Encontrar una niñera no está siendo una tarea fácil para Edward Cullen hasta que una hermosa y joven camarera se muestra dispuesta a ayudarlo. Todos Humanos.
________________________________________________________________________________
Capitulo 10: Aprobado
- Insisto!
Bella miró a Edward, impactada por la dureza de su voz.
- Pero yo no tengo nada que ver en una visita familiar.
- No estoy de acuerdo, y quiero que vengas con nosotros. Así que cambiate de ropa o llegaremos tarde.
- No, no pienso ir, y no puedes obligarme.
- Bella, estás empezando a comportarte como Nessie. No tienes nada que temer, mi madre no muerde.
- No tengo miedo! Pero preferiría quedarme sola en casa. Apenas tengo tiempo para mí. Y esta sería una oportunidad perfecta.
- Si quieres… mañana puedes tomarte toda la tarde libre.
- No lo entiendes. Lo que quiero es quedarme sola en casa.
Edward hizo un visible esfuerzo por relajarse, pero comenzaban a tensarse los músculos de su mandíbula.
- De acuerdo, en ese caso, mañana por la tarde me iré con la niña y tendrás toda la casa para ti sola, ¿de acuerdo?
- Edward, por favor, tu mamá no quiere verme. Quiere ver a su hijo y a su nieta.
- Claro que quiere verte. De hecho, tiene muchísimas ganas de conocerte.
Bella se cruzó de brazos y lo miró con los ojos entrecerrados.
- No estas siendo razonable. Y no puedo evitar preguntarme por qué.
- Estupendo. Si decides pensar que no estoy siendo razonable, no tengo nada que objetar. Pero ahora ve a cambiarte. Yo me encargaré de Nessie.
- Edward... —le suplicó Bella.
- Diez minutos. Y empiezo a contar.
Bella, obstinada, se sentó en la mesita del café, desafiándolo a moverla. Edward se levantó de un salto del sillón.
- Estupendo - dijo en tono aburrido - Mi madre, por supuesto, estará vestida. Pero no le importará que vengas con pijama.
Y sin más, la agarró del antebrazo y la levantó. Bella sabía que estaba vencida, de modo que permitió que la arrastrara hasta el vestíbulo. Una vez allí, Edward descolgó los abrigos y llamó a la pequeña. Bella corrió entonces hacia el dormitorio y gritó por encima del hombro:
- Dame cinco minutos!
- Puedes tomarte seis! - gritó Edward sonriendo tras ella.
Cinco minutos después, Bella reaparecía con una falda negra de tela, una blusa azul y unas botas muy femeninas.
- Wow! - exclamó Edward al verla - ¿Qué habrías hecho si te hubiera dado diez minutos?
- Lo mismo - replicó Bella – Esto es lo más presentable que tengo.
- En ese caso - le susurró Edward al oído mientras la ayudaba a ponerse el abrigo - tendremos que comprarte más ropa.
- No necesito más - respondió Bella ignorando los pequeños estremecimientos que atravesaban su cuerpo.
Edward se colocó frente a ella para ponerle la bufanda.
- Claro que lo necesitas - le dijo y añadió - Nessie está en el coche.
- ¿Ya?
- Sí – sonrió - yo también puedo hacer maravillas en cuestión de minutos.
***
Esme sonrió a su hijo. Este le hizo un gesto con la mano, limpió la rodilla herida de Nessie y, después de abrazarla, la vio desaparecer en el frondoso invernadero de los Cullen.
- Tienes una hija encantadora - le comentó Esme a Edward - Hacía tiempo que no te veía reír tanto.
- Está en una edad muy divertida - respondió Edward
- Vaya, me sorprende que lo hayas notado. Y supongo que la encantadora Bella no tendrá nada que ver con ello, claro.
Edward consideró la posibilidad de fingir, pero abandonó inmediatamente la idea.
- Bella ha cambiado mi vida - le confesó a su madre - Ahora lo único que me falta es encontrar la forma de retenerla.
Esme abrió la boca para contestar, pero en ese momento apareció el objeto de su conversación entre las ramas de una palmera. Se acercó a la mesa con una sonrisa nerviosa y tomó el vaso de agua que había pedido como bebida. Bebió un largo sorbo y se abanicó con la mano.
- Este invernadero es increíble – comentó - Casi había olvidado lo que era sentir calor.
- Este es mi refugio durante el invierno - le explicó Esme - Y mientras más pasa el tiempo, más lo aprecio.
- Es tan asombroso ver crecer plantas tropicales en medio de la nieve.
La nieve, de hecho, se amontonaba contra las paredes de cristal del invernadero, pero en el interior estaban a unos veinticinco grados. El invernadero de la abuela siempre había sido el lugar predilecto de la pequeña.
En el mismo instante en el que Bella se sentó, Nessie asomó la cabeza y gritó:
- Bella! Bella! ven.
Bella se levantó inmediatamente, pero Edward se inclinó hacia delante para hacerla sentarse.
- Ve a jugar cariño - le gritó a Nessie - y deja que Bella se quede un rato conmigo.
Nessie frunció el ceño enfadada, pero decidió volver a su juego. Casi inmediatamente, oyeron un gemido de entre las plantas.
Bella volvió a levantarse, dispuesta a acudir en su rescate, pero Edward la detuvo de nuevo.
- Yo me encargaré de todo - se levantó para ir a solucionar el desastre y a los pocos minutos regresó junto a Bella y su madre, sacudiendo la cabeza y riendo suavemente.
- Desde luego, con ella no me aburro - comentó mientras se sentaba.
Esme se echó a reír.
- Como si yo no lo supiera. Tú y tus hermanos me tenían todo el día de un lado para otro.
- Pero si yo era un niño encantador - bromeó Edward - me lo has dicho muchas veces!
- Sí, eras encantador - admitió Esme - pero también muy travieso.
- En eso se le parece Nessie - comentó Bella sonriendo
- Así es. Se perecen mucho. Ella es perfectamente consciente de todo, se ofende muy rápido y es rencorosa, pero también es una niña adorable.
- Yo no soy rencoroso! —protestó Edward
- ¿Ah, no? Quizá deberíamos preguntárselo a tu padre.
Edward frunció el ceño y se tensó en la silla.
- ¿Cómo está papá?
- Bien, muy bien. Pero ¿Por qué no se lo preguntas tu? Hace tiempo que no hablas con tu padre…
Edward suspiró.
- Lo llamaré un día de estos… o los visitaré cuando él esté en casa
Esme sonrió con tristeza.
- Tienen que darse tiempo - los ojos se le llenaron de lágrimas – El te adora hijo, los adora a los tres - se volvió hacia Bella – El es un buen hombre.
- Casado con una gran mujer – dijo Edward tomando la mano de su madre.
- Y estoy segura de que tambien es una mujer muy sabia - comentó Bella gentilmente – El regalo que le dió a Edward es suficiente para indicármelo.
- ¿El regalo? - preguntó Esme, mirando de reojo a su hijo – Ah! Te refieres a los álbumes de fotos!
Edward, ligeramente avergonzado, le explicó brevemente cómo en aquellos álbumes no aparecía una sola fotografía de su padre con sus hijos.
- Bella fue la primera en notarlo – añadió - Y ahora estoy convencido de que intentabas decirme que corría el peligro de hacer lo mismo que le reprochaba a mi padre.
- Solo quería dar una pequeña ayuda… Pero veo que Bella hizo un mejor trabajo que yo. - musitó Esme, y se volvió sonriendo pensativa hacia Bella.
Edward se irguió en la silla sonriendo con dulzura.
- Sí, Bella me ha ayudado mucho - confirmó.
Bella se sonrojó inmediatamente.
- Solo quiero… que las cosas se solucionen entre el y su padre. Tal ves conversar las cosas…- dijo pensativa y se calló al ver que había hablado en voz alta – lo siento. Sé que no es de mi incumbencia.
- Al contrario! – Contestó Esme – Tienes toda la razón. Ambos necesitan un tiempo para los dos… de hablar las cosas.
Edward sabía que no podía objetar nada de las palabras de su madre y se volvió hacia la joven que había cambiado su vida. Si no hubiera sido por Bella, él todavía estaría preguntándose por qué su hija no lo quería y estaría agobiado por no encontrar un camino para su vida. Si no hubiera sido por Bella... y de pronto una idea se le vino a la cabeza.
- Llamaré a papá para invitarlo a almorzar mañana.
***
Edward buscó con la mirada la mesa en la que estaba sentado su padre y de repente, un movimiento lo distrajo. Era Carlisle, que le hacía señas desde su asiento.
Edward sintió al mismo tiempo la alegría de verlo y el dolor de la culpabilidad. Había reconocido la emoción en la voz de su padre cuando lo había llamado para pedirle aquella cita. Mientras se acercaba hacia él, se desabrochó el abrigo y sonrió. Carlisle alzó la mirada y se levantó con los brazos extendidos. Edward le estrechó la mano con calor y le palmeó la espalda. Mientras lo hacía, se le ocurrió pensar que aquel era el saludo habitual de su padre. Quizás Carlisle no fuera tan frío como siempre había creído.
- Creo… que ni siquiera sé por qué me has invitado a comer - comentó Carlisle cuando se sentaron - ¿Estas bien? ¿Algún problema? ¿Problemas con el hospital?
- No papá… solo… – suspiró y sonrió – quería que comiéramos juntos. Todo lo demás que mencionaste va bien.
Carlisle asintió y aceptó sonriendo la respuesta de su hijo.
- Y bien… ¿como va todo?
- Pues en el hospital todo tranquilo y hace unos días he vuelto a mi pasión por el piano - continuó explicándole que había decidido dar clases de piano al pequeño vecino de Alice y, para su sorpresa, Carlisle pareció aprobar su decisión.
- Nunca te había visto tan entusiasmado. De hecho, yo diría que últimamente eres un hombre feliz.
Edward sacudió la cabeza. ¿Lo llevaría escrito en la frente?
- ¿A qué te refieres con eso de "últimamente"?
Carlisle inclinó la cabeza, como si estuviera decidiendo hasta qué punto debería ser sincero.
- Pareces... satisfecho. Sé que la muerte de Tanya fue un duro golpe para ti, hijo, pero también que no eras feliz con ella. De hecho, siempre pensé que tu trabajo en el hospital era una forma de escapar a tu matrimonio.
- Eso es una tontería.
- No lo creo, sé de lo que hablo, hijo. Sé el aspecto que tiene un hombre enamorado, cuáles son sus prioridades y cómo se comporta. Y para ti, tu matrimonio nunca fue una prioridad. Sí, sé que hiciste todo lo que Tanya esperaba de ti, pero creo que ninguno de los dos se esforzó en su matrimonio. Incluso en una ocasión le dije a Tanya que no debería dejar que te escaparas tan fácilmente de la relación.
- ¿Y qué te contestó Tanya?
- Me dijo que era feliz. Y que si de alguien estabas escapando era de mí. En cualquier caso, lo que pienso es que no estabas enamorado de Tanya, pero ahora estás enamorado de otra persona.
- ¿Cómo diablos se te ocurre decir una tontería como esa?
- Ya te lo he dicho. Sé el aspecto que tiene un hombre enamorado.
- ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo sabes?
- Bueno, evidentemente, gracias a tu madre.
- ¿Entonces estás enamorado de mamá? - preguntó Edward mirándolo directamente a los ojos - Pues pasar mas tiempo en el trabajo que en casa es una forma muy extraña de demostrarlo.
- Mis sentimientos hacia tu madre no tienen nada que ver con mi ausencia - respondió Carlisle con expresión resignada – Sé que en cierto modo cometí un error… y por eso mismo no quiero que tu cometas el mismo error con Nessie….
- ¿Entonces por qué te alejaste tanto? ¿Por qué el hospital fue más importante para ti que tu familia?
- Solo quería lo mejor para ustedes. Poder darles todo lo que necesitaran. Ustedes son lo primordial para mí.
Edward no dijo una palabra solo asintió al escuchar las palabras de su padre.
- De modo que… - musitó Carlisle al ver la expresión de su hijo – no crees que esté intentando hacer lo que considero lo mejor para todos. De verdad estoy intentando mejorar y…
En un impulso, Edward alargó la mano y tomó la muñeca de su padre.
- Claro que confío en ti, papá. No tengo la menor duda de que harás lo que más le conviene a todo el mundo. Supongo que es eso lo que quería decirte. Eso y... - se aclaró la garganta, aquello iba a ser más difícil de lo que pensaba - Eso y... que te quiero.
Carlisle Cullen lo miró como si acabaran de noquearlo. Después, superado el impacto inicial, todo su rostro comenzó a temblar y estrechó con fuerza la mano de su hijo. Gradualmente, fue controlando sus emociones hasta esconderlas tras una repentina aspereza.
- Por supuesto que me quieres. Igual que yo te quiero a ti - respondió con estudiada indiferencia - Eso nunca ha estado en cuestión - bajó la cabeza y buscó su servilleta, intentando disimular su emoción.
Edward sintió un escozor sospechoso en los ojos, pero contestó con frialdad.
- Bueno, ahora que ya hemos aclarado eso ¿Estarás en la fiesta de Rosalie y Emmett? ¿Cierto?
- Claro que si! Alice me ha llamado todos los días para confirmar mi asistencia una y otra vez!
- Esa es nuestra Alice…
- Así es - contestó Carlisle quedándose largo rato en silencia y al cabo de unos segundos preguntó - Pero dime, Edward, ¿qué es lo que te ha hecho cambiar?
El camarero llegó justo en ese momento. Edward sintió la extraña necesidad de tener a Bella a su lado. Sacudió la cabeza, sonrió para sí y se limitó a decir:
- Come papá, y mientras te contaré cómo está tu nieta.
***
Bella estaba en ascuas. La comida de Edward con su padre debía haber durado unas dos horas, y después estaba el viaje de vuelta y... Incluso en la distancia, reconoció el sonido de la puerta del garaje al abrirse y no fue capaz de resistir la tentación de levantarse. Llegó corriendo al vestíbulo en el mismo instante en el que Edward abría la puerta. El rostro de Edward se iluminó al verla.
- No podías esperar a ver el resultado de tu intromisión ¿eh?
- Yo no me he entrometido en nada! Simplemente hice una sugerencia y tu madre estuvo de acuerdo con ella. Además, creo que era una sugerencia de lo más razonable, e incluso a ti te lo pareció.
- Y todavía me lo parece.
- Bueno, y ¿entonces...?
- ¿Entonces qué?
- Edward! ¿Cómo ha ido todo?
Para su consternación, Edward se asomó al pasillo y miró hacia ambos lados. Aparentemente satisfecho, se frotó las manos. Bella puso los brazos en jarras, a punto de perder la paciencia, pero antes de que pudiera reprenderlo otra vez, Edward la agarró del brazo y la estrechó contra él.
- Tenías razón - le dijo suavemente - Ha sido maravilloso, gracias.
Bella dejó escapar una bocanada de aire y fue repentinamente consciente de cómo se estrechaban sus senos contra el pecho de Edward.
- Yo... me alegro de que todo haya salido bien. De alguna manera, sabía...
- Oh… cállate - susurró Edward sonriendo mientras su boca descendía sobre los labios de la joven.
Bella sabía que debería apartarlo, pero no encontraba la forma de hacerlo. Como si tuvieran voluntad propia, sus manos subieron hasta el pecho de Edward y después rodearon su cuello. Lo sintió presionarse contra ella y sintió su dureza contra la suavidad de su vientre. Simplemente, no podía renunciar...
- ¿Papá?
Cargada de censura, aquella vocecita interrumpió lo que ninguna otra cosa podría haber interrumpido. Bella y Edward se separaron inmediatamente y se volvieron hacia Nessie que, cruzada de brazos, pateaba el suelo con impaciencia.
- Papá, ¿qué le estabas haciendo a Bella?
Edward miró a Bella sonriendo como un niño, con un brillo travieso en la mirada.
- Edward, no te atrevas!
- La estaba besando - contestó, inclinándose hacia su hija.
Para el más increíble asombro de Bella, Nessie se encogió de hombros y sonrió.
- De acuerdo. Voy a estar con María - y se marchó cantando a la cocina.
Edward echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
- Parece que lo aprueba - le dijo a una boquiabierta Bella.
Y antes de que Bella pudiera cerrarla, la cubrió con un beso, utilizando la lengua y los labios para seducirla.
Bella se relajó contra él y deslizó las manos por su cuello. Pero no pudo acallar las campanas de alarma que sonaban en su cerebro.
- Edward, Edward, no deberíamos. Pronto tendremos que...
- No Bella! Ahora no por favor. Déjame ser feliz. Por el amor de Dios, aunque solo sea por una vez, déjame ser feliz.
Ni siquiera la más firme resolución de Bella habría resistido aquella súplica y la resolución de Bella no era en aquel momento especialmente firme. Por primera vez desde hacía una eternidad, sintió que el miedo la abandonaba. Lo abrazó con fuerza, dando rienda libre a la pasión.
Edward se separó solo un poco de ella, abrió los ojos y le estudió la cara, buscando algo aunque Bella no sabría decir el qué.
- ¿Qué tienes tú que me hace sentir tan.... que me hace desear... ?
- ¿desear qué? - preguntó Bella cuando Edward no terminó la pregunta.
Pero él no contestó, sólo sacudió la cabeza muy despacio, sin dejar de mirarla a los ojos. No sabría decir quién dio el primer paso, si fue él el que se acercó a ella o ella a él, pero se encontraron a medio camino. Entonces Bella le echó los brazos al cuello sin reparar en lo que estaba haciendo, le acarició la nuca con una mano y con la otra los desordenados cabellos color bronce.
Al tiempo que le cubría la boca con sus labios, Edward colocó una pierna entre las de Bella y ella soltó una exclamación ante la intimidad del gesto. Aprovechó su reacción para introducirle la lengua en la boca y así saborearla mejor, despertando sus sentidos y empujándola a sentirse deliciosamente consciente de todo.
A Bella la abandonaron las fuerzas y gimió llena de satisfacción, acariciándole el pelo con más empeño, apremiándolo sin palabras, para que le diera más. Y Edward necesitó muy poco para animarse, porque antes de que Bella se diera cuenta, habían llegado al cuarto de estar y estaban recostados sobre el sofá. Edward se había colocado totalmente encima de ella, con las piernas entre las suyas, apartándole los muslos y presionando su sexo contra la parte más íntima de su cuerpo.
Bella sintió que algo le estallaba en las entrañas. Edward parecía rodearla, invadirla, llenarla. Una y otra vez zambullía la lengua en su boca, saboreándola hasta lo más profundo de su ser. Y Bella sólo podía agarrase a él, a su piel caliente; sólo era capaz de desearlo y en silencio suplicarle que le diera más.
La ropa que los separaba empezó a calentarse con la fricción de sus cuerpos hasta que Bella estuvo segura de que empezaría a salir vapor. Edward inclinó la cabeza para pasear la lengua por la clavícula de Bella, apartó la polera para besarle la base del cuello y ella le sacó la camisa de debajo de los pantalones hasta que pudo acariciarle la espalda. Edward reaccionó a sus caricias estremeciéndose de placer y se pegó con fuerza contra su sexo. Bella notó cómo aumentaba su excitación y se estremeció al sentir la potencia de su masculinidad.
- Edward - gimió suavemente, hundiendo el rostro en la cálida piel de su cuello.
Abrió los labios para arrastrarlos por la garganta, subiendo después por la áspera piel de la mandíbula.
- Oh, por favor - le susurró, no muy segura de lo que le estaba pidiendo, pero sabiendo que deseaba y necesitaba que hiciera algo, enseguida - Por favor - repitió con una desesperación que hasta a ella misma sorprendió.
Estaba a punto de acceder, a punto de satisfacer todas sus fantasías, todos sus deseos, todos los sueños que Bella había tenido en su vida. Sabía que era así por cómo se movía encima de ella, seduciéndola, de manera que no cabía duda de que ambos se elevarían hasta las cimas más altas del placer.
Todos sus sentidos se centraron en su sabor, en su olor, en su tacto y en toda ella. Edward deseaba más, mucho más. Por ello, sin cuestionar sus motivos o sus actos, se dispuso a tomar más. Paseó sus manos despacio por la espalda de Bella, después bajó hasta la cintura, las caderas. Como respuesta a su exploración, Bella murmuraba sonidos alentadores e incoherentes mientras se pegaba aún más a él. Por donde Edward la tocaba Bella parecía despertar y su sabor era tan, tan dulce...
Edward siguió con su seducción, avanzando hasta que llegó a la firme curva de su trasero. Incapaz de contenerse, empezó a palparle los glúteos con posesividad antes de seguir acariciándola aún más abajo. Entonces le empujó la cadera hacia delante y la levantó del sofá, apretándola contra la turgente evidencia de su deseo, restregándose contra ella con suavidad.
Bella aspiró al sentirlo y enredó con más fuerza los dedos entre los cabellos de Edward, mordisqueándole el labio inferior suavemente. Pero cuando Edward temía que lo apartara, Bella enganchó las piernas alrededor de la cintura de Edward y las apretó con fuerza.
Él gimió al notar su abandono y empezó a besarle el cuello. Empezó a besarla con pasión y Bella saboreó el ardor y la promesa en aquel beso. Su cuerpo se fundió con el de él, como si fueran dos piezas que se hubieran juntado después de estar separadas durante mucho tiempo. Con destreza le levantó la polera hasta que le descubrió sus pechos y empezó a acariciarle uno de ellos con deleite. Era tan suave, tan tentador, que no pudo resistirse y agachó la cabeza para saborearlo.
Bella gimió cuando él le pasó la punta de la lengua por el pezón, arqueó la espalda, pegándose a él al tiempo que se agarraba a Edward con más fuerza. Reaccionaba a sus caricias como si jamás hubiera sentido el roce de las manos de un hombre en su cuerpo. Edward no quiso pensar en eso y se afanó en saborearla con mayor empeño, succionando el pequeño capullo rosado. Le lamió el pecho una y otra vez, cada vez con más empeño. Y Bella estaba inmóvil debajo de él, como si temiera que un movimiento suyo pudiera poner fin a sus atenciones.
Por eso Edward se tomó su tiempo para disfrutar de ella, mordisqueándole la curva inferior de su amplio seno, dibujándole lánguidos círculos con la lengua, cubriéndole al mismo tiempo el otro seno con la mano y jugueteando con el pezón. Pero finalmente Bella se impacientó y empezó a moverse, como exigiendo que le prestara la misma atención a otras partes de su cuerpo. Edward le metió la mano por la cinturilla del pantalón, sin dejar de lamerle los pechos. Le acarició el vientre y luego avanzó bajo las braguitas hasta llegar al monte de Venus. De nuevo Bella se quedó quieta y empezó a gemir mientras él le acariciaba los húmedos pliegues de su sexo y la penetraba con uno de sus largos dedos.
Lo tenía tan apretado, tan caliente y tan húmedo... Sacó el dedo y empezó a describir círculos sobre su sexo con lentitud, luego volvió a metérselo todo lo más que pudo. Sintió que Bella se estremecía alrededor de su dedo y supo que estaba a punto de alcanzar la cima. Antes de que le diera tiempo a decir nada, Bella experimentó una sacudida y empezó a gemir de placer y Edward notó las oleadas de calor que le corrían por la mano. Rápidamente Edward subió la cabeza para besarla y capturar los gemidos, uno detrás de otro, gimiendo él a su vez.
Entonces Bella se quedó muy quieta. Sólo oía el fuerte latido de su corazón contra el pecho de Edward, que estaba quemándose con el fuego de la pasión. Pero se pasaron un buen rato quietos y callados, respirando con dificultad.
Bella pensó que la tomaría de la mano y la conduciría hasta su cama para dejarla satisfacer todas las fantasías que había tenido con el. Pero ese pensamiento se rompió cuando Edward, con un único y casto beso, se sentó en el sofá tirando de ella, empezó a colocarle bien la ropa y la abrazó fuertemente dándole un dulce beso en los labios. Luego se inclinó un poco y apoyó la frente sobre la de ella.
- ¿Pero que…? – preguntó Bella confundida
- No quiero que suceda así. No de esta manera. No cuando Nessie puede entrar en cualquier momento y no cuando te mereces mucho más que... hacerlo en el sofá.
- Entiendo – dijo Bella sonriendo dulcemente mientras acariciaba suavemente la mejilla del hombre que amaba.
Por un instante, se atrevió a pensar que quizá no tuviera que marcharse. James no tenía por qué encontrarla. Quizá se hubiera cansado de buscarla. ¿Cómo iba a renunciar a Edward y a Nessie por la mera posibilidad de que James pudiera encontrarla?
________________________________________________________________________________________
Hoooola!
Me hago presente nuevamente dejandoles este capitulo, el cual espero que haya sido de su agrado! Esta vez pude actualizar antes de lo previsto... pero, esta semana estaré ultra ocupada con asuntos de la Universidad, asi que el proximo capitulo lo subiré a mas tardar el sabado. Me comprometo a actualizar ese dia! Les doi mi palabra! =)
Como siempre, quiero agradecer todo su apoyo con los comentarios que dejan en cada capitulo :D El que sigan mi historia me motiva a seguir trabajando día a día en ella y a trabajar, por supuesto, en nuevas ideas para nuevos fanfics XD
Un abrazo a todas! y NO OLVIDEN DEJAR REVIEWS!
Nos vemos el sabado con un nuevo cap! (o viernes si es que los astros y dioses me lo permiten XD)
PollyCox99
