Disclaimer: Los personajes pertenecen a Takeshi Konomi.
-.-Ponta-.-
Sakuno respondió el saque con dificultad.
No tuvo tiempo de respirar cuando nuevamente la pelota llegó hasta su lado y tuvo que responder. Había mejorado bastante con respecto hace un mes atrás donde perdía muchas pelotas fáciles, y ahora por lo menos, el partido duraba más de lo pensado. Era un simple juego de práctica que la ayudó a tener más autoconfianza, y sobre todo, a mejorar sus habilidades; incluso la entrenadora del club de tenis femenino de la escuela, había alabado su nuevo avance. Se sentía muy feliz.
Debía que agradecer a la persona que se tomó el tiempo de entrenar con ella en este mes. Ryoma Echizen.
Realmente todo se trató de un malentendido con su abuela, quien por accidente leyera una hoja de su diario personal, donde estaba remarcado que le gustaba Ryoma. Por más que trató de justificarse de mil maneras por la bochornosa situación, le fue imposible convencerla de lo contrario. Después de mucho insistir con el tema, le prometió que le guardaría el secreto. Sin embargo; un día de camino a su práctica extracurricular de tenis, se encontró con Ryoma; aludió que le ayudaría con sus prácticas, y que no era necesario que asistiera a la escuela.
Se quedó boquiabierta, pero todo cobró sentido. Su abuela seguramente le insistió a Ryoma que entrenara con ella, con el objetivo que compartieran más tiempo. No por nada era la entrenadora del club de tenis masculino.
Al comienzo tuvo que pasar vergüenza pública porque entrenaban solos, y nada quedaba en secreto en las pistas de tenis callejero donde se encontraban. Más de una vez tuvo que aclarar que sólo eran amigos. Situaciones que le empujaban a querer decirle que desistiera de entrenarla, pero que chocaban con la felicidad que sentía cada vez que lo veía. Le gustaba que Ryoma ya no se quejara de sus largas trenzas, y que notara su progreso al no criticar muy seguido su postura en el tenis; sobre todo, le agradaba que al final de cada partido del día, sacara dos latas de ponta de su propia bolsa de raquetas.
Como si comprara una lata especialmente para ella.
—Ryuzaki.
Despertó de sus pensamientos al escuchar su apellido. Tratando de recobrar la concentración, corrió hacia adelante para responder la última pelota que llegaba cerca de la red. En el apuro dio un traspié, y cayó en medio de la pista de tenis.
—¡Oh!
—¿Estás bien? —Se acercó Ryoma.
—L-Lo siento. —Se avergonzó por la falta de concentración—. Estaba cerca…
—Tonta —profirió. Se acercó la red, y en un salto, traspasó hacia el otro lado—. Debes tener cuidado.
—Sólo tropecé —expresó adolorida. Hizo fuerza para arrodillarse, pero sintió los brazos alrededor de ella, ayudándola a levantarse. Se avergonzó—. R-Ryoma-kun, estoy bien.
—Tomaremos un descanso —suspiró y se acomodó la gorra.
—N-No. —Negó con la cabeza. Se sacudió la falda—. Aún puedo seguir.
—Está sangrando…
—¿Eh?
Siguió el dedo de Ryoma que le hizo una seña para que mirara hacia abajo, y notó que en una de las rodillas tenía un raspón. Se exaltó cuando vio que un pequeño hilo de sangre bajó por la pierna. Se culpó el no tener cuidado y ponerse a pensar cosas sin sentido mientras practicaba tenis con Ryoma.
Haciendo un mohín de dolor, dio un par de pasos, pero no contó con que Ryoma la tomara de un brazo y lo colocara sobre sus hombros, haciendo soporte para que pudiera caminar. A pesar de la vergüenza, aceptó la ayuda; los dos caminaron hasta la banca a un lado de la pista de tenis.
Con cuidado se sentó, llegó hasta su bolso, y rápidamente buscó los implementos para poder limpiar la herida. Usó unos paños húmedos para desinfectar el área de la rodilla, echó un ungüento incoloro sobre el raspón, y colocó una tirita con dibujos de ositos, que era la única que le quedaba. A ese paso se volvería una experta en primeros auxilios. Felizmente la herida no era tan grande.
Esperaba que en unos días estuviera totalmente curada.
—Ryuzaki —llamó Ryoma—. Toma.
Parpadeó confusa al no procesar bien lo sucedido. Notó como una lata vino volando hacia ella. Trató de hacer fuerza contra el objeto para que se le escapara de las manos, y lo apretó fuerte contra el pecho, para que no cayera. Suspiró aliviada.
—Estás muy lenta hoy.
—Mou… Ryoma-kun lo arrojó sin avisar —se quejó.
—Tu mente está en otro lado.
—¿Ah? —Se sorprendió por la acotación, y recordó sus pensamientos cuando estuvieron jugando—. N-No es nada. —Volteó la cabeza a un lado para ocultar su sonrojo—. Gracias.
Sin otro comentario, abrió la lata de ponta y bebió un sorbo del contenido. Hace un mes que comenzó a tomar lo que él le ofrecía, que se estaba acostumbrando al sabor de la uva. Era una sensación diferente saber que se acordara de traer otro para ella.
Sonrió sin razón aparente, pero se le desvaneció al girar la vista hacia Ryoma, y se sorprendió que no lo viera tomar de su bebida. No traía otra lata. El sentimiento de ser especial se desvaneció de un segundo a otro.
—¿Tú no tomarás? —preguntó, inocente.
—Olvidé la otra lata en la escuela.
—¡Oh! —Le volvió el alma al cuerpo. Suspiró aliviada al saber la razón—. Y-Yo puedo compartir del mío.
—Déjalo así.
—En serio, Ryoma-kun —insistió. Le extendió el brazo con la lata de ponta abierta—. No me molesta.
—Ok —aceptó, escueto.
Sonriente, le pasó la lata, que él tomó sin chistar. Lo vio llevárselo a los labios, y entonces cayó en cuenta de algo que no estaba en sus cálculos. Ella había tomado primero de la lata de ponta, y ahora él haría lo propio. Se crispó nerviosa ante lo que iba a ocurrir en los próximos segundos. Ryoma y ella compartirían lo que sería su primer beso indirecto. No sabía si estaba preparada para este momento.
Fue como una cámara lenta, en el que ella se apretaba las manos totalmente ansiosa mientras Ryoma acercaba la boca a la abertura de la lata para beber.
El momento nunca llegó porque escucharon el apellido del muchacho que retumbó por las pistas de tenis. Olvidándose de la lata, miraron hacia un lado del parque, y notaron como Horio, salió de entre unos arbustos. Corrió hacia ellos como si lo persiguiera alguien.
—¡Echizen! —gritó, Horio—. ¡Agua!
Llegó hasta ellos con la boca completamente roja. Le quitó la bebida a Ryoma, y empezó a tomársela. Sus ojos se abrieron de par en par al notar ese detalle que la hizo entrar en un estado de desconcierto total. Sólo prestó atención a un sediento Horio que bebía con vehemencia la lata de ponta. La lata de ponta que ella había probado minutos antes.
Su mundo de fantasía se le hizo trizas.
—¡Ah! Me siento mejor —exclamó Horio, respirando rápidamente después de tomar la lata—. ¡Me salvaste la vida, Echizen!
—Che' —maldijo Ryoma entre dientes.
—Lo siento —rió nervioso—. Estaba caminando por el parque y compré un pan con picante sin darme cuenta.
—Mada mada dane.
—Creo que esta vez tienes razón. —Se rascó la nuca nervioso—. Siento malograr tu cita con Ryuzaki.
—No lo es. —Ryoma bajó la visera de su gorra.
Sakuno no pudo responder porque siguió pasmada con lo ocurrido.
No podía creer que su primer beso indirecto, se lo llevara Horio.
-Fin-
N/A: Un tema cliché XD (?)
¡Gracias por leer!
