CAPÍTULO 10: ALGUIEN A QUIEN MERECE LA PENA CONOCER

- Granger, creí haber dejado claro que era suficiente por hoy. Hoy no estoy como para aguantar sus preguntas.- su voz sonaba fría y cortante.

- Profesor, yo solo... quería venir a disculparme. Aquel hechizo, cuando pronuncié el protego, fue totalmente instintivo. Yo no sabía lo que iba a pasar. Solo quería echarlo de mi mente.

- Muy bien Granger, ahora lárguese.- Ni siquiera la miró, tan solo siguió con sus cosas.

Hermione se sintió tremendamente dolida. Todas las semanas que habían pasado, las sesiones con los chicos, las tardes en su biblioteca, las conversaciones que habían mantenido... En definitiva, la confianza que creía que había nacido entre ellos, se había esfumado de golpe. Una gran tristeza la embargó, musitó un seco "claro, profesor", y salió de allí.

De vuelta desde las mazmorras no pudo evitar que se le empañaran un poco los ojos. Quiso achacarlo a los vívidos recuerdos sobre sus padres que aún daban vueltas en su cabeza, pero sabía que había otra razón más. La frustración y la ira por la nueva actitud de Snape ("esa siempre ha sido su actitud".-dijo una molesta vocecita en su cabeza, pero se negaba a creerla) fue creciendo hasta que la hizo pararse en seco.

Dio media vuelta y se encaminó de nuevo hacia el despacho del profesor. "Ron tiene razón. Debo estar loca".- pensó.

Volvió a llamar (más bien aporrear) a la puerta del despacho y entró sin esperar la respuesta.

- ¿Siempre aleja así a la gente?.- le increpó.

- ¡Granger!.- siseó.- ¡¿qué demonios cree que está haciendo!? ¡Fuera de aquí ahora mismo!

- ¡No pienso irme a ninguna parte! Le he hecho una pregunta. ¿Siempre echa así a la gente de su vida?

- ¡50 puntos menos para Gryffindor por semejante insolencia!

- Me da igual cuantos puntos quiera quitarle a Gryffindor.

- ¿Y qué la hace creer que forma parte alguna de mi vida? ¿Ahora pretende que seamos "amiguitos", como Lupin y usted?

Hermione se sintió como si hubiera recibido un jarro de agua fría. Cuando habló no lo hizo alterada o furiosa como antes, sino con una calma y frialdad inusitada.

- No profesor. Está claro que usted no está abierto en absoluto a ningún tipo de amistad ni interacción con otro ser humano. Y tampoco es que lo pretenda, pero... creí haber descubierto en usted... algo diferente. No importa. Está claro que me equivoqué. No volveré a molestarlo.

Aunque no quisiera reconocerlo jamás, Severus Snape no quería echar a Hermione Granger de su vida. Claro que se había hecho un pequeño hueco en ella. Nunca había tenido a nadie con quien conversar así y que no lo juzgara. Se había acostumbrado a su presencia, y le agradaba. Pero también le daba miedo, una parte de él le decía que era absurdo, que debía alejarla y todo sería más fácil. Pero en ese instante, aquella opción le parecía horrible. Y su alumna se había girado y ya casi estaba alcanzando la puerta.

- Granger.- su voz sonó mucho más baja y suave. Ella se giró y lo miró, su pétrea mirada de ojos chocó de frente con la oscura mirada de Snape, indescifrable.- No se vaya.

En el rostro de Hermione cruzó fugazmente un gesto de sorpresa, pero volvió a ser tan frío y pétreo como antes. Ella no se movió ni se acercó, permaneció allí parada, junto a la puerta, mirando a su profesor, sin ninguna intención de romper aquel intenso silencio que ocupaba toda la sala como un pesado manto. "No me lo va a poner nada fácil".- pensó Snape.

- Vuelva aquí, por favor.

Ella se acercó sin hacer ningún comentario, a la espera de que fuera él quien hablara.

- No pretendo alejarla de mi vida.

- ¿Ahora sí que formo parte de ella?

- Granger.- su tono empezaba a sonar amenazador, como una advertencia.- No me lo ponga más difícil.

- Es usted quién hace las cosas difíciles, profesor.

- ¿ES QUÉ NO SE DA CUENTA? ¿Qué quiere que le diga?.- gritó Snape.- ¡Intentaba disculparme, ya sé que he perdido los nervios! Pero usted permanece ahí, ofendida. Pues lo siento, pero me temo que no soy una persona agradable, nunca lo he sido. ¿Y viene y se atreve a decirme que si siempre echo a la gente de mi vida? Pues claro que sí, llevo siglos haciéndolo, porque resulta que todo el que ha podido ser importante para mí ha terminado MUERTO. Y ya resulta bastante complicado ser un espía. Renunciar a tener una vida normal forma parte del papel.- Hermione se dio cuenta de que su profesor había dicho todo aquello en una de golpe y sin pensar, como si llevara mucho tiempo guardándoselo. De pronto se había desinflado, tomó aire, y murmuró.- No sé ni por qué le cuento esto.

Hermione tenía de nuevo los ojos empañados, pero esta vez sentía una sensación cálida en el pecho y un gran vértigo en el estómago. Cuando habló, lo hizo suavemente, con delicadeza y abandonando al fin la frialdad anterior.

- ¿No se da cuenta? Probablemente explota así porque una parte de usted desea tener esa vida normal y lleva mucho tiempo encerrado en sí mismo.

- No puedo permitirme esa vida normal, Granger.- su voz denotaba una profunda tristeza.

- ¿Por qué no? Sé que tiene que cumplir con su papel de espía y todo eso, ¿pero es necesario llevar esa máscara todo el rato? Profesor, ya sé que para usted soy una cría y una sabelotodo. Pero llevo tiempo tratando de hacerle entender que estamos en el mismo bando, que confío en usted, y que si conozco su papel en la Orden y soy lo suficientemente adulta como para formar parte de ella, ¿por qué se empeña en seguir actuando frente a mí?

- ¿Y no se ha preguntado que tal vez Severus Snape es así de desagradable, que eso no es parte de la actuación?

- Hace unos meses quizá le hubiera creído. Pero ahora no. Tal vez sea usted el que debe preguntarse si no lleva demasiado tiempo creyéndose ese papel.

Se hizo un silencio entre ambos. Pero no era un silencio incómodo y vacío. Era de esa clase de silencios llenos de significado. De pronto el profesor preguntó:

- ¿Qué creyó haber descubierto?

- ¿Cómo dice?

- Hace un momento. Usted dijo que creyó haber descubierto algo diferente... en mí. ¿A qué se refería?

Hermione no se esperaba esa pregunta de su profesor. No le pareció una pregunta altanera o que hiciera para humillarla. Solo le pareció ver detrás de aquella pregunta a un hombre roto por dentro, en el que jamás nadie había confiado o del que ningún otro ser humano había esperado algo bueno, alguien que necesitaba encontrarse a sí mismo después de tanto tiempo tras una máscara. Ella enrojeció ligeramente, pero era una Gryffindor, no iba a amedrentarse.

- Supongo que... a la persona más valiente que conozco. Y alguien a quién merece la pena conocer.

El profesor cerró los ojos por un instante. Pareció que iba a decir algo, pero se arrepintió de ello. De nuevo caía el silencio sobre ellos.

- Por favor, profesor.- dijo Hermione.- Déjeme que lo ayude. Ya soporta una carga tremenda con su misión de espía. Pero está claro que su carga va más allá. Permítame aliviarla, ayudarle. Yo...- hizo una pausa, sintiéndose muy tonta. Estaba allí, incapaz de mirarlo a los ojos.- ya sé que soy una cría, y que soy su alumna. Pero siempre estaré aquí si necesita a alguien que lo escuche.

Hermione dejó de mirarse las manos como una tonta y levantó la mirada, cruzándose con la mirada más indescifrable que jamás había visto en aquellos ojos oscuros.

- No es usted una cría, lo ha demostrado en muchas ocasiones.

Hermione esbozó una pequeña sonrisa.

- ¿Esa es su forma de decir que me permitirá ayudarlo?

Snape alzó ligeramente una ceja y casi estuvo a punto de sonreír. Por Merlín, aquella muchacha lo descolocaba. Pero cuando estaba con ella, su vida no parecía tan gris.

- Tal vez.

Hermione sonrió, ahora ampliamente. Aquella respuesta tan seca era todo un logro proviniendo de Snape, y ella lo sabía.

- No sé qué pretende con todo esto, señorita Granger. ¿Que le cuente mi lamentable vida? No me gusta dar pena ni soportaría que tuviera lástima de mí.

- No quiero que me cuente nada que no quiera contarme. No soy una cotilla, y la verdad es que no me importa su pasado. No necesito saber sus motivos para hacer lo que hace o ser lo que es. Pero me encantaría comprenderlo. Y si usted necesita desahogarse, lo cual por su reacción esta tarde parece que necesita, yo estaré encantada de escucharlo.

Snape no esperaba aquella respuesta. Solo atinó a decir, entrecerrando los ojos.

- ¿Mi reacción de esta tarde?

- Profesor, usted nos ataca con Legeremancia todas las semanas, y en este tiempo seguro habrá descubierto cosas vergonzosas de nuestro pasado: el poco aprecio que los Dursley tienen por su sobrino Harry, la pobreza de la familia de Ron, lo sola y diferente que me he sentido siempre hasta que por fin tuve a Harry y Ron por amigos, por no hablar de mi último verano.- su voz tembló al pensar de nuevo en sus padres.- Pero cuando por una vez ha sido usted el que se ha visto vulnerable y atacado, nos ha echado sin dudar. Y cuando he vuelto aquí para pedirle disculpas, pues le aseguro que no quería entrometerme en su intimidad, me ha tratado con una frialdad que nada tiene que ver con las últimas semanas, y se ha cerrado en banda. Entiendo que no soy nadie para haber visto las cosas de su pasado que he visto. Pero no tiene nada de lo que avergonzarse. Esas cosas... no fueron su culpa.

Algo en el interior de Severus Snape se rompió por dentro y le empañó la visión. Pero no iba a llorar. No cuando ni siquiera recordaba la última vez que había llorado, y menos aún delante de su alumna.

- Sí que fueron mi culpa. Gran parte de ellas. Mi padre era un borracho y un maltratador. Nunca hice nada por detenerlo.

- ¡Era usted un niño!

- Debí... debí haber apoyado más a mi madre. Haberla dado el valor para huir de allí con los dos, o para hacerla usar su magia contra él. Ella... se sumió en una profunda depresión, su magia dejó de funcionar correctamente, tanto que casi se convirtió en una squib. Y cuando yo tenía 14 años... él se suicidó. Creí que así se acabaría todo, que ella volvería a estar bien, tras haberse librado de aquel monstruo. Pero ella nunca se lo perdonó. Creo que en el fondo se sentía responsable. Y murió, probablemente por la pena, cuando yo estaba a punto de cumplir los 17. A principios de diciembre. Yo estaba en Hogwarts, ni siquiera pude despedirme de ella.- una lágrima solitaria rodó por la mejilla del profesor, y él se la limpió con rabia, deseando que su alumna no se hubiera dado cuenta.

- Profesor, ha tenido que ser muy duro pasar por una infancia así. Pero no se juzgue tan duramente. En el momento nunca sabemos cómo reaccionar, y era tan solo un niño.

- Cuando llegué a Hogwarts pensé que todo iba a mejorar. Como le ocurrió a Potter. Su vida en Privet Drive es horrible, pero aquí ha encontrado amigos, todos le adoran, y ha escapado de aquello que ya no es más que una diminuta parte de su vida. No fue así para mí.

Snape se dejó caer en un sillón y Hermione se sentó a su lado.

- Potter, su amiguito Lupin y Black hicieron de mi adolescencia aquí otro infierno. Tal vez se creyeran muy graciosos, pero sus constantes humillaciones terminaron de destrozar mi autoestima y mi vida aquí. Sí que tuve una amiga. La única amistad de verdad que he tenido. Pero acabé destrozando eso también. Todos le decían que yo no era alguien agradable con quien estar y acabaron por tener razón. Yo me fui volviendo cada vez más huraño, más cerrado. Estaba siempre a la defensiva hasta que aprendí a atacar primero. La rabia y la frustración me consumían. Intenté encerrarme en los estudios, y era de lo poco que podía ayudarme a sobrellevar todo aquello. Me gustaba aprender. Pero también me suponía una tentación. Me hacía sentir poderoso. Era hábil, muy hábil. Especialmente con las pociones y los hechizos. Y aquello era como una llamada, una huída. Incluso demostré cierta habilidad para crear hechizos y maldiciones. Me asusté de mí mismo, pero fue entonces cuando aparecieron los mortífagos.

Snape había destapado un torrente en su interior, y mientras aquella muchacha la miraba con compresión y aceptación, no con pena, él ya no podía parar de hablar. Remover todo aquello dolía y escocía. Era como vaciar un pozo de tristeza y oscuridad, de amargura y de lo más podrido que había escondido siempre. Pero en el fondo de ese pozo, había una promesa de encontrar la luz, así que siguió hablando.

- Algunos chicos de Slytherin tenían hermanos mayores o incluso padres que frecuentaban ciertas reuniones en torno a un mago poderoso que estaba surgiendo. Buscaban magos fuertes, sin escrúpulos, especialmente entre los más afines a la limpieza de sangre. Yo no tenía nada en contra de los muggles ni de los nacidos de muggles. De hecho, mi mejor amiga era hija de muggles, pero al final la había perdido: la había apartado de mi lado, no quería su lástima ni los juicios de sus amigos. Ella se había hartado de defenderme, y lo que era peor, al final había cedido a los coqueteos de uno de sus queridos compañeros de Gryffindor que tanto adoraban hacerme la vida imposible. Mis nuevos "amigos" me intentaron convencer de que no era más que una asquerosa "sangresucia" y que estaba mejor sin ella. Al igual que el desgraciado de mi padre. Me elogiaban por mis capacidades, por mi habilidad con los hechizos y maleficios. Me decían que tenía un gran potencial. Nunca me había sentido valorado por nadie, y aquello, por una vez, era agradable. Me hacía sentir importante. Por supuesto, no eran más que manipulaciones. No eran mis amigos, y mi vida o mis preocupaciones les daban igual, solo querían sacar partido de mí. Pero con mi mierda de vida, aquello era lo único a lo que podía agarrarme, así que me uní a ellos.

Lágrimas silenciosas caían por el rostro de Hermione, que no se atrevía a interrumpirlo.

- Al principio ni siquiera teníamos un contacto con el Lord, no éramos tan importantes. Había cosas que me repugnaban, y yo me mantenía al margen de ellas. Tenía excusa para ello, al fin y al cabo siempre había sido un antisocial, de modo que me no necesitaba participar de sus macabras o pervertidas actividades. Por eso, algunos no terminaban de confiar en mí, ni en que yo fuera a ser de provecho. Pero yo era joven y astuto. Quería demostrar mi valía. A la hora de maquinar planes, yo tenía una habilidad especial. Pronto empezaron a fijarse en más en mí. Tal vez no fui el verdugo, pero por mi culpa sé que hubo personas a las que acorralaron, a las que obligaron a someterse al Lord, a las que torturaron y asesinaron. El peso de la culpa recae sobre mí como una losa. Dentro de mí, muy en el fondo, sabía que todo aquello estaba mal, que me estaba traicionando a mí mismo, que mi madre se avergonzaría de ver en lo que me había convertido... Pero no quería reconocerlo. Todo eso estaba adormecido y tapado, era más fácil dejarse llevar por aquellas personas que me presionaban para colaborar, mientras que celebraban mis aportaciones, me adulaban, contaban conmigo para sus planes... Todo hasta que me tocó espiar a Dumbledore. El director Dumbledore siempre había mostrado delicadeza conmigo. Fue quien me anunció la muerte de mi madre y trató de consolarme, ofreciéndome su apoyo. Yo lo rechacé, pero siempre tuvo un ojo en mí. Pensaba jugar esa baza, solicitar el puesto del viejo profesor Slughorn que se iba a jubilar, y convertirme en un espía dentro de Hogwarts. Así podría empujar a alumnos de Slytherin en la dirección "correcta", hacia el Señor Oscuro, y espiar a Dumbledore, el mago que más le interesaba al Lord eliminar. Conseguí que me citara para una entrevista. Averigüé que primero iba a entrevistarse con una supuesta adivina para ampliar el currículo de optativas del centro. Y pensé que podría espiarlo para ver cómo era la entrevista, recabar información sobre qué quería Dumbledore en un profesor. Tenía que lograr que me contratara. De modo que fui allí, y escuché a un escéptico Dumbledore que de ninguna manera iba a contratar a aquella farsante. Pero cuando ya se despedían, la mujer entró en trance y pronunció una profecía con una voz totalmente distinta a la suya. Por un momento pensé que era una farsa, pero había leído sobre ello, y tanto yo como el director nos dimos cuenta de que era real. Supongo que ahí fue cuando decidió contratarla, no por su don de predicción, sino para protegerla en Hogwarts, pues aquella profecía hablaba del Señor Oscuro. Sin embargo, en ese momento el tabernero de cabeza de puerco me descubrió, y tuve que escabullirme con una excusa, sin terminar de escuchar aquella profecía.

El profesor hizo una pausa. Parecía que le costaba continuar, pero algo le decía que tenía que seguir vaciándose por completo, hasta rozar esa luz. Bebió un sorbo de café, notando como el calor le confortaba un poco y le despejaba la mente. En algún momento difuso, no sabía muy bien cuando, se habían sentado en los sillones de su despacho, y había convocado unas tazas, café y té. Apoyando sus codos en sus piernas y hundiendo la cabeza entre sus manos, prosiguió.

- El resto de la historia... probablemente le haga odiarme más que nunca y salir por esa puerta, Granger.

Hermione negó ligeramente con la cabeza, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. No estaba dispuesta a ir a ningún lado.

- Como puede imaginar, corrí a contarle lo que había oído al Lord. La profecía hablaba de él y de un niño que nacería ese verano, de padres aurores que ya se habían enfrentado a él. Yo no fui consciente de lo que había hecho, hasta que él me felicitó, y dijo: "me encargaré de los Potter". De modo que ya ve, señorita Granger. A pesar de que traté de remediarlo y advertir a Dumbledore, yo soy el culpable de que su amigo Potter sea huérfano.

Snape dijo aquello último levantando la cabeza, antes enterrada en sus manos, con una mirada desencajada y rota. Y Hermione vio todo su dolor, su remordimiento. Y lo comprendió de golpe.

- Usted estaba enamorado de ella.- dijo con voz tenue, acabando en un susurro.- de Lily, su amiga de la infancia.

Snape volvió a enterrar su cabeza entre sus manos, con los puños a los lados del rostro, para que Hermione no pudiera ver, tras la cortina de pelo grasiento, las lágrimas que a duras penas lograba contener.

- El día en que murió... Ese día rompió mi vida en pedazos.- el profesor se obligó a continuar.- Fue como estamparse contra el suelo en una dura caída libre que duraba ya varios años. Me di cuenta de que, por muy miserable que fuera mi vida, eso no justificaba nada de lo que yo había hecho. Solo me quedaba una vida inútil. Debería alegrarme de la caída del Lord, eso quizá me puso las cosas más fáciles. Pero por un lado, hubiera preferido poder hacer algo útil, enfrentarme a él, morir si era necesario. En lugar de eso...

- En lugar de eso solo le quedó una vida amarga buscando redención...- terminó Hermione.- Y que ahora que Voldemort ha vuelto, dedica por fin a arriesgar día tras día en su papel de espía, tratando de protegernos a todos.

Se había vaciado por completo, y... ¿Cómo era posible que aquella muchacha lo comprendiera tan bien? Su voz no sonaba resentida ni airada. Severus Snape se atrevió a levantar la mirada, y encontró en los ojos de Hermione Granger una luz que le devolvió algo de paz a su maltrecha alma. Vio en sus ojos una comprensión y empatía que nunca nadie le había mostrado, y sin necesidad de palabras.

Estuvieron un rato en silencio, sin saber bien que decir, tratando de asimilar todo aquello.

- Profesor...- titubeó Hermione.- Gracias.- ¿Gracias? Pensó Snape.- No sé qué decirle, pero... muchas gracias. Por… haberse abierto así, por... por mostrarme su vida cuando yo no tengo ningún derecho a saberla.

Hermione se sintió muy tonta: quería decirle tantas cosas, mostrarle de alguna manera su agradecimiento, aceptación y apoyo, pero no hacía más que tartamudear y no le salían las palabras.

- Lo que quería decirle es que... su vida tiene un gran valor, al margen de su misión de espía o lo que tenga que hacer con ella y que... nos ha ayudado tanto y salvado la vida tantas veces... su deuda está más que saldada.

- Gracias señorita Granger. Pero me temo que cometí muchos errores. Usted no puede comprenderlo. Mi deuda durará de por vida y... no puedo permitirme en pensar si mi vida vale para algo más que ser espía. Siempre he sabido que, muy probablemente, no sobreviviré a esta guerra. Es... demasiado complicado. Y tal vez sea mejor así, yo cumpliré mi misión, y nadie lamentará mi muerte.

La mirada de Hermione cambió bruscamente, empañada de nuevo por lágrimas y con una angustia furiosa.

- ¡No diga eso profesor! Claro que sí. Yo... yo lamentaría mucho su pérdida. Tiene que luchar hasta el final, y cuando todo esto acabe, se sentirá libre... para ser feliz, supongo. Aunque debería empezar a intentar serlo desde ahora.

Severus Snape sonrió, ante la inocencia tan abierta de su alumna, y su oscura mirada se iluminó un poco.

- Como si fuera fácil.

- No lo será nunca si no lo intenta.

- Es usted cabezota, ¿eh?- tras una pausa, dijo.- Gracias señorita Granger, creo que ya ha hecho bastante por mí hoy, escuchándome esta tarde. Pero entenderá que me siento terriblemente incómodo tras todo lo que le he contado, y creo que lo mejor será que se vaya. De todos modos... gracias. A pesar de lo terriblemente cabezota que es... me alegro de que volviera a aporrear mi puerta.

Hermione sonrió, e incluso pensó que podía tentar ligeramente a la suerte.

- ¿Significa eso que va a devolverme los puntos de Gryffindor?

- Por supuesto que no.- dijo el profesor, fingiendo seriedad.

- Tenía que intentarlo.- dijo ella, con diversión.

Se dirigieron a la puerta y Hermione, antes de abrirla, paró y se giró hacia su profesor, quedando notablemente cerca, tanto que podía sentir de nuevo la agradable fragancia que emanaba de él.

- Gracias de nuevo, profesor. Prometo que no diré nada de lo que me ha contado.

Snape asintió, y cuando ella ya iba a abrir la puerta, le dijo:

- Tal vez en otra ocasión sea usted quien me cuente por qué reaccionó así en Oclumancia y tuvo que echarme de su mente con el hechizo protego.

Hermione recordó cómo se había asustado al sentir el torrente de emociones que acompañaban las imágenes de su mente, temiendo que el profesor pudiera sentirlas también. Pero sobre todo, recordó a sus padres, y el dolor que aquello le producía.

- Tal vez, profesor.

Hermione había abandonado el despacho y dentro un Severus Snape, sorprendido y paralizado en el sitio, se llevaba, atónito, una mano a la mejilla en la que su alumna le había dado un beso de despedida justo antes de salir.