Un capítulo corto, pero era necesario escribirlo, algo bonito antes del huracán de emociones. Que lo disfruten.

CAPÍTULO X

Personajes: Asmita, Shaka, Deuteros, Aspros, Saga, Kanon, Aiolia, DeathMask, Afrodita, Kardia, Manigoldo

Género: Yaoi, Romance, Angst, Lemon, Comedia

Resumen: Trabajar en una agencia de modelaje durante el día, y ser stripper en un club nocturno durante la noche no era difícil... al menos hasta que, por primera vez, un par de ojos azules hicieron que la vergüenza se apoderase de ellos. De haber sabido que conocerían a alguien así, habrían elegido el trabajo hacía ya mucho tiempo.

Canción: You'll be in my heart - Phil Collins


Encerrado.

Encarcelado cual vil rata en una ratonera.

Seis años ahí dentro, y contando.

El rubio ese que clamaba ser su abogado, y aunque le pesara, resultó ser realmente confiable, y de aquellos que hacía lo que le correspondía en el tiempo necesario. Consiguió las pruebas que le prometió, y desenmascaró, poco a poco, un poco de lo que Saga hubiese planeado aquel día en que ocurrió todo.

Pero tardó seis años para ello.

Su hermano había resultado más inteligente de lo que aparentaba.

Y ahora, en cada una de las visitas que tenía derecho a recibir, discutía asuntos con su abogado, no hablaba de su hermano... no veía a su familia.

Fue apartado del mundo.

Asesinado, al menos en lo sentimental, por su propio reflejo.

Tenía razones de sobra para no confiar en nadie.

— ¿Me estás diciendo que aún con todo esto me siguen viendo como un criminal?

— Es muy difícil demostrar lo contrario, he hecho lo posible, pero tal parece que las pruebas en tu contra son más que aquellas a tu favor.

— Mira, yo no sé lo que se necesite para conseguir más pruebas a mi favor, pero sácame de aquí, Radamanthys.

Y con el tiempo, aprendió a querer a otras personas.

— Sabes que llevo tratando de hacerlo desde hace seis años.

— No sé qué clase de cosas debe haberle metido mi hermano a Shaka en la cabeza — Kanon sentía genuina preocupación por aquel muchacho rubio—. Y pienso que se meterá en peores problemas si sigue como va.

Y sí, la única persona que podría controlar realmente a Saga Alzir era nadie menos que su hermano gemelo.

Aquel que lo conocía como la palma de su mano.

— ¿Sabes por qué Deuteros no ha venido?

Un balde de agua helada cayó sobre el anglosajón.

Había sido advertido que debía mantener todo en secreto, por órdenes del mismo Aspros, hacía ya seis años.

Sí que logró aguantar buen tiempo.

— Él tiene una hija, se ha casado ya con Hilda, y ella no le permite venir a verte, al menos no hasta que tenga pruebas suficientes de que tú no eres un delincuente.

Mentirosa, manipuladora, diría cualquier cosa con tal de tener calmado a su marido.

Por supuesto que Radamanthys estaba al tanto de las actitudes de Hilda, ella era muy parecida a su propia ex pareja.

La noticia resultó para Kanon algo muy duro, así como también la aparente muerte de Aspros. Su familia se vino abajo en prácticamente nada, iniciando desde esa visita que hicieron sus primos a Youma.

La visita terminó, y en poco tiempo Kanon comenzó a resentir la lejanía de su propio abogado. No aceptaría que se acostumbró a su compañía, pero vaya que era mucho mejor a tener una bola de inútiles tratando de ensañarse con su cuerpo. Afortunadamente, Kanon supo la manera de zafarse de tantos abusos; tantos años en la cárcel volvían a uno de piedra.

¿Y permitir que alguien volviese a ponerle un dedo encima como cuando llegó a ese infierno? Definitivamente no.

— Te he dicho miles de veces, mocosa del demonio, que no te acerques a mi habitación.

Ariadne lloraba.

Su madre la tenía sujeta de un brazo con una fuerza aplastante, dejando la marca de sus dedos en la delicada piel de la pequeña.

— ¡Perdona, mami! ¡No lo vuelvo a hacer! — las lágrimas de la pequeña no dejaban de brotar de sus delicados ojos oliva. Y la sonrisa que generalmente le mostraba a su padre fue reemplazada por una mueca de dolor, tristeza, el más puro terror infundido por su madre.

— ¡No quiero volver a verte por aquí! — una bofetada, que quedó marcada en la mejilla de la niña, y más tarde, la muñeca de Hilda siendo fuertemente sujeta por una fuerte mano protectora, que miraba a la joven con profundo odio.

— No te atrevas a ponerle una mano encima a mi hija, Hilda.

— Le advertí a esta bastarda que no entrase a mi habitación.

— ¿Qué puede hacer una niña? ¿Dejar manchas en tu alfombra después de darte un regalo?

Ariadne se levantó, poco a poco, limpiando con torpeza las lágrimas que aún manchaban su infantil rostro, y evadiendo a toda costa esa marca que le fue dejada en la izquierda. Los dedos de Hilda dejaron la piel de la niña al rojo vivo, y la palma de su mano era perfectamente notable, aún con el tono de piel del que gozaba la pequeña.

Su padre la cargó en brazos con mucho cuidado, notando que igualmente la menor tenía marcas de uñas en su brazo derecho, justo donde su madre la había estado sosteniendo sin el más mínimo cuidado.

Las arregladas uñas de Hilda fueron capaces de dejar surcos, y hacer sangrar su hija, quien no dejaba de aferrarse a la ropa del moreno, en busca de su protección, del calor que tanto necesitaba y que tantas veces por su progenitora le fue negado.

Al regresar al cuarto de la pequeña Ariadne, una de las sirvientas ya le esperaba con el botiquín, a sabiendas de que, de nuevo, Hilda había sido capaz de lastimarle. De no ser por Deuteros, seguramente esa niña sería tratada peor que un perro callejero, especialmente porque las órdenes de la joven Hansen eran más que absolutas. Nadie más que el moreno la desafiaba, y era el único capaz de imponerse. Si terminaba obedeciendo ciertos términos, era solamente por el bien de Ariadne.

— Aguanta un poco, te va a doler...— advirtió Deuteros a su primogénita, a quien colocó un poco de alcohol en sus heridas para desinfectar, y proceder más tarde a colocar las gasas y las vendas necesarias para mantener la herida cubierta. En cuanto al golpe en su rostro, colocó un ungüento para bajar la hinchazón y el ardor que seguramente pudiese haberle dejado la marca. Y enjugó con inusitada delicadeza las lágrimas que todavía derramaba tan angelical rostro.

— Mamá no me quiere, ¿verdad? — una pregunta tan difícil de responder.

— Sí te quiere, sabes que tu mamá vive como histérica todo el tiempo...— la niña se lanzó a los brazos de su padre, en medio de un llanto inconsolable.

Bien decían que los niños eran capaces de sentir cosas que otros no. Y esa pequeñita era tan perceptiva que imposible sería engañarla al decir que su madre podría sentir una mínima pizca de cariño por ella. Esos ojitos, contrastanto con tan exótico color de piel, tan angelical expresión, opacada por las lágrimas y la tristeza que le causaba el desdén que presentaba la mujer que le había dado la vida.

Vida que no resultaba apreciada precisamente por la persona que la llevó durante nueve meses en el vientre.

Se ha vuelto un embarazo de alto riesgo, les informo que es completamente necesario que Hilda mantenga completo reposo.

El médico lo dijo, lo advirtió muchas veces. Pero esa mujer encontró en ese pequeña criatura dentro suyo una manera de chantajear a Deuteros, quien estaba más que resignado a pasar el resto de sus días junto a la mujer que le había arrebatado todo lo que tenía. Y ella podría verse como una mujer frágil y delicada; lástima que apenas se viese lejos del médico fuese más venenosa que una cobra.

— De una vez te advierto, Hilda, que estoy contigo por el bebé, y apenas nazca, te juro que me separo.

Obviamente, ella no dejaría ir a ese hombre.

— Qué pena, si no me tratas como me merezco, quién sabe qué le pueda pasar a tu bebé.

— ¿¡Me estás amenazando!?

— Sí, sí lo hago. Así que enfrenta las consecuencias, porque este bebé no la cuenta si no me das lo que quiero.

— Si es que ese niño es mío.

— Piensa lo que quieras, pero estás advertido.

Tener ese cuerpecito tembloroso entre sus brazos, implorando por un poco de cariño, partía el corazón del moreno cual si fuese nada más que un cristal roto, estrellándose contra el suelo.

¿En qué momento permitió que las cosas llegasen a tal punto?

Quizás desde que se sintió tan desolado que no deseó luchar más por la vida de ensueño.

Desde el momento que se olvidó de aquella época en que sólo existían él, su hermano, Saga y Kanon.

— ¿Quieres que te lea un cuento para dormir? — preguntó a la niña, quien yacía ya acurrucada contra el pecho de su padre, calmada, al menos más que hacía unos momentos.

Negó con la cabeza, y apretó los labios para ganar un poco de valor, elevando así la vista, opacada por las recientes lágrimas, hacia su progenitor.

— Quiero que me cantes como hacías cuando era pequeñita...— ¿cómo recordaba la niña esa canción? Era algo que él cantaba para su hija cuando era una bebé, y de vez en cuando hacía unos dos o tres años.

Deuteros sonrió, y con mucho cuidado la llevó a la cama, donde le colocó la pijama con cuidado de no lastimar su brazo. Tomó la manta preferida de la pequeña, y la envolvió en esta misma; una frazada suave, de color blanco con detalles en rosa, yendo desde borreguitos hasta unos cuantos corazones. Su cuñada había tenido la idea de comprarle la ropa necesaria, y aquella mantita resultaría la cerecita del pastel, lo que brindaría a la niña esa sensación de protección.

Deuteros inició con la melodía una vez que tuvo a la niña en su regazo, con la mejilla sana apoyada en su pecho, donde se escucharían claramente los latidos de su corazón, golpeteo constante que tranquilizó a Ariadne al tiempo que escuchaba, en armonía, la canción que tantas veces le cantó su padre cuando era pequeña.

Come stop your crying

It will be alright

Just take my hand

Hold it tight

I will protect you

From all around you

I will be here

Don't you cry

Acariciar aquella manita, jugar con sus delicados dedos, y hacer cosquillas a la palma de su mano era lo que parecía disfrutar más Deuteros, aquellos momentos tan lindos, irremplazables que tenía con su pequeña. Y la sonrisa de Ariadne, lo único que agregaba un poco de luz a su opaca existencia, brindaba alegría a ese infierno en el que vivía.

For one so small,

You seem so strong

My arms will hold you,

Keep you safe and warm

This bond between us

Can't be broken

I will be here

Don't you cry

Terminó dormida, completamente perdida en sus sueños, arrullada, habiéndose olvidado de una vez por todas de los maltratos sufridos por su madre hacía unos momentos. Estando con su padre, todo era mucho más fácil, más bonito, era la persona en quien más confiaba en todo el mundo, el único que le mostraba su cariño sin temor a resultar enojando a Hilda. Y una vez recostada en la cama, propiamente arropada, abrazada a su osito de peluche, Deuteros dejó un amoroso beso en su frente, saliendo de la habitación para dejar descansar propiamente a la niña.

You'll be here in my heart, always...

Eres mucho mejor padre de lo que esperaba...habló Flare con una sonrisa tenue, encontrándose con el moreno en medio del pasillo.

Ah, cuánto daría porque Hilda fingiese al menos querer a la niña, que se portase como lo hacía aquella joven de corazón tan noble.

¿Eso crees? Tu hermana me cree un consentidor deseaba regresar al pasado, ahí donde un par de gemelos corriendo de un lado para otro dependían completamente de él.

Quizás con ella era la única persona con quien podría desahogarse. Vivir como vil animal en cautiverio era su día a día, donde no le quedaba más que obedecer a quien fuese su cuidador.

Esa mujer que tantas veces le buscase hacer la vida imposible.

— Flare, ¿tú crees en cosas como que los muertos puedan levantarse o cosas así? — claro, no podía sacarse ese tipo de cosas de la cabeza.

No desde que lo vio de nuevo.

Pensó, en un principio, que estaba volviéndose loco, y lo hubiese dado por hecho de no ser porque después escuchó la voz de su hermano mayor llamándole.

"Shijima, es hora de irnos."

Reconocería esa voz donde fuese y como fuese.

— No, Deuteros, no creo que eso sea posible... Quizás alucines, eso se me hace mucho más creíble.

Alucinaciones.

Sí, era normal. El corazón roto que le dejó Asmita resultó ser tremendamente difícil de superar.

Y que su hermano desapareciese de la noche a la mañana tampoco iba a terminar de dejarlo de lado.

— ¿Ha pasado algo?

— Vi a Asmita hoy en el parque de diversiones...— conversación que llegó a oídos de Hilda.

Las manos de la joven comenzaron a temblar. Los fantasmas del pasado estaban detrás de ella, y causaban, por demás, un temor indescriptible de que sus acciones fuesen desenmascaradas, lo que ocurriese seis años atrás, cuando arrolló a aquel joven rubio, y escapó, cual si con ello pudiese borrar tan grande delito.

Por supuesto que trató de disimularlo, y el moreno fingió no haber visto absolutamente nada.

Quizás era mucho mejor dejar las cosas así, y creer que era una simple alucinación.

— El jurado ha decidido que, dado el comportamiento que ha presentado el preso que responde al nombre de Kanon Alzir, se le concede la libertad bajo fianza.

Radamanthys le dio el consejo, por supuesto que Kanon estaba eufórico cuando salió de prisión.

Investigaría por su cuenta, limpiaría su nombre.

Empezaría de cero.

— Te he conseguido un departamento en un área discreta en la ciudad, ahí podrás descansar lo necesario, y mantener un bajo perfil. Tendrás que rendirle cuentas al dueño del departamento, un joven de nombre Julián Solo.

—Ah, como sea, mientras tenga una cama cómoda donde tirarme me basta.

Y sí, era todo lo que necesitaba.

Algo más que un simple trozo de madera suspendido por cadenas y fijo a la pared.

El apartamento estaba amueblado, bastante acogedor, una habitación, una cocina, baño, comedor y una pequela sala. Lo justo y necesario.

Al recién salir de la cárcel, tendría que pedir préstamos, hacer lo posible por pagarle al amargado ese la renta del lugar.

Porque tampoco iba a quedarse con la cabeza dándole vueltas a una deuda que no planeaba echarse encima.

...Esperaba que realmente no desease echarse eso encima.

— Te dejaré aquí, el joven Julián planea ayudarte en todo lo que necesites, te dejo mi tarjeta, llámame si necesitas algo.

Para ser un amargado, se estaba portando bastante servicial para con el griego.

Ambos formaron una relación bastante cercana. Radamanthys el defensor, Kanon el acusado, relación de trabajo, nada más que eso para el rubio.

Al menos hasta que sintió los labios del ex convicto sobre los suyos, fieros, demandantes, apasionados besos los que recibía por parte de éste, que le hicieron perder, momentáneamente, la noción del tiempo.

Su portafolios cayó al suelo, la puerta se cerró, y se dejó llevar por la intensidad con la que se movían esos labios.

El cuerpo del menor acorralado contra la pared, y las manos del anglosajón recorriendo aquella piel, ya anteriormente explorada por los reos en el reclusorio.

Planeaba borrar las huellas de otros dedos en ese cuerpo, lo haría, así le llevase la noche entera.

Lo haría completamente suyo... como venía deseando dos años atrás.


¿Review? :3