¡Hola!

A ver, díganme, ¿tan malo estuvo el capítulo anterior? TwT

Casi nadie lo vió, y mucho menos comentaron.

Me rompieron el corazón, a tal grado que decidí adelantarles el capítulo de la semana, a ver si este me lo aceptan mejor.

Sólo por eso, las dos gramdes personas que dejaron su Review se merecen un brownie en taza! Oh, sí!

CaMuChI: See, yo también esperaba que Robb hiciera un despapaye por su hermanita, pero bueno, son cosas que no pueden pasar si queremos mantemer a Jon vivo. u.u ...De verdad, no me quiero imaginar que diablos sucedería si Jon existiese en este loco mundo. Sería más acosado que JuBi, o 1D... Pero a diferencia de ellos, YO si sería Fangirl de Lord Snow. xDDDDDD

judycamila: ¡Que bueno que te gustó el capítulo! ¿Verdad que Jon es una cosita tierna y adorable? 3

¡Disfrúten! *0*

-Se va a comer su brownie en taza-.


Jon despertó temprano, pero no porque lo necesitara. Despertó por el ruido. Ese día era el previsto para que el Rey Robert llegara, y toda Invernalia estaba preparando los últimos detalles para recibir a la corte real.

Todo el mundo parecía estar ocupado. Las mujeres, con las decoraciones, la comida, y los arreglos de mesa. Los hombres pulían sus armas y se ponían su ropa de gala. Por doquier habían personas atareadas; menos Jon.

Él no tenía nada que hacer. Era sólo el bastardo de Invernalia. No conocería al Rey, y tampoco se sentaría a su mesa como un Stark. Él estaría lejos de su Padre, de sus hermanos, y de Arya.

Lady Catelyn dijo que era un insulto presentar bastardos ante el Rey; así que su preciosa niña sería alejada de su lado. Eso lo hacía sentir como un colado entre sus hermanos de alta cuna. Un marginado.

Apenas y había visto a Arya. Un grupo de mujeres risueñas se la había llevado al despertar. Difícilmente podía besarla. Desde que... Floreció... Siempre parecía haber alguien que la separara de él.

Se sentía solo. La extrañaba. Añoraba su compañía y la forma en que sus brazos se enredaban en torno a él. La extrañaba mucho.

No era como si no se escabullera en su cuarto. Lo hacía, seguido. Pero era más díficil de hacer cuando todo el mundo estaba prestando atención, especialmente la Septa Mordane y Sansa, cuyas habitaciones estaban muy cerca de la de Arya.

Lo cierto era que últimamente casi no había dormido. Sus sueños siempre estaban llenos de visiones en las que Arya lo dejaba. Sólo lograba descansar cuando la loba estaba entre sus brazos.

Ya no podía pasarse horas enteras charlando con Robb. Se sentía traicionado. Si nadie se hubiera enterado, ellos nunca hubieran dejado de compartir cama.

La necesitaba. La quería para él.

Quería llevársela lejos, antes de que cualquiera la arrancara de su lado.

Estaba sentado en el Bosque de Dioses. Con la espalda recargada en un árbol. En SU árbol. Resultaba que ese era el único sitio del castillo en el que podían tener un poco de paz, o al menos pretender que era así.

Los recuerdos de ese día volvieron a él. ¿Como era posible que todo cambiara tanto en sólo algunas horas?

Unos días antes habían estado ahí, besándose. Ella estaba sentada en sus piernas, con una rodilla a cada lado de su cadera. Jon pensaba que nunca se esforzaría por mantener el control sobre sí mismo como aquella vez en las criptas.

Pero ese día en que escaparon de sus habitaciones para encontrarse ahí, descubrió que estaba completamente equivocado.

De alguna forma habían terminado así. Arya estaba sentada sobre él, moviendo la cadera, frotándose contra su creciente durezal. Volviéndolo loco y haciendo que su autocontrol flaqueara.

Sus dedos trazaban círculos en los endurecidos pezones de Arya. A veces su cadera se elevaba para encontrarse con la de ella. Era un juego peligroso, pero la extrañaba demasiado. ¿Como podía mantenerse cuerdo si no la tenía cerca?

El tiempo que pasaban alejados sólo hacía que el fuego en sus venas se intensificara. Las manos de Arya se enterraron en su cabello, al mismo tiempo que gemía levemente. En ese momento todo su control se perdió.

Sus manos se aventuraron bajo la ropa de la loba, encontrándose con su desnudo pecho. Levantó su vestido y lo arrojó a un lado, fascinándose con el hermoso cuerpo de la chica. Sus pálidos pechos coronados por botones rosados.

Nada le impidió tocarla, acariciar cada milímetro de su piel y acunar su pequeño pecho entre las manos. Pasó los pulgares por sus pezones, como aquél día en las criptas. Sintió esa urgencia de lamer, morder y besar ese trocito de piel, y eso hizo.

Arya gimió de nuevo, presionando violentamente sus cuerpos. Esa mujer no tenía ni una pizca de sentido común. ¿Que no sabía lo que Jon le haría si no paraba?

Sus manos comenzaban a buscar la ropa interior, y se estremeció al sentir la humedad ahí. Arya se acercó más a su mano, y esta vez no tuvo que decir palabra. Jon vió como respiraba pesadamente, y el adorable chillido que escapó de sus labios cuando sus fríos dedos entraron en contacto con el calor entre sus piernas.

Aventuró un dedo en sus resbaladizos pliegues. ¡Dioses! ¿Tenía que estar tan mojada? ¿Tan incitante? Arya separó las piernas inconscientemente mientras Jon continuaba esparciendo la humedad. De pronto tocó un pequeño botón que sabía la haría estallar en placer, ella arqueó la espalda y gimió, un gemido que sólo lo excitaba más.

Sentía su corazón desbocado y sus jadeos. Cuando los dos pares de orbes plateadas entraron en contacto, Jon supo que estaba cerca. Quería tomarla, como su mujer.

La excitación de Arya aumentaba, estallando en ella con interminables olas de placer. Jon aumentó el ritmo y la loba se tensó aún más, sus caderas chocando con su mano, bucando desesperadamente algo que la llenara.

Su sangre hirvió ante la idea de llenarla. De hacerla suya. Reprimió un gruñido, no podía tomarla. Ella no era cualquier chica... Era Arya de la Casa Stark, una mujer destinada a casarse con algún noble Lord, no una mujer para un bastardo, como él.

No podía hacerla suya, pero podía darle esto. Sintió como su cuerpo se sacudía al mismo tiempo que el placer la engullía. Jon la besó fuertemente para contener el extasiado grito que la chica dejó escapar mientras se venía. Él no se detuvo, continúo frotando su sensible piel mientras Arya se estremecía una y otra vez.

Su cuerpo cayó lánguido sobre él, y Jon vió como cerraba los ojos y se concentraba en respirar. Podía sentir los pequeños choques de placer que la recorrían.

Besó su coronilla, deseando que se diera cuenta de lo mucho que la ama. Deseando que entendiera que era un amor que no se podía plasmar en simples palabras. Deseando que se comprendiera que no lo podía decir, por el miedo de que al poner el sentimiento en letras lo haría algo demasiado real... Demasiado fuerte. Algo con lo que no podría pelear.

Un grito lo sacó de sus ensoñaciones. Anunciaba que el Rey estaba a punto de llegar. Lo ignoró al principio, ¿cuál es el punto en ver reyes, si la única reina que le interesaba era la que gobernaba en su corazón? Suspiró, y después sonrió. De cualquier manera, tenía que esperar a que los recuerdos dejaran de hacerlo arder.

Cuando finalmente pudo ponerse de pie, sus manos tocaron la corteza del árbol, y no pudo evitar sonrojarse y sonreir. El último pensamiento que pasó por su mente antes de que se reuniera con el resto de Invernalia fue el rostro enrojecido de Arya cuando lo besó suavemente.

"Quiero tocarte. Yo también quiero tenerte." Esas fueron sus exactas palabras.


Jon conocía todas las historias de la rebelión del Rey Robert, así que no pudo evitar decepcionarse al ver que el rey no era ni la décima parte del guerrero que esperaba ver. La Reina era rubia, y apostaría a que la gente decía que era bella, pero había algo agrio en su rostro, como si estuviese permanentemente disgustada.

Aquella noche en el banquete se sentó apartado de la mesa principal. Era extraño encontrarse viendo a sus hermanos desde tan lejos. Pero él no era un Stark. Vió a Robb tratando de comportarse como un buen hermano mayor, Bran estaba muy aburrido, y seguramente sus pensamientos estaban muy lejos de aquel sitio. Rickon dormía con la cabeza sobre la mesa, y sólo Sansa parecía estarla pasando bien, emanando felicidad , ríendo y sonrojándose casi durante todo el tiempo que el príncipe pasó hablando con ella.

Su mirada reparó en Arya, al otro lado de la habitación. Dioses... ¿Era sólo idea suya, o esa chica se ponía más hermosa a cada hora? Llevaba un vestido azul marino con piel gris en los hombros, y su cabello estaba sujeto en una trenza de aspecto complicado. Aún con esa somnolienta expresión en el rostro, seguía siendo la mujer más bella del festín.

Mientras la observaba, no podía evitar ese pinchazo en su corazón cada que notaba a algún otro hombre viéndola. Imaginando como crecería oara convertirse en una bonita esposa, probablemente. La idea de perderla lo mataba.

¿Podía alguien perder su corazón, su alma, y seguir viviendo? ¿Podría él vivir sin ella? No.

La afirmación cruzó su mente como una flecha. No podría vivir sin ella. No podía dejar que otro hombre la amara, o la tuviese. Sonrió amargamente mientras bebía otra copa de vino. Estaba perdido, ¿no?

Lo peor era que le creía. Le creía cuando ella le decía que lo amaba. Que quería ser suya, y de nadie más. Parte de él deseaba saber si la dejaría ir si no confiara en sus palabras. Vacío la copa apenas rellenada mientras su tío Benjen se sentaba a su lado.

Su tío le preguntó si aún quería irse al Muro. Casi sintió un dolor físico cuando respondió que sí.

Un día tendría que elegir entre dejar que Arya hiciera su vida como la Lady de algún importante Lord, o seguirla a dondequiera que ella fuera. Deseaba que al menos pudiera hacer eso, seguirla hasta el día que Arya le ordenara que se fuera. Lo deseaba porque uno de los secretos de Jon Nieve era el pemsamiento -maligno- de que morir sería más fácil que dejarla.

Se excusó con su tío y vagó por los corredores, sintiendo la cabeza adormilada por el vino. Tras pasar por muchos de los recovecos donde la había besado, terminó en el patio buscando alguna forma de deshacerse del dolor, el enojo y la frustración que lo invadía cada vez que recordaba que Arya no podía ser suya. Que él era un hombre y pronto tendría que dejar Invernalia .

Sintió a Fantasma sentarse a su lado, y lo acarició entre las orejas. "Tú me entiendes, ¿no es así amigo?" Preguntó silenciosamente al huargo. "No puedes dejar a Nymeria, lo sé." Fantasma lo miró con aquellos ojos rojos que parecían entender sus pensamientos.

-La quiero para mí -musitó, confesando sus preocupaciones con su viejo compañero. -Sé que está mal, pero quiero que sea mía, como yo soy suyo.

La música se escabullía a través de las ventanas abiertas a su espalda. Era lo último que Jon quería escuchar. Secó unas cuantas lágrimas con la manga de su camisa, furioso por haberlas dejado escapar, y giró para irse.

-Chico... -Una voz lo llamó.

Tyrion Lannister estaba sentado sobre la cornisa de la puerta del Gran Salón, observándo al mundo como si fuera una gárgola. El enano le sonrió.

-¿Es ese animal un lobo?


¿Les gustó? ¿Siiii?

¿Un Review para la traductora? *w*

¡Muchas gracias por leer!