Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.
Por primera vez en mucho tiempo me sentí otra vez como una niña: Pequeña, desamparada, asustada. No sabía por que, pero mi mente quería obligar a mi cuerpo a huir de ahí, pero no podía. En vez de eso, mis pies quedaban fijos al suelo.
Tragué saliva, tratando de recomponerme. Aun así, el pesado mareo que acababa de invadirme amenazaba con aflojar mis rodillas y hacerme terminar en el suelo.
-Sylvia -repetí, y fije mi mirada en los ojos de la rubia-. Tu... tu varita. La habías dejado sobre la mesa.
-Oh... Gracias, Katie -Se acerco con una sonrisa amplia hacia donde estaba y me arrebato, prácticamente, su varita. Sus tacones sonando detrás de mi me indicaron que nos había dejado a mi y a Oliver solos.
Nos miramos a los ojos, como intentando reconocernos. Me sentía expuesta, intimidada. Pequeña, ante aquellos ojos oscuros que me analizaban y que en ese momento, eran todo mi mundo. Todo lo que veía, todo lo que sabía.
-¿Katie Bell? -La voz de mi ex capitán era grave y ronca -Tu... Katie, creí que...
Se cortó a si mismo en medio de la frase. Trate de descifrar sus ojos, su aparente sorpresa y su voz ahogada, pero yo misma me sentía mareada y sin ganas de pensar demasiado.
-Oliver -dije, y le pedí a mi cuerpo que se comportase con naturalidad, dando un par de pasos hacia él -Tanto tiempo sin saber de ti.
Cordial, pero no tan familiar. Incluso algo fría, poco natural, en la posición en la que estaba, a unos cuantos metros de distancia y sosteniendo mi pequeña cartera con ambas manos, casi aferrándome a ella con fuerza para liberar tensión.
Se paso la mano por su pelo, viendo al suelo, para luego regresar su mirada a la mía.
-Se decía que habías muerto.
-Me pillaste. Te confieso que soy un Inferi.
Una carcajada del hombre me hizo relajarme. El ambiente, tan tenso que se podía hasta rasgar con las manos, se había distendido un poco.
-Pero estás viva -repuso con sus ojos brillando tanto que parecía que tuviesen luz propia.
-Evidentemente.
Lanzó una sonrisa ladeada. Era increíble ver lo mucho que había cambiado pero lo igual que se mantenía. Ese no era el mismo Oliver, pero aun veía en él los trazos del chico de dieciséis años que en mi adolescencia me había robado el sueño.
-¿Qué fue de ti? -preguntó.
Traté de resumirle mi vida sin el en tres líneas. Damyan, el accidente, la ida a Colombia. Seca, sin querer dar demasiados detalles.
-Por eso muchos creyeron que desaparecí. Me avergüenza un poco, siento como si hubiese escapado… Aunque fue mi madre quien insistió con el tema.
- Deberías entenderla.
-La entiendo más de lo que creí. Una mujer forzada a vivir en un mundo al que no pertenece, buscando en su hija algo con que identificarse para no estar tan sola.
Oliver me sonrió, y yo a él de vuelta.
-Me voy tres minutos y ya te veo con otra.
Ese tono de voz, a pesar de todo, era bromista, como quien le hablaba a un niño pequeño. Volteé a ver a quien hablaba, y me encontré con una mujer de mandíbula cuadrada y hombros erguidos.
-Al -sonrió mi ex capitán-. Ella es Katie. Katie, ella es Alexa, mi novia.
Cuando Oliver mencionó su sobrenombre, lágrimas acudieron a mis ojos sin yo quererlo. Al era el nombre que recibía Alicia, y esta mujer no tenía nada que ver con la menuda y sonriente chica que murió dando su vida por el prójimo.
Creo que la odié en ese momento solo por el hecho de que Oliver la llamara de esa manera, por ridículo que suene. Por eso y porque verla me dio una sensación extraña de que las cosas no eran como debían ser.
Reprimí aquella sensación y la examiné, curiosa. Creo que era la primera novia formal de Oliver. Usaba el cabello por arriba del nivel de la barbilla, oscuro y ondulado. Estatura normal. A primera vista era común, pero detallándola se hacía una mujer atractiva.
Como sea, nunca nos llamamos por apellidos. Desde ese día fuimos "Alexa" y "Katie" respectivamente.
-Encantada -fue todo lo que pude decir.
-El gusto es mío. ¿Eres amiga de Sylvia?
-De hecho, esta Katie es... Es de la que te hable, mi ex compañera de equipo.
-Oh, Katie Bell -La mujer fijo sus ojos grises en mí, como si me viese por primera vez-. ¿Juegas con Oliver?
-Jugamos en el colegio. Ahora estoy con el Montrose Magpies.
-¿En serio? -Oliver sonrió con aquella franqueza que también había tenido en sus años adolescentes-. No sabía. Felicidades, Katie. Lo llevas deseando toda la vida.
Algo me molestaba y era como él se había referido a mi: "ex compañera de equipo". No "mejor amiga" ni nada del estilo.
Alguna vez fuimos amigos, aunque el quisiera negarlo.
-¿Cuánto tiempo llevan juntos? –pregunté para desviar el tema.
-Cerca de un año… -Oliver se rascó la nuca. Ese gesto tampoco se había ido. Lo usaba cuando se olvidaba de algo y se sentía nervioso por ello.
-Año y dos meses –respondió entonces Alexa algo distraída, examinándome a mí con curiosidad.
Sonreí, muy a mi pesar. El mareo no se había ido y por alguna razón, me sentía invadida por un sentimiento negativo. Aparte, Oliver y su novia me observaban tan intensamente que creo que incluso me sonrojé y bajé la cabeza.
-Vivimos juntos –siguió diciendo ella-. Oliver, tienes que invitarla algún día de estos. ¿Qué dices de venir el próximo viernes?
Tarde un poco en procesar la invitación. Subí entonces mi rostro y me crucé nuevamente con la mirada de Oliver, que no se había despegado de mí.
Otra cualidad que no se había ido: Sus ojos seguían siendo hipnóticos, ardientes e intensos.
-N…no, gracias. Tengo entrenamiento todo el día...
-Fija tú la fecha. Oliver me ha hablado tanto de ti…
-¿En serio? –dijeron mis labios sin que yo los comandase-. Es extraño, porque realmente no hemos sabido nada el uno del otro en… cuatro años, diría yo. Más, tal vez.
Todo eso lo dije viendo a sus ojos, como crítica, como reproche. No sabía qué me había entrado. En ese momento no era yo misma, mis instintos y mi inconsciente se habían adueñado de mí.
- Te paso buscando el domingo, que lo toman libre todos los equipos. No se diga más.
Eso me convenció de que realmente Oliver no había cambiado en lo absoluto.
-Pues…
-¡Katie! Merlín, llevo buscándote toda la noche. ¿Qué… quién es él?. ¿Qué haces con él?
Zacharías tenía fama de ser inoportuno, pero esta vez no pudo haber llegado en mejor momento.
-Zach… Él es Oliver Wood. ¿Lo recuerdas? –Esperé un par de segundos, y premeditadamente puse mi mejor sonrisa-. Mi mejor amigo mis primeros años en Hogwarts.
Estas actuando como una bebe, me dije a mí misma. No dejes que te afecte, porque… claro, ha pasado tanto tiempo… sería estúpido seguir sintiendo algo. Por supuesto que no siento nada…
-No me dijiste que tenías novio.
-Es que no lo tengo… Él es Zacharías Smith, otro gran amigo de toda la vida. Ella es Alexa…
-Michaels. Alexa Michaels.
-Un placer –Los ojos zafiro de mi amigo se posaron en mí. Su entrecejo estaba levemente fruncido-. Katie, tenemos que irnos.
-Si… bueno… gusto en verlos. Gusto en conocerte, Alexa.
-Igualmente.
-No olvides la invitación del domingo –recordó Oliver.
No quería ir. Eso era lo único que tenía claro en ese momento.
-No lo haré. ¿Dónde nos vemos?
-¿Erika sabe donde vives?
-Vivo con ella.
-No se diga más.
-Katie… –advirtió el rubio.
-Nos vemos –dije a modo de despedida a mi ex capitán y a su novia.
Zacharías me tomó del brazo suavemente y me dirigió a través de la multitud. Yo me dejaba guiar, demasiado aturdida y fuera de mí misma como para pensar siquiera.
-Katie –dijo finalmente, una vez fuera del recinto. El aire fresco me hacia volver lentamente.
Parpadeé
-Zach.
-Explícame qué pasó ahí adentro.
-Oliver… Simplemente apareció. Primera vez que sé de él en cuatro años –resumí en un suspiro.
-Te afectó¿eh?
-Un poco, sí.
-¿Un poco? Mírate. Estas temblando.
Volví a suspirar. Era difícil poner mis ideas en claro.
¿Qué sentí cuando lo vi?. ¿Por qué el mareo?. ¿Por qué mi rechazo instantáneo hacia Alexa, por mas agradable que fuese?. ¿Por qué los ojos de Oliver seguían hipnotizándome?
-Vamos, Katie –añadió-. Sé que te gustaba en el colegio, es la primera vez que sabes de él desde entonces y tiene novia. Algo tuvo que haberte afectado.
Ah, Zach, siempre tan dolorosamente directo. En ese momento no recordé que jamás le había admitido a mi amigo lo que alguna vez sentí por Oliver… aunque viendo hacia atrás, creo que había sido un poco (demasiado) obvio.
-Sí… -acepté-. Un poco. No sé. –Sacudí mi cabeza.
Torció la boca y pude notar su preocupación.
-¿Quieres hablar de eso?
Lo pensé. Necesitaba poner en claro mis ideas, eso era cierto. Y para ello necesitaba a alguien que me conociera mejor que yo misma.
-Leanne… -dije al fin-. Quiero hablar con Leanne.
-Te llevo a su casa. Agárrame la mano.
No me importaba que pasara medianoche, o que mi mejor amiga estuviese viviendo con otra persona. Cuando Zach decía una cosa, era una orden, no una petición.
Pronto distinguí la pequeña cabañita donde mis dos amigas vivían. Luces prendidas. Mi amigo se acercó a tocar la puerta. Me llevaba aún del brazo.
No hubo respuesta. Me agarro más fuerte y volvió a tocar.
-¡Leanne!. ¡Angelina! –gritó.
-Calla, que tienen vecinos –dije, zafándome.
-Regresó la Katie Bell que conozco –comentó, y volvió a tocar la puerta.
-¿Quién?. ¿Qué pasó, por Merlín? –oí, y me relajé. Quien se oía detrás de la puerta era Angelina. Abrió, y pude notar su entrecejo fruncido-. ¿Ustedes dos no estaban…?
-No hay tiempo, necesito a Leanne ya.
-No es urgente –repuse yo. No necesitaba que Angelina se preocupase.
-A ver. ¿Qué pasó? –preguntó-. Katie, estás pálida. ¿Qué pasó? –repitió.
-Busca a Leanne –pidió Zacharías.
Nos vio una última vez antes de volver a entrar a la casa.
-Si había una forma de hacer que Angelina se preocupase, esa era –le reproché al rubio.
Bajo la tenue luz de aquel pasillo, los ojos de mi amigo brillaban como fuego azul.
-Que se preocupe. Tiene razones.
-¡Por favor! Sólo vi a Oliver y…
-Ahora te parece así porque ya no tiemblas. Esperemos a que llegue Leanne y a que hables con ella.
Esperamos unos cuantos segundos más.
-Aquí estoy –se oyó finalmente la voz de mi amiga, somnolienta-. ¿Qué…?
-Katie, te dejo con Leanne. Mi padre me espera¿está bien?
Asentí.
-Gracias por todo, Zach.
-No hay por qué. Perdón por haberte hecho ir.
Con estas palabras desapareció.
-Para que Zacharías se haya preocupado, tuvo que pasar algo grave. ¿Qué fue, Katie?
No sabía como decirle, así que opte por la respuesta monosilábica:
-Wood.
Me hizo pasar, y cerró la puerta detrás de nosotras.
-¿Lo viste?
Asentí con la cabeza. Sólo pensar en ese momento me hacía latir el corazón al doble de la velocidad.
-Oh, Katie… No me digas que sigues sintiendo algo.
Fruncí el ceño. Esa era buena¿Sentía algo por Oliver, o simplemente el shock de volverlo a ver?
-No se…
Leanne suspiró. Me guió hacia la mesa de la sala comedor, y yo me dejé caer en una silla, viendo el fuego de la chimenea crepitar.
-Realmente no te entiendo, Katie. Por lo que sé, fue tu amigo. Nunca llegaron a ser más. Y aún así…
-…aún así tengo demasiadas preguntas que quedaron sin respuesta, y por eso no he podido dejar de pensar en él. Ni siquiera cuando estuve con Damyan, que lo tenía todo más reciente.
-Eso lo sé. Lo llamabas en voz alta cuando estuviste interna en San Mungo.
Suspiré. Mis sospechas se acababan de ver confirmadas. Mi subconsciente siempre anheló a Oliver.
-No lo entiendo, Katie. Si hubiesen sido más que amigos…
-…lo hubiese dejado hasta ahí y no hubiese pensado más en eso.
-Pero fueron solo amigos. Es decir, ahí no pasó nada…
Bufé. A veces olvidaba de que Leanne vivía sin un trozo de información. Ella pareció notar eso, porque me vio y ladeó la cabeza.
-Katie¿Qué fue lo que realmente pasó entre Wood y tú?
-Nada diferente a lo que sabes, excepto…
-Excepto… -Se sentó al lado mío, viéndome aún con aquella extraña expresión.
-El último día de su último año… cuando nosotras estábamos en cuarto… él… -Sólo recordarlo lo hacía parecer reciente-… Oliver me besó.
-¡¿QUÉ?!. ¿Y por qué nunca dijiste nada?
-Porque… es estúpido, pero nunca supe realmente si pasó… es un momento tan difuso, y no recuerdo nada de los dos días siguientes.
-¿Nada?
-Nada –confirmé.
-¿No es posible que te haya lanzado un hechizo de memoria?
La idea se planteó como nueva ante mí. Y de pronto, me parecía algo tan evidente que me sentí tonta por no haberlo notado antes.
Pero luego vinieron las complicaciones.
-¿Por qué lo haría?
-No lo sé. Yo recuerdo como estabas ese día y el siguiente. Enojada, no hablabas con nadie, ni con él… creo que ni siquiera comiste.
Traté de recordar, pero el hecho de que me fuese imposible sólo confirmaba la idea de Leanne.
Ya tendría tiempo para preguntarle directamente a Oliver.
-¡Vamos!. ¿Qué es eso?
Nuestra directora técnica no estaba de buen humor ese día. Claro que yo tampoco estaba rindiendo, aún con los sucesos de hacía dos noches rondando por mi encéfalo.
Esa mujer era admirable. Dedicaba tiempo a conocer y a tratar a cada uno de sus jugadores. Creía en el caso individual, y que lo que hacía al equipo eran siete individuos con talentos y características distintas. Que la combinación entre éstos era lo que hacía un buen equipo, y que un buen equipo sin tomar esto en cuenta, salía simplemente por cuestión de suerte.
-Ven para acá. ¡Ven para acá, te digo! No tengo todo el día.
Obedecí, y llevé mi Cleansweep 11 al nivel del suelo, al lado de ella.
-¿Dónde quedó la Katie Bell de pases precisos?. ¿La Katie Bell ágil…?
-Ya –Una cosa había aprendido, y es que si no la interrumpías, no escuchaba-. No es mi mejor día…
-No eres una Magpie. No hay días buenos ni malos, solo días con entusiasmo y días sin entusiasmo.
-Es lo mismo.
-Nuestro próximo partido es contra el Puddlemere United y pensaba sacarte de la reserva. O demuestras que eso te motiva o no quiero volverte a ver por aquí.
Sonreí. Creo que apenas escuché el nombre del equipo contra quien jugábamos. Lo asocié a Erika. Luego a Oliver.
-¿Y eso? –fue todo lo que alcancé a decir.
-Eres lo que necesita el equipo en este momento. Alguien que intercepte y pase, alguien agil, alguien atrevido. Entras en ese perfil, así que quiero verte jugar. Además, sé que su guardián era tu capitán en Hogwarts… ¿O me equivoco?
-No se equivoca.
-¿Crees saber como burlar sus defensas?
-Definitivamente, si es que su estilo no ha cambiado. Pero todos los jugadores del equipo ya han jugado contra él…
-No seas tonta. ¿Quieres jugar como titular?
-Por supuesto.
-Entonces no te quejes. Te queda mucho por aprender, Bell. El hombre se comporta con sus habilidades igual que con su propia alma: Las desarrolles o no, la esencia siempre será la misma.
"Damyan:
Sé que soy una mala amiga y merezco ser noqueada por una bludger por no escribirte antes.
No sabes todo lo que me ha pasado desde que regresé de Colombia. Me enteré de que algunos amigos no sobrevivieron a la guerra. Estoy jugando para mi equipo predilecto. Me encontré con Oliver Wood (¿recuerdas que te lo mencioné?) frente a frente y no se cómo, terminé accediendo a ir a visitarlo a él y a su novia el domingo.
Necesito poner en claro mis sentimientos con respecto a… todo.
¿Qué ha sido de ti?
Obicham vi,
Katie"
-¡Katie!... ¡Kate!... ¡Kit-kat!... ¡Kitty-Katie!...
Los apodos, cada vez más ridículos, me estaban sacando del agradable sueño que tenía, dormida en un sofá en la casa de mi padre.
La voz debía ser de Erika.
-¡Kate-Ka…!
-Erika, cállate –me quejé. Mi voz sonó ininteligible incluso para mí.
-Aquí estás, primita…
-Tengo diecinueve. Soy grande.
-Eres una niña grande ya, primita.
-¿Por qué las ganas de fastidiarme ahora?
-Porque me enteré de que tienes cita para el domingo… Por cierto, me mandan a decir que te pasan buscando a las dos.
Tardé en pensar.
-Sí, Oliver y su novia me vienen a buscar porque ella insiste en que quiere conocer el pasado de su novio… y allí estoy yo.
-Oh, verdad que tiene novia. Es una pena.
-¿Por qué? Alexa me pareció lo más de agradable…
-Nunca me cayó demasiado bien. Es demasiado… no se, demasiado mamá para su propio bien. Desde que tienen casa me recuerda tanto a nuestras madres…
-Háblame de ella.
-¿De Michaels?
Asentí.
-¿Por qué esa curiosidad?
-Porque me incomoda salir con alguien que no conozco…
Mentirosa, me dije a mi misma muy a mi pesar. A mí también me daba mala espina esa Alexa. O no… O simplemente era que tenía una especie de prejuicio contra ella…
Con lo agradable que era.
-Bueno, no hay mucho que decir. Muggle, está en la universidad estudiando Publicidad, al parecer conoció a Oliver en un bar… algún cliché de ese estilo. Vive con Oliver, ya sabe que es mago…
-Una historia perfecta –observé.
-Sí, algo así –accedió ella-. Están muy enamorados, eso es evidente.
Y entonces ahí lo supe. Supe qué sentí todos estos días. Las cosas no estaban bien. Yo debía estar en el lugar de ella.
Estaba celosa.
Y eso me hizo darme cuenta de que nunca dejé de sentir algo por Oliver. Algo, por más tenue que fuese, había quedado entre las cenizas. Algo que vivía en el pasado, vivía de recuerdos.
Entré a mi cuarto y decidí poner algo en claro: Mi pasado. Mis álbumes de fotos estaban conmigo, y decidí comenzar por ahí.
Creo que había olvidado lo unida que era con Oliver. Una de cada tres fotos mías era yo con él haciendo cualquier cosa. Mi favorita, recuerdo, era una donde yo conseguía anotarle un gol, y otra donde él me estaba haciendo cosquillas.
Decidí sacar las fotos de mi álbum y decorar las desnudas paredes de aquella habitación. Algunas con él, otras con el equipo, mis compañeras de cuarto, mis amigas… incluso un par con Damyan, y con Granger y Krum. Adriana, Sebastián, las hermanas Sayago. Eventos olvidados.
Fotos con mi madre, mi padre, mis primos. Fotos que reflejaban lo que había sido, lo que nunca volvería a ser.
Pronto mi pared agarro color.
Me alejé a observarla. Llena de vida, de infancia, adolescencia. Alegría.
Era feliz. No era agradable. Era cínica, pero conformista. Era una chiquilla jugando a ser grande. Mi pasado tenía manchas, pero jamás me importo… Era feliz.
Ahora… ¿Era feliz ahora?. Estaba bastante conforme, y mi vida parecía agarrar rumbo, pero algo me faltaba. No era una tragedia, no estaba deprimida, no me estaba muriendo… simplemente algo me faltaba.
Quizás la desaparición de mi padre, de Lee, la muerte de Alicia… Quizás el haber perdido a un amigo cuando recién comenzaba a crecer… Quizás que había aprendido a ver todos los matices de colores que ofrece la vida, no solo el blanco y el negro.
Quizás fue, simplemente, que maduré.
"Katie:
Un gusto enorme oír de ti. Comprendo que hayas estado ocupada.
Me preocupa tu encuentro con ese individuo. Soy de los que cree que un sentimiento puede durar eternamente… Pero ten cuidado. Puedes estar enamorada de un recuerdo.
Yo te diría que no te compliques. Pasará lo que tenga que pasar. Solo mantenme informado.
Sigo trabajando para el Departamento de Cooperación Mágica Internacional del Ministerio de Magia en Bulgaria. Tuve que recibir a una bruja estadounidense y tengo la impresión de que le agradó la estadía (Sé que dirías tú: que le agradé yo, más bien). Yo solo espero que eso se traduzca en una promoción y por ello, en un aumento de sueldo. El alquiler está por los cielos.
Obicham vi,
D.Z"
-Menos mal que no es una cita¿Eh, Katie?
-No se de qué hablas.
-¿Entonces por qué llevas una hora arreglándote?
-Porque… no sé. Me dio.
-Qué excusa tan patética. Vamos, era tu amigo y se ve demasiado bien como para ser sano. Algo tiene que llamarte la atención.
Suspiré, dejando el delineador sobre el tocador de mi baño. Erika simplemente estaba sentada sobre el inodoro, riéndose de mi ansiedad.
-Entré a tu cuarto. Vi las fotos. Hablan más de ti misma de lo que a ti te gustaría.
No respondí. Me alejé del espejo y examiné mi reflejo. Me gustaba. Volteé a ver a mi prima, dedicándole toda mi atención.
-Oliver y tú tuvieron algo en el colegio¿no?
Esa semana, mi pasado amenazaba con perseguirme. No solo verlo, no solo las fotos que abrieron viejas heridas. La gente me volvía a tratar como si yo tuviese catorce o quince años.
No se cómo, Leanne, Zacharías y Erika comprendían que las cosas me dolían (porque era dolor lo que estaba sintiendo) igual que cuando me habían pasado.
-Éramos mejores amigos –respondí escuetamente antes de salir del cuarto de baño.
-Pero tú estabas enamorada de él.
-Sí, Erika, estaba enamorada de él. Ahora dedícate a tus cosas. ¿No tienes un novio del que ocuparte?
-Vengo de ahí.
Rodé los ojos. La convivencia con mi prima estaba resultando ser prácticamente imposible. Vigilaba mis horarios, mis salidas, entradas, interrogaba al pobre Zacharías cada vez que me venía a buscar y supe esta vez que tenía que estar lista a tiempo para poder sacar a Oliver de ahí lo más rápido posible.
Fui al cuarto de mi prima, donde estaba el único espejo de cuerpo completo de toda la casa. Me miré por enésima vez.
-Maldita sea¡Que estás bien! –me aseguró el simpático espejo-. No entiendo qué tanto te miras. Que quieres que te diga¿Que pareces Miss Universo?... ¡Sonríe por el amor de Merlín, niña!
No pude evitar reír. Ese espejo siempre me había causado gracia.
-¿Ves? Mejor. Ahora sí estás perfecta. No te hagas más nada.
Igual no me hubiese dado tiempo.
-Katie, Oliver te busca.
Mi prima entró a su cuarto, donde yo estaba, y me guiñó un ojo.
Insoportable, pensé, saliendo y encontrándome con el guapísimo guardameta del Puddlemere United.
Sonrió al verme, y se levantó del sofá donde estaba sentado.
-Vaya casita que tienen –Fue su modo de saludarme.
Yo también sonreí, tratando de que mis manos no temblaran. Hasta este momento, no había tomado conciencia de que pasaría todo un día con Oliver. Aquel de quien me había enamorado, aquel que no me había escrito.
-Era de mi padre. Nuestra casa quedó destruida por la guerra y tuvimos que venir acá.
Se hizo un silencio incómodo. Podía sentir la presencia de Erika a mis espaldas, y tenía la extraña sensación de que ella sabía qué estaba pensando en ese momento.
-¿Vamos? –dijo Oliver.
Caminé hacia donde él estaba.
-¿A dónde vamos?
-A nuestra casa. Vivo con Al en el sur de Inglaterra.
Ser mago te daba la ventaja de poder moverte por todo el Reino Unido e Irlanda con comodidad. Yo me desplazaba diariamente de Irlanda del Norte a Escocia. Así, un viaje como el que iba a hacer era lo mismo que ir y llamar a la puerta del vecino de en frente.
-¿A dónde hay que aparecernos?
-Nada de eso. Odio aparecerme –me retó él. Podía decir que era un reto por como me miraba, con una media sonrisa y ambas cejas alzadas- ¿No tienes polvos flu?
-Estás loco. Yo no me voy por red flu. Nos tomaría siglos entre toda esa…
-Entre cuento y cuento –interrumpió Erika-, la comida se le va a enfriar a Alexa. Merlín sabe que es una excelente cocinera y que se va a enfadar si no llegan a tiempo.
Ya entendí por qué le recordaba a nuestras madres. Ya podía ver a la mujer de cabellos cortos con un delantal, un cucharón en una mano y una olla en la otra.
-Te complaceré porque eres la invitada –cedió él-. Pero dame la mano… si no conoces el lugar no puedes aparecerte.
Lo obedecí. Su mano, envolviendo la mía, me dio un ligero escalofrío que traté de que él no notara. Creo que lo notó, porque me sonrió milésimas antes de desaparecernos y reaparecer millas al sureste. O eso me pareció.
Estábamos en un lugar que identifiqué como las escaleras de emergencia de algún edificio.
-El único lugar donde no pueden vernos si nos aparecemos es aquí. Por eso prefiero la red flu.
Me encogí de hombros y le seguí hasta que llegamos a una puerta en concreto. Golpeó tres veces, con fuerza tal que me hizo pegar un brinco del sobresalto.
Noté que aún me tenía agarrada de la mano. Me zafé.
-Voy, voy… -se oyó decir desde adentro, y la puerta se abrió revelando a una Alexa Michaels casi irreconocible, de cabellos despeinados, ropa holgada y grandes ojeras-. ¡Hola! Katie, necesito que me disculpes. He tenido tanto que hacer estos días que…
-Tranquila –la interrumpí, observándola con cierta diversión-. Todas tenemos días así.
Me hizo pasar. Era un apartamento decente, muy por el estilo del que Leanne y Angelina compartían. Una sala comedor, un baño, un bacón, una habitación.
-¡Benditos sean ustedes los magos por no tener universidad! Daría lo que fuera por tener ya mi título…
-Y entonces trabajarás, e igual estarás ocupada. No puedes tener todo en la vida, Al.
La mujer suspiró y se dejó mimar por su novio, que le dio un beso en la frente y luego uno en los labios.
¿Es mi imaginación, o se estaban portando casi como una pareja casada?
Fue mi turno de suspirar, dirigiéndome hacia el balcón. Huyendo. Abrí las cortinas y salí, sonriendo ante el aire fresco.
Amaba el frió de forma loca. Y cuando digo "loca" es porque recuerdo con extrema gratitud y alegría aquella vez que me perdí en Hogsmeade, a -15 grados centígrados. Estaba con los gemelos y Lee.
Claro que ahora sólo era el aire fresco de comienzos de otoño. Lo que me hizo mantener la sonrisa fue la vista. Kilómetros de mar, una magnífica costa, y unas cuantas casas y edificios más pequeños hacia los lados.
No supe cuanto tiempo estuve ahí. Mi nariz sentía el ardor que venía con aquel frío. Mis manos estaban guardadas en los bolsillos de mis jeans. Mis ojos fijos en el horizonte.
Me coloqué mis manos sobre mi nariz y me giré. Mis ojos tropezaron con otros, los de mi ex capitán, y pude haberme caído por el balcón del sobresalto.
-Sabía que te gustaba el frío, pero para todo hay un límite. Tienes pinta de estarte congelando.
-No hace tanto frío…
-No has cambiado nada¿cierto?
-Un poco. Tú tampoco has cambiado demasiado…
-Un poco –secundó él-. Oye, permíteme disculpar a Alexa. Ella normalmente no es mala anfitriona… Empieza mañana semestrales.
Hice una mueca. Tener complejo de madre y estar en la universidad a la vez no era una buena mezcla.
-Tus novias siempre son iguales –observé.
-¿Cómo así?
-Al menos las dos que conocí en colegio… no eran tus novias en el estricto sentido de la palabra, pero ambas te trataban como si fueras su hijo y ambas se sorprendieron al notar que no tenías tiempo para ellas por el Quidditch.
Rió.
-En este caso… Lo de Alexa va para largo. No nos vemos el tiempo suficiente, ella tiene sus clases y yo mis entrenamientos.
-La quieres¿eh?
-Muchísimo. Soy muy afortunado al tener a alguien como ella a mi lado.
No tuve tiempo de procesar esta información debidamente porque la susodicha nos llamó a comer.
-No entiendo como te gusta este clima –Alexa estaba terminando de colocar las bandejas de comida en la mesa-. Yo solamente soy completamente feliz en verano.
-A mi me fascina. El clima en Bogotá se parece mucho a éste.
Arrugó la nariz.
-¿Eres de afuera? Creí que…
-Mi madre es de Barranquilla, Colombia, pero está viviendo en la capital.
-¿Y en qué está tu padre? –la pregunta la hizo Oliver. Lo miré a los ojos.
-Muerto –suspiré. No desaparecido, sino muerto. Ya a estas alturas si alguien no había aparecido, era porque simplemente no iba a aparecer jamás.
La boca de Oliver se abrió un poco delatando su sorpresa.
-Lo siento, Kate.
Me encogí de hombros. Se hizo un silencio algo incomodo, que me vi en necesidad de romper como si el mismo no existiese.
-Era Auror. No trabajaba para el Ministerio sino para no se qué organización secreta…
-¿La Orden del Fénix?
-No, no creo. No respondía a órdenes de Dumbledore.
Nos dedicamos a hacer un necesitado silencio y degustar la comida. Mi prima tenía razón: Esta mujer podía hacer algo tan sencillo como un sándwich de queso, e igual ibas a jurar que era el mejor sándwich de queso que te habías comido.
-¿Qué has sabido de la gente del equipo? Sé que Roger Davies tiene un negocio en el Callejón Diagon, igual los gemelos… Angelina sigue con las Harpies… pero de resto…
-Alicia y Lee muertos. El resto siguen ahí, Fred saliendo con Angelina, George deshecho y Leanne saliendo adelante con las uñas.
-Una persona admirable esa Leanne.
Asentí con la cabeza, coincidiendo. Su apariencia era la de una chica de quince, pero era la mujer más fuerte que había conocido en toda mi vida.
Exceptuando a mi madre.
Comenzó a sonar el teléfono, cosa que nos sobresaltó a los tres. Oliver se levantó automáticamente a responder la llamada. Yo levanté mis ojos de mi plato y me encontré con una Alexa sonriente.
-Tenías hambre –observó.
-No desayuné. Tú sí que sabes cocinar… Ya mi prima me lo había advertido.
-Bell… Erika Bell¿no?
Asentí con la cabeza antes de tomar un trago de agua.
-Es como una hermana para Oliver –Su voz me sonó a lamento, por lo que fruncí el ceño-. Cuando conocí a Oliver, era una persona muy cerrada, con demasiados demonios. No habla nunca de nada relacionado a Hogwarts.
-¿Dónde se conocieron?
-En King's Cross. Mi hermanastro es mago. Fuimos a recogerlo y lo vi, histérico. En esa época me las daba de psicóloga y me acerqué a hablarle. No hablamos demasiado, sólo lo suficiente hasta que se calmó. Después de eso me contactó vía lechuza, nos seguimos viendo, y el resto de la historia es obvia.
Hice una mueca que no quería significar nada en específico.
-Es una persona mucho más alegre desde que se encontraron la otra noche –dejó caer ella.
Fruncí el entrecejo.
-Éramos muy buenos amigos en el colegio. Inseparables –me limité a decir ante el escrutinio al que estaba siendo sometida.
Las dos miramos hacia la cocinita, que era donde estaba el teléfono. Oliver nos vio de regreso y nos sonrió.
-Espero que nos visites más seguido. Doy todo por seguirlo viendo así.
Alexa Michaels estaba realmente enamorada de Oliver.
-Al, es Timothy. Quiere hablar contigo.
La mujer me sonrió y se paró a contestar el teléfono. Mi ex capitán se sentó en frente de mí.
-¿Tienes planes para esta tarde?
-Huirle un poco a mi prima no estaría mal.
-Ya la he oído yo en los entrenamientos –dijo, y puso una voz cantarina muy parecida a la de Erika-: "Katie, con lo linda que es… ¡No ha tenido novio! Y tiene unos amigos tan guapos…"
-No me digas que se la pasa los entrenamientos contando mi vida personal…
-Es muy amiga de uno de los del equipo. De resto, no suele importarle que la oiga. Me considera su hermanito o algo así.
Creo que reí con el solo pensamiento de que Oliver sea mi primo.
-Está obsesionada con encontrarme novio, y yo estoy que la echo del apartamento. Total, era de mi padre.
Se oyó un ruido fuerte: Alexa trancó el teléfono con ira. Su rostro amable se contorsionó en un gesto impaciente. Tomó una mochila que estaba en esa misma repisa y comenzó a buscar entre algunos cuadernos.
-Siento tener que irme… Pero había quedado para estudiar con…
-Tranquila, Al. Yo le explico a Katie. Puedes ir tranquila.
Mi imaginación quería darle alas a la situación. Deseaba creer que Oliver quería estar a solas conmigo.
-Gracias. Perdóname, Katie. Alguna vez te tendré que recibir mejor…
-No te preocupes. Hablaremos bien otro día.
Lo siguiente que se oyó fue un portazo.
Oliver y yo estábamos solos. Tengo que recordar preguntarle lo del hechizo…
-Había quedado para estudiar con unos compañeros para un examen. No se había dado cuenta de que habíamos cuadrado para hoy… así que es más bien culpa mía.
-No me ofende en lo absoluto –aseguré-. Pobres muggles que tienen que pasar por todo ese rollo de las universidades…
-Y pobres nosotros los magos, que tenemos que comenzar a trabajar a los dieciocho.
Me gustaba más mi enfoque.
-Bueno… creo que yo debería irme…
-¿No y que no querías verte con tu prima?
-¿Tienes alguna sugerencia mejor?
-Vamos a cine. Yo invito.
Algo que había olvidado de Oliver es que era lo más cercano al hombre perfecto que jamás había conocido. Me pagó la entrada, me prestó su suéter… en fin.
Cuando me iba, recordé que había dejado mi bolso en su casa, por lo que estábamos yendo a buscarlo. Alexa aún no había llegado, y según Oliver, lo más probable era que no volviese en toda la noche.
-Seguro lo dejé en la mesita del balcón. Fue al primer lugar al que fui cuando llegué…
-Vamos allá a ver.
Efectivamente, salimos y allí estaba. Sonreí, pero más por la temperatura y la vista que por encontrar mi bolso. Miré a Oliver, que me sonreía de regreso.
Lo había extrañado tanto…
Entonces recordé que tenía que preguntarle si, en efecto, me había lanzado alguna especie de hechizo desmemorizador en algún momento.
-Oliver, hay algo que necesito saber.
Mi tono denotaba peligro sin yo quererlo.
-¿Y en qué te puedo ayudar yo?
Sabía que esto iba a ser difícil. Tacto, Katie. Necesitas tacto.
-Después de verte en lo de la conmemoración de la guerra, me puse a recordar todos los años que estuvimos en Hogwarts… saqué mis viejos álbumes de fotos… y todo coincidió en un mismo punto: No recuerdo absolutamente nada de los dos últimos días de cuarto curso.
Desvió su mirada. Última prueba que necesitaba para saber que Leanne tenía razón.
-Casualmente… Lo último que recuerdo es haber estado contigo.
Palideció. Bingo.
-¿Qué exactamente?
Trata de sonar lo más normal posible, me dije a mí misma. Si tartamudeas o te intimidas va a pensar que aún te importa. No te importa¿cierto?
-Tú me estabas diciendo no se que cosas, luego me besaste y luego todo se puso borroso y no…
Efecto conseguido.
-¿T-tú recuerdas e-eso?
-¿En qué falló tu hechizo de memoria?
Se pasó una mano por el pelo. Tuve que reconocer que me había pasado. No sabía cómo ni por qué, pero su solo gesto me lo decía: Fui demasiado lejos.
-Oliver…
-Tienes razón, Kate. No debí haberlo hecho. Hice el abscidere conligo…
-…y te salió mal.
-No se como pasé Encantamientos ese año.
Recordé estarle enseñando ese mismo encantamiento a Adriana aquella tarde de lluvia. Uno complicado, que la mayoría de alumnos de séptimo no llegan a dominar bien.
-Pero… pero si usaste ese tiene que haber algo que me haga recordar. Un detonante, creo que se le llama.
Sonrió con ironía.
-No debí meterme con la erudita en Encantamientos…
-Oye, pareciera que no quieres que recuerde. Una noticia, Wood: Merezco recordar.
-Hay un pequeño problemita con respecto a eso…
-¿Que es…?
-El detonante… probablemente como lo último que recuerdes sea… bueno, que yo te besé… tengo que hacerlo otra vez para que recuerdes.
-Entonces hazlo.
La frase salió de mis labios sin ser pensada una segunda vez. Luego me di cuenta de varias cosas, como que Alexa Michaels existía y que, si estaba confundida con respecto a algo, que me bese solo me iba a confundir más.
-Katie, no es buena idea…
Tenía razón, pero ya no había vuelta atrás. No puedo hacerle pensar que me importa.
-¿Lo harías?
-Pero es que… si Alexa llega…
Eso era un sí.
-No es nada malo recordarle a una amiga algo que, por otro lado, tú mismo le hiciste olvidar.
-Suenas ansiosa por que te bese
Maldito.
-Ansiosa por recordar –corregí con voz melosa.
Aunque quizás… quizás si tuviese razón.
-No tengo otra opción, supongo.
No podía resistir la tentación de torturarlo un poco.
-Estás entre la espada y la pared… O me haces recordar y puede que Alexa se enoje, o te das media vuelta y te vas y soy yo la que se enoja. Puede que Alexa no se entere si lo haces, tal y como puede ser que no me vuelvas a ver más nunca…
-Algún día nos tendremos que volver a ver…
-Entonces tú mismo elegiste.
Dio un paso hacia mí, estando a la distancia necesaria para rodear mi cintura con un brazo y atraerme hacia él. Sentí una mano alzar mi barbilla, y unos ojos oscuros taladrar los míos.
-No me hagas hacer esto –pidió.
Su olor ya me tenía demasiado embriagada como para responder. Me limité a mirarlo. Mirar sus perfectos labios. Volver a verle a los ojos…
Cortó distancia. Sus labios tocaron los míos, indecisos, temblorosos. Le di un beso suave, él se amoldó.
Y a partir de ese momento, puedo decir con certeza que nadie me había besado como él lo hizo. Me sacudí cuando él me hizo chocar contra una de las paredes de vidrio detrás de mí, me tenía encerrada entre su cuerpo ardiendo y aquel muro. Unas manos se aferraban a mis hombros, sosteniéndome, porque mis piernas no podían con mi peso.
Temblaba de manera incontrolada. No respiraba. Me envolvía un calor atroz. No sentía… sólo fuego, labios, una lengua, un par de manos.
Y fue ahí cuando comencé a recordar.
Notas: Decidí dividir este capítulo en dos. Básicamente porque ya era largo, por mi falta de inspiración, por mis ansias de publicar y porque me parece que está bien donde lo dejé (sí, soy medio malosa…). La siguiente parte... bueno, evidentemente no está escrita.
Nuevamente mil disculpas por no actualizar antes. No me era posible. Para el próximo capítulo también tardaré un poco (no tres meses, pero no voy a volver al ritmo de uno por semana), porque tengo varios proyectos (uno original) en mente.
¡Un beso gigante!
Kayi.
