Sí, me he demorado literalmente un año en venir a actualizar mi fic, pero... bueno, aquí estoy, presente, luchando contra mi propia procrastinación. Espero que todavía alguien siga esta historia, pero que sobre todo, la disfrute. Como sea, hoy nos toca el capítulo del vanidoso, ¡Ahí vamos~!
Katekyo Hitman Reborn no me pertenece, es de la grandiosa Akira Amano.
El segundo planeta a visitar, no tenía la majestuosidad del primero, pero tenía características muy curiosas. Una de ellas era que, por ejemplo, parecía una esfera llena de jarros de cristal. Sobre un jarro cerrado y sin ningún contenido además de aire, estaba sentado un presumido muchacho de cabello ondeado de color verde y un curioso lunar en forma de rayo bajo el ojo derecho.
—Oh~ Así que una niña ha venido a admirarme -da mono ne~
Uni no entendió a lo que se refería. Notó de reojo que mientras aterrizaba y los pajaritos usaban sus hombros y cabeza como estacionamiento, su guía se quedaba mucho más lejos de aquel planeta, como si odiara acercarse más. Rio internamente al pensar que seguramente no le gustaban las pretensiones que el peculiar habitante del asteroide tenía. Aterrizó con cuidado sobre un frasco de vidrio, echándose vientito con la mano. Estaba cansada.
—Anda, apresúrate y admírame -da mono ne~ —Señaló imperativamente el muchacho que era muchos años menor que el rey, pero que tampoco era un niño, aunque tuviera la expresión de un crío malcriado en el rostro.
Ella solo pudo sonreírle cordialmente, saludándole primero—. Hola, mi nombre es Uni, mucho gusto. ¿Cuál es tu nombre?
—Mi nombre es Lampo -da mono ne~ —Señalándose, el muchacho rio con suficiencia—. Soy la persona más imponente de todo el sistema Vongola.
—¿Incluso más que tu rey? —La niña alzó una ceja, notando como el joven se incomodaba y negaba con la cabeza.
—No metas a Primo en esto -da mono ne… —Estaba algo avergonzado, pero ella se mantuvo sonriéndole con serenidad. A pesar de ser algo irreverente y quizá algo antipático, no parecía ser tan malo.
—Uhm… ¿Usas un capa como la suya, porque lo admiras? —Uni miró curiosa como una capa negra ondeaba detrás del muchacho. Él negó con la cabeza, sonriendo, porque al parecer, había tocado un tema del que le gustaba hablar, y se notó en su repentino cambio de postura, más genial que el que tenía cuando le mencionaron a su rey.
—No es por eso -da mono ne. Es para saludar cuando alguien aclama mi grandeza y mi genialidad… —Aunque luego hizo una mueca de molestia, que arruinó totalmente el efecto que daba la pose arrogante que tenía—. Pero por aquí no suele pasar mucha gente -da mono ne.
Uni pareció un poco confundida con la actitud del joven relámpago. Se debía principalmente a que nunca había estado en presencia de una persona altanera como él—. Oh…
— Anda, te enseñaré como aclamarme -da mono ne —La princesita asintió y complacido, el vanidoso habitante de aquel planeta hizo un sonido con las manos—. Golpea las palmas de sus manos así, una contra la otra por repetidas veces, pero sin exagerar demasiado -da mono ne.
Uni lo hizo y en seguida, con un extremo de la capa cogido en la mano del muchacho, hizo una inclinación principesca a la que ella correspondió, inclinándose suavemente, mientras inclinaba su capa de la misma manera.
—¿Qué estás haciendo -da mono ne?
—Me enseñaron que cuando un hombre se inclina de esa manera, es porque quiere bailar una pieza… —Recitó Uni con ingenuidad, mientras miraba a los lados, pero no comprendía bien el sistema. Pero… ¿De dónde saldrá la música?
—¿Música? —Era claro que Lampo estaba desubicado, al menos, no tenía ni pisca de elegancia al mirar a la chica con el gesto curioso similar al de un niñito de cinco años.
—Sí, música… —Asintió la pequeña princesa, despacio, mirando con sus grandes ojos al joven— ¿Cómo vamos a bailar una pieza si no tenemos música?
—Creo que no has entendido la mecánica -da mono ne —Suspiró el muchacho, pasándose la mano por el rostro, impaciente—. Cuando hagas aquel sonido, no debes corresponder al gesto que yo haga. El aplauso es para mí y la reverencia no es para ti.
—No es justo —Bufó la niña, tiernamente mientras el chico desviaba la mirada, con molestia—. Además, ¿Por qué tendría que hacer eso que me has dicho que haga?
—Cuando aplaudes a una persona, quiere decir que la estás admirando -da mono ne. —Explicó el muchacho, alzando el dedo índice, de modo que parecía un poquito más instruido sobre el tema, pero no por ello, menos infantil.
—¿Admirar…? —Uni procesó la palabra y al punto, notó que no sabía lo que significaba—. ¿Qué quiere decir "admirar"?
—Admirar quiere decir que asumes que soy el hombre más guapo, adinerado, inteligente y mejor vestido de este planeta -da mono ne. ¿Qué más?
A la pequeña, aquello le pareció tan fuera de sentido como todas las cosas que había dicho el muchacho—. Pero Lampo… ¡Tú eres la única persona que vive en este planeta!
El mimado muchacho se quedó sin argumentos ante ello… pero en lugar de enfadarse y replicar, solo pudo chillar—. ¡Y también el único que no tiene dulces -da mono ne!
—¿Eh?
—¡Dulces! ¿De qué crees que son todos estos frascos vacíos -da mono ne? —Lloriqueó el chico mientras miraba a la chica, como si ella fuera la solución a todos sus problemas—. Hace tiempo, mi planeta estaba repleto de dulces. Primo venía siempre de visita y me regalaba dulces -da mono ne, pero ahora…
—Ahora que es rey, no puede abandonar su planeta… ¿Verdad? —Notó como el chico asentía apesadumbrado, solitario. Su tipo de soledad era otro—. Oye… ¿Y si te regalo un dulce hoy?
Lampo alzó la mirada y notó que esa niña, a pesar de restarle genialidad, era amable y tenía un halo similar al que emanaba Giotto al sonreír. Asintió lentamente mientras miraba como la chiquilla de cabello verde y ojos azules como la noche se sacaba algunos caramelos del morral y se los ponía en la mano.
—No son muchos, pero creo que pueden servirte…
—G-gracias… -da mono ne… —Lampo se quedó mirando los caramelos que ahora tenía en la mano y sonrió tenuemente, antes de observarla con curiosidad.
—Oye, Lampo… Yo tengo una amiga, una flor… ¿Crees que podrías hacerte su amigo por mí?
—Si me regalas más dulces, podría pensármelo -da mono ne… —Rio el joven, mientras se metía un caramelo a la boca y dejaba que sus mejillas se sonrojaran ante la exquisitez de la glucosa. Uni notó que estaba soltándose más, que no era tan antipático como pensó que era.
—¿Y crees que puedas ser mi amigo?
—Los amigos son los únicos que regalan dulces a sus amigos -da mono ne. Así que te hiciste mi amiga cuando me regalaste estos dulces -da mono ne… —Aunque parecía restarle importancia a sus palabras, de verdad se sentía agradecido con ella, pero no estaba en su código el decírselo abiertamente.
La bandada de Hibirds empezó a flotar por el silbido, elevando a la muchacha, mientras se alejaba suavemente de Lampo—. Cuídate mucho, ¿Sí?
—¡Buen viaje! ¡Vuelve con más dulces -da mono ne!
Uni se echó a reír, una risa de cascabel que se dejó oír a través de la grandeza del espacio… se alejaba suavemente, mientras su guía se posicionaba a su lado, protector de sus avecillas, aunque también quizá, empezara a encariñarse con ella—. ¡Claro que sí! ¡Volveré a visitarte!
Al girarse y mirar a Kyoya, quien le acompañaba se preguntó si lo conocía, pero no curioseó nada para no incomodar al impasible jovenzuelo. Se fue dando cuenta de que parte de ser amigos, era hacer promesas que quedaran grabadas con fuego en el alma.
¡Finalizado! Espero volver en 15 días con el siguiente capítulo de este fic tan emotivo y lindo. Cuidense mucho, mafiosos, ¡Hasta otra!
