CAPITULO 10: LA DESPEDIDA

Kirkland se encontraba frente a la que una vez fue su casa, lucía nervioso y temía por su vida, era la primera vez en mucho tiempo que iba a ella y también era la primera vez que entraría después de haber sido echado a patadas. Llevaba un ramillete de margaritas combinadas con violetas para su madre en su mano izquierda y escondía la mano derecha en el pantalón entubado color café que Francis le había hecho para la ocasión.

Dio un pequeño salto cuando la puerta se abrió pero rápidamente recupero la compostura, tras esta, la figura de su madre se mostro -¡Arthur, hijo!- exclamó feliz de verle y él enseguida le entregó el ramo de flores –pasa, la familia te estaba esperando- dijo, introduciéndolo al cálido hogar. Una vez piso la sala, se topo de frente con padre, sus cuatro hermanos mayores y el hermano menor. Lo miraron de pies a cabeza, escudriñándolo y fue inevitable para él sentir miedo al rechazo. El ambiente estaba tenso y ninguno se animaba a dirigirle la palabra.

-no sean descorteses, es su hermano, vamos William, Dylan, Scott, Derek, Peter, vayan a saludarlo- enumero la dama a sus hijos en el orden que estaban sentados.

Scott, el mayor de todos los hijos Kirkland se puso de pie, Arthur tragó saliva ante la fuerte presencia que su hermano poseía. Los demás hermanos enseguida se pusieron de pie, en momentos así se veía que tanto respeto le tenían al mayor. Los ojos verdes de ambos chocaron, ninguno sonrió, de ambos emanaba hostilidad. Arthur recordaba a la perfección que él fue uno de los que mas estaba en contra de su sexualidad. William, Dylan, Derek y Peter miraron a sus dos hermanos, estaban a la expectativa de lo que pasaría a continuación.

-bienvenido a casa- pronunció por fin Scott en señal de aceptación, llevándose consigo la hostilidad y el ambiente tan pesado que se sentía –no creas que te he perdonado el hecho que seas gay pero admiro tu capacidad de supervivencia y superación- explicó, puesto que no esperaba volver a verlo sano y salvo. El rubio no sabia si sentirse ofendido, molesto o indignado ante las palabras de su hermano mayor, no obstante, estrechó su mano con la de él en son de paz, borrando así la aspereza que tenia con la familia.

La ofrenda de paz fue una taza de té y una comida familiar. Arthur había olvidado por completo lo que era comer junto a sus hermanos y padres, los gritos, las groserías, los regaños dulces de su madre, la tos disimulada de su padre, las mañas de Dylan y Derek al comer, los intentos de William por mediar las discusiones entre Peter y Scott. Sonrió alegre, familia como la suya no había en el mundo y comió con tranquilidad, degustando cada cucharada de comida que metía a su boca, alabando en su interior ese toque casero que su madre poseía, ese toque tan diferente del de Francis quien a pesar de preparar los mejores platillos, no igualaban a los de su progenitora.

El resto de la tarde continúo de forma alegre y acelerada. Videos familiares, fotos de navidades que se perdió, regalos que no recibió, aventuras que pudo haber tenido con sus hermanos, anécdotas para el futuro, recuerdos de eventos en los que debió de haber estado. La boda de Scott, como crecía Allison, la graduación de los gemelos Derek y Dylan, la primer novia de Peter. Bromas, discusiones, chistes locales que no entendía bien, comentarios de hechos que vivió con ellos y demás fueron los temas de discusión ese día y que quedarían grabados en su cabeza para siempre.

Arthur contó a su familia todo lo que vivió una vez fue "adoptado" por Francis, su primer sueldo, su primer celular, las primeras prendas que compró con el dinero que ganó, su regreso a la universidad, la forma en que se volvió popular, como obtuvo amigos, encera. No dejó al aire comentario alguno, explicando a detalle cada cosa nueva que iba aprendiendo con su jefe, transmitiendo a través de sus recuerdos toda la alegría que obtuvo desde ese día en que el francés decidió tenerlo a su lado. Al final, sin mas que decir, miró su reloj y se asombró por lo tarde que era.

Su madre nuevamente le ofreció regresar a su hogar, Scott bromeó con dejarle su vieja habitación, los gemelos le insistieron en quedarse y no regresar nunca mas a la boutique, Peter le hizo ojos de becerro degollado y William solo dijo "quédate, este es tu hogar y nosotros tu familia" pero nada de eso lo hizo cambiar de parecer, su hogar ahora era Bovary y su familia era Francis. Agradeció las atenciones, abrazó a todos y se despidió con la promesa de regresar el próximo fin de semana.

Los domingos de los meses siguientes se repitió la misma rutina, Arthur pasaba la mañana platicando con Francis y la tarde con su Familia, intentando recuperar el tiempo que perdió, conociendo a los nuevos integrantes de esta. Nuevas cuñadas, futuras cuñadas, sobrinos, sobrinas. Con el tiempo, esa brecha de tiempo que se había formado desapareció así como las suplicas de su familia para que regresara a casa.

Un lunes en particular, a tan solo dos semanas mas para terminar la universidad, Arthur se encontró con Alfred en la cafetería, hacia tiempo que no se reunía con él, Matthew y Kiku y sabia que esta seria posiblemente la ultima vez que lo haría ya que las siguientes semanas solo se llegaría a presentar exámenes finales. Llegó y los saludó con efusividad, demostrando que estaba feliz de verles. Los cuatro se miraron, reflejando en sus rostros la nostalgia y angustia de saber que momentos así ya no se repetirán. Kiku se aclaró la garganta, tosiendo con suavidad -¿Qué harán cuando terminen los exámenes finales?- preguntó.

Alfred se rascó la nuca –respecto a eso, Arthur, Mattie y yo decidimos irnos a trabajar al despacho de un amigo de nuestro padre- explicó –solo que hay un pequeño inconveniente-

Kirkland miró intrigado al de gafas –¿Qué clase de inconveniente?- preguntó.

-es hasta Londres- dijo Matthew.

El rostro del oji verde palideció, quién pensaría que regresaría a su patria pero eso no lo alegraba porque significaba que tendría que irse lejos de Francis. Había contemplado alejarse, quizás mudarse a una colonia cercana, a otra ciudad o región de Francia quizás pero no irse del país.

Los hermanos miraron a su amigo, sabían que no le agradaría la noticia –nosotros entendemos si ya no quieres ir Artie- dijo Alfred.

-no, esta bien, iré- respondió, tomando a todos por sorpresa.

Kiku quien había hecho la pregunta, volvió a aclarar su garganta –en ese caso, yo también tengo noticias que darles- dijo con su tono serio y casi monótono –en cuanto terminen los exámenes regresare a Japón- explicó. Los tres rubios alargaron sus rostros, con eso se había marcado lo inevitable, se separarían.

A pesar que era día de clases y de trabajo, Arthur marcó a Francis y le avisó que no llegaría a trabajar, seria la primera vez que faltaba al trabajo en todos esos años que estuvo yendo sin faltar pero sabia que valía la pena, seria posiblemente la ultima salida entre amigos que tendría. Los cuatro caminaron por las calles, bromearon, se tomaron fotos y grabaron en sus memorias los momentos tan felices que estaban pasando. Nunca imaginaron el día que tuvieran que separarse y aunque no lo admitieran, los ojos se les aguaban y las gargantas se les hacían nudos terribles. Esa tarde, la ultima para todos, se desearon éxito, felicidad y un próximo rencuentro.

Entrada la noche, con unas copas de mas y tambaleándose, el oji verde entró a su apartamento, ahí se encontraba el oji azul esperándolo -¿Qué horas son estas de llegar?- le recriminó con los brazos cruzados cual esposa molesta. Arthur solo rio y se dejó caer sobre la cama, estaba cansado y borracho –te ves lindo cuando te enfadas- dijo a su favor, provocando un leve sonrojo en el otro –extrañare verte así cuando me vaya- agregó con un tono lleno de nostalgia.

Los ojos de Francis se aguaron al escuchar esa ultima frase y sentándose alado del chico, sostuvo la cabeza de este entre sus brazos, posándola sobre su pecho, acariciando los cabellos de este de forma tierna y pausada –no deberías beber si sabes que se te sube rápido el alcohol- le recriminó sin apartar su mano de los rebeldes cabellos.

Arthur levantó la cabeza, girando sobre su propio eje y clavó sus ojos sobre los azules –me iré a Londres- dijo en tono serio –en cuanto terminen los exámenes me iré con Alfred y Matthew a Londres- .

El corazón de Francis se detuvo, vaya noticia tan mas deprimente le acababa de dar Kirkland –ya veo…- atino a decir, no sabia realmente como responder a la noticia que acababa de recibir. En poco tiempo el oji verde se iría de su lado, del país y de su vida –puedo… ¿besarte?- pidió como un ultimo deseo ante la despedida que estaba tan próxima.

No hubo un permiso ni un "adelante", Arthur solo tomó el rostro del francés entre sus manos y acercó su rostro hacia él, uniendo sus labios con los suyos. No fue un momento mágico, ni una sensación intensa, solo era un beso dado con cariño, un beso casto con sabor a licor y despedida. Luego de ello, ambos tomaron distancia, la conversación y el ambiente se habían terminado por esa noche. Bonnefoy tomó sus cosas y se fue, no quería llorar frente a Kirkland, no ahora porque sabia que si lo hacia, provocaría que el chico desistiera en dejar Francia.

El domingo, Arthur fue a casa de sus padres a darles la noticia. Su madre lloró al saber que volvería a estar separada de su hijo, sus humanos le echaron porras y le pidieron fuera a visitar a los abuelos puesto que ellos no estaban enterados que había vuelto a ser parte de la familia. Como regalo de graduación, le dieron un cheque con dinero suficiente para que pudiera sobrevivir los primeros dos meses en Londres y una mini laptop para que pudiera trabajar. Kirkland no pudo estar más agradecido por el detalle, lo apreció bastante.

Y el tiempo se fue como el agua, los exámenes terminaron. Los tres rubios fueron al aeropuerto despedir al japonés, sabiendo que dentro de dos días ellos serian los que serian despedidos. Aquella noche, la penúltima que estaría en Picardie, la pasó en casa de sus padres donde cenó en familia. Durmió en la habitación de Scott puesto que la suya ahora era propiedad de Peter y reflexionó sobre todo lo que había vivido hasta ahora. Por un momento el miedo y la incertidumbre lo invadieron, no sabia si volvería algún día a regresar a Francia, no sabia si volvería a ver a Francis, no sabia si su corazón aguantaría estar separado de él y le preocupaba el solo imaginar que el corazón de su jefe fuese robado por otra persona.

Al día siguiente regresó a la boutique solo para encontrarla cerrada, desde esa noche donde él y Francis se besaron, las cosas se habían vuelto problemáticas. El francés se ausentaba por las mañanas, lo evitaba por las tardes y cenaban en silencio por las noches. Empezaba a preocuparle el hecho de dejarlo solo pero le preocupaba aun mas el comportamiento de este.

Mientras tanto, para Francis las cosas tampoco eran fáciles, luego de ese beso, sus sentimientos se revolvieron aun más y empezó a contradecirse. Quería lo mejor para Arthur pero también quería a Arthur para él. No se sentía preparado para una relación con Arthur pero no tenia el valor para mejorar las cosas entre ambos y no sabiendo como resolver su problema, empezó a acudir todas las mañanas a un psicólogo quien lo escuchaba y aconsejaba.

El día de la despedida llego. Arthur recorrió una última vez la boutique, memorizando cada detalle, impregnando en su piel cada recuerdo, palpando cada tela. Cerró sus ojos y aspiró una ultima vez la fragancia del lugar, posteriormente volvió a abrirlos, encontrándose con la silueta de Francis –es hora de irme- dijo, no sabiendo como expresarse –gracias por haberme dado trabajo y un lugar donde vivir- sonrió aunque sus labios luchaban contra el temblor que la tristeza le provocaba. Bonnefoy asintió y sacó de su bolsillo un sobre beige –tu ultima paga- anunció son una sonrisa torcida –será triste no tenerte pero es lo mejor- aceptó.

Los dos se sonrieron mutuamente mientras un flashback de hermosos recuerdos recopilados tras varios años de convivencia se mostró en sus cabezas. Ninguno quiso alargar aun más la despedida puesto que era doloroso. Se dieron un abrazo y se dijeron adiós. Kirkland cruzó el umbral de Madam Bovary, caminando hacia la parada de autobuses mientras que Bonnefoy lo veía partir y una vez su silueta se desvaneció, las lágrimas empezaron a brotar.

Y el tiempo paso, los días se transformaron en semanas y las semanas en meses. La transición de Francia a Inglaterra fue rápida puesto que el idioma natal de Arthur es el inglés. El trabajo en el despacho si bien era estresante, ayudaba mucho. Los tres rubios supieron salir a flote en una ciudad tan ajetreada como Londres y poco a poco el recuerdo de Francia quedó en el olvido. Francis continúo las sesiones con el psicólogo, obteniendo grandes avances, logrando superar viejos temores y aunque a veces extrañaba la presencia del inglés, una carta al mes o al trimestre lo ponía de buen humor y es que el chico no se olvidaba de el pero con el tiempo, dichas cartas dejaron de llegar.

Los meses sin noticias se convirtieron en uno, dos, tres años sino es que mas. Francis ya estaba entrado en sus treinta y la boutique seguía intacta, con sus maniquíes coquetos y las escenas de momentos agradables. Su visión por la moda se hizo más sofisticada, ampliando sus modelos a vestidos de noche y demás. Su vida había tomado un rumbo diferente al que una vez tuvo y es que a pesar de tener muchos pretendientes, con ninguno se quedaba y no era que no le gustaran físicamente hablando sino porque aun mantenía la esperanza de que algún día Kirkland volvería. Elizavetha intentó convencerlo de que desistiera pero aunque lo intentara, algo muy dentro de él le decía que el oji verde regresaría.

Una tarde como cualquier otra, con la clientela escasa y gran pereza, decidió cerrar temprano el negocio. Colocó el cartel de cerrado y se sentó en el escritorio a contar las entradas del día. El sonido tan clásico de las campanas anunciando la intromisión de alguien se hizo presente mas no volteó a ver de quien se trataba –ya cerramos- atinó a decir aun inmerso en sus cuentas. Se escucharon pasos y pudo percibir el olor de un elegante perfume en el aire. De inmediato una sensación de nostalgia lo invadió mas no se atrevió aun a mirar al visitante.

-vengo a asaltarte- se escuchó la voz del intruso y de inmediato Francis alzo la mirada, había reconocido ese timbre de voz. Sus ojos se encontraron con lo que parecía ser un espejismo demasiado real de un Kirkland mas maduro y sofisticado –no pongas esa cara que no hablo enserio-

-¡Arthur!- exclamó Bonnefoy sin reprimir sus lágrimas y se abalanzó sobre este, importándole poco que el escritorio estuviese en su camino. Gritó su nombre y lo palpó con sus manos, no era una ilusión, no lo era…

-yo también te extrañe- dijo Kirkland mientras estrechaba entre sus brazos al francés –no hubo día que no pensara en ti durante todo este tiempo-

No, Kirkland nunca había dejado de pensar en Francis. Los años que pasó en Inglaterra los aprovechó al máximo y como se lo había propuesto hacia ya bastante tiempo, buscaría la forma de ser de ayuda para Francis. Ahora, con sus años encima y casi en sus treinta, se había hecho de un despacho propio, siendo socio junto a Alfred y Matthew.

Ya no habiendo ataduras ni impedimentos entre ambos, Bonnefoy besó apasionadamente a Kirkland en un intento de recobrar todos esos años de distanciamiento. Kirkland correspondió aquel gesto, impregnando la ternura y devoción que siempre sintió por el otro. El jefe y el empleado se habían quedado en el olvido, la admiración y el agradecimiento tomaron la forma del amor y los miedos se desvanecieron, transformándose en la fortaleza para avanzar. Las palabras no eran necesarias ante el amor mutuo que se sentían y es que sin saberlo, Arthur había cerrado el ciclo de "los chicos de temporada" que Francis había creado.

Y aunque no podían asegurar que les depararía el futuro, sabían que se tenían el uno al otro para protegerse, cuidarse y venerarse.

FIN


El ultimo capitulo, espero no haberlas decepcionado. Me dio sentimiento mientras lo terminaba porque realmente disfrute de escribir el fanfic. Ojala y haya atado todos los cabos que estaban sueltos durante la historia. Finalmente, asi como la vida misma, no sabemos que nos deparara el destino, por eso la ultima frase que puse. Por ultimo, quiero agradecer infinitamente a todas ustedes por seguir esta historia cada quincena y les invito a continuar leyendo mis futuras obras. Ahora, respondere a unos comentarios:

Haruka Nanami: al final quedaron juntos, se cumplio tu deseo :D. Respecto a que otros fanfics he escrito, bueno... en su inicio escribia USUK pero luego me pase al FRUK por sugerencia de un amigo asi que FRUK solo tengo escrito este, el de A de Amor y F de Fracaso y uno llamado 14 Julliet (si no mal recuerdo).

kuromi: estare mas que honrada de que me recomiendes. Gracias.

naho-chan-23: me alegra saber que a alguien le gusto ese final, pense que no tuvo aceptacion. A decir verdad, los finales abiertos me gustan. Por cierto, cuando se trata de amor, todos somos masoquistas. Desde un principio me dije que lo mio con mi amigo era algo imposible y con lo que paso, lo veo aun mas imposible; ya de poco empezamos a distanciarnos (el no se porque pero yo porque quiero volverlo a ver a como lo veia hace 2 años).