¡Oh no! ¡Se debe estar acabando el mundo! ¡GranDiosaSupremaPollito ha subido un capítulo antes de que pasara un mes completo! DDDDDD: Okay no xD, en realidad esta historia se me había ocurrido el lunes mientras hacía una tarea, y como hoy tenía algo de tiempo libre para mí, decidí escribirlo~

Bleach no me pertenece.

Odiaba las tormentas, las odiaba con todo su ser, pero ¿Quién no en su sano juicio? Tempestades lluvias que con sus gotas hieren tu cuerpo entre tantos golpes; un despiadado bajón de temperatura causando inmovilidad en tu cuerpo; molestas neblinas cegadoras; y un ruido ensordecedor. No, eso no era lo peor de todo… Lo que más odiaba de las tormentas eran los relámpagos. Aquellas fuertes descargas eléctricas provenientes del cielo, descargas que caían a su merced dependiendo del objeto que las atrajera más. En definitiva, odiaba las tormentas. Odiaba temerle a las tormentas.

Una de las peores partes de haber vivido en esos cien años de exilio fueron las tormentas, cien estaciones de invierno fueron suficientes como para convencerse de su odio hacia estas.

Miró el reloj ¿Desde cuándo los minutos pasaban con tal lentitud? A penas eran las 1:20 de la mañana y la tempestad no daba señal alguna de pretender relajarse. Quedarse despierta hasta que esta cesara le parecía una locura, una locura la cual estaba dispuesta a aceptar. Jamás sería capaz de pegar el ojo sabiendo que descontroladas corrientes eléctricas podrían atentar contra su hogar e incendiarlo en cuestión de segundos; o peor aún, atentar contra ella o alguno de los presentes. Razón más que suficiente para quedarse despierta hasta el amanecer.

Dio vueltas en su futón ¿Cuánto tardaría en amanecer? Se había acostado a las 11:00, por lo general siempre dormía en su forma gatuna, le resultaba muy cómoda y compacta; pero, en uno de esos fallidos intentos por reconciliar el sueño, un relámpago cayó muy cerca de su hogar, causándole tal sorpresa que involuntariamente se transformó en humana.

Y ahí estaba, recostada bajo las sábanas que la cubrían hasta su nariz, el frío de esa noche era endemoniadamente cruel y, a pesar de tener unas tres frazadas cubriendo su cuerpo desprotegido por las ropas, no era suficiente.

La puerta sonó.

-¿Yoruichi-san?-

La morena dio un respingo ante la sorpresa. Le resultaba muy extraño que su amigo decidiera visitarla a estas horas de la noche.

-¿Puedo pasar?- preguntó.

-Es tu casa, puedes hacer lo que quieras con ella, ¿No?- respondió cortante, no quería que este supiera que la había tomado desprevenida.

La puerta corrediza se abrió, dejando pasar a cierto tendedero que cargaba dos tazas humeantes en sus manos. Este llevaba su vestuario habitual, ropas extrañamente verdes junto a un ridículo, pero fiel compañero, sombrero. De seguro había estado trabajando en su laboratorio. Yoruichi ni siquiera se dignó en mirarlo, cualquier movimiento en falso haría que una corriente de frío la atacara.

-Si estás tan aburrido, ¿Por qué no vas a molestar a Ichigo o a los demás?- renegó bajo las sábanas.

-Supuse que estabas despierta.- dijo sonriente, ignorando completamente su pregunta, acercándose a ella.

-¿Me estás espiando con cámaras, Kisuke?- inquirió con recelo, pero este solo le respondió con una amigable carcajada.

Se sentó a su lado, de modo que la morena quedara dándole la espalda. No pudo evitar sonreír al verla en ese estado, le parecía muy adorable que estuviera cubierta con sábanas hasta la mitad de su rostro.

-Te traje leche tibia.- el tendero colocó las dos tazas en el suelo, sin dejar de observarla con ojos de ternura.

Poco a poco se dio la vuelta para asegurarse que este había traído leche real, no cualquier clase de líquido extraño recién salido de su laboratorio. Lo observó directamente a los ojos, estaba confundida ¿A qué se debía ese gesto de amabilidad a estas horas de la noche?

-Te ayudará a concebir el sueño.- sonrió con amabilidad.

Confiando en la sonrisa sincera de su amigo de la infancia, la ex capitana se acomodó de forma que quedara sentada frente a él; Kisuke tuvo que recoger toda la fuerza de voluntad presente en el universo para apartar la mirada, las sábanas habían dejado de cubrir su torso completo, dejando una vista tentadoramente detallada de su cuerpo. Haciendo caso omiso de su reacción, Yoruichi empezó a sorber la bebida poco a poco para evitar algún tipo de quemadura. Pronto sintió como el calor empezó a repartirse por todo su interior. En cambio, el tendero no supo cuándo o cómo había terminado observando el hermoso rostro de la mujer, recorriendo todos sus pequeños y cautivadores detalles. Realmente era hermosa. Pensó abstraído.

-¿No vas a tomar?- preguntó, sin haberle estado prestando atención a la profunda mirada de su amigo. Este se ruborizó ligeramente, cayendo en cuenta de lo que estaba haciendo.

-C-Cierto, lo había olvidado.-

De esta forma, ambos terminaron bebiendo sus tazas de leche tibia en medio de la semioscuridad que envolvía la habitación. Las gotas de lluvia seguían golpeando violentamente contra el tejado, creando un extraño sonido capaz de relajar a cualquiera; había un profundo olor a tierra húmeda que de alguna manera se estaba volviendo agradable; la bebida había pausado el bajar de temperatura de sus cuerpos; y el solo hecho de estar uno junto a otro en aquel pequeño cuarto proporcionaba un ambiente más que acogedor. Aunque cierto ex shinigami no estaba disfrutando tanto el escenario como lo hacía su acompañante, que por cierto seguía descubierta de torso, pero sabía que hacer un comentario sobre aquello, arruinaría el cálido, y por qué no decir perfecto, escenario que los abrigaba.

-¿Ya estás mejor?- preguntó el rubio.

Yoruichi ladeó su cabeza, mientras colocaba su taza semivacía en el suelo. A pesar de tener ciertas hipótesis del porqué de aquella pregunta, prefería escucharlo de las palabras de este.

-Pues…- hizo una pequeña pausa, tratando de pensar las palabras correctas. –Esta tormenta ha sido una de las peores en el año, pensé que… pues… tal vez no estuvieras muy cómoda con los relámpagos y demás.-

Una vena apareció en la frente de Yoruichi, aunque probablemente estaba más enojada consigo misma que con él; le molestaba que otros reconocieran sus debilidades o temores, y más cuando no podía ocultarlos bien.

-¿Por qué clase de niña me estás tomando?- empezó a refutar con el poco orgullo que le quedaba. –Soy la Diosa de la Velocidad, probablemente la mejor shinigami que haya existido respecto a combate cuerpo a cuerpo, y ni qué decir de mi astucia. No hay razón como para sentirse "incómoda", según tú, con un simple relám…-

Pero, como si el karma hubiera decidido jugarle una partida contra su exagerado ego, uno de los relámpagos más fuertes y estruendosos de la noche, cayó a unos escasos metros de la casa. Inmediatamente las alarmas de Yoruichi se activaron; cerró los ojos de inmediato ante el ruido, apretó fuertemente los puños e impulsivamente encogió los hombros. Todo en una fracción de segundo.

Kisuke no pudo evitar sonreír, le gustaba que Yoruichi fuera una mujer determinada, independiente y fuerte, de esas que no se anda con rodeos ante cualquier tipo de situación. Pero no podía negar que se sentía el hombre más suertudo del mundo por tener la oportunidad de verla tan… ¿Vulnerable? No, Yoruichi Shihouin jamás podría ser una persona vulnerable. La única palabra que le venía en la cabeza era linda. Sí, demasiado linda.

Tal vez fue esa "lindura" la principal causante para que el tendero tomara su amiga por los hombros, atrayéndola suavemente en dirección a él y acurrucarla contra su pecho. Tal vez fue esa "lindura" que lo hizo pasar una de sus manos por los púrpuras cabellos de la mujer y comenzar a acariciar su cabeza con ternura; mientras utilizaba la otra como ayudante para quitarse su verde haori y colocarlo sobre su cuerpo desnudo. Tal vez fue esa "lindura" que incitó a sus brazos, casi como un imán, a rodear la cintura de esta, uniéndolos en un cálido abrazo.

Pero no, la lindura no tenía nada que ver. En realidad se trataba de algo… más fuerte.

-Creo que te conozco lo suficiente como para saber a perfección sobre tus temores.- suavemente susurró contra su cabeza.

Por otro lado, las comunes reacciones de Yoruichi se habían congelado. Abrió considerablemente los ojos; jamás pensó que Kisuke llegara finalmente a ser tan osado, en ese sentido. Su cuerpo temblaba, y esta vez la tormenta no fue causante de aquello; su corazón comenzó a latir a una velocidad peligrosa y un profundo rubor invadió su rostro, ¿Un escenario deplorable para ella, no creen? Pues sí, ella sí lo creía. Misteriosamente, el ruido de la tormenta había cesado en sus oídos y ya ni siquiera sentía frío. El detalle que tuvo Urahara de abrazarla sin previo aviso y de cubrirla con su haori, le proporcionó más calor de lo que normalmente haría la tela.

-Es normal que una diosa tenga sus propios miedos.-

Sus labios bajaron hasta posarse en la frente de la morena, como si tratara de darle un beso eterno.

Los minutos pasaron, ninguno había optado por separarse del otro; simplemente ahí estaban, disfrutando de la calidez que ambos cuerpos se proporcionaban. La tormenta eléctrica había quedado en el olvido para ellos, lo único que podían escuchar eran los sincronizados latidos de sus corazones sobre cualquier sonido fuera de ellos. Yoruichi se había acomodado de tal forma que quedara sentada sobre las piernas cruzadas de su compañero, ahora con la cabeza apoyada sobre el pecho de este, sintiendo como sus fuertes brazos la rodeaban. Kisuke cubrió las frías manos de ella con las suyas, colocando su mandíbula sobre el hombro de la morena.

Tal vez las tormentas también tenían su lado positivo.

-Kisuke…- lo llamó con un suave y perezoso tono de voz.

-¿Qué pasa?- susurró muy cerca de su oreja, provocándole una agradable sensación a su interlocutora.

-… Quédate a dormir.-

Un silencio se apoderó de la habitación. Le costó un poco reaccionar ante la extraña proposición de su compañera. Sus palabras no escondían una doble intención, el tono que usó para pronunciarlas no indicaba algún mínimo rastro de broma. Lo único que quería era estar con él, de la forma más inocente posible, esta vez. ¿Cómo negarse a esa sencilla petición?

-Claro que sí, Yoruichi-san.- besó su mejilla. Y sin separarse de aquel abrazo que parecía eterno, se acostaron en el pequeño futón de la morena.

Y antes de caer en los brazos de Morfeo, un último pensamiento cruzó por la mente de ambos:

Definitivamente, ya era imposible volver a ser simples amigos.


Momento crack del fic (?) xD

-¡Urahara-san!-

-¡Urahara-san!

Hace unos días, Urahara le había hablado a cierto shinigami sustituto y a cierto Quincy sobre un nuevo tipo de gigai más eficiente. Habían programado una cita a las diez de la mañana para hablar de ellos. Pero el molesto tendero no daba rastros de vida. Incluso Tessai y los dos niños habían salido para ir de compras.

-¡Maldición! ¿Dónde demonios se habrá metido ese viejo?- Ichigo reclamó, sentándose de mala gana en uno de los cojines. –Tanto insistió para que viniéramos y ahora no se aparece. Ya ha pasado una hora.-

-Kurosaki.- Ishida llamó su atención, acomodándose sus lentes. –Deberías ser más considerado con Urahara-san, siempre está fabricando artefactos para facilitar nuestro trabajo. Trata de no ser un total inconsciente maleducado.-

El shinigami sustituto encogió los hombros, arrepentido de sus palabras.

-… Sí, supongo que es cierto.- admitió de mala gana.

-De seguro debe estar ocupado trabajando en su laboratorio.- dijo el Quincy, recostándose en la pared.

Y justo cuando todos se dedicaban a pensar en lo sorprendente y dedicado que era el sospechoso tendero. Una de las puertas se abrió.

El rostro de los dos visitantes adquirió un color peligrosamente rojizo al ver aquella escena.

Kisuke salió de la habitación con el cabello despeinado y sus ropas mal acomodadas. Unos pasos atrás de él, le seguía una Yoruichi desnuda que usaba el acostumbrado haori verde de su amigo como una especie de bata. Una escena que hasta el más inocente malinterpretaría.

-¿Uh? ¿Kurosaki-san? ¿Ishida-san?- preguntó Urahara sin darse cuenta de la "escena" que ambos jóvenes estaban presenciando.

Una vena se plasmó en el rostro del peli naranja, sin contar las otras que habían aparecido en sus manos.

-¡TÚ! ¡IDIOTA! ¡NOS HACES ESPERAR POR UNA HORA PENSANDO QUE ESTABAS HACIENDO ALGO PRODUCTIVO, CUANDO EN REALIDAD ESTABAS HACIENDO… HACIENDO… H-Haciendo…- el joven e inocente shinigami se sonrojó. -¡YA SABES BIEN QUE ESTABAS HACIENDO! ¡TE VOY A MATAR, MALDITO PERVERTIDO!-

¿Sobrevivirá Urahara al ataque de Ichigo? ¿El gigai que Urahara quiere comercializar realmente funcionará? ¿Dejará de llover en la ciudad de Karakura? Estas y otras respuestas inútiles que no tienen nada que ver con el fic, en el siguiente capítulo (?) ¡Espero que les haya gustado! ¡Y gracias por sus reviews! :D