Disclaimer: One Piece y ninguno de sus personajes me pertenecen, así como tampoco me pertenece la historia del príncipe maldito y sus personajes, todos son propiedad de sus respectivos dueños, Eiichiro Oda y Ramón Obón. Esta adaptación es sin fines lucrativos y es solo para entretenimiento.
Advertencia: Este fic es una adaptación y contiene OoC por parte de los personajes, lean bajo su consentimiento.
Nombre: El príncipe maldito
Autor: Ramón Obón
Adaptación: Nami Scarlet
Clasificación: M
Primera parte
El crimen Capitulo 9
CIUDAD DE MÉXICO. NOCHE
— El asesinato no fue un asunto fortuito
RR afirmó con seguridad, mientras descorchaba una botella de vino tinto italiano Lágrimas de Cristo y se dejaba embargar por el olor de ajo, cebolla y tocino que se freía con aceite de oliva, que le llegaba desde la moderna cocina, separada de la estancia por una larga barra en forma de L, en donde Perona preparaba un espagueti a la carbonara; ella preguntó sin dejar de atender lo que hacía:
— ¿Qué te ha llevado a pensar así? ¿Algo que descubriste durante tu investigación del día de hoy?
Estaban en el departamento de la juez, en un octavo piso de un edificio de Polanco, desde donde se apreciaba el Bosque de Chapultepec. Junto al bar empotrado en una de las paredes de la estancia, RR llenó dos copas del Lágrimas de Cristo y fue a donde la mujer, llevando consigo también la botella.
—En parte sí. Y partiendo de la hipótesis de un asesinato que derivaba de un asalto desafortunado, la pregunta lógica sería ¿por qué no le robó las pulseras que traía? — Perona repuso, mientras pasaba el espagueti por un colador, y lo enjuagaba con agua fría.
—Tal vez no tenían valor. — Él le entregó una copa. Chocaron los cristales y bebieron un poco. RR prosiguió, tomando asiento en un banco, acodándose en la barra y observando a la mujer en la preparación.
—Te lo concedo. Pero quedaba el asunto de la bolsa, que apareció abandonada en el vestíbulo, con todo su contenido intacto. Eso me llevó a la conclusión de que el tipo la estaba esperando… — Perona vertió con habilidad el espagueti en el sartén donde se freía el ajo, la cebolla y el tocino picado, dándose a la tarea de revolverlo con unas palas de madera.
— ¿A ella, RR, o a cualquiera que llegara a esa hora…? — RR negó con la cabeza:
—No. Estoy seguro que iba sobre ella.
— ¿No cabe la posibilidad de que se hubiese equivocado de víctima?
—También deseché esa idea, porque el asesino la persiguió por la calle y le dio alcance en el parque, donde la mató. Así fue como debieron ocurrir las cosas. No hay otra explicación lógica.
Ella sirvió una generosa ración de espagueti en sendos platos que colocó en la barra, donde ya estaban dispuestos unos manteles individuales y cubiertos. Y tomó asiento en otro de los bancos, frente a él.
—Buen apetito. — RR aspiró con beneplácito el aroma que despedía el humeante plato de pasta.
— ¡Huele excelente! —tomó un trozo de pan de una cesta y empezó a comer con verdadero apetito. La mujer le miró, complacida. Durante unos instantes comieron en silencio, disfrutando de la cena y el vino. Finalmente habló, retomando el tema, con frialdad profesional.
—Todo lo que me has dicho hasta ahora parece cuadrar. Pero queda el asunto de la sangre… Prácticamente no había nada en el cuerpo. Así es, ¿verdad? — RR asintió con la boca llena de espagueti. Perona prosiguió — ¿Dónde fue a parar toda esa sangre? — El criminalista hizo un gesto ambiguo. Se limpió los labios con la servilleta y bebió un poco más de vino.
—Respondiendo esa cuestión aclararíamos el enigma o llegaríamos al perfil del asesino. Pero la realidad es que a la policía le pasó por alto el dato por la razón que quieras… Y en el Forense la cosa fue distinta. Ahí el médico que llevó la investigación…
— ¿Quién fue…?
—El doctor Hogback.
—Lo conozco. Lo he tenido en muchos casos en mi tribunal. ¿Qué te dijo al respecto?
—Reconoció que se habían percatado de ello, pero que no pudieron encontrar una explicación lógica… "Un misterio", así lo clasificó. De modo que volví al estudio del expediente de la autopsia y me encontré con que había huellas de unos incisivos en la yugular de la muchacha. Huellas que en un principio no se descubrieron por estar ocultas en las excoriaciones del cuello. — Perona preguntó, un tanto incrédula
— ¿Pudo ser un animal? ¿El asesino venía acompañado de un animal? ¿Un perro, tal vez? ¿Su arma mortal e intimidatoria para sojuzgar a sus víctimas? —Ella misma negó con la cabeza, para rematar: —no lo creo… — RR siguió comiendo su espagueti, y aceptó, luego de dar un trago más a su copa de vino:
—Ni yo tampoco. De haber sido un perro, habría desgarramiento mucho más violento en la piel, lo que provocaría una mordida, y más si el animal fue azuzado, y habría rastros de sangre por todos lados…
—Pero el hecho real, por lo que me cuentas, es que la muchacha estaba totalmente desangrada… ¿Cómo pudo ocurrir eso? — RR concedió con sinceridad
—Francamente aún no tengo respuesta para ello. Y si así fuera, estaríamos en presencia de un sicótico, de un enfermo —y agregó, sin pensarlo siquiera—: O de un vampiro… — Ella soltó una carcajada incrédula
— ¿Vampiro? ¿Crees en eso?
—Claro que no. Es un decir. Hay antropófagos o tipos que beben sangre de todo para obtener vigor o alguna cualidad especial. Por eso hablamos de vampiros como una metáfora, una comparación con esos quirópteros que se dan mucho en las zonas ganaderas y que atacan al ganado alimentándose de su sangre —y remarcó— No. Al usar el término lo hice en sentido figurado. — La mujer aceptó la explicación. Y preguntó de nuevo:
— ¿Entonces? ¿Puede haber una explicación lógica a todo esto? — RR la miró con gravedad. Y de pronto le preguntó
— ¿Sabes lo que es la bascomanía? — Ella respondió, entre desconcertada y curiosa
—No. Explícamelo.
—Es una actitud de cierto tipo de gente que hacen de lo desagradable y lo repugnante algo sexualmente atrayente. A ese tipo de conducta pertenece el vampirismo, en el que el sujeto satisface sus deseos sexuales chupando o bebiendo la sangre. — Perona se estremeció:
— ¡Qué horror! Dijiste hace un momento que podía tratarse de un sicótico. De ser así, ¿no estaríamos en presencia de un criminal en serie? ¿Y si esta pobre infeliz fue la primera? — RR contestó grave, sintiendo un nudo en el estómago al aquilatar tal posibilidad
—No, Perona. Aquí estamos en presencia de alguien específico, dejándonos clara una cosa, que fue un crimen premeditado.
— ¿Y qué me dices del móvil del crimen? — RR concedió con un leve movimiento de cabeza.
—Es lo que me queda ahora por descubrir… Y estoy seguro de que cuando lo encuentre, eso me pondrá tras la pista del asesino.
—Hablas siempre del asesino, en masculino. ¿No pudo ser una mujer?
—Lo dudo. La muchacha medía más de un metro setenta y cinco. Era fuerte. —Hizo una leve pausa para concluir con total certeza—: No. Esto fue un trabajo de un hombre y de un hombre con mucha fuerza, con tanta como para ser capaz de estrangular a una persona con una sola mano.
"Continuara"
Nami Scarlet
