Sasuke se encontraba buscando a Sakura por todo el castillo. La última vez que la había visto había sido con la mujer de Suigetsu. Suspiró cansado. ¿Es que esta mujer no puede estarse quieta durante más de cinco minutos?- su mujer tenía la extraña habilidad de sacarle de quicio.
Esa noche iba a haber un banquete en su honor, y la anfitriona no aparecía por ningún lado.
Solo le quedaba un sitio por mirar, la habitación que compartían ambos. Dudaba que estuviera allí, al fin y al cabo la última vez que durmieron juntos ella le dejó muy claro que no quería volver a mantener relaciones con él. Sin embargo, no le apartó cuando se dispuso a besarla horas antes. Maldito bicho, si no fuera por tu culpa…- pensó con enfado el pelinegro al recordar como el cachorro había roto el ambiente.
El pelinegro se dirigió a su habitación. Cuando entró se encontró a la pelirrosa durmiendo. Pudo observar que la pelirrosa dormía a pierna suelta, sin ningún tipo de finura. Sus ropas, del movimiento se habían movido, dejando ver buena parte de sus muslos y casi sus pechos.
Sasuke la observó durante unos minutos. Si fueras igual de tranquila despierta que dormida todo sería más fácil- pensó. Se dispuso a acercarse cuando notó que algo se interponía entre él y su cama.
Rakki, como buen guardián, custodiaba el sueño de su "mamá". Sasuke alzó la ceja. Ya se estaba empezando a cansar de aquella bola de pelo.
-Apártate de mi camino- el Sharingan brillaba imponente en sus ojos. El pobre cachorro comenzó a temblar, y en vez de apartarse del camino de Sasuke fue directo a refugiarse en los brazos de la pelirrosa.
-Mmmm Rakki, estate quieto, déjame dormir- Sakura abrazó al cachorrito entre sus brazos. Rakki miró entonces a Sasuke, que creyó ver en los ojos de animal un brillo burlón en los ojos del animal, como si este le dijese que había ganado "la pelea" al refugiarse entre los brazos de la pelirrosa.
Sasuke avanzó hacia la cama y cogió a Rakki por la piel del cuello (por donde cogen las madres a sus crías), y lo levantó hasta quedar el cachorro a la altura de sus ojos.
-No quiero volverte a ver en esta habitación ni cerca de Sakura ¿entendido bicho?- La voz amenazante de Sasuke provocó que el pobre Rakki comenzara a temblar y a lloriquear.
-Mmmm Rakki que te pasa ahora- la pelirrosa se incorporó de la cama. Restregándose los ojos intentaba ver dónde se había metido su pequeño cachorro. Cuán grande fue su sorpresa al ver que se encontraba llorando porque Sasuke lo tenía agarrado de su piel- SASUKE SUELTA AL POBRE RAKKI, ¿NO VES QUE LO ESTAS ASUSTANDO?- Gritó mientras se ponía de pie de un salto.
-Hmm, solo le estoy enseñando a que obedezca órdenes- dijo el moreno serio sin dejar de mirar al pobre animalillo que todavía temblaba.
-¿Así es tu manera de hacer acatar órdenes Uchiha?¿A través del miedo?- dijo indignada Sakura. Se acercó a su marido y le arrebató a Rakki de entre sus manos. El pobre pequeño tigre se acurrucó entre los brazos de su "mamá" y se dejó acariciar por ella.- Ahora entiendo muchas cosas que me parecían extrañas- murmuró la pelirrosa por lo bajo.
-¿Has dicho algo?- El ojinegro la había oído perfectamente, pero quería saber a qué se refería su mujer.
-He dicho que ahora entiendo muchas cosas. Entiendo por qué la primera aldea por la que pasamos todo el mundo huía de nosotros y no nos daba la bienvenida. Entiendo por qué Karin y las mujeres de las cocinas les entraba el miedo con solo mi presencia.-dijo furiosa Sakura- la razón es porque temen al Clan. Tienen miedo que por el más mínimo error sus vidas cambien sin siquiera tener opción a subsanar el error.
-El miedo hace que la gente cumpla órdenes, hace que me respeten, eso es suficiente para mí- los ojos de Sasuke transmitían frialdad.
Las palabras de Sasuke dejaron en shock a Sakura. ¿Cómo es posible que el líder de las Tierras del Fuego fuese tan frío? ¿Cómo era posible que viera así a sus aldeanos?, los veía como simples objetos que cumpliesen sus órdenes.
-¿De verdad crees que el miedo trae consigo respeto? No, el respeto se gana a base de la confianza, el respeto es la consideración que los otros tengan sobre que la otra persona es digna de su confianza- dijo con determinación Sakura.
Sasuke permaneció impasible ante las palabras de la pelirrosa.
-La confianza solo genera debilidad; las personas en quien más confíes serán aquellas que más daño te pueden hacer Sakura, ten muy presente eso- el pelinegro se encaminó a la puerta- por si lo has olvidado, hay una cena en tu honor dentro de 20 minutos- se giró y la miró con cara seria- En 15 minutos vendré a por ti, estate preparada.
Sakura no podía creer lo que su marido había dicho; era imposible que no confiase en nadie. Rakki se movió entre sus brazos obligándola a salir de sus pensamientos. Tenía que prepararse.
Sin embargo, no tenía más ropa que esas. Se dispuso a mirar por todos los rincones de la habitación. Se dio cuenta que había una puerta que daba a un enorme baño, con una bañera gigante. Decidió que tomar una ducha no estaba de más. Una vez aseada y fresca se dispuso a encontrar algo de ropa.
Justo al lado de la puerta del baño había otra. Cuando la abrió Sakura se sorprendió. Era un bastidor lleno de ropa, tanto de ella como su marido. Supuso que esa ropa era para ella, así que cogió un yukata morado con flores de cerezo en los bajos del vestido, y un obi rosa. Le picó la curiosidad y decidió mirar entre la ropa de su marido, y encontró lo que estaba buscando: un estuche con armas. Sonrió, había de todos los tipos, mas ella cogió solo un kunai. Solo por si acaso, más vale prevenir que curar- pensó la pelirrosa.
Salió del armario portando la ropa que había decidido ponerse y… vio que Sasuke estaba esperándola sentado en la cama. Se encontraba mirando fijamente a Rakki, que estaba enfrente del moreno. Cuando oyeron que Sakura salió del armario se giraron a verla.
Las mejillas de Sakura se sonrojaron, y no era para menos. Se encontraba solo con una toalla que tapase su desnudez. Sasuke se levantó y comenzó a caminar hacia ella. Rakki, que fue más rápido se puso enfrente de Sakura; Sasuke al llegar a la altura del cachorro lo empujó con el pie hasta que el tigre quedó dentro del armario y cerró la puerta.
A continuación se acercó a Sakura, que permanecía estática. Sasuke fue acercándose lentamente a donde estaba la pelirrosa. Estaban a escasos 5 centímetros cuando el moreno se abalanzó contra sus labios. Sakura intentó apartarse, pero el moreno ya la tenía agarrada.
-Esta vez ese bicho no nos va a interrumpir Sakura- susurró Sasuke en su oído, provocando un escalofrío en la pelirrosa. Sasuke volvió a reclamar los labios de la pelirrosa, quien esta vez sí que empezó a corresponder.
Sakura recuperó la cordura el instante en el que el pelinegro la depositó en la cama.
-Sasuke, la cena, llegaremos tarde- dijo entre el beso.
Sasuke la miró con lujuria y sonrió de lado.
-Que le den a la cena- selló sus palabras con un fogoso beso. Sakura, aunque quisiera lo contrario, deseo en ese momento que su marido continuase, pero un pensamiento rondó su cabeza.
-Sasuke si no voy a la primera cena en la que soy yo la anfitriona la gente del clan pensará que no me lo tomo en serio- las palabras de la pelirrosa hicieron detener al pelinegro, que se separó de ella como si le quemara.
-Tss, dos minutos, eso es el tiempo que te queda, te esperaré fuera- y sin más salió por la puerta.
Sakura todavía se encontraba agitada. El beso del pelinegro le había provocado un calor que no podía explicar. ¿Y tú decías que esto no volvería a pasar?-dijo la voz de su cabeza- al final no eres tan fuerte como pensabas ¿eh Sakura?- la voz de su cabeza no la dejaba en paz.- Es por el pacto- pensó ella.- Si claro por el pacto. Sacudiendo la cabeza se vistió lo más rápido que pudo, ató el kunai en su muslo y se dispuso a irse. Sin embargo volvió sobre sus pasos y sacó al pobre Rakki que todavía estaba encerrado en el armario. Cuando abrió la puerta el pequeño cachorro salió disparado hacia sus piernas, donde se restregó. Sakura miró horrorizada la estampa que había dentro del armario: toda o casi toda la ropa de Sasuke estaba hecha trizas.
-Rakki, creo que esta noche será mejor que no duermas aquí. Cuando Sasuke se de cuenta de lo que has hecho seguro que no te querrá hacer nada bueno- dicho esto el pequeño tigre gruñó, como diciéndole a su dueña que no le tenía miedo. Con un suspiro le indicó con la cabeza al tigre que debían salir- vamos Rakki, y no hace falta que te diga que te comportes ¿verdad?
Al salir de la habitación les estaba esperando Sasuke con cara de molestia
-¿Es que acaso el bicho no puede separarse de ti ni para comer?- la molestia de su voz era notable. Sakura lo ignoró y pasó de largo.
-Como buen guardián que es, debe acompañarme para que nada me pase, ¿verdad Rakki?- el pequeño tigre gruñó, asintiendo a lo que dijo su "mamá".
Con un bufido de fastidio Sasuke se puso a la altura de la pelirrosa y se dispusieron a ir al salón donde su clan les estarían esperando.
Una vez que entraron los dos, el salón se calló por completo. Todos los allí presentes se levantaron e hicieron una reverencia. Una vez Sasuke y Sakura se hubieron sentado a la cabeza de la gran mesa, los demás les siguieron.
La cena fue aburrida, para que mentir. Mikoto se había sentado al otro lado de la mesa, por lo que Sakura no tenía con quien conversar. Mientras comía notaba como algunas de las mujeres la miraban de reojo.
-¿Has visto cómo siempre va con ese animal?¿Es que en las Tierras Libres son tan salvajes que sientan a sus animales a la mesa?- La mujer, de unos veinte años, esperaba que su comentario no llegara a oídos de la pelirrosa. Pero ella era kunoichi, tenía bien desarrollados sus sentidos. No pudo evitar fulminarla con la mirada a lo que la mujer, que bajó instantáneamente su cabeza avergonzada.
Una vez terminada la cena se sirvió el té. Sakura había tomado clases de etiqueta alguna vez, puesto que era la sobrina de los líderes de las Tierras Libres debía conocer el protocolo por si alguna ocasión de diplomacia se lo requería. Otra vez, sintió la mirada de todos en ella.
De verdad, parecen buitres esperando que su presa muera para atacar- pensó la pelirrosa malhumorada.
Ahora podía entender por qué Karin había sido tan reticente cuando le propuso ser su amiga. Casi todas las mujeres que portaban el apellido Uchiha tenían en común la frivolidad y la altanería, cosa que desagradó en gran manera a la pelirrosa.
Una vez todo terminó tanto ella como Sasuke se levantaron, agradecieron la presencia del Clan en aquella cena y se fueron a su habitación.
Una vez en la habitación Sakura soltó un suspiro de alivio.
-Por favor, dime que todas las comidas no serán así- dijo con fastidio la pelirrosa.
-¿Acaso ha sido tanto el esfuerzo de comportarte como una mujer normal durante escasas dos horas?- dijo con malicia el pelinegro, a lo que Sakura lo fulminó con la mirada.
-Siento mucho no ser de las mujeres que le gusta meterse en la vida de otras personas Sa-su-ke-kun- dijo con ironía la chica.
Rakki se había acomodado entre sus brazos, y restregaba su cabeza contra los senos de la muchacha, cosa que hizo enfurecer al moreno.
-¿No te había dicho que el bicho no durmiera aquí?- dijo con molestia.
-¿Y dónde pretendes que duerma? El pobrecito solo es un cachorro, seguro que se asustará por las noches si no está acompañado- Sakura sabía perfectamente que el cachorro podría dormir solo, lo que pasaba es que tenía miedo de quedarse completamente a solas con Sasuke.
-Dormirá fuera. Si tan guardián se cree que custodie la puerta, total nadie se atreverá a atacarte mientras esté yo en esta habitación- dijo el moreno con arrogancia.
Rakki, al saber que pretendían echarlo se pegó todavía más a la pelirrosa, y le dirigió a Sasuke una mirada de desprecio mientras bufaba.
Suficiente- pensó el pelinegro. Se acercó a Sakura, le arrebató a Rakki de sus manos y lo llevó hasta la puerta. Donde le dijo:
-Si tan bueno te crees protegiéndola, has guardia por la noche- dijo con desprecio el moreno, que esquivó por poco un mini-zarpazo que le dio Rakki. El cachorro buscó con la mirada a Sakura, que con un suspiro de resignación le indicó que debía obedecer al pelinegro. Sería mejor que estuviera fuera en el momento en el que Sasuke se diera cuenta del destrozo que había hecho el animalillo a su armario.
Sasuke cerró la puerta, dejándolos solos a ellos dos. La pelirrosa se tensó. No sabía por qué su marido cuando estaban a solas conseguía ponerla así. ¿Es que acaso no es obvio Sakura? Te excita- dijo su inner- ¡TONTERIAS! ALGUIEN COMO ÉL NO PUEDE EXITARME-pensó la pelirrosa agitada- Sísísí, lo que tú digas, pero acuérdate como te pusiste cuando te besó antes- Sakura maldijo para sus adentros, su inner tenía razón aunque ella no lo admitiera.
Salió de sus pensamientos al notar el aliento del Uchiha contra su nuca. Notó como le soltaba el cabello. Pasaron unos segundos, aunque a la pelirrosa le pareció una eternidad. Notó como el moreno le ponía las manos en la cadera y la atrajo hacia sí, pegando la espalda de la pelirrosa al torso del moreno.
-¿Por qué estás tan tensa Sa-ku-ra?- dijo el moreno mientras comenzaba a besar el cuello de la pelirrosa, que no pudo evitar soltar un suspiro de placer. El moreno sonrió de lado; su mujer estaba empezando a responder ante él. Las manos de Sasuke empezaron a recorrer el cuerpo de su mujer; ella por su parte no opuso resistencia; muy en el fondo deseaba que pasase lo que estaba pasando.
Sasuke giró rápido a Sakura, habiendo que ésta perdiera el equilibrio, obligándola a apoyar ambas manos en el bien formado pecho de Sasuke. La joven alzó la cabeza lo que aprovechó el moreno para atrapar sus labios. Al contrario que las otras veces, la pelirrosa respondió sobre la marcha. Si esto ha de pasar al menos lo disfrutaré-pensó Sakura- pero acuérdate no enamorarte de él, eso solamente te hará sufrir Sajura. No, no puedo enamorarme de alguien como él.
El beso subió de tono. Las manos de la pelirrosa subieron hasta enredarlas alrededor del cuello del moreno, cosa que facilitó todavía más el beso. Las manos de Sasuke recorrió el cuerpo de la morena. Cuando se encontraba tocando los muslos de su mujer notó algo que hizo que rompiera el beso.
Le levantó el vestido sin ningún miramiento y vio lo que había sentido.
-¿Qué haces con esto?- dijo en tono frío sujetando el kunai que antes portaba la pelirrosa. Ella giró su cabeza.
-Solamente lo quería para darme seguridad, no quiero sentirme desarmada- dijo en un susurro.
-Aquí nadie osará ponerte la mano encima, así que no quiero volver a verte portando ningún tipo de arma- decretó serio el pelinegro- no es propio de una mujer decente portar armas en su propia casa.
El ambiente cambió tras las palabras del pelinegro. Sakura lo separó de sí con un empujón.
-¿Estás diciendo que soy indecente solo por ser precavida?-dijo indignada la pelirrosa-No sé si te has dado cuenta, pero las miradas y comentarios de hoy fueron una manera sutil de decirme que no soy bien recibida aquí.
El moreno no quería admitirlo, pero la pelirrosa tenía razón. El clan en sí, exceptuando a unos pocos, miraba con malos ojos a la pelirrosa. Podía llegar a entender la necesidad que tenía ésta de sentirse segura.
-Te lo repetiré solo una vez, nadie va a ponerte la mano encima- volvió a cogerla por las caderas y a presionarla contra su cuerpo- así que deja de pensar que alguien te atacará. Nadie sería tan idiota de ir en contra de la mujer de un Señor de la Guerra.
-Aun así me gustaría poder…- fue acallada otra vez por los labios del moreno. Sasuke sonrió, había encontrado la manera de hacer callar a aquella mujer tan molesta. Todavía con el kunai en su mano, rajó la parte delantera del yukata que portaba Sakura. El vestido se abrió dejando a una Sakura completamente desnuda.
Sakura por su parte se sonrojó a más no poder. La mirada de Sasuke no se despegaba de su cuerpo. Intentó cubrirse el cuerpo con las manos, pero éste se lo impidió cogiendo sus manos y poniéndoselas en su espalda.
-Sakura, ¿no eres consciente que ya te he visto así antes?- dijo el pelinegro haciendo sonrojar todavía más a la pelirrosa- ¿Por qué te empeñas en hacerlo difícil?- dijo mientras rozaba sus labios contra el cuello de la pelirrosa.
Sakura, que hasta entonces tenía sus manos en la espalda del pelinegro, las subió hasta la cabeza del muchacho. Yo también puedo jugar Sasuke, no volveré a quedarme atrás- pensó la pelirrosa.
-Si fuera todo tan fácil no sería divertido ¿verdad Sasuke-kun?- las palabras de la ojijade hicieron que la sangre del Uchiha se volviese fuego. La cogió en pensó y la tiró en la cama sin ninguna delicadeza.
Entonces comenzó una pelea de besos, de caricias, a ver cuál de los dos sería el primero en ceder.
Sakura, pareciéndole injusta la diferencia de condiciones, decidió quitarle el haoi, dejando al pelinegro por un instante en shock, a lo que a continuación sonrió. Conque quieres jugar ¿eh Sakura? Pues muy bien, juguemos- pensó con lujuria el pelinegro.
Siguieron besándose de manera salvaje, solo se separaron para tomar el aire. Se miraron a los ojos; ambos estaban nublados por la pasión.
Esta vez fue Sakura la que decidió iniciar el beso. Mientras tanto se deshizo de lo que quedaba de su yukata, y se dispuso a hacer lo mismo con lo que le quedaba de ropa al Uchiha. Éste por su parte no salía de su asombro, ¿esa era la misma mujer que horas antes lo había rechazado? Definitivamente no te entiendo Sakura- pensó con una sonrisa en los labios.
Debido a que ella estaba debajo de él le era difícil quitarle la parte de debajo de su vestimenta. Él al ver que la pelirrosa no podía, se los quitó el mismo, dejando ver su hombría.
Sakura abrió mucho los ojos, la última vez (que a su vez fue la primera) que había estado con el pelinegro estaba tan nerviosa que no reparó en esa parte de su anatomía. El pelinegro al ver donde miraba la pelirrosa rio con sorna.
-¿Acaso has cambiado de opinión Sakura?- volvió a tumbarse sobre ella- No me dirás ahora de parar ¿verdad?- dijo mientras le lamía el cuello a su mujer- al fin y al cabo lo estamos pasando bien ¿no?- las manos del moreno se encontraban ahora masajeando los senos de la chica.
Sakura agitada por las caricias de su marido decidió que ya era hora de hacer algo.
-Aquí el único que ha dicho algo de parar has sido tu Sa-su-ke-kun- dijo entrecortadamente la pelirrosa, quien comenzó a pasar sus manos por la espalda de su marido, provocando un escalofrío en el moreno.
Sus labios reclamaron los de la ojijade, que correspondía con igual ímpetu que el moreno. Sus manos se movieron hasta el pecho bien formado del pelinegro. Fue consciente en ese momento de la cantidad de cicatrices que tenía su marido. ¿Cuántas batallas habrás librado Sasuke?-pensó en un momento de cordura, que fue roto cuando Sasuke bajó una mano hacía su feminidad.
Sin poder evitarlo soltó un gemido de placer, arqueando su cuerpo contra el cuerpo del moreno.
-¿Lo estás disfrutando Sakura?- dijo el Uchiha con la voz ronca por el deseo.
-Cierra la boca Uchiha- dijo la pelirrosa a duras penas, el placer no la dejaba pensar con claridad.
Decidió entonces que ella no se quedaría atrás. Sus manos bajaron por el pecho del pelinegro, era apenas un roce. Fue bajando por su duro torso, debido a las innumerables horas de duro entrenamiento. Justo cuando estaba a punto de llegar al centro del muchacho, éste agarró las manos de Sakura y las puso sobre la cabeza de la pelirrosa.
-¿Acaso has cambiado de opinión Sasuke-kun?¿No me dirás que quieres parar ahora verdad?- dijo con orgullo la pelirrosa, que aunque tenía los ojos entrecerrados por el placer todavía tenía ganas de "pelea".
En ese momento Sasuke perdió todo el control que tenía. Abrió las piernas de su mujer, y de una sola embestida se adentró es ese pequeño cuerpo, provocando un sonoro gemido de placer por parte de ella, y uno ronco por parte de él.
Al contrario que la vez anterior, Sakura no permaneció estática; movía la cadera al compás del pelinegro, que al notar que su mujer (y él) demandaban más soltó las manos de la chica para poder arremeter contra ella con más fuerza.
Las manos de la pelirrosa fueron a la espalda del pelinegro. Cada vez que él se enterraba en ella, la pelirrosa no podía evitar arañarle la espalda.
Los gemidos de ambos eran ahogados entre besos. ¿Vas a dejar que él tenga todo el rato el control Sakura?- escuchó Sakura en su cabeza- No, definitivamente no. Con este último pensamiento, ató sus piernas en torno de la cintura del pelinegro, y haciendo toda la fuerza que pudo lo volteó, quedando esta vez ella arriba.
Sasuke no podía salir de su asombro. En todos los encuentros que había tenido con anterioridad había sido él quien tenía el control, ninguna mujer se había atrevido a arrebatárselo. Intentó incorporarse, pero fue detenido por la pelirrosa.
Ésta empezó a mecerse sobre él, al principio con torpeza, pero cuando fue cogiendo confianza comenzó a cabalgarlo con pasión.
El moreno no pudo evitar soltar un gemido ronco, lo que provocó que la pelirrosa se riera.
-¿Lo estás disfrutando Sasuke?- dicho esto empezó a moverse con mayor rapidez. Su cuerpo era recorrido por continuas descargas de placer.
Sasuke notó que las paredes de Sakura fueron presionando su miembro, supo que ella estaba próxima al orgasmo.
Haciendo su mayor esfuerzo consiguió darle la vuelta, quedando ahora él arriba de ella. Se acercó al oído de la pelirrosa y le susurró:
-Ten claro Sakura, que aquí mando yo- y tras este susurro empezó a embestirla con fuerza.
La pelirrosa no podía hacer otra cosa que gemir. Intentó parar mordiéndose el labio inferior, lo que solo provocó que el Uchiha la penetrara con mayor fuerza.
El orgasmo la sacudió en un instante. Los gemidos salían ahora sin poder ser acallados. Su cuerpo se pegó todavía más al del pelinegro que aumentó el ritmo al saberse próximo al orgasmo, que unos instantes más llegó. Esta vez, un gemido más alto y ronco que los anteriores salió de su garganta.
Sasuke no pudo hacer otra cosa que desplomarse sobre sus codos, para evitar aplastar a su mujer.
Ambos intentaban recuperar el aliento. Esta vez había sido muchísimo más intensa que la anterior. Conque la gatita en realidad es una tigresa- pensó con una sonrisa en los labios.
Una vez que él recuperó el aliento salió de dentro de la pelirrosa. Sakura sintió en ese momento como entre sus muslos se escurrían los fluidos de ambos. Sasuke se acostó al lado de la pelirrosa y le pasó un brazo alrededor de ella. Ella, no supo por qué, se acurrucó contra el pecho de él.
Estuvieron unos momentos así, sin hablar, sin decirse nada. Justo cuando la pelirrosa estaba quedándose dormida, Sasuke se levantó de un salto.
-¿Qué pasa?-preguntó entre desconcertada y medio dormida la pelirrosa. Al ver que el moreno se vestía preguntó- ¿A dónde vas?
-No te incumbe- la voz de Sasuke volvía a tener el tono frío tan característico de él, desconcertando a la pelirrosa. ¿Acaso había hecho algo mal?
Vio como el pelinegro terminaba de vestirse, y cuando estuvo listo salió por la puerta sin mirarla siquiera.
Sakura no salía de su asombro. Idiota, ya consiguió lo que quería, ¿pretendías que se quedara junto a ti y durmieran abrazados como una pareja de enamorados?- la voz en su cabeza golpeó con fuerza a la pelirrosa.
-Definitivamente eres idiota Uchiha- dijo con lágrimas en los ojos- ¿tanto te desagrado que ni siquiera eres capaz de dormir conmigo?
Furiosa, frustrada, e inexplicablemente un poco triste, la pelirrosa decidió dormirse. Si él venía otra vez no la encontraría predispuesta a tener otra ronda.
Fuera de la habitación se encontraba Sasuke sumido en sus pensamientos.
En sus 25 años de vida nunca había deseado tanto a una persona como deseaba a aquella pequeña salvaje. Cuando terminaron y se encontraban abrazados, estaba tan relajado que por un momento casi cae en las manos de Morfeo. Fue en ese momento cuando una alarma sonó en su cabeza. Había bajado la guardia. Había bajado la guardia por primera vez desde que tenía uso de razón.
Por esa razón se había ido de la habitación. Necesitaba aire fresco, no aquel aire impregnado de pasión, de la pasión que habían vivido ellos dos momentos antes. Necesitaba pensar con claridad.
¿Qué me estás haciendo bruja?- pensó con resignación el muchacho- solo estás así porque ella se hace la difícil. Es bien sabido que me gustan los retos. Una vez que la dome se me pasara.
En esos momentos un rugido llamó su atención. Bajo la cabeza y vio a Rakki. El pequeño tigre lo miraba como si le estuviera reprochando algo. Pss maldito bicho- pensó.
Tras esto decidió dar una vuelta, no quería volver a su habitación. No creía poder aguantar el control de sí mismo se volvía a ver a su mujer desnuda y con las mejillas sonrojadas.
-Tss. Malditas sean las mujeres de las Tierras libres.
Sakura se levantó al día siguiente. Sin girarse, sabía que su marido no estaría allí. Frustrada arrugó las sábanas que la cubrían.
-Vamos Saku, esto no debería molestarte- con un suspiro de resignación, le levantó camino al baño. Una vez aseada y vestida salió de la habitación.
Fuera se encontró al pobre Rakki, que le dio un gruñido. La miraba con reproche, como queriendo decir que le había dejado solo toda la noche.
-Buenos días Rakki- dijo la pelirrosa agachándose para quedar hasta la altura del cachorro- siento haberte dejado solo, pero te lo recompensaré con un gran desayuno ¿qué me dices?- el cachorro soltó un gruñidito.- Bien, vamos, que hemos quedado con Karin para ir a desayunar.
Sakura encontró a Karin en el patio central donde se habían conocido el día anterior.
-¡Buenos días Karin!-Sakura observó que la joven tenía los ojos rojos, parecía haber estado llorando toda la noche-Karin ¿estás bien?¿Te hizo algo Suigetsu?-preguntó preocupada la pelirrosa.
Como respuesta Karin se abalanzó sobre ella y empezó a sollozar.
-Sakura, se ha ido-pudo decir la pelirroja- se ha ido al frente.
Sakura no entendía nada.
-¿Qué frente Karin?¿De qué estás hablando?
Karin levantó la cabeza y miró a Sakura a los ojos.
-¿No te ha dicho nada Sasuke-sama?-dijo en un susurro.
-No- dijo seria- Karin, vamos primero a desayunar y cuando estés más tranquila me lo cuentas ¿vale? En tú estado no es bueno ponerse así.- tras asentir, la pelirroja y Sakura fueron a las cocinas, donde fueron recibidas con sorpresa.
-Sakura-san, ¿qué va a querer para desayunar?- preguntó la mujer mayor del otro día, suponía que era la jefa de cocina. Creía recordar que su nombre era Kaya.
-Algo de fruta si tienes Kaya, la verdad es que no tengo mucho apetito esta mañana, ¿te parece bien fosforito?-preguntó Sakura a la pelirroja.
-Sí, yo tampoco tengo hambre- Sakura desconocía porque la pelirroja estaba tan decaída. Suigetsu más te vale que no sea tu culpa porque como así sea eres hombre muerto-pensó la pelirrosa.
Una vez terminaron de comer fueron a la habitación de la pelirrosa, no quería ser interrumpidos por nadie o peor aún, ser escuchados por alguien indebido.
Karin suspiró y comenzó a hablar.
-Ayer, cuando terminamos de cenar le dije a Suigetsu que estoy embarazada. Me preocupé bastante porque no reaccionaba, no me dijo nada. Cuando pasaron unos minutos no paraba de maldecir- dijo entre lágrimas la pelirroja- pensé que era porque no quería al bebé. Cuando empecé a llorar me abrazó y me acarició la cabeza con ternura diciendo que todo estaría bien- dijo sorbiendo un poco de la nariz. A continuación miró a los ojos de la pelirrosa -me dijo que le encantaba la idea de ser padre, pero que maldecía su suerte de que pasara justo ahora, cuando tenía que ir al frente.
-¿Qué frente Karin?- preguntó intrigada la pelirrosa.
-Sakura, ¿has oído hablar de la organización Akatsuki?- la pelirrosa se congeló. Claro que había oído hablar de ella. Era una organización antisistema que quería provocar el caos en el mundo. Simplemente mencionarla era motivo para que los más expertos ninjas tuvieran pánico. Al ver como la pelirrosa asentía Karin prosiguió- al parecer unos cuantos ninjas de Akatsuki han atacado una aldea de las Tierras del Fuego, y Sasuke-sama ha decidido contraatacar. Sakura, tanto Suigetsu como Sasuke han ido al frente, ¿Segura que no te dijo nada?
La pelirrosa estaba estática, no se lo podía creer. Las palabras de la pelirroja le sentaron como un balde de agua fría. Sasuke se había ido y no le había dicho nada. Sabía perfectamente por qué su amiga estaba así: sobrevivir a una batalla contra los Akatsuki era algo que muy pocos podían contar.
Intentando recobrar la compostura Sakura miró a Karin sonriendo:
-Karin, no te puedes preocupar, tanto Sasuke como Suigetsu son ninjas de élite. No les va a pasar nada- dijo abrazando a su amiga- Además, piensa que mala hierba nunca muere- a lo que ambas empezaron a reír. Sin embargo por dentro la pelirrosa estaba asustada. Aunque no quisiera admitirlo, no quería que nada malo le pasara a Sasuke, es más, solo de pensarlo una angustia oprimía su corazón.
Más te vale volver pronto y a salvo Uchiha, sino sabrás cuán grande puede ser la furia de una mujer de las Tierras Libres- y con este pensamiento, tanto la pelirroja como la pelirrosa se dispusieron a dar una vuelta por los jardines del castillo, evitando pensar en la situación de sus maridos.
Había pasado una semana desde la partida de Sasuke, y seguía sin recibir noticias de él. La angustia crecía día a día. No se podía creer que el pelinegro hiciera que sintiese cosas tan fuertes por él.
Estúpido idiota, ni siquiera dejas un maldito mensaje de que te ibas; ni siquiera envías un mensaje de que estás bien- pensó con rabia la pelirrosa.
Estaba caminado por el bosque que había en la parte de atrás del castillo. Cuando lo descubrió tres días atrás quedó encantada. Siempre le había gustado la naturaleza, además allí Rakki podía correr a sus anchas.
Ensimisma en su pensamientos no notó que una sombra la seguía. Para cuando se quiso dar cuenta, ya era demasiado tarde.
Se giró al notar una presencia detrás de ella, y sus ojos se abrieron de sorpresa.
Un hombre de unos 30 años se encontraba delante de ella, portaba una capa negra con nubes rojas y un sombrero de paja. Sakura reconoció a la perfeccion aquella capa, nubes rojas. Akatsuki.
Se puso en posición de pelea, todavía no le había visto la cara porque se la tapaba el sombrero.
-¿Quién eres y qué quieres?- la pregunta la hizo en tono autoritario, intentado camuflar el temor que sentía por dentro. El joven levantó la cabeza dejando mostrar dos ojos rojos como la sangre.
-Soy Uchiha Itachi- fue todo lo que escuchó la pelirrosa antes de que todo se volviera oscuro y se desvaneciese.
Había pasado más de una maldita semana y seguía sin poder quitarse de la cabeza a esa maldita pelirrosa. Pensó que yendo al frente sus pensamientos cambiarían; sin embargo sucedió todo lo contrario, no podía dejar de pensar en ella.
Tss, maldita bruja ¿qué me has hecho?- pensó.
Su estado de ánimo empeoró al enterarse que los supuestos Akatsuki no eran más que unos saqueadores con capas negras con nubes rojas. No supusieron ningún reto para él ni para sus hombres.
Se encontraba en su caseta de campaña cuando escuchó entrar a alguien. Era Suigetsu, uno de sus más leales generales, si bien a veces le sacaba de quicio, tenía que admitir que confiaba lo suficiente en él como para dejarle combatir a su lado. A Sasuke le extrañó verlo tan serio, no era normal en él. Algo debería haber pasado.
-Sasuke-sama, acaba de llegar un halcón del castillo- dijo el peliblanco. Estaba nervioso, no sabía cómo decirle al pelinegro lo que le tenía que decir.
-Suigetsu habla de una maldita vez- dijo con voz cansada.
-Hace tres días Itachi apareció en el castillo. Nadie sabe qué quería hacer. Con la misma que llegó se fue…
-MALDITA SEA, COMO ES POSIBLE QUE NO SE ME INFORMARA ANTES. SABÉIS PERFECTAMENTE QUE SE ME TIENE QUE AVISAR DE LA MÁS MÍNIMA COSA RELACIONADA CON ESE HOMBRE.- gritó el pelinegro furioso. El motivo por el que había decidido ir al frente contra los Akatsuki era porque tenía la esperanza de encontrarse con su hermano, y sin embargo éste aprovecha que no se había ido para aparecer en su propia casa. Al ver a Suigetsu con la cabeza baja supuso que tenía algo más que contarle- Si tienes algo más que decir dilo ahora Suigetsu
Suigetsu tragó fuerte. Estaba seguro que no lo podría pasar nada bueno cuando le contase al moreno lo que faltaba.
-No saben a ciencia cierta lo que pasó, pero encontraron a tu mujer inconsciente en el bosque. Creen que tu hermano le ha hecho algo. No despierta desde hace tres días.
