Hola queridos y queridas pervers, les traigo un lindo capítulo largo que me tomó dos días.

Gracias por sus reviews, créanme que me hace muy feliz toda la aceptación que ha tenido este fic, ¡Me hacen muy feliz! Tomo en cuenta cada comentario, por mínimo que sea para seguir escribiendo, ustedes me dan inspiración.

Bueno, ahora a lo que nos concierne.

Primero que nada, sí, desafortunadamente nuestra protagonista encargó a la cigueña -Hay que ver con quién-.

Muchos me han pedido que no pasara porque es un fic perver y así, pero una de las razones por la que lo hago es que me quedan dos semanas de libertad, y entrando a la prepa no tendré tiempo de escribir nada. Por lo tanto, en menos de dos semanas este bello fic llegará a su final :( Al igual que el de "De chico rudo a padre cariñoso"

Por eso mismo, le doy máximo 3 capítulos más y se termina, lloren pequeñuelas :c

Pero no será el final (¡No señor!) quizá haga otro, igual pervertido pero diferentes situaciones.

Los planes para el final apenas se van armando, ¡Nada está concluso!

Demasiada gente me ha pedido yuri. Y bueno, resulta que en el próximo capítulo, complaceré a las fans de Dake y también habrá yuri. Además del avance a la trama, claro. ¡Así que sigan comentando! ¡Ustedes forman el fic, yo lo escribo!


Después de aquel encuentro con Rosa y su novio, ella me prestó uno de sus trajes de baño, ya que el anterior había sido arruinado gracias a Ámber.

Me puse uno color rosa con lunares negros, que incluso resaltaba la forma de mis pechos, me veía realmente linda.

Pero no quería salir así, aun por temor a encontrarme con Dake.

-¡Rosa! ¿Segura que no tienes alguna blusa o short para ponerme encima? No quiero salir así… -Le rogué. Realmente sospechaba que el rubio bronceado me violaría salvajemente si me veía así. Yo misma lo admitía, lucía tentadora. Estaba perfecto para usarlo con Castiel, con Nath e incluso con Kentin, pero no con el moreno. Me aterraba.

-Negativo, Twi. Así saldrás, o le darás la razón a Ámber de que pareces una anciana. Te ves espectacular, enserio, además… -Se detuvo en seco. Levantó una ceja mirándome curiosa. Me tomó de las caderas y me dio varias vueltas. Exclamé sorprendida.

-¿¡Rosa!? ¿Qué haces? Me mareas. –Le dije. Ella siguió mirándome fijamente.

-¿Acaso tú…? No… Eh… ¡Ah! Me has dicho que últimamente estás de tragona, ¿No? –Suspiró, de alivio. Yo aun no entendía. Asentí.

-La verdad es que sí. Desde los exámenes, creo que cuando me pongo nerviosa como mucho. –Admití. -¿Acaso me veo gorda?

-Tu estómago luce raro, como inflamado, es todo. Debes ponerte a dieta, te comiste como 15 camarones en el restaurante y luego los vomitaste. –Suspiró riendo. –Si sigues así, no le vas a gustar a Castiel o Nath. –Me sonrojé.

-¿Quién dijo que quiero gustarles? ¡Además, así Cas ya no me diría tabla de planchar! –Reí. Ella acompañó mi risa mientras salíamos del hotel.

-Oh, debo ir a buscar a Violetta. ¿Me acompañas? –Me sonrió. No iba a ir a la playa así. Negué con la cabeza.

-Iré al estacionamiento a buscar el auto de Castiel, ahí tengo mi bloqueador solar. –Mentí. ¡Iba por ropa!

-Oh, muy bien, nos encontramos al rato. –Dijo antes de irse. Suspiré tranquila, y estaba a punto de caminar al estacionamiento, cuando choqué contra alguien, cayendo hacia atrás.

-Itte, ¡Lo siento! Fue… mí… Culpa… -Abrí los ojos lentamente. Madre mía, era Dake. Tragué saliva mientras él me sonreía ampliamente.

-¡Twi! Estuve buscándote todo el rato, qué bueno que te encuentro. –Me extendió la mano para que me levantara. Un tanto tímida acepté y sujeté su mano, pero él aprovechó y me jaló hacía él.

-¡Oye! ¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame! –Le exigí. Él soltó una risa ante mis forcejeos inútiles, y con su mano recorrió mi espalda desnuda, dejándola descaradamente sobre mi trasero, jalando un poco el bikini.

-Pero mira qué guapa estás, pareces un poco más traviesa desde la última vez que nos vimos. –Un escalofrío recorrió mi espalda.

-¡No me toques o gritaré! ¡Déjame! –Intenté empujarlo. ¡Demonios, era tan débil!

-¿Te haces la difícil? Oh, eso me gusta mucho. Me excita. –Y sin previo aviso, tomó mis labios con los suyos. Cerré los ojos y comencé a golpearle sin corresponder el beso. ¡No me soltaba! Pero aproveché cuando introdujo su lengua en mi boca a la fuerza para morderlo. Gritó y se alejó inmediatamente. -¡Twilight!

-Te dije que no, ¿De qué me ves cara? Deja de ser un pervertido, Dake. Me voy. –Comencé a caminar, ignorándolo. Él se molestó.

-Oh, no, guapa. Tú no te vas de aquí. –Me rodeó con sus brazos por la espalda y apretó mis pechos con malicia. Me sonrojé.

-¡Suéltame! ¡Ahora! –Seguí forcejeando. ¿Por qué nadie en esta vida me hacía caso?

-Disculpa, creo que la señorita te ha pedido que la sueltes. –Levanté la vista. ¡Lysandro! Estos chicos siempre me salvaban.

-Está jugando, realmente quiere que esté con ella. –Sonrió arrogantemente el rubio.

-¡NI LOCA! –Grité. Estiré los brazos hacía Lys, y él me jaló liberándome de Dake, y abrazándome con fuerza, manteniéndome a su lado.

-Te pediré de favor que no vuelvas a tocar a esta chica mientras yo esté cerca. Ella es mía. –Dijo firmemente. Me cargó en sus brazos mientras yo me quedaba en shock por sus palabras. Dake insistió.

-No lo creo, amigo. Yo la vi primero. –El moreno acercó una mano a mi brazo para intentar jalarme, pero el peli gris fue más rápido, me bajó y dio un manotazo a la mano del chico para que no me tocara.

-Repito, por tu bien, mantente alejado de ella. –Estaba a punto de decir algo para que las cosas no se pusieran tensas, cuando Leigh apareció detrás de Lysandro.

-¿Qué pasa, Lysandro? –Preguntó con voz tranquila el azabache. Ahora que me lo preguntaba… ¿Quién era el mayor?

-Este caballero no puede comprender que a Twi le incomoda que la toquen. –Leigh negó con la cabeza lentamente.

-Tendremos que hacer que entienda, ¿No es así? –Dake se puso tenso.

-C-como sea, quédensela. Tengo muchas otras chicas para conquistar. –Se rindió. Suspiré de alivio cuando comenzó a alejarse. Miré a los chicos con una sonrisa.

-Ustedes siempre me salvan, son los mejores. ¿Tienen algún sexto sentido que les avisa cuando estoy en peligro? –Bromé. Ellos rieron levemente, y me miraron con una sonrisa.

-Veo que ya te cambiaste, ¿Es el bikini de Rosa? Te queda muy bien. –Un halago de Lysandro. Me sonrojé.

-G-gracias… E-este… -Leigh me interrumpió, con una sonrisa.

-Hace un rato, ella, Rosa y yo nos divertimos. Espero que no te moleste, Lys. –El peligris parpadeó.

-¿Los tres? Claro que me molesto. No me avisaste que harías eso, Leigh, eres imprudente. –El chico cerró los ojos estresado.

-Lo siento, sucedió de la nada. Una chica rubia la estaba molestando y la rescaté. –

-Entonces, supongo que ha sido un placer salvarte, pero merezco una pequeña recompensa. –Me cargó en sus brazos de nuevo. Yo me sujeté de su cuello un tanto confundida.

-¿¡R-recompensa!? ¿Ahora? –Sonreí con un tic en el ojo. ¿¡Por qué todos querían violarme solamente!? ¿Dónde carajos está Castiel?

-Sí. –Entramos de nuevo al hotel por el que había salido minutos antes. Leigh nos seguía.

-No tuve suficiente de ella. Los acompaño. –El peligris asintió levemente. Nos dirigimos al ascensor mientras me sujetaba en sus brazos con firmeza, y me miraba con una sonrisa tierna. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Cuando las puertas del elevador se abrieron, nos topamos con una pequeña rubia cuyo traje de baño era muy aniñado. ¿Tendría 11 años?

-Nina, ¿Qué haces aquí? –Preguntó el chico que aun me sujetaba.

-¡Lysandro! Fui a tu habitación pero me dijeron que no estabas, así que te estuve… Buscando… Y… ¡Lysandro, espera! –Gritó la chica, pues el peli gris había caminado como si ella no estuviera ahí, ignorándola completamente, al igual que Leigh. -¡¿A-a dónde te llevas a Twilight?! Lys… -Los hermanos cerraron la puerta de su habitación, suspirando.

-Con respeto, esa chica es una pesada. –Escucharlo hablar así me sorprendía. Ambos tenían unos modales encantadores, todo unos caballeros incluso para la hora de tener sexo.

-Ni que lo digas, no para de perseguirme. –Me bajó de sus brazos acostándome con delicadez en la cama, yo permanecía callada. –No estás muy parlanchina como siempre, ¿Estás nerviosa o algo así? ¿Leigh te hizo algo? –El mencionado se puso colorado del rostro. Negué inmediatamente.

-N-no, no es eso, es que nunca los había visto juntos a ambos… -Sonreí levemente. Entonces, recordé el beso de Alexy y Armin y abrí los ojos como platos… Había sido realmente excitante.

-¿Qué pasa? –Preguntó el azabache curioso, sentándose detrás de mí. Negué con la cabeza.

-R-recordé algo… ¿Ustedes se han besado? –Ambos se sonrojaron por la pregunta tan directa. Negaron con la cabeza al mismo tiempo.

-¿¡N-nos ves cara de Alexy!? ¡Nunca! –Lysandro cerró los ojos y se acercó a mí, besándome de repente. Lo hacía para callarme, pero correspondí el beso. Sus manos se acercaron a mi rostro, acariciándome con ternura, pero Leigh se encargaba de excitarme lentamente, pasando sus manos por mis senos, apretándolos un poco. Suspiré en la boca de Lysandro, por lo que él profundizó el beso introduciendo con suavidad su lengua en mi cavidad bucal, jugando con mi lengua lentamente.

Leigh se encargaba de retirar mi bikini con lentitud, mientras me recargaba contra él en la cama. Sentí pequeños mordiscos en mi cuello y su aliento recorrer mi piel, me dieron un escalofrío exquisito. Mordí con suavidad el labio inferior de Lysandro, sentí su sonrisa mientras apenas y rozaba mis labios con los suyos, tentándonos mutuamente.

Retiró uno de mis mechones anaranjados de mi rostro, y me jaló con suavidad para que me recostara encima de él, causando que mis pezones rozaran contra su torso, semidesnudo ya que sólo traía una camisa de manga larga con los botones desabrochados para proteger su tatuaje, al igual que su hermano, el cual se concentraba en llenar mi espalda de besos.

Lysandro y yo nos besamos de manera profunda, un poco salvaje y realmente excitante. Pasaba su lengua por mis labios, y yo sacaba la mía para tocar la suya, o llenaba su barbilla de saliva, dándole un pequeño mordisco. Leigh comenzó a masajear mi trasero con suavidad, sin retirar esa parte del bikini, mientras yo restregaba mis caderas sobre la entrepierna del peligris, que pronto causó reacción.

Con sus manos sujetó mis caderas e indicó que me subiera un poco y así lo hice, por lo que su boca ahora tenía acceso a mis senos, y pronto comenzó a saborearlos, lamiendo mi pequeño pezón y endureciéndolo con leves mordiscos, al igual que el otro. Los disfrutaba mientras yo gemía por la sensación, qué últimamente era más placentero que las veces anteriores, tanto que cuando comenzó a succionar, no pude evitar gemir.

-¡Haaah…! –Cerré mis ojos disfrutando con un sonrojo en mis mejillas. Sentí bastante calor cuando Leigh acercó su boca a mi entrepierna sin quitar aun el maldito bikini, y apreté las sábanas de la cama cuando su lengua comenzó a masajear mi entrada, probando la tela y humedeciéndola con la saliva del azabache y con mi propio líquido, causándome aun más placer. –D-Dios… ¡Aahhh…! –Intenté reprimirme, no quería que nadie más me escuchara, ¡Era un hotel! Pero no podía evitarlo. Moví mis caderas en sorpresa cuando Leigh pasó sus dedos por mi hendidura, esparciendo la humedad por todas partes y mojando sus propios dedos, y claro, su hermano aun se concentraba en saborear mis pechos.

-No recuerdo que tuvieras tanta proporción, Twilight. –Sonrió con cierta ternura el peligris, alejándome un poco. Me sentó en la cama y ambos se levantaron, quitando sus trajes de baño y sus camisetas, estando totalmente desnudos enfrente de mí. Eran realmente guapos, sin duda alguna.

Y los tendría para mí, ¡Qué suerte la mía! Sonreí de manera pervertida sin darme cuenta.

-¿En qué piensas, traviesa? –Lysandro soltó una risita y se acostó a mi lado. Me agaché hasta acercarme a su entrepierna que apenas comenzaba a ponerse erecta, y empecé a lamerlo con lentitud, acariciándolo con mi mano suavemente. El chico emitió un suspiro realmente excitante, mientras Leigh retiraba por fin ese molesto bikini que acababa de ponerme hace unas horas y comenzó a lamerme de nuevo, mojándome aun más mientras me concentraba en el miembro de Lysandro.

Lo llenaba de saliva mientras lo acariciaba, él acarició mi cabello con ternura indicándome que continuara. Y justo cuando metí a mi boca el miembro del peli gris, su hermano rozó su miembro con mi entrada, resbalando en ésta y causándome cosquilleos incontrolables, por lo que gemía contra Lysandro.

-¡Hmmm…! –Comencé a sacar el miembro de Lys con suma lentitud, para meterlo rápido, mientras el azabache se introducía en mí hasta entrar por completo, quedándose quieto. Yo seguía con el ritmo y escuchaba los suspiros y jadeos de Lysandro conforme aumentaba la velocidad.

Leigh comenzó a penetrarme con suavidad, para después de unos minutos sujetar mis caderas y embestirme con fuerza, mientras Lysandro impulsaba sus caderas hacía arriba, logrando que su miembro entrara en mi garganta con más velocidad. Las embestidas del azabache se volvieron más y más salvajes, al punto de que sentí el orgasmo acercarse, pero no podía gemir gracias al peli gris.

-Twi… ¡Twi!... –Jadeó Lysandro, sujetó mi cabeza con fuerza mientras apretaba mis labios alrededor de su miembro, causando presión. Leigh continuó con sus embestidas, tocando puntos sensibles de mí hasta que mi intimidad abrazó el miembro del azabache, y finalmente se corrió dentro.

Abrí los ojos como platos, y estaba a punto de sacar el miembro de Lysandro de mi boca, cuando él también se corrió, llenando mi garganta de aquel líquido amargo.

-M-mmhhh… -Gemí. Los chicos jadearon, y con cuidado se retiraron, colocándose a mi lado. No sabía si escupir o tragarme todo aquello, pero finalmente decidí tragármelo.

Ambos me levantaron con una sonrisa.

-Lo siento mucho, mi bella señorita… -Soltó una pequeña risa mientras se recostaba y me acostaba encima de él, entrando en mí de manera inesperada.

-¡Itte! ¡L-Lysandro! –Grité inconscientemente. Me besó con suavidad para callarme, mientras Leigh metía un dedo en mi trasero, abriéndome con lentitud para que no doliera mientras Lys se movía dentro de mí.

Me separé del beso y comencé a jadear, moviéndome a un ritmo marcado, pero me detuve en cuanto el azabache se introdujo en la entrada de mi trasero. Cerré los ojos, y sollocé debido al dolor leve que sentí.

-¡A-Aaahh…! –Temblé un poco. Lysandro sujetó mi trasero abriéndome para su hermano, mientras él acariciaba mis caderas y daba embestidas fuertes pero lentas, haciéndome gemir en cada una.

Lysandro tenía su propio ritmo, entraba con más rapidez pero de manera suave, arrancándome jadeos suaves después de cada embestida del azabache, simplemente placentero.

Pero pronto ambos subieron su ritmo. Leigh se volvió más rápido y Lysandro aumentó su fuerza, por lo que sólo se escuchaban mis gemidos antes de llegar y el choque de nuestros cuerpos.

-¡L-Lysandro! ¡Leigh! ¡Aaaahhh! ¡Más, más! ¡Por favor! ¡V-voy a correrme! –Ambos obedecieron a mis suplicas, sujetándome y embistiéndome con fuerza entre jadeos.

-¿Así Twi? C-córrete para nosotros, por favor… -A pesar de la situación, él seguía con su tono tranquilo. Pero no podía evitar jadear. Se estremeció cuando el clímax llegó, y mi cuerpo tembló mientras, con un grito, llegaba junto con ellos.

Un gran grito.

-¡A-a-Aaaahhh! –Cerré los ojos mientras sonreía.

Infinitamente… Lo mejor.


-¡Twilight! ¡Ahí estás! –Giré la cabeza. Iba saliendo del hotel con el mismo bikini rosado que mi amiga me había prestado, cuando escuché mi nombre.

Castiel.

-¡Hola! Perdona, me distraje, encontré a Lysandro hace un rato y… -Me abrazó con fuerza de la nada. Me quedé quieta sin entender. -¿Eh?...

-Eres una tonta, ¡Nanami! Me dijeron que te peleaste con la molesta de Ámber. ¿Te hizo daño? ¿Te heriste? –Tocó mi rostro, revisándome con cuidado. Lo miré sin entender. ¿Éste era Castiel?

-¿Tú te hiciste daño? ¿Te golpeaste en la cabeza o algo así? –Me miró confundido.

-¿Por qué dices eso…? –Se alejó rápidamente al percatarse lo que estaba haciendo, e intentó lucir como si nada. –Le dije a tu padre que te mantendría a salvo, y no quiero ir a la cárcel por golpearlo si me dice alguna estupidez porque te pase algo. Vámonos… -Tomó mi mano, pero me miró de reojo. –Ese bikini es bonito. Si tuvieras más pechos… -Pisé su pie molesta.

-¡CÁLLATE! –Desvié la mirada, y miré mis pechos.

Vaya, no se veían tan mal. Incluso pensaban más. Sonreí, fantaseando. ¡Finalmente tendría cuerpo de mujer!

-Tabla, acelera el paso y quita esa cara de excitada. –Me ordenó el pelirrojo mientras su perro lo seguía. Hice un puchero. Él nunca dejaría de llamarme así ni aunque de repente tuviera melones en vez de naranjas. ¡Pero ojalá pasara!

La noche pronto llegó, varios chicos se reunieron en un restaurante a cenar, pero yo no tenía mucha hambre. Raro, porque yo siempre tenía hambre.

-Castiel, enserio, si quieres puedes ir a cenar. Sé que Lysandro te invitó, y sería una grosería que no fueras. –Me jaló de la mano mientras que con la otra cargaba algunas maletas, dirigiéndose a recepción del hotel. Negó con la cabeza.

-También te invitó a ti. ¿Te sientes muy mal? –Se recargó en el escritorio mientras la encargada ingresaba unos datos. Suspiré.

-Sólo me siento débil. Podemos ir pero no comeré nada. –Me recargué contra él. Él me recibió rodeándome con sus brazos.

-Señor Leunam, su habitación está en el último piso. ¿Quiere que le llevemos las maletas? –Asintió. Me tomó entre sus brazos y caminó al ascensor.

-Qué suerte la tuya. Pesas bastante, y hasta el último piso. –Soltó una risa. Lo miré sonriendo débil. Me sentía agotada. ¿Mucho sexo? Me había ido peor antes, pero no me sentía así.

El ascensor comenzó a subir cuando estábamos adentro. Y esa sensación me causó náuseas, horribles. No iba a vomitar encima de Castiel, ni loca.

-Bájame por favor. –Le pedí. Él me miró sin entender.

-¿Qué? ¿Te sientes mejor? –Me bajó. Me alejé de él y me hinqué en el piso, pero seguíamos subiendo.

-Detén el ascensor… -¡Qué vergüenza! ¡No enfrente de él! ¡No ahora!

-¿Nanami? No se va a detener hasta que lleguemos… Nanami, ¿Qué te pasa? –Se agachó hasta donde estaba. -¿Te sientes mal? ¿Qué pasa?

-Voy a vomitar Castiel, ¡Detén el maldito ascensor! –Tragué saliva con dificultad. Sabía que no podía hacer eso, o sino sería una emergencia y todo el hotel se alertaría. No quería eso. –No lo hagas, esperaré a que lleguemos… -

-Faltan 3 pisos, tranquila… Carajo… -Acarició mi espalda. No sabía qué hacer, era obvio.

Apenas las puertas se abrieron, me levanté con rapidez y busqué el bote de basura más cercano, ya no lo soportaba.

Y enfrente de Castiel, vomité. Él en vez de alejarse, se acercó a mí y retiró algunos mechones de mi rostro preocupado. Y como siempre ocurría, cuando desaparecieron las náuseas de la nada, me enderecé y lo miré como si nada hubiera pasado.

-Perdóname, ¡Qué vergüenza que hayas visto eso! –Bajé la mirada.

-No digas eso, idiota. ¿Todavía tienes asco? ¿Quieres ir a ver a un doctor? –Negué con la cabeza.

-No, no, algo tiene mi estómago, ya no comeré nada más que una dieta de vegetales. Incluso estoy inflamada. –Caminé a la habitación. -¿Cuál se supone que es la mía?

-JA. La tuya. –Abrió una puerta con una llave y me indicó que pasara, luego, él también entró. –No voy a alquilar una especialmente para ti, niña. No cago dinero.-

-¡P-pues entonces yo la pago! –Lo miré sonrojada. ¿Dormiría conmigo?

-Si no quieres que duerma contigo, dormiré en el sofá. No quiero dejarte sola, eres tan idiota que te pueden venir a violar y tú no despertarías hasta el día siguiente. –Caminó hasta la cama y sacó un cigarro.

-No es eso, es que todas las mañanas amanezco con náuseas, y me daría mucha pena vomitarte o algo así… -Suspiré. Me senté a su lado. –No fumes aquí, es un lugar cerrado.

-Aguántate. –Me dijo llevándose el cigarro a la boca y sacando un encendedor. -¿Hace cuánto que tienes náuseas?

-Una o dos semanas, no recuerdo. Antes de los exámenes. –No le tomó importancia al asunto. Encendió el cigarro e inhaló, para que al exhalar sacara humo. Sonrió arrogantemente.

-No importa. Si me vomitas, te follaré duro hasta romperte. –Me levanté alarmada.

-¡ ¿P-POR QUÉ SACAS ESAS COSAS AHORA?! –Me sonrojé. Era capaz de hacerlo. Rio.

-Para ver la cara que pones. Cámbiate, ya quiero apagar la luz. Mañana le diremos a Lysandro que no pudimos ir. –Se enderezó un poco y quitó su chaqueta negra. Yo agarré la bolsa que traía y entré al baño, colocándome una pijama ligera, y al salir, el pelirrojo estaba sólo en bóxer.

Oh, demonios, se veía tan excitante.

-¿Dónde está Demonio? –Le pregunté mientras me acostaba en la cama.

-Ya que el hotel no admite perros, se lo encargué al padre de Violeta. Tiene una casa cerca de aquí, iremos por él cuando nos vayamos. –Se recargó con los brazos en la cabeza, mientras exhalaba ese humo de nuevo. Tosí.

-Deja de fumar o salte, no me gusta el olor. –Le exigí.

-Salte tú o aguántate. –Me dijo. Ya me había acostado, pero me volví a levantar.

-¡Que apagues el maldito cigarro! ¡Esa cosa pudre tus pulmones! –Le grité.

-¡Me importa un carajo! ¡Duérmete y cállate, esto no te va a matar!

-¿¡Cómo sabes!? –Oírlo gritar era común. Pero sentí unas inmensas ganas de llorar. Unas muy grandes.

-¡Nanami, esto no mata, es un estúpido cigarro! –Lo señaló, molesto.

-¡Si me muriera no te importaría! –Le grité, llorando. -¡No me quieres!

Corrí al baño y me encerré. Él suspiró molesto, y se acercó a la puerta después de un rato.

-Nanami, abre. –Me ordenó. Me quedé callada, sentada en la bañera. –Por favor. Lo siento, tienes razón, no debería fumar en lugares cerrados. –No hablé. –Nanami…

Desvié la mirada. Quizá debía abrirle. ¡No! ¡Me había hecho sufrir mal! ¡Que sufriera!

-Con un carajo, Nanami. Ábreme. ¡Deja de comportarte como una niña pequeña! ¿Estás en tus días acaso? –Bufó molesto. Lo estaba desesperando.

-¡No! ¡Mi periodo es el 8! –Le grité. -¡Ahora vete si tanto te molesto! –Abracé mis piernas con fuerza.

-¡Bien! ¡Me iré! ¡Muere sola! –Me gritó, alejándose. Suspiré hondo y seguí chillando por un rato, hasta que escuché sus pasos de nuevo. ¡Que no me joda!

-Nanami… ¿Cuándo dijiste que te venía el periodo? -¿Y a él que le importaba?

-¿Vas a comprarme tampones? ¡Qué te importa! –No me jodas ahora.

-¡Contesta, demonios! –Se desesperó.

-¡El 8! –Bostecé. Estaba cansada. Me levanté y caminé abriendo la puerta, y esquivé a Castiel para ir a la cama. –Duermes en el sofá.

-¿Qué día crees que es hoy? –Suspiró, estresado.

-No sé… ¿7, 8? ¿Hoy es mi periodo? ¿Eso? –Me recosté sin tomarle importancia al asunto.

Soltó una risa.

-Qué mal andas, eres peor que Lysandro. ¿Piensas que pasó una semana desde los exámenes? Han pasado dos. Hoy es 17 de Julio. Apenas regresemos a casa, iremos al instituto. –Me levanté de golpe.

-¿¡Estás jugando!? ¡No puede ser! –Corrí a buscar mi celular para ver la fecha. 17 de Julio. Busqué el periódico del hotel. 17 de julio. Agarré el celular de Castiel. ¡17 de julio! ¿Y ahora? –No puedo estar retrasada tanto. ¡Nunca me había pasado! –Lo miré alarmada. Castiel se quedó quieto, congelado. Sufrió un pequeño tic en el ojo cuando reaccionó.

-Tomas pastillas… ¿No? –Lo miré curiosa.

-¿Pastillas? ¿Para qué? –Levanté una ceja. Él se dejó caer en la cama. No entendía, ¿Tanto le afectaba que no me llegara el periodo? -¿Qué te pasa?

-¿¡ERES ESTÚPIDA O QUÉ!? ¿NUNCA TUVISTE CLASES DE EDUCACIÓN SEXUAL? Dios, dame paciencia. –Castiel se levantó y caminó hasta su maleta, buscando ropa.

-¿Qué haces? ¡Cas, explícame! ¿A dónde vas? –Lo seguí, alarmada por no entender nada.

-Nanami, Nanami, Nanami. ¿Con cuántos más has tenido relaciones? –Me preguntó. Me sonrojé. –No me molestaré, pero necesito saberlo. Cuenta los que se han corrido dentro de ti.-

Me quedé 2 minutos contando en mi mente.

Nathaniel, Castiel, Lysandro, Armin, Alexy, Leigh, Kentin...

-Siete. –Contesté apenada. –En total, 7. ¿Ya me explicas?

-Vengo enseguida. –Agarró su saco y caminó a la puerta.

-¡Castiel, explícame! ¿¡Qué demonios sucede!? ¿A dónde vas? –Lo jalé molesta.

-Voy por una prueba de embarazo. Ruega porque de negativa, porque donde tú estés desarrollando un bebé, la gorda que te va a cargar. –me dijo antes de azotar la puerta.

Y me quedé en shock.

Es cierto, nunca había recibido clases de educación sexual.

Sólo sabía que sexo significaba bebé…

Oh, no.

Admiraba a Lysandro por su falta de atención, pero yo era peor. ¿¡Cómo nunca tomé un maldito anticonceptivo!? Toqué mi vientre.

-M-más vale que seas una maldita lombriz… ¡Más te vale! -


Se le va a armar una grande.

A todos.

Cuando Nathaniel se entere...

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¡Nos leemos a más tardar mañana en la noche!

By: Nanami-chan~