Bueno, el siguiente capitulo. Solo quería recordarles que es Kyman, si parece de otra manera, es temporal xD. Espero no se incomoden por el primer acto sexual en la historia c:


...

CAPÍTULO 10

DESPEDIDA

...


Traspasé el umbral en este sepulcral silencio, no me moleste en saludar.

Por alguna razón el ambiente que parecía sofocar cada rincón, cada esquina de esta tediosa casa, cada habitación; tomó forma al ver la luz de la cocina apagada, el tv sin encender, la ausencia del aroma a comida recalentada en el microondas o alguna caja de recién ordenado pollo del KFC…

No se escuchaban gimoteos distantes de las faenas furtivas de esa mujer, o los sollozos perdidos entre paredes que parecían no tener un comienzo o un fin, no siendo la causa o el efecto de algo… como una existencia solitaria en la nada que parece no pertenecer a ningún lugar, que no existiría de no ser escuchada por alguien, por mí…

Ella no viviría de no ser por mí…

¿Era aquello un pensar demasiado egocéntrico?. Tal vez, ¿Pero cual es el legado de un omega, la razón a su respirar?. Su muerte a fin de cuentas parecía perderse entre el registro numérico de reses masacradas cada mañana en el matadero que quedaba a las afueras de la ciudad.

¿A que podía aspirar un pedazo de carne?. Al placer efímero, al cuidado de su cría… cría que con suerte no compartiría el mismo destino.

Contrario a ello, o para mi fortuna, yo no existía por ella… no en términos de ser parido por supuesto.

No necesitaba de su respirar para justificar el mío… no era tan débil, estúpido, insignificante… no era un pedazo de carne y…

Y aún así no pude evitar soltar una carcajada al aire por lo disonante de mi razonar con este familiar vacio en mi pecho.

¿Por qué reía… por qué, por qué… ah, sí. Había confiado en un judío.

Y otra risa rompió estrepitosa el fúnebre acallamiento de las paredes en luto, mientras cerraba tras de mí.

Qué mal chiste este, como un incómodo comediante en la tarima, tomates pútridos a sus pies, y algún imbécil que si entendió cada chanza riendo desde la falda del decadente escenario…

Confié en Kyle, en un omega, en un aborto de New Jersey, colorado sin alma, judío de las malditas alcantarillas del más descompuesto callejón de New York, omega paria de esta sociedad de mierda que me aseguraría le subyugara hasta la muerte…

Hilarante, hilarante… tan gracioso…

Me senté sobre el sofá guardando silencio, la gracia demasiado lejos como para siquiera poder sonreir…

Y era curioso, sabía que esto tendría que pasar en algún momento, ella lo dijo una vez, ningún omega puede huir por siempre…

Sabía que pasaría, sabía que se la llevarían, sabía que quedaría solo, que tendría que lidiar con la realidad por mi cuenta, que tendría que aprender a no justificar mi existencia por medio de la suya pero… pero aún así por alguna razón, esta sensación equiparable a la del vacío que sentí cuando perdí mi último videojuego danzaba distante como un recordatorio de que estaba solo.

Y esta parte racional de mi cabeza solo me pedía esperar. Ya pasará…

¿Recuerdas cuando Kyle destruyó tu consola?¿cuando decidió interferir en tu plan para terminar con esa plaga de Family Guy? O cuando no te quiso invitar a Casa Bonita en su estúpido cumpleaños… o cuando decidió destruir junto a ese grupo de maricas todas tus pertenencias… si, sería igual, ya pasaría.

Más allá de ello poco sentía.

¿Debería ser peor? tal vez debería llorar, añadir un poco de drama, intentar estimular ese lado lejanamente humano en mí con algo de licor, ¿tal vez así podría lamentarme?.

Dejé ir un fuerte suspiro.

Sentía que debía ser un poco más sintiente aquí, pero no había más que este leve dejo de rabia.

Ni siquiera grande, fue mi error por confiar después de todo…

Dios, he madurado tanto, que genial soy.

Sonreí por el pensamiento.

"¿Calabacín? ¿qué haces ahí en la oscuridad?" mis cejas se elevaron en repentina sorpresa. Viré hacia la femenina figura que se veía desde la entrada de la cocina.

"Má…"

Pero abrí mis ojos entonces… algo difícil con el mar de sudor que corría por mi rostro, tenía calor, demasiado…

Miré a través de las deshechas persianas cerradas a medias, hilos de luz se filtraban perezosos, mientras pequeños fragmentos de muerto polvo se movían lentos como actores bajo el infinito foco de un escenario sin cortinas que clausuraran el deprimente espectáculo…

Arrugué mi nariz en disgusto al intentar moverme, toda mi ropa húmeda por gotas que bañaban cada rastro de mi piel. Me sentía pegajoso, desagradable, y por más que hubiese apagado la maldita calefacción y estuviese en no más que unas bermudas y este esqueleto, no podía dejar de sentir mi piel pegarse contra cada maldita superficie por esa repugnante humedad.

Había tomado al menos cinco duchas de agua fría a lo largo de la noche, si a duras penas pude dormir.

Intenté volver a dormir una vez más, pero cada puerca mañana alguien golpeaba y tiraba piedras a la puta ventana que parecían sonar como si estuviera destrozando el puto vidrio al lado de mi oído…

¿Bebí demasiado?.

¿Qué día era hoy? no tenía ni idea, ¿tal vez el tercero o el cuarto?.

Me cubrí por completo, pero hoy quien sea que fuera el hijo de puta que no me quería dejar vivir en paz estaba insistiendo más de lo normal.

Dejé ir un largo gruñido tomándome al menos cinco minutos para sentarme en el borde de la cama.

Y el hijo de puta no paraba.

En cuanto me puse de pie todo pareció girar por un momento y un dolor corrió por toda la parte derecha de mi cráneo como cuando estos niños del demonio hunden media cabeza de su muñeca favorita.

Mareo y jaqueca. Muchas gracias, vida de mierda, definitivamente me hacia falta eso.

Avancé pateando una que otra caja y basura con desgano, soltando un largo bostezo de sueño.

Desde el domingo empecé a sentirme como una maldita bola de grasa en un microondas o algo.

La fiebre había quemado tantas neuronas para este punto en mí, que ya ni sabía hacer comparaciones decentes.

Agh.

Y tras recorrer media casa hecha para este punto un desastre me detuve frente a la puerta.

Respire profundo antes de tocar el picaporte tanteando la pequeña cosa de metal, pasando mi mano a lo largo de mi nuca para soltar un largo gemido de desagrado por las gotas que bañaron mi palma…

"Kenny, sé que eres tu" hablé sin abrir. Le escuché chasquear su lengua a través de la puerta.

"Entonces abre gorda mierda" sonreí ante el insulto…

Dejé ir un realmente largo suspiro. Silencio.

"Kyle me contó…sobre tu mamá…"

"Genial, ahora media escuela sabe que lo que tenía de puta lo tenía de omega" dejé ir una realmente irónica risilla ignorando ese remanente vacío en mi pecho.

Había amainado más rápido de lo que esperaba, aún estaba presente, pero podía vivir con ello.

"Abre Eric"


Y por fin abrió, después de cuatro malditos días.

Y… no sé si han visto esas imágenes del antes y el después de ciertas drogas… él parecía el después de una maldita sobredosis de crack. Venía en la familia seguramente.

"Luces…"

"Si si, como una mierda, gracias. He trabajado muy duro para alcanzar este estado de pobreza física; tal vez ya pueda entrar a la Nascar o ir a manifestaciones gritando que los malditos inmigrantes quitan trabajo" estreché mi mirada fastidiado, pero realmente no me pude enojar ante la debilidad de su voz, en su rostro, figura… en fin, que parecía un estúpido vagabundo.

"¿Puedo pasar?" respiró profundo cerrando sus ojos, subió su pulgar e índice al puente de su nariz y por primera vez pude sentirlo…

Kyle tenía razón después de todo…

"No lo sé, ¿puedes ir al puente más cercano y tirarte?" asentí divertido.

"Podría, sí, pero primero déjame entrar"

"Tengo gripa o alguna mierda así" habló por fin dando paso. Entré.

"Y por eso has faltado" confirmé, asintió despectivo.

Le miré de soslayo notándose aún con más insistencia al traspasar hacia la sala… un dejo extraño, centrado en los pisos superiores.

No era dulce… o picante, ese tono que danza en tu nariz y te deja esta extraña sensación punzante tras el paladar que desaparecía tras un segundo, así que necesitabas respirarlo de nuevo para mantenerlo, no. Era amargo, amargo como un muy muy fuerte licor, bajando por una garganta seca y sedienta. Y el aroma permanecía, no había necesidad de aspirar de nuevo para embriagarse, solo una inhalación y ya sentía mi pecho temblar y…

"... Y la garganta, coño, ¿no lo notas? parezco un maldito pedófilo con esta voz, siento que se me bajaron las bolas dos metros o algo porque… ¿estás escuchando?" viré hacia él.

"¿Por qué crees que estoy aquí?" pregunté cuidadoso. Arqueó una de sus cejas en curiosidad cerrando la puerta, y el aroma pareció concentrarse.

"No lo sé, ¿vienes a mendigar comida? ¿a probar la última entrega de DA porque no puedes comprarla o…" frunció su ceño entonces, un rastro de advertencia baño esas joyas de un azul tenue, como dos zafiros sumergidos en espeso veneno "... O vienes a pedirme que no haga nada a Kahl" sus dientes relucieron entre sus labios con este atisbo de vacía gracia "Porque si es eso, estas perdiendo tu tiempo" dejé ir mi respiración virando hacia el resto de la casa.

Estaba hecha un desastre. No había cosa de cristal al alcance que no estuviera destrozada a la vista. Los cuadros habían sido rasgados con algo filoso, tal vez su navaja; particularmente ese sobre el mueble, él, su madre… el monte Rushmore a su espalda. Habían cajas de comida rápida por todos lados, parecía el basurero de la plazoleta de comidas del centro comercial, y una que otra botella de alcohol se perdía entre el desorden, no muchas realmente, no tantas como esperaba.

"No le reportes" busqué por su mirada y su sonrisa se disipó por un segundo ante fingida sorpresa.

"¿Reportarlo?, para nada…"

"Lo harás" asintió.

"No aún" bufé en tedio al tanto de lo que pasaba por su cabeza, o al menos un fragmento de ello.

"No es suficiente" negó iniciando su camino hacia el sillón.

"Nop" y se echó en este tosco sentar, recargando su cabeza exhausto en el espaldar del viejo sillón…

Vi en silencio como gotas de sudor se deslizaban desde la parte trasera de su nuca, bajando por cuello, moviéndose torpemente por su yugular como si no supiesen cual fuese el camino correcto, perdiéndose entonces en el centro de este agujero en la prominente clavícula para por fin desaparecer por su pecho, tras la negra tela…

¿Había adelgazado?.

Solo tenía un esqueleto y este par de bermudas negras, afuera estaba a menos de veinte grados centígrados, y la calefacción no estaba encendida. Dió casi lo mismo entrar al interior del lugar.

Miré alrededor una vez más…

¿Cuánto tiempo habría? ¿como Kyle pudo sentirlo desde tan atrás? era absurdo.

"¿Cómo estas?" pregunté no muy seguro de que hacer. Me senté a su lado. Viró en mi dirección con remanente tedio.

"Ya te lo dije, tengo fiebre, me duele como media cabeza por alguna razón. No toda, solo media, como 'solo la puntica' ¿sabes?… ugh, ¿escuchas mi voz?" asentí, sonaba mucho más gutural de lo normal, no mal… solo diferente.

"No hablo de eso, gorda" arqueó sus cejas en fingida sorpresa.

"Bueno, no veo qué más podría…"

"¿Estabas aquí cuando se la llevaron?" y cedió toda expresión para dejar esta blanca mirada. No había mucho en ella realmente, casi podría entrar en la categoría de esas aburridas que tendía a dar al tablero a mitad de las clases cuando perdía completo interés en la lectura del día o lo que fuera.

"No, pero me importa una mierda" y parecía real.

"Si te importa una mierda entonces no hay razón para reportar a Ky…" una de las comisuras de su labio se elevó por mis palabras a medida surgían, como si estuviese esperando esa respuesta.

"Bueno, ¿no crees que es una buena excusa para hundirle un poco?. Lo divertido de todo esto es que el imbécil debe sentirse culpable y todo. Ya sabes, usualmente me ataca directamente. Esa jugada fue muy baja, incluso para sus judíos estándares" arqueé mis cejas incrédulo a medida hablaba "Pero no le digas que me importa una mierda, por favor, arruinaría la sorpresa"

"¿Sorpresa?"

"Sorpresa" dejé ir aire incrédulo.

"Gordo… no sé si esto suena absurdo y todo, pero se llevaron a tu mama. Tal vez la encierren hasta que se pudra por haberse operado, porque ya no sirve para parir, probablemente tampoco para criar…"

"Sirve para coger" dijo perezoso, limpiado, con obvio desagrado en su rostro, algo de sudor en su frente. Y el tono que usó, como si estuviese hablando de una simple muñeca inflable hizo que mi pecho de retorciera en completo desagrado.

"Es tu madre Cart…" viró en mi dirección curioso.

"Cual, ¿la que en lugar de un cuento antes de ir a la cama me hacía escuchar una sinfonía de gemidos mientras alguien la llamaba puta o…" chasqueé mi lengua en tedio.

"No, la que aseaba, cocinaba, cumplia todos tus estúpidos caprichos" respiró profundo. Se puso de pie.

"Si te largas sería genial, quiero dormir"

Dejé ir aire rendido al ver como se alejaba. De nada servía intentar detenerle, hacerle entender las putas consecuencias de… de todo. Sabía como era, sabía que no cedería a su cometido cuando se centraba en él. Y le aceptaba de tal manera… así como el me aceptaba a mí… a su manera.

No, entre más pensaba al respecto, menos motivos encontraba para ser su amigo.

Aquí es cuando debería simplemente caminar en dirección a la puerta y dejarlo ser, con algo de suerte se atascaría en comida basura y moriría al estilo Elvis o algo.

Pero no, claro que no. Soy imbécil.

Tal vez era su aroma; tal vez el hecho de que ahora mismo, como varias veces en el pasado, se encontraba completamente solo; tal vez era esa fantasía de la que ambos gustabamos llamada 'amistad'; o probablemente en razón de despedida, verle una última vez antes de… en fin, ni puta idea de cuál era la razón, pero quedarse no parecía realmente mano.

"Nah, me quedaré. Kyle no ha ido a estudiar tampoco, y siento que de alguna forma todo se fue un poquito a la mierda…"

Tenía mi tiempo contado después de todo. Como siempre; pero esta vez no había píldora que lo alargara.

No puedes tocar a un alfa y esconderte, te encontrarán, gastarán cuantos recursos hagan falta y… bueno, no creo que necesiten demasiados para mi, ni siquiera estaba intentando esconderme.

Me encontrarían eventualmente, así que cuál era el punto de ir a estudiar cuando lo haces con esta daga en tu traquea.

"Como quieras, iré a dor…"

"Hey ¿ya desayunaste? puedo cocinar si quieres" viró por sobre su hombro.

"¿Sabes cocinar?" sonreí ante su sorpresa.

"No realmente, he cocinado otras cosas, no debe ser muy diferente" dejó ir un largo suspiro de tedio.

"La comida no se inyecta…"

"Cocinaré" y me puse de pie para caminar en dirección a la cocina ignorando su estúpido comentario.

Y mis cejas se arquearon en sorpresa al verla completamente intacta… ni basura, ni platos sucios o…

"No he entrado aquí en un rato" habló tras de mí avanzando al interior, le seguí con la mirada "Digo, podría cocinar, pero me da pereza" y tomó asiento en un pequeño comedor de dos asientos paralelo al resto de la habitación.

Y este despliegue imperceptible de hormonas emanando de él, dejó un rastro tras su paso a mi lado, como obscenos hilos traslucidos flotando en el aire, acariciando mi olfato, jugando con él para obligarle a seguirle en nombre del instinto, cadenas que ataban mi raciocinio a su mover.

Era raro, demasiado. No recordaba un aroma que tuviese tal influencia, y aún no había despertado completamente. Pero la esencia parecía ir en aumento, era una bomba contrarreloj.

¿Era peligroso?.

Le seguí al interior, iniciando mi recorrido por la alacena, la nevera, estantes, todo a rebosar de comida, con esta curiosa tendencia hacia lo insano.

Tomé algunas cosas. Haría sandwiches o algo simple, no tenía el interés o la concentración para intentar algo más elaborado.

Y no podía apartar las sensaciones de mi memoria, ya plasmadas en pos a esta estupida naturaleza de la seducción.

¿Qué demonios hacía quedandome?. Tenía que irme, no quería esto, nop, definitivamente no…

Pero el aroma iba corriendo por paredes, techo, suelo, como un manantial de perfumadas y puras aguas brotando de cada cimiento, corriendo suave y tentativo por inmóvil piedra mientras este cálido vaho dejaba tras de sí estelas de deseo…

Mordí mi labio sintiendo calor crecer al compás del aroma que parecía haberse desatado…

No, no no no no no. Tengo que irme…

Y aún así no podía evitar mirar fijamente las tajadas de queso doble crema sobre el estúpido pan, más concentrado en mi repentino cambio corporal que en… ¿el sándwich? si, sándwich.

"¿Como… que pasa con tu custodia? no eres mayor…" respire profundo olvidando por un momento la secuencia de palabras "... Mayor de edad"

"Bueno…" y su tono… joder "... Liane no tenía la custodia inicialmente, así mismo las escrituras de la casa tampoco están a nombre de ella, ya sabes, los omegas tampoco tienen derecho de adquirir propiedades. Todo está bajo la firma de mi familia en Nebraska. Es como si nunca hubiese existido realmente… " y no deseaba que parase de hablar.

Sonaba tan gutural y lento, pequeñas respiraciones filtrándose mientras un ronroneo se deslizaba remanente tras ciertas palabras como las últimas gotas que fluyen fuera del pico de una botella de amargo whisky tras servir un fuerte trago. Su voz era como el deslizar del ambarino líquido entre cubos de blanco hielo.

"Ya…" logré armar un sándwich con algo de éxito… creo "Debería irme…"

Vamos Kenn, reacciona.

Guardó silencio mientras me movía por la cocina buscando por un plato o algo.

Su respiración aumentaba su pesadez y su mirada parecía quemar contra mi nuca. Fija… y tenía miedo de mirarle, porque no sabía realmente lo que esa acción podría implicar.

No no no no. Has tomado decisiones realmente mediocres a lo largo de tu vida Kenny, no añadas una más a la lista… ya es demasiado larga, demasiado larga.

Dios.

Dejé todo en su lugar iniciando mi camino en dirección a la sala.

"Espero te recupe…" y en movimientos que ni siquiera mi desarrollado oído pudo preveer sentí su tacto bañando mi muñeca. Ardía como el demonio.

"Espera" chasqueé mi lengua fastidiado manteniendo la mirada fija en la puerta, mi meta… mi maldita meta.

Sal de aquí, corre.

Igual ¿por que entré en primer lugar? ¿soy imbécil?. Si, muy seguramente… pero hoy me había sobrepasado. Gracias querido sentido del peligro, me has fallado una vez más.

"Te hice un puto sandwich, no…" viré en su dirección en tedio y mi voz pareció atascarse en su blanca expresión… mirada fija en mí, pupilas perdidas en este tono difuso entre la poca iluminación del ambiente. Un manantial traslúcido en pleno día de verano, su reflejo la batalla incesante entre esta circundante bóveda celeste de matices paradisíacos, y la nada tras la cortina de diáfana agua, un gris, como el de rocas claras al sol…

No parecía tener pupila, el manantial las había tragado codicioso por ese delicioso rastro de perdición.

"Tu corazón…" habló, y como si algo hubiese golpeado mis barreras al punto de reducirla a ruinas, esas que me difieren de un maldito animal, me deje consumir por su aroma sin resistencia alguna.

Me sentí de la nada ya completamente expuesto, en el ojo de un maldito tornado, cuyos vientos se debían sentir a kilómetros de distancia.

Wendy… Kyle, seguramente llegó incluso a ellos. Y yo estaba aquí, frente a él…

"Puedo oírlo…" y yo sentirlo, dios… dolía.

Su sonrisa creció curiosa, los dedos que agarraba mi muñeca tantearon mi piel, moviéndose bajo la manga del naranja anorak, palpando piel y…

"Más rápido… increíble. Como tambores…" y cortó la distancia. Sentí mi pecho saltar dolorosamente contra mi todo y soltó una suave risa en respuesta, como un ronroneo. Mi columna reaccionó casi de inmediato, provocando esta estela de efímero placer ante ese simple sonido.

No, no, no, no, no…

¡Corre por el amor de dios!, es Cartman, ¡Cartman!.

"Tengo que… irme…" y aspiró en la nada cerrando sus ojos, elevando su rostro como si intentase captar algo en el aire. Traté de soltarme de su agarre… realmente intenté, pero de la nada me sentía sediento, ese pequeño contacto supliendo parcialmente mi necesidad y… ¿Como renunciar a unas gotas de agua cuando sientes que estás en el desierto? "Cart…"

Antes de poder terminar el nombre mi espalda se tensó ante el repentino dolor al ser estrellada contra la pared más cercana, y en cuanto abrí mis ojos tras cerrarlos por instinto ante el impacto su mirada me observaba completamente ensimismada en la ausencia de raciocinio, y la pupila que el manantial había secuestrado sediento inició su resurgir tragando consigo todo el reflejo del cielo sobre él…

Deslizó su lengua a lo largo de sus labios antes secos mientras sus manos subían a mi cuello. Aspiró una vez más aumentando la cercanía entre ambos, el calor que irradiaba así como su aroma silenciando de a poco las advertencias en mi cabeza.

Demasiado tarde para huir.

Dios.

Enterró su nariz contra mi cuello, aspirando una vez más, mi esencia atascada en mi abrigo como de costumbre, demasiado imperceptible para un beta o un alfa lo suficiente alejado… Y allí estaba él, embriagándose en ella como un niño que simplemente parece no cansarse de su golosina favorita.

"¿Nueva loción?" preguntó contra mi tez, hablando este lado aún racional en su cabeza, y me sorprendía aquello. Aún conservaba cierto grado de control.

Yo ya lo estaba cediendo por completo.

Humedad bañó mi cuello entonces, su lengua corriendo sedienta por mi tez mientras sus manos subían a mis brazos, dedos enterrándose dolorosamente.

"No" murmuré contra su cabello aún húmedo por alguna ducha reciente, el tono a shampoo intercalándose con su esencia natural. Soltó una suave risa contra mi clavícula dando un suave mordisco a la piel que sobresalía, tanteando lo que debía parecer para él un realmente delicioso caramelo.

Y elevó su mirada una vez más, retrocedió un paso y viró hacia la puerta. Luego en mi dirección… pupilas dilatadas, su máscara de 'estoy en control sobre mi polla' fragmentándose.

"Largo" ordenó en un último destello de voluntad humana… pero no era lo suficiente convincente, porque realmente no sentí la necesidad de obedecerle.

Sorprendente, era la primera vez que veía a un alfa negándose, o al menos intentándolo, a… a mí.

Sonreí no logrando esconder el nerviosismo en mi semblante.

"Bueno… quisiera; créeme, realmente quisiera pero…" baje mi mirada en dirección a mi ya completamente dura, húmeda, necesitada… ¡Dios! ¡¿Qué demonios estaba mal conmigo?!.

Su mirada siguió la mía y volví hacia él, si su pupila no había consumido algo de su iris para este momento, pues terminó de absorberlo en ese mismo instante.

"Lastima, tendré que cogerte entonces" habló en un este tono ya meramente animal. Su último rastro de conciencia le había abandonado, arrastrando consigo la mía.

O eso creí.

Y esta tela tan delicada como el himen de una virgen cedió. Sangre, metáfora perfecta de nuestro deseo, fluyó obscena sobrecogiéndonos.

Antes de siquiera poder tomar aliento dientes se cerraron alrededor de mi labio inferior. Quité mi abrigo ante el extremo calor que me abordaba, sin dejar de saborear los tonos metálicos que fluían entre lenguas, por el rasgar de labios desesperados.

Sus dedos bajaron a mis caderas como zarpas rasgando el pelaje de su presa.

Me elevó entonces, como si entre sus manos se encontrara una maldita muñeca, de esas que puedes coger y desmembrar sin remordimiento alguno…

Mis piernas rodearon su cintura, mis manos su cuello y nuestras necesidades se encontraron entre sí, maldita tela que parecía fuese a empezar a arder en cualquier momento interfiriendo.

Me movió hacia el mesón de blanco y frío granito, apoyándome contra él, rodeó mis caderas para acercarme hacia su pelvis, mis pies tocaron suelo y en cuanto lo hicieron me giró, una vez más, como si fuese un simple objeto, tan manejable como una pluma.

Sus dedos se hundieron en mi cabello, presionando mi cabeza contra la pared, mientras la saliente del mesón obligaba a mi columna a curvarse hacia él.

"No tengo mucha paciencia ahora mismo así que…" su aliento bajó por mi nuca mientras sentía cabellos suyos acompañarla suaves, apoyaba su frente contra mi espalda, mientras su mano libre tanteaba el borde de mis jeans.

"Solo métela de una vez" logré hablar sin disimular la deseosa anticipación en mi tono, impulsándome hacia él, buscando sentirle cerca de mi entrada a pesar de la maldita tela, siendo recompensado con una ansiosa erección "Rápido" y esta suave risilla propia de él volvió a rozar mi cuello junto a la cálida punta de su nariz que una vez más buscaba aspirar mi esencia.

El poco control que su mano había guardado se perdió, bajando de un jalón la tela que nos separaba celosa de nuestro pronto contacto.

Y le sentí presionar contra mí. Mi garganta, lengua, labios se secó casi de inmediato en esta absurda sed; y sin lubricación, o presentaciones, rituales o predisposiciones se hundió de una estocada impulsando un grito que sentí desgarró mi voz, chocando contra las frías baldosas de la pared de la cocina, empañando en vergüenza hasta el más pequeño azulejo de un aburrido diseño frutal.

¿Pero a quién demonios le importaba los putos azulejos cuando acababan de partirme el culo en dos?.

¡Jesus!.

Enterré mis dedos en la superficie más cercana como si pudiese rasgarla, mordiendo mi lengua intentando igualar el dolor que había corrido por toda mi maldita columna, una daga hundiéndose sin misericordia en mi espina…

"Increíble" le escuché gruñir, y retrocedió sin esperar que me acostumbrarse, sin inmutarse siquiera un poco en el gimoteo que dejó mis labios jadeante.

Lágrimas se formaron en la base de mis párpados en la segunda estocada.

Dolía, dolía demasiado, y aún cuando su aroma danzaba como una intoxicante droga en la parte trasera de mi paladar, el suplicio se sobreponía a cualquier clase de placer.

Los dedos incrustados en mis cabellos jalaron de él para obligarme a elevar mi rostro, acercarlo en su dirección. Su lengua recorrió entonces las lágrimas que se deslizaban a los costados de mi rostro, dejando tras de sí un rastro de fuego que sentía enviaba corrientes de mayor deseo por toda mi maldita pelvis.

"Delicioso" murmuró.

Tal vez fue en la sexta o séptima estocada que el dolor perdió sus terribles implicaciones mientras su saliva se entremezclaba con mis lágrimas, mientras su miembro se bañaba en mis fluidos de dolor, mientras su mano rasgaba mi maldita camiseta de un jalón, dejando quemaduras en mi piel por la tela arrancada bruscamente.

Y nunca, en lo que había rozado tez, probado labios, saboreado esencias, bebido fluidos de deseo y bajez… en lo que había experimentado, rasgado, profanado… nunca había sentido tal desespero, tal necesidad de simplemente desaparecer en el aire entre esta infernal faena de simple y llano placer carnal.

Más dolor, quería más dolor, dolor paralelo al placer; y la inexistencia de líneas morales, la inexistencia de palabras suaves, de sentimientos, de lazos… la inexistencia de nada más que cuerpos sumidos en sudor y piel ajena hacía simplemente imposible discernir límites…

Sus dientes se enterraron en mi hombro como si quisiera desgarrar piel, manos corrían por mis caderas obligandome a levantarlas contra su polla, buscando un punto más hondo, más adentro. Embestidas salvajes profundizaban como abriendo paso entre realmente estrecha carne.

Mordí mi labio inferior, enterré mis uñas entre aburridos azulejos y sentí lágrimas bajar por mis mejillas ante el suplicio. Mis sentidos estaban ahora mismo sumidos en esta abismal penumbra, esta esencia a chocolate amargo, alcohol, sal, piel, sexo… tan fuerte, era tan tan fuerte que subía por mi olfato y danzaba a su placer por mi psiquis destruyendo cualquier rastro de razón, declarándose amo y señor del más mínimo pensamiento que se atreviera a irrumpir sus ojos zafiro en mi nuca…

Frente a mí no veía más que penumbras, una niebla solo disipables con su maldito miembro en mi interior.

"Más… duele, quiero que duela… más… " y parecía insuficiente, no era suficiente… no, dios, quería que me destrozara…

Le sentí reír contra mi nuca en respuesta, satisfecho, completamente satisfecho.

Sus dedos presionaron con tal fuerza mi pelvis que sentí mis huesos resentirse, sus uñas rasgar piel, su cabello rozar mi nuca mientras gotas de sudor se deslizaban por sus hilos tono miel hasta caer contra mi espalda… correr por mil y un marcas, rastros de mil y un amantes… y aún así él parecía tener el poder de borrarlas todas con una simple embestida.

Por primera vez, por primera vez sentía que alguien tenía el derecho de llamarme suyo.

Se alejó para girarme en un tosco movimiento, alzandome para sentarme sobre el mesón, esta fuerza brutal guiando su actuar, como si pudiese elevar mi peso entero con la yema de su dedo.

Deslizó sus manos a lo largo de mi pecho descubierto, 'acariciando' no sería la palabra, rasgando mi piel en este fuerte tacto, dejando marcas tras de sí.

Y su mirada… Jesús, su mirada. Ojos completamente absorbidos por el abismo del éxtasis, pupilas dilatadas ahogando el cielo de su mirada, como un eclipse solar, un precioso día de verano siendo sumergido en este negro casi apocalíptico…

La bestia en su interior parecía vibrar desde sus labios entreabiertos, jadeantes, su piel ardía. Y me arrastró hacia él obligando a mi espalda a encorvarse para elevar mi cadera a su altura.

Su miembro, una vez más incrustandose con una brutalidad dolorosa en mi interior, desgarrando sin piedad alguna, parecía desbordar magma.

El calor, el suplicio enviaron corrientes de punzante éxtasis a lo largo de cada maldita fibra de mi cuerpo, forzando casi de inmediato mi orgasmo, esperma baño nuestros estómagos y una sonrisa casi sedienta corrió por sus labios.

Salió de mí, aún completamente erecto y me movió hacia arriba para tener mi abdomen al alcance de su rostro, pronto su lengua corrió por las blancas gotas saladas y todo mi cuerpo tembló casi de inmediato, su aroma, su esencia, calor, dolor… dios, tantos factores, tantas palabras, tanta humedad entremezclada con tantas obscenidades… estaba de vuelta en acción, quería más, no quería parar, no quería que esto llegase a un fin.

Sus dientes se clavaron en mi carne entonces, este rastro blanquecino en la comisura de sus labios por mi esperma, su lengua limpiándolo en un casi felino movimiento mientras continuaba bebiendo sediento de la semilla que había producido.

"Dios…" murmuré.

Sentía mi interior aún palpitar extrañándole, extrañando algo que le llenase, extrañandole a él. Heridas probablemente sangrantes aún dejaban estos rastros remanente de tortura… había entrado de una estocada, ni siquiera yo podría tomarlo todo y aún así… y aún así quería sentirlo de nuevo.

"Preferiría Cartman, aunque si me quieres decir así… " murmuró contra mi estómago con gracia.

Retrocedió unos cuantos pasos entonces y le miré curioso, algo herido por la lejanía.

"Arrodillate, y chupa" ordenó si a duras penas guardando su compostura, moviendo su mirada entre mis ojos y su miembro para dar forma a su estamento. Sonreí de la nada sediento… de nuevo.

"Como desees" e hinque mi rodilla ante él tras deslizarme fuera del mesón. Algo que hacía a menudo, no siempre con gusto, y nunca con estas ansias.

Movió su miembro contra mis labios, mi pecho subía y bajaba exhausto.

Y le tomé deseoso entre mis manos, esta parte de mí casi animal deseando desgarrarlo de un solo mordisco, o beber de él hasta el hartazgo.

Sus dedos entonces se enterraron en mi cabello obligándome a tragar toda la longitud de una empujada, contuve los estímulos de náuseas sintiéndola bajar tan hondo por mi garganta, tan adentro que era imposible respirar.

Se alejó solo lo suficiente para volver a embestir y mi miembro ya estaba a rebosar de sangre una vez más.

Y una, y otra, y otra… sentía ahogarme, iba demasiado rápido como para tomar aire pero eso entraba en segundo plano cuando gotas de pre semen lubricaban mi boca con cada vaivén, dejando un rastro salado tras de sí, subiendo a mi cabeza como shots de moonshine.

Sus gruñidos de placer sonaban lejanos, su voz era demasiado gutural ahora mismo como para entrar en la categoría de gemidos.

Y se alejó.

Respire profundo tratando de recuperar aire, y su mano me obligó a elevar la mirada en su dirección, limpiando con su pulgar un rastro de saliva que se deslizaba desde mi boca, ahora levemente hinchados por la actividad, hasta mi mandíbula, algo blanquecina por su esperma.

Lamió sus labios de nuevo.

"¿Dónde quieres que me corra?" preguntó no escondiendo su fascinación por la vista, como vapor empañando esas negras pupilas en insaciable deseo.

Y esa pareció la pregunta más malditamente difícil de mi existencia. Dios, quería que se corriera en mi boca, en mi interior, pecho, espalda… joder.

Mordió su labio ante la indecisión de mi rostro, la mano que sostenía mi cabello yendo a su erección, iniciando este vaivén con su mano, rápido…

Mi mirada se movió hacia su actividad pero la que sostenía mi mentón me obligó a elevarla.

"Mírame" y obedecí mientras su pulgar era introducido entre mis labios, le mordí moviendo mis propias manos a mi miembro. Le quería, todo… "Necesito saber algo" habló, como un adicto al éxtasis tratando de recobrar control sobre sus actos… raro, muy raro. Nunca había… "¿De donde consigues las píldoras inodoras?" palpó mi lengua con su pulgar, acercando su miembro a mis labios "¿Lo quieres?" asentí desesperado. Sonrió entonces "Responde"

¿Qué había preguntado? algo sobre pildoras… pildoras, pildoras…

"Las hago"

"Buen chico" sonrió entonces, y mi pecho floreció en satisfacción por ende "¿Donde las guardas?" bajé mi mirada a su erección una vez más deseoso y su pulgar e índice presionaron mi mandíbula dolorosamente "Mirame" seguí su orden.

Todo a mi alrededor carecía de completo sentido, sus palabras parecían dar razón a mi existencia, y mi sed por su semilla una justificación al palpitar de mi corazón.

"¿Dónde?" inquirió, y sabía que no podría resistir mucho más sin introducirla en mis labios, sabía que lo necesitaba tanto como yo, y aún así tenía el nervio de preguntar en una situación así.

"Wendy las esconde en esta vieja bóveda antibombardeos de…" y su sonrisa se expandió de nuevo, forzando una curvatura aliviada en mi también, complacido por complacerle…

¿Qué estaba mal conmigo?. Nunca antes me había sentido de tal forma fuera de mi celo, y aquí estaba…

"Wendy ¿eh?. Buen chico" cerró sus ojos dejando ir un gruñido de placer, estaba cerca de correrse y… "Lengua"

Seguí su orden, extendiendola hacia él, su pulgar aún tanteando mis labios.

Pronto la salada y espesa sustancia la bañó como blanca pintura corriendo por un lienzo carmín, algo desbordándose a los costados de mis labios, danzando obscenamente con saliva, cubriendo sus dedos y bajando por mi garganta, dejando tras de sí esta amargura propia de su esencia, como si la bebiera y…

Sentí hacerme adicto a ella.

Se arrodilló entonces a mi altura y labios cubrieron los míos. Cerré mis ojos disfrutando su lengua, moviéndose sobre la mía buscando compartir el objeto de mi perdición…

Se separó lo suficiente para hablar.

"¿Segunda ronda?" bajé mi mirada a su miembro, resurgiendo una vez más entre las cenizas de sexo reciente.

Malditos… o benditos celos de los alfas.

"Maldita sea. Si por favor" soltó una suave risa volviendo a mis labios.


Como una disonante sinfonía que anuncia irónica el fin del final feliz; a unas cuantas casas de distancia, más allá de las viejas vías del tren y de ese porche a rebosar de basura, la avenida pobremente pavimentada por sus lindes con las afueras del pueblo hacia ese estúpido bosque donde nos perdimos mil y un veces cuando éramos niños, tras las paredes de esta habitación; se escuchaba el sonido de pasos cautelosos, el mover de un grupo considerable de hombres rodeando la casucha…

Había salido por la ventana trasera de la casa, y dado una vuelta absurdamente larga hasta aquí. No sin antes destruir todo en el laboratorio, deshacerme de los sobrantes de insumos sospechosos y dejar la 'mercancía' con Wendy…

"¿Estas bien?" preguntó.

"Perfectamente" y como de costumbre, mentí.

Hablé con Karen… bastante incomodo debo admitir. Dándole un estamento entremezclado con un testimonio y mil vulgaridades para intentar hacerle entender lo degenerado de la naturaleza humana. Dejé con ella píldoras suficientes para un año.

Aún si no despertaba prefería estar prevenido… aún si solo aumentaba su tiempo en la sala de espera, al menos tendría la capacidad de analizar con más certeza lo que estaría por venir, tendría al menos un año más para crecer en un entorno medianamente decente. Si a eso se le podía considerar decente, claro.

Contemplé en silencio el rostro que descansaba frente a mí mientras escuchaba desde aquí la puerta ser abierta forzosamente, pasos fuertes perdiéndose en el interior de mi casa, y por tanto de mi oído…

Tenía que ir. Tenía que ir pero…

Todo mi cuerpo dolía, hasta el más mínimo rastro de piel estaba resentido por su tacto, con el más pequeño movimiento mi tez ardía como si danzara en lava y… y no podía ser mejor.

Me moví en su dirección mientras sábanas se deslizaban por mi piel, juntando la punta de mi nariz con la suya, moviéndose sosegadamente, plácida, sin preocupaciones, sin malestares.

Aspiré su aroma por milésima vez a lo largo de estos ¿dos días?. Era viernes, y sonreí por ende.

Les tomó cinco días, cinco días.

Y aspiré de nuevo, y una vez más, como si se tratase de licor bajando por mi garganta, embriagando mi conciencia para hacer más plácido lo que estaba por venir.

No quería estar sobrio, y él parecía la droga perfecta ahora mismo.

Recuerdos parecían perderse entre neblinas de sexo, y mil preguntas surgieron de los múltiples encuentros que deseaba nunca acabaran.

Los omegas, por naturaleza, no son tan dependientes del acto sexual como lo son los alfas. El omega solo es activamente sexual en un cien por ciento en su periodo de celo, el alfa por otro lado tendía a ser bastante activo incluso fuera de su periodo de reproducción. Una desventaja…

Pero la gorda conservaba cierto control, en un periodo de celo. Si a duras penas algunos podían controlarse en un día promedio, ¿como pretendían controlarse en ese estado de completo salvajismo?. Ajeno a ello mi reacción fue… algo inesperada. Nunca, en lo que llevaba 'jugando' con los de su clase, había sido víctima de tal desenfreno en días sin celo, sin contar mi absurda obediencia ante sus ordenes.

Había hablado sobre las píldoras, Wendy…

Eso era malo, y el agua mojaba, y me dolía el culo.

Mierda.

Sus orbes se abrieron perezosos entonces, largas pestañas negras subiendo y bajando sosegadas en contraste con pálida piel y esos orbes de tan intenso azul. Era extraño pensar que era Cartman…

"¿Lo escuchas?" pregunté al tanto de la respuesta.

"Creo… escucho muchas cosas" aspiró, acercándose contra mí, imitando mi anterior acción "Hueles… demasiado bien" murmuró. Mi ultima pildora había sido la de la reunión esa, los efectos empezaban a irse, y mi aroma empezaba a florecer. Ya daba igual esconderse.

Sentí sus brazos rodear mi cuerpo, atraerme contra él…

"¿Vienen por ti?" habló entonces.

"Si"

"¿No puedes quedarte?" mi pecho tembló ante este extraño tono en su voz. Pero debía ser mi imaginación… él no se preocupaba por nadie después de todo.

"No"

Silencio.

"¿Por qué solo tu?" perspicaz como siempre.

"Ni idea" mentí.

"Qué tedioso eres" le escuché, y sus palabras se tatuaban en mi piel, su vaho como las cerdas de un pincel.

Le rodeé en respuesta, su corazón con este continuo sonar, lento y…

"¿Qué harán contigo?"

"Estamos en Colorado. Así qué pena capital, con algo de suerte"

"¿Suerte?" sonreí contra sus cabellos, el aroma a shampoo lejano.

"Sep"

Más silencio, y el tiempo se acortaba.

Intenté moverme lejos; pero su agarre era demasiado fuerte.

"Necesito ir…"

"Mi madre, mi único amigo… " soltó una amarga risa por las palabras "Kahl se superó esta vez ¿uh?" guarde silencio algo abstraído por el estamento.

"No fue enteramente su culp…"

"No lo hagas" ordenó, rastros de rabia irradiando de su voz "No le defiendas, no necesito esa mierda" y me apretó con aún más fuerza, mi abdomen empezando a doler. Pero poco me importaba "Estaré solo… otra vez" su voz se perdió entre las sábanas, de ser mi oído el de un beta promedio no hubiese escuchado aquello "Lo único bueno de que no estés, es que no tendrás que ver como le hundo"

"Cartman…"

"No podrás detenerme tampoco" bufó liberando el agarre, su mirada buscó la mía entonces, esta sonrisa posada en sus labios, como vértebras curvadas de una peligrosa serpiente, veneno proliferando desde su mirada.

"¿Qué harás?" pregunté. Estaba imposibilitado ahora mismo, tenía solo meros minutos…

Su expresión pareció iluminarse ante la pregunta, cómo un niño a punto de revelar el truco de magia que recién aprendió.

"Muchas cosas" y este tono casi sexual que pareció tintar sus labios hizo de mi pecho una madeja de hilos de renovado deseo y miedo…

Sentí su erección rozar mi estómago por su renovado interés…

Esto era malo, muy malo para Kyle.

"Tengo que irme…" pero el rozar de miembros bajo sabanas decía completamente lo contrario.

"Adviertele si quieres, siempre es importante añadir alguna prueba para su siempre presente paranoia. Será hilarante" y liberó mi agarre por completo, dejando tras de sí mi pecho en necesidad por más de su calor; reacciones y sentimientos propios de un omega ante un alfa… ¿verdad?.

Se sentó en el borde del colchón, virando en dirección a la ventana. Y por fin me moví saliendo de la cama.

Empecé a buscar por ropa, aunque daba igual, una parte de mí parecía agradar de la idea de ser capturado desnudo, ya saben, porque 'YOLO' … nah, muy estupido. Pero yo era estúpido…

"¿Debería despedirme?" le miré por la pregunta, deslizando un par de boxers por mis piernas.

"¿Como?" se encogió de hombros, no miraba en mi dirección.

"No sé" tomé mis pantalones, camiseta.

Solo guardaba silencio, estático en la misma posición.

Para cuando termine el ruido en la lejanía pareció cesar, estaban buscando. Buscandome.

"No esperaba que así fuesen mis últimos días en South Park, pero no estuvieron para nada mal" intenté formar un tono festivo en mi voz a pesar de sentir mi pecho empezar a caer ante las presiones que había deseado ignorar hasta ahora.

Pena capital… ¿cuál era la probabilidad?. Muy alta. ¿Qué pasaría entonces? ¿volvería a ser libre o… ¿Y si decidían no matarme? era menor de edad, tal vez eso afectaría en su juicio. ¿Siquiera habría juicio? ¿Juicio para un omega?, vaya chiste más bueno…

Pero el miedo estaba presente. ¿Y si no me mataban?.

¿Y si no podía huir?

¿Y si encontraban una forma peor que la muerte misma para subyugarme? Esclavitud, servicio, sumisión… ¿a quien?¿a que…

"Tu corazón… ¿estás asustado?" preguntó de la nada.

"¿Creerías si dijese que no?" negó. Solté una suave risa terminando de poner mis zapatos "Los alfas pueden llegar a ser realmente aterradores… aunque deberías saberlo, eres uno ahora"

"Eso parece" no pude leer su tono, no podía ver su expresión.

"Adiós Cartman" y me puse de pie. Esperé unos cuantos segundos por su respuesta, no llegó.

Inicie mi camino hacia la salida.

"Ken…" viré por sobre mi hombro hacia él. Por fin me miraba "Gracias" habló con este dejo algo lastimero en su voz, cejas levemente inclinadas, fragmentos de quebrado orgullo cayendo en las sabanas.

"Gracias a ti, esta cogida definitivamente entrará en mi top diez, gorda" y guiñé en su dirección antes de salir, respirando por última vez su aroma, embriagandome en valor, como un encanto para afrontar con más bolas lo que estaba por venir.

Saqué mi celular, busque por el número de Kyle.

"Cuidado con Cartman. Pide ayuda a Wendy y espera, dile que al parecer Ícaro voló demasiado alto, y la gorda puede amortiguar la caída. Entenderá"

Escribí y envié saliendo de la casa, enfrentando el viento del invierno que corría por pavimento, porches y fachadas.

Cerré la puerta.

Busqué el de Wendy pero… no estaba, ¿donde demonios… ¿lo había borrado la gorda?. No me jodas, y no lo sabía ¿quién coño se memoriza un puto número en este puto año?. Tenía que ir a avisarle, tenía que…

Busque a Kyle empezando a escribir el mensaje a él, con algo de suerte lo daría a Wendy y... una llamada entrante de Cartman evitó que lo enviara.

Odiaba ser tan malditamente predecible, odiaba ser acorralado.

Intenté una vez mas pero...

Mi mirada se centró en el sonido lejano de un gatillo siendo liberado. Me habían encontrado.

Mierda.

Puta gorda.


Y eso fue todo. Hasta la próxima :D