Hey, almas! Siguen aquí? Pues muchas gracias entonces jejeje. Recalco que estoy en exámenes, pero me he dado a la tarea de escribir un poco porque este capitulo en particular es crucial, y ya estamos a dos capítulos de concluir

LadyMischievous07 (gracias por leerlo, y me disculpo por haberte hecho llorar (?) )

julie (ehhm, si, puedes odiar al señor padre de Hal, esa era la idea ;) gracias por la comprensión! He tenido breves espacios para escribir, pero me alegra que haya influido para que te guste el Halric. Es una pareja no tan popular, y vale la pena darle oprtunidades)

No les quito mas tiempo. A leer!

NOTAS: es un crossover entre "Blanca Nieves y el Cazador" y The Hollow Crown

DISCLAIMER: los personajes de Eric y Hal no me pertenecen, solo lo hago por diversión

ADVERTENCIAS: rated M, slash, yaoi, etc.


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UN SOLLOZO, UN BESO, UNA CONDENA

X. CONTARON MAL. NINGUNO MURIÓ ESE DÍA

En la penumbra de la noche, en la fosa común en donde todos los que son condenados a muerte eran enterrados, puñados de tierra se empezaron a mover.

El antebrazo gigantesco de un ajusticiado del mediodía emergió. Si alguien hubiera estado ahí habría descrito el suceso como resurrección de entre los muertos, según las sagradas escrituras. Por fortuna ningún soplón andaba por el sitio, y aquella extremidad empezó a moverse buscando algo a que aferrarse, encontrando una raíz expuesta de un árbol diminuto para tal propósito. Poco a poco la demás tierra se fue filtrando conforme el antebrazo se transformaba en brazo, hombro, tórax y rostro.

Un par de ojos que habrían intimidado al mismo Satanás, exploraron rabiosos su alrededor, una cabellera marrón ensuciada por el polvo era mecida por la brisa nocturna, unas manos toscas se enterraron en el suelo y con un impulso sobrehumano ayudaron a sacar el resto del cuerpo enterrado.

Cuando por fin ese sujeto tomó el aire suficiente y recuperó el equilibrio, un escuadrón de guardia se acercó, curioseando por el ruido. Eran seis y el diligente observó aquella figura borrosa entre la penumbra.

—¿Quién anda ahí? —no obtuvo respuesta —¡Revélate en nombre del rey!

De haber sabido que esas serían sus últimas palabras, el capitán lo habría pensado dos veces porque de inmediato aquella sombra se movió en un santiamén encajándole sus dientes en la yugular y tirándolo muerto. Los demás desenvainaron sus espadas al instante, pero durante el proceso, el resucitado se abalanzó sobre ellos, usando nada más que sus manos para sacarle los ojos a uno, destrozarle el cráneo a otro, dislocar el cuello de otros dos y finalmente acorralar al último con vida.

—¡No, señor!. . . ¡por favor no! ¡Tengo esposa! ¡Juro que no lo atacaré! Tenga misericordia —imploró el guardia, arrodillado y con los dedos entrelazados

El hombre demonio calló y devolvió su mirada asesina al que imploraba piedad. —Yo pedí lo mismo hace años. . . Y tu gente no tuvo misericordia de mí. Este mundo no tiene consideración, y me lo ha recordado dos veces —tomó una piedra —para mí sigues valiendo una mierda. . . Así que muere, escoria —sentenció golpeándolo con la furia de su soledad en la cabeza hasta desangrarlo y dejarlo tirado en el polvo.

Después de la masacre, el resucitado divisó el palacio y con la luz del amanecer se dirigió hacia el sitio con un único en mente: recuperar la pizca de felicidad que le fue arrebatada. No importaría cuantos tuviera que asesinar, mataría a cualquiera que se interpusiera en su camino.


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—¡¿Cómo has dicho?! ¡¿un solo hombre logró pasar a la guardia del rey?! ¡Imposible!

—Y no solo eso. . . Dicen que lo hizo usando solo un par de hachas diminutas en modo manual. Derribó a cinco estando a punto de ser atravesado por una flecha, pero escapó con éxito

—También se rumorea que un guardia le clavó una daga en la espalda ¡y seguía peleando!

Un grupo de soldados que servían de sequito para acompañar a Hal en sus paseos matutinos, conversaban acerca de una leyenda urbana que se esparcía por Gales a la velocidad con que se vende el pan recién horneado, sobre un misterioso fugitivo que usaba una capa y empleaba hachas como armas, se le había visto en lo alto de los edificios matando nobles y según varios testigos, interrogándolos antes de degollarles. El Resucitado lo nombraron, no se sabía dónde se escondía, ningún soldado lo comparaba en fuerza y agilidad, lo único que estaba confirmado era que sus ataques los ejecutaba en la noche.

Hal no les prestaba la mínima atención, ni siquiera tenía idea del porqué estaba paseando en los jardines, quizá se habría despertado con un mejor ánimo esa mañana porque durante los últimos seis meses desde su confinamiento predicho por su padre, estaba renuente. No dormía ni comía o salía de su cuarto durante las primeras semanas, anhelando morir para reunirse con la persona que alguna vez amó. Gracias a los cielos, Sally había conseguido que recuperara el apetito. Ahora solo estaba decaído.

—¿Fue al que llaman "Resucitado"?

—El mismo. Le apodaron así porque emergió de las mismas entrañas del infierno. El mismo día que fue ejecutado y enterrado, escarbó y salió de la tumba

—¿Y cuál reo era?

—Es desconocido. Algunos afirman que por su contextura física y perfil, es el mismo que dirigió el asalto al banco del rey hace ocho meses

—Patrañas, ningún condenado a la horca sobrevive. Este debe ser solo un fanfarrón que quiere llamar la atención. Si no díganme ¿qué rayos pretendía hacer atacando solo el palacio? Por lo que escuché sus intenciones no eran robar la tesorería o asesinar al rey, solo se coló en la antigua habitación del príncipe Hal

El monarca detuvo su paso al instante, con una corazonada que lo regresó al mundo de los vivos, tal como a ese fugitivo del que hablaban. Se dio media vuelta y observó a su escolta como si fuese a quemarlos vivos si no le prestaban atención.

—¿Qué han. . . dicho? —preguntó con su corazón acelerado

—Nada su majestad. Solo hablábamos de un criminal que cree ser el héroe del reino

—No, ustedes han dicho otra cosa. . . Sobre que este hombre fue a fisgonear en mi antigua alcoba, ¿con qué fines, puedo preguntar?

—Ehm. . . Ehh. . . No he si-sido informado del todo. . . Creo que so-solo hurgó en el baúl de-de su majestad, pe-pero no se robó nada —tartamudeó al ver que el monarca fulminaba a todos

En efecto, había renacido en Hal una nueva esperanza, quizá patética, pero ferviente de que Eric podría seguir vivo y el hombre detrás de aquel bandido, el Resucitado, era él.


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No conseguía estar tranquilo y cada día preguntaba a sus criados algo respecto a ese bandido, no tan directamente para no sonar obvio, pero enmascarando ese singular interés con preguntas del estilo: "¿cómo se encuentra Sir. Morgan, el banquero?" "¿Lady Dusche sigue viviendo en esa exuberante mansión?" "¿la familia Wenmysthen está al tanto de los asaltos que han ocurrido?" Y cosas por el estilo. Tenía la teoría que el mínimo rastro de información brindada podría darle el paradero del hombre. No por nada poseía un intelecto singular por encima del resto y sospechaba que la guardia no percibía detalles como él, por lo tanto, el único en enterarse de algún dato relevante sería Hal y solo Hal.

Ya fuera de una u otra manera, los empleados le comunicaban lo que quería oír. La historia era la misma: el ladrón se había infiltrado en la casa por la noche, despertado al propietario y a su familia, si la tenía, interrogado, degollado y de paso robado ganancias menores del empresario o comerciante. Eso sí, nunca hacía daño a la mujer o a los hijos y tampoco se sabía qué les preguntaba a sus víctimas, la única variable común que la policía tenía como pista era que el Resucitado buscaba siempre a los monarcas que tuvieran alguna conexión con el palacio, quienes eran básicamente una sexta parte de la población de Gales.

Hal era literalmente una bomba de tiempo. Sentía en su corazón que el Resucitado era Eric. Nadie más sería tan cabezota para poner a toda la guardia nacional en su contra y nadie tendría la insistencia inyectada en su mirada, ni la fiereza para enfrentar a toda una escolta o sobrevivir a esa exigencia física que implicaban los combates, o ser un excelente estratega para adelantarse a los planes de la milicia. Debía, tenía que ser él.

El príncipe se aferró a la idea y a partir de ese día rezaba, le imploraba al salvador que le diera una señal que seguía vivo, o por lo menos que su vida siguiera en un rumbo viable, y suplicaba sobretodo volver a verlo aunque fueran unos minutos para decirle lo mucho que deseaba tenerlo a su lado. Como añoraba enterarse si ese bandido nocturno era su bien amado.

Los relatos que escuchaba semanalmente sobre aquel hombre, lo mantenían con esperanza. Actuaba para disimular su desaprobación a ese tipo de actos fuera de las leyes de Dios, pero Hal callaba ese anhelo que dilucidaba entre todo el caos en el país. Sus ojos mantenían un leve brillo entre aquel tumulto de gente que miraba escandalizada las muertes de los poderosos, la extinción de la monarquía en Gales gracias a un solo hombre. Hal esperaba estar en lo correcto al rezar por la seguridad de éste, con los motivos en la espalda y bajo su propia piel.

Las anécdotas le proporcionaban pistas, unas más valiosas que otras, pero el príncipe seguía sin tener un buen sustento para afirmar que Eric estuviera detrás de ese encapuchado. Incluso estuvo a punto de echar todo su esfuerzo por la borda y dejar de afanarse por una burda suposición que no tenía buenos fundamentos.

Eso, estuvo a punto, más no lo abandonó por dos razones: una, la llama de su vida seguía alimentándose de sus memorias con Eric y de haberse extinguido la vida del cazador, éstas habrían sido enterradas como su cuerpo, pero seguían latentes en el pecho de Hal y dos, la más importante y real, fue que una mañana recibió una carta.

Su mucama personal, una mujer mayor, le llevó el desayuno y en la bandeja le entregó el escrito.

—No veo remitente ¿quién lo entregó?

—No lo sé alteza. Tocaron a la puerta y deslizaron la carta, abrí pero no había un alma

—Qué extraño. . . En fin, veré el contenido. Es todo señora Sally, puede retirarse

Una vez que la mucama reverenció y Hal se colocó su albornoz matutino, se acomodó en la mesa del balcón para leer. Le pareció extraño que algunas oraciones estuvieran rayoneadas, aun asi se entendían las palabras. ( palabras tachadas encerradas en corchetes [...])

Hal.

Dispongo de muy poco tiempo y por tanto no puedo explicar ahora el motivo de esta carta. El remitente lo he omitido y he enviado a un mozuelo a entregarla para protección misma.

Escribo para darte un mensaje. Como bien, supongo habrás oído que toda la guardia de tu padre está hecha una -[mierda]- desastre gracias a un bandido. No temas, me ha dicho que no planea atacarte -[a pesar que eres un jodido noble]-, pero está deseoso de tener una conversación contigo. Dice que en sus interrogatorios, las víctimas se negaron a darle tu paradero, pero el -[cabrón]- conde de Lownbridge soltó la lengua hace unos días (seguramente te habrás enterado de la noticia).

Sí, desea encontrarte específicamente a ti, por eso ha estado asesinando a esos -[hijos de puta]- varios mercaderes. No puedo hablarte más al respecto, solo que aguardes su visita. Será en el atardecer, pero no puedo confirmarte la fecha. Debes ser paciente, él prometió no hacerte daño alguno. Simplemente desea contarte -[su pesar]- asuntos personales…

Sin duda fue una mañana de regocijo para el príncipe.


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Ahmm… No, mejor esperen al siguiente. Sé que hay espacios e impaciencia, y Hal también esta impaciente por saber más del propietario de la carta.

Nos vemos!