_9_
La rosa de Damon no podía faltar a la mañana siguiente. Esta vez, la nota que la acompañaba contenía un mensaje distinto.
Te dejo esta mañana con una rosa, pero también con la esperanza de volver a verte a la luz del día.D.
¿Volver a verle a la luz del día? ¿De este día? Elena no se podía sentir más feliz, aunque se preguntaba cómo iban verse aquel día. ¿Se colaría por su ventana, la esperaría en el cementerio, o llamaría a su puerta como un chico normal? De todas estas opciones, la última era la menos probable. Damon no podía actuar como un chico normal porque no lo era, y a Elena le encantaba que así fuese.
Aquella mañana Elena fue al cementerio con la esperanza de encontrarse con él, pero no fue así. Estaba dispuesta a quedarse un poco más, cuando recibió un mensaje de sus amigas pidiéndole reunirse en el Grill con ellas.
Las chicas estaban en la barra del bar. Caroline no paraba de hablar muy animadamente. Elena era incapaz de contagiarse de esa alegría; hasta que, de repente, sintió a alguien a sus espaldas.
-Estás muy guapa esta mañana -susurró en su oído una voz seductora.
Elena se giró para mirar a Damon, quien la miraba con una sonrisa en su rostro.
-Hola -le saludó ella con un tímido beso, consciente de las miradas curiosas de sus amigas.
-Hola -respondió él rodeándole la cintura con sus fuertes brazos, ampliando el beso.
Un carraspeo de Caroline les hizo volver a la tierra, haciéndoles separarse.
-Oh, lo siento -se disculpó Elena-. Chicas, él es Damon. Damon, ellas son Bonnie y Caroline -presentó señalando a las chicas.
-Un placer -dijo Damon haciendo una teatral reverencia a las amigas de Elena, para luego reposar una mano en la cintura de esta, muy bajo, casi tocándole el trasero.
Elena no podía estar más feliz en aquel momento. Estaba compartiendo unas risas con sus amigas y con el chico de sus sueños; nunca mejor apodado, pues Damon aparecía en sus sueños cada noche, impidiéndole así volver a la noche en la cual el coche de sus padres cayó por el puente Wickery.
Las chicas poco tardaron en hacerle pasar a Damon por un exhaustivo interrogatorio del que este fue capaz de salir sin haber revelado prácticamente nada. Él tenía mucha labia, por lo que sabía cómo hablar sin decir nada realmente. Eso de ocultar información y rehuir preguntas se le daba bastante bien. Elena agradecía que al menos con ella no fuese así.
La felicidad no duró mucho, pues en ese momento entraba Matt por la puerta.
Al ser visto, al chico no le quedó más remedio que acercarse a ellos. Elena no quería que la viese así, tan arrimada a Damon, pero este se negaba a relajar su agarre. Elena tomó aire y esperó que Matt no estuviese muy enfadado con ella por eso. Total, según le había contado Caroline, ya les había visto besándose.
-Hola, Matt -saludó Bonnie tímidamente.
-Chicas -saludó él mirando a Bonnie y a Caroline, para después mirar a Elena-. Me alegra verte.
-Lo mismo digo -respondió ella-. Matt, él es Damon.
-Su novio -puntualizó el vampiro tendiéndole la mano al chico mientras una ráfaga de celos se apoderaba de él.
Por el nerviosismo de Elena, Damon dedujo que el chico antes había sido su novio. Además, no le gustó ni un pelo cómo la miraba. Se notaba que aún la quería. Odiaba ser un tipo celoso, pero no podía evitarlo, quería dejar claro que Elena era suya.
-Un placer -respondió Matt devolviéndole el apretón de manos.
Tras la presentación, se produjo un silencio incómodo, el cual Caroline intentó romper llamando la atención de Matt.
-Bueno, Matt, ¿has decidido ya qué asignaturas vas a elegir este año?
Caroline, Matt y Bonnie se pusieron a hablar sobre el próximo curso, mientras Elena y Damon parecían estar en su propio mundo. Solos, ellos dos.
-Lamento si te ha molestado la aclaración que le he hecho antes a tu amigo -susurró Damon tras la espalda de Elena para que solo ella le oyese.
-¿Lo de que eres mi novio? -preguntó ella.
-Sí.
-¿Y lo eres? -volvió a preguntar la joven, ahora temerosa de que solo lo dijese para espantar a Matt.
-Solo si me concedieses el honor -respondió él rozando con los dedos la espalda de la chica, subiendo y bajando las caricias muy despacio.
-El honor sería todo mío -aseguró ella sonrojada.
-Pues entonces, sí. Soy tu novio –confirmó el chico ahora susurrando en su oído.
Al girarse para besarle, Elena se dio cuenta de que sus amigos ya no estaban, que se habían sentado en una mesa cercana.
-Se han ido hace un rato -le dijo Damon indiferente por la situación, sin apartar la mirada de ella, esperando la llegada de ese beso interrumpido.
-¿Y a qué venía entonces lo de susurrarme al oído? -preguntó la chica algo confusa pero sonriente.
-Me gusta susurrarte al oído -confesó él en su oído.
-Y a mí que lo hagas -reconoció Elena acercándose a los labios de él para besarlo.
-Deberíamos irnos de aquí, antes de que tu ex decida batirme en duelo -sugirió Damon al separar sus labios.
-¿Cómo sabes que es mi ex? -preguntó Elena extrañada, pues ella no se lo había contado.
-Solo hay que ver cómo te mira -respondió él-. Y después de tu sutil intento por separarte de mi cuando él nos vio... Blanco y en botella. Además, recordé que me habías hablado de un ex cuando nos conocimos, supongo que es él. ¿Me equivoco?
-No, es él -confirmó Elena-. ¿En serio has dicho "batir en duelo"? -preguntó divertida al recordar sus palabras de antes-. Sé que eres de otra época y todo eso, pero deberías saber que esas cosas ya no se llevan.
-Puede que no, pero yo estaría dispuesto a hacerlo por ti -aseguró él.
-Eso suena muy halagador. Y un poco siniestro al mismo tiempo. ¿Cómo consigues que todo lo que salga por tu boca resulte tan sexy?
-¿Crees que soy sexy? -preguntó el chico divertido y con un brillo en sus ojos de felicidad verdadera.
-Claro que sí -respondió ella tímidamente.
-No -respondió él levantando la barbilla de la chica para mirarla a los ojos-, tú eres sexy.
00000
-Alguien debería traerle un babero a Elena -dijo Caroline algo celosa por ver a su amiga con un chico tan apuesto y detallista.
-O a él -respondió Matt mostrando claramente su incredulidad y enfado, sin apartar la vista de la pareja.
Le alegraba que Elena fuese feliz, pero le dolía que no fuese con él. Pero, sobre todo, le dolía la forma en que había terminado su relación, con esa excusa barata que ella utilizó.
-¿Y si dejamos de espiar y nos centramos en lo nuestro? -propuso Bonnie.
Poco después, vieron cómo Elena salía del bar de la mano de Damon. Esta les hizo un gesto de despedida antes de perderse tras la puerta que daba a la calle.
-¿Su tía lo sabe? -preguntó Matt girándose para encontrarse de nuevo las miradas de las chicas.
-Lo dudo mucho -respondió Caroline-. No creo que le hiciese mucha gracia.
-¿Por qué no? -dijo Bonnie, cansado de tantas acusaciones hacia la pareja-. Parece un buen chico y ella es feliz. ¿Por qué nos empeñamos en buscarle algo malo a este asunto?
Caroline y Matt no supieron ofrecer respuesta alguna. Bonnie tenía razón, si Damon era lo que necesitaba Elena para ser feliz, ¿quiénes eran ellos para impedírselo, criticarlo siquiera? Ellos amaban a Elena y querían que fuese feliz. Debían aceptar que Damon era la solución a ello. Por eso, los tres accedieron a intentar llevarse bien con el chico, lo cual no supondría un gran problema, pues Damon sabía cómo ganarse el afecto de la gente cuando se lo proponía.
00000
Nada más salir del bar, Damon se interesó por saber más sobre Bonnie.
-No me dijiste que tu amiguita Bonnie era una Bennett -dijo Damon.
-¿Tiene algo especial ese apellido? -preguntó Elena extrañada.
-¿No te lo ha dicho? -le devolvió la pregunta él curioso.
-¿Decirme el qué?
-Tal vez ni ella misma lo sepa -dijo el chico para sí mismo.
-¿Saber el qué, Damon? -insistió Elena cansándose de tanto secretismo.
-La familia Bennett desciende de un linaje de brujas, de brujas muy poderosas.
-¿Brujas? -preguntó ella atónica-. Bonnie siempre bromea con que su abuela no para de decirle que es una bruja. Creía que era una broma.
-Estos jóvenes de hoy en día... -dijo Damon ladeando la cabeza en señal de reproche-. Tanta tele y tanto libro de fantasía les atonta el cerebro.
-¿Crees que debería decírselo? -inquirió la joven.
-Creo que será mejor que se encargue de eso su abuela. No nos conviene que venga haciendo preguntas -respondió él.
Elena le dio la razón. No podía hablar de brujería con Bonnie sin arriesgarse a que esta descubriese el secreto de Damon. Así que, aceptó el consejo de su novio, y dejó que el río siguiese su cauce.
-Espera un segundo –dijo ella-, ¿por eso te has presentado a ellas con esa teatral reverencia? ¿No puedes tocar a una bruja?
-No si quiero permanecer en el anonimato –respondió él-. Al ser novata no hay peligro que descubra lo que soy, pero sentiría un mal presentimiento, como un escalofrío que la pondría en guardia y sabría que debería mantenerse alejada de mí.
-¿Por qué debería mantenerse alejada de ti?
-No solo ella, tú también deberías hacerlo si fueses una chica lista –aseguró él-. Los vampiros no somos criaturas muy estables que se diga, y mucho menos de fiar...
-Pues debo no ser muy lista, porque me fío de ti y no estoy dispuesta a alejarme -aseguró ella muy sincera.
-Y por eso eres mi chica favorita en el mundo –respondió él con orgullo antes de darle un beso a una Elena sonriente.
00000
Damon y Elena paseaban por un parque cuando ella se detuvo bruscamente, mirando hacia unos bancos.
-Oh, genial -se quejó ella.
-¿Qué ocurre? -preguntó él mirando a la misma dirección que Elena.
-Mi hermano.
-¿Ese de ahí es tu hermano? -preguntó Damon señalando a un chico de unos catorce años fumando un porro sentado en el respaldo superior de un banco.
-El mismo -afirmó Elena.
-¿Quieres que hable con él? -se ofreció Damon.
-¿Y de qué serviría? No quiere escuchar a nadie.
-Tengo buena mano con los chavales -aseguró él.
-¿En serio?
-Te lo demostraré.
La pareja se acercó al chico, quien no pareció inmutarse por el hecho de que su hermana le pillase fumando.
-Hola, hermanita -saludó él-. Veo que tienes guardaespaldas.
-¿Qué haces aquí, Jer? -preguntó ella cansada de los jueguecitos de su hermano.
-¿Tú que crees? Olvidar -respondió él en prácticamente un balbuceo.
-¿Qué has tomado? -preguntó Damon con voz autoritaria, sabiendo que la forma de actuar del joven se debía a algo más que un simple porro.
-¿Y tú quién eres? ¿Mi padre? -preguntó el chico retándole-. O no, pero si eres el nuevo ligue de mi hermana. Menudo figura te has buscado, hermanita. Mucho mejor que el anterior.
El chico intentó volver a darle una calada a su porro, pero Damon se lo quitó de inmediato.
-¡Ey! -se quejó Jeremy.
-Responde -exigió Damon con el mismo tono severo de antes, sin dejarse alterar por el chico-. ¿Qué más has tomado?
-Solo un par de birras y unas pastis.
-¿Qué tipo de pastillas? -volvió a preguntar Damon.
-Unas que le dieron a Elena con lo del accidente, creo, y puede que alguna otra más -respondió Jeremy con la poca serenidad que le fue posible.
-¡Jeremy! -le riñó Elena-. Esas pastillas son demasiado fuertes para que tú las tomes. Y mucho menos para que las mezcles con alcohol y a saber con qué más.
-Ya, tus labios se mueven, pero yo no oigo nada –respondió el chico, pasando de las advertencias de su hermana
Damon miró a Elena, preguntándose qué debía hacer. Podía obligar al chico a dejar los malos hábitos, pero era el hermano de su novia y no se sentía bien haciéndole eso. Así que, optó por la vía rápido.
-Vale, te explicaré lo que va a pasarte en unas horas -le dijo Damon a Jeremy-. Tu corazón empezará a latir con mucha fuerza, puede que demasiada. Empezarás a sufrir dolor de cabeza. Tu vista se nublará y cada vez te costará más respirar, hasta que tu corazón no pueda más y se detenga.
-¿Tú quién eres, mi médico? -le acusó el chico.
-No, el tipo que va a salvarte la vida -sentenció Damon-. Tienes dos opciones: o dejas que te llevemos al hospital, o vomitar en el césped con la esperanza de que sirva de algo. Es tu vida. Tú decides.
Jeremy parecía vacilar. No estaba seguro de si lo que decía el chico iba en serio o no, pero la seriedad de su rostro le decía que no bromeaba.
-Está bien, iremos al hospital -accedió él-. Espero que no le tengas mucho aprecio a tu coche, porque no te aseguro no potar en él.
00000
Jenna llegó al hospital muy alterada. Al llegar a la planta que le habían indicado en recepción, se encontró con que Elena estaba sentada en la sala de espera junto al chico que la acompañó en el hospital cuando estuvo ingresada, Damon. Al acercarse a ellos, Jenna pudo ver que estaban cogidos de la mano. Elena se soltó rápidamente al levantarse para abrazar a su tía.
-Tranquila, Jenna. Jer está bien -le aseguró su sobrina.
Al separarse, notó cómo Elena no sabía muy bien cómo presentarle a Damon de nuevo; algo que no tuvo que hacer, pues él se levantó y le estrechó la mano a Jenna muy educadamente.
-Señorita Sommers -saludó él.
-Damon -respondió ella-. Elena me ha contado lo que pasó, gracias.
-No hay por qué darlas -dijo este quitándole importancia al asunto.
Los tres toman asiento. Elena, tras dudarlo unos segundos, apoyó la cabeza en el hombro de Damon, quien la correspondió de inmediato rodeándole la cintura con los brazos.
00000
Horas después, a Jeremy le dieron el alta. La familia Gilbert se despidió de Damon y volvió a casa.
Al subir a su cuarto, Elena no pudo evitar una risita tonta al ver al chico tumbado en la cama. Mientras ella avanzaba, Damon le tendió los brazos pidiendo que se uniese a él. Elena no dudó en lanzarse al refugio de sus cálidos brazos.
-Gracias por lo que hiciste por Jer esta noche -le agradeció ella después de darle un beso.
-Alguien debe enderezar a ese chico -respondió él jugando con el cabello de la joven.
-¿Te estás ofreciendo? -le retó Elena burlona.
-Puede, por qué no.
-¿Cómo sabías los efectos que tendría?
-No lo sabía -confesó él-. Me los inventé. Solo quería meterle un poco de miedo en el cuerpo. Ese chico está perdido, pero no es un suicida.
Eran las cinco de la madrugada, por lo que Elena no pudo reprimir un bostezo.
-Es hora de dormir, princesa -dijo él acariciando la cara de ella antes de acomodarla en su pecho.
-Quiero que estés conmigo al despertar -pidió la chica.
-De acuerdo -accedió él-. Ahora duerme.
Esas palabras eran justo lo que necesitaba Elena para conciliar el sueño aquella noche.
00000
Por primera vez, cuando Elena despertó en un nuevo día, un maravilloso día, Damon estaba en la cama con ella.
-Buenos días, preciosa -la saludó él con una maravillosa sonrisa en los labios.
-Buenos días -respondió ella abrazándose más a él y cerrando los ojos para inhalar su aroma embriagador-. ¿Qué hora es?
-Ni idea, pero tu tía está destrozando la cocina en un vano intento de preparar un desayuno -respondió él divertido.
-¿La puedes oír desde aquí?
-Los vampiros tenemos un oído muy bueno. Además, creo que hasta un anciano medio sordo ya por la edad podría oír el estruendo que hace con los objetos de cocina.
-No te burles de ella -le riñó Elena conteniendo la risa, sabiendo que tenía razón-, está aprendiendo.
-Suerte que existe la comida a domicilio -continuó él.
-Suerte que sé cocinar -corrigió ella.
Elena volvió a perderse en los ojos de su novio. Le sonaba tan rara esa palabra para definirle, pero era cierto, Damon era su novio.
-Ven conmigo -le pidió ella levantándose de la cama y tendiéndole la mano.
Damon no dudó en tomársela, dejándose conducir por Elena hacia el cuarto de baño.
-¿Una duchita mañanera? -preguntó él con picardía en su tono mientras Elena se aseguraba de echar el pestilla a ambas puertas que daban a las habitaciones contiguas-. ¿De ahí tu interés por que me quedase? Si querías que me duchase solo tenías que haberlo dicho, no hacía falta todo este paripé –bromeó al final.
-¿Qué? ¿No quieres ducharte conmigo? -le preguntó ella con la voz más sensual que pudo.
-¿Es una pregunta trampa? -respondió el chico mientras se acercaba a ella para susurrarle al oído-. Por supuesto que quiero.
Elena sintió un dulce cosquilleo recorrer su cuerpo al sentir el aliento dulce y embriagadordel chico en su oído, que luego bajó hasta su cuello, donde Damon comenzó a darle pequeños besos.
-Va a tener que ser una ducha rápido -advirtió ella al ver la tranquilidad que se tomaba Damon con sus besos-. Jenna no tardará mucho en venir a buscarme.
-Unos cuarenta minutos -vaticinó él aún besando su garganta.
-Pues habrá que aprovecharlos -sugirió Elena atrayendo a Damon más hacia ella para introducir las manos bajo la camiseta de él, subiéndosela poco a poco hasta que Damon dejó de besarle el cuello para dejarse quitar la camiseta.
-Mi turno -anunció él acariciando el vientre de ella bajo su camiseta, subiendo lentamente su mano, recogiendo a su vez los pliegues de la prenda.
Cuando Elena se vio liberada de la parte superior de su ropa, se ruborizó un poco al ver cómo Damon contemplaba su cuerpo maravillado. Este frunció el ceño al ver que la obra estaba incompleta. Por ello, no tardó en desprenderse del resto de la ropa de la chica y depositar un beso en su vientre descubierto, provocando un cosquilleo que recorrió todo el cuerpo de Elena.
-Ahora sí -susurró él con deleite-. Mucho mejor.
-Aún no -corrigió ella desabrochando el botón del pantalón de él.
Una vez desnudos, se introdujeron en la bañera. La pareja se cubrió de besos y caricias mientras el agua caía sobre sus cuerpos entrelazados.
-Quédate a desayunar -alcanzó a decir Elena entre jadeos.
-Hecho -accedió él besando sus senos.
00000
Una vez que Elena bajó a la cocina, su tía se acercó a ella.
-Tienes una sonrisa radiante, para haber estado despierta hasta las tantas -le dijo su tía con una sonrisilla pícara.
-Anoche estuve en buena compañía -respondió la chica, sabiendo que ya no tenía motivos para ocultar lo suyo con Damon.
-Ya veo.
Jenna iba a decir algo más, pero el timbre de la puerta la interrumpió. Al abrir, se encontró con el chico al que tenía intención de interrogar en cuanto fuese posible.
-Señorita Sommers -la saludó él.
-Damon -respondió ella-. Puedes llamarme Jenna.
-Jenna -repitió él-. Venía a ver qué tal estaban.
Elena se acercó a ellos con una fingida cara de sorpresa.
-Damon, qué bien que estés aquí -dijo ella muy alegre mientras lo cogía de la mano-. Íbamos a desayunar.
-No sé si debería quedarme -respondió él aparentando timidez, pasándose una mano por el pelo aún mojado.
-No, pasa -respondió Jenna justo antes de que Elena arrastrase a Damon hacia la cocina.
00000
Jeremy bajó a desayunar y se sorprendió al ver a Damon allí, apoyado en la mesa para inclinarse hacia su hermana, a quien rodeaba por la cintura con una mano.
-¿Qué pasa, tío? -le saludó Jeremy en un tono de lo más relajado.
Damon le respondió con un asentimiento de cabeza.
Jeremy no conocía muy bien al pretendiente de su hermana, pero el gesto que tuvo con él la pasada noche y el ver cómo hacía sonreír a Elena, le bastaba para saber que era un buen tipo.
Una vez terminaron de desayunar, Jeremy se dirigió a Damon.
-¿Quieres jugar una partida a la Xbox?
-Claro -accedió él feliz de poder interactuar con el chico-. ¿Qué juegos tienes?
-Ven y flipa -respondió Jeremy con aires de superioridad. Nadie tenía juegos de Xbox mejores que los de él.
Damon le dio a Elena un beso en la sien antes de irse al salón con su ahora cuñado.
-A tu hermano parece que le ha caído bien -le dijo Jenna a Elena pasando detrás de ella.
-No le deja su Xbox a cualquiera -coincidió Elena.
-Parece un buen chico.
-Lo es -aseguró Elena.
-¿Cuánto lleváis viéndoos?
-Dos semanas -respondió ella.
A sus amigas les podía mentir alargando el tiempo de la relación, pero a su tía Jenna no, la conocía demasiado bien.
-Cuando empezaste a sonreír de nuevo -comprendió esta-. Lo sabía, sabía que había sido cosa suya.
Elena observó a Jeremy dándole instrucciones a Damon sobre los controles de la consola y no pudo evitar que una sonrisa se apoderase de su rostro.
-Parecéis muy unidos -le dijo su tía, sacándola del trance-. ¿Os habéis acostado ya?
Justo en ese momento Elena oyó un fuerte ruido procedente de la televisión. La voz de Jeremy preguntando confuso a Damon por qué no había esquivado un disparo a tiempo confirmó las sospechas de Elena: Damon estaba escuchando la conversación.
-¿Qué? -logró decirle la chica a su tía, intentando conseguir así un poco más de tiempo para idear una respuesta acertada
-Cuando dos personas intiman, sus movimientos se sincronizan y se dan gestos de cariño en público con mayor naturalidad -le explicó Jenna-. Así que, no me mientas, porque te he calado.
Elena agachó la cabeza y un rubor se apoderó de ella recorriéndole todo el cuerpo.
-No voy a darte la típica charla -le aseguró su tía-, solo voy a decirte que tengas cuidado con lo que haces.
-Claro -se apresuró a decir Elena antes de que empezase la conversación de la importancia de condón para prevenir embarazos no deseados.
00000
Cuando al fin Elena se vio liberada de las preguntas de su tía, se acercó a ver a los chicos al salón.
-¿Cómo vais? –preguntó sentándose en el regazo de Damon, siendo rodeada por sus brazos de inmediato.
-Lo estoy dando una paliza –informó Jeremy a su hermana, disfrutando de la partida.
-Soy algo novato en esto de las consolas –se justificó Damon mirando a Elena.
-¿En serio? –preguntó ella divertida-. Y yo que te tomaba por un amante de los videojuegos, como estuviste ahí cuando los inventaron... –le susurró esto último en el oído, rodeándole el cuello con las manos y rozándole el pelo con la punta de la nariz, para luego apoyar su frente contra la sien de él.
-Elena, no me lo distraigas –se quejó Jeremy, provocando la risa de la pareja y de Jenna, quien contemplaba la escena distraídamente.
Jenna se había sentido algo reacia a aceptar que Damon saliese con su sobrina, pero tenía que admitir que tenerlo ahí era agradable. Por primera vez en mucho tiempo, en la casa Gilbert se aspiraba un aire familiar, ajeno a la pena, abrazando la felicidad de los pequeños momentos. Y eso era algo que tenía que agradecérselo a Damon. No solo hacía feliz a su sobrina sino que también parecía congeniar muy bien con Jeremy. Quién sabe, tal vez consiga llevar al chico por el buen camino y hacer de él una persona responsable.
