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Los Ángeles y Chicago eran la urbe del espectáculo: Teatros, Bares, Salones de Baile de los más impresionantes a los más emblemáticos. Sus segmentos se centraron en algunos lugares que los visitantes tenían por costumbre olvidar: Centros de Acopio donde los famosos se mezclaban con los civiles para llevar ropa limpia, duchas portátiles, estilistas, comida, y servicios médicos totalmente gratuitos para los menos afortunados.
Sirvió comida, limpió pisos y mesas, también estuvo a cargo de la distribución de ropa y cobijo. No le molestaba el trabajo duro o ensuciarse las manos, ayudar se sentía bien y se comprometía tanto con la labor que algunas personas comenzaban a llamarlo "Superboy" esto debido a su corta edad y a la "S" en la chaqueta que le obsequió su casi esposo.
Damián y él charlaban en todo momento, aunque Bob, Gar y Pat creían que estaba loco y hablaba solo, pues solían olvidar el detalle del comunicador en su oído.
La Cumbre Tecnológica se tradujo en un verdadero éxito. Sus competidores apostaron por la robótica y el desarrollo de biotecnología. No obstante, todos estaban utilizando los traductores universales diseñados por Wayne Tech, esa era la función principal del auricular que le obsequió y en cuanto lo supo, pidió más detalles al respecto.
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—Te los daría de no saber que eres tan listo, gatito. —sus mejillas se inflaron en un tremendo mohín. Tenía la grabación del "intercambio de votos" en su teléfono celular, así que si descubría cómo funcionaba esa condenada cosa…escucharía lo que su novio le dijo.
—¡Eso no es justo! —chilló porque la porquería sólo tenía un miserable botón para encenderla o apagarla. No tenía idea de cómo se podría configurar para traducir lo que deseara.
—Te recuerdo que fuiste tú quién rompió nuestros votos de castidad.
—¡¿Ah, sí?! ¡Pues no vi que te resistieras mucho!
—Es tradición, Jon. Al menos deberíamos conservar estos…—su discurso santurrón lo hizo enfurecer otro poco.
—¡Si tanto te importan las tradiciones, ponte el velo blanco que la abuela le heredó a mamá. Su sueño siempre ha sido que sus "nueras" lo lleven en el altar!
—No estoy seguro de que el blanco sea mi color —respondió de lo más tranquilo y él se medio tragó la lengua porque el blanco le iba a todos y además, le importaba un cuerno el jodido velo.
—¡DAMIAN! —gritó porque le fastidiaba la facilidad con que manipulaba la conversación.
—¿¡Qué…!? Tu traje será blanco, seguramente Lois encontrará la forma de acomodar el velo alrededor de cuello como una bufanda, supongo.
—¡AL DIABLO CON EL ESTÚPIDO VELO! Quiero escuchar tus malditos votos A.H.O.R.A —ordenó tan fuerte que la mitad de sus cobijas terminó en el suelo.
Estaba a solas en su habitación del hotel en Chicago, echo bola frente a la chimenea sobre un sillón de una sola pieza y envuelto en montones de mantas más la camisa verde olivo que le robó a él.
Los chicos salieron de copas y prostitutas. En palabras suyas: No todos los días tenías la oportunidad de beber y coger en el mismo lugar dónde lo hizo Al Capone.
Su novio se aclaró la garganta y fiel a sus deseos repitió los votos en otro idioma que desconocía, sonaba parecido al árabe pero no era el mismo, lo supo porque arrastraba de más las "eses" y su voz alcanzaba decibeles que le hacían sentir escalofríos por toda la espina.
Quería esos labios y esa lengua recorriendo su cuello, mordisqueando sus tetillas, bajando por el vientre plano hasta soplarle en el ombligo y posarse en su entrepierna.
Cuando terminó la declamación del poeta, él ya estaba a nada de tener un orgasmo: el cuerpo doblado hacia atrás, las piernas separadas, la mano dominante en su sexo, los dedos de la otra entrando y saliendo de su boca.
Al eyacular, le recordó a Wayne lo mucho que lo odiaba y su novio se burló repitiendo que lo amaba.
Quería que se tocara para él y lo hizo, que jadeara para él, que rogara, suplicara y se corriera nuevamente para él.
Una vez terminó de humillarse a sí mismo con los pantalones hasta las rodillas y la totalidad de sus cobijas en el piso, describió su sabor con un lujo de detalles que jamás sopesó.
Estaba entretenido con eso, lamiendo su semen hasta casi arrancarse las uñas cuando el multimillonario le recordó su agenda para el día de mañana. Sonaba curioso, distante, culpable.
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—Le prometí una entrevista a tu amiga.
—Gracias por arruinarme el placer de un segundo orgasmo.
—Deja algo para mi, gatito.
—Siempre tengo algo para ti...—respondió entre jadeos, aspirando el perfume de su novio que quedó impreso en la camisa oliva. —Te lo demostraré mañana, tan pronto como te ponga las manos encima.
—¿Seguro que estarás bien…? —él asintió porque ya lo tenía todo planeado. Aún no confiaba en Archer así que arregló con los chicos que se hicieran cargo de la entrega del equipo y a su diminuto "club de fans" les confió la parte del papeleo para que él pudiera ir al concierto de The Outlaws a custodiar a su novio.
Una motocicleta rentada, un casco que probablemente no le quedara y atravesaría la ciudad como una jodida exhalación. Sonaba intrépido, peligroso, todo lo que sus padres pondrían en la lista de prohibiciones, pero su instinto insistía en decir que Tamara tramaba algo grande.
Por los últimos quince días siguió hablando de ellos como si pertenecieran a un cuento encantado. "Los futuros Reyes de Ciudad Gótica: Damián Wayne y Jonathan Kent" La fecha de su boda se hizo pública, el lugar del evento también.
A él le dieron ganas de llorar porque ese hermoso jardín perdería su encanto íntimo y etéreo rodeado de reporteros, pero así era esto de quererlo todo con él.
—Estaré bien, el periódico enviará un vehículo a recogernos. Por tu parte, sólo jura que no vas a caer en sus garras.
—Te doy mi palabra, pero si no confías en mi, tal vez deba pedirle a Colín que me acompañe.
—Por favor…
—Si eso te ayudará dormir…
—¿Sabes qué me ayudaría a dormir…? —preguntó travieso y Damian dejó escapar una sonrisa burlona.
Parecía que había pasado mucho de la ultima vez que coquetearon y a pesar de saberlo, se sentía realmente bien que lo hicieran como antaño. Tal vez era la magia en el aire, su milagro navideño. —Háblame otra vez en ese idioma... —solicitó porque era lo más erótico que había escuchado provenir de su boca hasta ahora.
—Jon…—sintió escalofríos por la manera en que pronunció su nombre, luego se terminó de quitar la ropa y desplazó sus pies desnudos sobre la alfombra de color granate hasta alcanzar el cuarto de baño.
Tenía una bañera espaciosa que estaba dispuesto a llenar de agua caliente, burbujas, sales y todo su semen.
—¿Quieres que duerma bien o no? —preguntó abriendo la llave y estaba seguro de que Wayne imaginó el escenario completo. Los auriculares eran bastante sensibles al sonido, aunque no tenía idea de si eran resistentes al agua.
—Quiero que controles tus impulsos porque estoy a nada de perder el control de los míos.
—Ven…seguro que tu padre disculpará que uses el helicóptero de la empresa para violarme otra vez.
—¡Óyeme, no! —gritó y ahora fue él quién sonrió. —¡Yo no viajé a Los Ángeles únicamente para eso!
—Ajá, síguete convenciendo de eso. Estudios Científicos señalan que el autoengaño ayuda…—Damian continuó gritando, él lo interrumpió para preguntar si podía mojar el auricular o debían colgar. El agua estaba a punto de ebullición y la sensibilidad de todo su cuerpo también.
—Se supone que son a prueba de agua, pero sugeriría que no abusaras de tu suerte.
—Tendré cuidado. Ahora, canta…—sumergió su cuerpo hasta la barbilla, el exceso de agua se desbordó por los laterales, él cerró los ojos y recargó su cabeza hacia atrás, la mano dominante sobre su sexo, la otra pellizcando sus tetillas.
—¡No hasta que admitas que no hice un uso innecesario de los recursos de Wayne Enterprises!
—Mmhh…está bien…¿Cuál fue tu excusa? Las acciones en L.A cayeron un dos por ciento y después de romperme el trasero, fuiste a gritonearles por eso.
—¡JON! —aulló tan fuerte que lo lastimó y perdió la erección…Dios…Cuando quería, podía ser tan insufrible, pero ni aún así, no lo dejaría ganar.
—¡Ni siquiera avisaste que vendrías! ¡Nos metiste un susto de muerte al entrar por la ventana y más de la mitad del hotel creyó que viniste expresamente a asesinarme!
—Bueno, eso tal vez cambiaría si no gritaras que "te estás muriendo" cada que te la meto.
—Soy pésimo para mentir y tú serías un asesino perfecto…Vamos Wayne, mátame otra vez. Repite esos votos hasta que entienda el significado de cada palabra.
—Te electrocutarás o ahogarás y ni siquiera sería viudo.
—Ahhh…ya lo creo que te importa mucho cambiar tu estatus social. Si hubiéramos intercambiado votos correctamente, seríamos esposos.
—Eres un tramposo.
—Y tú un cruel mentiroso, sí viniste a violarme.
—Yo lo llamaría, hacerte el amor con demasiada pasión.
—No es que quiera insistir porque lo hemos estado charlando y sabes que te amo, pero en serio que dabas miedo.
—Ya me disculpé por eso y cómo he estado repitiendo, tenía ganas de ti, Jonathan Kent.
—Yo las tengo ahora pero desafortunadamente…no soy un multimillonario dueño de una flotilla de helicópteros.
—En seis días lo serás. Y si tanto quieres escucharlos te los diré…
….
Repitió sus votos para Jon sólo que en esta ocasión lo hizo en turco. A medida que profundizaba, los jadeos de su gatito se incrementaban haciendo que su propio sexo se inflamara y sus ganas de portarse mal aumentaran. No obstante, estaba en la Torre de Wayne Enterprises porque Colín y Maya se adueñaron de su hogar y no los quería importunar llegando a las tantas de la madrugada así que…no era la mejor de las ideas empezarse a masturbar en una oficina plagada de cámaras de seguridad.
Confiaba en la discreción de su personal pero todos tienen un precio y nunca se sabe.
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Respecto a Tamara Archer o a la noche en que abusó de los recursos de la empresa, ni él sabía qué fue lo que le pasó.
Coincidió con la rubia en una aburrida gala, supuestamente era un evento privado sin personal de la prensa invitado, pero Tamara dijo ir como acompañante de un ingeniero o abogado, no lo recordaba porque no se quedó a entablar conversación con ninguno de los dos.
Se reunió con sus socios e inversionistas, aclararon algunas cosas sobre las múltiples áreas de su empresa. De ahí que supiera de la insignificante baja en las acciones de L. A y después, cuando la noche se hizo especialmente espesa, terminaron la cena y las parejas se comenzaban a dispersar para bailar de la mano, compartir besos en los rincones menos iluminados o largarse a cualquier hotel de lujo, Tamara Archer lo abordó de nuevo.
Su acompañante estaba en el baño así que si quería, podían limar asperezas y compartir una copa.
Accedió, más por compromiso y porque al verla bailar con ese castaño de traje almidonado, corroboró su teoría de que ya lo había superado y dedicaba sus afectos a un mejor mozo.
La bebida era amarga, quizá demasiado.
Los músicos de la orquesta continuaban tocando, las parejas danzando, el calor y secretismo aumentando. Su prospecto o lo que fuera se enfrascó en alguna conversación con sus propios socios, la rubia confesó amar la canción que recién comenzó y él la invitó a bailar, seducido por su perfume o sus ojos, sus despampanantes curvas o tal vez, el sonido de su voz.
No lo sabía con certeza. Llevaba demasiadas noches sin Jon, despertando a solas en su enorme cama, mirando a sus amigos compartir besos por la mañana y encerrándose en su alcoba durante las noches para hacerse el amor.
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Una pieza de baile no hacía daño a nadie, una mano en la cintura no era engañar a su novio, pero tal vez, ir agotando el espacio en torno a sus cuerpos o el oxígeno entre sus alientos, sí lo fuera.
Se comenzó a sentir caliente y excitado. Tamara era sexy, siempre lo había pensado.
Su belleza no era romántica y grácil como la de Maya, ni dramática y estilizada como la de Emiko. Tamara era hermosa como las meretrices que debieron poblar las calles de Babilonia y él estuvo tan cerca de besarla que lo único que lo detuvo fue la argolla en su dedo.
Jamás se la quitaba y fue así que al notar el reflejo de alguna de las lámparas sobre el oro blanco su corazón se estrujó y su estómago se revolvió. Tamara percibió su vacilación y tomó el control de sus cuerpos que aún bailaban sobre la pista.
La quería, la quería, la quería…su entrepierna la deseaba junto a toda su estrechez y humedad, pero el resto de su cuerpo, no. Reprimir la erección le costó un infierno, dejar de mirar sus pechos o sus caderas dos condenaciones más.
Él no era así…
Bueno, si engañó a Emiko una docena de veces pero fue ella quien comenzó a despedazar su relación y él no quería romperle el corazón a Jon, preferiría la muerte antes de hacerle esto a Jon.
Afortunadamente para él, cuando estaba por restregar su pelvis contra los glúteos de Tamara Archer y su vestido tan entallado que dejaba en claro la ausencia de ropa interior, el abogado o ingeniero volvió.
Él se escurrió entre sus cuerpos como la serpiente viperina que era y a pesar de encerrarse unos veinte minutos en el cubículo del baño, su problema de calentura no acabó.
Necesitaba sexo, no una miserable paja y su novio estaba en Los Ángeles.
Llamó a su piloto en lo que conducía a toda velocidad hacia la Torre Wayne, le dijo que tenía un asunto muy importante que resolver en la Ciudad de los Ángeles, no podía esperar a mañana y el hombrecito, acostumbrado a sus excentricidades obedeció. El hotel dónde se hospedaba Kent no tenía helipuerto y aún de tenerlo, la prensa se haría un festín con el multimillonario príncipe de Ciudad Gótica que no puede pasar más de siete día sin reclamar a su novio.
Sí podía…sólo que no entendía lo que le sucedía.
¿Eran más cambios hormonales por el embarazo de Maya?
A saber…le dijo a Luke que lo dejara sobre un rascacielos ubicado a unos 200m del hotel y a pesar de que el afroamericano creyó que estaba loco e intentaba suicidarse, suspiró de alivio cuando vio que descendió bien.
Le ordenó esperarlo en la Torre Wayne de L.A, le dejó su llave de acceso al área V.I.P, jacuzzi, masaje, bar, lo que quisiera lo podía tomar.
Luego comenzó su recorrido de hormonas y adrenalina saltando de techo en techo hasta que dio con Jon. Meterse por la ventana del piso veinte no figuraba dentro de lo más sensato que había obrado, pero estaba eufórico. Con toda seguridad drogado y necesitado.
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Jon no era estúpido, él y sus amigos estaban en la salita de su habitación compartiendo bebidas y terminando de organizar las cosas para volar a Chicago el día de mañana. Cuando él emergió todo el mundo gritó y algunos le arrojaron cosas dispuestos a asesinarlo pero inmediatamente lo reconoció su novio.
Había sorpresa y admiración en su rostro, pero sobretodo temor.
Él mismo lo dijo hace unos minutos, le metió un susto de muerte porque lo único que escapó de sus labios fue un "Te necesito" y sus compañeros salieron corriendo, cerrando la puerta con triple chapa y llamándolos degenerados.
El sexo, ni siquiera lo recordaba, pero sí sabía que estaba con él. No con Tamara ni ninguna otra persona que pudiera abordar en la calle. No traicionó su confianza, no quebrantó sus votos.
Por eso creía que era tan importante conservar estos votos.
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Al despertar, con un tremendo dolor de cabeza y algo de amnesia. Jon lo estaba cuidando, acariciaba sus cabellos negros con una mano y los músculos del vientre desnudo con la otra. Él tardó un poco más de tiempo en reaccionar, le gustaba estar así, con nada en la cabeza excepto él.
Una vez resultó evidente que Jon estaba mucho más tenso de lo acostumbrado, despabiló y se sorprendió de estar en un hotel y no en su habitación. Kent no reclamó, tan solo advirtió en sus ojos algo de desilusión.
Le dijo que tomara agua y él obedeció.
El vuelo a Chicago ya lo había perdido, pero no importaba porque grabarían en la noche así que sólo quería saber si él se estaba drogando otra vez. Le dijo que no y se aferró a su versión.
—No podía pasar otra noche sin ti…—Jon lo besó lacónicamente, amorosamente.
—Nunca me lo habías hecho así…—comentó con intensidad y algo de dolor en la voz.
—¿Te lastimé…? —preguntó porque ese siempre había sido su temor. Era más fuerte y robusto que su apuesto y delgado novio. Jon negó con las mejillas sonrojadas y los ojos algo humedecidos.
—Tienes suerte de que yo…sea yo. Y sé que has tenido tiempo de sobra para leer "mis favoritos" pero la ficción, es ficción. No quiero que cambie nada en nuestra vida sexual, Damian. Me gustas tal y como eres, no tienes que sorprenderme, ni demostrar nada.
—Yo no quería…
—No parecías tú mismo anoche, pero ahora sé que eres tú. —Jon lo besó de nuevo, él seguía sintiendo que el mundo le daba vueltas y le faltaban partes de la película.
—¿Te llevo al aeropuerto?—ofreció para compensar lo que fuera que hubiera hecho. Kent tomó una de sus manos en el interior de las suyas, besó la superficie y le dijo que no.
—Primero tomarás una ducha y después iremos a desayunar. Necesitas reponer fuerzas e inventar una excusa que valga la pena.
—¿Excusa para qué…?—preguntó sin entender lo que le estaba diciendo.
—¿Cómo llegaste a L. A?
—Oh, mierda…mierda, mierda, mierda…
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Necesitó aparecerse en la Torre Wayne de L.A, pegar de gritos por idioteces que ni él se creía y darle un cheque bastante cuantioso a Luke Fox para que cerrara la boca y no contara nada de su correría nocturna.
A su padre y hermanos tuvo que decirles la verdad. Sobretodo porque al regresar a casa, Roy Harper lo emboscó y dijo que no lo dejaría en paz hasta realizarle un estudio médico completo. No tenía ninguna droga conocida según su muestra de orina pero sus vitales parecían ir en montaña rusa y su arritmia era preocupante. Si no tenía cuidado con eso, la daría un infarto.
Nada de sexo, cigarrillos, deportes extremos, someterse a grandes cantidades de estrés y muchos más etcéteras. Su padre opinaba que tal vez, se trató de alguno de los accionistas, eran sumamente tradicionales y puede que quisieran asustarlo o sacarlo del juego antes de que contrajera nupcias con Jon. Wayne Enterprises nunca había tenido un C.E.O abiertamente gay.
—Oh, entonces herédale la firma a Drake.
—No gracias. —respondió su hermano que estaba leyendo sus resultados médicos.
—¿Si estabas tan mal porque no fuiste al médico en lugar de meterte con Jon?
—¡Él sabe cuidarme! —gritó y su hermano se burló.
—Owww, en lugar de una mami te buscaste a un papi…—su hermano le pellizcó las mejillas como cuando era un bebé, él lo empujó y su padre les prohibió usar ese lenguaje delante de su presencia.
—Si vas a acudir a más eventos públicos, no comas ni bebas nada.
—Ah, y eso se verá tan normal, que seguramente nadie lo notará.
—Puedo encargarme yo mismo del servicio —ofreció Alfred, quién también estaba poniéndose al tanto de sus problemas de salud. —Está claro que necesita consumir más frutas y verduras, joven Wayne.
—¡Eso no es cierto! —respondió con los brazos cruzados a la altura del pecho.
—Claro que sí, la nueva base de tu alimentación parecen ser las donas glaseadas y malteadas de chocolate. —comentó Richard, metiendo sus narices en el informe.
—¡El chocolate no le hace daño a nadie! —rumió porque algo tan delicioso no podía ser malicioso.
—En cantidades pequeñas y en personas normales, pero en alguien como tú que solía tener problemas de sobrepeso…—celebró Jay y él se preguntó por qué carajos tenían que ser una maldita familia muégano.
—¡No tengo sobrepeso! —gritó y aquí todo el mundo guardó silencio y desvió el rostro. Su padre se acercó dramáticamente a él y le colocó una mano sobre el hombro.
—Hijo, nadie te lo quería decir pero…estás más llenito.
—¡MIENTES! —gritó saltando de la mesa de exploración, tomando su saco y señalándolos con el dedo de en medio. —¡TODOS USTEDES SON UNOS MENTIROSOS Y LOS ODIO, JAMÁS DEBÍ LLAMARLOS!
—¿Lo dices porque el único que te entiende y te quiere es Jon? —cuestionó Drake con diversión.
—¡Si estuviera gordo, él me lo habría dicho! —aulló pasando entre todos. Ya había tenido suficiente de su ridícula y montonera familia.
—¡JAMÁS TE LO DIRÁ PORQUE TE VE CON OJOS DE AMOR! —gritó Dick a lo que Jason completó con un…
—¡Y PORQUE DE TODO SE OFENDEN LOS GORDOS!
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Pasó la siguiente semana llenándose de ensalada, volviendo a levantar pesas en el gimnasio y enviando a Rachel Roth en su representación a todos los eventos públicos que tuvieran que ver con Wayne Enterprises. Su asistente lo hacía de buen agrado ya que también le compraba los vestidos, zapatillas, perfumes, maquillaje y demás chucherías que necesitara para la ocasión.
Se centró mucho más en Jon, jurándole que jamás lo volvería a hacer, recuperando su confianza, reconquistando su amor, hasta llegar al punto en que podían bromear de lo que sucedió.
También agregó algunas líneas nuevas a los votos que le escribió.
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Hablando de votos hacía un rato que los terminó y no escuchaba ni un sonido de parte de Jon.
¡¿Se ahogó o se electrocutó?! ¡Oh, Dios mío! El encabezado del periódico sería fabuloso. Comenzó a llamarlo a gritos y cuando consideró llamar a la policía o a los bomberos, su celular sonó.
Era Jon.
—No son a prueba de agua…—fue todo lo que comentó y él sintió que la sangre se congelaba en sus venas.
—¿Estás…?
—Vivo y parece ser que tampoco perdí el oído.
—¡Pudiste…!
—Mañana me regañas, papá. Ahora voy a dormir…
—¡Jon! ¡JON! —la llamada terminó y él tuvo que llamar a sus estúpidos amigos para pedirles que velaran su sueño.
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—Ustedes están locos, viejo. —comentó Garfield accediendo a pasar la noche en el silloncito de su cuarto.
—¡Deja de decirme así! —gritó.
—Eres tres años mayor que él, eso te convierte en un viejo, viejo.
…
Nada como una descarga eléctrica para poder dormir como bebé.
Despidieron a la Ciudad de los Vientos en el aeropuerto y tomó su lugar junto a la ventanilla pensando en los últimos días, las últimas noches pero más concretamente en su visita.
El autoengaño no ayuda.
Él trató de convencerse de que su visita había sido romántica y pasional, que su prometido lo extrañaba tanto como para no poderse controlar, pero en el fondo de su alma, sabía que no era verdad.
Damian nunca había sido tan brusco o bruto, siempre preguntaba por la posición que prefería y procuraba que los dos sintieran satisfacción, que llegaran al orgasmo juntos.
Esa noche parecía alguien tan ajeno que una parte de él se preguntó si no sería su culpa por consumir tantas novelas eróticas y leer fanfics de Alfas que montan sin piedad a sus Omegas.
En las manos de aquellas inexpertas autoras la violencia sexual parecía consensual.
En la práctica, se sintió aterrorizado porque ese era su novio y a la vez no. Era el hombre que decía amarlo pero más bien lo estaba usando. Las marcas de sus dedos que siempre lo habían erotizado y provocado ahora le causaban daño y él intentaba entender por qué.
Seis días con sus noches habían pasado, en otras ocasiones llegaron a separarse durante más tiempo y aunque siempre se buscaban con hambre, miraba en sus ojos y sabía que era Damian quién lo estaba amando.
Este ser oscuro arrancado de las profundidades de la noche, lo rasgaba por dentro y no se lamentaba. Cuando terminó de vaciarse en él, se sintió satisfecho o se quedó seco, él tenía unas infinitas ganas de arrancarse la piel, esconderse en un agujero y no salir jamás.
No obstante, su Damián lo abrazó por detrás y se disculpó por más de lo que decía, por más de lo que entendía.
Lloró en silencio porque todo en su comportamiento indicaba que una vez más se drogó y precisaba el desahogo sexual que antiguamente le proporcionaba Emiko.
No quería esto en su vida, en su relación.
Damian siempre se había esforzado por evitarle esta clase de dolor, así que tenía que haber otra explicación. Su novio se durmió (o perdió el sentido) después de jurarle amor eterno y decirle que intencionalmente, jamás le haría daño.
Le creyó y por eso se quedó cuando los muchachos fueron a buscarlo para tomar el avión a Chicago, les dijo que necesitaba un poco más de tiempo a su lado. Los tres tenían pinta de querer romperle la cara a Damian Wayne.
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—Si no te está respetando, sólo tienes que decirlo y lo quemaremos vivo. —él agradeció el apoyo, pero aún así lo defendió.
—Damian no hizo nada malo. Tan sólo vino a buscarme porque me extrañaba demasiado.
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Tomó una ducha dolorosa y larga, agradeciendo que las marcas de sus dedos no estuvieran en zonas que la gente notara. Estaban en sus caderas, muslos y hombros, porque sólo vino a montarlo y no a amarlo.
Lloró de nuevo y se obstinó en encontrar la explicación a su comportamiento, le buscó marcas de punciones en todo el cuerpo pero no encontró ninguna. Su corazón latía acelerado, tanto que lo tenía asustado. ¿Con qué combinación se metió? ¿Heroína y Cocaína? Creyó que sus nuevas drogas eran las chocolatinas de alta repostería.
La agenda electrónica continuaba dentro de su saco y accedió a la bitácora de las últimas horas.
Acudió a una gala convocada por los competidores de Wayne Enterprises, accionistas y socios estaban invitados. Muchos de los cuales formaban parte de grupos a favor de las familias tradicionales. ¿A caso alguno de ellos lo drogó sin que se diera cuenta? Era factible, cualquiera bajaría la guardia en alguno de esos eventos más si se supone que todos son hombres de mundo, elegantes y recatados.
Más estando tan próxima su boda.
Lo procuró hasta que despertó y efectivamente, no parecía tener idea de lo que sucedió. Tras animarlo a que bebiera agua, miró en sus ojos y preguntó si otra vez se estaba drogando.
No advirtió mentira en su negación.
Dicen que el amor es ciego, pero Lois Lane, no crió a ningún tonto.
Quien dijo no poder pasar una noche más sin él, era su novio. Del que se enamoró con quién se casaría en seis días.
Lo besó. Y lo siguió besando después de que Damian preguntó si lo lastimó.
Mintió.
Le dijo que no, porque podía soportarlo y porque mucho le había advertido sobre su oscuridad interior y como un necio él se aferró en tener una relación. Aclararon algunas cosas sobre su vida sexual, luego le consiguió un traje nuevo a través de un chaperón que juró discreción y su flamante tarjeta de crédito porque el que llevaba puesto cuando llegó, terminó hecho una auténtica porquería.
¿Sería una droga experimental?
Llamó a Roy Harper en lo que Damian permanecía en la ducha y le dio una muy burda explicación, intentando no romperse, no sonar como un auténtico loco o un patético chico que se la pasa fantaseando con el sexo pero se asusta con esto.
El cuñado de su novio no lo interrumpió, ni se burló. Al contrario, tomó muy en serio su declaración. Si era una droga nueva, podía desaparecer rápidamente de su sistema, también podía alterar otras cosas además de lo sexual.
—Convéncelo de ir al médico tan pronto regrese a la Ciudad.
—Él no cree necesitar un médico.
—Entonces lo obligaré.
—Gracias.
—¿Seguro de que tú estás bien? porque podría hacerte una cita con uno de mis colegas.
—Lo estoy.
—Insisto.
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Roy le programó una cita en Chicago, un médico discreto y profesional que accedió a verlo en cuanto sus compañeros de trabajo se escabulleron. Requirió algunos ungüentos para sanar la zona inflamada y otras pomadas para los morados en la piel.
Retomar el control de su vida luego de que los informes médicos confirmaran sus sospechas sobre Damian, resultó un poco más sencillo. Sobretodo porque Wayne se había retirado de todos los eventos sociales y concentraba sus esfuerzos en cortejarlo, interesarlo, amarlo. Lo llamaba a todas horas, alterando sus sentidos, emocionando a su corazón.
La distancia también ayudó porque no negaría que se resistiría a tener intimidad hasta que no desapareciera la última marca sobre su piel.
Él no quería ser penetrado como un objeto sexual. Deseaba ser consentido, preparado, amado.
Dados los eventos de la noche anterior, estaba claro que recuperó su confianza y se sentía listo para volver a él.
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Se colocó el vestido color de la sangre, después de preparar su maquillaje y soltar sus cabellos dorados. El frasquito con la poción que le compró a Pamela Ivy lo colocó entre sus pechos. Debía reconocer que no le tenía demasiada fe a esas cosas hasta que lo comprobó.
Según Pam, no debía dárselo a ningún otro hombre que no fuera el objeto de su adoración y para un mejor resultado, la exposición debería ser gradual. Una gota primero, después dos, tres, cuatro…ella no tenía tiempo para estarlo emboscando. Damian Wayne, era un hueso duro de roer y por ello, le colocó cinco gotas la noche en que coincidieron.
Sus pupilas se dilataron casi de inmediato, su temperatura corporal aumentó, además de los latidos de su corazón. El maldito hijo de alta cuna por fin la veía como si la amara y ella se sintió dichosa, especial. No obstante, cuando estaba a nada de besarla, se resistió.
Aún llevaba la argolla de compromiso en el dedo anular y eso la enfureció. Continuó seduciéndolo, después de todo, era genial en esto de ofertarse al mejor postor. Damian no dejaba de mirar su cuerpo y de estremecer ante este hecho, ella le devolvía el mismo favor, vigilando su entrepierna. Estaba duro y despierto, listo para tener sexo hasta vaciarse en ella.
Lamentablemente, ese imbécil que enamoró para poderse acercar a Wayne, regresó y su presa escapó.
Advirtió con diversión cómo se dirigía a los baños y recordó la forma en que Jonathan Kent la humilló en los pasillos del periódico.
Suspiró.
Después de todo, esto era un ensayo. El golpe fatal lo daría en el concierto y esperaba que Jon pudiera verlos. Soñaba con la expresión de su rostro, el momento exacto en que se le rompía el corazón al encontrar a su prometido haciéndole el amor. Le daría un hijo, ella se aseguraría de eso vaciando el resto del frasco en la bebida que le ofreciera esta noche.
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—¿Estás listo Wilkes? —preguntó al pelirrojo que se limitó a besar a su novia y decirle que sí. Llevaba un pantalón caqui y camisa sin mangas de color blanco, sobre la espalda se colocó su gabardina larga y aderezó el conjunto con un sombrero de ala corta. Parecía un inspector o detective privado, cómo fuera.
Maya los miró con preocupación y es que al ser sus mejores amigos les confesó la otra parte de lo que pasó: Tamara Archer y lo cerca que estuvo de besarla en aquella inusual gala.
Ducard lo golpeó con todo lo que tenía a mano, le arrojó cojines, peluches, sus zapatillas y por ultimo una endemoniada cosa que identificó como un instrumento de tortura medieval que debía estar prohibido por la convención de Ginebra, es decir: un tira leche.
Él insistió en que no la besó, ni engañó a Jon, sin embargo tenía miedo de volver a sentir algo como eso y Colín se ofreció a romperle el alma a golpes si es que sentía algo como aquello.
La parte de la droga también les preocupó.
Especialmente porque Roy Harper seguía diciendo que se alejara de todas las cosas deliciosas y divertidas de la vida: azucares, grasas, cafeína. Por Dios, no podía ni servirse un trago de Escoces.
—¿Quieres terminar en mi mesa? —preguntó la decimo quinta vez que él se quejó de no poderse llenar la boca de algo más que gelatina. Su tono de voz lo alarmó, sobretodo porque Harper era un médico forense.
—No...
—Entonces ocúpate de tu salud y la de Jon. No quiero volver a recibir una llamada de esas. No quiero volver a enterarme de que lastimas a tu pareja.
—Lo siento...
—No me lo digas a mi, sino a él.
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En la pantalla chica, su novio seguía siendo el mismo de siempre: intempestivo, alegre, pero detrás de las sonrisas que se obligaba a dar al presentar sus sketches estaba el desasosiego por lo que sucedió entre ellos.
No conservaba detalles de esos eventos y por eso esa droga era tan peligrosa. Le borró algunas horas de su vida y eso jamás le había sucedido.
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Partieron en su deportivo negro, guardando un silencio incómodo porque Wilkes iba a golpearlo si se acercaba de más a Archer y le tendrían sin cuidado las consecuencias de sus actos.
Suspiró.
Intentando concentrarse en algo mejor como el concierto al que irían y que en teoría era un tributo a "The outsiders" presentarían covers de sus canciones y hasta interpretarían los temas que escribieron pero que ya no produjeron.
Le hacía ilusión verlos porque la música era parte de su historia, de ellos.
—¿Ya decidiste en dónde me golpearás primero? —preguntó para romper el hielo. Wilkes sonrió y respondió.
—Déjame ver, en el estómago no porque es de cobardes, igual que las joyas de la familia. Pero bueno, ¿Cuantos pretextos podría tener para meterme con las devaluadas joyas de tu familia?
—¡Hey…!—se quejó fingiéndose ofendido. —Sabes que matarías por tener las joyas de mi familia.
—Hace unos meses tal vez, pero ahora estoy a nada de convertirme en padre.
—¿Ya escogieron el nombre? —el pelirrojo sonrió de nuevo y eso le pareció que era un tremendo sí.
—Amaia si es una niña y Amadeo si es un varón.
—Van a golpear a Amadeo en la escuela.
—Entonces, Jonathan y tú deberían conseguirle un aliado que lo defienda.
—¿Cómo Lian a Carrie?
—Pensaba más bien en las ocasiones que tú me defendías a mi. —sonrió mirando a su amigo por el retrovisor.
—No sé que tan jodidas estén las cosas con Jon, hablamos todos los días pero no nos hemos visto desde aquella visita.
—Tranquilo, él sabe que no eras tú mismo…
—¡El problema es que sí lo soy! —frenó para poder explicarse mejor. —Esa es mi parte cruel, egoísta y oscura. La que convivía con Emiko, la que intentaba alejar de él. —Wilkes le colocó una mano en el hombro como diciendo que entendía lo que decía.
Jon era luz y el oscuridad, se sentían atraídos, por supuesto que se sentían atraídos, pero tal vez, no era tan buena idea que unieran sus destinos.
—Apégate a las recomendaciones de Harper y sigue evadiendo a tus enemigos empresariales. Cuando estén casados las cosas se tienen que relajar. El universo se volverá a alinear.
—Deja de leer a Coelho y por el amor a todo lo sagrado y bendito. Busca otro nombre para mi sobrino.
—¿Andrei?
—¿Qué te traes con la "A"?
—Pues…yo quería honrar a la hermana Agnes que me adoptó.
—Mientras no se llame Aurelio, Aurelino o Aureliano…
—Maya votó por Astaroth y Asmodeus
—¡Suficiente! Jonathan y yo seremos los padrinos, así que decidiremos el nombre de los niños.
Retomó la marcha y aparcaron en el único lugar que encontraron disponible, desde afuera se escuchaba la música. Estaban interpretando "Take what you want" el tema que escribió Jon parecía encajar a la perfección con lo precario de su situación e hizo que se estremeciera su corazón.
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Toma lo que quieras y vete,
Toma lo que quieras y vete.
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Él, básicamente buscó a su novio para tomar lo que quiso y se fue.
Apestaba, porque Kent debió escribirla cuando estaba de un ala por su amor y él le pagaba encamándose con medio mundo (previo a una de tantas rupturas con Emiko)
Wilkes suspiró a su lado y le dio un poco más de apoyo. Tampoco pudiera decirse que su chico no se lo buscó.
—Eso es lo malo de jugar con fuego, Wayne. —acusó señalando a Tamara Archer que una vez más venía en compañía de su corte. Un caballero, el microfonista y encargado de cámara. Suspiró porque ya se le había olvidado lo de su estúpida entrevista.
La rubia sonrió como un gato, Cheshire a punto de mirar a Alicia caer por el gran agujero negro.
En la obra original se decía que Alicia fue una paciente psiquiátrica que anotaba todas sus peripecias en una libreta. El agradable y pachoncito gato, en realidad era el enfermero que abusaba de ella después de que el doctor la llenara de fármacos.
A veces lo creía bueno, otras sabía que era malo. La sonrisa torcida, repulsiva y afable, los ojos que deberían ser benévolos pero que en su defecto eran perversos.
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Tamara los presentó ante la cámara y procedió a preguntar qué tanto estaban disfrutando de su tributo.
"The Outlaws" eran geniales, tocaban bastante bien y la gran diferencia entre ellos y "The Outsiders" radicaba en que eran tres señoritas y un caballero.
La que estaba en la batería (Crush) parecía toda una Rockstar, muy diferente de la encantadora morena de ojos amatista (Djinn) que tocaba los teclados y la rubia de cabello corto (Terra) que rasgaba sin piedad las cuerdas de su guitarra. En el micrófono, su vocalista (Blue Beetle) también se encargaba del bajo y su voz era como una mezcla extraña de la suya y la de Jon. Podía interpretar las estrofas de ambos y cuando requería coro, la baterista lo acompañaba.
Le encantaron.
No mentía al decir que tendrían verdadero éxito por su cuenta y ya que su padre quería que fuera un "hombre de negocios" aprovechó la ocasión para sugerir que tal vez, y solo tal vez (si Bruce no lo asesinaba) Wayne Enterprises invertiría en la producción de su propia disquera.
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—De ser así, sería todo un honor que The Outlaws fueran los primeros en firmar con nosotros.
Tamara pareció impresionada por su declaración, lo mismo Colín quién no disimuló en su reacción y silbó por lo alto. La reportera se despidió, aunque no sin antes poner un dedo en la yaga. Preguntó si no había cambiado nada para el día de su boda.
—Todo sigue tal y como está planeado, Señorita Archer.
—Me alegra saberlo, cada vez falta menos. —le guiñó un ojo y le sopló un beso con todo el descaro del mundo. Después fue el corte de cámaras y Colín lo tomó por el antebrazo para conducirlo a otro lado.
Sintió escalofríos, verdadero sudor frío porque hasta ahora no imaginó que pudiera ser ella quién lo drogó.
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Disfrutaron el resto del show, el cual mejoró a sobremanera cuando sus anfitriones los invitaron a subir al escenario. Extrañaba eso: la euforia, las luces, cámaras y los gritos de las fans. Perdió la noción del tiempo y Wilkes olvidó los detalles de su segunda misión.
Bajó del escenario, comenzando a sentirse cansado, necesitaba refrescarse, relajarse, su amigo seguía con la banda, hablando sobre composición y arreglos de sus canciones. Él dió un paso en falso y no imaginó que fuera Archer quien detuviera su caída.
Pensó que se había ido hacía mucho. Su improvisado concierto debió durar un par de horas. Lo necesario para que llegara el vuelo de Jon, para que estuviera en casa, esperándolo Jon.
La rubia le sonrió encantadora, taimada y coqueta, le ofreció una nueva bebida, él la aceptó pero no la ingirió. No hubo oportunidad para hacerlo, otra persona se le adelantó.
Jon.
Le arrebató el vaso de las manos y celoso e impulsivo cómo es, se lo bebió de un tirón.
Se sorprendió de verlo, primeramente porque no tenía idea de lo mucho que lo había extrañado y después se aterrorizó porque fue muy rápido lo que pasó. El vaso cayó de sus manos, sus ojos lo miraron con temor y sus labios lo llamaron con apenas un hilo de voz en lo que Tamara rumiaba algo de que no era él quien debía tomarlo.
El cuerpo de su novio se aferró al suyo, él también lo llamó a gritos, recordando lo sensible que era a las bebidas alcohólicas y su teoría sobre la nueva droga.
Tamara perdió los estribos, gritando que debía ser suyo, él tenía que ser suyo. Colín saltó del escenario y pidió que alguien llamara a una ambulancia. La temperatura de Jon aumentaba, su respiración se aceleraba. Archer insistía en que al menos, si no iba a ser suyo, no sería de Jon.
La audiencia repetía que Tamara Archer intentó asesinar a Jonathan Kent, en cuestión de minutos esa versión se extendió por la internet pero él ya no se enteró. La ambulancia llegó y junto a un par de paramédicos se lo llevaron.
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La última declaración de la atractiva reportera fue que Pamela Ivy la había engañado, la estafó. Esa poción debía hacer que consumaran su amor.
