Capítulo 10: Me encanta besarte.
Entraron juntos al salón de fiestas de la mansión Cullen. Edward le acariciaba a Bella su mano haciéndole círculos con su dedo corazón intentando controlar los nervios que se habían apoderado de su prometida en el momento en que bajaron del volvo y cruzaron el umbral de la casa Cullen.
- Tranquila, ¿dónde está esa pequeña fiera fuerte y valiente?
Edward le susurró acercándose a su oreja y acariciándole con su aliento esa parte de su piel. Genial, ahora además de nerviosa parecería atontada. Las caricias y susurros de Edward tenían ese efecto en ella, y sus besos, sus besos podían hacer de ella lo que quisiera.
- Se quedó en tu volvo discutiendo contigo.
Edward rio ante su comentario y a Bella le dio un vuelco el corazón, ¿cómo conseguía él provocar eso en ella? Su tan sola risa hacía que en su estómago revolotearan mariposas y que su corazón latiera desenfrenado, además de que se muriera por besar esa boca de la que salía esa risa.
- Te acabas de sonrojar Swan, ¿algún pensamiento vergonzoso? Podemos ponerlo en práctica si quieres.
- Idiota.
Ya lo había conseguido, sus ojos volvían a brillar, su cabeza volvía a estar alzada y ella caminaba de nuevo con esa seguridad propia tan característica y sensual.
- ¡Llegais tarde!- Alice se acercaba a ellos señalándolos con un dedo y con cara de enfadada. Estaba realmente radiante, su vestido morado se ajustaba a su pequeña figura. Le daba ese aspecto tan encantador y dulce que Bella se imaginaba era la distinción propia de la pequeña de los Cullen.- Es culpa tuya Edward, sin duda. Propio de ti entretener a tu prometida el dia de vuestro compromiso.- Alice se olvidó de Edward y pasó su atención a Bella, su semblante se relajó de inmediato y su enfado pasó a emoción.- ¡Bella! Mírate, ¡estás hermosa! Pero ven conmigo, quiero que conozcas a alguien.
Alice cogió de la mano a Bella y tiró de ella. A Bella no le quedó mas remedio que seguir a Alice adonde quiera que la llevara. Por su parte Edward se quedó parado mirándolas. Su hermana y su prometida ya eran buenas amigas, era un hecho. Y a él lo habían dejado solo, ¿no se suponía que esa noche esa pequeña y él tendrían que estar juntos en todo momento demostrando su amor? Gruñó de frustración. Esta sería una noche muy larga.
Alice se detuvo frente a sus dos hombres favoritos, con el tercero todavía estaba un poco picada por llegar tarde. Ambos caballeros conversaban animadamente, le encantaba verlos así, le encantaban que se llevasen tan bien y se enorgullecía de ello. Carlisle y Jasper hablaban sobre lo bien que estaban las cosas en la filial de Paris, Jasper le insinuaba a su suegro que ya era hora de que su hija y él fueran formalizando las cosas, quizás establecerse y formar su propia familia, pero aunque Carlisle, portador de un gran corazón, lo veía como a un hijo más, a Jasper le daba demasiado respeto el decirle que quería que su adorada hija pequeña fuera la madre de sus propios hijos. Alice siempre había sido la princesita de su padre. Las vieron acercarse y Jasper supo en ese momento quién era la bonita chica que acompañaba a su novia. Era Isabella Swan, su futura cuñada, la prometida de su alocado cuñado y buen amigo. Admitió que no se la imaginaba así. Edward siempre había estado con mujeres exuberantes, pero a la vez, casi todas ellas demasiado vulgares. Sin embargo Isabella Swan destilaba elegancia y clase solo con su andar. Esme y Alice tenían razón cuando tan solo un par de horas antes le contaron como era Isabella.
- Jazz, quiero presentarte a alguien. Ella es Isabella Swan, la prometida de Edward. Bella él es Jasper, mi novio.
- Es un gusto Bella, ¿puedo llamarte así?
- Por supuesto, encantada de conocerte Jasper. Alice me ha hablado de ti.- Jasper sonrió y tomó a Alice de la cintura, la besó en la mejilla con una ternura y devoción infinitas. Bella lo supo en ese momento. El amor de Jasper y Alice era indiscutible e indudablemente perdurable, verdadero y arrasador. En la sola mirada de él se notaba los sentimientos tan fuertes y reales que destilaba por ella. Bella sonrió al verlos. Se sintió reconfortada y feliz por ellos. A ella le gustaría encontrar un amor tan fuerte como el de ellos dos, detectable a simple vista.
Conversó un buen rato con Carlisle, Jasper y Alice. Se sentía cómoda. Hablaron de negocios, como no, eso les unía, pero también de otras cosas. Le contaban historias de la familia Cullen. Un cariño hacia Carlisle le invadió el corazón al escuchar que para él, ella ya era parte de su familia, desde hacía tiempo. Y le sorprendió que confesara que, siempre imaginó a su Edward con alguien como ella. Bella solo guardó silencio y le sonrió. ¿Estaba envejeciendo Carlisle? Ella no lo veía como un viejo chocho y soñador, era sir Carlisle Cullen, se conservaba en perfecta forma tanto física como mental, su inteligencia era asombrosa e indiscutible. Jasper y Alice le hablaban de su vida en Paris, lo que les gustaba el ático en el que vivían con vistas a la Torre Eiffel. Que solían salir a pasear, ver el atardecer y pasar horas en algún café charlando de todo un poco. Pero también lo que echaban de menos Edimburgo y a su familia, por eso venían siempre que podían. Alice quiso hacerle prometer a Bella que ella y Edward irían a visitarlos a Paris una vez ya estuvieran casados. Bella le dijo que una vez pasase todo este lío de la boda y las cosas con Aro se tranquilizaran lo comentaría con Edward, vería qué podía hacer. No quiso prometerle nada que no iba a poder cumplir. Dudaba mucho que ella y su futuro marido pudiesen hacer cosas juntos de parejas normales, como un viaje, una visita a la familia, salir a cenar o simplemente ver una película acurrucados en el sofá de casa.
Le gustaba Jasper, parecía una persona en quién confiar, tenía un aura limpia y clara, era la tranquilidad, la estabilidad, pero a la vez emanaba respeto, poder y madurez. Entendió por qué esa pareja funcionaba tan bien. Alice necesitaba a un hombre así a su lado debido a su temperamento alocado e hiperactivo y ella le aportaba a él esa chispa de diversión y soltura que necesitaba. No tenía duda de que envejecerían juntos y que seguirían amándose tanto como ahora.
Miró a su alrededor y vio a Ben y Ángela, simplemente conversaban pero vio la misma conexión que con Alice y Jasper. Sin evitarlo se movió buscando con la mirada a Edward Cullen, el hombre que irremediablemente llenaba todos sus pensamientos esos días, los buenos y los malos. Lo encontró hablando con Emmet. Edward parecía estar dándole un buen discurso a su primo, tenía esa mirada que lanzaba llamas doradas tan propia suya, su expresión estaba seria y, por lo que veía, debía de ser algo realmente preocupante e importante, pues Emmet pasaba del pálido, al verde, después al rojo para volver a estar blanco como la pared. Su amigo se veía realmente mal, pareciera que ahogado en el mayor problema de su vida. ¿Qué le pasaría a Emmet Cullen para estar así? Él siempre había sido el tipo de persona que pasaba de todo, no se preocupaba por nada y siempre le veía el lado positivo a cada cosa y situación. Edward estaba acojonando a su primo, sin duda. De pronto la mirada de Edward se alzó tan solo unos centímetros y la alcanzó a ella misma. Sus ojos conectaron, los de Bella estaban curiosos, Edward supo que ella se preguntaba qué era aquella charla entre Emmet y él. Los ojos de Edward le lanzaron una mirada demandante y de advertencia. Ellos debían comportarse como dos enamorados y no lo estaban haciendo.
- Cariño.- Esme y Renné cortaron esa unión de los ojos cafés con las orbes doradas. Agarraron a Bella por el brazo y con una leve disculpa la apartaron de los demás. Ambas le sonreían, parecían unidas por un mismo pensamiento, pues se echaban demasiadas miradas de complicidad.- Queremos que conozcas a alguien.
La condujeron a través de todo el salón y se detuvieron delante de un hombre alto, fuerte, elegante y realmente atractivo. O eso al menos le pareció a Bella. Su cabello era moreno, sus ojos oscuros como la noche, su mirada penetrante y su sonrisa ladina.
- Bella me gustaría que conocieras a Felix Campbell. Su familia y la mía hemos sido amigos desde siempre. Felix, ella es la prometida de Edward, Isabella Swan.
Felix cogió la mano de Bella y muy caballerosamente se la llevó los labios y la besó. "No son tan suaves y abrasadores como los de Edward" pensó inmediatamente Bella, sin querer y de manera muy educada se soltó como pudo y retiró su mano. Felix le sonrió con suspicacia.
- Debo decir que Edward ha tenido una suerte descomunal en que la señorita aceptara su proposición, no todos los días se encuentra uno con una belleza tan deslumbrante.- Esme y Renné sonrieron satisfechas, Felix era un conquistador.- Y una lástima para mi porque te aseguro querida que de haberte conocido antes esa proposición la hubiese hecho yo mismo.
- Pero ya es tarde.- Canturreó Bella alzando su mano y enseñándole el hermoso anillo que Edward le había dado. Renné y Esme los dejaron con la excusa de tener que atender a algunos de los invitados y las insinuaciones de Felix fueron aumentando cada vez más. Para su asombro Bella no se sonrojaba ante ellas, ni le daba un vuelco el estómago al escuchar sus palabras bonitas, ni siquiera la ponía nerviosa. Solo lo encontraba divertido. Que amigo tan fiel y leal de los Masen, ligando con la prometida del hijo de uno de los pilares de esa familia.
Felix resultó ser un importante arquitecto, había desafiado los planes que su padre tenía para él, como importante hombre de negocios en el mundo de la bolsa. Se enorgullecía de haber podido demostrarle que podía ser más bueno que él en su pasión por su carrera de lo que nunca fue su padre en la suya. En ese aspecto, Bella vio que Felix era un hombre valiente y perseverante, así como luchador. Y esas cualidades le agradaron demasiado de ese hombre alto y moreno que coqueteaba con ella.
Desde el otro lado del salón Edward Cullen observaba a Bella Swan. Se encontraba solo, pues Emmet no dudó en perseguir a cierta rubia en cuanto esta entró en escena y rogar hasta lo indecible para lograr una solo palabra suya. Notaba como la furia y los celos, aunque nunca los reconocería, se iban apoderando de la aparente calma que intentaba reflejar. Sus ojos dorados se volvían más oscuros cada vez que ella sonreía. Ella no debía sonreírle a ningún hombre, menos esa noche y menos después de hacer el trato que acababan de hacer. Pero parecía que a Bella Swan se le olvidaban todos sus principios en cuanto se cruzaba con un hombre joven e interesante. Porque muy a su pesar, tenía que admitir que Felix era un hombre interesante y muy capaz de conseguir sus objetivos. Maldita sea, joven, rico y exitoso, era lo que las mujeres llamaban un buen partido. Cualquiera lo querría como esposo, era el tipo de hombre del que ella se podría enamorar. Pero estaba obligada a casarse con él, se recordó. Por mucho que ella quisiera no iba a poder estar con otro hombre y si él descubría la sola idea de serle infiel en la misteriosa y retorcida mente de Isabella, él le haría recordar que ella tenía un trato que cumplir y que de ninguna manera iba a permitir que su mujer lo engañase con otro. Un gruñido de rabia se escapó de su garganta cuando vio como Felix, que desde ese momento había dejado de ser su amigo, cogía a Bella del brazo y se inclinaba ante ella para susurrarle algo al oído, después, para aumentar aún más su rabia, Bella le regaló a ese hombre la sonrisa más encantadora del mundo.
Decidió que necesitaba otra copa urgentemente, divisó a un camarero y le indicó que se le acercara. Cogió una copa del vino francés que su madre había encargado para el evento, estaba exquisito, pero no era lo suficiente fuerte como para aplacar su estado de ánimo.
- ¿Tu prometida te deja solo en la noche de vuestro compromiso?- Esa voz melosa hizo que se volviera y se encontrara con Lauren. ¿También estaba invitada a esa fiesta?- Debo decir que no valora lo que tiene, otra en su lugar no se despegaría de tu lado en ningún momento.
Lauren se acercó a Edward sin preocuparse siquiera de respetar los buenos modales y la educación que requería el evento en el que se encontraban, quedaba más que claras sus intenciones de coqueteo y seducción, tanto que parecía una perra en celo, mas que la dama que aparentaba ser. Estaba exuberante y provocativa, demasiado para el gusto de Edward, pero aún así la agarró de la cintura y la besó en la mejilla.
- Un gusto verte, no sabía que vendrías.
- Tenía que verlo con mis propios ojos querido, resulta un poco extraño que Bella de este paso, sobre todo conociéndola, ya sabes, eso de las relaciones serias y el compromiso no es una de sus características.
- ¿Te impresiona que me haya elegido a mi?
- Bueno, no. Mírate, eres guapo, rico, caballeroso, joven y poderoso. Sería muy tonta al rechazar una proposición así.- Lauren le sonrió a Edward y bajó sus pestañas en un claro intento de coquetear con él, alzó su mano y acarició el pecho de él por encima de su chaqueta. Al otro lado del salón Bella muy disimuladamente no apartaba la atención de Edward. Llevaba siguiéndolo toda la noche, desde que Alice los separó, escuchaba de lejos a Felix, le contestaba pero su atención estaba dividida y se inclinaba más por el hombre de pelo cobrizo y ojos dorados. Hablaba con Lauren y no era necesario ser muy inteligente para saber lo que ella pretendía, pero habían hecho un trato, él le había prometido fidelidad y ella le creía. El reconocimiento de ese hecho la sorprendió tanto que le temblaron las manos y estuvo a punto de derramársele la copa de vino que bebía. Creía en él, en su prometido. Se despidió de Felix alegando que tenía que saludar a los demás invitados y se encaminó al encuentro de Edward.
- Eres una mujer demasiado frívola, ¿sabes? Bella puede tener sus defectos pero no es una mujer tan retorcida. Si me disculpas…
Y así se encaminó a cruzar el salón y rescatar a su futura esposa de los brazos de Felix. Pero no tuvo que llegar muy lejos, se la encontró caminando hacia él con esa manera suya tan sensual que la hacía ver como una mujer fuerte y decidida, como una mujer inalcanzable.
Se pararon uno frente al otro, lo suficientemente cerca como para hablar sin que los demás los escucharan. Ella le sonreía, le estaba sonriendo a él y según recordaba eso tan solo había ocurrido en aquella ocasión en que se besaron por primera vez, también el día que se conocieron. Y su sonrisa era algo divino, digno de un ángel mas que de una mujer. A través de ella transmitía tal número de emociones que el corazón de Edward dio un vuelco, se paró y comenzó a latir de nuevo, en un intento de asimilarlas. Sus ojos dorados brillaron cuando finalmente pudo devolverle la sonrisa. Bella quedó tan deslumbrada como deslumbrante.
- Hola.- Fue lo único que alcanzó a decir.
- Hola. Parecías muy entretenida.- Tras dos segundos Edward pudo contestarle y lo hizo con el mismo tono conciliador que ella.
- Socializo. Pero ya lo he dejado, creo que hay cosas más interesantes ¿y tú?-Cosas más interesantes, pero ella lo miraba solo a él.
- Algo parecido, pero decidí ir a rescatar a mi novia de los brazos intencionados de otro.- Su novia. Edward se mordió la lengua por haber utilizado esa palabra para Bella. Ella podría ser su prometida, pero novia implicaba una connotación más íntima y también mas sincera, no cabrían los negocios entre la que sería su novia y él. Su relación con Bella estaba muy lejos de lo que él consideraba noviazgo. A Bella no le pasó desapercibida esa palabrita. Novia, novio. Unos novios se supone que se gustan, que se quieren, que hay pasión entre ellos, feeling. Que hay amor. No había nada de eso entre Edward y ella. Pero decidió que lo mejor era dejarlo pasar y seguirle la corriente.
- Oh, a ella no le interesan tales brazos.- Edward sonrió aun más, se sintió reconfortado ante el reconocimiento de Bella de que Felix le era indiferente. Le tendió la mano y ella la agarró, sin saber por qué lo hizo.
- ¿Bailas?
- En realidad no soy muy buena bailando. No me gusta mucho.
- Preciosa, no dejare que te caigas.- Edward tiro mas de ella acercándola más a si mismo. Bella sostuvo su otra mano en el pecho de él, era tan fuerte. Así se sentía protegida, demasiado reconfortada, se sentía bien.
- Me disculpo de antemano si te piso.
Edward comenzó a moverse al son de la música, era una preciosa melodía a piano que ambos reconocieron. Tan tranquila, tan romántica… Edward puso una mano en la parte alta de la cintura de Bella, acariciando suavemente la piel descubierta de esta, con su otra mano sujetaba la de Bella, la otra descansaba en el pecho de Edward, quien bajó la cabeza y se permitió el lujo de sumergirse en el embriagante olor a fresias de su cabello. Bella suspiró.
- ¿Es esta una de las cosas más interesantes?- susurró Edward en su oído provocándole un cosquilleo que recorrió su cuerpo entero.
- Por supuesto, puede ser. Aunque creo que hay otras también.- Bella levantó la cabeza que hasta ese momento había descansado en pecho de Edward, quien confundido levantó la suya y la miró interrogante a los ojos, pero lo que Bella hizo a continuación lo dejó mas sorprendido aún. Ella lentamente se alzó sobre sus pies y llevó sus labios hacia los de Edward, fue una simple caricia, mas que un beso, un simple roce, suave, tierno y romántico pero que llenó de pasión el pecho de Edward.- Como esto, me encanta besarte. No debería decírtelo, se que en algún momento lo usarás en mi contra, pero es la verdad.
- Sí, lo recordaré y te lo haré recordar, no tengas duda alguna.
Ambos sonrieron y Bella iba a besar a Edward de nuevo cuando fueron interrumpidos.
- Así que era cierto. Bella Swan y Edward Cullen se casan.- Esa voz sonaba cínica y cansada por la edad, arrogante y frívola.- La actuación se os da de maravilla, he de admitirlo.
- Aro. Es un placer que hayas decidido acompañarnos.- Fue Bella la que le habló con la voz desafiante, pero aún así no dejaba de reflejar un deje de miedo o temor en ella.
- Preciosa Isabella, ten cuidado. Los matrimonios erróneos pueden generar mucho sufrimiento.
Edward vio como Bella palidecía, como la duda recorría su rostro. Era la primera señal de incertidumbre que había visto en ella desde que la conoció. Supo que en ese momento Isabella Swan estaba decidiendo si echar a correr y decirles a Carlisle y Charlie que todo se había terminado o no. Estaba en lo cierto, comenzaba a conocer a esa mujer que tenía al lado. Bella no quería sufrir, pero no tenía por qué. Era un trato con el que todos ganaban. El único que perdía aquí era Aro y se lo había buscado él solo.
- No hay nada erróneo en esto, tampoco nada de actuación. No se si me recuerda, soy Edward Cullen. – Edward volvía a utilizar ese tono suyo amenazante e intimidatorio, ¿pero quién puede amedrentar a un hombre que en sus últimos años de vida solo se preocupa de llevar a cabo una venganza? Nadie. Esa era la repuesta. Aro no cejaría su plan nunca.
- Digno hijo de tu padre, por lo que veo, al menos en el porte. Aunque, creo que él era mucho más responsable que tú a tu edad. Bueno, parece que ahora quieres sentar cabeza. ¿Debo felicitarte? No se, un buen hombre de principios no permitiría que una mujer se casase con él sin amarlo.
Ahora fue Edward quien palideció y no pudo responderle a Aro. ¿Y si tenía razón? ¿Y si le arruinaba la vida a Bella? Ella era tan joven… no le cabía duda de que el matrimonio no entraba en sus planes de vida. ¿Y si ella se encontraba con todo ese sufrimiento que tanto temía al lado de él? Por muchos sentimientos contradictorios que tuviera hacia ella, Edward no quería que fuese desdichada.
- Por eso damos este paso. Estoy segura que Edward es digno hijo de Carlisle en muchos más aspectos que en el porte. Nunca me casaría con un hombre cobarde, con un hombre débil o irresponsable, Edward no es ninguna de esas cosas.
Bella agarró la mano de Edward y la apretó fuerte, ahora era ella la que le infundaba valor con su gesto.
- Bien, entonces os deseo suerte en vuestros planes. Siempre es necesaria la suerte, en unas ocasiones más que en otras.
Aro cogió la mano libre de Bella y se la besó a modo de saludo, tras eso se disculpó con ellos y se marchó a saludar a varios de los invitados a la fiesta.
- Es un hombre frio y sin corazón. También inteligente, es verdad que no podemos fiarnos de él lo más mínimo.
- Sí tiene corazón, pero está demasiado roto como para funcionar bien.- Susurró Bella soltando la mano de Edward. Pero este no la dejó alejarse, sino que la agarró más fuerte.
Edward le recordó que era su fiesta de compromiso y que no habían saludado ni a la mitad de la mitad de los invitados aún. Así que las dos siguientes horas las pasaron charlando con unos y con otros. Bella enseñaba su anillo de compromiso y enseñaba su mejor sonrisa. Se mostraba de acuerdo con todas las mujeres que le señalaban cuan hermoso era, cuanta suerte había tenido al conquistar a un hombre como Edward Cullen y se sonrojaba cuando estas le lanzaban alguna indirecta referente a la vida matrimonial o los hijos que tendrían. Caminaba segura por el salón, con una copa de vino en la mano y la otra sujeta por Edward. El peor trago ya lo habían pasado, enfrentarse a Aro y aunque sabían que este seguía vigilándolos de cerca no los molestaría más por esa noche, pues Aro tenía que medir el terreno y trazar sus siguientes pasos. El hombre de cabello cobrizo se había recuperado del enfrentamiento con Aro, ya había conocido a ese hombre. Se avergonzaba y le molestaba haberse sentido como lo hizo frente a él. Nunca más Aro conseguiría silenciarlo, ni atemorizarlo, mucho menos volvería a dudar del paso que iba a dar. Era necesario, se lo había prometido a su padre y se comportaría como el heredero que sir Carlisle Cullen merecía. La próxima vez no lo pillaría con la guardia baja. Respondió como debía cada vez que le decían que se llevaba a una mujer hermosa e inteligente, cuando le felicitaban y le recordaban que su vida de soltería y mujeriego empedernido se habían acabado. Se mostraba seguro de que lo que quería era estar con su mujer y formar una familia con ella. Que lejos de la realidad…
Dos personas más seguían los pasos de Bella y Edward. Esas eran Renné y Esme. No eran grandes amigas, aunque sentían que pronto llegarían a serlo, así como aliadas para luchar por la felicidad de sus hijos. Tenían una teoría, debían comprobarla y ambas habían acudido dispuestas a acabar con todo si su teoría resultaba ser errónea. Pero habían visto ese brillo en los ojos de sus hijos, habían visto las muestras de celos y la seguridad del uno en el otro. Había feeling entre ellos, conectaban hasta tal punto que eran capaces de hacer desaparecer a todo el mundo a su alrededor y concentrarse solo en ellos dos. Ahora ellas no permitirían que por nada del mundo esos dos rompieran con el compromiso, más que nunca estaban seguras que debían casarse y no por cuestiones de negocios, ni por dinero ni mucho menos por frenar a Aro Vulturi. Simplemente era una cuestión de amor. Y sus hijos tardarían, pero se darían cuenta de las verdaderas razones de esa boda.
Sin embargo Carlisle y Charlie no paraban de trazar planes alternativos por si la boda finalmente no se llevaba a cabo. Muy a sus pesares no confiaban del todo en la perseverancia de sus hijos, ni en el espíritu de sacrificio que se necesitaba para tal encomienda. Vigilaban a Aro, vigilaban a los demás directivos y accionistas de la empresa, seguían los pasos de sus hijos y Charlie se removía inquieto cada vez que Edward tocaba a su pequeña. Alice cansada de la conversación repetitiva de los dos consuegros arrastró a su novio de allí.
- Creo que deberíamos decirle que nosotros también pensamos casarnos, ¿sabes?
- Realmente no considero que sea lo mejor en estos momentos, están muy preocupados por todo este lio, tu padre esta muy susceptible, un disgusto así no puede sentarle bien.
- Jasper, ¿debo entender que dudas de la proposición que me hiciste frente al Moulin Rouge o que le tienes miedo a mi padre?
- Me avergüenza, pero lo segundo. Nunca dudaría en casarme contigo.
Alice sonrió y besó a Jasper. Sí, su padre siempre la había sobreprotegido y cuando se enteró de la relación que la unía a Jasper puso el grito en el cielo. ¡Pretendía que su niña siguiera soltera y virgen al menos hasta los cuarenta! Pero después de que ella hablara con él, le hiciera mimos y le pusiera su mejor carita de gatito bueno Carlisle aceptó la relación e incluso lo hizo gustoso. No había mejor hombre para su pequeña Alice en el mundo.
La pareja parisina fue interrumpida por un hombre alto, moreno, de profundos ojos negros, voz ronca y sonrisa deslumbrante.
- ¡La pequeñísima Alice Cullen!
- ¡Oh dios mio! ¡El grandiosísimo Jacob Black!
Alice y Jacob se abrazaron. Se habían conocido en la primera exposición de este organizada por Esme y Elizabeth. Después Jacob le pidió a Alice que por favor le dejase retratarla. En su segunda exposición mostró el retrato, el mismo que dio la vuelta al país y que ahora estaba colgado encima de la chimenea del despacho privado de la mansión Cullen. Jasper carraspeó, ¿quién era ese que abrazaba a su preciosa Alice? Alice le sonrió a su novio, era absurdo que se pusiese celoso, a ella siempre le divertía porque ella solo tenía ojos para él. Le presentó a Jacob y le contó sobre sus obras, sus cuadros. Jasper era amante del arte y conocía varias de sus obras, aunque admitió que nunca se imaginó que el artista fuese alguien como él.
- Y ahora, chicos J, ¿qué pensáis de la parejita feliz?- Alice se puso delante de ellos, con los brazos en jarras y mirándolos interrogante.
- Complicados.
- Ciegos.
- Orgullos.
- Cabezotas.
Alice sonrió y se mostró de acuerdo con ellos, pero darían tiempo al tiempo. Si ellos solos se complicaban las cosas, quizás ellos solos pudieran arreglarlas.
La noche terminaba, los invitados ya habían cenado, habían bailado, reído y felicitado a la pareja feliz. El discurso de los padres de los novios fue emotivo, así como todos alabaron las palabras que Edward le dedicó a Bella en un monologo rápido, directo y para ella vacío de emoción, pero tremendamente correcto y perfecto para el momento y la situación en que ellos se encontraban. Según Edward, ella era la mujer valiente, divertida, hermosa e inteligente que siempre había buscado. Solo que ella sabía que a Edward le gustaban las mujeres esculturales, probablemente rubias oxigenadas, sin una pizca de inteligencia ni buen sentido del humor, pero eso sí, expertas en la cama. Y por sobre encima de todo, Edward nunca había buscado a ninguna mujer para pasar el resto de su vida, más bien había encontrado a muchas en su camino para pasar el resto de una noche.
Bella estaba recostada en su asiento, cerró los ojos y respiró profundo.
- ¿Qué pasa pequeña?-
- Nada… solo estoy un poco cansada… no me gustan mucho este tipo de fiestas.- Edward masajeó los hombros de Bella, en un intento de que ella se sintiera más relajada, pero notó como la chica se tensó al instante.- Creo que voy a ir a tomar un poco el aire… sola.
Edward vio como Bella se levantaba y salía al jardín, estaba huyendo de él, de eso no cabía duda, la pregunta era por qué. La vio marcharse y le llenó un fuerte impulso por levantarse e ir a detenerla pero lo refrenó. Si de algo estaba orgulloso era del autocontrol que tenía, le había sido de mucha utilidad a lo largo de su vida, sobre todo en el mundo de los negocios, le serviría ahora con la hermosa mujer de cabello castaño y ojos cafés que tenía por prometida. Ese autocontrol frenaría en seco los sentimientos que tanto temía que aparecieran. No lo podía permitir, no se iba a enamorar de una mujer que de ninguna de las maneras le iba a corresponder, no al menos hasta que tuviese la seguridad de que ella pudiera amarlo tanto como él a ella. Por el momento eso no iba a ocurrir y Aro tenía razón en que quizás este matrimonio trajera más malas consecuencias para todos que buenas. Él no iba a desdecir su palabra, le había pedido matrimonio y se casaría, pero ya bastaba de juegos que no llegaban a nada, tenía que conseguir que ella acabase con todo, por el bien de ambos pues si llegaba a enamorarse de Bella Swan le iba a ser muy difícil dejarla marchar aun sabiendo que ella no lo amaba y que nunca podrían ser realmente felices ninguno de los dos. Esa noche había visto la incertidumbre en sus ojos, sabía que ella dudaba de lo que hacía y lo usaría. Sabía lo que tenía que hacer. Debía desilusionarla, enfadarla y traicionarla.
- No vais a vivir en Cartron Point, ¿verdad?- Jasper se acercó a su cuñado, lo conocía y lo había observado, sabía que Edward Cullen había tomado una decisión importante para su vida y presentía que se equivocaba.
- Para nada. Nos iremos a Londres una temporada, después viviremos en Dunbar.
- ¿Vas a apartarla de todos los suyos?- Edward solo hizo una mueca de asentimiento.- ¿Lo sabe ella?- Pero Edward no dijo nada.- No, por supuesto que no, es tu tiro de gracia, ¿verdad? Cuidado Edward puede que te estés confundiendo y que al final sí te quieras casar con ella.
Bella salió todo lo rápido que pudo del salón, estaba demasiado desconcertada esa noche. Se recordaba una y otra vez que ambos estaban actuando, que en el fondo nada era verdad. Sin embargo a veces parecían olvidarse de todo y se comportaban casi como aquella noche que se conocieron, antes de que todo se torciera por una estupidez que ya ni siquiera recordaba. Se encontró con un desolado Emmet en el jardín. Él estaba sentado en un banco, con su cabeza gacha y los codos apoyados en sus rodillas. Cuando escuchó los pasos de la chica la miró. Bella pocas veces había visto unos ojos tan tristes como los de su amigo y eso era algo realmente imperdonable para el que le hubiese hecho eso a Emmet.
- La perdí Bella.
Ella se sentó al lado de su buen amigo, en seguida comprendió a qué se refería. Había perdido a Rose. No había podido hablar mucho en toda la noche con su mejor amiga, en realidad ni siquiera con Jacob, Edward una vez que la cogió para bailar realmente ya no la soltó. Pero Rosalie le había dicho de pasada que su cena con Royce King había estad muy bien, que este quería algo serio con ella y que ella había aceptado. La semana entrante tenía una cena con él y sus padres, se los quería presentar oficialmente.
- La amas.
- Mas de lo que pensé. Pero ya no sirve, me lo tengo merecido, ¿no?
- Bueno, puede que te sirva de escarmiento, aunque no hay mal que por bien no venga, te has dado cuenta de tus sentimientos y eso ya es algo.
- ¿Algo? Me ha dejado, Bella. Está con King, incluso me ha dicho que quiere formar una familia con él.
Bella pasó el brazo por los hombros del fuerte de Emmet, que sin embargo ahora parecía más indefenso y perdido que nunca.
- Ambos sabemos que no lo ama, y que no la va a hacer feliz. Solo tienes que luchar por ella, algo diferente a lo que acostumbras pero sabrás hacerlo. Y te voy a decir una cosa, Emmet Cullen, como dejes que Rosalie acabe con ese cerdo yo misma te patearé el culo.
- Luchar por ella… sí, creo que podré, estoy seguro. Gracias coloretes.
- ¡No me digas así!
Bella y Emmet se abrazaron, estuvieron así un buen rato. Estaba segura que Emmet conseguiría que Rose volviera con él. Aunque se había dado cuenta de que su amigo oso necesitaba un escarmiento como ese para darse cuenta de cuáles eran sus sentimientos, no quería que su amiga estuviera relacionada con Royce. Era un hombre posesivo y machista, no tenía escrúpulos y Rose no lo amaba. Un carraspeo hizo que se separaran, ambos se volvieron y vieron a Edward acercarse a ellos.
- Y yo le patearé el culo a él si te hace daño.- susurrándole esto a Bella, Emmet se levantó y se despidió de ambos, dejándolos solos.
- Te llevo a casa.
¿Qué había pasado con el Edward amable? Volvía a mirarla por encima del hombro, volvía a estar serio y volvía a darle órdenes.
- Prefiero esperar un rato, tu madre y la mía querían hablar conmigo de algo referente a la boda y quiero ver donde está Rose, estoy segura de que ella no se…
- No Isabella. La fiesta ya se ha terminado y te llevo a casa.
Edward la fulminó con la mirada. Era mejor poner esa barrera entre ellos, además parecía que en cuanto la dejaba sola ella se iba a los brazos de otro hombre. Primero que si le sonreía y le seguía las gracias a Felix, después que si abrazaba a Emmet y si no era el idiota de Mike o su gran amigo Jacob. Ya estaba arto.
Bella miró a su alrededor, no era ni el momento ni el lugar de discutir. Así que accedió y dejó que la llevara a casa en un camino repleto de tenso silencio y con un simple adiós por despedida.
