Hola a todas: disculpen nuevamente la tardanza ^^

Llega el lemon: no es marcado, pero es suficiente amor para esta linda pareja.

Espero les agrade: no olviden comentar y las espero en el próximo capítulo.

Disfrútenlo


Para que nunca me olvides

IX

Guapa, ni siquiera el sol te roza cuando pasa
más que blanca eres luz, hueles a malva, a madrugada.


Guapa, quiero amarte con las yemas de mis dedos
con mi aliento, con la luz de mi mirada
sin tocarte, sin romperte con mi cuerpo.

Guapa, es tu piel de una belleza que mata
yo no sé por qué me excitas y me amansas
eres bruja, eres tú, sólo tú.

Eres guapa quiero amarte en una noche de plata
y al amanecer besar tu vientre ámbar
eres mía, guapa.

Guapa, abrazarte es abrazar espuma blanca
cuando creo que te tengo te me escurres
como un sueño que se escapa de mi almohada.

Guapa, es tu piel de una belleza que mata
yo no sé por qué me excitas y me amansas
eres bruja, eres tú, sólo tú.

Guapa quiero amarte en una noche de plata
y al amanecer besar tu vientre ámbar
eres mía, eres tú...

Guapa, es tu piel de una belleza que mata
yo no sé por qué me excitas y me amansas
eres bruja, eres mía, eres guapa,
tan guapa que me matas.

"Guapa", Marcos Llunas


Caminaba con dificultad, sin poder tener las manos lejos de ella: la había maldecido durante todo este tiempo, recitando su nombre infinidad de veces en su frío cuarto, sin que el hechizo la conjurara.

No era necesario ya: estaba para él, en sus brazos… La acostó en su cama, ordenada pero gélida, hasta ahora, y se puso a horcajadas sobre ella: Natsumi seguía en su caminillo de besos por su cuello firme y bronceado, pero del teniente no tenía respuesta todavía.

Se deshacía entre sus mimos: Natsumi tenía los hilos de cada parte sensible de su cuerpo. Una rodilla de ella lo acariciaba en sus partes más sensibles, lo que provocaba los gemidos roncos de Shouji y la pérdida de control de la voluntad de la oficial. Luchaba con el pantalón del muchacho, con sus dedos sedientos de ansiedad y que a cada descubrimiento de desnudez abría los poros de su piel: desnudó al teniente, de quien poseía cada centímetro de piel bronceada, cada bíceps marcado de su abdomen…

-N-Natsumi, ah, n-no tienes por- ahhhh, tienes que escucharme…- imploraba Tokairin, quien ya no podía decir ni hacer nada: nublado del placer que le otorgaba Natsumi. Lo acariciaba insistentemente: le debía tanto, después de todo el sufrimiento y entrega, que no podía parar de hacerle sentir placer.

-Shhhhh, tranquilo: déjame mimarte…- musitó Natsumi, quien no dejaba de acariciarle el centro de su placer- Quiero escuchar tus dulces gemidos…

No era igual a lo que poseía con Tokki, no realmente: en ese lugar había algo mucho más hermoso y bello para ella que para cualquier persona… Sabía que para Shouji valía demasiado, y eso hacía una notoria diferencia.

Tokairin se sentía partido en dos. Quería continuar con la sensación que le otorgaba su novia, pero esto era algo más que un simple acto sexual: era su amor y corazón, completamente para ella, y debía demostrárselo.

Tomó la mano de ella, para detener el movimiento, e intercambió posiciones: ahora era él quien tomaba la iniciativa. Sin soltarle, le dio un beso en la palma, y a Natsumi se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Te he extrañado, ¡ah, Dios sabe cuánto!- le dijo, sin poder dejar de besar su mano: cada uno de sus dedos- No sabes cuán loco me pones: no quiero que vuelvas a separarte de mí- separó sus labios de su dorso y comenzó a besar su cuello, con más profundidad, lo que provocó el estremecimiento de Natsumi- Te necesito, ahora…

Desabotona con lentitud su camisa, a la par de besar cada parte descubierta: la muchacha retiene la sensación cerrando los ojos. Si es que alguna vez ocurría algo malo, podría soportarlo, sólo si lo traía al presente.

Saca la camisa e intenta captar el cierre de la falda: se pone a la altura de Natsumi, a la vez de pasar sus manos detrás de la espalda de ella, para lograr dar con el bendito broche- Vamos, Natsumi: no me ayudas con esto…

Natsumi se incorpora, apoyada de ambos codos y mirando fijamente a Shouji- Ajá… Supuse que requieres mi ayuda: el teniente necesita que le preste ayuda. ¿Con una bananita te bastará?

-Natsumi, si esto es una competencia…- la acuesta y da con la llave a su paraíso, descendiéndole rápidamente con la impresión de la aludida- Quiero siempre el empate: ¿bandera blanca?

-Jamás- lo miró a los ojos, pero con el brillo en los ojos que le indicaba todo lo contrario a lo que sus labios pronunciaban.

-… Me parece… estupendo- musitó pegado a sus labios, antes de devorarle la boca.

Las ropas desaparecieron: el teniente estimulaba a Natsumi, preparándola para el otro nivel, mientras ella trataba de no perderse en la vorágine de sentimientos que se había convertido la masa de miembros temblorosos de su cuerpo. De un momento a otro, su letargo terminó al ver los ojos azules del teniente enfrente de ella.

Sabía que había llegado el momento.

-¿Lista?- pronuncia Shouji, con miedo al rechazo.

-¿Debo temerte?- dijo Natsumi, sin el tono amenazador de antaño, sino más bien con incertidumbre.

El teniente la afirmó entre sus manos, entrando en ella rápidamente y provocando que se tensara por la irrupción en su cuerpo, pero lo que le contesta al oído la deja helada.

-Eres mía y yo soy tuyo: ¿podrías temerte?

Comenzó con un lento vaivén, pero Natsumi lo apresaba: quería saciarse de su mínima esencia… No dejar nada en él. El ritmo aumentó… Los labios se secaban a ratos, pero sus cuerpos necesitaban esa comunicación tan deseada, por tanto tiempo, que no pudieron negarse.

Y el día se hizo tarde: el sol comenzaba a perderse en el horizonte de los rascacielos… El cuerpo de la muchacha se arqueó, musitando el nombre del teniente, mientras Shouji la acompañaba minutos después.

El teniente quedó dormido en su pecho, mientras Natsumi acariciaba sus hebras con parsimonia: ya hace tiempo atrás, no sabe cuánto, no hubiese tenido la respuesta a la pregunta que le hizo el teniente… Fueron años de auto flagelo, mientras miraba cómo los minutos se la devoraban y estaba igual de vacía que al principio de la pena. No cabía duda alguna: en ese instante, comprendió que su remedio terminó por matar cualquier cosa buena a su alrededor…

… Por lo menos, se alegraba al ver que el teniente, con el que jugaba como si fueran pequeños, tuviese muy mal su sentido de la percepción con la gente.

Tokairin se remueve entre sus brazos, y Natsumi se ríe: no podían quitarle esto…

Este era su momento, y no volvería a dejarlo pasar…


Un mes después

Las cosas cambiaban en la estación Bokutou…

Era cierto que ese lugar estaba lleno de sorpresas, pero la cara de felicidad de Natsumi, las miradas largas que provocaban sus sonrojos, sus besos en los rincones,… en fin: no era para nadie un secreto de estado, pero era un juego entretenido para sus compañeros. Era agradable el sacarles más de un momento vergonzoso a ambos, especialmente al teniente, quien siempre se jactaba de ser alguien reservado y acucioso en su labor.

El amor nuevamente se respiraba en ese aire: todos estaban satisfechos…

… Todos, menos Miyuki.

Tenía la secreta esperanza enfocada en el teniente, pero, al parecer, malentendió sus gestos y favores: debió de estar ciega o Shouji era un excelente actor. Era cosa de ver a Natsumi y a Tokairin juntos: era como si no se hubiesen separado nunca desde que nacieron.

Estaba rota y decepcionada: las cosas no iban como las había planeado.

Nuevamente, la tómbola no daba a su favor y era frustrante el apretar los dientes y mirar con paciencia que todos estén contentos: se esforzaba, ciertamente, pero nunca era suficiente.

Nunca lo era…

Y allí estaba: miraba las luces del apartamento apagarse, sin tener en cuenta que su celular replicaba una y otra vez… Decenas de llamadas de Natsumi, quien se preocupaba por ella y sus retrasos recurrentes a tan altas horas de la noche.

Preocupada por el actuar de su amiga, quien intentaba alejarla del último motivo de su incipiente tranquilidad y felicidad.

-Miyuki, ¿de nuevo por aquí?

Sí, era Tokairin: en su buzo, con las manos desnudas, acostumbrado al frío más intenso… Todo desaparecía cuando escuchaba su voz.

-Hey… Lamento hacerte bajar…

-No es ninguna molestia, pero hace mucho frío: deberías—

-Lo sé, Shouji…- musitó Miyuki, mordiéndose los labios por no hacer una locura- Pero no puedo evitarlo: ya no vienes a casa, y eso me vuelve loca…

El teniente tenía compasión por ella: siempre estaba presto a ayudarle en lo que tenía a mano,… pero no podía mantener algo que era sólo una ilusión…

-No puedo seguir viéndote: esto va a matar a Natsumi… Ella ha hecho mucho por ti, no es justo que le pagues con esta moneda…

-Lo sé, lo sé, ¡Ahg, lo sé! Sólo quería—Quería verte así…- tomó sus brazos y los asió a su cuerpo- Quiero tocarlo, aunque sea mi imaginación…

Tokairin tomó sus brazos, apartándola con delicadeza.

-Me colocas en una disyuntiva enorme… No puedo seguir viéndote así: Natsumi se preocupa por ambos. Me siento incapaz de seguir mintiéndole, cuando eres tú quien me busca todo el tiempo…

Recién cayó en la cuenta de lo que Shouji le estaba diciendo: las cosas con Natsumi eran maravillosas, se sentía apoyada y respaldada por su compañera. Habían llegado a un nivel de empatía que era igualada a la que tenían de antaño.

Si Natsumi supiera lo que le está pasando con sus sentimientos, de seguro la dejaría sola: era algo que no podía siquiera dimensionar.

-¡No puedes decírselo, Tokairin!- apretó los brazos del teniente, desesperada por la supuesta acción.

-No se lo diré, no me corresponde: sé que la quieres, pero tienes que demostrarlo con hechos concretos- la miró directamente a los ojos- Si quieres mantener esa amistad, o dejas de seguirme o hablas con ella.

-No puedo hablar con ella: es una locura…

-Lo mismo pienso yo. Entonces, ya sabes qué tienes que hacer…

Mientras ellos conversaban, en una esquina, se encontraba Natsumi: inmovilizada, aterrada…

… dolida.


Sé que me enamoré
Yo caí perdida sin conocer
Que al salir el sol
Se te va el amor

Duele reconocer
Duele equivocarse y duele saber
Que sin ti es mejor
Aunque al principio no

Me perdí
Apenas te vi
Siempre me hiciste
como quisiste

Porque siempre estuve equivocada
Y no lo quise ver
Porque yo por ti la vida daba
Porque todo lo que empieza acaba

Porque nunca tuve más razones para estar sin él
Porque cuesta tomar decisiones
Porque se que va a doler
Y hoy pude entender
Que a esta mujer
Siempre la hiciste inmensamente triste

Hoy que no puedo más
Sigo decidida a dejarte atrás
Por tu desamor
Lastimada estoy

Me perdí
Apenas te vi
Siempre me hiciste como quisiste

Porque siempre estuve equivocada
Y no lo quise ver
Porque yo por ti la vida daba
Porque todo lo que empieza acaba

Porque nunca tuve más razones
para estar sin él
Porque cuesta tomar decisiones
Porque se va a doler

Si, así me sentía
No sé por qué seguía
Apostándole mi vida a él

Porque siempre estuve equivocada
Y no lo quise ver
Porque yo por ti la vida daba
Porque todo lo que empieza acaba

Porque nunca tuve más razones
para estar sin el
Porque cuesta tomar decisiones
Porque se que va doler

Y hoy pude entender
Que a esta mujer
Siempre la hiciste inmensamente triste.

"Equivocada", Thalía


Natsumi era una mujer fuerte.

Todos lo sabían: no hacía falta un reconocimiento público, como para saber que así era… Ciertamente, el impulso de mirar más arriba, al proponerse hacer todo lo que tenga a su alcance: esa insatisfacción que provocaba en la muchacha comerse la vida de un bocado era un rasgo de pocos. El círculo se reducía, al pensar en que sólo algunos lograban llegar a la meta impuesta.

Natsumi era una mujer de agallas, pero todo tiene un costo.

Con el pasar de los años y las experiencias acumuladas, supo que la vida era mucho más que el imponerse metas y cumplirlas a cualquier costo: bastaba con los acontecimientos de muerte, el arriesgar su carrera a niveles insospechados,… en fin. Acontecimientos que están fuera de los planes, de lo presupuestado: no era suficiente, al cometer un error, pagarlo con la misma moneda. Siempre se olvidan del vuelto, que es lo que más cuesta pagar.

Natsumi era fuerte, pero la vida le dio un golpe de humildad.

A veces, la vida no hace agachar la cabeza, cuando caminamos con el mentón en alto.

… Sólo que pensó, por primera vez, en la posibilidad de haber hecho bien al darle protección y cariño incondicional a sus iguales…

Y, de nuevo, se le devolvió el golpe.

Natsumi tiene claro que algo no estaba bien con Miyuki: eran atisbos de dudas, pero cada vez se hacían más recurrentes. Las salidas de casa la preocupaban, pero era peor el dolor que sentía en su pecho cada vez que observaba que llegaba a casa con una sonrisa ilusionada.

Llámenlo corazonada, pero su cuerpo era propenso a todo tipo de sensaciones y la mirada enamorada de Miyuki le dolía cada vez más.

Ya resignada a tener que llegar al meollo del asunto, tomó su abrigo y corrió a buscar a su compañera por los alrededores: buscó en cada lugar en el que podría estar.

Sin ninguna pista de dónde podría encontrarse, fue hacia el departamento de Tokairin, para que la ayudara a buscarla…

Antes de llegar al lugar, escuchó las voces de Miyuki y Tokairin.

Se asomó por la esquina y los vio a ambos muy cercanos.

No podía creer lo que sus ojos le estaban mostrando…


Se aferraba a los hombros del teniente: el movimiento era cada vez más acelerado. Se afirmaba con las piernas de su cintura, acoplándose como si fuesen uno solo: Shouji acariciaba sus pechos sensibles, provocando más gemidos de la muchacha.

No podía acallar sus gemidos: Shouji buscaba cada parte sensible de su cuerpo y la dejaba sin razón… Como una luz en su mente, buscó un punto entre el término del cuello y su hombro derecho y mordió la piel desnuda: el gruñido de satisfacción del teniente y el aumento de sus latidos era más notorio…

-N-no puedo, Shouji…

-Natsumi, ahhhhhhh…

El teniente terminó en la oficial, sin despegarse de ella en ningún momento: trataron de acompasar las respiraciones, hasta que Natsumi se soltó de sus brazos y el momento terminó de golpe.

-¿Necesitas que te ayude?

-No, estoy bien…

Tokairin la tomó del rostro: estaba pálida, pero sus ojos brillaban.

-Te ves preciosa, princesa…- la besó en los labios y le entregó su chaqueta, al atribuirle su palidez al frío de la estación.

Se arreglaron y salieron del gimnasio, tomados de la mano hasta llegar a la oficina.

-Shouji, aquí estás: venga, que necesito ayuda en estos reportes…

Así como comenzó, terminó el momento mágico: Miyuki lo tomó del brazo y comenzaron a hacer el trabajo, juntos…

Natsumi suspiró: llegó a su box y comenzó a ordenar sus cosas.

Aspiró el aroma del teniente en la chaqueta, pero su vista se desvió a la imagen de Miyuki y Shouji juntos… El siquiera pensar en la posibilidad que el aroma de Miyuki estuviese en sus prendas le provocó un rechazo lacerante de la boca del estómago.

Se apretó el vientre: incapaz de poder retener el asco incipiente, salió rápidamente de la oficina, provocando que todas las miradas estuviesen dirigidas a la oficial. Tokairin se percató de ello y dejó a Miyuki para buscar a Tsujimoto.

-¡Natsumi, Natsumi!

Estaba a punto de alcanzarla, pero Natsumi cerró la puerta del baño en sus narices: corrió al inodoro más cercano y vomitó todo su desayuno, de forma inmediata.

Después de quedar vacía, tiró de la cadena y limpió su boca: llegó al lavatorio y se mojó la cara. Se quedó pensando, afirmada de ambos brazos en el espejo, dejando gotear sus cabellos y su rostro

Estaba enfurecida, indignada, y sumamente molesta: la situación volvía a retroceder y estaba fuera de sus manos.

Se miró al espejo: estaba enajenada de cómo ocurrían las cosas en su propia vida y que la gente a su alrededor le mintiera de esa manera, tan descaradamente.

-¡Maldita sea!- su puño se incrustó en la puerta del baño, una y otra vez, hiriéndole la piel de los nudillos cada vez más, pero saciando su indignación frente a las mentiras de Miyuki y Tokairin. El aludido, al escuchar las palabras de Natsumi y sus golpes, entró inmediatamente al baño, sosteniendo a la muchacha para dejar de hacerse daño.

-¡Natsumi, ya basta: para, PARA!

-¡DÉJAME EN PAZ!- se soltó de sus brazos y se hizo hacia atrás.

Se quedaron mirando fijamente.

-¿Qué te pasa?

La llama de los ojos de la oficial bailoteaba con más brío.

-Te debió gustar mucho lo de esta mañana, me pregunto si es que ella lo sabe…

Los ojos del teniente se abrieron de par en par.

-Natsumi…

-Sé lo que me has ocultado, Tokairin: los vi ayer, juntos…

La bomba explotó, al fin y al cabo.

El teniente terminó por vivenciar lo que más temía.

-No lo entiendes, Natsumi: no es lo que parece…- avanza el teniente, pero Natsumi no hace amago de aceptarle.

-Me mentiste descaradamente: te dije que me preocupaba…- sus ojos estaban rojos, cansados- Tienes relaciones conmigo y eres incapaz de decirme lo que me tenía preocupada: no mereces mi tiempo…

Salió del baño, sin siquiera mirarle, mientras el teniente se quedó quieto en el mismo lugar: al poco rato llegó Miyuki, asustada por la reacción de su compañera.

-Tokairin…

-… Lo sabe todo, Miyuki…


Pidió permiso administrativo y se lo concedieron: buscó lo más necesario y armó su maleta. Dejó el departamento que ambas compartían, porque traicionó todo sus intentos por ayudarle y la golpeó en su amor propio, como nadie tendría la oportunidad…

Miyuki se sentía sola, pero ella se lo estaba buscando…

Dejó sus llaves y dejó una nota breve.

No eran necesarias las palabras, no por ahora.

Caminó con la maleta por las calles, buscando más un porqué a la situación que un lugar donde alojarse: estaba conciente que el problema no era él, pero todavía estaba molesta con Shouji, por lo que el pedirle hospedaje estaba descartado…

¡Qué bah!: ella trabajaba, por lo que bien podía costearse un hotel, mientras buscaba otra alternativa.

-¡Vaya, vaya: a quién tenemos por aquí!

Se dio la vuelta y encontró a Iruka, el dueño del bar: sus ojos se aguaron, y no le dio tiempo para reaccionar, cuando estaba entre sus brazos, llorando desesperadamente.

-Natsumi, no me asustes, ¿qué te pasa?


Iruka le ofreció ir a su casa: en el estado en el que se encontraba, le era incapaz el pensar que estuviese sola. Llegaron a ella: se sentaron en el living y Natsumi le contó todo lo que le había ocurrido.

Le sirvió una cerveza a Natsumi y se sentó: puso un codo en la mesa, pensativo por lo que acababa de escuchar.

-Esto sí que es un dilema: ¡qué lástima por Miyuki!, con lo linda que es, viene a meterse con ese tipo tan feo…

-No bromees: además, ¿quién te ha dicho que Tokairin sea infiel?

Iruka se sorprendió por la rapidez con la que acudió la muchacha a defender al teniente.

-¿No crees que él te haya sido infiel?

-No es por eso que estoy molesta: sé perfectamente que Shouji es muy noble, que no podía poner en evidencia a Miyuki, pero me molesta su pasividad: ¡no es posible que haya dejado pasar el tiempo, así como así!

Tenía la garrafa frente a ella, pero nada le apetecía: tal vez, desde su descompensación de la mañana.

-No puedo ni sentir el olor de esto: llévatelo, por favor…

El barman frunció el ceño: era extraño que Natsumi rechazara una cerveza, especialmente si era una de sus favoritas.

-Estás rara, Natsumi: no has tomado en un mes, ni siquiera tienes un tinte en las mejillas… O te guardas un cachorrito o estás muy enferma…

Lo miró con enojo, mientras tomaba su agenda, buscando un lugar donde quedarse.

-No es necesario que busques un sitio: sabes que tienes las puertas de mi casa abiertas, el tiempo que necesites, vas a hospedarte allí…

Pero Natsumi no le contestaba: Iruka le llamó la atención, pero seguía en mutismo…

Natsumi bajó la libreta, sin poder ocultar su propia sorpresa.

-Tengo que ir al doctor…


Tras un par de días tras los exámenes, Natsumi vuelve al consultorio.

Sentada en la sala de espera, sentía cómo el mundo le daba vueltas una y otra vez: no era posible, ¿cómo no se había dado cuenta?

-Pase, señorita Tsujimoto…

De un salto salió de sus pensamientos: tomó sus cosas y entró a la sala del doctor.

-Gracias, doctor…

-Bueno, usted dirá…

Inspiró y botó lentamente: estaba a punto de colapsar.

-Tengo retraso de una semana: vine por los resultados…

El anciano sonrió: tomó el examen, abierto, por lo que supuso que tenía ya la respuesta…

Estaba en el ojo del huracán y esta situación la pondría en un futuro incierto…

-Tengo el placer de informarle que los exámenes salieron positivos: señorita Tsujimoto, usted está embarazada…

Continuará…


Vaya, vaya: un lindo embarazo... Lamentable en la situación actual...

¿Cuál será la reacción de Tokairin, Miyuki seguirá en la búsqueda de su felicidad con el teniente?

Lo que podría ser peor, ¿Natsumi le dirá a Tokairin que el bebé es suyo?

Muchas preguntas y poco tiempo: en el próximo capítulo, aparece nuevamente Tokki...

Sí, y provocará incidentes que los dejaré a su imaginación XPPPP

Ya, besos y nos veremos.