hacerte algo? —dijo sin borrar la sonrisa—. No eres tan bonita como para tentarme, Granger.

Hermione puso una mueca de fastidio en su rostro.

—Eres tan irritante.

Draco la ignoró de nuevo y en cambio tomó un pequeño tubo de crema transparente que empezó a aplicar en las magulladuras de las rodillas de Hermione, antes de vendar uno de sus tobillos y colocar algunas curitas en las heridas menores de sus manos y pies.

—Ya está —dijo satisfecho antes de fijarse en que la chica se había quedado profundamente dormida. Al parecer los golpes y todas las emociones del día la habían agotado y ahora dormía plácidamente sobre el lecho del rubio que en otras ocasiones la había albergado.

Draco tomó la frazada sobre la cama y cubrió a la chica con ella, antes de rozar suavemente su mejilla con el pulgar y salir de la habitación.

Hermione, cuyos ojos pesaban por el cansancio, razonó acerca de si el toque suave que acababa de sentir había sido real o si era otro producto de su agotada imaginación que ahora mismo se dejaba llevar en los brazos de Morfeo.


El sonido de una suave música logró hacer que Hermione despertara luego de lo que parecía haber sido una larga noche de merecido descanso.

Esta vez a sus ojos no les costó reconocer la habitación en la que se encontraba pues era plenamente consciente de que no estaba en su casa y de que a diferencia de la vez anterior, y aun a pesar de los golpes que había recibido, gozaba de unas aceptables condiciones de salud. Lo que fuera que le hubiera puesto Malfoy en las heridas había ejercido efectos positivos sobre ella y por eso se recordó mentalmente que tenía que agradecérselo más tarde.

Todavía continuaba pensando en eso cuando unos toques en la puerta la sacaron de sus cavilaciones.

—Adelante.

—Con permiso, señorita Granger —dijo Dobby entrando en el lugar seguido de cuatro mucamas, cada una ataviada con objetos sobre sus manos, los cuales Hermione reconoció como sus pertenencias.

¿Pero cómo era aquello posible? La chica recordaba bien que todas sus cosas estaban totalmente arruinadas, y entonces Dobby respondió su pregunta no formulada.

»El joven amo nos pidió que reemplazáramos todas sus pertenencias con exactamente los mismos objetos —dijo el mayordomo y Hermione efectivamente pudo constatar por ejemplo que sus zapatos eran del mismo modelo que los anteriores, con la diferencia que estaban totalmente nuevos—. Sin embargo, hay algo que aún requiere de su aprobación —prosiguió el hombre—. ¿Sería tan amable de seguirme?

Hermione asintió y todavía vistiendo el pijama de Draco se encaminó hasta una pequeña sala donde una hermosa bicicleta aguardaba por ella.

»Fue verdaderamente imposible conseguir el mismo modelo —comentó Dobby—. ¿Existe la posibilidad de que usted considere aceptar esta?

La chica contempló la hermosa bicicleta frente a ella y no pudo negar que estuvo tentada a aceptarla sin poner ninguna objeción. Sin embargo, una vez comprobó el precio de la misma, sintió que se caía de espaldas pues costaba más dinero del que ella había visto reunido en toda su vida.

—Es demasiado costosa —dijo más para sí misma que para el hombre.

—Es todo lo que pudimos conseguir.

—No me malentienda. No estoy diciendo que no sea suficiente, es más, es realmente preciosa —dijo rozándola con sus dedos—. Pero es que la mía era más bien común, y recibir esta me parece algo indebido.

—Lamento mucho no haber podido complacerla, señorita —contestó el hombre luciendo acongojado—. A pesar de que pasé toda la noche tratando de hallar una igual a la suya fue imposible. ¿Podría aceptar amablemente esta en su lugar?

Hermione volteó a ver a Dobby y al fijarse en sus nobles y cansados ojos no pudo negarse, más que nada porque no quería ocasionarle un problema con Draco. No obstante, no se sentía muy a gusto aceptando un regalo tan ostentoso como ese.

—Está bien —contestó la chica para quien no pasó desapercibido el gesto de alivio que se instaló en el rostro del hombre.

—Gracias, señorita.

Luego del desayunar y prepararse para ir a la escuela, Hermione llamó a su casa y se enteró de que Draco había ido a ver a sus padres muy temprano. No entendía qué era exactamente lo que el chico había ido a buscar en su casa, pero por el entusiasmo con el que su madre se expresaba sobre él, estaba segura de que fuera lo que fuera, no sería nada bueno para ella.

Ya lo averiguaría cuando por fin llegara a casa pues ahora mismo tenía otras cosas más importantes en las cuales pensar como por ejemplo en quién había sido la persona que había hecho aquellas falsas fotografías que la culpaban de algo que no había hecho.

Y vaya sorpresa la que iba a llevarse.

Cuando Hermione se enteró de que la persona que le había tendido la trampa en el club no había sido otra que la misma Lavender, sintió como si le hubieran clavado un cuchillo en el costado. Harry y Blaise se habían encargado de contarle todo lo que había sucedido y fue en ese momento en el que ella por fin comprendió la advertencia que le había hecho Draco.

¿Por qué Lavender, su única amiga en la escuela le había hecho algo como eso?

No solo se sintió traicionada, sino que además constató que en aquella escuela no había nadie que en realidad valiera la pena. Nadie excepto aquellos cuatro chicos que al principio le habían hecho la vida imposible.

Ironías de la vida.


Lavender no apareció en la escuela hasta la hora del almuerzo, justo para encontrarse con que ya todos se habían enterado de lo que le había hecho a Hermione y principalmente, de cuales habían sido sus pretensiones con Draco.

Y como todas las veces en que los chicos de la escuela empezaban un rumor, las fotografías de una Lavender de niña en comparación con su imagen actual, estaban pegadas en todas las paredes de la cafetería, acompañadas de risas burlonas y murmuraciones que hicieron que la rubia se sintiera aún más intimidada que cuando había caído a los pies de Draco.

Sin embargo, no fue eso lo que hizo que una punzada de dolor se instalara en su pecho sino más bien el hecho de que Hermione también estuviera allí pues no había sido capaz de darle la cara desde que todo había sucedido.

—Mírenla, era tan fea que estoy segura de que tuvo que hacerse cirugía plástica en la cara —dijo Alicia señalando la fotografía de la pequeña rubia.

—¿Solo en la cara? Yo creo que se operó todo el cuerpo —contestó Padma riendo escandalosamente.

—Pobre, ¿en verdad creyó que Draco iba a aceptarla así como así? Es una ilusa —agregó Susan, avivando las burlas y abucheos hacia la chica que todavía permanecía en la entrada del lugar.

—¡Cínicos! —escupió Hermione con asco, contemplando los rostros de todos los chicos y chicas que se burlaban de Lavender—. Hablan de Lavender como si ustedes nunca hubieran recurrido al dinero para mejorar su apariencia —continuó ante los gestos de sorpresa de la mayoría de los presentes—. Diseños de sonrisa, pestañas postizas… ¿no son todos esas cosas de la misma naturaleza que aquello de lo que la acusan? Ninguno de ustedes es completamente genuino y se atreven a juzgarla. No son más que unos hipócritas.

Ninguno fue capaz de decir una palabra ante las acusaciones de Hermione que acto seguido decidió retirarse del lugar, encontrándose de frente con el rostro de una llorosa Lavender que había escuchado todo lo que había dicho en su defensa.

¿Cómo había sido capaz de abogar por ella después del daño que le había hecho? Si se hubiera quedado callada le habría hecho un favor a la chica que ahora se sentía todavía más miserable que cuando Draco la había rechazado de nuevo.

Hermione permaneció en silencio contemplando el rostro de Lavender que aún no había sido capaz de mirarla a los ojos.

—No voy a pedirte perdón —soltó la rubia levantando el rostro solo para ser abofeteada por Hermione.

—No pienses que voy a perdonarte solo porque he dicho unas cuantas palabras que parecían favorecerte —dijo Hermione tratando de pasar el nudo que se había formado en su garganta—. Tú me arrastraste en tu loco deseo de atrapar a un chico y no te importó que saliera lastimada en el camino.

Las lágrimas bajaron por las mejillas de Lavender, cuyo corazón se estrujó al ver la decepción con la que Hermione la miraba.

—No voy a pedirte perdón —repitió—, pero es solo porque no sé cómo hacerlo —continuó la rubia, esperando por la reacción de Hermione que se mantuvo impasible y en silencio antes de darle la espalda y marcharse del lugar, a pesar de la tristeza que estrujaba su corazón.

Lavender tampoco volteó y en cambio continuó llorando hasta susurrar un «lo siento» que solo ella pudo escuchar. Era consciente de que por lo que había hecho vendrían días difíciles para ella en la escuela, por lo que de momento pensó que lo mejor era marcharse a su casa.

Hermione por su parte, caminó por el pasillo hasta encontrarse con Draco y sus amigos, quienes elogiaron la madurez con que la chica había manejado el asunto, al tiempo que la invitaron a volver a la cafetería donde el rubio al parecer iba a hacer un anuncio importante.

Ella solo esperaba que Lavender se hubiera marchado pues no tenía ganas de volver a verla tan pronto, y menos ahora que Draco la había tomado de la mano.

—¿Qué planeas hacer? —le preguntó al rubio que sonriendo, continuó halándola hasta entrar de nuevo en el lugar. Hermione sabía que debía prepararse para algo grande.

Con él siempre era así.

—Necesito que todos presten atención —anunció a viva voz una vez que estuvieron dentro, ignorando por completo las quejas de Hermione que parecía avergonzada de volver a ser el centro de atención en tan poco tiempo.

La mayoría de los presentes se reunieron frente a ellos para atender a lo que fuera que el rubio iba a decir.

»De ahora en adelante, bajo ninguna circunstancia van a atentar contra la integridad de la chica que está a mi lado —pronunció al tiempo que puso uno de sus brazos sobre los hombros de Hermione quien disimuladamente se removió con incomodidad—. A partir de este momento la tratarán con respeto como si estuvieran tratando conmigo mismo pues desde hoy, Hermione Granger y yo somos pareja.

—¿¡QUÉ!? —La duda fue casi global, pues la misma Hermione no podía creer el osado anuncio que acababa de hacer Malfoy.

¿Cómo se atrevía a lanzar una perla de ese tamaño sin su consentimiento?

Las miradas divertidas de Blaise, Harry y la del mismo Draco le hicieron pensar que bromeaba, pero el hecho de que en ningún momento desmintiera la información hizo que terminara por convencerse de que se equivocaba.

—¿Por qué dijiste eso? —preguntó Hermione por lo bajo, mientras contemplaba las diferentes reacciones de los presentes que iban desde el asombro hasta la cólera, principalmente por parte de chicas como Alicia que de seguro estaban secretamente enamoradas del rubio.

—Cállate y sonríe —contestó Draco afianzando su brazo sobre los hombros de la chica.

—Entonces… ¿eso quiere decir que Hermione es tu novia? —preguntó Alicia evidentemente mortificada.

—¿Qué otra cosa querría decir? —contestó Draco con sarcasmo ante la estupidez de la chica—. ¿Acaso no estás de acuerdo con esto? —Le preguntó levantando una ceja.

—Este… yo no quise decir eso… es que...

—Yo no lo estoy —pronunció una conocida voz que hizo que el corazón de Hermione saltara inevitablemente en su pecho.


¡Deshonrada mi vaca! Había dicho que actualizaría el 03 de diciembre, pero la verdad es que estuve tan ocupada que lo olvidé por completo, la suerte es que al parecer ustedes también lo hicieron *inserte carita de risa histérica*.

No tengo mucho que decir del capítulo más que: ¡Bienvenido, cariño! y, ¡era ella! Sí, ella, la que se suponía que era su amiga.

Como siempre mis agradecimientos a: Athenea-Eris, Annykzhenn,johannna, sdhenka16, alecmalfoy01, Candice Saint-Just, Alike Malfoy, Sovereignty-Perfection-Doll, AreRojasDH, NarradoraNueva, Meraki Black, Sally ElizabethHR, Sophie Mene, espiroket, ale24mc, Etamin Malfoy, Nitaws, Bombon Kou Malfoy y a Marycielo Felton. Sus comentarios son valiosos para mí.

Próxima actualización: 20 de diciembre.

¡Muak!

Gizz.