Capitulo X

!Huye!


El día que más temía ha llegado, las noticias de la completa destrucción de Ord Mantell así como el violento bombardeo orbital de Taris ha llegado a los oídos de la Nueva República en un mensaje de holored, donde un extraño humanoide se hizo llamar Maestro Bélico Shedao Shai amenazó a la paz en la galaxia y se adjudicó esos brutales ataques, incluyendo la completa destrucción de Sernpidal.
Ellos le habían prometido; mientras más información les pasase, Kuat estaría a salvo; y ahora ella se hallaba en la oficina del Jefe de Estado Borks Fey'Lya. Sabía muy bien que Pedric buscaba la ubicación exacta de la Orden Jedi y a pesar de haberle dicho donde se encontraba, no tenían suerte, supuso que debía de tratarse de algún truco Jedi.
—¿Tenemos noticias de nuestros astilleros en Fondor?—preguntó el quarren Pwoe, sus tentáculos faciales se agitaron del nerviosismo, los senadores Lowysk y Gard Elnen se miraron.
—Están activos pero no hay presencia de ellos por ahora—exclamó el senador de Commenor Lowysk—Si desea, podemos reforzarlo.
—No será necesario—exclamó Borks Fey'lya—Estos tipos son piratas. No se que se traen entre manos…
—Nunca hemos visto a seres parecidos a ellos—exclamó Gard Elnen de Chandrilla con cierto tono de nerviosismo.
—Parecen weequays—dijo Pwoe, Viqi negó con la cabeza.
—No hay mucha diferencia entre ellos, senador Pwoe—exclamó la senadora de Kuat, no estaba muy enterada de Fondor y tenia un dato para decirle a Pedric.

El intercom sonó y el senador presionó un botón rojo, donde una voz de un droide sonó en el ambiente.
—Jefe de Estado, el senador Akl'a y la embajadora Rumarch están esperando.
—Que pasen.

El senador Akl'a, un kamasiano de pelaje dorado y ojos grandes se acercó con pasos suaves y actitud calmada, la embajadora Jeela Rumarch lo acompañaba con folios bajo el brazo.
—¡Embajadora, que sorpresa!—exclamó el senador Pwoe.
—Senador Akl'a, siéntese por favor.
—Veo que han empezado sin mí—exclamó el senador pero no había resentimiento en su voz.
—Es una reunión urgente, lo sentimos mucho senador Akl'a—exclamó Viqi Sesh.
—¿Qué es lo que tiene ahí, embajadora?
—Daré por hecho que han visto el holovideo de aquel guerrero declarándonos la guerra—y mostró el folio y le extendió hacia el Jefe de Estado—La maestra Jedi Tharen nos ha traído pruebas desde Belkadan. Este sujeto es un vong.
—Ciertamente es bastante parecido—exclamó el Jefe de Estado.
—¿Belkadan? ¿No está ahí el equipo de científicos?—exclamó Gard.
—Los Jedi recibieron el mensaje de ayuda de parte de ustedes, fueron al planeta para investigar y…bueno, todos estaban muertos y el equipo de búsqueda de la Nueva República son esclavos. Estos seres estaban ahí, era su puesto de avanzada.
Borks Fey'lya pasó el folio hacia Pwoe.
—¿Y este cuerpo?
—La maestra Tharen logró derrotar a este espécimen con mucho esfuerzo y lo trajo aquí para que lo examinaran. Nuestros médicos y droides han declarado que este sujeto no pertenece a nuestra galaxia y tal como la maestra Jedi me dijo: "No son de aquí y se hacen llamar Yuuzhan Vong"
—¿Yuuzhan vong?—repitió Pwoe, Viqi se removió incomoda. Ahora los Jedi sabían de ellos, mucho antes que el maestro bélico se mostrase. Pero ya tenia elegido el bando que tomaría.
—¿Dónde están los Jedi?—preguntó Viqi Shesh.
—La maestra Tharen nos dijo que están en Dubrillion, defendiendo el planeta del ataque vong.
—¿En Dubrillion? ¿Es que ellos tienen una flota para una batalla así?—exclamó Gard, Jeela se humedeció los labios.
—Por fortuna, la maestra Rey su esposo estaban ahí al igual que el antiguo piloto del Escuadrón Espectro, Temmin Wexley. El antiguo comandante Poe Dameron y Wexley lograron contactar con una antigua compañera de ambos, la teniente Karé Kun.

Los tentáculos faciales de Pwoe se agitaron, las cejas de Gard fruncieron y el pelaje de Borks se erizó levemente.
—¿La capitana Kun? Tengo entendido que ella esta desplegada en Dantooine con el Rogue One.
—La maestra Tharen me contó que el Rogue One llegó a Dubrillion—exclamó Jeela y se sorprendió mucho al ver que a Borks no le gustó la noticia.
—EL Rogue One es la mejor nave de nuestra flota, no me gusta que la expongan ante piratas de cuarta. No debió contestar el mensaje…
—Disculpe, Jefe de Estado pero ellos estaba en peligro. Además, con toda la tecnología que tiene el crucero estelar ¿Por qué se exalta?
—¡Porque es una nave de lujo, senador Akl'a! ¿Tiene idea de cuanto créditos se han gastado en construir un crucero como aquel?
—Es el crucero estelar más moderno de nuestra flota así como el más caro. Es el único de su clase—exclamó Pwoe—No sabemos el tipo de enemigo que nos enfrentamos, así que fue una negligencia que abandonase su puesto.
—Con todo respeto, no estoy de acuerdo con usted, senador Pwoe—exclamó Jeela.
—Senador Gard, cuando esto termine, póngame en contacto con el almirante Ego Fedor.
—Sí, Jefe de Estado Fey'lya.
—El Rogue One regresará de inmediato a Coruscant. Si desea alguna ayuda, les mandamos el Sueño Rebelde.
—¿Un crucero imperial de veintidós años?—exclamó perpleja Jeela Rumarch.
—Sí, seguro que lo recuerdas, Rumarch. Tu gente abordó ese destructor estelar gracias al Centralia.
—Debemos vigilar a estos seres, Jefe de Estado—exclamó Elegos, cruzando sus delgados dedos—Debemos reforzar nuestras defensas y abrir un dialogo con ellos.
—Son piratas, senador Akl'a—exclamó el bothano agitando la mano, en una ademán de restarle importancia— Mandaré a un par de cruceros hasta Ord Mantell y verás como lo aplastamos en un suspiro.
—No los subestimes—exclamó Jeela—Además, la maestra Tharen me ha pedido una ayuda para ir a Helska.
—No, embajadora.
Viqi Sesh se acomodó en su asiento y se preguntó porque los Jedi querrían ir a Helska. Jeela no ocultó su decepción.
—Dígale a la maestra Tharen que no queremos saber nada de los Jedi—exclamó Viqi Sesh.
—La reunión ha terminado—exclamó Borks Fey'lya poniéndose de pie al igual que el resto de senadores, quedándose en la habitación, Jeela Rumarch y Elegos Akl'a.
—No baje los brazos, embajadora Rumarch—exclamó Elegos—Esto no ha terminado.


Era un dolor agonizante, deseaba que se detuviera, que todo terminase…y morir. Pero no podía pensar de esa manera, le había prometido que la sacaría de aquel lugar y era un hombre de palabra. No la iba a fallar, ella escapará de Helska, sea como sea.
—¿Drazen?
Gimió del dolor, sintiendo como sus huesos protestaban y se recostó en la pared, con los ojos cerrados pero la podía sentir cerca de él.
—¿Qué te han hecho?—preguntó Danni, veía con horror las incontables heridas que tenia en sus brazos y en su frente. Sospechaba lo que le habían hecho y por alguna razón quería saberlo.
—Me colgaron…parecía un árbol y sus espinas penetraron mi piel—susurró—Sentí como tocaban mis huesos. No hay dolor comparable lo que sentí.
Danni Quee sabía lo que se refería el Jedi, ella también había pasado por eso: la colgaron de un árbol y como sus ramas espinosas se enroscaban en sus brazos y las espinas entraban en su piel.

Drazen se acomodó y apoyó sus manos en los hombros de ella y sus ojos marrones se enfocaron en la mirada azul de la científica.
—Te prometí que te sacaría de aquí y lo haré.—y con esfuerzo se puso de pie, Danni se quedó en silencio, no dudaba del compromiso del Jedi pero dudaba que pudiesen salir, ya se había resignado a morir en el lugar y nadie sabría de los vong, Drazen sintió el desanimo de ella y después de mucho tiempo, le dedicó una sonrisa para levantarla el ánimo. Danni se sintió animada y asintió.
—¿Cómo lo haremos, Drazen? Hay mucho de ellos y recuerdo que me has dicho que no los puedes sentir en la Fuerza.
—Para la Fuerza no hay imposibles, confío en ella porque es mi aliada— el Jedi avanzó hacia la puerta, escuchaba pasos y se puso a un costado.
Un vong ingresó con un cuenco de alguna sustancia gelatinosa, habló en un tono de desprecio y dejó caer el cuenco, se giró y el Jedi se lanzó contra él, cayendo al suelo.

Forcejearon con violencia, Danni se armó de valor y corrió hacia el Jedi con el afán de ayudarlo, el vong sacó su coufee, su daga de doble filo y el Jedi le propinó sendos golpes a la cara del yuuzhan vong hasta dejarlo sin conciencia.

Agarró el arma vong y con un movimiento de su cabeza, instó a Danni a moverse, aún sorprendida de lo que acaba de ver.
Sin perder el tiempo, los dos salieron al exterior, las paredes estaban cubiertas de musgo, con el corazón latiéndole a mil por hora, avanzaron por el solitario pasillo pero los gritos de guerra y alabanzas hicieron detener al Jedi, Danni estaba nerviosa y se apegaba más al Jedi.

Aquellos sonidos venían de un pasillo lateral, en la cual, el Jedi avanzó cautelosamente hasta llegar a una especie de balconcillo, los dos se asomaron a escondidas, donde a lo lejos y en una tarima estaba el Prefecto Da'Gara. Drazen observó los centenares de guerreros vong que estaban en esa especie de auditorio, entonaban cánticos que no entendía, en la tarima estaban unas hembras vong, de rodillas en el suelo y con las manos alzadas, que cataban con fervor.
Un rodiano estaba rodillas y totalmente ensangrentado, Danni reconoció su uniforme: era un agente de inteligencia de la Nueva República, las heridas y cortes profundos en sus brazos no le dejaban dudas que aquel alienígena pasó por las torturas de aquel árbol.
Ambos fugitivos no entendían ninguna palabra que decía el prefecto, pudiendo captar dos palabras que le eran familiares: "Yuuzhan vong" "Yun-Yuuzhan".

Del mismo suelo emergió una criatura, que a Drazen reconoció con desagrado: un yammosk, quien con sus tentáculos, sujetaron con fuerza los brazos del desgraciado rodiano, quien lanzó alaridos de dolor y el otro tentáculo, sujetó su cabeza. Sus ojos negros se agrandaron mientras los vong lanzaban vítores.
Era suficiente, tenían que salir mientras ellos aún estaban en esa especie de ceremonia de sacrificio.

Drazen se dio cuenta que perdían segundos valiosos observando tal escena, no podía hacer nada por el rodiano, si la mayoría de los vong estaban en aquella ceremonia, tenia que irse cuanto antes.
Sujetó la muñeca de Danni y por medio de la Fuerza, buscó calmarla, se dieron la vuelta y corrieron por los pasillos poco iluminados, pasaron por su celda. Danni se percató que el vong que "durmieron" antes ya no estaba.
—Drazen…el vong…
—Lo sé.—exclamó el Jedi—Y se nos acaba el tiempo.

Drazen dobló una esquina y patinó bruscamente, un mandaloriano de armadura negra se hallaba de pie con el Blaster en mano.
—Los vongese ya saben que han escapado—exclamó el mando. Drazen se humedeció los labios.
—¿Estás con ellos? ¿Sabes lo que son capaces?
—Lo sé, Jetii.—exclamó el mandaloriano aún apuntándolos—Ya saben que han escapado y no tardarán en hallarlos. A la izquierda es el camino más corto, yo los detendré por el momento pero luego los perseguiré si no han huido todavía.
—¿Me estás ayudando?
—Por mi, ya estarías muerto, Jetii. Nuestra Mandalore los respeta y respetamos la decisión de ella.

Drazen no dijo nada, le dio la espalda al mandaloriano y corrió por el pasillo que les había dicho. El Jedi sabía que ellos no eran muy populares entre los mandalorianos pero uno de ellos lo había ayudado. ¿Quién seria esa Mandalore que hacia que todos los mandos no tuviesen intenciones de atacar a un Jedi?

Doblaron la izquierda donde dos vong estaban de pie, sorprendidos por la repentina aparición de los prisioneros, Drazen no perdió el tiempo y los atacó, con el coufee cortó la garganta del primer vong y rápidamente fue tras el segundo que sacó su anfibaston, Danni se abalanzó a la espalda del vong, inmovilizándolo y Drazen hundió el coufee en la abertura de su armadura. Cayó muerto y Drazen le removió la armadura, y se lo colocó en medio de dolores intensos y quejidos.
Cayó de rodillas mientras apretaba los dientes y sudores fríos corrían por su frente, se puso de pie y miró a Danni.
—Ponte uno, así será difícil para ellos.
—Parece doloroso, Drazen, estás pálido.

Un remezón hizo que los dos se tambaleasen, las púas internas de la armadura vonduun se incrustaron en su piel, un sonido chirriante se escuchó por toda la estación y otro remezón violento hizo que los dos estuviesen alertas. Danni no esperó que el Jedi vuelva a insistir, con mucho esfuerzo, le retiró la armadura vonduun al otro vong y se lo colocó en medio de dolores agonizantes.
—Debemos irnos, algo los están atacando—exclamó el Jedi poniéndose en marcha, corriendo por los pasillos y llegando a un gran ventanal donde está el hangar y las naves coralitas, donde evidentemente el lugar no estaba abandonado, Danni agachó la cabeza pero eso no afectó al Jedi en nada.
—Hay demasiados.
—Confío en la Fuerza, Danni, me acompaña y siento que nos ayudará a escapar— apretó con fuerza la mano de Danni—Solo sígueme.
Otro remezón hizo que los dos se pusieran en marcha, las naves coralitas salían disparadas hacia el exterior. Drazen se preguntó quien era los que estaban atacando a los vong.

]Ya una vez en el espacioso hangar donde un halo frío hizo que los dos se detuviesen, Danni alzó la mirada y vio naves: Alas—X y coralitas tenían un intenso combate en los cielos de Helska 4.
—Vamos a esa lanzadera—exclamó Drazen en una veloz carrera, sintió que algo pegajoso en el pie y cayó al suelo, Danni se detuvo para ayudar al Jedi, que buscaba desesperadamente quitar la gelatina blorash de su bota.
—No escaparás, Jeedai—exclamó el Prefecto Da'Gara caminando hacia ellos.
—Subete a la lanzadera.
—Pero…
—¡Hazlo!

Danni se dio la vuelta pero el mandaloriano le cortó el camino, de armadura negra, apuntaba por encima del hombro de Danni y disparó contra el Prefecto. Sin decir nada, arrancó de cuajo la gelatina blorash, pegándose en su mano.
—Ataqué al Prefecto, así que estoy muerto. Toma y llévale esto a la maestra Skywalker.

Drazen se puso de pie y con Danni corrieron a la lanzadera pero fue destruida por los coralitas. Dos guerreros vong rodearon al Prefecto Da'Gara, quien miraba con furia al mandaloriano.
—¡Traidor! ¿No tenias una alianza con nosotros?
—¡Yo no formé esta kriffada alianza!

Drazen vio que el prefecto tenía su sable de luz y extendió su mano para atraerla hacia él y voló hacia su palma extendida.
El mandaloriano se elevó y atacó a los guerreros vong, uno de ellos, con su anfibastón, dañó gravemente su jetpack, cayendo violentamente al suelo. El vong no pudo atravesar su coufee a la armadura del mandaloriano.
Da'Gara se acercaba hacia él, con dos anfibastones en cada brazo, su mirada estaba cotorsionada de ira, acentuando aún más sus cicatrices. Drazen no sabia que hacer, el mandaloriano estaba siendo apaleado sin piedad y él retrocedía con el sable azul en alto.
Sintió una presencia conocida, una presencia que no sentía desde hace mucho, abrió los ojos y la Fuerza lo envolvió.
—Maestro—susurró y alzó la vista donde vio una lanzadera plateada sobrevolando la zona, se giró a la derecha para esquivar el golpe del Prefecto Da'Gara. Le entregó el holo a Danni.
—Entrega esto a la Maestra Skywalker y vete a esa lanzadera.
—Drazen…
—Hazlo, Danni.

Drazen corrió hacia delante, el prefecto blandió su anfibaston y los colmillos de su mortal arma, mordieron el antebrazo del Jedi.
La lanzadera descendió pero no tocó el suelo, se abrió una rampa donde apareció un muchacho. Danni corrió hacia él sin pensarlo mucho, el muchacho extendió su mano hacia ella y vio a Drazen, luchando contra un vong, se veía muy herido.
—No vendrá—dijo Danni sujetándose de la mano del muchacho. No dijo nada y se giró hacia el piloto.
—Syd, vámonos.
—¡Ahí está Drazen, lo estoy viendo!

Los vong se acercaban aún más, y la lanzadera sobrevoló un metro más. Syd sabia que era una misión de rescate, no era una misión de ataque. Nunca pensó que ahí, en Helska, había una cautiva a parte de su alumno. Drazen decidió quedarse para que ella escapase, sacrificándose. Con todo el dolor embargándole, subió la rampa y se elevó por los cielos, esquivando los ataques de los coralitas y siendo escoltados por diversos Ala-X.
Drazen sentía que su maestro se alejaba y también el dolor que tenia al abandonarlo en el planeta helado pero no le importó. Era un Jedi, eso era el significado de ser uno: se sacrificaba para salvar al prójimo.
—La Fuerza está conmigo—exclamó Drazen y le cortó la mano del Prefecto Da'Gara, quien retrocedió sin emitir sonido alguno. El Jedi giró su sable de luz y atravesó el pecho del vong, cayendo ambos al suelo.
El mandaloriano estaba muerto, se preguntó el contenido del mensaje en aquel holo, sus ojos se cerraban, sentía el veneno recorrer por su cuerpo y se dejó envolver por la oscuridad eterna.

Danni no dijo una palabra desde que abordó la lanzadera, miraba el planeta cubierto de nieve, y dos cruceros estelares los cubrían, reconoció a uno: el Rogue One empezaba a brillar, sus paneles reflejaban la luz solar e iban directamente hacia el planeta. Apartó su vista de la ventana y observó al muchacho que la había rescatado.
—Soy Han—exclamó el chico, Danni asintió.
—Danni Quee— y miró el sable de luz que portaba el chico—¿Eres un Jedi?
—Lo soy, aprendiz Jedi y el piloto es un Caballero Jedi, Syd.

El mencionado no dijo una palabra excepto que iban a saltar al hiperespacio.
—¿Adonde vamos?
—A Dubrillion.
—¿Cómo sabían que estaba aquí?— pero al ver que Han apartaba su vista hacia el otro lado, supo que ellos no sabían que estaba ahí.
—Syd quería buscar a su aprendiz que estaba aquí, Drazen. El Rogue One y el General Jan Dodonna nos iban a cubrir. No sabíamos que los vong tenían a alguien más.
—Drazen fue muy valiente— y miró hacia el asiento del piloto—Siento mucho por su aprendiz, maestro Jedi.
—Esto era una misión de rescate, nos íbamos a infiltrar y salir. Los cruceros estelares nos iban a cubrir, mi hermano tuvo una idea de usar paneles solares para derretir los casquetes polares del Helska. El Rogue One era el único que se les podía acoplar aquellos paneles.

Danni recordó las palabras de Drazen y extendió el holo hacia Han.
—Drazen me dio esto antes de enfrentarse a ese vong. Me dijo que lo entregase a la maestra Skywalker ¿lo puedes hacerle llegar?
—Sí—exclamó Han recibiendo el holo.
—¿Conoces a la maestra Skywalker?
—Sí, es mi madre.

Danni se quedó en silencio, mirándose las manos. Han la contempló, le parecía muy guapa y además, se le veía muy cansada. Se puso de pie y sacó una colcha.
—Puedes descansar aquí, Danni. Iré a la cabina.
—Quédate—exclamó Danni—No quiero estar sola.
Han asintió y se sentó al lado de la científica, quien se envolvió con la sabana y cerró los ojos, su cabeza cayó suavemente en el hombro de Han. No estaba incómodo pero sentía pena por la mujer. Usó la Fuerza para enviarle ondas de calma y paz.


La Mentirosa, en órbita en Belkadan.

Nom Anor ingresó en su oficina privada, donde sacó el villip, que era un artefacto viviente como todos los objetos que usaban los vong, se agitaba suavemente. Acarició con un dedo y apareció el rostro tridimensional del Maestro Bélico Shedao Shai.
—¿Tienes algo que decirme, Ejecutor?
—El Prefecto Da'Gara a muerto, a manos de un Jedi.
—¿Jeedai? He escuchado que la Nueva Republica estuvo ahí, en Helska 4.
—Estuvieron ahí, en una misión de rescate. Salvaron a la científica pero el Jedi murió.
—Estos Jeedai están convirtiéndose en un problema—escupió Shedao Shai mirando con furia—No quiero que este problema se acreciente. ¿Tienes a tu informante?
—Tengo comunicación con ella, Maestro Bélico.
—Bien, quiero que le digas que me dé una lista de todos los Jeedai.
—¿Todos?
—¡A los más jóvenes también! Ellos también son infieles. Que busque una manera para robar esa información.
—Además, también recibí noticias que un mandaloriano atacó a uno de nosotros.
—Los mandalorianos serán nuestros esclavos, es cuestión de tiempo, Ejecutor. Por ahora, no haremos nada contra ellos, será un incidente aislado.
—Así se hará, Maestro Bélico.
—Pero esa lista la quiero cuanto antes.

La comunicación se cortó, dejando a Nom Anor mirando el villip.
Se puso de pie y con el villip en mano, dejó que los tentáculos extensibles se pegasen en sus sienes, y logró encontrar el villip de su informante, cuyo rostro femenino apareció en su medio de comunicación,
—Senadora Sesh, tengo una misión para ti.