Royal Blood: Dentro de Un corazón Oculto

Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha

Parejas: Sesshoumaru x Inuyasha, Sesshoumaru x Miroku
Categoría: Hard Yaoi, Drama, Angst. MPREG (Si no saben que es esto ultimo mejor ni lo lean). No acepto reclamos o insultos, porque si los hay los regresare y con creces

Dedicado: a tres personitas en especial que hace ya demasiado tiempo me he negado a volver a contactar, Benigirl, Erekhose y Elen. Para Kag1108 y Yami Kaira quienes me dejaron un lindo review!

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Capitulo 9. InnermostLove

El viento y apenas soplaba, jugueteando en contadas ocasiones con los pliegues sueltos de sus ropa. Uno que otro mecho de cabello se movía de vez en cuando también, provocándole cosquillas en su delicada nariz, aunque no eran los suficientemente fuertes o molestas como para quitarle el tremendo sueño que le había dado de repente.

El vientre, apenas abultado bajaba y subía con parsimonia, notándose y apenas entre las holgadas ropas de rata de Inuyasha. Aunque su notable presencia se debía mas a sus protectores brazos que lo cubrían de garras abiertas sobre el mismo.

La fresca sombra del árbol sagrado era más reconfortante y acogedora que el caluroso y seco interior de las chozas en las que las otras dos jóvenes siempre le aconsejaban estuviera. Aunque a decir verdad, prefería mil veces quedarse entre las enredadas raíces del árbol milenario, que ahora y seguramente siempre consideraría como su casa propia.

El único lugar en el que le apetecía quedarse por cuanto tiempo le fuese necesario.

Inuyasha se removió acomodándose un poco mas entre las raíces, buscando una mejor postura. Ajeno al morboso escudriño que un par de ojos rojizos que evitaban por motivo alguno perderse de algún movimiento del hanyou. Las sombras lo resguardaban manteniendo lejos y seguro de otros ojos intrusos además de los de su misma presa.

Casi saboreo en sus labios el dulzon placer del dolor que le infringirá y recreo una y otra vez en su mente los cortes y sangre que brotaría. Los gemidos dolorosos, el ceño fruncido y la nula fuerza de Inuyasha para poder defenderse. Sus venenosos y finos labios se curvaron entonces en una sonrisa que se excedía en lo sádica.

Tuvo que morderse los labios hasta hacerse sangrar, para evitar que de ellos brotara aquella risa cruel que deseaba soltar. Pues a pesar de estar bien oculto en las sombras, el sonido para los sentidos de Inuyasha no era algo fácil de engañar.

Eso siempre y cuando las mismas estuviesen menguadas por su reciente estado.

Aunque no era un taiyoukai completo, esperaba que al menos como híbrido conservara algunas de las desventajas de estar preñado que tenían. O como él les había dicho también, la cruel forma en que los jodia el estar así.

Sus habilidades sobrenaturales, quedaban reducidas a cero y su fuerza física disminuía al grado de dejarlos indefensos incluso aun ante el mas débil de los humanos que hubiera. No eran nada y eran presa fácil para cualquiera que deseara hacerles algo no muy bueno a cualquiera de ellos.

Tal vez y por la condición media humana de Inuyasha, este podría defenderse de algún ataque no menor, pero dudaba mucho que su espada le obedeciera. Aunque si en esos momentos lo observaba con presión podía darse cuenta de que, ya no la llevaba mas consigo.

La sonrisa en sus labios se acrecentó, mostrando sus afilados colmillos.

Podían darle más facilidades para acabar con Inuyasha.

Decidió no confiarse del todo y sin tardar demasiado se concentro en las lejanías y aproximaciones de aquel lugar. Alguna pequeña presencia lejana o cercana que pudiera ser de peligro para consumar su ataque. No encontró alguna que pudiese hacerle algún frente. Solo pequeños pajarillos, algunos insignificantes mamíferos y alguno que otro insecto, pero nada peligroso para él.

No había nadie que lo detuviera e Inuyasha no opondría tampoco mucha resistencia.

Era el momento, Inuyasha terminaría en sus garras y nadie lo impediría.

Concentro toda la energía maligna en una sola de sus manos, destrozándola esta en una enorme garra oscura y grotesca de afiladas uñas. Sus cabellos oscuros se agitaron furiosos al viento y el impulso de su salto rompió el silencioso silencio que les rodeaba.

Más Naraku se detuvo de pronto, volviendo una vez más a refugiarse en las sombras, con la respiración acelerada y el ceño fuertemente fruncido.

La explosión de luz no se hizo esperar, iluminándolo todo a su alrededor hasta volverse a concentrar en un punto fijo que sin lentitud alguna fue materializando el imponente cuerpo de Sesshoumaru, que termino en cuclillas muy cerca de donde Inuyasha estaba.

El hanyou estiro los brazos bostezando con fuerza, mas no puso resistencia alguna cuando los firmes brazos del youkai lo acercaron a él dejándolo contra su pecho. Se refugio en el mismo mientras se aferraba a sus ropajes, casi sin fuerzas, intentando conciliar de nuevo el sueño.

Sesshoumaru dejo de mirarlo cuando el hanyou perdió su rostro contra sus ropas, murmurando inteligibles palabras mientras su respiración se volvía un vez mas lenta y se acomodaba mejor contra su cuerpo.

Los ojos dorados del youkai precavidos inspeccionaban uno a uno los rincones cercanos y a la vez lejanos al árbol sagrado. El perpetuo silencio en un lugar como aquel le desagradaba y la extraña y caótica sensación de fatalidad que se respiraba en el aire para nada le agradaba.

Un lúgubre y frió camino, no muy oculto pero que daba directo hacia el árbol sagrado llamo su atención, si lo pensaba bien, hasta aquella ocasión se había percatado del mismo. Estuvo a punto de inspeccionar ese ultimo lugar entre las sombras cuando el hanyou en sus brazos se movió incomodo, captando su atención, para suerte del demonio que por un segundo casi y se había sentido del todo descubierto.

Sesshoumaru se levanto despacio llevando entre sus brazos el ya no tan ligero cuerpo de Inuyasha, descendiendo con toda la sutileza que el era posible por las cepas del árbol antes de encaminarse despacio por el pequeño caminillo que daba a la vieja aldea.

La suave estola que llevaba sobre el hombro, a propia voluntad cubrió a Inuyasha haciéndola de una calida manta que lo protegía, mientras su dueño fruncía el ceño arrugando fuertemente las cejas entre el mismo. Tan solo se había ausentado por algunas horas y regresaba para toparse con esto. Inuyasha no debía quedarse por ningún motivo solo y eso lo sabían muy bien aquellas dos mujeres que se suponían lo cuidarían hasta que volviera a su lado.

Ya vería que excusa le tendrían que dar.

Solo hasta que, la presencia amenazadora de Sesshoumaru dejo de sentirse Naraku broto de su escondite. Había sido demasiado arriesgado algo como aquello, mas aun sin un plan anteriormente concretado. Sus ojos rojizos brillaron coléricos antes de serenarse y recobrar una aparente relativa calma. Debía de tranquilizarse, las oportunidades como aquellas bien podían ser escasas.

Y estaba más que seguro que volvería a repetirse.

La risa maléfica que había contenido hasta aquellos momentos finalmente broto libre y a su antojo, rompiendo el silencio del paraje. Inuyasha caería en sus manos, mas pronto que tarde, seguro.

La estilizada figura del demonio se desintegro en un espeso y denso humo negro, donde salio un solitario y llamativo insecto venenoso que alzo al vuelo sin ser molestado.

Pronto reaparecería

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— ¡Ya deberías de saber que él siempre hace lo que le venga en gana! — Grito Kagome más que molesta.

Sango ni siquiera se atrevía a mirar a ninguno de los dos empeñándose a mirar hacia un lado dolida. Sesshoumaru de rostro serio y calmado, solo movió ligeramente sus ojos recorriendo los rostros, por una parte molesto y humillado de la miko y el de la exterminadora que ahora había cerrado los ojos y bajado la cara.

Justo como la humana lo había dicho, ambas no tenían la culpa de aquello. La obligación reacia únicamente en él, aun y cuando ambas se hubieran ofrecido a quedarse con Inuyasha cuando lo necesitara. Con paso lento se alejo de ellas y entro en la pequeña choza donde el hanyou aun dormía. A pesar de sus gruñidos contra las mujeres y los gritos de la sacerdotisa, Inuyasha ni siquiera se había despertado. En breves segundos termino arrodillado a un lado suyo mientras deslizaba sus largas garras por los plateados cabellos de Inuyasha en una tenue caricia.

Desde un principio había sido su deseo llevarse a Inuyasha con él, aunque solo se tratara de una breve y rápida visita al pequeño refugio donde sus tres acompañantes lo esperaban, mas el hanyou terco se había negado a acompañarle o más bien, se había empecinado a querer llevarse a todo su propio equipo con ellos.

Un simple recorrido que no le hubiera costado hacer en unas dos o a mas tardar dos horas de ida y regreso, se alargaría hasta todo un tour de tres días de partida y otros igual de vuelta.

No habían llegado a ningún acuerdo y cuando Sesshoumaru había decidido mentalmente que lo mejor para Inuyasha era que se fuese con él aunque amarrado fuera, las mujeres habían intercedido y le habían asegurado que podrían quedarse con Inuyasha y aguardar a que volviera.

— Sesshoumaru en verdad que estábamos con él, mas de un momento a otro escapo. — el youkai parpadeo confuso, no se había percatado en que momento la exterminadora había entrado y ahora de pie frente a ellos, trataba de alguna forma de explicar lo sucedido

— Tú mismo nos viste, estábamos desesperadas buscándolo antes de que llegaras con él— completo Kagome moviendo ligeramente la cubierta de piel que sellaba como puerta la entrada de la choza.

— Lo sé, esta siempre ha sido su forma de ser — murmuro suave Sesshoumaru tocando y apenas las mejillas del hanyou. —Pero ahora también es cuando más que estemos cerca—

Las dos mujeres se miraron en completo silencio, antes de sin mediar palabra con el youkai, abandonaron la choza.

Una mueca de preocupación se dibujo de inmediato en las delicadas facciones de Sesshoumaru, la tersa piel de Inuyasha comenzaba a notarse fría, si se concentraba aunque fuese un poco, podía notar con suma facilidad que las energías demoníacas del hanyou mas que rápido disminuían, eso sin contar la falta de energías que ahora mas a menudo presentaba.

Inuyasha no tenia demasiado tiempo en aquel estado, pero al parecer el que dentro de él creciera el hijo de los dos mas poderosos youkais y hanyous del Sengoku, comenzaba ya temprano a presentar los estragos que de sobra sabía se presentarían.

No había peligro alguno de que su propio cachorro lo matara al consumir tantas de sus energías, Inuyasha era más que fuerte, exageradamente terco. Pero aquello no lo eximia de la demás escoria que lo deseaba muerto.

Tanto a Inuyasha, como al cachorro de ambos.

¡NO!

¡Él, Sesshoumaru jamás lo permitiría!

Alguien lo movía suave y despacio, con un infinito cariño que lo envolvía y estremecía hasta la fibra mas sensible de todo su ser. La conocida fragancia de su presencia le inundo los sentidos y no pudo evitar dibujar una calida sonrisa en sus labios cuando al abrir sus ojos el bello rostro de Sesshoumaru muy cerca del suyo tenía.

— Se… Sesshoumaru — susurro apenas Inuyasha, volviendo a cerrar los ojos recibiendo la tierna caricia en sus labios que los propios de Sesshoumaru le regalaba.

Nadie le pondría un solo dedo encima a su Inuyasha

Él estaría cerca, siempre cerca, tanto como fuese necesario.

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Continúa…

Aun añoro aquellos días, cuando reía y tú y yo juntos solíamos estar

Revis!

Kag1108: Hola! Hem… si, es cierto que no se vale, pero veremos que dicen los acontecimientos y ustedes también XD. En fin espero que este capitulo no te haga llorar! Saludos y cuídate!

Yami Kaira: Hola! Hem… tu idea digamos que me llamo la atención, eso de eliminar a la competencia me encanta, pero digamos que es aquí Naraku quien va a hacerlo, o lo intentara al menos… oh creo que ya dije cosas de mas! En fin ya veras que pasa!. Hem lo de mi correo creo que la mejor opción es que me mandes el tuyo por un mensaje privado de aquí y yo misma te agrego o mando algún mail, como desees, saludos y mira que no tuviste que esperar otro año, bueno tal vez medio si, pero ni tanto! Saludos!