Trang se movía a toda prisa entre las plantas bajas, le había tomado poco tiempo llevar a cabo su plan y se encontraba cerca del corazón de la selva, ya no estaba solo. Él y su compañía habían avanzado a paso firme y sin detenerse en busca de Roland, a pesar de la humedad y el calor. Llegaron a la zona donde Roland había desaparecido y a partir de ahí siguieron el rastro que había dejado su cuerpo al ser arrastrado, ahora sería más sencillo encontrarle.

Roland estaba atónito con la visión y sentía incertidumbre por su destino, jamás había visto nada igual a lo que en ese momento contemplaban sus ojos, una enorme figura casi humana con un rostro delicado y hermoso que proyectaba paz a través de sus ojos, sus orejas eran puntiagudas como las de los yordles y su cabello lacio con un tocado de hojas vivas; su piel tenía un tono verde lleno de vida y desde los hombros su textura parecía la corteza de un árbol, sus manos hacían movimientos suaves, con un ritmo y una cadencia tan exacta como el latido de un corazón, el enorme árbol al centro que parecía ser el trono de la regente de la selva era en realidad parte de su cuerpo, estaba unida a la vida de la selva, enraizada al corazón de la selva; al decir el nombre de Roland escuchó una voz suave y sin rastro alguno de amenaza, este no pudo hacer más que arrodillarse ante la grandeza de Che-Baal, la regente y protectora de toda la vida en la selva.

-Roland Maxwell, el zaunita dicen algunos. ¿Por qué has venido aquí, forastero?

-A-Ah! -Roland levantó la vista y tartamudeaba. -S-Solo estaba de paso con mi compañero, un yordle llamado Trang, e-estamos en una misión de…

-¿Un yordle? Los yordles no hacen alianzas con los hombres desde hace mucho tiempo. ¿Por qué habría de creerte? -La voz seguía siendo suave pero las palabras se sentían como una afilada espada cerca de la garganta.

-E-Es una cosa de… Y-Yo les ayudé y ellos solo.. -Roland no sabía cómo explicar porque estaba con Trang. -Ellos me ayudan a recuperar una piedra.

-¿Acaso vienes a robar runas de esta selva, humano?

-N-No… -Roland cerró los ojos e intentó calmarse, recordó la visión que había tenido en el templo de la ciudad y pudo dejar de temblar, estaba ante un ser antiguo y sabio pero sobre todo, poderoso. Decidió que debía decir la verdad o podría morir. -Me fue robada una piedra lunar que contiene un poder capaz de destruir el mundo, extraída del legendario Nauglamir, herencia de mi familia.

El rostro de Che-Baal se endureció y una extraña oscuridad se apoderó del lugar, algunas luciérnagas aparecieron y la tierra comenzó a vibrar. Roland sintió que su corazón se aceleraba y no supo qué hacer, volvió a cerrar los ojos para intentar calmarse una vez más pero no resultó, Che-Baal parecía haber aumentado su tamaño y esta vez parecía enojada.

-¡Tú eres el culpable entonces de todo eso! -La suavidad de su voz había desaparecido. -El brillo de esa piedra ha lastimado la vida en este lugar, aquél extraño con una capa negra utilizó magia antigua para escapar de Kumungu y tú me dices que esa piedra es tuya.

-Pero no era mi intención…

-Debes responder por tal acto de irresponsabilidad. Los guardianes se encargarán de ti. -Hizo algunos ademanes y la tierra comenzó a removerse junto a la deidad.

-Pero… ¡Fui atacado, me fue robada y la recuperaré! -Roland gritaba pero no se detenía.

Una figura emergió de la tierra, sus ojos brillaban en la oscuridad y tenía astas como un alce y el cabello de hierba, un cuerpo imponente que portaba un báculo de madera, avanzaba como enraizado a la tierra hacia Roland y una bola de energía comenzó a emerger de su mano; Roland sabía que sería su fin y no pudo más que apretar los dientes.

-¡Alto! -Una voz cansada gritó detrás del guardián.

Che-Baal reconoció la voz y detuvo al guardián, Trang ya estaba entre este y Roland. Al notar la presencia, Che-Baal se sintió un poco desconcertada pero se calmó a ver una figura conocida y sonrió. Booma estaba parado ya también junto a Roland, hizo una reverencia y esperó.

-Booma… ¿Eres tú? -Los ojos de Che-Baal se abrieron un poco más, brillaban.

-Gran Che-Baal, lamento este malentendido, Roland es amigo nuestro. -Che-Baal hizo desaparecer al guardián y la luz volvió poco a poco al lugar.

-Debes explicarme lo que está sucediendo.

-Con gusto te pondré al tanto de la situación, pero debes saber que si he venido aquí después de tantos años, es porque la vida de este joven vale mucho, no solo para mí, es por Runaterra.

Che-Baal ya estaba bastante sorprendida, mientras Booma le explicaba la situación a detalle, Roland se liberaba de sus ataduras y recuperaba sus armas y demás cosas, estaba feliz de ver a Trang y a Booma, pensó que el viaje terminaría en la selva; él y Trang decidieron sentarse a esperar, otros yordles con aspecto primitivo se acercaron y explicaron a Trang que vivían al servicio de la regente de Kumungu, eran mensajeros. Después de una larga charla entre los sabios, se volvieron hacia Roland y con un ademán, Che-Baal lo llamaba ante su presencia una vez más, el rostro de la diosa se había calmado y sonreía, eso de igual manera ponía nervioso a Roland, se acercó y volvió a hacer una reverencia, esta vez lo hizo con tanta humildad que algunas mariposas se acercaron a él por el aura de Che-Baal.

-Tienes suerte de tener un amigo como Booma, me ha dicho que más que el valor sentimental de esa piedra, es una amenaza para nuestro mundo si está en manos de aquel ladrón. Los que habitamos esta tierra desde hace muchos años hemos sido confinados a una noble tarea, cuidar las regiones de nuestro mundo y no podemos desplazarnos de nuestro lugar, pero tú tienes la capacidad de recorrer el mundo y salvarnos a todos. Se irán con la bendición del bosque. -Che-Baal puso una mano sobre Roland y resplandeció. Una energía invadió el lugar y envolvió también a Trang quien estaba muy cerca. -Es la protección de la Madre Tierra, será útil para librar las batallas que se presenten en la travesía, ahora deben ir al oeste, Pisos Fyrone no está lejos, les indicaré el camino, les deseo mucha suerte.

Roland y Trang partieron hacia el oeste de la selva, Booma se quedó un tiempo en la selva antes de volver a su templo en la ciudad yordle. En el límite con Pisos Fyrone la selva comenzaba a desaparecer y el clima se volvía árido, había vestigios de destrucción en esa parte y el calor dejaba de ser húmedo para pasar a un calor seco que quemaba la piel y abrasaba cualquier forma de vida que pudiera surgir ahí. A lo lejos y sobre las dunas, se veía la gran torre de reloj que mostraba la entrada a Urtistan. Una voz en la cabeza de Roland resonó: "Está más cerca de lo que crees, manténganse alerta o perderán la vida". El último mensaje de Che-Baal antes de dejar la selva y la sangre les comenzaba a hervir.