Paul:
¡Mierda! ¡Mierda!¡Mierda! ¡Mierda!¡Mierda!
¡Joder!
¡¿Se podía tener peor suerte que yo?
La respuesta es: NO.
Me he imprimado.
¡Me he imprimado de la jodida Rachel Black!
De la hermana mayor de Jacob; de la mujer que me había atacado sin consideraciones y gritado en la playa; de una mujer conocida por no querer volver a casa; de la chica que arrojo una silla a la cabeza de Sam Uley a los 12 años; de la adolescente que obligo a Embry a atravesar el bosque con ropa de chica cuando lo encontró hurgando en el cajón de su ropa interior; la hermana sobreprotectora que pincho las ruedas del coche de Joe White cuando este le rompió el corazón a su gemela; ¡la chica que me echo de su casa cuando a los 8 años cuando tuve una pelea con Jake!
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
No había una mujer un poco menos apropiada para mí en toda la jodida Push.
No podía ser un calzonazos como Jared o Sam e ir a ella a ponerle ojitos y suplicar su amor.
¡Yo no quería su amor!
¡Quería dejar de pensar en ella!
Quería que mi cabeza dejase de ser un lio, quería mantenerme alejado de todo ese drama de relaciones de pareja, ¡quería seguir como si nada hubiese ocurrido!
Pero no podía.
Lo intente durante todo el jodido día, pero no pude.
Volví a casa e intente de emborracharme. No funciono. Trate de ver la tele, no me concentre. Fui a buscar a Jared, pero se había enterado de toda la mierda de la playa y tuve que huir antes de soltarle la verdad. Acabe vagando durante toda la puñetera tarde en Port Angeles, e incluso trate de ligarme a dos chicas impresionantes, una rubia y otra pelirroja, pero ya no me resultaban tan atractivas como deberían. Una me pareció demasiado alta, y la otra tenía el pelo demasiado claro…
De repente todas aquella mujeres que antes me habían hecho perder el aliento me resultaban insulsas e insuficientes, como si fuesen pobres imitaciones de una mujer de verdad.
Ninguna de ellas era Rachel.
Me di de cabezazos contra la pared de un bar exasperado durante una media hora.
Más tarde, aquella noche, tirado sobre los dolorosos tablones de mi estropeado porche, comprendí que no tenía ni una puta oportunidad para librarme de aquella mierda.
No podía dejar de pensar en ella. Cuando miraba a otra chica, allí estaba ella, cuando cerraba los ojos, allí estaba ella. No tenía ni una sola oportunidad de huir.
Igual que no tenía ni una solo oportunidad de eludir las leyes de la física. Yo…
Había dejado de ser yo mismo, para convertirme en…
No tenía ni puñetera de idea de quien se suponía que era ahora, pero supe que tenía que averiguarlo. Tenía que acercarme a ella de alguna manera.
Me iba a echar, lo sabía, sabía que con mi suerte y el carácter de ella me iba echar de su lado de una patada, pero yo tenía que intentarlo de todas maneras.
Consciente de ser un puto capullo calzonazos me encontré a mi mismo delante de la casa de ella.
No tenía ni idea de que iba a hacer, ni siquiera sabía si tenía el valor de decirle algo.
Pero una vez allí me di cuenta de que bastaría con verla, me bastaría con asegurarme de que ella estaba bien.
Me acerque a la casa sigilosamente solo para encontrarla en el porche.
Estaba completamente dormida. Con la cabeza inclinada en un mal ángulo sobre el respaldo de la hamaca y una revista de arquitectura abierta en el regazo.
Era adorable.
¡Estúpido pensamiento!
Pero ella lo era, joder, ¡lo era!
Dormida parecía una mujer tranquila e indefensa. Nunca nadie reconocería a la harpía que lo había atacado aquella mañana en la playa. La mujer fuerte y furiosa había dado lyugar a una pequeña e indefensa mujer…
No pude resistir la tentación de tocarla. De repente sentirla parecía lo más importante del mundo, como si necesitase asegurarme de que ella estaba realmente allí y no fuese solo un producto de mi enferma imaginación.
Acune su mejilla, de altos pómulos, en mi mano. Era suave y blanda, incluso cálida. El corazón me dio tan vuelco en el pecho que creí que se me iba a salir por la boca y algo bailo inquieto en mi estomago.
Me costó darme cuenta de que estaba sonriendo. Me costó darme cuenta de que era feliz.
Me aparte de ella sorprendido.
Nuca iba a poder alejarme de ella. Lo supe. Me daba igual si me convertía en un acosador o en un vagabundo, me bastaría con verla para que mi pecho se hinchara de satisfacción, me bastaría saber que era feliz para que yo mismo fuese feliz.
Era un jodido lobo imprimado e iba a tener que hacerme a la idea.
Me sobresalto un ruido pesado a mis espaldas.
Jake estaba saliendo del bosque frente a la casa. No parecía sorprendido, era evidente que había estado allí mirando durante un buen rato sin que yo me diese cuenta. Estaba temblando. Reconocí su ira.
Lo sabía.
Nota de autora:
Un pequeño regalo de Navidad retrasado.
Un pequeño punto de vistapor parte de Paul, no se porque pero los suyos siempre son más cortos...
A Paul le va a costar hacerse a la idea. Pero Jake se lo va a tomar incluso peor.
Muchas gracias por vuestro apoyo!
Besos!
