N/A: ¡Hola! Aquí estoy de nuevo, escribiendo para ustedes y por mi placer. Los extrañé mucho a todos. Les digo que respeté a todos con sus elecciones en el capítulo anterior.
Con respecto a una pregunta que dejaron en un comentario, Amu le pide perdón a Ikuto porque ella siente, de algún modo, que lo está traicionando/fallando…no puede evitar sentirse mal por lo que está haciendo, sin embargo lo hace porque cree que es lo correcto…después ella hará que se entienda mejor :)
Disclaimer: Los personajes de Shugo Chara no me pertenecen, son de Peach-Pit.
Capítulo 10.
– Te dejo sola para que lo explores todo lo que quieras – Kukai se fue a hacer quien sabe que cosa y Amu cayó de rodillas al piso mientras muchas lágrimas volvían a caer por su rostro.
– P-perdón… p-p-perdón… I-Ikuto – dijo entre tristes y agónicas lágrimas. Pasó media hora y ella fue al cuarto de susodicho a buscar a sus mascotas, trajo una por una y en el camino iba dejando pequeños circulitos marcados en el piso por lágrimas.
– Dime Utau, ¿Cómo crees que será el momento de la reunión? – dijo Ikuto para romper el tenso silencio que se formó entre ellos desde que vieron actuar a Kukai raro con la pequeña Amu.
– Estoy un poco nerviosa pero tengo altas expectativas de que será algo emotivo – rió nerviosamente. Ikuto a pesar de demostrar una imagen de hombre despreocupado en su mente aún rondaba la imagen de Amu abrasada a Kukai, era algo que realmente le perturbó y, en ese momento, sintió como su sangre hervía y deseó nuevamente volver he ir hacia Kukai y arrancarle los ojos, meterle el brazo por la boca, agarrarle el corazón, arrancárselo sin piedad y dárselo de comer a Ikuto Jr.… (N/A: creo que me pasé un poquito jejejeje). Al parecer la pequeña niña se le había metido en el corazón mucho más de lo que se imaginaba y no se podía evitar sentirse muy celoso.
– Grrrrrr… – gruñó al pensar nuevamente en Kukai, Utau lo miró entre divertida y preocupada.
– Oye, ¿Qué te pasa? Hace rato que estás gruñendo y apretando con más fuerza de la necesaria el volante del auto. Me estás preocupando – Ikuto abrió los ojos sorprendido y sonrió levemente.
– No sucede nada… solo pienso – Utau rió y luego le dijo.
– Si pensar te pone así es mejor que no lo hagas, prefiero al Ikuto normal no pensante – ambos rieron y se mantuvieron en un silencio ameno el resto del viaje. Cuando llegaron al punto de encuentro se sorprendieron la ver a la mujer, era alta, de cómo 1,76, tenía ojos azules claro casi celestes, era de pelo largo hasta la cintura y rubia, sonrisa cálida y perfecta, busto grande pero discreto, cadera ancha y cintura afinada, era la viva imagen de Utau dentro de unos años.
– ¡Hola! – saludó enérgicamente la mujer mientras sonreía.
– Hola – saludó más tímida Utau. La mujer no aguantó y la abrazó, cosa que sorprendió a Ikuto y a la pequeña rubia.
– Me llamo Nanami Hoshina – hizo la clásica reverencia una vez separada de Utau.
– Utau Hoshina – hizo lo mismo que ella.
– Soy Ikuto Tsukiyomi – también hizo la reverencia.
– ¡Vaya! El famoso play-boy de todo Japón frente a mí, es todo un placer – dijo sin emocionarse mucho al respecto.
– Igualmente – dijo para ser respetuoso, la verdad, él odiaba que le recordasen su lugar en la farándula. A él le habría encantado tener una vida normal y corriente, pero no, tenía que nacer con una belleza única y fabulosa que lo haría famoso en el colegio y a continuación en todo el país, algo impresionante aún par él.
– Bien, para tenerme algo más de confianza Utau, te diré que soy una prima de tu ya fallecida madre – la mirada de Utau se oscureció un poco.
– ¿Cómo es que terminé en aquel lugar con Hikari? – no lloró, era algo que ya había superado así que no tenía que ponerse mal al respecto.
– Cuando tu madre falleció tu padre te vendió, no sabemos como hizo o qué hizo, toda la familia te buscó desesperadamente pero nunca dimos con tu paradero, perdón… seguramente has de haber pasado por cosas horrendas – por primera vez desde que la conocieron la sonrisa de ella se volvió triste.
– No importa, es algo que ya pasó, ahora estoy aquí, vivita y coleando – sonrió contenta.
– ¡Utau! ¿Qué te parece si nos vamos a un café para conocernos mejor? – Utau sonrojada miró a Ikuto.
– Ve, envíame un mensaje cuando terminen de charlar o hacer sus cosas, yo voy de nuevo a la ciudad, no confío en los gatos, me pueden mear la cama – dicho esto se retiró con el vehículo y se encaminó a la ruta.
– Se nota que estaba mintiendo – rió Utau burlándose de Ikuto.
– Está enamorado… – suspiró Nanami sonriendo levemente. Lo que la rubia mayor dijo sorprendió verdaderamente a Utau.
– Yo a veces lo suponía pero después él me decía que era por cosas diferentes – Nanami rió suavemente.
– Está enamorado, está más que claro… se le nota mucho en la mirada – ambas se miraron y soltaron una estruendosa risa.
Después de que la pequeña Amu llevara a todas sus mascotas a su nuevo cuarto, esta se acostó en la cama y no hizo nada más que cerrar los ojos por un extraño cansancio que la invadió de repente. Los gatitos se le arrimaron y se le acostaron encima de ella.
Había pasado casi una hora e Ikuto ya había llegado, lo primero que hizo fue correr a su cuarto, allí no había señal alguna de lo que buscaba. Buscó a todos los de la casa y de uno en uno les preguntó donde se encontraba lo que él buscaba, nadie sabía nada y eso le empezó a preocupar. De la nada, un mal augurio acudió a él, al parecer nada estaba a su favor el día de hoy. Se acordó del nuevo cuarto para ella y fue corriendo como alma que lleva el diablo, como un loco… un desesperado… pero un desesperado de amor.
Lo que él encontró al entrar de lleno en el cuarto de la peli-rosa fue devastador: Kukai tenía agarrados ambos brazos de la niña con mucha fuerza mientras este la besaba. Algo en el hizo ¡Plaff! (N/A: es la mejor manera, que encontré, de expresar que algo explotó n.n') pues sin pensar mucho agarró a Kukai del cuello de la playera, le dio un puñetazo y le escupió en la cara.
– ¡Jamás en tu puta vida te acercas de esa manera a Amu! ¡¿Entendiste?! – se cabreó mal, pero el tono en el que le gritó se hizo ver como un chico celoso.
– Kukai, ve a curarte la herida – le dijo seria Amu, Kukai solo se fue sin decir nada.
– ¡¿Qué mierda pasa acá?! ¡Me voy menos dos horas y te estás revolcando ya con Kukai! ¡Pensé que eras diferente Amu! – se desquitó con ella, pero Amu no cambió su semblante sereno.
– Yo también pensé que eras diferente Ikuto – lo miró a los ojos e Ikuto se asustó.
– ¿Qué haces aquí? Era una sorpresa este cuarto ¿Cómo lo descubriste? – intentó cambiar de tema pues lo que vio en los ojos de la niña lo asustó verdaderamente.
– Kukai – respondió simplemente. La respuesta era muy obvia, Ikuto armó el cuarto con la única ayuda de Kukai, él era el único que sabía en donde se ubicaba el cuarto.
– Ese Kukai… me las pagará – susurró para si mismo, pero Amu lo llegó a escuchar.
– Dime Ikuto, ¿Exactamente a qué viniste a buscarme, no deberías de estar con Utau? – fue al grano de una y sin demoras.
– Yo… venía a disculparme… – Amu ladeó levemente la cabeza con una mirada curiosa e inquisidora – Verás, sé que estuvo mal el hecho de haber nombrado a Lulu en ese momento – la peli-rosa asintió – La cuestión es que he estado pensando mucho en ella, pero no de la manera en que seguramente estés pensando – aclaró rápidamente y algo nervioso.
– ¿Cómo debería pensarlo entonces? – preguntó dulcemente Amu.
– He estado pensando en terminar la relación de amante que tiene ella conmigo – internamente la nena estaba dando saltitos de alegría y euforia, pero por fuera no demostraba nada.
– ¿Y tu quieres que me ponga a dar saltitos de alegría euforia por eso? – usó un tono irónico que hirió a Ikuto.
– Solo quería que tuvieras en claro que en ese momento yo no quise herirte ni nada de eso – la tomó de los hombros y la miró suplicante.
– Pero lo hiciste, me heriste… me dolió mucho aquí en ese momento – llevó su pequeña mano al lugar en el que debería estar su corazón; Ikuto sintió lástima por ella pero también se sintió un completó imbésil.
– Lo se, por eso quiero que me perdones – él acercó su rostro al de la niña hasta que sus narices se rozaron.
– No lo se – empezó a dudar.
– Por favor – la mirada de Ikuto mostró temor y miedo.
– ¿Me temes? – Ikuto sonrió con tristeza.
– A ti no… yo temo perderte, que me odies… que no me perdones – Amu le acarició la mejilla y sonrió.
– Yo… te perdono Ikuto – la pequeña le dio un pequeño e inocente beso el cual fue intensificándose a medida que Ikuto se le posicionaba encima.
– Vuelve a decirlo por favor – dijo Ikuto una vez separados.
– Te perdono – con fiereza él se abalanzó a la boca de la niña y ella igual de desesperada le correspondió. Las lenguas de ambos de un momento a otro estaban peleando entre sí en busca de territorio y poder, sin embargo parecía todo muy parejo.
A medida que pasaban los segundos se acostaron en la cama matrimonial sin despegar sus bocas que tan ocupadas estaban. Ikuto aprovechó la concentración de la niña en sus bocas y metió una mano bajo la blusa de esta para buscar las pequeñas cerecitas, cuando las halló la niña hizo una gran exclamación de sorpresa.
– P-p-para… – pidió intentando terminar lo que habían empezado.
– ¡Vamos! Si te estaba gustando – ahora ya no besaba los deseosos labios de la niña, ahora estaba en el cuello dejando leves marcas de chupones.
– ¡Utau puede llamar! – se separó de él con mucha fuerza.
– ¡A la mierda Utau! – se le volvió a tirar encima pero se detuvo al escuchar su celular sonar.
– Te lo dije – se arregló lo que Ikuto le desarregló.
– Hola… aja… si… está bien… te busco allá… cuídate mientras yo voy en camino… adiós – la miró divertido a la niña.
– ¿Qué pasa? –
– Pasa que tengo una tremenda erección que me incomoda, pero debo ir a buscar a Utau… tú me la bajarás en la camioneta – Amu se puso roja en un instante.
– ¡Depravado! –
N/A: ¡Perdón! Sé que está muy corto pero es justificado…verán, el jueves 31/7 tengo que dar una clase en la materia de historia, a mi no me importaría tanto si esta exposición no valdría el 70% de la nota en la libreta… aún no me se nada, así que me voy a tomar estos días para estudiar. Prometo que cuando termine esto, les subiré un capítulo más largo. Hasta entonces espero que me perdonen… si quieren que pase algo comenten qué y con gusto lo escribo. Saludos y nuevamente pido perdón.
