El Guardián Oscuro

Capítulo 10

¿Náraku?

Poco a poco el sol avanzaba. En el interior de la casa de Inuyasha reinaba la paz, el silencio se apoderaba de cada rincón de la enorme mansión.

El anochecer llegó, el latido de un corazón y la respiración de una persona invadió la tranquilidad. Inuyasha despertó; revisó las protecciones que había dejado establecidas alrededor, estaban intactas. Los lobos se encontraban bien, no habían detectado ningún invasor. Ordenó a la tierra que los cubría que se abriera. Salió de su lecho con el cuerpo de Kagome en sus brazos, dejándola en el dormitorio subterráneo que ella conocía.

Hizo que las velas que ahí se encontraban se prendieran con un solo movimiento de su mano y revisó a Kagome. De la misma forma, limpió los residuos de tierra que quedaban sobre la bata que la cubría asegurándose que se despertara limpia y fresca.

Entró en su cuerpo, la transformación se había consumado y las viejas heridas que había sufrido en la nave industrial se habían curado. Sólo entonces la liberó del sueño profundo de los carpatianos, sus pulmones se llenaron de aire y su corazón empezó a latir, entrando en el sueño más ligero de los humanos.

Inuyasha no podía creer lo que estaba pasando, su compañera de vida estaba con él, como lo estaría en cada despertar de ahora en adelante.

El camisón de Kagome se había recorrido dejando al descubierto sus piernas, Inuyasha empezó a acariciarlas subiendo sus manos hasta dejar al descubierto su cintura. Empezó a besar ésta zona, su sabor era delicioso, su calor lo embargaba. Estuvo consciente del momento en que ella se despertó, cuando tomó consciencia de lo que él le estaba haciendo y del maremoto de placer que su cuerpo estaba sintiendo.

¡Inuyasha!, pensó en la vía de comunicación que sólo los compañeros de vida tenían. Sólo atinó a tomar su cabeza entre sus manos y a sentir como las manos de él recorrían una y otra vez sus piernas y su boca se dirigía a sus senos, deleitándose con el sabor de sus pezones.

Eran tantas las sensaciones y tantos los lugares que él quería explorar, pero ya no podía aguantar más, dirigió toda su atención a la entrepierna de Kagome quien lo único que sintió fue como sus manos bajaban junto a la cabeza de Inuyasha. No sabía lo que pretendía hasta que en su mente, escuchó: ¿Tienes idea de cuál es tu sabor? y sólo gimió, al sentir como la lengua de Inuyasha la recorría en su totalidad.

Ante las sensaciones que la inundaban lo único que atinó a hacer fue arquear la espalda y tomar las sábanas con manos, pensando que se perdería en el placer.

Después de unos minutos, Inuyasha no aguantó más subió hasta poder besarla apasionadamente, se acomodó entre sus piernas y penetró el calor húmedo que lo esperaba… que lo reclamaba. Kagome pensaba que había conocido un mundo nuevo, pero cada vez que estaba con él, la experiencia era diferente; aumentaba su necesidad por él.

Kagome sólo podía aferrarse con sus manos a los fuertes brazos de Inuyasha e instintivamente apretó su rostro al pecho de él, pasó su boca por la piel, lo besó y empezó a mordisquear donde notaba que la sangre fluía.

Sintió como en ése momento el corazón ya de por si agitado de él, daba un vuelco, acelerándose aún más, aprovechando para rodear con sus piernas la cintura de Inuyasha consiguiendo que la penetrara aún más.

La lengua de Kagome empezó a rodear el lugar donde notaba el flujo de sangre.

Por favor, Kagome, sigue... Sigue así…

Estaba ardiente de deseo, la anhelaba.

Sigue, Kagome…

Ella estaba fascinada oyendo sus latidos, se dejó invadir por el placer. La mente de Inuyasha estaba fundida con la suya. Ambos sintieron como si un relámpago los atravesara cuando ella le hundió profundamente los dientes. Era una sensación inexplicable, el alimento que estaba ingiriendo era delicioso, no entendía como, pero no rechazaba lo que estaba haciendo; era un sustancia adictiva, lo estaba saboreando.

Cerró los pequeños orificios con la lengua. Sintió el cuerpo de Inuyasha tensándose y su propio cuerpo que explotaban en un sinfín de placer, de calor ardiente.

Después de unos instantes Kagome alzó la mirada hacia Inuyasha, con los ojos abiertos. No podía creer lo que acababa de hacer… lo que por su propia voluntad acababa de hacer.

Le dio un empujón, sentándose en la cama dándole la espalda, el no se retiró, al contrario, se acercó y empezó a recorrer con la lengua su columna.

No estoy seguro de que éste despertar, duró lo suficiente para saciar mi sed. Quiero más, Kagome…

¡No!... de ninguna manera – le replicó, pero él ya estaba acariciando su cuerpo nuevamente, haciéndola agitarse y suspirar nuevamente.

No estamos obligados a parar, necesito enseñarte muchas cosas…

Después de algunas horas, estaban en el despacho, Inuyasha estaba frente a la computadora y Kagome estaba sentada en un sillón, todavía con el cuerpo deliciosamente dolorido y sensible por la interminable posesión que Inuyasha había hecho de él.

No estaba segura de poder ver a la cara a Inuyasha nuevamente… a pesar de todo estaba avergonzada de todo lo que había pasado entre ellos… Para tratar de quitar de su mente ésas imágenes levantó el periódico que estaba en una de las mesas y se sorprendió ante las noticias que vio.

Inuyasha…

Él dirigió toda su atención hacia ella, esa actitud le encantaba, parecía que ella era lo más importante.

Lo eres.

Ok, basta… no estés leyéndome el pensamiento, ¿de acuerdo?, la única que tiene que estar en mi cabeza soy yo… Estoy leyendo en el periódico… el señor Drake fue encontrado muerto en su casa.

¿El famoso banquero? ¿Cómo murió? – preguntó Inuyasha, a sabiendas que él había sido el responsable de esto.

Sólo dice que uno de sus empleados lo encontró muerto.

Kagome estaba segura que Drake estaba inmiscuido en asuntos muy gordos relacionados a tráfico de droga, pero nunca pudo relacionarlo directamente.

Además en páginas interiores se describe que también sus dos gorilas más cercanos fueron encontrados muertos – se quedó muy pensativa observando a Inuyasha – ¿Tú los conocías?

Kagome – le respondió Inuyasha con toda la calma del mundo - ¿Me estas acusando de algo?

Ella se ruborizó por la forma en que él la miraba. Su apetito ardiente se notaba en los hermosos ojos dorados que tenía. Trataba de enfrentarse a lo concerniente a su transformación, sólo así podía explicarse la intensa necesidad que sentía, de estar a su lado.

No, claro que no te estoy acusando de nada… - le respondió bajando la vista hacia el periódico y sintiendo como el calor envolvía su vientre. Trató de cambiar de tema.

Dime, ¿qué haces? – fingiendo de repente un extraño interés por lo que él estaba haciendo en la computadora.

Respondiendo un correo de mi hermano Seshomaru, él vive en París y, aunque existe una forma de comunicación directa con él porque hemos intercambiado sangre, no me apetece mucho hacerlo. Lo único que hace es pensar en Rin. – dijo recordando a su hermano, la sensación de amor fraternal hacia la persona que había sido su compañero durante tantos siglos estaba más presente que nunca y todo gracias a que las emociones habían vuelto a él por la presencia de Kagome, su Kagome.

Todo en ella le hacía sonreír, a pesar de su carácter rebelde que hacía que no siguiera sus indicaciones, en toda su existencia ningún ser se había atrevido a hacer eso.

¿Me estas escuchando? – le preguntó Kagome, al verlo tan pensativo – justo cuando estoy pensando en cómo me gusta que pongas atención te quedas pensando en la inmortalidad del cangrejo.

No estabas diciendo nada - le respondió él, con una sonrisa dibujada en el rostro.

Claro que sí, estaba hablándote… - le mintió.

Inuyasha se dirigió rápidamente a ella, acercando su rostro al suyo.

No has dicho ni una sola palabra.

Estaba divertido viendo como ella trataba de jugar con él… Se deslizó sobre ella como un felino hacia su presa.

Ella sentía calor en su interior, teniendo imágenes eróticas en su mente; imágenes que él le mostraba. Se recostó sobre el sofá, alzando una mano hacia él para detenerlo.

Eso de moverte a gran velocidad, se debe acabar. – le dijo mostrándole una sonrisa coqueta que lo dejaba sin poder hacer nada.

Ella aprovechó esto para salir de la zona de peligro y siguió leyendo el periódico.

¿Quién es Tomas? Preguntó Inuyasha.

¿Dónde has oído hablar de él?

Desde que empezaste a leer el periódico has estado pensando en él.

Veo que no hay secretos para ti… él es una persona con la que crecí, quiero comunicarme con él para ver si sabe algo de Náraku, después de que hace sus apariciones en mi vida, tiene la extraña costumbre de rondar la academia donde él mismo siendo yo una niña me instruyo. No me puedo mover yo misma para investigar porque tengo que cuidar a un arrogante como tú.

Me alegra que tengas que quedarte aquí para "protegerme", pero esa explicación de Tomas no me deja muy satisfecho – dijo acercándose lentamente a su boca, besándola apasionadamente. Hizo que cayera rendida en el sofá, pero pudo percatarse de lo adolorida que estaba.

Perdóname amor, debí ser más considerado contigo. Si quieres puedo hacer que te sientas mejor.

No, me gusta estar así – es como si te perteneciera.

Es que me perteneces.

Tratando de dirigir su atención a otro lado, volvió al periódico cuando sintió como vibraba su teléfono celular. Desde que había llegado a ésta casa no lo había visto y estaba justo en le mesita al lado del sofá.

Es del departamento de policía… tengo que contestar.

¡Ah!... eso me recuerda que tenemos una conversación pendiente – le dijo Inuyasha – la conversación en la que me dices que vas a dejar tu trabajo para quedarte conmigo aquí en casa.

Eso… ni lo sueñes.

Al contestar, Kagome escucho sirenas, voces, un caos total… Inuyasha también lo escuchó y se apresuró a proteger a su compañera de vida abrazándola por detrás, por su cintura.

Inspector Smith, ¡¿Qué pasa?! – le dijo, alarmada por los sonidos que escuchaba.

He mandado una escolta para que tú y el señor Taisho, se reúnan con nosotros en el edificio donde estaba tu departamento, Náraku ha aparecido… y es grave.

Kagome sintió que el frío se apoderaba de ella, su primer impulso fue alejarse de Inuyasha para protegerlo pero él no lo permitió. Él estaba en su mente y vio perfectamente el pánico.

Estamos juntos, amor. Los dos lo enfrentaremos.

¿Qué pasó Inspector?… - dijo al teléfono tratando de controlarse.

Kagome, la señora Michel… tu antigua arrendadora, la ha matado. También a la pareja que vivía al lado Kaede y Mioga – hizo una pausa – y también al anciano que vivía al final del pasillo, no tengo su nombre…

Se llamaba Totosai y era un excelente artesano – dijo Kagome con la voz tranquila - ¿Y Bankotsu y Kagura?

No sabemos nada de ellos, éstos vecinos aparentemente no estaban en el momento en el que se presentó Náraku.

Kagome estaba tranquila, pero en su mente estaba gritando de coraje, impotencia y miedo.

Bien, Náraku está muy enojado y esta castigándome a través de todas las personas que han significado algo en mi vida. El mensaje es claro: o dejo a Inuyasha o continuará… Busquen a Bankotsu y Kagura con la madre de ella, solían ir a menudo a visitarla y se quedaban a dormir… escóndanlos en algún hotel y pónganles guardias. Náraku irá por ellos. Iremos enseguida.

Esperen a la escolta.

Diles que tengo mi propio equipo, que no malgasten policías con nosotros.

Inspector, Inuyasha tiene su propio equipo de seguridad, no mande a los muchachos, que se dediquen a buscar a Náraku. En quince minutos llegaremos.

Kagome terminó la llamada y recargó su cabeza en el pecho de Inuyasha, cerró los ojos.

Ni se te ocurra la idea de alejarte de mí. Siento tu dolor y desesperación, piensas que si me dejas él se detendrá. Pero eso no ocurrirá. Kagome, él es el responsable de esos crímenes, tú no.

No se detendrá Inuyasha, mientras yo esté contigo; todas las personas que han estado a mí alrededor estarán en peligro. Él no tiene consideraciones, le da lo mismo matar a un niño que a un adulto, está muy bien entrenado… - y ya no pudo contener las lágrimas.

Estarán en peligro porque un desquiciado anda suelto. Tú no eres la responsable de que este obsesionado contigo. Está poniendo una trampa, yo lo encontraré; te juro que lo encontraré – le dijo acariciándole el rostro, llevándose con él las lágrimas – vámonos, ya llegó el chofer.

Se dirigieron a la limusina, Inuyasha la mantenía cerca de él, protegiéndola con su cuerpo; ella estaba absorta en sus pensamientos, en los recuerdos de los asesinatos pasados y en lo que probablemente podría encontrar.

Ella podía sentir el calor que Inuyasha, trataba de aliviar el terrible dolor que sentía. Llegaron rápidamente al lugar.

Estoy contigo. Mantén tu mente conectada a la mía. Hizo que su respiración se calmara.

Al salir de la limusina, Inuyasha y Antonio, el chofer quien era un humano que servía a los carpatianos, descendiente de la única familia humana que sabía de su existencia y que estaba a su servicio por propia convicción, se pusieron a su lado.

Kagome, señor Taisho, gracias por venir – dijo el Inspector Smith – Kagome, esto está hecho un desastre. Sabes bien como actúa, pasa por favor, por si nos puedes decir algo, dar alguna pista.

Kagome asintió, Antonio se quedó en la puerta e Inuyasha la acompaño hasta la entrada a los departamentos, lo vería todo a través de los ojos de su compañera. Kagome se apresuró a ponerse unos guantes y dirigió su mirada hacia Inuyasha quien trataba de infundirle valor.

Entró al pasillo y los recuerdos que quería detener empezaron a llegar irremediablemente: la señora Michel riendo con ella cuando en una ocasión Kagome se cayó de una manera muy graciosa al entrar al edificio, Kaede y Mioga trayéndole un pastel por su cumpleaños, Totosai enseñándole a jugar ajedrez.

Entró a cada uno de los departamentos, Inuyasha veía a través de sus ojos y sentía lo que ella estaba sintiendo; estaba atenta, revisando la escena del crimen de arriba abajo para tratar de encontrar algún detalle, algo que les permitiera encontrar a Náraku, como la policía que era.

Al terminar, Kagome se acercó donde se encontraba Inuyasha, Smith la siguió.

¿Y bien?, ¿qué piensas?... le dijo Smith.

Kagome estaba pálida, pero su preparación, su profesionalismo salió por delante.

Primero entro con la señora Michel. Entró por la ventana del dormitorio, la atacó cuando ella llegó de hacer las compras, las bolsas estaban intactas, con las cosas dentro. Usó un cuchillo para matarla, conté 27 heridas. Antes de irse le arrancó los ojos, es su sello… fue Náraku… pero…

¿Qué pasa? – se apresuró a decir el inspector.

No sé… hay algo… algo raro… algo cambió. – hizo una pausa – tuvo que ser Náraku. Después fue al departamento de Kaede y Mioga, encontró a Mioga en el dormitorio. Hubo algún forcejeo, Mioga recibió al menos 30 puñaladas. Se dirigió al baño, ahí estaba Kaede, no escucho nada porque le gustaba escuchar música a muy alto volumen. A ella le dio por lo menos 40 puñaladas. Después, no sé… nunca lo había visto hacer… Empezó a acuchillar el colchón las paredes… no sé…. – sin pensarlo, buscó el apoyo en la mano de Inuyasha, era el primer gesto de confianza que tenía con él en público.

Soy yo la responsable, Inuyasha.

No, Náraku asesina porque es un enfermo, sino estuviera obsesionado contigo lo estaría con alguien más.

El único error que cometieron estas personas fue tener contacto conmigo, Inuyasha tengo miedo de que te afecte a ti.

Yo soy un cazador, un depredador, he matado tantas veces a lo largo de estos siglos que ya perdí la cuenta. Tú eres mi ángel, mi luz, el milagro que llegó a mi vida.

Gracias – fue lo único que ella pudo contestar.

Te amo – le dijo Inuyasha.

Después de hacer eso – continuó con su interpretación de los hechos – Náraku fue a asesinar a Totosai. Simplemente abrió la puerta, nunca preguntaba quien tocaba; siempre le dije que se arriesgaba mucho. Era un hombre muy confiado y bueno, jugaba con los niños en el parque, no se merecía esto.

Su mente estaba a punto de estallar, sólo aparentaba tranquilidad.

Inuyasha la abrazó.

No estás sola, Náraku no nos separará.

Si no me hubiera ido contigo, ellos seguirían con vida. Y ahora irá por ti. Por ti y por Kouga. Al pensar esto se dirigió al inspector.

Náraku va por Kouga, averiguará donde está. Aunque hay algo en todo esto que no encaja, siempre había actuado contra las amenazas hacia lo que consideraba su familia. Pero aquí, han sido actos de furia, aparentemente porque deseaba asesinar. El no es así – agitó la cabeza – tengo que ir donde esta Kouga, está en peligro.

Nadie sabe donde lo hemos escondido, no podrá encontrarlo – dijo Smith.

Lo hará. Inuyasha, por favor, debemos protegerlo.

Bien, irás a la comisaría, ahí estarás segura. Yo iré con el inspector a recoger a Kouga para llevarlo a otro sitio. Antonio vendrá conmigo, no te preocupes por él. Así estarás a salvo y yo podré concentrarme en buscar a Náraku.

Kagome tenía miedo, apretó la mano de Inuyasha, no le gustaba la idea de separarse de él, y ¿si era eso lo que Náraku quería?

No sé lo que haría si te pasara algo Inuyasha.

Él se llevó la mano de Inuyasha y la beso.

No te preocupes por mí, nada puede hacerme daño.

Náraku cambió, no es el mismo.

No te preocupes por mí. Iré a buscar a Kouga y tú te quedarás en la comisaría.

Inuyasha supo que el inspector no estaba de acuerdo en que él y Antonio lo acompañaran pero utilizó sus poderes de persuasión para que aceptara encantado la idea de que fueran a buscar a Kouga.

La condujo hacia la comisaría, abrazándola todo el tiempo.

Se sentía muy mal con ella. Él sabía que estos actos los había cometido alguien que la estaba persiguiendo, pero no había sido Náraku. Sólo tenían la intensión de que así lo creyeran. Los vampiros que habían logrado sobrevivir a lo largo de los siglos tenían la facultad de tener criaturas a su disposición y Kagome los estaba atrayendo, no quería que esto se aunara al sentimiento de culpabilidad que de por sí ya tenía.

Llegaron a la comisaría.

Quédate aquí, con todos estos agentes, estarás segura.

Sólo cuídate mucho Inuyasha, regresa con Kouga por favor.

Lo haré – se acercó para besarla tiernamente – no tardaré.

Capítulo 11

Sola

Hola…

Gracias por sus reviews

Kagome-chan 1985

Dama de hielo

Carmen Taisho

ryomahellsing