Ey! :D Lamento haberles dejado esperando por este capitulo, pero como verán estuve empezando un proyecto que espero acabar pronto, y los que me siguen en DA, sabrán. ^^

Sin más espero que hayan tenido un muy buena Navidad y un maravilloso principio de Año, sin más, el capitulo.

Disfruten.


Los Cumpleaños solo Duran un Día.

8 de diciembre, –cumpleaños de Jack y ocho días para la fiesta de Navidad de los Spicer.

-¡Feliz cumpleaños, mi amor! –Jack Spicer despertó recibiendo un meloso beso que le sacudió hasta hacerle abrir los ojos de golpe.

-¡Mamá! –soltó sentándose en su cama. – ¿Cuándo llegaste? –preguntó al parpadear las veces suficientes y ver a la mujer con mucha atención. Estaba sonriente y sostenía un pastel con velas encendidas.

-Hace dos horas. –contestó para entonces ponerse a cantar "Feliz Cumpleaños", Jack al darse cuenta que ella llevaba el pastel, en seguida se volteo a ver al reloj de su buró y vio que eran las nueve, sonrió para entonces soplar las velas una vez que ella dejó de cantar.

-Pensé que llegarías más tarde. –soltó al fin mientras la veía poner el pastel en el buró.

-Oh, no. Quería llegar a tiempo para ser la primera en felicitar a mi bebé. –contestó mientras le daba otro beso a Jack, este en seguida se sonrojó, no encontraba la manera de decirle que ella no fue la primera en hacerlo. –Vístete, saldremos a desayunar, iremos juntos de compras y después tendremos una comida en casa de los Fung por tu cumpleaños y luego tendrás toda la tarde para la festejes con… ¿Quién quieras? –dijo sonriente.

Jack sonrió ante el comentario y en seguida se levantó de la cama para rodearla mientras la mujer observaba y se dirigió hasta el baño, dejando la puerta abierta, para encender la ducha. – ¿E-es formal? –preguntó en voz alta pensando en la comida.

-Es tu cumpleaños. –contestó la mujer para ponerse de pie y caminar hasta la puerta. –Te espero abajo.

Jack ya estaba bajo la regadera cuando su madre salió del cuarto, el agua tibia golpeaba su espalda para relajarla lentamente mientras se perdía en sus pensamientos. No pudo evitar el sentir como se sonrojaba al recordar lo de anoche. Chase estuvo a punto de quedarse, sino fuera porque se negó diciéndole que tenía que esperarse hasta en la noche de su día. Jack sonrió.

Al salir del baño con una toalla rodeando su cadera, fue a ponerse ropa pensando en que sería para todo el día. Un par de pantalones negros, que le quedaban justos en sus largas piernas, una camiseta de color roja, de manga larga, claro, un suéter negro… y por supuesto, su abrigo negro favorito. Se puso loción y fue con su madre.

La mujer en seguida le llevó a un muy buen restaurante que les esperaba con una reservación para dos – ¿Elizabeth J. Moore Spicer? –preguntaron al verla, asintió y les hicieron pasar. El lugar estaba completamente iluminado por las enormes ventas que había, perfumado por las flores que estaban por todos lados, solo había gente de alto porte y de elegancia, por supuesto. Pero, Jack no se sorprendió, esas eran las cosas que su madre solía hacer cuando salían juntos, a un restaurante caro y luego de compras… de hecho, Jack estaba seguro de que Elizabeth no tenía idea de cómo cocinar de manera decente. Les habían sentado en una esquina lejos de las ventanas, dónde el sol no les pudiera dar directamente, puesto ambos eran de tez muy blanca, solo que Jack aun más.

-¿Has pensado en dejarte el cabello blanco de nuevo? –preguntó Elizabeth mientras comía muy tranquila.

-Si lo hago me molestarán de nuevo. –contestó sin verla.

-Eso es estúpido, ya son muy grandes como para seguir molestándote por algo tan trivial. –dijo haciendo una mueca. Una cosa que le agradaba mucho de su madre, es que ella comprendía el ser molestado por su color de piel, pero en el caso de ella, su piel no era tan blanca, creció y las molestias se fueron y claro, ella no tenía a un Raimundo Pedrosa detrás.

-Mi generación es estúpida. –contestó entonces mientras sostenía una sonrisa. –Pero aun me dejaré el cabello rojo. –agregó.

-Tan bello que lo tienes. –se quejó en un suspiro. –Bueno, cómo a ti te guste.

-¿Fuiste a ver a papá? –preguntó volteando a ver a su plato, no quería ver su rostro al escucharle decir eso.

-¿Para qué? –soltó con fuerza en la voz. –No iré a verle sino despierta para darle una paliza. –soltó con melancolía para que Jack volteara a verla. No lloraba, y por supuesto que no sufría, pero sí le dolía. Se podía verlo en su rostro. Una mueca triste y unos ojos llenos de cariño. No era amor, pero era algo dulce. Algo que Elizabeth jamás le ocultó a Jack, es que entre la pareja no era amor lo que les mantuvo juntos, ni mucho menos su existencia, sino qué lo que había en el matrimonio Spicer era un lazo de amistad, o en los ojos de Jack, compañerismo. Puesto, jamás se decían que se amaban, o tomaban de la mano, o se dieran molosos besos frente a Jack, incluso a veces se hablaban por sus apellidos y su trato no era tan familiar como el que tenían con él. Pero aun estaban juntos. Se eran fieles, y se ayudaban, nada más.

-¿Harás la fiesta de Navidad aunque papá no despierte? –preguntó entonces.

-Por supuesto, es lo que Claus hubiera querido. –contestó con una sonrisa fugaz. –Es más, te garantizo que él estaría haciendo lo mismo.

Jack solo pudo hacer una mueca ante el comentario.

Elizabeth solo se rió para que entonces, Jack también le acompañara en las risas, siguieron conversando, de la fiesta y de que pronto se verían con los Fung, de alguna manera, Jack estaba contento al respecto. Hablaron de cuáles tiendas les gustaría ir una vez que acabe el desayuno.

-¿Pasarás la tarde acompañado? –preguntó Elizabeth.

Esa pregunta sorprendió a Jack, no la estaba esperando y mucho menos de su madre, pero no le encontraba el mal en todo esto, por ello se decidió por ser honesto. –Sí. –contestó mientras se sonrojaba por completo, claro que ella lo notó.

-Oh… En ese caso me encargaré de llegar a casa hasta mañana en la tarde. –dijo con una sonrisa cómplice. Jack solo se sonrojó aun más para que se hundiera en su asiento.

-Mamá…. –soltó en un grito ahogado.

Elizabeth se volvió a reír.

Al terminar el desayuno, ambos ya se encontraban vagando por las tiendas más caras de la ciudad. Claro, cómo Jack ya se esperaba, estaban comprando ropa sin parar, incluso se compró un traje para la fiesta de Navidad, hasta que al fin, llegaron a su sección favorita, mecánica y electrónica. Allí, Jack se surtió de herramientas nuevas, y algunos sistemas para su computadora, Elizabeth nunca estuvo más aburrida, pero aun así, le compraba todo feliz al cumpleañero.

Para cuando Elizabeth logró sacar a Jack de la tienda de electrónica, ya era medio día, y sabía que los Fung los estarían esperando, entonces se apresuraron en llegar al auto en poco tiempo.

Como se era de esperarse, no demoraron mucho en llegar a la casa de los Fung, y por supuesto, Jack, al tocar la puerta fue sorprendido por Omi que se aferró a sus piernas gritando a todo pulmón: – ¡Felicidades!

-¡Omi! –soltó el joven tambaleándose mientras Elizabeth se reía. Sin más remedio, Jack se arrodilló para abrazar al niño, quién le dio un abrazo muy fuerte de regreso, el albino juraba que sus costillas se quebrarían. Al entrar, quién lo abrazó de sorpresivo, esta vez fue el mismo Maestro Fung, que le tomó del rostro y lo observó sonriente mientras murmuraba lo orgulloso que estaba de él. Jack no pudo evitar sonrojarse por toda la atención que estaba recibiendo.

En seguida se pasaron al comedor en el cuál era bastante elegante, pero esta vez, estaba arreglado para la ocasión, con platos y hermosas vasos de cristal.

Se sentaron los cuatro, y en seguida se les sirvió la comida.

Para sorpresa de Jack, Fung había insistido en sentarlo en la cabecera de la mesa por ser su día, y así todos hablaran con él y lo vieran a él. El joven se puso aun más nervioso, nunca recibía tanta atención, solo en este día.

Al momento en el que el plato fuerte se acabó, las puertas de la cocina se abrieron y dejaron pasar a un cocinero para colocar un hermoso pastel con las velas encendidas.

Para cuando estaba justo en frente de Jack, la canción se empezó a cantar. El joven se sintió bien, se sintió de maravilla porque la gente que estaba cantando, realmente le estaban viendo a él, y solo a él. Se sentía bien.

Sopló las velas.

-¡Regalos! ¡Regalos! ¡Es tiempo de regalos! –gritó Omi tomando a Jack del brazo para arrastrarlo lejos de ahí. Llegaron al pasillo y Jack pudo jurar que escuchó a Fung llamarles, pero Omi le ignoró de todos modos y siguió con su camino. –Tus regalos están aquí, Jack. –avisó mientras abría una puerta y mostraba el lugar.

Al entrar, el joven se sorprendió al ver que era el despacho del Maestro Fung, no pudo evitar examinar la habitación con la mirada mientras se mordía los labios, nunca había estado ahí, sin importar todos sus años siendo amigo de la familia, sabía que esa habitación era un nivel el cual no debía de tocar. –No creo que debería de entrar, Omi, iré a fuera a esperarte. –dijo con intención de irse.

-No, quédate y espérame, los buscaré. –contestó el niño con mal tono para que hiciera que el albino se sentara en una de las sillas frente al escritorio, una vez sentado, Omi en seguida se dirigió hacia el librero para comenzar a buscar en unas cajas que estaban debajo de mucho libros. Jack no pudo evitarlo, estaba nervioso.

Se puso a observar el lugar con más atención mientras el niño estaba ocupado, y la verdad no se sorprendió por como estaba el despacho. Ordenado y limpio, hasta los documentos sobre el escritorio estaban acomodados limpiamente, el lugar era definitivamente de Fung, y eso le ponía aun más tenso, pero Jack era una persona curiosa y para serles franco, a él nadie lo iba a detener si quería saber algo.

Tranquilamente, y por supuesto, descaradamente, Jack se volteo a Omi para verificar que no le estaba viendo, para entonces ponerse a ver los documentos. Jack no estaba buscando nada en especial, no quería meterse en nada, pero solamente estaba curioso de qué fregados podría estar trabajando Fung.

El primer documento que le llamó la atención, fue meramente el primero a la vista, puesto su nombre era "Proyecto: Shen Gong Wu", despacio y con discreción logró abrirlo con un movimiento. Al abrirlo vio lo que no esperaba ver.

Una lista de personas con perfiles, con el título de "Heylin". Jack conocía ese nombre… lo sabía. Se volvió para ver a Omi que se había metido en una caja y se volteo a leer lo que pudiera, puesto el documento estaba al revés. El primero en la lista no fue gran sorpresa; Hannibal Roy Bean. Jack no pudo evita hacer una mueca al verlo, pero independientemente de eso, le llamó la atención que a parte del perfil escrito había un círculo rojo debajo de su fotografía. Siguió a la de abajo. La maestra Wuya W.

¿Quéeee? –Jack abrió la boca sorprendido, debajo de su foto había un círculo amarillo. ¿Wuya está con el Heylin? ¿Desde cuándo? ¿Por qué? –Jack carraspeó en silencio.

Siguiente.

Ashley K. –Jack sintió que se ahogaba, tenía un círculo verde. ¿Cómo era posible que sus mejores maestros estén en la lista del Heylin? ¿Por qué?

Por alguna razón Jack ya no quería seguir leyendo, pero la curiosidad era tan fuerte… verificando que Omi no estaba viéndole, levantó la hoja para ver al siguiente en la lista.

Chase Young. –Se quedó helado viendo la imagen. Un círculo rojo. La lista continuó con otras tres personas más que Jack no reconoció… pero, no podía creerse que Chase fuera considerado Heylin. Él le había dicho que aun no estaba en el círculo de manera oficial… ¿Entonces?

Jack levantó la siguiente hoja esperando encontrar algo que le explique tan solo un poco el por qué, o que le consuela de alguna manera. Por supuesto que no.

Encontró su propia imagen y la de su padre para que con letras rojas, estuviera el aviso de que fueran observados constantemente, y junto con el perfil estaba la pregunta "¿Heylin o Xiaolin?" y con los tres círculos de colores que ya había visto. Por supuesto que no comprendía en absoluto. ¿Él qué fregados tenía que ver con todo esto? De alguna manera podría entender lo de su padre, él hombre se ha metido de todo por la compañía, pero la fotografía de su padre había sido tachada haciendo referencia a que no estaba disponible, muy bien, lo entendía. Pero lo que no le cabía en la cabeza y le molestaba el pensarlo era lo siguiente: ¿Es realmente necesario tenerlo en la mira a él también?

No pudo leer más. Para cuando se dio cuenta, el documento estaba cerrado y Omi ya se había vuelto al joven para decirle que no había encontrado los regalos. Jack le dijo que no se preocupara, que pronto lo harían, se salieron del cuarto.

Cuando llegaron al comedor, dónde estaban todos, los regalos ahí estaban y Fung no dejaba de sonreírles. –Omi, te dije que yo tenía los obsequios.

-Oh. –soltó el niño.

Por parte de la fiesta, Jack estaba que bruto se la pasaba, pero mentalmente se sentía descompuesto y completamente inseguro. No sabía qué pensar y mucho menos qué sentir. Si enojado o triste, pero sabía que no se sentiría bien, de eso estaba seguro.

Al recibir los regalos de parte de los Fung, Elizabeth en seguida se llevó a Jack diciendo que el cumpleañero tenía otros festejos, por supuesto que Fung y Omi le dejaron ir con una sonrisa en sus rostros. Al salir de la mansión, Jack se preguntó si lo estarían espiando en ese instante.

No tardaron en llegar a casa, y meter todas las bolsas de las compras que había hecho con su madre, nada de eso fue problema. Después de ello, Elizabeth en seguida se despidió de su hijo dándole un beso muy tierno y entonces se fue, no la vería hasta mañana. Jack se quedó en silencio en el recibidor procesando todo lo que acaba de suceder.

¿Debería de hablar con Chase al respecto? ¿Le contestaría con la verdad?

Miedo.

Jack comenzó a sentir miedo. ¿Qué pasaría si la información que contiene Fung es más cierta que la que dice Chase? ¿Sería Heylin y le vería como mero premio? ¿Trabajaba para Hannibal desde el principio?

Pánico.

Jack empezó a himpervertilar. Sus manos comenzaron a temblar y sabía que no se sentía bien, se empezó a marear y fue en ese momento en el que–

Su celular comenzó a sonar, y Jack se congeló en su lugar ante el sonido. Apurado, sacó el aparato de su bolsillo y leyó el nombre.

Kimiko T.

El joven en seguida hizo un gesto de extrañes al ver el nombre que mostraba la pantalla de su celular. Sin más, y pensando que tal vez, recibiría una llamada de mal gusto, contestó de todas formas con el tono más frío que pudo hacer. – ¿Hola?

-Jack. –resonó la voz de la joven en la otra línea. –Muchas felicidades.

-Gracias. –contestó sin más.

El silencio sepultó el momento durante unos segundos, el albino no se atrevió a colgar puesto escuchaba la respiración del otro lado, y se imaginó que ella se sentía igual, debía de decir algo, con esa idea en mente, tomo aire.

-Oye-

-Quería-

Se hablaron al mismo tiempo, se callaron y entonces el albino habló. –Tú, primero, por favor. –le pidió.

-¿Seguro? –soltó.

-Por favor.

-Quería saber cómo estás…. –le dijo con la voz tranquila, concierne a la respuesta y él podía imaginársela perfectamente, sentada sosteniendo su teléfono con ambas manos y llevando un bello vestido con unos extraños zapatos. –… Con eso de tu papá. –logró completar.

-Estoy bien. –contestó seguro de la respuesta. –Hay cosas que necesito preguntarle –admitió –, pero sé que encontraré las respuestas yo mismo.

-Sé que lo harás. –soltó para que Jack hiciera una sonrisa ante el comentario, sabía que ella también estaba sonriendo, podía escucharlo. Eso provocó que soltara una risotada.

-Y tú. ¿Cómo has estado? –preguntó haciéndola reír.

-Ah, tengo muchas cosas qué contarte. –le dijo.

-¿Ah, sí? –soltó cerrando los ojos complacido.

-Por supuesto, para empezar, quiero que sepas que me aceptaron en el curso avanzado. –le informó.

-¿De veras? –soltó en un tono sorprendido, pero no le llegó del todo.

- –contestó orgullosa –, me gustaría que entraras también, conmigo. –Jack no contestó entonces, sino que desvió la mirada recordando que Chase también había dicho que le gustaría que él entrara, parecía que todos tenían esas ganas.

Se decidió por cambiar el tema.

-Gracias por llamarme, Kim. –soltó el albino sonriendo con ternura, lastima que ella no pudiera verle, pero pudo escuchar como ella tomaba aire al otra el cambio abrupto sobre el tema.

-Quisiera pasar a verte, pero estoy segura de que no tendrás el tiempo, ni mucho menos las ganas. –contestó con melancolía.

-No digas esas cosas. –refutó tranquilo. –Siempre tendré ganas de verte.

-¿De veras?

-Por supuesto.

-¿Puedes hoy? –preguntó entonces sorprendiéndole.

-Uh…. –soltó sin saber qué contestar, no tenía idea de qué decir, tampoco quería hacerla sentir mal. –Kimiko…

Esta rió de repente. –Sabía que estarías ocupado. –Jack hizo una mueca entonces.

-Lo lamento, Kim. –dijo entonces.

-No, no. –contestó con velocidad. –El lunes, tal vez, si ninguno está ocupado.

-Lo hablaremos el lunes. –aceptó.

-Yo te llamaré. –dijo entonces.

-Hasta entonces.

-Adiós, Jack, feliz cumpleaños. –se despidió antes de colgar.

El joven se quedó parado viendo el aparato con los pensamientos al aire, precisamente, ¿qué acababa de pasar? ¿Acaba de tener una buena conversación con Kimiko Tohomiko? –Eso parece. –soltó para él mismo.

Suspiró, y lo primero que hizo fue irse a su cuarto, se acostó y se puso a observar el techo mientras digería lo que acaba de suceder hace tan solo un momento. No había hablado con Kimiko desde, ¿qué? ¿Tercero de secundaria? Eso había sido ya hace casi cuatro años. ¿Qué le estaba pasando?

Antes de que pudiera hacer cualquier cosa, el teléfono de la casa comenzó a sonar, eso era extraño, nadie hablaba a la casa, es decir, si necesitaba a alguno, para eso había los celulares, pero nadie llamaba a la propiedad, por ello, al verlo extremadamente extraño, Jack se decidió por dejarlo pasar e ignorar el aparato y que atendiera la contestadota, era su cumpleaños y si alguien quería hablarle, para eso tenía celular.

Se dio la vuelta sobre el colchón y entonces su celular comenzó a sonar.

Bueno, eso no lo esperaba.

Lo tomó de su buró y antes de que pudiera contestar, el aparato ya estaba hablando.

¿Qué vas a decidir, Jack?

Jack observó su celular con extrañes, para entonces acercarlo a su oído. – ¿Quién habla? –preguntó.

Te hice una pregunta. Debes de decidir, tú sabes que tienes qué.

-¿De qué estás hablando? ¿Quién habla?

Eso no importa, ¿qué vas hacer, Jack?

-Y-yo… ¡Yo no sé! –soltó entonces. – ¡No sé qué hacer! ¡Ni siquiera sé de qué lado estaba papá!

Tú y yo sabemos de qué lado estaba, era un poco obvio, ¿no lo crees?

-¡N-no lo sé con exactitud! ¿Qué pasa sino lo es? ¿Qué pasa si me equivoqué?

Solo hay una manera de averiguarlo, Jack. Decide.

Jack entonces comenzó a hiperventilar, despacio separó el celular de su oído para ver el nombre y se quedó helado al ver, Jack Spicer.

De repente, un celular más comenzó a sonar, Jack entonces reconoció que era el suyo, y si lo tenía en la mano, entonces-

Despertó. Jadeaba y temblaba mientras se enderezaba en su cama para ver a su buró que, efectivamente, su celular estaba sonando, pero esta vez, lo tomó con tranquilidad para ver el nombre.

Chase.

Soltó un suspiro. – ¡Cielos! ¿Me quedé dormido? –se volvió al reloj. Las seis. –Woah.

Había dormido mucho, y lo peor, no fue un buen sueño. Volvió a suspirar y contestó.

-¿Ho-hola?

-Felicidades. –saludó con gusto la voz del mayor. Sonaba llena de confianza, relajado y por supuesto, sensual. Jack no pudo evitar sonrojarse entonces.

-Gracias. –soltó.

-Quiero que sepas que pasaré por ti, para que nos vayamos a cenar. –le aviso. Al momento de escucharlo Jack entonces hizo una sonrisa nerviosa y se levantó con velocidad para irse al vestidor y cambiarse por completo. – ¿Te parece bien?

-¡Claro! Eh- ¿En cuanto? –preguntó.

-Probablemente en unos diez minutos. –contestó tranquilo.

-Muy bien, muy bien. –soltó el albino mientras sacaba unos pantalones negros aun con la etiqueta puesta.

-Perfecto, te veré entonces. –se despidió antes de colgar.

Al hacerlo, Jack entonces suspiró con fuerza para lanzar el celular hacia su cama y rebotara graciosamente entre las almohadas. –Que oportuno eres. –escupió poniendo sus manos sobre su cintura. Se vistió de nuevo, con unos pantalones negros que quedaba igual de justos que los anteriores, pero estos de otra tela. Una camiseta negra con dos botones sobre el hombro derecho y un par de botas. Aprovechando eso, sacó un saco gris y se lo puso. –Listo. –soltó.

Para cuando había terminado de arreglarse, su celular sonó anunciando un mensaje, lo revisó para ver que era de Chase avisando que estaba por llegar. Al leerlo al menos unas tres veces el albino en seguida salió corriendo por las escaleras, tomó las llaves de su casa, guardó algunas cosas, apagó ciertas luces y esperó nervioso frente a la puerta mientras respiraba profundamente.

-Todo va a salir bien. –se dijo a si mismo.

De repente, el timbre sonó y sin pensarlo abrió la puerta de golpe para sorprender al maestro de física. El mayor al recibir el vientonazo de la puerta desvió la mirada tan solo un segundo para volverse al joven y entonces hacer una sonrisa perfecta, cómo bien él sabía hacerlo. Jack juraba que se derretía ante ello. –Ey. –soltó. – ¿Listo?

-¡Sí! –soltó Jack para salir a dónde estaba el otro, pero para su sorpresa fue interceptado por el brazo de Chase, y sin avisar lo atrajo para besarlo de repente.

-Ahora sí, vamos. –dijo soltándolo.

Jack estaba tan rojo cómo el color de su cabello y entonces reaccionó para cerrar la puerta de su casa con llave e ir tras el otro, llegaron al auto elegante de Chase y este le abrió la puerta del copiloto para invitarlo a entrar.

Dentro, con los cinturones puestos, y con el carro en marcha, Jack por fin recuperó las fuerzas para hablar. – ¿A dónde iremos?

-Voy a llevarte a un restaurante que me encanta ir, pero no suelo ir amenudo. –se explicó sin quitar la vista del camino y con ambas manos en el volante.

-Oh, ¿y eso por qué? –preguntó admirando lo elegante que estaba Chase. Estaba de traje, negro, pero lo suficientemente negro como para desaparecer, y lo que le daba contraste, era su camiseta blanca adornada de una corbata color violeta con una delgada franja dorada que la hacía brillar.

-Por cosas. –contestó sin más.

Jack entonces soltó su sonrisa mientras su ojos se llenaban de extrañes, pero entonces se decidió por dejarlo pasar.

-¿Cómo pasaste la mañana? –le preguntó Chase sacando al joven de sus pensamientos.

-Oh, uh. Bien. –soltó. –La pasé con mamá, desayuné con ella, nos fuimos de compras toda la mañana, y en la tarde me fui a comer a casa de los Fung. –le contó.

-¿De quién? –soltó Chase involuntariamente sorprendido.

-De… Los Fung. –contestó.

-¿Tuviste la comida de tu cumpleaños con mi jefe? –preguntó el maestro con una expresión confusa.

-Pues, si lo pones así… eh, sí. –dijo Jack en tono muy nervioso.

Chase suspiró. –Siento como si fueras nieto de Fung, y la verdad no sé qué debería hacer al respecto.

-Pero el Maestro Fung no es mi abuelo, es un amigo muy cercano de mi familia. –le explicó con una sonrisa.

-¿Qué tan cercano? –preguntó entrecerrando los ojos, no podía darse el lujo de voltear a verlo, estaba manejando.

-El maestro Fung es mi padrino.

El carro frenó abruptamente en un rojo.

-¿Cómo? –soltó Chase al fin viéndolo.

-Fung es mi padrino.

-¿Así nada más?

-Uh, sí. –se encogió de hombros.

-Oh. –soltó para volverse al camino y conducir tranquilamente.

Eso explica tantas cosas. La actitud sobre protectora de Fung hacía Jack, el trato que se tenían, el exceso de confianza que había ahí. Ahora, todo tenía sentido para Chase.

Llegaron al restaurante y los atendieron los de servicio para que estacionaran el auto mientras ellos entraban tranquilamente.

Al entrar, en seguida lo primero que se les preguntó era que si tenían reservación. –A nombre de Chase Young. –contestó el maestro. En seguida, los llevaron a una mesa apartada y para dos.

El lugar, era elegante, limpio y tranquilo. Las paredes eran de mármol marrón y el suelo de color crema, pero independientemente de ello, lo que Jack notó es que cierta gente lo volteaba a ver y se sorprendía y comenzaba a murmurar. –Chase. –llamó en un susurro, en seguida el maestro volteo a verle al momento en el que se sentaron.

-¿Qué ocurre?

-Todos nos están mirando. –soltó nervioso el joven.

El mayor en seguida observó a su alrededor para entonces asentir y sonreír. –Ignóralos. –ordenó para mostrarse cómodo y contagiar la actitud.

Jack entonces se decidió por obedecer y concentrarse en Chase, solo en Chase.

Pidieron la entrada y la comida llegó en seguida, Chase tomaba vino y para su sorpresa, Jack solo quiso refresco, y sin asombrarse, la gente no dejaba de ver a Jack, y por supuesto que lo hacían, ¿cómo no reconocer al hijo de Niclaus Spicer? Esa es la gente interesada. –pensó.

-Entonces. –soltó el maestro haciendo que Jack le pusiera atención. –A parte de que Fung es tu padrino, ¿hay algo más que necesite saber? –preguntó sonriente.

Lo primero que Jack pensó, fue en el documento que vio en el escritorio de Fung,

"Proyecto: Shen Gong Wu", ¿sabría Chase algo al respecto? Se encontró respuesta, ni mucho menos las ganas de decirlo. Se decidió por hablar de otra cosa.

-Mi familia hace una fiesta de navidad cada año. –avisó.

-¿La harán con tu padre en el hospital? –preguntó extrañado.

-Por supuesto.

Chase asintió con el ceño fruncido. – ¿Entonces?

-Te aviso, para que te prepares. –dijo entonces.

-¿Cuándo es? –preguntó el maestro tomando de su vino.

-El dieciséis. –contestó.

-Haré espacio en la agenda. –dijo haciendo Jack reír rotundamente.

Eso le había llamado la atención a Chase, los Spicer hacían una fiesta anual de navidad, de hecho había llegado a escuchar de esa fiesta, y sabía que era un evento exclusivo.

No cualquiera podía ir con toda la gracia del mundo, su nombre tenía que estar en la lista, y tenía que haber sido invitado, exclusivamente por un Spicer, sino, la entrada estaba prohibida. Fue a ese pensamiento, en el que Chase reaccionó que Jack le estaba invitando, iría a la fiesta más exclusiva del año. Bien por él.

El plato fuerte llegó y por cielo santo, estaba delicioso, pero Jack estaba acostumbrado a comer la comida de muy buena calidad, y claro su paladar estaba entrenado para ello. Chase en cambio, por el buen gusto que tenía, y sobre todo quisquilloso, solo se permitía comer la buena comida, entonces, el platillo que se les dio esta noche fue completamente de sus estándares.

Cuando se acabó la comida, era la hora del postre, pero antes de que Jack pudiera decidir, en vez del postre llegó una caja de color negra, con un listón blanco con una pequeña franja roja. Jack volteo a ver la caja y de nuevo a Chase, sonriente. – ¿Qué es esto? –preguntó en buena manera.

-Es tu regalo de cumpleaños. –contestó tranquilo.

Sin más, Jack se decidió por abrirlo, estiró un pedazo del listón para el moño se deshiciera y dejara la caja lista para abrirse. El joven tomó aire, y con suspiro agarró la tapa para abrirla con cuidado y de manera rápida. Un reloj, que hizo a Jack sonreír rotundamente, puesto era de metal negro, con el interior rojo y las manecillas blancas. Jack lo admiró con una sonrisa para volverse al otro. –Me encanta. –le dijo.

-Lo sé. –soltó complacido.

Con gracia, sacó el reloj de la caja y en seguida se lo puso. –Es muy elegante, ¿no crees? –preguntó el albino en tono nervioso.

-No. –negó mientras le traían un café.

Jack sonrió entonces.

Llegó el postre, un pequeño pastel, con una vela encendida, en seguida, Jack la observó para ver a Chase entonces, este le hizo un gesto indicándole que pidiera un deseo y soplara. El albino no supo precisamente qué desear, puesto habían tantas cosas; que Pedrosa le dejara en paz, que Papá mejorara, que Fung dejara de vigilarlo, y por supuesto, que no tuviera que decidir.

¿Qué hacer?

Jack no sabía qué hacer.

Volteando a ver a Chase soltó una suave sonrisa para que entonces soplara. Una vez pedido el deseo, se propusieron a comer el postre. Para cuando Jack estaba pensando que pronto ya no querría más, Chase ya había pedido la cuenta, la cuál no demoró demasiado, puesto, en el lapso, el maestro no hizo otra cosa más que observar al joven que comía pastel, con su mano sosteniendo su barbilla, Chase miraba al albino comer.

Jack por supuesto se sonrojó ante el gesto que desvió la mirada repetidas veces, haciendo que el mayor soltara risotadas encantado ante el comportamiento de este.

Al llegar la cuenta, Chase pagó en efectivo y sin cambio, puesto una vez que puso el dinero ahí, se levantó y se llevó a Jack de ahí.

El camino de regreso estuvo tranquilo y en silencio, pero de la buena manera, ambos estaban satisfechos y sonrientes, la habían pasado bastante bien, habían comido bastante bien, todo había salido muy bien. Cómo esperaban.

Al llegar a la casa de Jack, los dos bajaron del auto para caminar hasta la entrada, y en ella, al sacar las llaves, el albino se volvió al mayor.

-La pasé muy bien, Chase. –le confiesa.

-Me alegra que así haya sido. –suelta complacido.

Jack entonces miró al suelo para entonces volverse a Chase con una sonrisa, lentamente ambos dieron un paso hacia el otro para que la manera más espontánea posible, cerraran los ojos al mismo tiempo y se unieran en un beso tranquilo y lleno de ganas que al poco tiempo fue creciendo, lo suficiente como para que Chase lo tuviera contra la puerta y al momento de separarse fue solo en busca de aire.

-¿Quieres….? ¿Quieres pasar? –preguntó el joven entre jadeos.

-Encantado. –soltó haciéndose para atrás y dándole espacio para que abriera la puerta.

Jack, sonrojado hasta las orejas y el cuello se volteo a la puerta y saco sus llaves, y volteando a ver la perilla se detuvo abruptamente. – ¿Jack? –soltó Chase al notar que Jack estaba helado.

-Está abierta. –dijo sin más.

De manera automática el maestro tomó el hombro del joven y lo empujo detrás de él para que estuviera delante a todo momento, y se acercó la puerta. –Prepárate para llamar a la policía. –dijo muy serio.

Jack en seguida sacó su celular.

Despacio, Chase abrió la puerta moviéndose con cautela, mientras que un brazo mantenía a Jack detrás, despacio el maestro comenzó a observar el recibidor atentamente para ver que nada estaba desordenado, sino que cómo si nada, entonces llegaron a la sala para verla también en perfecto estado, hasta que llegaron al comedor y vieron que había un maletín.

-¿Eso es tuyo? –susurró hacia Jack.

-No. –soltó.

-Ah, Joven Spicer. –soltó un hombre que estaba sentado en la cantina tomando un Baylis.

-¿Quién es usted? –soltó Chase a la defensiva aun con el joven detrás de él.

-Mi nombre es Sibinee Raksha, soy el abogado de Niclaus J. Spicer. –se explicó mientras se ponía de pie.

-¿De papá? –preguntó Jack haciendo Chase a un lado.

-Así es. –afirmó acercándose y dejándose ver. Podía verse como de cincuenta años de edad, con canas en las patillas y un bigote que le daba un aire amigable, sin mencionar que mantenía una sonrisa extremadamente gentil. Chase no bajó la guardia con ello.

-¿Y qué hace aquí a esta hora? –preguntó Jack completamente extrañado.

-En realidad, llamé hoy en la tarde, muy veces, pero nadie me contestó, entonces decidí venir. –dijo.

-¿Y entró así porque sí? –soltó Chase.

-Tengo llave. –dijo sonriente y mostrándola. Chase carraspeo.

-¿A qué viene? –preguntó Jack al fin, ignorando al maestro.

-Joven Spicer, vine a discutir unas cosas del testamento de su padre, ya que hoy mismo cumplió los dieciocho años de edad, es importante discutirlo lo más pronto posible. –dijo tranquilo.

-¿Y no pudo esperar hasta el lunes? –preguntó Chase molesto.

-Estoy siguiendo las indicaciones del Señor Niclaus. –se justificó. –Y voy a necesitar hablar con el joven Spicer a solas.

-Si cree que voy a-

-Chase. –Jack le interrumpió dejándole helado. –Te hablaré más tarde.

Impotente y molestó, el maestro no pudo hacer otra cosa más ver a Jack y de nuevo al abogado que le miraba sin más.

-Muy bien. –dijo dándose la vuelta para irse a casa.


Espero que les haya gustado y si así fue, y quieren saber qué pasa después, déjenme un Review! :D

Hasta la siguiente,

Manny H.