Condiciones.

Apenas llegó a la pensión donde ahora vivía, Hinata vio su reflejo en el espejo y se sintió avergonzada. Tenía ojos hinchados unas ligeras ojeras. Unas vendas que cubrían los golpes que le habían dado aquellos pandilleros en la zona cercana al labio inferior y en la frente. Y el cabello... por todos lo cielos, tenía el cabello muy despeinado. Dos mechones se habían levantado como si fueran maliciosas antenas.

Eso explicaba a la gente que la había estado mirando durante su vuelta en el tren subterráneo. ¡Había parecido una especie de insecto!

Sasuke incluso la había visto así y no mencionó nada al respecto.

-Habrá sido cómico para él. -dijo y frustrada trató de alisar las antenas con las manos, pero estas volvían a su ridícula posición. -Cielos. -suspiró y decidió aprovechar para tomar un baño. Para su suerte, no sería un riesgo ya que ninguno de los muchachos estaba Eduard, Chen y Kiba debían hallarse en sus respectivos empleos. Ella por el momento era desempleada, y lo seguiría siendo si no hallaba nada convincente en aquellos papeles.

Minutos más tarde, ya limpia y fresca, se volcó a la tarea de leer minuciosamente el contenido de los archivos que Sasuke le había entregado. Los estaba enfrentando de una manera distinta ahora que conocía las circunstancias. Aunque la desconcertaba el hecho de que Sasuke ya hubiera pensado de ante mano en que iba a emplearla.

¿Podría ser que él tenía eso planeado desde hace tiempo y solo esperaba que una tonta como ella se apareciera para ayudarlo? Por el momento no lo sabría...

Con la primera lectura, no halló nada que le resultara sospechoso o peligroso, y lo único que la hizo dudar fue el salario que recibiría. El del bufete era bueno, pero el que tendría a cambio de fingir ser novio de Uchiha, era una cifra bastante más elevada.

Estaba sentada en el suelo a la manera tradicional, frente a ella estaban los papeles sobre una mesa muy baja, y también había un celular.

-"Úsalo hasta que compres uno nuevo." -le había dicho Sasuke al entregárselo.

-Tengo que cuidarlo mucho. -susurró ella. También había dinero. Bastante. -"Si vas a trabajar para mí, será en perfectas condiciones. Compra ropa adecuada."

Hinata suspiró.

Como se encontraba sola, se permitió recostarse en el suelo. Suspiró otra vez y recapacitó lo que acababa de leer. Miraba el techo, que se notaba viejo y alguna que otra marca de humedad y telarañas trataban de ocultarse entre las capas de pintura que se habían acumulado con los años.

Un ventilador de techo giraba casi con agonía pero servía para dispersar un poco el olor a humedad. Eduard y los otros chicos habían sido tan amable con ella. Ellos se merecían estar en un sitio mucho mejor.

¿Estaba mal aceptar definitivamente ese extraño trabajo?

Sasuke había asegurado que sólo lo harían unas cuantas veces. No sería algo permanente. Además, ¿cuántas novias, o futuras novias, podía llegar a tener? Uchiha parecía muy popular, pero no serían demasiadas las casamenteras, quiso creer. Con ese buen dinero extra que ganaría podría ayudar a Eduard a mejorar ese lugar. Ella podría conseguir un sitio propio donde se quedarían todos con más libertad y comodidad. Admitía que los primeros días se le había hecho muy difícil aceptar que vivía con tres jóvenes hombres y solteros. Y aunque no lo demostraron en ningún momento, para ellos habrá sido difícil adaptarse a una completa extraña, o más bien, a un extraño... Porque siendo sinceros, ella había aparecido de un momento a otro, irrumpiendo en una familia, porque eso eran, que ya estaba conformada. Sin embargo ellos la trataban como a otro chico, como un amigo más. Cada mañana desayunaban juntos, y charlaban animadamente cuando llegaba la noche mientras preparaban la cena. Su amistad se afianzaba día a día. Ellos eran lo más cercano a una familia de lo que había tenido nunca...

Hinata les estaría siempre agradecida por eso. Ella fue sumergiéndose cada vez más la espiral de sus pensamientos, hasta que se quedó dormida en mitad de la sala. Nadie vendría de todas formas, se dijo.

Kiba llegó silbando una canción. Tal vez porque fuera paseador de perro y futuro veterinario, pero él se tomaba la vida con un ritmo diferente. Parecía tan despreocupado y lejano a veces, pero cuando hablaba, sonreía, y se molestaba (que pasaba a menudo) parecía más vivo que nunca.

-Hola, ¿hay alguien? -preguntó mientras se sacaba los zapatos para entrar. Como lo esperaba, no obtuvo respuestas por lo cual se sintió a sus anchas. Se sacó la chaqueta de cuero negro que llevaba a todos lados y la dejó en algún rincón. Luego se miró las botamangas de los pantalones y lanzó algo parecido a un gruñido. Se desajustó el cinturón.

Con los pantalones a mitad de camino llegó a la cocina.

Hinata sintió pasos y se obligó a despertar.

Cuando abrió los ojos, la figura de Kiba en calzoncillos la sobresaltó y ahogó un grito.

-¿Que hacías en el suelo? -preguntó el joven pero la expresión de espanto de Hyu le indicó que algo estaba mal.

-¿P-orqué estás así? -preguntó Hinata y se atrincheró contra la pared más cercana.

-¿Qué? -dijo Kiba y luego miró para abajo. Tenía sólo sus modestos calzoncillos blancos. Su piel aceitunada se tornó roja, y sin explicación se sintió tremendamente avergonzado. Tanto que su cubrió las partes bajas con las manos.

-E-espera no es lo que crees. -balbuceó mientras Hinata cerraba los ojos con fuerza. -Yo sólo regresé a cambiarme, ¡un cachorro se orinó en mis pantalones! -explicó él. Estaba sofocado y lleno de vergüenza como si fuera una virginal jovencita. -¡Iré a cambiarme!, es decir ¡primero tomaré un baño! -dijo y salió de allí disparado.

Hinata se quedó sola. Era la segunda vez en el día que malinterpretaba algo. O quizás a los hombres les faltaba algún chip que les hiciera notar sus propias acciones. Ellos se toman demasiadas libertades, pensó y trató de calmarse. Conocía a Kiba, sabía que él no haría nada malo.

"No te haré daño, jamás haría eso..." Sasuke también le había asegurado eso. Hinata sacudió la cabeza, ¿porqué tenía que recordar con tanta claridad la voz de ese hombre?

Quiso tomar un vaso de agua del refrigerador, pero el sonido de un celular la detuvo. El móvil que Sasuke le había prestado estaba recibiendo una llamada. Lo tomó y como se esperaba se trataba de él. Aunque el identificador se llamadas lo ponía como 'Sasuke-sama' y ella no lo había puesto así. Ni siquiera había tocado el móvil para ó que él prefería ser tratado de una manera muy formal. Instintivamente tomó los papeles sobre la mesa y se ocultó detrás de una pared para hablar.

-¿Tienes tu respuesta?- preguntó Sasuke apenas ella contestó. La profunda voz sonaba de la misma forma en que la recordaba. Hinata se estremeció sin darse cuenta.

-Sasuke-sama...- pronunció. Sasuke se preguntó porqué el trato se volvió tan formal, pero no mencionó nada el respecto. Dedujo por el vacilar en la voz del muchacho, que Hyu buscaba dejar en claro que no estaba dispuesta a ayudarlo.

-He estado pensando que será muy difícil fingir ser quien no soy... -explicó Hinata y de repente cayó en cuenta de sus propias palabras. ¿Difícil? ¿De verdad era tan difícil? Había absorbido su personaje completamente, o más bien ella había sido absorbida por Hyu. Cada vez era más sencillo acostumbrarse a comportarse como si fuera un hombre, y vivir con aquellos tres chicos era una forma de compenetrarse aún más con ellos. Sin tener que estar cuidando los modales todo el tiempo, sin la molestia del maquillaje, y aunque fuera absurdo, sin preocuparse por lo que comía y en qué cantidad. Aún con todos los riesgos, irónicamente era más libre ahora de lo que había sido nunca.

Se halló a sí misma en su propia contradicción por unos segundos y estrujó los papeles contra su pecho. Ella tenía toda clase de inseguridades, no era apta para ese trabajo y lo sabía muy bien. Fin del tema, se dijo. Tenía que desaparecer de la vida de Sasuke ahora que no había nada que la involucrara seriamente con él... ¿Pero ya estaba metida en el ruedo, no? ¿Porqué no arriesgarse y llegar hasta las últimas consecuencias? Había un debate en su cabeza:

La Hinata racional vs aquella Hinata arriesgada que ansiaba nuevos desafíos. ¿A quién escucharía? No tuvo que dar tantas vueltas. Lo admitía, en el fondo ella deseaba arriesgarse con el alocado plan de Sasuke, pero...

-Ya veo. -dijo Uchiha recordándole que él aún permanecía del otro lado de la línea. -Deberías admitir de una vez que no tienes las suficientes agallas para hacerlo. -afirmó él. -Dime cuando fue la última vez que hiciste algo que te desafiara a tí mismo.

Hinata se mordió el labio y guardó silencio. Con las mentiras que había inventado para huir de su padre estaba haciendo algo muy arriesgado, así que Sasuke no podía hablar sobre desafíos. Además estaba a un paso de decir de que sí...

-Uchiha-sama. -dijo ella y le pareció oir un resoplo parecido a una risa.

¿Él se estaba burlando de sus palabras?

-Al parecer eres lo que proyectas, Larkin. Una persona son determinación y débil. Es bueno saberlo de antemano.

Sí, Sasuke estaba burlándose de ella con la intención de provocarla, y Hinata tomó eso como un incentivo. Sólo necesitaba un empujoncito más para animarse. En su interior rogó que Sasuke se diera cuenta de ello.

-Cobarde, te faltan...-comenzó Uchiha.

-Acepto. -pronunció ella haciéndolo callar por primera vez, y sorprendiéndolo por segunda al decir que aceptaba. Le había cortado la oportunidad de seguir molestándola. -p-ero me gustaría fijar unas condiciones... -dijo completamente sonrojada.

Sasuke esbozó otra ligerísima sonrisa y se anotó un triunfo personal al persuadir a la despeinada hormiga. Después de todo ningún hombre se resistía a los desafíos. Él que buscaba convencerla, y ella que buscaba convencerse a sí misma.

-¿Cuáles son esas condiciones? -preguntó Sasuke en un tono que a Hinata seguía pareciéndole un tono de burla. Aún así ella se aclaró la garganta, se acomodó en el rincón con la mayor dignidad que eso le permitía y empezó a hablar.

-N-o haré nada que lastime los sentimientos de esas mujeres...

-Supongo que esa limitación sólo rige para ti. -Hinata asintió, sabía que él era un experto en dejar un rastro de corazones destrozados, aún si no se lo proponía, así que no tenía caso intervenir en eso.

-T-ampoco haré nada que pueda exponerse públicamente. Punto realmente importante, si su padre llegaba a averiguar sobre su verdadero paradero... No, no quería ni pensar en lo que llegaría a pasar.

-En eso estamos de acuerdo, no habrá exposiciones públicas, todo será entre nosotros. -admitió Sasuke.

Hinata no quiso pensar si esas palabras contenían algún doble mensaje.

-Respecto a eso, tengo una duda... -añadió.

-No, ellas no se atreverían a decir nada sobre esto, son quienes más tienen que perder. Por un lado su propia vanidad femenina, el hecho de ser rechazadas por culpa de un muchacho mucho más joven que ellas, suele ser un golpe al ego. Patético, pero así es. Además, los escándalos de este tipo no son bien vistos por la sociedad en donde ellas suelen manejarse. Así que como dije, este teatral rechazo será algo que mantendrán en secreto. ¿Esa era una de tus dudas? -cuestionó Sasuke.

-Alguien como usted lo tiene todo fríamente pensado...

-Y es así como debe ser. ¿Tienes otra condición?

Hinata se mordió el labio y miró con nerviosismo las hojas entre sus manos.

-Es sobre e-l contacto físico... -dijo en voz baja.

A Sasuke le causó gracia escuchar a Hyu hablar con ese tipo de retraimiento más propio de una monja recién salida de un convento, que de un hombre joven en pleno apogeo de hormonas.

-No puede a-cercarse más de lo debido.

-¿Podrías ser más específico? ¿A qué tipo de contacto te refieres? -Sasuke encontró un ligero regocijo al imaginar que podía encender las mejillas de Hyu a su antojo, aún estando a tanta distancia. Sus palabras eran un interruptor, solo tenía que pronunciar algo de más y tic, el tono rojo se adueñaba del pálido rostro. El muchacho era único en su especie.

-N-o puede haber ningún tipo de contacto físico. -dijo ella. -Jamás puede tocarme, eso es lo más importante para que acepte hacer esto.

-Suelo embriagarme, Larkin. -dijo Sasuke con absoluta seriedad. -Tal vez necesite de tu ayuda para caminar, tendría que apoyar un brazo en tu hombro. -su voz sonaba sugestiva.

Está bien, admitía que él no tenía ni la más mínima intención de tocar a Hyu, ni mucho menos de beber hasta no ser capaz de caminar por cuenta propia, ¡pero vamos! Había descubierto algo divertido y aunque él no pudiera verlo, sabía que en esos momentos el rostro de Hyu competía con la nariz de Rodolfo el reno.

-¡N-ingún tipo de contacto! Usted no podrá tocarme...-se sobresaltó Hinata, alzando un poco la voz y sin saber que Kiba la estaba oyendo.

El muchacho no lo hizo apropósito, claro que no. Volvía de bañarse, cruzó hacia la cocina buscando a Hyu. Quería explicarle porque estaba en calzoncillos. No había sido un buen día, varios perros de los que encargaba de pasear a diario, se salieron de control a causa de una hermosa caniche que paseaba por el parque junto a su, también hermosa, dueña.

Kiba pronto tuvo que lidiar con doce perros de diferentes razas arrastrándolo como si él no fuera más pesado que un muñeco. Cuando logró controlarlos, se dio cuenta de que esta era una buena oportunidad. La dueña de caniche había quedado impresionada con semejante acto de poder, así que en unos cuantos movimientos, estuvo cerca de ella.

Con su estilo de chico divertido y despreocupado, Kiba comenzó a ganar puntos muy rápidamente. La joven parecía muy interesada en él. Ambos sabían lo que venía después; un poco más de charla, intercambio de números, una cita por la noche y... La perra no pareció de acuerdo con el plan. Se acercó con toda su coquetería a cuestas e inspeccionó a Kiba, mientras este le relataba sus exageradas hazañas a su ama, y escogió el lugar.

Kiba tardó unos segundos en identificar el tibio hormigueo que se extendía por la botamanga de sus pantalones. La caniche lo había orinado. Quedó en ridículo, eso era en lo único que podía pensar.

Se olvidó de la chica y maldijo en mil idiomas a la maldad de esa perra, (la caniche, por supuesto). Luego dejó a sus perros a cargo de otro amigo paseador y se volvió a casa. Amaba a los perros pero estos solían comportarse de forma muy territoriales como para hacer ese tipo de cosas y Kiba parecía haberlo olvidado.

-¿Algo más ante de finalizar el acuerdo? -le preguntó Sasuke a Hinata.

Kiba permanecía atento a la charla, no oía a Sasuke y estaba tratando de no malinterpretar las palabras de Hyu. ¿Con quién podía estar hablando así? ¿Una novia? No, con una novia uno no hablaba de condiciones, salidas públicas, prohibición sobre el contacto... O quizás sí, quién sabía, se dijo y se alejó de la puerta.

-Todavía no termino... -murmuró Hinata.

-Vaya que resultaste exigente. Habla entonces, niño.

Hinata tomó aire y cerró los ojos unos momentos. -Usted dijo que tenía métodos para que yo pudiera ingresar al Instituto de Konoha sin problemas...

-Supongo que no hablaras de convertirte en un alumno.

-N-o, yo sólo tengo que hablar con alguien de allí.

-Está bien. Cinco condiciones, Larkin.

-Ayer... -se apresuró ella. Era la primera vez que exponía tanto sus puntos de vista, y el hecho de que Sasuke no estuviera allí frente a frente la aliviaba un poco. -usted me llamó cerebro de ave. -susurró. Sasuke ni siquiera lo hubiera recordado si no se lo mencionaban. -Me gustaría una d-isculpa y que no volviera a decirme nada parecido, esa es la última condición.

Sasuke hizo un sonido de negación.

-Pedir disculpas no es algo que acostumbre. -dijo él.

-Es una de mis condiciones... No creo que usted sepa lo mal que...

-Lo lamento, y puedes estar tranquilo de que no volveré a llamarte así. -Sasuke la interrumpió y se disculpó con tanta dificultad y sonando tan forzado como si estuviera comiendo clavos.

Quedó claro para Hinata que esa frase mecánica sería lo máximo que obtendría de él.

Sasuke se había disculpado muy pocas veces en su vida, no lo hacía porque una disculpa era sinónimo de haber cometido errores, y él no toleraba los errores. Había sido criado por su padre con la idea de que él no le debía nada a nadie, ni siquiera un perdón. La creencia que mantuvo por tanto tiempo no cambiaría de un momento a otro aunque lo intentara...

-A las ocho. -dijo él con la voz seca y distante. Cortando la molesta conversación. -¿Tienes la dirección?

Hinata hizo malabares con los papeles para encontrar una tarjeta con las coordenadas a las que debía ir.

-S-í. -dijo mientras la miraba.

-Entonces te veré allí. Acepté tus condiciones y espero que cumplas con las mías. No te atrevas a llegar tarde. -le advirtió y luego cortó la comunicación.

(~^.^)~Sayonara!