Hola chicas, primero que nada quiero agradecer cada uno de sus reviews, sus historias compartidas, me queda claro que la vida no es fácil, y solo quiero decirles que admiro su fuerza, su valor, cada una de ustedes han luchado por sus vidas, por sus hijos, por su felicidad, y les deseo las mas grandes de las bendiciones.
Feliz navidad, que la luz del que celebramos en esta época (los que lo celebramos) les llene e ilumine su camino. Y para quienes no lo celebran, que sea un tiempo de descanso, de familia, un tiempo personal, de crecimiento y de tomar nuevas fuerzas para el año que viene, que encontremos paz y sosiego a las cosas difíciles de la vida, y sobre todo la fortaleza para salir adelante.
C, gracias por estos meses de complicidad, te mando un abrazo, y te deseo bendiciones para este nuevo año.
A todas, mil gracias, en noviembre se cumplió un año de esta mágica aventura de jugar a ser escritora, cuatro historias completas, dos en proceso, mejor equilibrio emocional, mas fuerza para aguantar los reviews, tomarme las cosas menos a pecho, y sobre todo disfrutar cada minuto que le dedico a esto.
Bendiciones a todas, no sé si publicaré más este año, porque son días complicados, de familia, y aunque espero si lograrlo, no quiero prometerles nada.
Key
Capítulo 9
New York, 1916.
Querido Albert:
Ha pasado más de dos meses desde que estoy en New York, y debes saber que no regresaré a Chicago, Terry me ha pedido que me quede con él, me ha buscado una pequeña casa a las afueras de la ciudad, por ahora no trabajaré, pero ya después buscaré un lugar dónde trabajar.
He mandado una carta al hospital, para renunciar. Te pido que envíes el resto de mis cosas a la dirección que adjunto en cuanto puedas.
Lo siento mucho, sé que te estoy dejando solo, pero tal vez después puedas venir a vivir a New York.
No he tenido carta de Archie o de Stear, por favor dime como están, los extraño, a veces me siento sola, esperar todo el día a que Terry venga, está muy ocupado, Romeo y Julieta ha sido todo un éxito, y pronto empezará su gira, por eso no lo veo siempre, sin embargo, se cuida de que nada me falte, y de vez en cuando veo a Eleanor.
Pero me haces falta, una chica viene a ayudarme con la casa, e intento aprender un poco a cocinar, tal vez la próxima que nos veamos ya seré experta.
Abrígate bien, y no dejes de escribirme, te extraño mucho.
Tuya
Candy.
Los peores temores de Albert eran ciertos, para él como hombre era más que evidente que Terry se había aprovechado de la inocencia e ingenuidad de Candy, pero, ¿qué hacer?, no podía hacer nada, no le correspondía, Dios, se sentía dolido, traicionado, impotente, no solo la había perdido, ella había escogido a Terry, al hombre que ella una y otra vez le había asegurado que era su amigo, simplemente lo amaba tanto que no le importó dejarlo solo, enfermo y necesitado de ella, se había entregado a él y solo rogaba al cielo para que Terry valorara cada día de su vida el maravilloso regalo que Candy le había ofrecido y le había dado al tenerla a su lado.
En el fondo y pese a todo lo que Candy siempre le contó de Terry y sobre su amistad con él, sentía que no podía confiar en él, no sabía porque, pero no era tonto, sabía de los rumores en la prensa relacionados con Susana, así como todo lo que se tejía alrededor de esta tragedia y sabía también de los rumores de un posible romance entre los protagonistas del gran éxito de la temporada, pero … todo eso no podía ser posible, seguro solo eran rumores de la prensa de espectáculos, después de todo, Terry había sido criado como caballero inglés, como un hombre de honor, no, debía dejar de pensar y alegrarse por su pequeña, así se le rompiera el corazón, debía dejar el egoísmo a un lado…. Si tan solo no la hubiera sentido tan triste en esas cortas líneas... - Candy, mi Candy…. ¿Qué has hecho?…
Chicago, 1916.
Pequeña:
Sí tu destino es al lado de Terry, y eso te hace feliz, no puedo pedir más de la vida, solo te ruego que le escribas a tus madres, y les cuentes todo con lujo de detalles, para que no se intranquilicen, también quiero que me digas cuando será la boda, porque no importa lo que tenga que hacer, estaré ahí, para verte feliz, vestida de blanco, junto al hombre que amas.
Creo que no deberías dejar de trabajar, pasar mucho tiempo solo no es bueno para nadie, además tú amas tu profesión. Candy, no dejes de ser tú, siempre has luchado por tu independencia, y no es tiempo de dejar de hacerlo, si este es el camino que has escogido, está bien, soy feliz, solo si tú lo eres también, pero hazlo a tú forma, bajo tus términos y buscando siempre tú felicidad, antes que la de él, que su compañía y amor sean el complemento de tu vida y no el centro de la misma, lucha mi dulce Candy, lucha y se muy feliz.
Gracias por todo lo que hiciste por mí, te debo la vida de muchas maneras, te quiero, y siempre puedes contar conmigo para todo, no lo dudes jamás.
Siempre tuyo, tu más incondicional amigo,
Albert.
Al terminar de leer la muy breve nota que Albert le enviaba, Candy por alguna razón que no entendía se sintió molesta, era extraño sentirse decepcionada y enojada, después de todo ella era feliz en su nueva vida con Terry, pero sin atreverse a reconocerlo, en el fondo de su corazón guardaba la tonta esperanza que él le pidiera, que le rogara que no lo dejara, que le dijera que su vida no era la misma sin ella, que aún no estaba listo para dejar de ser paciente-enfermera, que en verdad la iba a extrañar horrores, que la necesitaba, no sabía exactamente qué o porque se sintió herida con la respuesta de su querido amigo, él hacía lo correcto, le pedía que fuera feliz y que no renunciara a ser ella misma, bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en nombre del amor, que luchara por conseguir sus sueños codo a codo con su futuro esposo…. Dios, estaba segura qué
Albert lo sabía todo, no era ningún tonto, además era un hombre de mundo, acostumbrado a vagar por aquí y por allá y de seguro había visto en más de una ocasión a ingenuas como ella, caer en las redes de mentiras de los hombres…. Ella no lo merecía, no merecía ni su afecto, ni su amistad y mucho menos su amor, pero… ¿por qué quería que él la amara?, si ya estaba con el amor de su vida, con su Terry.
Albert, mi gran amigo, la vida siempre supo ponernos en los mismos lugares, hasta ahora siempre encontró la manera de juntarnos de las maneras más insospechadas, pero … nunca más, no puedo verte a los ojos sabiendo que te he mentido en estos tres meses, he sido deshonesta, no hay nada de verdad en ninguna de las cartas que te he escrito, no merezco tu amistad, tu afecto, tu comprensión y tu ternura, si este es nuestro adiós, debe ser para siempre.
Decepcionada de sí misma y muy molesta con él se dispuso a saldar toda relación con él, además, ¿qué más podía decirle acerca del compromiso, la boda, los preparativos y los planes de futuro? si a este punto y después de casi tres meses de ser la mujer de Terry, ni ella misma sabía nada de su actual vida y menos de lo que le deparaba el futuro a su lado, tomó papel y pluma y con cortantes palabras escribió.
New York, 1916
Albert, no te preocupes por mí, estoy feliz, estamos arreglando todo, para que la boda sea en seis meses, en cuanto tenga la fecha exacta te la haré llegar, espero verte ese día.
Hasta entonces.
Candy.
En una de esas visitas que se había hecho rutina de Archie a Albert, en medio de la cena y con un poco de café, Albert le enseñó las dos últimas cartas de Candy, puesto que hacía ya casi dos meses ella había interrumpido toda comunicación con él, como si fuera una plaga, no respondía sus cartas o notas, estaba más que preocupado, no sabía nada de ella y los reportes de los periódicos acerca de la situación entre Terry y la señorita Marlowe, eran francamente desconcertantes, no dejaban de preguntarse si Candy lo sabía todo y, de ser así, como permitía que su prometido fuera expuesto de esta manera en público a tales rumores, con una boda por realizarse, según la última carta de su pequeña, en menos de tres meses, pensó en el bisabuelo William y que Archie era la única manera de llegar a él para que indagara acerca de su Candy, su silencio lo estaba matando en vida, no podía dejar de pensar y en el fondo de su corazón solo presentía tragedia y mucho dolor.
Llegó a soñarla yaciendo en un charco de sangre, y después dentro de un ataúd y a él llorando junto con Archie y un par de personas más, totalmente desconocidas para él. No podía manifestar a Archie todas sus dudas, porque en el fondo sabía perfectamente que no confiaba en Terry, ya que ellos se conocieron en el Real Colegio San Pablo en Londres y sabía por Candy, que nunca tuvieron buenas relaciones y su único afecto compartido era su pequeña.
Albert sabía perfectamente, que su ahora gran amigo Archie, conocía la naturaleza de los hombres y que Terry tenía un temperamento caprichoso y volátil, capaz de hacer sufrir a su prima, pensó en el misterioso abuelo William Andrew y en ese especie de secretario del que tanto hablaba Archi y que pronto llegaría de viaje, como las únicas posibilidades reales de dar con su paradero, de tener noticias y si las cosas estaban tan críticas como sospechaba, serían los únicos capaces de exigir, dado el peso del apellido Andrew y del hecho de que Candy, era su hija adoptiva y una menor, para que Terry hiciera lo correcto para su pequeña, así tuviera que hacerse a través de una pequeña fortuna ….si, pensó que dada su pobreza y su falta de memoria debía recurrir a Archie y a las influencias que el apellido Andrew llevaba consigo.
Chicago, 1916
Gatita:
Aunque no me ha llegado carta tuya, Albert me ha compartido las suyas, y debo decir que estoy extrañado de que me tengas en tan poca estima, gatita, debo decirte que te extraño, y que en verdad debes de regresar a Chicago, por muchas razones y porque finalmente, somos tu única familia, te queremos y siempre cuidaremos de ti.
Debo contarte una situación dolorosamente trágica que no ha sacudido a los Andrew, sucedió la misma semana de tu partida y esperaba ansioso tu regreso para poder compartirlo contigo y que nos hiciéramos compañía en medio de tanto dolor. Lo que sucedió son de esas noticias que no se deben decir a nadie a través de una fría carta, pero al saber a través de Albert que no regresarás, no tengo más alternativa que informarte así y pedirte una vez más que vuelvas a nuestro lado, con tu familia, con tus amigos y con Albert.
Stear se enlistó en el ejército, lo hizo a escondidas de todos, incluso de mí. Mi hermano partió a la guerra, dejando atrás una vida, una novia y un hermano, estoy tan devastado, que ahora con tu negativa a regresar con nosotros, me siento destrozado, perdido y siento que Chicago ha perdido todo su brillo y ya no es el mismo lugar alegre sin ustedes dos, solo Albert es mi compañía en este duro trance, ya que la tía no hace más que llorar, Patty se encuentra inconsolable y Annie, está muy rara y misteriosa hace algún tiempo.
Albert es un hombre extraordinario y te extraña horrores, me atrevo a decir que incluso más que yo, con tu partida parece haberse ido el único motivo de nuestras vidas. Se que eres feliz al lado de Terry, pero si te ama, es un caballero y desea hacer lo correcto para ti y nosotros tu familia y amigos, debe pedirte formalmente en matrimonio, permitirte salir de casa como la señorita que eres, permitirnos hacernos cargo de las cosas referentes a tu matrimonio con él, no olvides que eres menor de edad y tu tutela, aún la tenemos los Andrew, más específicamente el tío abuelo William y él es quien debe autorizar tu futura unión con Grandchester. Gatita, haz lo correcto y permítenos a nosotros como familia también hacerlo.
Candy, si Terry en verdad quiere casarse contigo, debe pedir tu mano, debes regresar a poner todas tus cosas en orden, él debe pedir permiso al tío abuelo o en su representación a la tía abuela, sé que las cosas con los Andrew como tu familia no han sido fáciles, pero la tía se sentirá satisfecha de que te cases con el hijo de un duque (aunque se dedique al teatro), ella no lo manifiesta, pero una vez en medio de una cena me preguntó por ti y, que si a través de tuyo podíamos hacer regresar a Stear de su loca aventura en la guerra, está desesperada porque le di a entender que tu vivías en New York, no le cayó en gracia la noticia y su semblante es de preocupación por todo lo que pasa justamente ahora en la familia, ya que lo quieras o no, el abuelo William sigue siendo tu padre adoptivo y frente a la ley, tu sigues siendo una Andrew.
Candy, sabes que te quiero, y quiero lo mejor para ti, pero también seré un poco egoísta y te diré que te extraño demasiado y que te necesito, eres mi amiga, mi mejor amiga, mi casi hermana y quiero compartir contigo unos días antes de perderte como esposa de Grandchester.
Estoy al pendiente de Albert, tal como Stear me dijo que le habías pedido, te prometo que no lo dejare solo, y que me haré cargo de que no le falte nada, se ha vuelto como un hermano para mí ante la ausencia de Stear, pero nada es lo mismo sin ti, mi querida Candy.
Escribe pronto, y si necesitas que vaya por ti, o sí necesitas dinero para volver, no dudes en decírmelo, yo haré lo que sea porque tú estés bien, haz lo correcto para todos gatita y pídele a Terry que haga lo correcto para ti y tu familia.
Afectuosamente.
Archibald Cornwell.
No lo podía creer….Stear, su amado y noble Stear en la guerra, no, la guerra no era un buen lugar para nadie y menos para el muchacho de brillante mirada, corazón de oro y espíritu apacible, un alma tan noble y buena como su Stear no pertenecía en el infierno, pensó en Patty y lo destrozada que estaría con la noticia, en la tía abuela, en Archi, se sintió desdichada, triste mala amiga y pésima persona, cuánto se había perdido de la vida de su familia en estos meses desde que vivía en New York, se había preocupado solamente por sus problemas y había ignorado el resto del mundo, se sintió egoísta, era consiente de todo a lo que había renunciado en el momento de quedarse al lado de Terry, pero ellos, los Andrew lo fueron todo cuando no tenía nada más, sus tres paladines, el bisabuelo William, George y la tía, lloró de verdadera tristeza, dolor y pérdida, no había retorno, no podía y ahora con el verdadero peso de sus errores a cuestas, recordándole cada minuto lo insensata que había sido, nunca más.
Así como con Albert, debía ser tajante, contundente y definitiva, sabía que su tan mencionada boda, cada vez más lejana, no se llevaría a cabo pronto, Terry estaba a punto de salir de gira por algunos meses y no tenía intenciones de formalizar ningún compromiso antes de su salida, así las cosas debía cerrar cualquier posibilidad con su pasado, con los Andrew, con sus amigos.
New York 1916
Archie:
Estoy desolada ante la noticia de Stear, y por supuesto sé cómo debes de sentirte, te acompaño a la distancia en este duro trance y mis oraciones serán para él, para que nada malo le suceda y regrese pronto a casa y a su familia, por favor no te preocupes por mí, yo estoy muy feliz al lado del amor de mi vida, no niego que a veces quisiera regresar, pero Terry me necesita a su lado, no puedo dejarlo solo por ahora, algo está pasando, lo noto pensativo, triste.
En cuanto a ser parte de los Andrew, sabes bien que eso nunca ha sido real, siempre ha sido un mero trámite legal, pero no te preocupes, he pedido al bisabuelo William la cancelación legal de la adopción y estoy a la espera de su respuesta positiva, solo eso esperamos para poder ser la esposa de Terry, sin problemas legales.
La boda será en dos meses, y Terry hará lo correcto, por supuesto que escribiremos a todos con la fecha exacta y espero, aunque ya no seamos familia, tú puedas entregarme en el altar.
Recibe un abrazo.
Tu gatita.
La respuesta de Candy a su carta fue desconcertante, no se esperaba que la única carta que le escribía en meses de ausencia fuera tan fría, tan impersonal y tan desobligada, definitivamente algo pasaba en New York y con el bastardo de Grandchester, Candy jamás hubiera actuado de esta manera, a menos de se sintiera presionada por las circunstancias, debía actuar rápido y si en el nombre de la familia y la amistad no había logrado nada, debía buscar otros aliados, otros recursos otros medios mucho más persuasivos.
Chicago, abril 1917.
Ms. Pony:
Es un placer saludarla, y aunque no he ido a verles desde navidad, están en mis pensamientos, haré otra visita pronto, sin embargo, el motivo de mi carta esta vez no es tan agradable.
Llegó a mi conocimiento cierta información de la prensa neoyorkina que me preocupa, no sé si Candy les ha escrito con una fecha de boda, he mandado cartas que no han sido respondidas, y creo que ella puede necesitar del apoyo de ustedes, y su sabiduría.
Adjunto los recortes de periódico, y tengan por seguro que si ustedes lo creen necesario yo iré por ella.
Espero su respuesta.
Archibald Cornwell.
Archie esperó pacientemente una respuesta de la señorita Ponny, pero lo único que obtuvo fue silencio, no porque ocultaran algo al respecto de la situación de Candy, al contrario, así como él, nada sabían, la última carta que recibieron de su hija, había sido hacía ya más de cuatro meses y contenía la misma información que todos ya sabían, que pronto se casaría con Terry y si sus cálculos no estaban mal, ese plazo debía ser en el mes de mayo, próximo a llegar y debía coincidir con el cumpleaños de la gatita.
Estaba preocupado y sabía que no habría boda, que Candy era la querida de Terry, más si se tenían en cuenta todas las publicaciones de la prensa, que amarillista o no, ya lo relacionaban sentimentalmente con Karen Klaisse, su coestrella del teatro, los rumores acerca de la desgracia de Susana Marlow estaban en su punto más álgido, ya que la Sra. Marlow había concedido una entrevista en la que exigía al actor cumplir con su hija, tanto por lo del accidente en su pierna, como por la pérdida de su honra, días antes de la trágica noche del ensayo en la que su hija casi muere, todas estas extravagancias y noticias, habían hecho mella en la fama del actor, quien ahora era una verdadera celebridad, invitado a todos los grandes eventos de la socialite newyorkina, eventos, a los que siempre asistía ya fuera con Karen o con la hermosa fanática de turno, pero jamás con Candy, extraña situación, teniendo en cuenta que ella era su prometida y futura esposa, según sus propias cartas.
No definitivamente Archibald Cornwell, no era ningún idiota y tenía la certeza que Candy era la amante de turno del aristócrata engreído, que probablemente se había negado a cumplirle como hombre y la tenía oculta como todos los grandes caballeros suelen tener a sus queridas, había discutido con Albert sus temores y con dolor vio la verdad en sus ojos, él no solo lo sabía, sino que lo sospechaba hacía meses.
Lo más preocupante de toda la situación era que Candy, parecía habérsela tragado la tierra, no había noticia de ella, había interrumpido la correspondencia con Annie, con Albert y con él, esta situación lo sobrepasaba, pero si el bastardo de Grandchester pensaba que su gatita estaba sola, ya se encargaría de hacerle ver que no, así tuviera que ir a New York con Albert y partirle la cara, retarlo a duelo, obligarlo a casarse, pero no se iba a burlar así de ella y mucho menos de su familia.
New York, 1917.
Te he dicho que no Terry.
Candy, mi amor, ese papel no te queda, ambos sabemos que disfrutas tanto como yo el estar en mis brazos, además te necesito.
No puedo Terry, nunca debí ceder, llevo dos meses aquí, sola, viviendo como mantenida, no conozco a nadie, no salgo, y solo me vez cuando tienes necesidades. – le dijo ella sonrojándose.
Candy, siempre tengo necesidad de ti, es solo que no siempre puedo venir, te prometo que iremos de paseo.
¿Al campo?
Amas el campo, tal vez podremos comprarte un perrito, o un gato, lo que prefieras, para que no te sientas tan sola, vamos pecosa, déjame besarte y recorrer con mis manos tú piel de terciopelo. – le dijo él con su mejor voz y mirada seductora.
La pequeña rubia esquivó su mirada, las lágrimas se acumulaban, pero no quería llorar frente a él.
No puedo Terry, es pecado, nunca debí entregarme a ti, no debería vivir aquí, tengo que regresar a Chicago, tratar de salvar mi reputación…
Mi vida, el amor no es pecado, no seas chiquilla, te amo, y juro que te haré mi esposa, solo necesito algo de tiempo, por favor no me prives de compañía, ni de tu cuerpo.
No, Terry, no hasta que no sea tu esposa.
Bien… sí así lo quieres, no te rogaré, no puedo quedarme, tengo ensayo.- le dijo él apartándose de ella de inmediato.
¿Te vas?
Está claro que no quieres estar conmigo.
Quiero estar contigo, pero no quiero que hagamos el amor.
Y yo no tengo tiempo para estarlo perdiendo Candy, vine desde lejos, para estar contigo un rato agradable, no para discutir sobre moralismos eres mi mujer, y virgen dejaste de ser desde la primera vez, no tiene sentido que me niegues tú cama, pero sí eso quieres lo más saludable es que me vaya, después de todo, mujeres dispuestas a satisfacer mis necesidades, son fáciles de encontrar.
ERES UN BRUTO.
Y TÚ UNA HIPÓCRITA, ANDA, REGRESA A CHICAGO Y DILE A TÚ QUERIDO ALBERT QUE YA FUISTE MÍA, VERÁS COMO TE RECIBE. – le dijo mientras salía de la habitación dando un portazo, ella rodeó su cintura con sus brazos y permitió que las lágrimas fluyeran mientras se recargaba en la pared, y se deslizaba lentamente hasta quedar sentada en el suelo, siempre era lo mismo, la discusión terminaba en eso, en los enfermizos celos de Terry hacia Albert. Nada era suficiente, y la afirmación de que había otras mujeres dispuestas a satisfacerlo le había calado hondo. Candy lloró hasta que se quedó dormida.
New York, marzo 1917.
Candy, ya llegué. – Terry caminó buscando a su pecosa por la casa, venía de buen humor, la había extrañado y se sentía mal por los pequeños desacuerdos que habían tenido al no obtener respuesta salió y se encontró con ella sentada en el césped en el jardín trasero, con hojas y recortes arrugados a su lado, cuando ella alzó la vista se dio cuenta que había estado llorando. - ¿Qué te sucede? ¿te sientes mal? –
¿Quieres explicarme esto? – le dijo enojada mientras le aventaba un montón de papeles a la cara.
Terry los tomó y vio de que se trataban, así que al fin la verdad salía a la luz, y al parecer el emisario había sido de Chicago.
¿Quién te escribió? ¿Albert, Archie? Dime, ¿creerás las calumnias de la prensa amarillista en vez de a mí?
¿Vas a negarme que Susana Marlowe te salvó la vida? ¿Que la visitas a diario en el hospital? ¿Qué tienes una deuda de honor con ella?
No voy a negarte nada, ni siquiera dignificaré esa basura con mi atención, la última vez que revisé, a quién le puse una casa con sirvienta, y de quien me hago cargo es de ti, no de Susana, así que no veo porque tengo que discutir tonterías contigo. – le contestó huraño.
Terry… ¿es por eso qué has estado preocupado? – preguntó ella ante el gesto de enojo del actor. Él vio su oportunidad, y le contestó más suavemente.
Sí, temía decírtelo, no quiero que nada nos separe, Candy, te amo, y te juro que eres la única mujer en mi vida. – le dijo mientras acariciaba su rostro y tomaba su mentón para acercarla a él y besarla, era muy bueno besando, y sí tenía suerte y lograba evitar otro ataque de mojigatería, podría pasarla muy bien con ella.
Los cálidos besos la hicieron olvidar, perdió la noción del tiempo, y permitió que sus lágrimas saladas sazonaran sus besos.
Dime que me amas, que no me estás usando, que seremos una familia, marido y mujer, que nunca me dejarás sola... que cada cosa que está escrita en esos recortes no es más que basura… – le suplicó ella, necesitaba escuchar que todo lo que estaba sacrificando valía la pena.
Te amo, como a nadie más, y te juro que quiero una vida a tu lado, eres la única con la que quiero compartir mi vida, solo ten un poco más de paciencia. – introdujo su lengua en su boca, y la alzó en brazos para llevarla a la cama.
Terry…
Shhh… no pienses, déjame olvidar que el mundo es un lugar gris, y que solo en tus brazos se ilumina. – le dijo con su mejor voz histriónica, mientras besaba su cuello y recorría sus curvas con sus manos.
Terry…
Sí… - sus respiraciones comenzaban a acelerarse.
Mis madres quieren saber cuándo nos casaremos…
En seis meses pecosa, seis meses más… - le dijo mientras desabrochaba su blusa y acariciaba sus senos.
Chicago, abril 1917.
Grandchester:
Espero te encuentres bien. A pesar de que no hemos tenido noticias tuyas, estoy listo para tomar el primer tren a Nueva York y asistir a tu enlace con mi querida prima.
No tardes con el anuncio correspondiente, tú sabes bien, como caballero que eres, que estas cosas no pueden írsenos de las manos, y espero de ti, lo que se espera de un hombre educado a la usanza de la aristocracia inglesa.
Adjunto los datos de dónde puedes escribir al tío abuelo William, para que los Andrew puedan concederte la mano de Candy.
Candy es una dama muy querida para todos en la familia y debes hacer lo correcto, los Andrew nos encargaremos de que lo hagas.
Archibald Cornwell Andrew.
Albert por su parte, después de discutir con Archie la penosa situación en la que probablemente se encontraba Candy, decidió apelar a la vieja amistad que compartían y que era constantemente mencionada por su pequeña cuando hablaba de Terry. Albert sabía que en nombre de ese amor que sentía por su princesa debía actuar, estaba dispuesto a viajar a New York y proponerle matrimonio a su pequeña, a devolverle la honra perdida en caso de que Terry se negara a cumplirle, llevársela consigo a cualquier lugar para iniciar una nueva vida, sabía que no tenía nada que ofrecerle, pero sabía trabajar, saldría adelante por ella y se encargaría de nada le faltase a su Candy. Si, debía escribir a Terry y si no había respuesta, viajaría a confrontarlo y a casarse con Candy, tal vez con el tiempo ella lograría amarlo y serían una familia, con un difícil comienzo pero una familia al final de cuentas.
Poco le importaba que Candy hubiera estado con Terry y el no fuera el primer hombre, no era tan machista para pensar que el valor de su pequeña estaba en esas nimiedades, él le demostraría que la amaba y que lucharía con ella por su futuro juntos, como una verdadera familia, la que tendrían en ese momento si hubiera hablado la noche que ella partió rumbo a New York, en busca de su supuesto amigo, pero calló porque era lo correcto, ahora se lamentaba de su decisión de verla partir, si tan solo hubiera, pero ya no podía lamentarse y era el momento de hablar con la verdad a Terry.
Chicago, mayo 1917
Terry:
Me atrevo a escribirte en nombre de la amistad que un día compartimos, aunque yo no la recuerde, soy un hombre de principios y pienso en verdad que si algún día fuimos tan buenos amigos, es porque definitivamente tú debes tenerlos.
Sé que las cosas en tu vida se han complicado, he leído los tabloides, y al no tener respuesta de Candy desde hace meses, te escribo a ti, para que hagas lo correcto, por ella y por ti, entiendo todas las dificultades por las que atraviesas en este instante, pero también he visto que no has sido del todo correcto con estas mujeres y en especial con nuestra Candy.
Sobra decirte que Candy es la persona más buena y virtuosa de esta tierra, y por ello creo te has tomado ciertas libertades que no son propias para con ella y en este momento es necesario que le des el lugar que le corresponde a tú lado, una deuda de honor no se equipara a una de amor, y Candy se ha quedado a tu lado por amor, no sé si ella sabe de Susana, no ha mencionado nada en sus cartas y hace mucho tiempo que interrumpió relaciones conmigo y estoy preocupado por mi amiga, ya sabes que el lazo que nos une es muy fuerte y siempre estaré en deuda con ella.
Mientras me escribió se leía feliz de estar a tu lado, pero aun así debes saber que la sociedad en la que vivimos no perdona, no dudo de ella, y entiendo que quiera estar a tu lado, tampoco dudo de tus intenciones, sin embargo, te exhorto a que formalicen su relación lo más pronto posible, pidas su mano a su padre adoptivo y nos extiendas la invitación con fecha y hora de tus nupcias con Candy.
Albert.
Abril 1917.
Candy se levantó de su cama abruptamente, la habitación daba vueltas, y su estómago hacía arcadas, como pudo caminó hasta el baño, en dónde alcanzó a vaciar el contenido de su estómago justo a tiempo.
Se sentía cansada, mareada y con mucho sueño, tal vez estaba deprimida, extrañaba a Terry, quien estaba en una pequeña gira.
Buscó un vaso de agua y dio un pequeño sorbo. Esperaría a que pasaran unos días, y si no mejoraba buscaría una clínica.
Dos semanas después, Diana, la chica que le ayudaba, la encontró al pie de la escalera inconsciente, llamó al médico de inmediato, e hizo lo posible por ponerla cómoda en el piso, no podía moverla, y estaba ella sola.
Él médico, un hombre joven, la revisó, y después de asegurarse que estaba bien la llevó en brazos a la sala, pasó sales bajo su nariz, y la hizo volver en sí.
Candy batalló para enfocar su mirada, y se dio cuenta que tenía frente a ella a un desconocido.
Señora…
Candy.
Bien, señora Candy, le tengo una noticia que seguro hará feliz su esposo…
Candy lo miró confundida y vio el brillo de amabilidad en los ojos del médico. Él asumía por cortesía que estaba casada, y su elección de palabras solo podía significar una cosa.
Estoy embarazada. – le dijo ella ausente.
Así es señora, y milagrosamente no le sucedió nada al caer de las escaleras. Debe cuidarse, y tomarlo con calma. Le dejaré aquí instrucciones y receta, sí algo se le ofrece, no dude en mandar por mí. Felicidades señora Candy.
Gracias doctor…
Jones, estoy a sus órdenes.
Candy no osó moverse, estaba embarazada… tendría un hijo de Terry.
No vio a Terry sino hasta pasado un mes, se había ido de gira y aunque Eleanor fue a visitarle, ella no dijo nada.
La noche que Terry regresaba ella preparó una cena para él, se puso su mejor vestido y se arregló, le daría la noticia de que serían padres, y de seguro él le diría que debían casarse cuanto antes.
Él llegó con un ramo de lilies, depositó en sus labios un suave beso y entró a la casa.
Pecosa, te extrañé. – le dijo mientras la atraía a él en un abrazo y con sus manos recorría su cuerpo.
Terry… - ella correspondió al beso.
Déjame hacerte el amor, me has hecho falta. –
Terry, debemos hablar… -
Después… - él ya la llevaba a su habitación.
Terry, no podemos…
¿Estás menstruando?
No…
Entonces no veo el inconveniente. – dijo, mientras luchaba con las manos de ella y las vencía, desabrochando su vestido y dejándola en ropa interior, la contempló por un segundo, se veía más hermosa, sus curvas más redondeadas, sus senos más abundantes, cada día era más mujer.
Seremos padres. – le dijo ella mientras lo empujaba suavemente.
¿Qué dijiste? – la nota de incredulidad y desagrado era palpable.
Estoy embarazada. – le dijo ella con una sonrisa, aunque el tono de él había hecho que su corazón diera un vuelco.
¿Cómo? Eso no puede ser… - ella pasó por alto su falta de entusiasmo y continuó.
Debemos casarnos pronto, no debo tener más de un mes. Podemos vivir en tu departamento…
No Candy, alto, pecosa, no podemos tener un hijo ahora… - le dijo él seriamente.
Los hijos no llegan cuando uno los quiere, simplemente llegan.
Sí, lo entiendo, pero en verdad no puedo ser padre ahora, eso acabaría con mi imagen y con mi carrera. -
¿Qué pretendes que hagamos entonces? – le dijo ella molesta.
Terry respiró profundo y se llevó las manos al rostro, sabía que lo que iba a decirle iniciaría una pelea, otra más en la larga lista de desacuerdos que habían tenido una y otra vez, pero no había otra forma, no estaba dispuesto a echar por la borda lo que tanto trabajo le estaba constando, y no estaba listo para ser padre. Lo mejor era decírselo de una vez, aguantar el berrinche, ponerla en su lugar y hacerla entender.
Candy, no podemos tener un bebé ahora, arreglaré todo para… hay una mujer que se deshace de este tipo incomodidades….
NO LO DIGAS, POR SUPUESTO QUE NO… ¿QUÉ TE PIENSAS? – le dijo mientras con su usual impulsividad se lanzaba sobre él, él la contuvo tomándola con fuerza por las muñecas. No le respondería igual, no alzaría la voz, la haría entrar en razón, pero la decisión estaba tomada, si ella quería seguir con él debía deshacerse del bebé.
Candy, escúchame, hay un hospital, dónde se encargan de dar en adopción a bebés como el tuyo… si no quieres interrumpir el embarazo haré lo necesario para que… - u ella forcejeó mientras le gritaba.
¿ADOPCIÓN? JAMÁS DEJARÉ A MI HIJO EN ADOPCIÓN, TE HAS VUELTO LOCO.
Somos muy jóvenes, un niño no es parte de nuestros planes, después tendremos más… - intentó el razonar y mantener la calma… su indiferencia la volvía loca.
DEBO SUPONER QUE UNA BODA TAMPOCO ES PARTE DE TUS PLANES ENTONCES…- el agarre de él era tan fuerte que le hacía daño, pero no había nada que ella pudiese hacer para soltarse.
No ahora pecosa, haré los arreglos necesarios, podrás pasar tú embarazo tranquilamente en ese hospital o aquí en la casa, como tú lo ´prefieras, después de que hayas dado a luz y te recuperes, entonces podremos hablar de hacer arreglos diferentes. - no le dio oportunidad de decir nada más, la sentó bruscamente en la cama, con violencia apenas contenida que la asustó e instintivamente la hizo llevar sus manos a su vientre de manera protectora, él la vio por un segundo, apretó los puños y simplemente salió, se fue dejándola sola.
Para Candy no habían sido meses fáciles, las constantes ausencias de Terry por cuestiones de giras y eventos sociales a los que jamás estaba invitada, la hacían sentirse sola, había roto todo tipo de relación con su pasado, sus madres, Albert y por sugerencia de Annie con los Andrew, estaba sola y arruinada, por su culpa, su estupidez y su afán de madurar a la fuerza.
Todas y cada una de las personas que le importaban se lo habían advertido, le habían dicho que no fuera por ese camino, que solo traería soledad, desgracia y calamidades, pero ella había sido demasiado terca y en nombre del amor había permitido que la usaran, que la rebajaran al nivel de amante de turno de una celebridad, claramente Terry no la amaba, nunca la amo, solo fue su juguete de turno y ella como estúpida se había no solo entregado a él una vez, sino que había sido una ramera en sus brazos.
Dios, el peso de sus decisiones y estupideces pesaban como el plomo, lo había perdido todo, por nada, por promesas, ilusiones y decepciones, su vida al lado de Terry había resultado dolorosa y solitaria, jamás la había visto como la madre de sus hijos, como su esposa, como su compañera, es más ni siquiera como su amiga.
Hoy, embarazada de Terry, su última esperanza se había hecho añicos, debía asumir las consecuencias de sus actos, tendría un hijo, y no tenía un hogar que ofrecerle. El padre de su bebé lo negaba, lo rechazaba, lo veía como un inconveniente para su carrera, para sus planes para sus amantes, en su egocentrismo era incapaz de darse cuenta qué estaba actuando peor que el padre que él había juzgado toda su vida.
Dolorosamente comprendía, que ella jamás tuvo cabida en la vida de él y como huérfana que era, no se explicaba cómo alguien no podía querer a su propia sangre, se había equivocado en todo con Terry, él no era un caballero, era un maldito egoísta, ahora lo comprendía todo, sus amigos, hasta su propia madre, Eleanor habían intentado hacerla reaccionar y ella, se había negado a comprender lo que era más que evidente, Candy White había sido reducida a ser la amante convenientemente escondida del gran Terruce Grandchester.
Ahora, solo le quedaba velar por esta nueva vida, su embarazo debido al golpe sufrido por su caída de la escalera era de alto riesgo y debía sacar su hijo adelante sola, se lo debía, pero, ¿qué podía hacer? solo contaba con 17 años, no tenía familia, amigos, no tenía futuro, todo su futuro se había ido por esa puerta al salir hecho una furia y ¿todo por qué?, por algo que debía hacerlos felices al ser el producto de su amor, bueno el amor de ella, ya que empezaba a sentir que el amor de Terry jamás lo había tenido.
No contaba con absolutamente nadie, por Terry había hecho a una lado a todos sus amigos, su familia, sus madres, Dios, ¿qué iba a hacer?, ¿a dónde iba a ir?, no podía regresar a Chicago y como nunca, pensó e Albert en que tal vez la apoyaría con todo esto y con algo de suerte le ayudaría a criar a su hijo como una familia, pero... no, no debía ser egoísta, no lo merecía, había errado el camino, había actuado contrario a los designios de Dios, a sus principios y la vida le demostraba una vez más que cuando haces las cosas mal, siempre recibes un castigo, esta era su cruz, su penitencia. Tener un hijo sola, a merced del estigma social, un hijo que jamás conocería a su padre, porque su padre lo despreciaba, un hijo de una madre que no era más que una perdida.
