Bueno, aquí estamos otra vez, publicando un nuevo capítulo (de 7300 palabras, nada que ver con los últimos dos, que rondaban las 20000 o 30000 palabras), espero que mis queridos lectores hayan disfrutado de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo.
Ahora y sin más preámbulo, que comience el capítulo.
Capítulo 10 – Academia, pequeños descubrimientos y partida
Han pasado algunas semanas desde la revelación de Pharos como prisión viviente de Apofis. Aunque el mago está seguro de que los sellos no se romperán, no puede acallar la voz paranoica en su mente que le dice que es mejor prepararse para lo peor.
Por ello, pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su estudio, repasando continuamente sus estrategias y tácticas de batalla, considerando cómo contrarrestar cada movimiento que Apofis pueda hacer, y cómo debilitarlo o encerrarlo con sus capacidades actuales.
Sin embargo, sus posibilidades de victoria siguen siendo casi nulas, así que sigue buscando formas de recuperar sus poderes de alguna manera.
Mientras el pobre chico se come la cabeza haciendo simulaciones en su mente, algunos de sus clones trabajan en crear varios centenares de sellos para la tienda de equipamiento ninja (NA: de ahora en más llamada Higurashi) con la que tiene un contrato, repartidos por el piso de la habitación. Aunque es posible para Naruto y él mismo subsistir con el dinero que el Hokage les entrega como subsidio para huérfanos, lo cierto es que sus viajes y otros asuntos le imponen la necesidad de obtener más dinero, además de permitirle ciertos lujos de vez en cuando.
Por su parte, Naruto se impacientaba mirando el calendario. En pocos días sería el primer día de clases de su vida y, como todos los niños de su edad, se emocionaba de manera tal que le costaba sacarse la sonrisa del rostro. De vez en cuando no podía aguantarse y comenzaba a dar pequeños saltitos de alegría imaginando el primer día en la Academia Ninja, y cuando fuera que el mago no estuviera ocupado en algo o que estuvieran comiendo, no podía evitar poner ese tema en la conversación.
Aunque podía volverse algo agotador, el pelirrojo dejaba que siguiera parloteando animadamente. Le recordaba a esos días en que Unis y él hablaban sobre los conjuros (en el caso de Pharos) o los estilos de combate (en el caso de Unis) que aprendían, con la diferencia de que Naruto platicaba más animado de lo que se pensaría posible para un ser humano (o un ninja), y Pharos sólo se limitaba a escuchar o a responder preguntas.
Aun así, toda la euforia del primer día de clases no le impedía a Naruto fastidiar al mago con preguntas respecto a lo que hacía cuando era un mago de la orden o los poderes y habilidades que tenía. El pelirrojo evitó olímpicamente hablar acerca de lo que hacía, principalmente porque había un juramento de secreto que mantener, demasiado se había puesto a la luz con el escándalo de Apofis. Además de que la vida de un mago era muy tranquila, con la excepción de alguna que otra batalla (o una guerra en el caso de Pharos) y algunas anécdotas como las de sus viajes al mundo de los muertos.
Respecto a sus poderes, Pharos prefería mantener el verdadero límite de sus antiguas capacidades en secreto. Aunque Naruto supiera que podía recurrir al poder divino como último recurso (al menos antes de caer en Konoha), obteniendo poder más allá de lo imaginable, no tenía idea de cuál era el verdadero nivel de poder propio del mago, que era suficiente para arrasar con continentes enteros si se usaba incorrectamente. No solo porque podría generar miedo, sino que también podría atraer personas codiciosas de poder. Aunque el Concejo supiera que era fuerte, sería mejor mantener oculto el límite real de sus capacidades mágicas. Y si Naruto no lo sabía, habría menos posibilidades de que lo descubrieran.
A pesar de ello, le concedió un poco de información, con tal de que dejara de preguntar y pudiera seguir trabajando en paz. Así fue que Naruto trató de pasar el tiempo hasta el día de clases tratando de lograr algo similar a la telequinesia, aunque sin éxito.
Primer Día de Clases – Alrededor de las 6 AM
Finalmente había llegado el día en el que Naruto comenzaría sus estudios en la Academia Ninja. Había sido una larga espera para el rubio, pero ya era el día, y sólo faltaban un par de horas para que empezaran oficialmente las clases.
La luz solar entraba a través de la ventana, golpeando con toda su fuerza en los párpados de Pharos, quien se despertó por ello y no pudo evitar lanzar una queja al aire. «Gran Ra, ¿es realmente necesario despertarme con un rayo de luz directo a la cara cada mañana?» le gruñó, mirando al sol directamente por un segundo, para luego cerrar los párpados, antes de que le frieran los ojos. Después de unos momentos, en los que memorizó la comodidad de su cama, se levantó y se estiró, mientras tomaba nota de que faltaban casi dos horas para el inicio de clases. Se dio vuelta y vio a Naruto durmiendo plácidamente al revés, con un pie en donde debería estar la cabeza y el otro colgando de la cama, mientras que mantenía la almohada atrapada entre sus brazos… otra vez.
Pharos aún no descubría cómo hacía el rubio para ponerse al revés sin despertarle, sacándole la almohada en el proceso, y dejar al descubierto únicamente los pies y la cabeza, en vez de tirar las mantas al suelo. Más de una vez había intentado averiguarlo, pero cuando lograba quedarse despierto, no pasaba nada y Naruto dormía como cualquier otra persona, y si el mago se dormía, entonces al rubio se le daba por girarse cuando él estaba dormido, lo cual le resultaba muy frustrante.
Sacudiendo la cabeza, se dirigió al baño para comenzar la rutina diaria de la higiene personal. Cuando terminó, despertó a Naruto, quien instantáneamente saltó de la cama y voló al baño a comenzar a prepararse, mientras decía algo sobre el primer día de escuela, que el mago no alcanzó a entender, pero dedujo que fue por la emoción que empapaban sus palabras.
Una vez que Naruto saliera del baño y ambos desayunaran, el rubio acomodó por última vez su mochila, revisando que las cosas que llevaría a la academia estuvieran en su lugar. No era mucho lo que había que llevar, puesto que los fondos de la aldea cubrían casi todo lo que pudiera hacer falta, desde libros de texto hasta shurikens. El Hokage ya le había entregado a Naruto el cronograma con los horarios de clase, las materias y los profesores que las dictarían (entre los cuales no estaba el nombre de Umino Iruka, para el pesar de Pharos), y le había dicho que debería estar en el lugar antes de las 8 AM, cuando se daría la ceremonia de bienvenida.
Recién eran las 7:06 AM, lo que les dejaba al menos media hora sin nada que hacer. No era suficiente tiempo como para entrenar, y además Naruto no habría querido arruinar su ropa para el primer día de clases (después de haberla lavado dos veces, y planchado tres, a pesar de que Pharos le había dicho que estaba exagerando). Su vestuario consistía de un pantalón verde oscuro, con un par de bolsillos a cada lado justo arriba de las rodillas, una camiseta negra con el símbolo de Konoha en color fuego y una chaqueta de color naranja (porque Naruto no podía ir por la vida sin un poco de ese color, y ciertamente no lo despreciaba cuando estaba presente en grandes cantidades), mangas cortas azules y capucha.
El mago, por su parte, llevaba puesta una camiseta blanca, sobre la que colocó su túnica, también blanca, un pantalón azul oscuro y un par de sandalias azules. Si Naruto amaba el color naranja, entonces Pharos sentía lo mismo por el azul y el blanco.
En fin, quedaba por resolver el problema de qué hacer mientras esperaban a que pasara el tiempo hasta que llegara la hora de irse a la academia, aunque Pharos sólo iba a acompañarlo hasta la entrada y tal vez la ceremonia de inicio de clases. Así fue que rápidamente se enzarzaron en competiciones de cualquier clase, como ver quién aguantaba más tiempo sin parpadear ni reírse (que el mago ganó de manera indiscutida, gracias a la cara de póker que podía mantener, después de haber visto cosas indescriptiblemente asombrosas o demenciales); pulseadas o vencidas (que, en cambio, las ganó todas Naruto, y con una facilidad que casi asustaba al pelirrojo); apostar de qué lado caería una moneda (algo que también ganó el rubio, debido a su cuasi infinita buena suerte en apuestas, y que le acabó por conseguir una cantidad de dinero más que suficiente para pagar varios tazones de ramen, antes de que el mago decidiera que nunca le iba a ganar en apuestas con dinero de por medio y cambiaran de juego); competencia de insultos (que Pharos ganó, gracias a su mucho mayor repertorio, incluso aunque se guardó la mayor parte, principalmente los que en su opinión clasificaban como "+12 años"); el tradicional piedra, papel o tijera (o jan-ken-po, que Pharos volvió a ganar); lucha de pulgares (que ganó Naruto); y adivinanzas (que curiosamente terminaron en empate).
Antes de que pudieran seguir, Pharos miró el reloj colgado en la cocina, observando que ya marcaba las 7:44. Naruto tomó su mochila y se la colocó en la espalda, mientras que el mago se levantó y se colocó su habitual capa azul, por la simple razón de que se sentía desnudo sin ella, algo que atribuía a que la capa era el último vestigio de magia que el pelirrojo podía sentir. En cierto modo, le hacía sentir como si estuviera de vuelta en el templo, rodeado de sus fallecidos camaradas y amigos.
Salieron de la casa y, una vez que Pharos puso los sellos de seguridad, comenzaron a caminar por las calles de Konoha. Era algo temprano, pero ya podía verse algo de actividad, con los comerciantes abriendo sus tiendas, ofreciendo sus productos o charlando animadamente entre ellos. Algunos aldeanos miraban lo que se ponía a la venta y compraban aquello que les interesara, o simplemente pasaban por allí, mientras se dirigían a comenzar sus rutinas diarias, aunque había más de uno que le dirigía una mirada de odio a Naruto al pasar.
También podía verse a algunas familias con sus hijos caminando, con los más pequeños mirando con asombro y emoción las diferentes mercaderías, que iban desde alimentos y ropas, hasta juguetes y armas, y rogaban a sus padres o hermanos que les compraran algo o que se los dieran como regalos para sus cumpleaños, mientras que los más grandes les respondían que si se portaban bien tal vez se los darían o se los prometían para otro momento, aunque nunca faltaba la madre o el padre estrictos que les recriminaban a sus hijos que habían roto el último juguete que les habían comprado, o que eran demasiado grandes o pequeños para determinadas cosas.
Ver estas pequeñas cotidianidades de las familias le provocaba a Naruto enojo, celos, dolor y tristeza. Aunque tuviera a una persona que podía considerar su hermano a su lado, él aún deseaba tener una familia normal, con un padre y una madre, y tal vez un hermano o hermana de su propia sangre, aunque nunca dejaría de considerar a Pharos como tal, incluso si súbitamente se realizara su deseo. Estaba celoso de esos niños que tenían esa suerte, y no podía evitar sentir un poco de enojo hacia la aldea, por el desprecio que le tenían. Podía contar con los dedos de la mano las personas que no le discriminaban y que al menos le trataban con neutralidad. ¿Por qué cada vez que alguien llegaba al orfanato con intenciones de adopción, le tenían que decir casi en la cara que nadie lo quería y que nadie jamás querría estar siquiera relacionado con él? ¿Por qué tenía que estar siempre solo, hasta que Pharos apareció?
Pharos, por su parte, y debido a su propia madurez mental y espiritual, sólo sentía tristeza. Se preguntaba por qué sus padres murieron, cuando él sobrevivió al terremoto que los mató a ellos y a todos los que vivían en el mismo edificio de apartamentos sin un rasguño. Quería saber cómo hubiera sido su vida, si sus padres hubieran sobrevivido, aunque fuera sólo uno de ellos. ¿Sería aun así un mago, o una persona "normal"? ¿Habría alguna vez conocido a Unis o habría sido elegido por los dioses para empuñar sus poderes? ¿Qué cosas cambiarían y cuáles permanecerían iguales? Aunque sabía que no podía cambiar el pasado (a pesar de haberlo intentado varias veces, y haber fracasado espectacularmente en todas ellas), no podía evitar de vez en cuando volver a hacerse estas preguntas, que sabía que no tendrían más respuesta que simples suposiciones.
Aunque aún le dejaba incógnitas que ni siquiera tenían hipótesis con las cuales responder respecto a sus padres, como sus nombres o cómo se conocieron. Sabía que le amaban, gracias a un único recuerdo de cuando tenía alrededor de once meses de edad, que el Maestro Shimsu le ayudó a recuperar antes de que se borrara de su memoria como los demás, convirtiéndose en su recuerdo más preciado. Ese simple conocimiento le traía mucha paz interior, y le daba fuerza cuando más la precisaba, aunque no le aliviaba completamente sus pesares respecto a lo que podría haber sido y no fue.
Mientras seguían caminando, notaron que varias familias completas, y varios niños acompañados de quienes supusieron que eran sus hermanos mayores, tíos, padre o madre, seguían el mismo camino que ellos desde hacía varios minutos, algunos dirigiéndoles miradas de odio y otros ignorándolos olímpicamente. Pronto entendieron que eran otros estudiantes de la academia, ya fueran nuevos ingresos o alumnos tomando su último año de clases, al tiempo que se veía la entrada al edificio.
Frente a las puertas podía verse una multitud de chicos de seis a once años acompañados por sus padres o hermanos conversando animadamente. También había algunos shinobi, aunque entre ellos se destacaba la figura del Hokage, quien estaba hablando con varios de los senseis, aunque sintió su llegada, y les sonrió, antes de continuar la charla que mantenía con los ninjas. Viendo que aún faltaba un poco de tiempo para que comenzara la ceremonia de inicio de clases, Pharos llevó al rubio a un lugar apartado.
«Naruto, voy a darte algo.» Dicho esto, el mago sacó de un bolsillo uno de sus kunai de tres puntas, y se lo entregó. «Recuerda, esto no es un juguete ni un trofeo para exhibir al mundo. Por ello, quiero que lo tengas bien guardado, y no dejes que nadie lo vea ni lo tome. Es únicamente para emergencias. Si realmente me necesitas de inmediato, sólo tienes que poner un poco de tu chakra a través del mango. ¿Entendido?» Naruto asintió, pero también le preguntó algo. «OK, pero ¿qué hago si alguno de los senseis me lo saca?» Ante la pregunta, Pharos sólo sonrió, aunque sus ojos tenían un brillo que asustaba ligeramente a Naruto. «No te preocupes, este kunai sólo puede ser empuñado por ti. Si alguien más lo toma… no será nada bueno.» El mago rio ligeramente, tratando de no llamar la atención, y continuó.
«Además, para asegurar que nadie se corte con él, hay un pequeño sello en la hoja.» Tomó el kunai de vuelta y marcó con un dedo una pequeña pero intrincadísima inscripción que se extendía desde el principio de la hoja hasta la punta mayor del arma. «Esto forma una pequeña barrera alrededor de la hoja, de manera que si es lanzado no cortará nada, sólo rebotará. Esta barrera siempre está activa, así que no te preocupes. El único momento en que la barrera desaparece, es cuando tú, y sólo tú, empuñas el arma o si le pones chakra.» Le devolvió el kunai y Naruto lo guardó en uno de sus bolsillos.
«Una cosa más. El Kage Bunshin no Jutsu y tus técnicas de Fūton debes mantenerlas ocultas. Lo mismo va para el Shishienjin.» le dijo. «¡Pero esas son mis técnicas más geniales! ¡Me costó mucho trabajo dominarlas! ¡¿Por qué no puedo usarlas -ttebayo?!» se quejó Naruto, haciendo un puchero.
«No sé por qué el Sandaime decidió darnos el Kage Bunshin no Jutsu, pero podría traer problemas si alguien se entera de que puedes usarla, porque pensarán que te están favoreciendo injustamente, y los ninjas pondrán el grito en el cielo si se enteran de que una técnica de nivel Jōnin está en manos de un niño. Además, tus compañeros de clase se podrían poner celosos. Así que sólo deberías usarlas cuando sea una emergencia y si es posible que nadie te vea. ¿Entendido?» Naruto asintió, derrotado y un poco molesto.
«Ahora, no te pongas así. Es tu primer día de clases y con esa cara no vas a hacer muchos amigos…» Antes de que pudiera seguir, el rubio le interrumpió. «Niisan, ¿tú crees que… ellos me… odiarán como los demás?» Le preguntó, preocupado, aunque el mago ya podía ver que en sus ojos se comenzaban a formar lágrimas. «Naruto, seré sincero contigo. Los padres de esos niños probablemente les hayan ordenado mantenerse lejos de ti. Sin embargo, estoy seguro de que encontrarás algunos compañeros que te aceptarán sin problemas. Tal vez no se hagan amigos al instante, pero con el tiempo lo serán.» Le dijo, mientras le secaba el par de lágrimas que le rodaban por las mejillas con la manga derecha de su capa.
Echó un vistazo atrás, viendo que había más movimiento de gente que antes. «Creo que la ceremonia está por empezar, será mejor que vayamos. ¿Estás listo?» Le preguntó el mago, obteniendo un asentimiento de cabeza y una pequeña sonrisa.
Sin embargo, cuando volvieron se dieron cuenta de que había muchas personas, principalmente adultas, que les echaban miradas sucias, y murmuraban comentarios despectivos dirigidos hacia Naruto. Pharos se separó un poco de Naruto y emitió una gigantesca cantidad de intención asesina, muy superior a la de Kurama, pero sólo por unos segundos, mientras mantenía una sonrisa, aunque fuera tan solo para que Naruto no sospechara nada extraño. La razón por la que se separó de Naruto momentáneamente era que quería que todos supieran quién era el dueño de ese potente sakki, y no le echaran la carga al rubio, además de que su intención asesina estaba dirigida únicamente a las personas que les habían mirado con desprecio. A pesar de que duró sólo un momento, fue suficiente para que la mayoría se pusiera pálido y sudoroso, y alguno que otro se desmayó.
El Hokage tomó nota de esto, pero no dijo nada, sólo se aclaró la garganta para llamar la atención y comenzar el discurso de bienvenida, que casi todos los alumnos rápidamente bloquearon, mientras que los familiares y profesores escuchaban atentamente o por lo menos tenían la decencia de parecer estar escuchando atentamente, a diferencia de los estudiantes, que no tenían problemas en mostrar abiertamente el aburrimiento que les provocaba.
Una vez que todas las formalidades estaban terminadas, los senseis fueron llamando a sus grupos. Cuando llegó el turno de Naruto, le deseó buena suerte, mientras el rubio marchaba con el resto de los estudiantes.
Una vez que estuvo adentro del edificio, el mago se giró ligeramente para saludar con la cabeza al Sandaime, quien le había estado observando, y se tele transportó de vuelta a su casa. Todavía quedaba mucho trabajo por hacer.
Por la tarde
Pharos estaba meditando en su estudio, pensando y repensando cómo vencer a Apofis, cuando Naruto llegó a la casa. El mago se levantó del piso sobre el que se había sentado y comenzó a estirarse, pero se detuvo cuando vio al rubio caminar directamente a su dormitorio y cerrar la puerta de un golpe, y un segundo después se escuchó el sonido de un cuerpo dejándose caer en la cama.
El pelirrojo entró en la habitación y vio que el chico estaba llorando silenciosamente, con la cara oculta en la almohada. «Pobre, los profesores deben haberlo tratado peor de lo que esperaba, y sus compañeros no hicieron nada o se unieron con sus senseis… Aunque sea un huérfano con una larga historia de ser tratado terriblemente mal, le debe haber dolido mucho más que de costumbre… tal vez porque tenía esperanzas de que no hubiera sido así… es mi culpa también, al final de cuentas yo alimenté esa ilusión.» Pensó, mientras se sentaba en la cama. Si Naruto se dio cuenta que el mago estaba allí, no hizo nada por demostrarlo.
Pharos no tenía mucha idea de cómo consolar al rubio (o cualquier otro niño, a decir verdad), pero lo iba a intentar de todos modos. Así fue que con un poco de titubeo puso una mano en el hombro de Naruto, moviendo el pulgar lentamente en círculos, para calmarlo. «Todo va a estar bien, tranquilo, Naruto. No estás solo…» El rubio inmediatamente se levantó y se volteó a ver a Pharos, con una expresión de enojo, sacudiéndose la mano de encima. El mago pudo observar que tenía los ojos enrojecidos de llorar.
«¡NO! ¿¡Acaso no lo ves!? ¡Nunca me van a aceptar! ¡Siempre me van a mirar con esos ojos llenos de odio! ¡No importa que haga, siempre seré "ese chico" o "el mocoso demonio"! ¡Y ni siquiera sé por qué!» le gritó. Su expresión se suavizó ligeramente y bajó la cabeza. «Me siento solo… y duele… duele mucho –ttebayo…» murmuró, mientras se secaba las nuevas lágrimas que se le escapaban.
Pharos se levantó y abrazó al rubio, quién simplemente hundió la cara en el hombro del pelirrojo y dejó salir sus frustraciones, miedos y otras emociones. Pharos sólo se limitó a murmurar palabras reconfortantes, no sabiendo qué otra cosa hacer por el momento. Después de unos minutos, sintió que Naruto comenzaba a apoyar más peso sobre él y su respiración se volvía más lenta y regular, dándole a saber al mago que el Jinchūriki se había dormido. «El estrés emocional de estos días le ha golpeado duro, como para terminar durmiéndose de pie… creo que será mejor que lo deje descansar por ahora, si tiene hambre seguro se despertará…» pensó el pelirrojo.
Lentamente, llevó a Naruto hasta la cama, donde lo acomodó lo mejor que pudo y lo cubrió con una de las mantas. Se dio vuelta para volver a su habitación a meditar otro rato más, sin embargo, sintió que el chakra de Naruto se volvía más inquieto con cada paso que daba. Por un momento pensó que el rubio estaba despierto, pero descartó esa idea y se volvió a sentar en la cama. Notó que las emociones negativas que sentía se reducían en la medida en la que él estuviera cerca.
Sacudiendo la cabeza, Pharos esparció su chakra dentro de la habitación, canalizando a través de esa energía una sensación de calma, de manera que el rubio durmiera sin problemas. «Unis se reiría viéndome ahora. Yo, el amargado y ligeramente antipático Pharos, teniendo algo de éxito en el cuidado de niños con graves problemas emocionales e inseguridades. Naruto ya parecía estar un poco mejor antes de dormirse, así que supongo que no ha sido tan mal… Tantos libros para padres sobre cómo criar a sus hijos con pasos ultra detallados para cada etapa de sus vidas, y ni uno solo sobre "Cómo ser un buen hermano mayor y no fracasar espectacularmente"…» se quejó mentalmente, no dejando que su ligera irritación se mezclara con el chakra que saturaba el ambiente. Se recostó y después de un rato se quedó dormido.
Dos semanas después
La decepción de Naruto hacia la academia (y sus profesores y alumnos) no ha hecho otra cosa más que aumentar. Rápidamente ha perdido interés en las clases, pero aún sigue intentando ser un alumno normal, aunque Pharos ha visto que por momentos surge la faceta bromista y traviesa del rubio. Sin que nadie se entere, el mago ha estado vigilando las clases de Naruto desde dentro del aula, usando un Henge y suprimiendo su chakra al máximo, sin quebrantar el jutsu. Ha visto las acciones de los senseis y alumnos, y más de una vez casi se le escapa un poco de intención asesina, aunque logra mantenerse indetectable, excepto para el Hokage, quien también observa la situación periódicamente desde su bola de cristal.
Sin embargo, el mago sabe que no puede hacer nada por el Jinchūriki, al menos de momento, por lo que decide comenzar a prepararse para el viaje que venía planeando. Aunque originalmente planeaba conseguir el contrato de invocación para que Naruto pudiera comunicarse con él o para tener alguna clase de apoyo si lo necesitaba, su motivación principal ahora es que Naruto tenga alguien que le haga compañía, principalmente cuando Pharos se fuera de viaje y Naruto quedara prácticamente solo o por si llegara a sucederle algo.
El pelirrojo acababa de salir de la oficina del Hokage, habiéndole informado hace unos días que saldría de viaje y había vuelto a su oficina sólo para confirmarle su decisión, apreciando que si bien el Sandaime mantiene el papeleo controlado, por las tardes parece muy cansado, algo que seguramente viene de los dolores de cabeza que produce su trabajo, multiplicado por la cantidad de clones que hace en el día.
Se dirigía a la academia, de la que comenzaban a salir los estudiantes, algunos de manera calmada, y otros de forma caótica, corriendo como si adentro del edificio hubiera un enorme monstruo malvado (que algunos conocemos como clases).
Después de unos minutos, vio al rubio salir de la escuela, cargando un aura muy depresiva, que se alivió ligeramente cuando vio al pelirrojo. Caminaron de vuelta a casa casi en silencio, principalmente porque Naruto no tenía demasiado ánimo de hablar, y Pharos prefería decirle de sus planes en privado.
Una vez que llegaron, Pharos activó los sellos de seguridad y volvió a revisar que no hubiera infiltrados. Viendo que estaban en privado, el mago llevó a Naruto nuevamente a su estudio, mientras revisaba que todas sus cosas estuvieran en orden.
«Naruto, hoy saldré de viaje y no volveré por un mes, más o menos.» Comenzó, sin dar rodeos, mientras que el rubio se desanimaba aún más. «Voy a ver si puedo conseguirnos un contrato de invocación. Además de eso, voy a ver si consigo información sobre Fūinjutsu y tal vez algún jutsu nuevo para ti.» El joven Jinchūriki se sintió un poco mejor, aunque no mucho. «Aunque no te puedo prometer nada, ya que todavía no sé si conseguiré uno.» Le explicó. «Estaré de vuelta antes de tu cumpleaños, ¿OK?» Le dijo, mientras Naruto comenzaba a entrar en depresión de nuevo, aunque también se sentía un poco herido, tal vez por la forma casi brutal en que recibió la noticia.
«OK, pero promete que… volverás, por favor.» Le suplicó Naruto. Pharos podía ver a través de los zafíreos ojos un montón de emociones, aunque la más prominente parecía ser la desesperación. El pelirrojo se dio vuelta en falsa molestia y le contestó «¡Já!, como si hubiera algo allí afuera que pudiera impedírmelo. Me ofende que pienses tan poco de mí.»
Se puso de cara a Naruto y le sonrió. «No te preocupes, te prometo que volveré para festejar tu cumpleaños. Tal vez traiga algo más…» Le dijo, mientras se colocaba su capa encima, y el rubio sonreía. «¿¡Vas a traerme algún regalo?! ¡Oh, oh, oh! ¡Ya sé! ¡Tráeme dos jutsus en vez de uno! ¡No, mejor tres! ¡Por favor, por favor! ¡PORFIS -ttebayo!» y para terminar el súper combo final, los ojos de cachorrito más potentes que Pharos haya jamás visto, aunque no pudo evitar pensar que la infancia de Naruto parecía dar vueltas alrededor del entrenamiento y los jutsus llamativos o súper-poderosos, algo que no le parecía correcto, considerando que era un niño, pero no encontrando la forma de solucionarlo o siquiera de cómo afrontar el problema.
Por otro lado, iba a convertirse en un shinobi, y de acuerdo con lo que Pharos sabía, el más fuerte del mundo, sin convertirse en un completo idiota sediento de poder (a pesar de seguir siendo un tanto idiota) o en un heraldo del fin del mundo.
Agitando sus manos en gesto de aplacamiento, y tratando de conservar un mínimo de espacio personal que Naruto estaba reduciendo al acercarse más y más, todavía con su "jutsu ocular" activo, le respondió «Vale, veré que puedo conseguir, pero será sorpresa. ¿Entendido?» Naruto aceptó inmediatamente con un eufórico «¡Sí!» y se lanzó a abrazar a Pharos, quien no pudo hacer nada debido a la muy corta distancia que los separaba, haciendo que se cayera de espaldas sobre el suelo, con el peso adicional de Naruto encima, que vale destacar era algo más pesado que el pelirrojo.
«¡Uf! ¡Sal de encima, no me dejas respirar!» se quejó, al tiempo que le daba un empujón y se levantaba, sacudiendo su ropa para quitarse el inexistente polvo. «Por todos los dioses, no te lances encima de mí. Ya te he dicho que no me abraces tanto. ¿Tienes idea de lo que significa "espacio personal" y de la cantidad de piel roja que tengo después?» Se quejó, pero el Jinchūriki estaba silencioso, lo que le hizo levantar la vista.
El rubio ya estaba de pie, pero lo miraba con una sonrisa traviesa, que a Pharos le daba escalofríos. Sólo por si acaso, comenzó a retroceder hacia la puerta de la calle, manteniendo una expresión nerviosa y la vista fija en el rubio que le seguía paso a paso. Pero ni bien llegó a salir del estudio que la sonrisa de Naruto creció, y dijo «Ya que no vas a estar aquí por un mes, entonces tengo que darte un abrazo que te dure muuucho tiempo -ttebayo…» mientras se escapaba una pequeña risa malvada. Oh, cómo le encantaba fastidiar a Pharos, y nada mejor que la ausencia del "espacio personal" que el pelirrojo tanto predicaba. Por no decir que era su propia forma de encontrar algo de confort emocional.
El mago lo miró fijamente por un momento y luego salió corriendo hacia la puerta, chakra cargado en su mano, listo para desactivar el sello de seguridad. Hizo un ligero toque en el sello, y se apartó inmediatamente de la puerta, antes de que Naruto lo alcanzara. El rubio le siguió hacia la cocina, donde quedaron separados por la mesa. Después de varios intentos por moverse hacia uno de los costados, fallando cada vez, sin importar cuantas fintas hiciera el pelirrojo, se lanzó por encima de la mesa y justo en el momento en que Naruto se arrojó para agarrarlo, se tele-transportó detrás de él, usando el marcador del Hiraishin colocado en el kunai de tres puntas que el rubio todavía tenía guardado en el bolsillo, y corrió a toda velocidad hacia la puerta, abriéndola al instante y saltando hacia la calle.
El rubio había chocado contra la pared, pero se levantó tan rápido como pudo y salió en persecución, mientras que a la pasada creaba un clon de sombra que cerrara la puerta y recolocara el sello de seguridad.
Viendo a Pharos escapándose por los techos inmediatamente envió una gran cantidad de chakra a sus piernas y muslos, y dando un gran salto, le siguió el paso a gran velocidad.
El mago dio vuelta la cabeza, viendo que Naruto comenzaba a acercársele, e inmediatamente bajó al nivel de calle, corriendo en zigzag, mezclándose entre la multitud, tratando de perderlo, pero sin éxito. Por lo que salió disparado de vuelta a los techos y directo a los campos de entrenamiento. Dejaría que Naruto le atrapara, pero no iba a dejarse servido en bandeja.
…
Algunos minutos después, el mago tenía la espalda contra un árbol muy grande, rodeado por cientos de Narutos, todos ellos ofreciéndole una sonrisa casi maliciosa, abriendo los brazos y listos para saltar sobre él. Viendo que no había muchas opciones el mago dejó bajar los brazos, agachó la cabeza y murmuró «Me rindo.» Los clones se desaparecieron, y sólo quedó un Naruto, que se lanzó hacia Pharos, sin ver la sonrisa que se le formó. «¡Nada! ¡A mí no me das abrazos!» El mago tomó con gran experticia los brazos del rubio en el aire y lo empujó hacia la derecha, y se alejó un poco, riendo con satisfacción. Sin embargo, en ese momento le pareció sentir movimiento detrás suyo, y cuando giró la cabeza, se encontró frente a frente con su perseguidor, quien le sonreía de oreja a oreja, mientras le respondía «¿Seguro?», al tiempo que lo atrapaba entre sus brazos. El pelirrojo forcejeó por unos segundos, tratando de liberarse, pero no pudo, por lo que se quedó quieto, notando vagamente que tenía los pies en el aire.
El pelirrojo hizo un mohín y preguntó «¿Cómo?» El rubio le sonrió y le respondió «Kawarimi.» Pharos miró hacia la zona donde creyó haberle arrojado, encontrando dos piedras poco llamativas en el suelo, que desaparecieron en una nube de humo. «Dejé un clon en ambos lados, sólo por si acaso… y esos dos clones usaron el Henge para transformarse en esas rocas que ves allí. Cuando me arrojaste, sólo tuve que sustituirme con uno de los clones y ¡listo dattebayo!»
Pharos le miró por un momento y sonrió. Definitivamente estaba progresando en sus tácticas, además de tener el Kawarimi no Jutsu completamente dominado. «Buen trabajo Naruto, estás creciendo.» le felicitó, y el rubio sólo sonrió aún más, orgulloso y feliz. Después de un momento, el mago dejó escapar un suspiro. «Ahora, ¿podrías soltarme? Me gusta tener los pies sobre algo sólido, no en el aire.» Le dijo, un poco de cansancio en su voz, como si ya hubiera pasado por lo mismo múltiples veces. Que seguramente era cierto.
«Está bien…» dijo el rubio, arrastrando las palabras. No quería soltarlo, puesto que eso significaba que se iría más pronto. Y no quería que se fuera. Pero de todos modos lo soltó. Pharos se dio vuelta y miró a Naruto fijamente, como si tratara de encontrar algún detalle extraño. Súbitamente le apuntó un dedo. «¡Ahora lo veo! » El rubio le miró por un momento, completamente confundido, aunque no permaneció así mucho más tiempo. «¡Estás más alto que yo!» Le dijo el pelirrojo.
Naruto le miró extrañado por un momento, pero luego se dio cuenta de que le estaba observando a los ojos, ligeramente desde arriba. Parecía ser que ninguno de los dos se había dado cuenta, porque a Pharos no le importaba mucho su altura (a menos que alguien le hiciera burla por ello, o si se lo mencionaban demasiado), y Naruto era demasiado distraído. Inmediatamente sonrió como idiota y comenzó a dar pequeños saltitos de alegría. El pelirrojo le observó, sacudiendo la cabeza por las payasadas que hacía, pero se alegraba por él. Considerando que antes Naruto era prácticamente un enano, con apenas 92 cm de altura al cumplir seis años, al menos ahora se podía decir que simplemente estaba debajo de la estatura promedio, con 110 cm de altura. Pharos por su parte apenas era un centímetro más bajo.
«Bueno, al menos puedo ver que toda la comida que te has tragado todo este tiempo no se desperdició…» dijo el pelirrojo. «Semejante crecimiento debería ser imposible, pero de alguna manera ha crecido unos 20 cm en menos de un año. Tal vez sólo sea su cuerpo compensando por años pasados, junto con su chakra y el de Kurama, pero me asusta de todos modos. Sólo espero que no siga creciendo tan rápido, o voy a tener a un gigante muy hambriento en casa todos los días… mi pobre cuenta de banco» pensó el mago, dejando escapar un suspiro, imaginando como cada moneda desaparecía una por una, hasta no quedar nada.
«…Nii-chan… ¡Pharos-nii-chan!» Le gritó Naruto, irritado. El pelirrojo parpadeó y sonrió avergonzado. «Eh, perdón, me perdí en el camino de la vida… en fin, ¿qué pasa?» le preguntó. Naruto dejó escapar un resoplido frente a la pobre excusa. «He querido preguntarte algo hace varios días. ¿Sabes qué es esto?» Y para sorpresa de Pharos, se sacó la chaqueta y la camiseta que llevaba debajo, dejando expuesto su cuerpo. El rubio concentró su chakra y al mismo tiempo concentró todo su resentimiento y enojo, dejándolo fluir por su chakra, y sobre su abdomen aparecieron las marcas del Hakke no Fūin Shiki.
El mago salió de su estupor y se agachó delante del sello, fingiendo curiosidad, para evitar que Naruto sospechara. «Esto es inesperado, Naruto no debería haberse dado cuenta del sello, no tan pronto, al menos. Así que, ¿cómo fue que llegamos aquí?» El pelirrojo pensó por unos segundos, mientras seguía observando el sello. «Claro… yo. Aunque no le enseñado casi nada de sellos formalmente, debe haber aprendido alguna que otra cosa, y cuando vio el Hakke Fūin debió haber pensado que sería alguna clase de Fūinjutsu. La pregunta es si él ya sabe del Kyūbi o si siquiera tiene idea de para qué sirve esta clase de sellos… tal vez sea mejor que informe al Sandaime. Pero primero debo ver cuánto sabe Naruto…»
Pharos levantó la vista y analizó por un momento a Naruto, quien le veía con cómica preocupación, sus ojos con pupilas como las de un zorro, pero todavía con el iris azul. El rubio se puso más nervioso con la mirada que le daba, lo cual hizo que el sello desapareciera de la vista, mientras que sus pupilas regresaban a la normalidad. «No es nada malo, ¿verdad? No voy a morirme ni nada, ¿cierto?»
El pelirrojo sólo dejó escapar una carcajada «Bueno, parece que Naruto está totalmente ignorante del zorro, si su comentario y las emociones que está sintiendo son indicación de ello. Ahora investiguemos un poco más a fondo este sello. Naruto, voy a ver si puedo descubrir qué es esto, así que quédate quieto, ¿OK?» Naruto asintió, todavía nervioso, y el mago colocó su mano, cubierta de chakra, apenas medio centímetro sobre el abdomen del rubio, cerrando los ojos y concentrándose completamente en el sello, al tiempo que ignoraba las risas contenidas del Jinchūriki de las cosquillas que le causaba el chakra, que parecía acariciarle la piel.
«Primero debo verificar que el sello esté estable. Desde lo que pasó en el Bosque de la Muerte tengo esa duda. Esto sería más fácil si yo tuviera algún pergamino describiendo a detalle cómo funciona. En el manga siempre dicen que se compone de dos sellos de cuatro símbolos (Shishō Fūin) superpuestos, con una abertura entre ambos, de la cual el chakra de Kurama sale y se mezcla de forma estable con la energía de Naruto. Así que tengo que buscar dos concentraciones especiales de chakra normal con una pequeña cantidad de chakra de Bijū circulando a través. Si esto funciona como otros conjuros similares basados en magia, entonces podría comprender el diseño del sello, hacerle ingeniería inversa y fabricarle una llave, si fuera necesario…» El mago sacudió la cabeza. «Parezco un pirata informático… en vez de hackear software se trata de una celda que contiene a un zorro capaz de lanzar bombas nucleares por la boca…» Pharos dejó escapar un suspiro y se concentró en su tarea.
Al instante encontró lo que buscaba, y una vez que verificó que no hubiera nada extraño, trató de analizar profundamente el Hakke Fūin. Aunque logró entender a grandes rasgos los componentes que formaban el sello, lo que tenía no era suficiente siquiera para tratar de hacer un esbozo de la llave. «Lástima, hace tiempo que no tengo un buen desafío. Tal vez si consigo el diseño del Shishō Fūin pueda lograrlo. Aun así, es posible que Minato haya usado una versión modificada, o que el sello y la llave sean asimétricos, por lo cual sería imposible determinar o comprender completamente uno a través del otro, como si fueran dos ecuaciones diferentes pero relacionadas de alguna manera para obtener un resultado. Si de todos modos intentara crear una llave, podría ser peligroso para mí y Naruto… será mejor investigar bien a fondo antes de ponerme a jugar con eso.» pensó, decepcionado.
«Ahora, hay que interrogar a Naruto.» Con eso en mente, se puso de pie completamente y miró al rubio. «Es un sello de contención. Qué es lo que contiene, eso no lo sé, pero tengo que decir que es de alto nivel. ¿Cómo lo descubriste?» preguntó.
Naruto se puso en la "pose de pensamiento" y después de unos segundos respondió, con algo de confusión en su voz. «Creo que la primera vez que lo vi fue en el Bosque, cuando estabas inconsciente… aunque no le presté mucha atención –ttebayo. Después de eso lo vi un par de veces más. Creo que sólo aparece cuando estoy realmente enojado o furioso…» dijo, mirando al cielo. «¿Por qué crees que será?» preguntó, volviendo a observar a Pharos.
«Hm, no estoy seguro pero considerando lo que me has dicho, creo que lo que el sello contiene es chakra.» Le contestó el mago. Naruto estaba aún más confuso que antes. «¿Chakra? Para qué querría alguien mantener contenido mi chakra –ttebayo?»
«Bueno, puede ser que detrás del sello se esconda una cantidad de chakra muy grande, tan grande que tu cuerpo no pueda resistirlo, y por ello fue sellado.» replicó Pharos, manteniendo la fachada de ignorancia. «No te preocupes por nada, voy a investigarlo. ¿Algo más?» Naruto se quedó pensando por un momento, y sacudió la cabeza.
«No, eso es todo –ttebayo… ¿Ya te vas a ir?» preguntó, su ánimo decayendo. Pharos sonrió con tristeza y le asintió. «¿Puedo acompañarte –ttebayo?»
«Aunque te dijera que no, vendrías de todos modos. Así que ven, antes de que decida usar el Hiraishin y desaparezca…» le dijo, mientras le daba la ropa que había dejado tirada sobre la hierba y el césped del lugar.
Después de caminar durante algunos minutos, llegaron a la entrada del Este, donde los ya eternos Chūnin, Kotetsu Hagane e Izumo Kamizuki estaban sentados en una casilla de madera, al lado de las grandes puertas, apoyando los codos sobre el mostrador y manteniendo la cabeza alta sobre las manos, completamente aburridos y con pinta de querer dormirse.
«¿Ya te vas de nuevo, niño?» preguntaron, a coro. Pharos asintió, algo descolocado por la sincronización perfecta. «Sí, aquí está el permiso.» Y de su capa extrajo un formulario, que puso sobre el mostrador. «Diablos, tú siempre estás saliendo a ver el mundo, y mientras tanto nosotros estamos atascados aquí, vigilando la puerta…» dijo Kotetsu, mientras verificaba el permiso de salida. Izumo le lanzó una mirada reprobatoria. «Lo dice el que siempre se está quejando de las misiones que nos dan…»
«¡Pero siempre nos dan misiones demasiado simples o triviales!» le replicó su compañero, olvidándose del papel.
«Pfft, realizar los encargos especiales de Hokage-sama no es algo trivial» le reprochó Izumo.
«Chicos…» Pharos trató de llamar la atención, sin éxito.
«Oh, por favor, ¿recuerdas esa misión de hace tres meses? Nos envió fuera del País del Fuego por tabaco. ¡Tabaco!» se quejó Kotetsu. «De hecho, estoy seguro de que tenía más guardado por ahí.»
«Chicos…» volvió a intentar el mago, siendo ignorado nuevamente.
«¡Ese era un regalo especial del Daimyō del País del Té!» le gritó Izumo.
«¡CHICOS!» gritó Pharos, harto de la pelea.
«¿¡QUÉ?!» respondieron ambos.
«¡Hagan su maldito trabajo! ¡O voy a arrancarles las tripas, los ojos y la lengua con mis propias manos para finalmente sacarles el cerebro por la nariz con un pedazo de metal ardiente!» amenazó Pharos, agregando sakki para más credibilidad. Naruto se alejó un poco del pelirrojo, bastante asustado. El par de Chūnins asintió e inmediatamente se pusieron a trabajar. Después de casi medio minuto, el papeleo estaba terminado.
Pharos se dio vuelta y observó al rubio, quien tenía la cara triste. «Bueno, ya es la hora de irse. Será mejor que vayas a casa.»
Naruto asintió y le abrazó por un momento. «Está bien, pero no tardes.»
«No te preocupes, volveré pronto.» Y con eso, el pelirrojo desapareció de la vista, mientras Naruto se daba vuelta y se dirigía a su casa lentamente, con la cabeza baja.
El décimo capítulo terminado.
Mirando atrás, me causa risa la cantidad de tiempo que gasté tratando de escribir lo que podríamos llamar "escenas sentimentales". Más de una vez estuve caminando en círculos en mi habitación pensando cómo debían desarrollarse las reacciones de Naruto en esta etapa, que si bien el manga nunca ilustró, en el animé hubo media temporada dedicada a estos tiempos, que algunos ya se habrán imaginado que me refiero al relleno de Shippuden, el que vino después de que Naruto fuera aclamado como héroe de Konoha (Ep. 176 en adelante). Usualmente terminaba conmigo agregando, cambiando o quitando dos o tres palabras y luego cerrando el archivo por la frustración. Más precisamente, la escena de la tarde del primer día de clases estuve una semana escribiéndola.
Creo que en su mayor parte fue el desarrollo de cómo se había vuelto algo vulnerable Naruto por tener a alguien cerca y confiable la mayor parte del tiempo, incluso cuando esta persona (Pharos) tiene cierta tendencia a irse de viaje varios días, y no es precisamente de las que permiten demasiado contacto físico, aunque esto no le impida proteger o ayudar a alguien a quien quiere o tiene alguna clase de afecto, o consolar a quien lo necesite. Estas características de su personalidad creo que son adecuadas para alguien cómo Pharos, que pasa gran parte de su tiempo en solitario, mentalmente tiene 15/16 años y tiene ciertas dificultades para confiar en otras personas o para establecer una conexión, en su mayor parte por temor a seguir perdiendo, y el hecho de que no quiere que alguien sufra por un error de su parte, algo que él ve como una ocurrencia demasiado frecuente en su vida.
En fin, el próximo capítulo creo que finalmente (después de al menos ocho meses de anunciarlo) se revela al menos uno de los grandes secretos de Naruto. Nuestro amigo será informado de su peludo inquilino viviendo en algún lugar de su estómago y tal vez algún que otro detalle más.
Aparte de esto, voy a publicar por apartado la lista de jutsus y otras cosas que vaya colocando en la historia para acomodar mejor el universo fantástico del que viene el mago, como invocaciones, estilos de lucha, conjuros mágicos y otras cuestiones. Me va a llevar un rato acomodar esto, pero tal vez lo publique hoy mismo. Esta lista se va a ir actualizando a medida que progrese la historia
Y por último, creo que más adelante voy a cambiar el título del Fic. El actual era en realidad sólo para identificar de alguna manera lo que estaba escribiendo, pero con el tiempo se me fue complicando pensar un nombre nuevo. Si alguien quiere tirar una idea, bienvenido sea.
Pero por ahora, eso es todo. Espero que les haya gustado y hasta la próxima!
