Nota: como sabemos, todos los personajes vienen del imaginario de doña SM. La historia es mía.

Todos los nombres de los capítulos de Por Carretera son títulos de películas modificados según la necesidad. El crédito no es mío sino de los señores productores (o de a quien se les hayan ocurrido).

Summary: –Entiendo que pueda no interesarte –dijo Edward de repente– pero yo me dirijo a Forks. Cerca de Seattle. Viajo por carretera –lo escuchaba mas no entendía sus palabras. Él sólo sonrió torcido y agregó–: puedes venir conmigo si quieres. ByE en un Road Fic.


Luego de más de un mes le traigo capítulo.

Espero les guste, luego de tanta espera.

(:


10. ¡Qué noche la de aquel día!*

.

¿Han sentido alguna vez que disfrutan de algo que no debieran estar disfrutando? ¿Que gustan de algo que en estricto rigor, y por más de una razón, es prohibido?

Bueno, eso fue lo que en parte pude sentir. Y digo en parte porque mi mente, en aquel instante explosivo- contenido, dejó de funcionar y sólo una porción (bastante mínima) de mi materia gris llegó a alcanzar dicha premisa. ¿Cuál premisa? Que besar a Edward Cullen no era lo más sensato bajo ninguna circunstancia, ni bajo el alero de ninguna ley que protegiera a las besadas (o besadoras, no era el caso) por Edward Cullen.

El resto de mi cerebro se apagó. Así es, literalmente. Entró en un estado de bloqueo en el momento en que sus labios tocaron los míos, y al momento en que éstos comenzaron a besarme –ergo, el momento en que experimenté una de las mejores sensaciones jamás vividas– mi estómago se estrujó y el piso desapareció. En serio, si no fuera por el agarre de Edward quien sabe donde hubiese ido a parar. ¿Al centro de la tierra? ¿A la China? Es que, ciertamente, mis piernas se hicieron jalea y mis pies perdieron toda solidez.

¿Qué cuanto duró esto? Segundos. Para ser franca, ni idea. No puedo calcularlo y no me interesa hacerlo. En momentos así el tiempo cronológico pierde todo valor. Es útil para cuando debes despertarte a las 7.15 y llegar a la clase de literatura, o para cuando horneas un pastel y debes sacarlo del horno en 45 minutos o si no pasarás la vergüenza de tu vida frente a tus familiares, pero cuando alguien te besa, porque sí, recuerden que Cullen estaba besándome, los segundos, minutos, horas y demáses encuentran su muerte.

¿Qué importa si sus labios estuvieron tres, cinco o treinta segundos junto a los míos? Yo sólo recuerdo que hubo tres o cuatro caricias (ni de eso tengo la certeza) antes las cuales no pude reaccionar, las sensaciones eran superiores a mí y me impedían actuar. La verdad, no se si quería reaccionar, responder o expresar algo, pero si acaso llegué a concebir la idea (tampoco lo tengo claro), Edward ya se había vuelto a alejar de mi llevándose, por supuesto, sus labios con él (lástima, pensé durante esos segundos).

Volvíamos a nuestro estado inicial, cuando me veía tan fijamente con esos ojos que te obligaban a… donde yo no sospechaba lo que vendría, y vino.

En ese momento post beso, post el-momento-más-extraño-de-mi-vida, lejos de la embriaguez que habían supuesto sus labios, pude al fin lograr algo de sinapsis y pensar con claridad.

El karaoke volvió a ser. Se materializó al instante en que nos separamos (se separó, recuerden que yo no podía expresar mayores reacciones). Aún estaban los mismos chicos que alentaban sin parar, aún había un chico arriba del escenario quien fingía ser Mick Jagger mientras el DJ tocaba Satisfaction, y aún estaba Edward, por supuesto, que seguía frente a mí.

No sabría decir qué significaba su mirada en ese momento. Estaba serio. Muy serio a mí parecer. No sabía si era duda, expectación, arrepentimiento o alegría… sus ojos tenían un brillo, es cierto, pero podía ser hasta el reflejo de la pequeña luz del escenario que alcanzaba a iluminarnos algo floja. Lo cierto es que me declaraba incompetente en todo lo que Edward expresara en ese exacto momento.

Lo digo, la realidad del lugar y el ver a Edward a escasa distancia de mí me devolvieron toda sensatez y me recordaron lo único importante, de lo único que debía estar conciente: no podía besar a Edward Cullen y tampoco podía permitir que él lo hiciera.

–¿Por qué hiciste eso? –solté de golpe, alejándome unos centímetros: me era imperioso aumentar el espacio entre nosotros, no quería correr riesgos. Con riesgos, supongo que entienden a qué me refiero específicamente.

Edward llevó una de sus manos a su cabello y se rascó la cabeza. Al fin podía descifrar algo de su persona: estaba inquieto.

–Bella, yo necesito decirte algo- –empezó. Volvió a acortar la distancia que había ganado segundos atrás. Mi reacción instintiva fue alejarme, otra vez.

No quería que me hablara de algo, no quería escucharlo hablar de algo… yo necesitaba que entendiera que las cosas no podían ser así, tan simples como las hacía ver: ¿un beso y ya, como si nada hubiese pasado? –No puedes llegar y hacer eso –lo interrumpí molesta.

–Bella, es necesario que tú y yo- –trató de nuevo.

–No –lo corté elevando la voz. ¿Tú y yo? ¿Nosotros? ¿De qué mierda me estaba hablando? Acá no había ningún tú y yo.

Estaba empezando a enfurecerme. ¿La razón? Bueno, no sabía si mi enojo se debía al hecho de que Edward, obviando cualquier permiso, me hubiese besado o sólo a que, técnicamente, había disfrutado el momento del pseudo-beso.

–No Edward, no puedes besarme –decidido: estaba enojada por el beso. Eso era. No quería confusiones y Edward, con la forma en que me veía, lo único que hacía era hacerme dudar. Dudas totalmente estúpidas que no debía estar teniendo por una simple razón–: Yo tengo novio, ¿es que no entiendes? Tengo novio –dije ya exasperada elevando aún más la voz. Estaba haciendo un escándalo, lo se, pero la situación lo ameritaba.

Se hizo un silencio que sólo fue percibido por Edward y por mí pues en el lugar todos estaban pendientes de lo que pasaba en la tarima.

Edward soltó un fuerte y largo suspiro y agachó la cabeza para luego volverla a levantar y enfrentarme al fin –Tienes razón –dijo, para sorpresa mía–. Lo siento. Fue una estupidez. No se en que pensaba. Fue… fue simplemente un impulso que no controlé, lo juro –agregó disculpándose mientras volvía a tocarse el cabello, frustrado.

¿Pretendía, así de simple y fácil, minimizar las cosas? Claro, para él podía ser muy simple pero para mí no lo era. No lo olvidaría tan fácil, no señor.

–¿Podemos irnos ya? –dije de forma fría enarcando mis cejas. No lo miré.

–Vamos –respondió Edward de forma condescendiente.

Salí del local sin fijarme si Edward me seguía o no, yo sólo caminé. Pude escuchar sus pasos cerca de mí pero no me volteé ni un instante a verlo, ni siquiera cuando subimos las escaleras y entramos a la habitación.

Eran cerca de la una y treinta cuando me acosté. Me volteé a la pared tal como había hecho la noche anterior (pero sin todo el melodrama de por medio) y me dispuse a dormir. Pude escuchar cuando Edward también se acostó y apagó la lámpara del velador.

Las "buenas noches" aquella noche fueron una mera muestra de cortesía de la que sus padres, si lo hubiesen escuchado, podrían haberse sentido más que orgullosos. Los míos, lamentablemente, no.

Y en la oscuridad de la habitación pude al fin pensar.

¿Qué había pasado? Digo, podía contar varias cosas extrañas –llámese momentos de culto– a lo largo del viaje entre Edward y yo que no eran de extrañar pero esa noche, ¡Dios!, habían decidido multiplicarse como Gremlins bañados en agua(1).

Y todo por culpa de él. ¡Demonios! ¿Cuál era su maldito problema? Todo iba tan bien esa noche: nos divertíamos, habíamos podido conversar de lo mejor, ¡hasta habíamos brindado! pero no, tenía que llegar Cullen y arruinar las cosas. ¿Para que diablos me había besado? ¿Cuál era el fin de eso? ¡Es que Edward no pensaba!

Estaba furiosa, en serio lo estaba. Menos mal que Edward estaba en su cama y yo en la mía sin tener que vernos porque si no conocería lo que era la furia Swan, la misma que me quemaba ahora.

La pieza estaba oscura. Algo de luz de los faroles de la calle entraba por las ventanas a través de las cortinas, luz que me permitía ver extraños dibujos en el techo y que me mantenían entretenida. Porque no había caso que pudiera dormirme, seguían dándome vueltas tantas cosas. No sabía si Edward dormía o no (supongo que así era porque había pasado cerca de una hora, si no más, desde que nos habíamos acostado) y tampoco quería averiguarlo.

Dos horas, una estimación aproximada, y seguía despierta. Mucho no podía hacer: si prendía la luz o el televisor corría el riesgo de despertar a Edward cosa que claramente no quería, no porque fuera a saltarle encima, digamos que la furia Swan poco a poco se apaciguaba a medida que pasaban los minutos.

Sin mayor panorama continué contemplando el techo. Con eso, con el tiempo y las miles de vueltas que le había dado al tema, las ideas se me fueron enfriando.

Es cierto, Edward me había besado pero… había sido un beso y nada más. ¿Qué tanto problema? Y él se había disculpado conmigo; claro, cuando al fin logró hablar, porque dos veces lo callé como una mal educada sin darle tiempo a justificar su reacción.

Dios, ¿qué había hecho?

Había habido un beso, sí, pero yo misma, antes de eso, había saltado a sus brazos y había besado su mejilla. Cosas diferentes, es cierto, pero igualmente habían sido actitudes guiadas por la adrenalina del momento. Él mismo lo había dicho y yo… hiperventilé haciendo el escándalo de mi vida.

En ese minuto de la noche, cuando la luz de la ventana empezaba a reflejarse ahora en la pared junto a mi, comencé a sentir vergüenza: había provocado, literalmente, una tormenta en un vaso de agua y Edward había aguantado toda mi idiotez sin decir palabra.

Era la peor, en serio que lo era. Había sido un beso, ¡por Dios!, un simple beso y nada más. No era tan terrible, no era el fin de mundo y yo lo había transformado en eso.

Cuando se iban a cumplir las tres horas (estimadas, tal vez un poco más) de mirar el techo llegué a una sola conclusión: no llevaba ni dos días junto a Edward y ya había sabido arruinarlo dos veces.

Suspiré pesado. Bravo Bella, aplaudí mentalmente, eres única.

. . .

–Bella despierta –aquella voz… –. ¡Bella!

Abrí los ojos y lo vi, al dueño de esa voz, a escasos centímetros de mi rostro.

–Buenos días –dijo Edward enderezándose (ergo, alejándose de mí) y sentándose sobre su propia cama.

–¿Qué hora es? –pregunté. Que Edward llevara el cabello húmedo y estuviera ya vestido (muy bien, a decir verdad, pero los detalles no son importantes) significaba sólo una cosa: me había quedado dormida–. Hola –agregué al ver que mi reacción había sido bastante grosera.

–Son las once –¿las once de la mañana? ¿Ya? No había escuchado mi alarma. ¡No había sonado mi alarma!

–¿Por qué no me despertaste? –digo, estaba claro que Edward ya llevaba tiempo despierto.

–Te veías bien durmiendo –dijo viéndome fijamente. Muy fijo–. Por lo visto anoche no te fue fácil dormir –agregó de forma amable–. Pero luego vi la hora y pensé que querrías que te despertara.

Entonces Edward me había oído anoche. ¿Cómo no? Si me había dado más de cincuenta vueltas en la cama antes de poder conciliar el sueño. Y todo por ese beso… Creo que Edward también lo recordó en ese momento porque ninguno dijo nada.

–Yo… iré a vestirme –dije saliendo de la cama y dirigiéndome al baño con prisa. Mi menor preocupación ahora era el pijama de Hello Kitty que vestía; me urgía más la vergüenza que estaba sintiendo al recordar mi escándalo nocturno.

Edward se puso de pie de golpe también –Iré a arreglar todo a recepción –dijo tal como el día anterior yendo hasta la puerta–. Te esperaré en el auto. Llámame si necesitas ayuda para cargar la maleta –agregó con su habitual modo educado.

–Está bien –asentí.

Edward se perdió tras la puerta y yo me metí al baño. Enserio necesitaba una ducha que me devolviera el valor para poder pedir disculpas. Otra vez.

Edward estaba sentado en el auto, puerta abierta, como había dicho antes, cuando me vio bajar las escaleras. Se acercó a mí de forma rápida y sin consultármelo agarró mi maleta y se volvió hasta el carro. Sólo pude sonreír y susurrar un suave "gracias" mientras seguía sus pasos.

Sabía lo que tenía que hacer y cuanto antes lo hiciera mejor sería: él se merecía una disculpa. Así que en el momento en que Edward, luego de avanzar unas pocas cuadras, aparcó en un café para desayunar y bajamos del auto, hice mi entrada y dije mis líneas.

–Edward espera –dije deteniéndome y provocando que Edward también lo hiciera. Se volteó a verme y me observó curioso. Supongo que le extrañó que por primera vez en esa mañana lo mirara a los ojos–, yo… te debo una disculpa –dije sin más.

–Bella no tienes que disculparte –me contradijo de inmediato.

–Si debo. Lo siento –continué. Comenzaba a inquietarme.

–No –volvió a contraatacar–. Sabes que la responsabilidad es sólo mía. Yo no debí besarte –dijo de forma clara. Estaba serio.

–Tienes razón –le concedí medio sonriendo, medio nerviosa. Edward no correspondió a mi sonrisa como acostumbraba; fue extraño–. Pero yo no debí reaccionar como lo hice. Exageré totalmente. Fue sólo un beso –dije ya más relajada. Nos miramos fijamente–. Tú mismo lo dijiste, un impulso del momento, y yo también hice cosas anoche y no las pensé –Edward seguía serio. Eran momentos como éste en que era una inepta en lo que a interpretar miradas de Edward se refería–. Además, nada cobra importancia si uno no se la concede –jugaba con mis manos mientras esperaba que Edward dejara de verme como lo hacía–. Y ese beso… no tiene importancia –no se si quise que fuera así pero mi afirmación sonó más a cuestionamiento–. ¿Para qué molestarse tanto? Obviamente significó nada, ¿no es así? –finalicé esperando que Edward me diera la razón. Tenía que estar segura de lo que decía, era la conclusión a la que había llegado luego de horas en vela: el beso era sólo un beso y nada más.

–Es cierto –dijo Edward rompiendo su monumental silencio–. Fue sólo un impulso del momento. Fue… un error –agregó con una media sonrisa, de esas que costaba soltar.

–Así es –asentí varias. ¿Qué estábamos de acuerdo, no? Entonces, ¿por qué todo seguía tan extraño entre nosotros?–. ¿Entonces… está todo bien?

–Por supuesto –dijo Edward, sonriendo al fin.

–Genial –agregué también con una sonrisa rogando que las cosas mejoraran(2).

Digo, lo que menos quería era estar mal con Edward. Eso porque aún me quedaban dos días de viajar junto a él y no serían agradables si las cosas entre nosotros estaban tensas y, además, porque… bueno, lo reconozco, me gustaba estar bien con él. Disfrutaba lo que compartíamos o lo que podríamos llegar a compartir.

–Bien, vamos –dije retomando el paso–. Es mi turno de invitar el desayuno.

–Si no tengo alternativa –finalizó Edward, rodando los ojos mientras sostenía la puerta del local para mí.

Y las cosas sí que mejoraron. Durante el desayuno habían logrado distenderse entre nosotros y, por suerte, mejorar. Ambos comprendíamos que todo lo pasado no había sido más que una anécdota sin importancia. Por lo mismo ahora íbamos en el auto y las cosas entre nosotros no podían estar mejor.

–Dame tu celular, buscaré algo de música.

Ya había dicho que Edward presentaba una gran selección de música en su celular, y luego de saber ayer que le gustaba Elvis no pude quitarme las ganas de que tuviéramos un buen maratón por varias horas de sus canciones.

Edward sacó el teléfono de su bolsillo y me lo entregó. Al desbloquearlo (ya había aprendido a hacerlo) me dí cuenta de que habían cuatro llamadas perdidas. Fui a devolvérselo pero sin querer (en serio no quise hacerlo) presioné una tecla y la pantalla se iluminó y pude ver de quien eran esas llamadas perdidas: Rose, decía. Y eran cuatro.

–Lo siento, no-no quise ver –me excusé de inmediato enrojeciendo al instante. Lo que menos quería era inmiscuirme en sus asuntos pero el teléfono, con todos sus botones y luces y cosas extrañas, me había confundido (mi triunfo ante la tecnología había sido bastante efímera). En mi descontrol por devolvérselo, además de mi vergüenza por haberme entrometido, el querer pasar desapercibida y la creciente duda que me vino de saber por qué "Rose" lo llamaba, el móvil se me cayó entre los asientos. Mi rostro pudo volverse rojo en plenitud junto a la risotada que soltó Edward al verme en tal estado.

–Lo siento, lo siento –era lo único que podía decir mientras tanteaba, desesperada, el teléfono bajo mis pies, o donde pudiese haber saltado (no soporto cuando a los objetos les da por hacerse los interesantes y se esconden para que no los puedas encontrar; eso mismo ocurrió).

–¿Lo tienes? –dijo Edward disminuyendo la velocidad. Pude ver (y en su voz se notaba) que la situación le hacía gracia. Y bastante.

Era como si los duendes se lo hubiesen llevado. ¡Demonios! ¿Qué tan lejos podía haber ido un maldito celular dentro de un automóvil? Debido a mi incapacidad para con la búsqueda del teléfono, Edward tuvo que detenerse en la berma.

–Veamos –y empezó a revisar bajo su asiento.

–Lo siento en serio, un celular no tendría que haber ido muy lejos –volví a justificarme.

–Tranquila, tiene que estar por acá –respondió con su habitual calma.

–Lo se, pero es como si tuviera patas… –me quejé. A Edward por le menos le parecía gracioso. ¿A mi? Ahora mismo sentía una nube gris en mi cabeza.

–Aquí está –al fin, luego de varios intentos, lo encontré. ¡Já! El muy maldito no me la iba a ganar. O tal vez sí. Se había metido entre mi asiento y la palanca de cambios. Metí mi mano para tomarlo pero no llegaba a él. El aparatito no hacía más que alejarse cada vez que acercaba mis dedos–. No lo alcanzo.

–Déjame intentar –Edward se agachó para tratar pero, después de varios intentos, también le fue imposible.

–Yo lo haré, no me la va a ganar un maldito celular. Déjame, mis manos son más pequeñas –insistí. Que no me la ganaba, había dicho. Volví a agacharme (me estiré un poco más en el asiento).

–¿Lo tienes? Podemos bajarnos y correr el asiento si no puedes –escuché la voz de Edward sobre mi cabeza.

–No, lo tengo. Sólo un poco... –lo rozaba, lo rozaba y… al fin–. ¡Si, lo tengo! –grité enderezándome con todas mis fuerzas y total felicidad.

–¡Auch!

Era sólo que no había calculado que Edward estaba por sobre mi cabeza observándolo todo de modo que cuando me erguí toda mi cabeza fue a dar de lleno contra su nariz.

Sólo atiné a cubrirme la boca de la impresión (y así acallar mi propio grito) mientras veía al pobre Edward cubrirse el rostro por el dolor ( y supongo, acallar sus quejas).

–Lo siento, perdóname, perdóname –aquellas palabras se me empezaban a hacer tan familiares estando con Edward–. No quise- fue sin querer –de forma automática me hinqué en el asiento y me acerqué a Edward para ver como se encontraba.

Retiré con cuidado sus propias manos de su rostro (cosa de la cual no opuso resistencia) y empecé a examinarlo para ver si sangraba o algo. Nada, por suerte, pero al pobre le brillaban los ojos y claro si un golpe en la nariz te hace soltar lágrimas sin que te lo propongas. Con las yemas de mis dedos y de forma muy suave fui tocando con cuidado para ver si le dolía: el puente de su nariz, los costados… a cada toque le preguntaba:

–¿Te duele? –rogaba no habérsela quebrado.

A lo que Edward respondía con un movimiento de cabeza negativo y un murmullo; tenía los ojos cerrados. De seguro le dolía pero, más seguro aún, no quería hacerme sentir mal.

Examiné su labio superior y pude sentir su calido aliento sobre mis dedos. Aquello me provocó un escalofrío así que retomé mi tarea de vuelta a su nariz. Mejor, por si acaso.

–Y bien, ¿mejora? –pregunté esperanzada luego de darle varias caricias al lugar donde había ido a parar mi cabeza. Por lo visto no había fractura.

Edward abrió los ojos despacio y me observó. Debido a mi rápida (un tanto atropelladora) reacción luego del golpe, no me percaté de la poca (casi inexistente) distancia que separaba a Edward de mí. Ahora que éste me miraba fijamente (sus ojos brillaban todavía, supongo que aún por el dolor) pude darme cuenta de aquello. Si hasta podía sentir su aliento sin siquiera proponérmelo.

–Perdón –otra disculpa más y me eché hacia atrás volviendo a mi lugar como si una descarga eléctrica me hubiese atravesado–. No quise- no debí hacer eso. Es que pensé que te habías fracturado o algo y- –yo y mi patética manera de excusarme.

–Está bien –dijo Edward frenándome. Llevaba los labios curvos en una evidente sonrisa lo que era extraño dado el fuerte golpe que había recibido–. Después de aquel golpe, aquello se sintió bien. No sabes cuanto –dijo tocándose aún la nariz.

Sonreí con la angustia aún controlándome –En serio lo siento Edward, si no fuera tan torpe…

Edward comenzó a reír –Tranquila, es sólo que nadie me daba un golpe como ese hacía mucho. Tal vez me lo merecía por el beso que te di ayer –dijo encendiendo el motor del carro (llevábamos varios minutos aparcados en la calzada).

Aquello me hizo reír y pude, al fin, relajarme.

–¿Puedes manejar? –pregunté preocupada.

–Estoy bien, en serio. Tus caricias fueron reconfortantes –sonreí como tonta, no se porqué, y recordemos que mi última actuación dentro del auto no había sido la mejor. Lo que me llevaba a… rebusqué en mi asiento: el móvil maldito.

–Ten –dije pasándole al causante de todos mis problemas a Edward.

Él lo recibió (se reía de mi por mi cara de odio ante el teléfono) e hizo un par de cosas en él. Para mi asombro (no es que me importara) no devolvió el llamado, simplemente me volvió a entregar el aparato:

–Ten, busca algo de música, y por favor no lo botes esta vez –bromeó volviendo a aumentar la velocidad.

–No es gracioso –rezongué muy bajo para que no me oyera. No hubiese sido para nada gracioso volver a golpear a Edward.

Busqué algo de Elvis (era la idea inicial, ¿recuerdan?) y las dejé sonar.

Una a una las canciones fueron pasando lo que, inevitablemente, me hizo recordar la performance que había hecho Edward la noche anterior en el karaoke, aquella que, sin duda, había dejado a todas las chicas con la boca abierta, incluyéndome; la forma en que cantaba… y la letra de la canción…

–¿Por qué escogiste la canción que cantaste anoche? –pregunté girándome a Edward (el pobre aún se sobaba a ratos la nariz). Por lo visto no se esperaba mi pregunta porque me miró sorprendido y luego volvió la vista al frente, manteniéndola fija. Aquello, obviamente, me confirmó que debía seguir preguntando–: ¿alguna razón en especial? –inquirí.

–Tu cuarta pregunta –me recordó Edward.

Cierto, "las diez preguntas". Bueno, sólo había formulado tres hasta el momento así que derrochar una no me haría mal, sobretodo analizando como había reaccionado Edward: que sacara el tema "preguntas" quería decir que no contestaría tan fácilmente, eso porque en verdad no quería contestar.

–Así es, es mi cuarta pregunta –bien, ahora tendría que responder.

Edward soltó una bocanada de aire.

–Bien. Tenía que escoger una canción, tenía que ganarme al público y… me gusta Elvis –dijo luego de unos segundos restándole importancia–. ¿Qué mejor que cantar una canción de él para ganarte a la gente? Digo, todos conocen a Elvis y como yo no cuento con los encantos que tú tienes tuve que valerme de eso –agregó sonriendo. ¿Encantos había dicho? Por segunda vez, vergüenza ven a mí–. Es más, ¿a quién no podría gustarle el rey? –finalizó, enarcando sus cejas como si lo que dijera fuese lo más obvio.

Luego me preocuparía del tema "encantos" que había dicho Edward; una cosa a la vez –¿Sólo eso? –volví a preguntar algo decepcionada. Digo, lo que decía Edward era verdad: todos conocían el tema y todos lo adoraron, pero… creí que podría haber algo más, una historia tras eso, digo, por la pasión con la que cantaba.

–¿Tiene que haber algo más? –dijo Edward muy tranquilo.

–Bueno… yo pensé… –¡vamos Bella! estás viendo cosas donde no las hay–. No, olvídalo –dije dando por finalizado el tema.

No tenía sentido.


*Copiado de la película "¡Qué noche la de aque día!" (A Hard Day's Night, 1964) de Richard Lester, y protagonizada por The Beatles.

(1) Los Gremlins es una película de terror donde unos extraños seres muy bellos y tiernos, como de peluche, se multiplican cuando son mojados con agua (y se vuelven muy feos y malos xD)

(2) Toda la parte de la disculpa y el "acuerdo" del beso-que-no-significó es intertextualidad (casi textualidad) de un capítulo de Dawson's Creek. El crédito es de sus creadores.

Es discurso viejo en mi pero.. lo siento, en serio. Fin de semestre me tenía colapsada, además de que estoy con parte de mi práctica, y me salió un corto de sorpresa a grabar lo que hizo sucumbir mi poco tiempo libre (de hecho, sólo hoy pude al fin ver Eclipse y eso que se había estrenado hacía tres semanas :/) Ahora estoy de vacaciones OFICIALMENTE. Sólo dos semanas y debo volver a la carga, pero dos semanas que aprovecharé para subir, por lo menos, dos capítulos más. En serio. Se lo merecen, además que ya quiero escribirlos porque hay mucha historia en mi cabeza y no quiero explotar (por si acaso, digo yo).

Espero les haya gustado y haya valido la pena la espera. No comento más porque ya son las 4 de la mañana. Eso si, espero sus comentarios.

ALLY MASEN CULLEN (¿es una declaración de amor?), FranBells (que tierna la exclusividad), Diana Prenze (multisensaciones en Bella, pasó por TODOS los estados la chica), danibellacs (el mundial se fue y estoy de vacaciones, mi tiempo es de uds. ahora), VAMPIRIC-OBSETION y AleCullen10 :D, Little-Gabbe (exacto, el himno de toda chica), eviita cullen, marie antoinette cullen y lani'sworld :D, cOOCOO'twilighter (espero haya valido la pena éste tbn xD), Ness nrn87 (chica, no es muy bueno el servicio de correo; simplemente no se puede confiar xD pero mis cariños llegan, ¿no?), ania09 ^^, Nora Bells (toda la razón, hay que asustarse luego de algo así, aunque por lo visto todo se calmó), karlita the Cullen (bienvenida a seguir leyendo, ¡linda!), nekbhet ^^, elz r (chica, ¡no odio a nadie! Si dejan review obvio se agradece mil porque es la manera de enterarme si les ha gustado o no (y enserio me hace feliz ^^), pero si no lo hacen, no crean que les estoy enviado maldiciones ni nada (sólo que ardan un poco en el infierno xD, LEÁSE EN BROMA). Grax por lo del buen gusto musical), Isuldory (ahora si que me paso niña, ya sabes, el tiempo :P), Catali y Arixa :D, vip twilighters (grax otra vez por lo del buen gusto musical (Queen y Elvis la llevan) y sobre las rutas, mucho googlemaps y gusto por la cartografía XD), anapattz, valee y SarajCullenMasen :D, Tata XOXO (¡bienvenida tbn!) y eclipsadamasen :D Muchas gracias lindas por su paciencia y cariños y todos ^^

A las chicas que me suman a a Favoritos y Alertas (de historia y autor): dreams troubles, Ara Firenze Dyaz, Nurnur, VAMPIRIC-OBSETION, Vladislav, karlita the Cullen (de autor tbn XD), sakuritauchiha01, rose appassite, lani'sworld, Makken, alexita vanegas, ArwenTor, Tata XOXO, SarahCullenMasen, eclipsadamasen, kamashytah, claudiaaa, Carolina Cullen Swan, PRISGPE, Arixa, nanitanoble. Y de autor: vip twighters, alejandra 87 y luiicullen. ¡Gracias guapas! :D

¡Nos leemos muy muy pronto!

Cariños invernales (oficiales),

(: