La vida es algo muy simple. De seguro mucha gente pensaría que esta oración es incorrecta y que la vida es complicada por los numerosos altibajos que presenta. los momentos de dolor, los momentos de alegría, los momentos de seguridad, de inseguridad, de falsa seguridad, de amor, de traición, de soledad, de compañía. Si, hay demasiadas ramificaciones en la vida para que alguien se atreva a decir que la vida es simple, y eso es justamente lo que la hace simple, el pasar por tantas diferentes etapas, por ser estirada, enrollada, encogida, arrugada, vuelta a planchar, y siempre ser lo mismo, al final, en cada situación, no importa cuan difícil o sencilla sea, no importa cuan lento lata tu corazón en medio del miedo o cuan rápido lata en medio de una caricia, al final, el mecanismo es el mismo, las arterias hacen lo mismo y la sangre fluye por los mismos rincones de tus venas, solo que a otra velocidad y quizás piensas que son momentos diferentes y que tu vida es diferente, pero no, todo es tan simple como siempre. Estos eran los pensamientos que pasaban por la cabeza de Harry. Como un video habían pasado por su cabeza todos los momentos impactantes de su vida que podía recordar. Se vio escoltado por Hagrid en el callejón Diagon dándose cuenta de quien era realmente, o viendo a sus padres en el espejo mágico, o viendo el cadáver de Cedric en el cementerio, viendo a Sirius caer por el velo, entregándose a la muerte, besando a Ginny en la sala común, terminando con ella, volviendo con ella, para ser pateado por ella, en este momento, recibiendo la medalla de primera orden...¿había alguna diferencia? Antes pensaba que si, pero ahora lo dudaba seriamente. Ahora pensaba que había sido burlado toda su vida por si mismo. Un despiadado Harry Potter que estaba en su cabeza y que desde allí le había hecho creer que existía la felicidad y que aparentemente lo había guiado hacia allá con una promesa falsa, para cuando por fin estaba en medio de lo que todos llamaban su éxito, mostrarle que él era el mas desdichado ser humano que había sobre la tierra. Y ahora ni siquiera tenía una razón válida, nadie lo miraba con lástima y nadie pensaba que el necesitaba nada, al contrario, ahora todo el mundo lo hacía sentir superior por lo que entendió que lo mejor era guardarse ese sentimiento, porque y al fin y al cabo, peor que ser un desdichado, era ser un desdichado, ridículo e incomprendido mendigante de atención...-Que hable!, Que hable!.-Los gritos le sacaron de su ensimismamiento y fue entonces que vio la medalla que pendía de su pecho. Sonrió con desgano, le dio la mano a Kinsgley y bajó dejando una estela de gritos en el decepcionado público. No la buscaría con la mirada una vez más. Sentía un calor en su cara que sabía era provocado por el fuego de sus ojos castaños pero no la miraría. No buscaría fuerza en su mirada. No lo necesitaba esta vez. No necesitaba nada.Una vez finalizado el acto se dio paso a la fiesta. Muchos se le acercaron a saludarlo. Ella vino con descaro. Como si nada fuera tan doloroso como era. Le pasó una cajita envuelta en lazos. ¿Un regalo¿El estaba buscándole la quinta pata al gato o esto era fuera de lugar? Ábrelo cuando creas que es el momento conveniente, le había dicho. Oh no, jueguitos de enamorados no, no con él, ya no era un niño, era un hombre y ella se negaba a tratarlo como tal. Trató de ser cruel, se puso en regalo en el bolsillo sin darle mucha importancia y murmuró un "gracias" apurado para volverse muy risueño al grupo que le rodeaba. La ignoraría tanto que iba a llegar un momento que no la iba a conocer mas, esa era su meta. Ella se veía tan tranquila y tan feliz que era obvio que no pasaba el mismo viacrucis que él. La fiesta estaba en su apogeo, el se reía con todos y con ninguno. Estaba hastiado de tanto fingir. Dejó el comedor para dirigirse a los baños de caballeros, estaban atestados, salió al patio, caminó rápido, tratando de dejar el bullicio del castillo, aunque se estaba engañando, no quería ir al baño, ni dejar el bullicio, en realidad quería encontrarse ese momento conveniente que ella había sugerido. Creyó encontrarlo en el silencio que reinaba ahora en el sendero que había tomado. Dudó por un momento, no podía ser tan débil, pero, ah! que tontería, sacó el regalo de la túnica, desamarró los lazos, sacó un galeón, tan pronto lo tocó directamente sintió una sensación conocida, si algo lo halara desde el ombligo hacia adelante con rabia, sintió que volaba y en el transcurso oyó una canción que ya había oído una vez, siete años atrás, cuando era dueño de su vida...Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche,
Y el pelo negro como una pizarra cuando anochece.
Quisiera que fuera mío, porque es glorioso,
El héroe que venció al Señor Tenebroso.------------------------------------------La habitación le era también familiar, espaciosa como siempre y con el aire de elegancia que respiraba toda la casa a pesar de todo el abandono. Aunque ahora que miraba bien, no se veía tan abandonado como siempre. La gran cama con cabecera de madera labrada estaba vestida con sabanas blancas y limpias, las largas cortinas de terciopelo oscuro no estaban, en cambio había unas delicadas cortinas que se dejaban mecer por la brisa que entraba por las ventanas, abiertas por primera vez en mucho tiempo. No había polvo, ni ratones escondiéndose, ni suciedad, sino el olor a coco y limón raíz de su amargura. Las fotos del empapelado que solía cubrir las paredes y que el sabía que no podían ser despegadas, habían sido camuflaje das por algún encanto temporal que permitía ver las paredes tan blancas como la cama. Se rió por un momento al pensar lo que diría su padrino al ver su habitación decorada de esta forma. No había el desorden que imperaba en su última visita. Miró a todos lados pero ella no estaba allí. Se sentó en la orilla de la cama confundido. Miró la moneda de nuevo, esperando que hiciera algo pero ella parecía descansar como quien ya ha hecho su parte. Cuando empezaba a parecerle que ella le había tomado el pelo sintió su olor más fuerte y una respiración suave en la coronilla le hizo erizar toda la piel con un sobresalto de placer. Sonrió para si y no se volteó, levantó su mano hacia atrás, tras unos segundos ella colocó su mano en la suya, la haló hacia si haciéndola girar y caer en su regazo. Esta vez no hablaría ni pensaría porque no lo iba a echar a perder. Si se detuvo a mirarla un momento fue porque le era necesario. Quizás esa era la razón de que el aire estuviera tan pesado últimamente. Que el aire venia de ella. La miró, la miró, se llenó de su rostro, ella también lo miraba. El sostenía ahora su cara entre las manos cubiertas por las manos de ella. Parecía que no permitiría que el la soltara, cuando pensó que había absorbido suficiente vida de su rostro se acercó suavemente y la besó. Primero con suavidad, le besó los ojos, las mejillas encarnadas y luego puso toda la atención que merecían sus labios rojos. El beso se fue volviendo vertiginoso, sus manos se acariciaban con locura, se fueron recostando en la cama, un movimiento en la mesa de noche captó su atención. Cuatro jóvenes le sonreían y saludaban desde una foto encantada. -No hoy,-susurró a los merodeadores y volteó la foto. Volvió a mirarla, ella le sonrió, tan segura como siempre. El le hizo la pregunta con la mirada porque ya no era capaz de emitir palabra.- Soy tuya, Harry Potter.-le respondió ella.-siempre ha sido así.Las túnicas de galas, medallas, varitas e interiores fueron formando un montón en el piso de uno en uno. Los cuerpos levantaron toda frontera, cediendo antes las manos y labios que demandaban conocimiento. El pensó que conocía ya el territorio que andaba pero se dio cuenta que nada era igual cuando ella estaba incluida. Ella pensó que el temor sería un problema en su decisión pero la pasión que la envolvió era mas fuerte que ningún miedo conocido, era una furia vertiginosa que nacía como mil mariposas desde su estómago y se propagaba en todas las direcciones de su cuerpo para luego volverse a unificar en su centro de mujer demandando algo desconocido. El susurró su nombre mientras trazaba con su mano el esbozo del dibujo que su masculinidad haría después. Ella susurró su nombre cuando el dibujo comenzó a tomar forma. El fue extremadamente gentil al principio, aún así, un dolor tenue e intenso a la vez le sacó un gemido involuntario, el lo ahogó con un beso, esperó paciente a que ella se acostumbrara a la invasión y luego comenzó a marcar una danza que se iba intensificando y que con cada arremetida iba enlazando cada una de las mil mariposas de pasión que antes deambulaban en su cuerpo explotando en millones de puntos de placer jamás imaginados. Ella pensó que moriría en sus brazos, era difícil recordar otra cosa, era difícil evitar los gemidos, ya no de dolor sino de éxtasis que pujaban por abandonar su boca y que al final, victoriosos llenaron la habitación y los sentidos de él, empujándolo a recorrer el mismo sendero que ella acababa de transitar, y mientras la llenaba de si mismo, la apretó fuertemente porque quizás así podría estamparla en su cuerpo y no tener que perderla nunca mas.La pasión dio paso a una serenidad desconocida para ambos. En el piso en medio del lio de ropas, sus varitas, ambas, emitieron chispas refulgentes. Ambos lo notaron. El sabía que eso nunca pasó antes. Ninguno dijo nada pero el abrazo no se rompió. Permanecieron unidos un buen rato mas hasta que el se separó y volviéndose sobre su espalda la recostó en su pecho en silencio. Notó que lágrimas abandonaban sus ojos.-¿Te hice daño?-le espetó. Ella negó con la cabeza y lo miró con su sonrisa que lo rompía en pedazos.-Te amo Ginny, por favor no me dejes nunca más.-Yo también te amo Harry, no sabes de que manera.Se quedaron dormidos. No por mucho pues unas horas después la pasión los despertó para llevarlos de nuevo a ese lugar delicioso que habían descubierto juntos. Luego el sueño volvió a dominar y no se despertaron hasta que el sol los obligó a través de la ventana. -Oh por Dios!-Dijo Ginny-hemos amanecido aquí. La imagen de ella cubierta solo por una sábana blanca y con su pelo rojo fuego alborotado cayendo por todos lados era toda una visión pensaba Harry que sentía que había recuperado la vida y la mejor medalla que pudo haber obtenido jamás. Ella decía algo sobre un colegio y un tren y mencionó unos nombres extraños pero el estaba literalmente embrujado.-Harry, me estas escuchando, tengo que vestirme.-¿Qué te lo impide?
-Tú!
-Te prometo no hacer nada. Me quedaré aquí tranquilito y me limitaré a observar.-dijo con cara de travieso.
-Muy chistoso.-dijo ella poniéndose de pie arrastrando toda la sabana y dejándolo a él al aire. El se cubrió con una de las almohadas y ella muerta de la risa recogió una mochila que estaba en el piso y que el no había visto antes.-Precaución-dijo ella. Aquí tienes un cambio de ropa. Me vestiré en la otra habitación. A la verdad es que ella lo había planeado todo.Media hora después sostenían de nuevo la moneda y volvían al sendero del patio del colegio. Harry acomodaba la mochila y empezaba a caminar hacia el colegio cuando Ginny lanzó un gritito.-¿Qué te pasa?-Ella estaba recostada de un muro inclinada mirando su pie.
-Creo que me he torcido un tobillo.
-Déjame ver.-dijo el agachándose a mirar el pie motivo de la queja. Ginny miró su cabellera negra movida por el viento. Recordó como se había asido de ella la noche anterior con tanta fuerza que temió haberle hecho daño Una oleada de algo sin nombre la recorrió.-¿El derecho¿Te duele?-preguntaba moviendo el pie.
Ginny respondió que si mientras sacaba su varita y apuntaba a la cabellera.
-Condiciniun Obibliate.-exclamó.
