Capítulo 9

El juzgado de guardia estaba abierto, pero no tenían los papeles necesarios para realizar la boda sorpresa. Así pues, una desilusionada Mai, una contrariada Natsuki, una decepcionada Shizuru, una despreocupada Mikoto, una borracha Midori, y una… bueno… Nao, salieron tal y como entraron del lugar: compuestas y sin boda.

- Mira que son estirados estos tipos…- Nao también iba un poco achispada, lo que significaba que tenía una mayor desvergüenza, si cabía.

- ¡Eso! ¡Deberían habernos dejado celebrar la boda! – Natsuki también había bebido un poco demás para envalentonarse y decir el "sí quiero".

- ¡Ferpectamente! – Midori ya casi no se tenía en pie.

- ¡Ahora, a por los laureles del césar! ¡Jijijiji! – Dijo Natsuki. Le encantaban los tebeos de Astérix y Obélix.

- ¡Ferpectamente! – Midori apoyaba la moción.

– ¡Jijijiji! – A Natsuki le entró la risa tonta.

- ¿A qué viene esa risa? ¿Acaso estás pensando en hacerme cositas? – Shizuru también quería divertirse.

Natsuki paró de reír, y se sonrojó, para deleite de la castaña.

- Parece que la cachorra quiere divertirse esta noche con su prometida… Será mejor que las dejemos a solas… - Nao no perdía oportunidad para incomodar a Natsuki.

- ¡Nada de eso! – Dijo una indignada peliazul.

- Entonces, ¿a qué viene ese sonrojo? – Nao volvía a la carga.

- Es que… etto… ¡he bebido demasiado! ¡Sí! ¡Eso es! – Dijo Natsuki vehementemente, aunque nadie la creía.

- Creo que lo mejor es que nos volvamos a casa. Ya es tarde… - Mai era la única sensata del grupo.

- ¡De eso nada! ¡La noche no ha hecho nada más que empezar! – Dijo Midori, que estaba ya un poco más sobria.

- ¡Ferpectamente! – Dijo Nao, imitando a la profesora.

- ¡Nada de tonterías! ¡Todas a casa! ¡Ya hemos hecho bastante el tonto por hoy! – Cuando Mai se ponía en plan madre, no había quien le rechistara.

Así, después de una noche un tanto alocada, y tras una larga discusión, las amigas se despidieron hasta otro día.

- ¿No me invitas a tu casa? – Dijo Shizuru con sonrisa picarona cuando llegaron al apartamento de Natsuki. Estaban las dos solas en el taxi, ya que las otras se habían ido en otro.

- N-no… creo que es mejor que vayamos a dormir… ¡pero cada una en su casa! - contestó Natsuki con toda la dignidad que tenía.

- ¡Ara! ¡Mi Natsuki no me encuentra atractiva! – Shizuru probó su táctica de hacerse la víctima.

- Ya te he dicho que no me engañas más con esos trucos… - Dijo Natsuki, para luego escapársele un bostezo.

- Está bien. – Dijo Shizuru rindiéndose. Ella también estaba cansada. – Muchas gracias por invitarme al karaoke. Siento que se frustrara lo de la boda rápida.

- Sí, bueno… siempre podemos venir mañana con los papeles en regla… - Natsuki quería librarse de una boda demasiado pública.

- Me lo pensaré. – Fue toda la respuesta que dio Shizuru. - ¿Un besito de despedida? – Shizuru quería probar de nuevo los labios de Natsuki. Ahora que conocía las intenciones de su prometida, empezaba a atraerle más.

- ¡De eso nada! ¡Adiós! - Abrió corriendo la puerta del taxi y salió como alma que se la lleva el diablo.

- Bueno, parece que es un poco tímida… - se quedó diciendo Shizuru. – Será cuestión de insistir…

A la mañana siguiente, una preocupada Mai llamaba por teléfono a una resacosa Natsuki.

- Natsuki, sé que somos amigas, pero también eres mi empleada. Ya deberías estar aquí. – Mai estaba regañando a la peliazul.

- Lo siento, Mai. Pero es que anoche una amiga se empeñó en ir al karaoke. Ya sabes cómo son esas cosas… te lías, te lías… - dijo Natsuki con ironía.

- ¡Ya mismo te quiero aquí! – Mai no se podía creer la cara que tenía su amiga.

- ¡Sí, mi sargento! – Dijo Natsuki colgando enseguida. Sabía que a Mai no le gustaba que le dijeran sargento.

Cuando llegó al Dios Gato, Mai la estaba esperando con los brazos en jarras.

- ¡No vuelvas a llamarme sargento! – Dijo con el dedo índice levantado.

- ¡Señor, sí, señor! – Dijo Natsuki saludando a lo militar.

- Parece que estamos de buen humor… ¿será que anoche hiciste esto y aquello con Shizuru? – Mai también sabía meter cizaña cuando quería.

- ¡Pues claro que no! ¿Por quién me tomas? – Dijo una más que indignada Natsuki.

- Bueno, basta de tonterías. ¿Te importaría que fuéramos a tu despacho para hablar sobre la inauguración del nuevo restaurante? – Dijo Mai en plan profesional.

- Sí, claro. Vamos. – Natsuki dio un bostezo.

- Será mejor que nos llevemos un café… - Dijo Mai, dirigiéndose a la zona de cafetería para coger dos cafés.

Una vez sentadas, se dispusieron a discutir el asunto.

- Verás, Natsuki. Me gustaría darle toda la publicidad posible al nuevo restaurante. – Empezó a decir Mai.

- Claro, claro. Yo también. – Se apresuró a decir Natsuki. – La campaña publicitaria ha sido todo un éxito. El otro día en el supermercado oí a una niña cantando la canción del anuncio que pusimos: "Dios Gato, Dios Gato, Dios Gato, el restaurante con los mejores platos" – Cantó Natsuki.

- Sí, sí… pero a lo que iba. Dentro de una semana es la inauguración, y va a venir la televisión y la prensa…

- Sí. Está todo preparado. Mikoto y yo estuvimos trabajando en todos los detalles.

- Sí. Pues verás, se me ha ocurrido que podrías invitar a Shizuru. Ella es muy famosa, y así se promocionará mejor. – Se aventuró a decir Mai.

- Sí, bueno… es que… no sé… - Natsuki empezó a rascarse la nuca.

- ¡Por los dioses, Natsuki! ¡Anoche casi te casas con ella! ¡Tampoco es que sea una desconocida! – Mai se exasperaba con la actitud de Natuski. Desde su punto de vista, tenía una suerte inmensa. Shizuru, además de toda la fama y la riqueza, era una mujer muy bella y muy agradable. No sabía a qué venía la indecisión de su amiga de ojos verdes.

- Ya lo sé… pero… es que me pone nerviosa, ¿sabes? – Dijo Natsuki muy bajito y mirando a los lados por si acaso alguien la había oído, aparte de Mai.

- ¿Te pone nerviosa? – Mai estaba sorprendida ante la declaración de su amiga.

- Sí. Se pone a hacerme bromas y a tontear conmigo… ¡le encanta ponerme colorada! – Natsuki se estaba mesando los cabellos del nerviosismo.

- Mira, Natsuki. Yo creo que vas a tener que acostumbrarte. – Empezó a decir Mai. – Al fin y al cabo, os vais a casar…

- Sí, pero me sigue poniendo nerviosa… - dijo Natsuki a modo de secreto.

- Te pone nerviosa… ¿te sudan las manos cuando la ves?- Inquirió Mai.

- ¡Exacto! – Natsuki respondió.

- ¿Se te hace un nudo en el estómago cuando estás cerca? – Siguió pregutando.

- ¡Sí, sí! ¿Crees que me pasa algo malo? – Natsuki no entendía por qué le afectaba tanto la presencia de Shizuru.

- No es nada, no te preocupes. En fin. Resumiendo: que la llames para invitarla el lunes que viene. A ver si no tiene algún otro compromiso. – Mai era todo negocios ahora. Además, no quería asustar a su amiga diciéndole que seguramente se había enamorado de la castaña. No creía que Natsuki fuera capaz de asimilarlo. Debería darse cuenta por ella misma. Natsuki era una de esas personas que descubrían sus sentimientos en eras geológicas, no en el tiempo normal humano. Debería rumiarlo ella sola.

- ¿Quieres que la llame ahora? – Dijo Natsuki.

- ¿Por qué no? – Mai no quería que Natsuki se echara para atrás.

- ¿Hola? ¿Natsuki? – Respondió Shizuru al otro lado del teléfono. - ¿No puedes vivir sin mí? – Preguntó con una sonrisa en los labios, sabiendo el resultado en la cara de su prometida, aunque no lo viera.

- ¡Déjate de bromas! Etto… - Natsuki empezó a dudar.

- ¿Sí? – Dijo Shizuru con expectación.

- Verás… ya sabes que Mai inaugura su nuevo restaurante el lunes… - empezó a balbucear Natsuki.

- ¿El de los mejores platos? – Al parecer, ella también se acordaba del anuncio. - Sí, ya lo sé. Me lo dijiste. ¿Pasa algo?

- Es que… hemos pensado… ¿podrías venir tú también? Para darle publicidad y eso… - se aventuró Natsuki.

- ¡Pues claro! ¡Me encantará! – Dijo Shizuru muy alegre, sabiendo que tendría la oportunidad de ver a su prometida de nuevo.

- ¡Genial!- La sonrisa de Natsuki era de oreja a oreja. – Entonces, nos vemos el lunes.

- ¿No nos vamos a ver antes? – Dijo Shizuru con tono de pena. – Después de todo, casi nos casamos anoche.

- Sí, ya… es que… tendré mucho trabajo… - a Natsuki se le estaba comenzando a hacer un nudo en el estómago, ante la posibilidad de ver nuevamente a Shizuru.

- ¿Mi Natsuki sólo me quiere para utilizarme? – Shizuru sabía que estaba jugando con los sentimientos de la peliazul.

- ¡No! ¡Por supuesto que no! – Natsuki había tragado el anzuelo.

- Además. Debemos preparar lo de la boda. – Shizuru tiraba del sedal. – He hablado con mi padre, y le alivió mucho que no nos casáramos a escondidas. Dice que quiere tener el honor de llevar a su hija del brazo hasta su futura esposa. – Shizuru le había contado toda la historia a su padre, incluso lo de las razones por las que Natsuki se casaba. Al saber que no era ni por su dinero ni por su fama, empezó a albergar buenos sentimientos por la prometida de su hija.

- Vaya… - dijo Natsuki toda decepcionada.

- En fin… ¿te gustaría cenar esta noche con nosotros? – Dijo Shizuru a la peliazul.

- Etto… - de nuevo, Natsuki rascándose la nuca.

- Di que sí. Mi padre quiere hablar contigo. – Shizuru era insistente.

- Está bien. Esta noche cenaremos juntos. ¿Dónde quedamos? – Preguntó Natsuki.

- En casa. Será mucho más cómodo. – Dijo la castaña triunfalmente.

- Está bien. Después del trabajo iré. – Dijo Natsuki contenta aunque nerviosa.

- Te esperaré, dulce diablo… - Shizuru sabía que ahora Natsuki estaría como un tomate.

- S-sí. Ha-hasta luego. – Tartamudeó Natsuki.

Mai había visto los cambios en la cara de su amiga. Definitivamente, Natsuki sentía algo por la actriz. Pero no sería ella la que se lo insinuara. Quizás hablaría con Nao. Nao parecía tener tendencias suicidas y seguramente no se cortaría en molestar a la peliazul. Mai se sonrió para sí misma. Algunas veces podía llegar a ser muy malvada.

En otro lado de la ciudad, planes más siniestros se desarrollaban.

- Éste es el hombre. Se llama Hiroshi Fujino. - Dijo Akio señalando a Hiroshi en una foto. – Ya sabéis. Que parezca un accidente.

- Hiroshi Fujino… va a ser difícil, con tanta seguridad que tiene. Es uno de los hombres más importantes de todo Japón… ¿Y la pasta? – Dijo uno de los hombres.

- La mitad ahora y lo que falta después de que lo hayáis hecho. – Dijo Akio adelantándole una suma más que sustanciosa.

- ¿Alguna petición especial? – Dijo otro de ellos.

- No. Sólo que no falléis. ¡Ah! Y a mí no me habéis visto jamás.


NA: Muchas gracias por los comentarios. Al final no habéis tenido que esperar tanto, jeje.