LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-10-

PEQUEÑOS PROBLEMAS.

Sasuke.

Maldita fuese Hinata. Sus ojos enormes no dejaron de verme mientras despacio hacía lo que le pedí. Ella ya me había calentado y no dejaba de endurecerme esperando a que se desnudara. Miré fijamente como sus labios temblaron al detener sus movimientos, con sus manos inseguras deslizando sus bragas y su short a centímetros de mostrarme esa parte entre sus piernas. Sabía lo difícil que estaba resultándole, Hinata luchaba contra su pudor y claramente se esforzaba por ganar, pero estaba teniendo problemas.

Un cosquilleo extraño en mi pecho me comunicó lo jodidamente encantadora que me resultaba.

Todo de mí sabía que debía mantener mis manos lejos y dejarla darse cuenta que no podía con esto. Sin embargo, me acerqué. Con una tensa necesidad deslicé dos de mis dedos tocando la calidez de su sexo, reconociéndome lo jodido que estaba. Viéndola a los ojos acepté que quería hundirme en ella, perderme en su estrechez y su calor, sofocarla entre besos y embestidas; hacerla sudar recibiéndome a mí. La sentí temblar y cerrar los ojos. Hinata gimió y una descarga eléctrica me recorrió completo. Quise apretarme contra ella y buscar un poco de alivio, calmar mis ansias, al ofrecerle placer con mis dedos. La sentí vibrar al necesitarme, y perdí un poco más el control.

—Termina de hacerlo. — Ordené olfateando el aroma a fresas de su cabello mezclándose con la esencia de su excitación.

Ella jadeó y la sentí tensarse. Joder, que terminara de quitarse la puta ropa.

—Hinata. —La apresuré.

—¡Oh, no puedo hacer esto! — me dijo y me apartó. Sus manos temblaron mientras se abotonaba su short. Estaba tan excitada como yo, sin embargo, quiso alejarse.

—¿Por qué no? Acabas de decir que podrías con ello — pregunté francamente decepcionado, molesto, por cortarlo así.

Sus ojos parecieron aguarse al voltear —Porque no me siento cómoda haciéndolo de esta forma— me dijo de pronto—. No estoy acostumbrada y por mucho que me gustes y quiera estar contigo, no…

Hinata se calló y yo necesitaba saber qué era lo que tenía que decir.

—No pasaré por esto otra vez— añadió y con su cuerpo tenso buscó la puerta.

Sonreí pese a estar frustrado.

Así que todo se resumía a Gaara, entendí.

Hinata temía caer en el mismo círculo que con aquél poco hombre.

No supe si el pinchazo en el pecho fueron celos. Lo que sí reconocí, es que no la dejé irse porque no quise que lo hiciera.

La tomé de la muñeca antes de que tomara el pomo.

—Bien, te daré un tiempo para acostumbrarte— cedí y la vi sorprenderse cuando la jalé a mí. Hinata estaba nerviosa y yo solo podía concentrarme en la forma como sus senos subían y bajaban, también en mi pene duro pegado a su cadera. Mordí su oreja conteniéndome —. Si te dejo ir, sería otro fracaso contigo, Hinata. El más rápido de todos. — Reí y ella quiso hacer lo mismo.

Pero eso no era cierto. No me gustaba ser un bastardo con ella.

Cuando Hinata se giró, me besó los labios sin dejarme reaccionar. No sé cómo interpretó mis palabras, pero cuando me di cuenta, yo también la estaba besando con ganas. Tropecé con sus pies mientras la hacía caminar de espaldas a mi habitación, otra vez a mi cama. Antes de quitarle alguna prenda, yo me estaba sacando la camisa por la cabeza, ansiando volver a poner mis manos en ella.

Besé y mordí los labios de Hinata mientras la ayudaba a desnudarse. Ella perdió el equilibrio y terminó sentada en mi cama, yo caí arrodillado frente a ella, acariciando sus muslos. La blusa y sostén cayeron lejos de nosotros. Sus labios lucían ligeramente rojos y jadeantes cuando metí mis dedos bajo su short y bragas; se alzó para permitirme quitarlos y acaricié cada centímetro de piernas hasta sacarlas. El corazón me golpeaba fuerte pese al nulo esfuerzo. Besé su vientre tirante por la expectativa, y la calidez que me provocó sentirla callarse un gemido me gustó en demasía. Terminé separando sus muslos y metiendo mi cara entre sus piernas, posteriormente encajé mi lengua en su sedosa humedad.

Hinata gimió y tembló… pero me dejó hacerle.

Sentí la tensión en sus piernas y en todo su cuerpo cuando mis manos acariciaron desde sus caderas a toda su espalda, enredándole el cabello. Su piel era tan suave. Mientras comía de ella, no hacía más que atraerla a mí, completa. Hinata no era la única que necesitaba eso, joder que no. Su sabor ligero recorrió mi garganta, sabía a piel, una mezcla dulce y de acidez, a sexo. Evité su punto sensible, rozándolo apenas con mi nariz mientras me comía lo que me ofrecía. La penetré con la lengua y la sentí contraerse. Hinata terminó arqueándose contra mi colchón y con cada gemido me tensaba más.

Las piernas de Hinata se apretaron contra mi espalda cuando succioné con fuerza su clítoris. Sólo eso bastó para darme cuenta que arañaba el inicio de su orgasmo. Introduje solo la punta de uno de mis dedos comprobando todo su calor, y lloriqueó desilusionada cuando no la terminé de penetrar. Apreté su clítoris entre mis dientes antes de alzarme dejándola tropezando antes de llegar. Intentó retenerme ahí abajo, pero no lo permití. Le sonreí y sus ojos aguados me reclamaron lo que sus labios fruncidos no se atrevieron.

Subí sobre ella y agitada esperó a tener mi rostro a la par del suyo. Estaba sonrojada y avergonzada. Apreté uno de sus senos endurecidos. No dejé de ver como su sonrojo aumentó y extendí mi sonrisa. Ésta desapareció un poco al verla bajar sus manos y desabotonar mis pantalones. Hinata metió su mano y acarició mi caliente y muy dura longitud. Contuve un gemido cuando envestí contra su puño. Ella no pudo hacer lo mismo.

Dejé de jugar con uno de sus senos y despegué su flequillo mal acomodado. Me apoyé en mi codo y tuve su aliento caliente y tentador golpeando contra mis labios. Debería estar preocupado por estar acortando distancias, pero no quería pensar en ello. Hinata, más ansiosa de lo que creí, separó sus muslos y me acomodó en su entrada. Gimió y vibró. Creo que me provocó lo mismo y eso me calentó el pecho. Sus ojos enormes volvieron a fijarse en mí y antes de poder decirle que sería la última vez de hacerlo aquí, me tomó del rostro y me atrajo a ella.

Fui yo quien la besó esta vez. Lo hice con tanta fuerza que el colchón se hundió bajo nosotros. La seguí besando, disfrutando eso que tenía Hinata y la hacía diferente a Mei o cualquier otra: su forma de entregarse a la voluntad del otro. Cuando Hinata madurara adquiriría seguridad e iniciativa, por ahora su vulnerabilidad me volvía loco, me hacía sentir poderoso. Y lo disfrutaba. La sentía mía.

Mía cuando sus senos se aplastaban calientes bajo mi torso.

Mía cuando gemía en mi boca y me arañaba la espalda para retenerme. Cuando se arqueaba para tentarme, y mierda que lo lograba.

Jodidamente mía. A mi merced.

Mi pene dolía al estar desde hacía rato dispuesto en su centro. Y con el cuerpo caliente, me hundí hasta la empuñadura de una sola vez. Compartimos el mismo gemido e imagino que la misma electricidad. Disfruté la sensación de estrechez y el placer me recorrió en furiosas oleadas. Hinata apretó las mantas y aun con su gesto compungido supe que disfrutaría cada cosa que le hiciera. Ambicioné penetrarla con brusquedad y escucharla gritar.

Y así lo hice.

Una y otra vez.

Me negué a besarla para no generar más cariño, pero el placer que encontré en sus gemidos llenando mis oídos me hablaron de lo difícil que lo tenía. Sus senos endurecidos aplastándose contra mi pecho. El sonido de mi pelvis chocando con ella, al enterrarme completo. El sudor de ambos. Sus gemidos y los míos. Mi corazón bombeando con fuerza, aturdiéndome. Cada vez era más difícil respirar y mi necesidad de jadear era comparada con las ganas que tenía por morder esos pequeños labios que jadeaban y me pedían más.

Hinata se abrazó a mi espalda baja y acompañó mi ritmo. Sus ojos estaban apenas abiertos y me miraba jadear mientras no podía dejar de penetrarla. Me enterré en ella con más fuerza, moviéndola conmigo. La cama hacía tiempo había comenzado a rechinar y mis vecinos seguro adivinaban ya lo que pasaba, pero no importó. Nunca importaba.

Entonces no pude negarme cuánto me gustaba tener a Hinata gimiendo en mi cama.

La sentí apretarme y el orgasmo que antes le había negado, comenzó a presentarse con más fuerza.

—Juro que si te quitas antes de que termine… te mataré —me dijo respirando agitada.

Yo también rozaba mis límites, ella no lo sabía. Mis dedos se encajaron en la cama para no ser yo quien se viniera antes.

Aturdido y con un hormigueo bajando desde la cabeza a bañarme entero, me golpeé contra el cuerpo de esa niña e incrementé el ritmo y fuerza de mis embestidas.

—Oh, cielos, Sasuke…

Su voz sonaba incluso más sensual envuelta en pasión, en medio de incontables gemidos.

Hinata se vino con fuerza momentos después, su gemido profundo me enloqueció y casi me arrastra con ella. Permaneció abrazada a mis hombros y me apretaba tanto como sus paredes internas me succionaban hacia adentro, perdiéndome. Necesité todo mi autocontrol para no correrme. Mi cerebro parecía derretirse y aun con ello pude retirarme a tiempo para dejar mi clímax apenas fuera de ella. Batallé para apartarme un poco, el corazón me golpeaba tan fuerte en los oídos que apenas era consciente de mí. Tomé mi pene y terminé de eyacular sobre la vulva de Hinata, esparcí mi semen incluso dentro de sus pliegues en un estado de agotamiento y satisfacción. Y mientras la sinvergüenza seguía disfrutando de los vestigios de su orgasmo, yo me decía que, si no podía quedarme dentro de ella, lo haría lo más cerca que se pudiese.

Estaba arrodillado entre sus muslos abiertos, ella jadeaba y lucía hermosa justo después de haber sido correctamente follada. Yo seguí jugando a esparcir mi esencia sobre ella, viendo la tonalidad oscura de mi pene al restregarlo entre los pliegues rosados de Hinata. Seguí disfrutando de la vista y sensación antes de que el pudor de Hinata se hiciese presente.

—Eso fue…

Mi mirada subió a ella que seguía agitada. Hinata tomó con su mano la mía que tenía apoyada en uno de sus muslos. Me acarició, y resignado me dejé caer a su lado viendo al techo. Ella logró controlar su respiración y se abrazó a mi almohada, dándome la espalda. Como un impulso automatizado, giré como ella y me encontré abrazado a su cuerpo desnudo. Hinata debería estar confundida por la gran contradicción que era yo. Yo mismo me molestaba por eso.

«Solo esta vez.»

Besé y lamí su hombro, no sé si como un intento de sacarla de su silencio o porque simplemente me apetecía, pero ella no dijo nada. Luego de unos segundos cuando la apreté a mí, la sentí reír.

—¿Sabes qué me gustaría? —me preguntó acariciándome una mano.

—¿Qué? —mi voz fue más grave.

No la solté y ella giró su cuerpo a mí. Sus senos seguían tibios cuando se pegaron a mi pecho también desnudo. Me entretuve acariciando la curvatura de su espalda.

—Quedarme contigo esta noche.

Francamente me sorprendió.

Ella pareció medir mi reacción al verme a los ojos.

—No —dije luego de un momento. La aparté lo suficiente para separar nuestros cuerpos. Noté sus ojos antes chispeantes, querer oscurecer. Hinata volvió a sonreírme.

—Juro que no daré problemas, tengo claro lo que somos. Es solo que no me emociona llegar a una casa vacía.

—No, Hinata — me obligué a responder. No era buena idea. — Ya te has metido en más problemas que cualquier chica de tu edad… o de la mía. No voy a ser yo quien te de uno más — dije, era cierto.

—No pasará nada, papá no está, no se dará cuenta y si lo hace puedo…

—No. Mientras estés conmigo dejarás de romper las reglas— aclaré sentándome finalmente.

—Me acuesto contigo— me dijo con burla—, eso rompe muchas reglas.

—Hablo de las otras reglas.

Ella se rio y se rio con ganas, haciéndome sentir frustrado por todo eso. Hinata no dejó de reír, creo que nunca la había escuchado hacerlo así; rodó en la cama y se abrazó a la sábana. Sus senos y espalda fueron cubiertos, pero dejaba sus piernas y su hermoso culo desnudo.

—Vamos, levántate. —Acaricié una de sus nalgas y no resistí las ganas de inclinarme a besársela. Hinata alzó sus caderas disfrutándolo y chupé su piel… esto rompía todavía más mis nuevas reglas, pero no importó mucho— Debes llegar a tu casa.

Ella lloriqueó inconforme conmigo, pero terminó gritando cuando le di tremendo azote en la nalga donde le había besado, enrojeciendo su piel.

Se quejó y se levantó casi tropezando con la sábana mientras yo caminaba al baño.

—Démonos una ducha antes de partir. — Invité.

Hinata sonrió y me alcanzó casi de inmediato.

• O •

Hinata.

Sasuke me abrió la puerta del coche y me dejó sola unos minutos antes de regresar por su móvil.

Bien, había sido decepcionante no obtener de él nada que me dijera que le importó saber que me iría. Me había costado fingirme orgullosa y segura de mí misma para que no notara que me decepcionó que no entristeciera, aunque sea un poco por mi partida.

Sabía que, siendo fría e inteligente, debía tomar lo que tenía y aprovecharlo. Además, no era mentira que amaba la idea de irme. El problema era que yo no era fría e inteligente, y me dolía –mucho- su conformidad.

Sasuke volvió y el viento de la noche le meció el cabello, lucía tan guapo y atractivo. Y era mío. Al menos por unas semanas más.

Esto era el infierno de mal. Pero me gustaba, santo cielo.

—¿Por qué sonríes? —me preguntó y hasta entonces noté que lo hacía.

—No, por nada. — No dejé de sonreír y volteé a ver por la ventana mientras él sacaba el auto. Quise actuar natural, pero mi cuerpo dolorido y relajado no me dejaban pensar en otra cosa que no fuera él y yo juntos.

Sasuke arrancó directo a mi casa al tiempo que se enlazaba en una llamada con Naruto; le pidió que esperara por él y le dio mi dirección. Yo me entretuve en mi móvil mientras tanto.

—Y entonces, ¿qué harás? —me preguntó de pronto.

Volteé a verlo —¿Respecto a qué?

Él resopló como fastidiado —Ese tipo. Dijiste que ha pedido verte.

¿Gaara? ¿Por qué preguntaría por él?

Me encogí de hombros —No lo he pensado seriamente, pero imagino que paulatinamente lo veré. Tenemos amigos y gustos en común.

Sasuke ya no dijo nada y lo noté incluso más serio. Avanzábamos por una de las muchas avenidas de la ciudad cuando la noche terminó de caer. Después de mis constantes decepciones con él, ahora Gaara me preocupaba menos… no sabía si eso me hacía sentir mejor. Sasuke había sintonizado una estación y yo busqué no darle más vueltas a todo eso.

Suspiré y volví a fijarme por la ventanilla.

—¡Ay, no puede ser! —alcé la voz y me eché sobre el cristal.

—¿Qué demonios tienes? — Sasuke preguntó molesto. Noté que se había asustado pues sentí el casi imperceptible cambio de velocidad del auto, pero no importó.

—No, no puede ser cierto —repetí viendo como el espectacular que anunciaba un concierto de varios de mis grupos favoritos tenía un enorme letrero de «boletos agotados». — ¿Cómo es que no me di cuenta?

—¿Hablas de ese evento? —me preguntó con tono fastidiado.

Me senté correctamente luego de dejar el anuncio atrás.

—¿Querías ir?

—¿Qué no es obvio? Y se agotaron los boletos del concierto.

Él sonrió —Ni que fuera la gran cosa. Ni siquiera será en el Domo, sino en el Metropolitano, tiene capacidad ¿para cuántos? ¿mil ochocientas personas?

—Dos mil —aclaré.

—Vaya, qué gran diferencia.

Rodé los ojos —Es un evento casi exclusivo.

—Más bien poco esperado.

—¿Y por qué agotó la venta de boletos? — Enarqué una ceja.

Él se encogió de hombros y sonrió.

Suspiré reacomodándome en el asiento —Tal vez el Metropolitano no es muy grande, pero es muy bonito y su acústica está al nivel de los mejores del mundo. Además, la última vez que fui, aun no tenían el espectáculo de luces. Dicen que es increíble.

—Tonterías.

—¡Oh, ¿a quién quiero engañar?! Iría a verlos hasta en un granero. —me llevé las manos al rostro, decepcionada— De verdad ¿cómo pude quedarme sin entrada?

—Y a todo esto, ¿quiénes son esos que te mueres por ver?

—Modà. Es un grupo de rock italiano, de hecho, durante el concierto grabarán el video oficial de su más reciente sencillo. No creí que agotaran tan fácilmente.

—¿Italianos? Creí que la única música ahí era la ópera.

Reí sin ánimo y no respondí.

—Seguro vuelven pronto. O tal vez los puedes ver en Italia.

Permanecí en silencio y pasaron segundos, varios, casi tensos, que él tampoco se forzó a romper.

—Sí… tal vez— dije, finalmente.

Para cuando Sasuke metió el auto hasta la cochera, mi ánimo había mejorado. Kaede debía estar en la cocina y nuestro mayordomo esperando a que entrara para reprenderme a gusto por llevarme el coche, justo ahora, lo imaginé dando gracias por verme aquí… o llamando a papá para avisarle de mi llegada. Daba igual.

—Toma. —Sasuke puso en mis manos las llaves. — Asegúrate de devolver estas a su lugar. Y no volver a tomarlas.

—Lo haré —dije y volteé a ver a la puerta.

Cuando volví mi rostro a él, Sasuke me tomó del hombro y se inclinó hacia mí. Mordí mi labio para no besar los de él, no debía hacerlo, él lo había dejado claro. Los segundos de pronto corrieron lentos y finalmente su boca se posó peligrosamente cerca de la mía.

—Debo irme — dijo después y su tono parecía más cortante.

Por favor no, no aún.

—Sí, creo que sí — terminé diciéndole y tras una sonrisa que quiso forzar casual, terminó por partir.

• • •

Luego de sortear a Kaede, que había sido la elegida para reprenderme, terminé encerrada en mi habitación. El hambre era algo que comenzaba a calarme, pero manteniéndome fiel a la mentira de que dormiría sin cenar, decidí esperar un poco más antes de bajar a asaltar el refrigerador.

Me mantuve tendida en mi cama. «No más besos, no más intimidad.»

Sasuke era un cretino. ¿Cómo me hacía eso? La verdad era que muy en el fondo sabía que tenía razón, él no quería arriesgarse a que arruináramos las cosas. Era lo más sabio.

Si tan solo yo estuviera igual de enfocada que él.

Cerré los ojos y recordé los momentos en su cama. Si no estuviera sintiendo este cosquilleo caliente recorrer mi cuerpo, podría estar molesta con él. Era contradictorio. Bien era cierto que dijo que me daría tiempo, pero no ayudó mucho que me hiciera el amor de esa forma.

Hacer el amor. Cielos, no.

Sentí mis mejillas calentarse, seguro estaba ruborizada.

Pero la verdad era cierto, Sasuke me besó más de lo que lo había hecho antes en situaciones similares.

«Quizá fue una especie de despedida.» Pensé resignada, después de todo, cuando estuvimos en la ducha ese Sasuke de la cama desapareció por completo y sólo quedó el Sasuke pasional y ardiente. Y no me estoy quejando, claro que también me gusta, pero extrañé esos besos con los que me deja sin aliento, tan distintos a esos otros que me dio solo porque necesitaba más contacto; pero eran frívolos, meramente sexuales.

Antes de que se me revolviera el estómago, decidí dejar de pensarlo.

Con un suspiro resignado me levanté de mi cama y me acerqué al tocador. De entre las distintas cosas que tenía en el cajón saqué la carta que me habían remitido de la Academia de Arte de Florencia. Tenía poco menos de tres semanas para enviar mi documentación completa y cubrir mi cuota de inscripción. Una vez hecho, me esperaban antes de finalizar el año.

Con un poco menos de ánimo del que esperaba, pensé que tendría que partir a mediados de diciembre si no quería verme corta de tiempo. Debía buscar alojamiento y posiblemente eso requeriría un viaje extra.

Dejé la carta sin guardar sobre el tocador, sabiendo que tendría que informar a papá cuanto antes.

• • •

Pasé los dos días y noches siguientes pensando qué reacción tendría mi padre cuando le dijera sobre mis planes. Nunca había hablado seriamente con nadie que no fuera Sai sobre Italia, ahora con la oportunidad real enfrente, era tiempo de hacerlo con él.

Suspiré tensa. Sentía mis ojos pesados y resecos. No pasé muy buena noche y no me apetecía levantarme, pero era sábado y papá volvería antes de mediodía, todos lo sabíamos.

Salté de la cama dispuesta a darme una ducha rápida. Quería ver a Sasuke. En ocasiones odiaba que trabajara en casa, porque no podía verlo con tranquilidad, aquí era poco probable que tuviésemos tiempo a solas, Kaede solía mantenerlo ocupado. Por suerte eso cambiaba hoy. Papá volvía y Sasuke volvería a ser exclusivo de él, por lo tanto, podía inventar cualquier salida, para que me acompañara.

—Buen día, señorita Hinata —me saludó Kaede cuando aparecí por la cocina —¿desayuna ya?

Asentí buscando con la mirada a Sasuke a través del ventanal de la cocina.

—Comeré aquí— le dije a Kaede que ya no se sorprendió, con toda la familia fuera, no tenía razón para comer en el comedor principal.

—¿Algo en especial?

Me dirigí por un vaso de jugo y sonreí viendo a Sasuke asear el interior del auto de papá.

—Solo un pan tostado y algo de fruta picada— dije regresando al comedor. Kaede asintió y comenzó a hablar de lo bueno que sería tener a papá de nuevo en casa —. Creí que sería más relajante tenerlo lejos — bromee.

Ella suspiró —Me he acostumbrado a cocinar basada a sus gustos, sin él y con tu poco apetito, realmente no sé qué hacer en esta cocina.

—No es para tanto.

—Ah, ¿no? — preguntó sacando del refrigerador fruta ya picada que solo vació en un plato y me la ofreció.

—Puedes cocinar para ti y Ko— le dije alcanzando un tenedor y comenzando a comer.

—¡Qué va! — soltó y regresó a pulir los cubiertos como hacía cada sábado.

Reímos un poco —Por cierto, ¿recuerdas las fotos de cuando éramos niños que mamá guardaba en tarjeteros?

La vi ponerse pensativa.

—Creo que fueron pasadas a la bodeguita.

Oculté una sonrisa.

—¿Le pedirías a Ko que las buscara por mí? —pedí— He comprado unos álbumes y me gustaría organizarlas.

Kaede abrió y cerró la boca sin decir nada, luego finalmente habló—: Él está ocupado remplazando las flores de la casa por otras nuevas.

—Oh.

Sabía lo especial que eran ambos al respecto, a mamá le gustaba el aroma natural de las flores en la casa y todos sabíamos que papá se había acostumbrado a él. Así que ellos, como un gesto noble de su parte, procuraban que nunca faltasen flores frescas de nuestro mismo jardín.

Mientras bajaba había visto a Ko ocupado en ello, por eso no me sorprendió cuando Kaede añadió—: Pero si las necesitas, le diré a Sasuke que vaya en su busca.

—Sí, eso estaría bien. Te lo agradecería.

Me sentí una mala persona cuando, sin sospechar nada, Kaede salió limpiándose las manos en busca de Sasuke.

Terminé mi última fresa cuando ella volvió a pasos cansados.

—Demorará unos minutos, han quedado hasta el fondo.

—Sí, no te preocupes, muchas gracias. Esperaré arriba —me puse de pie y agradecí también los alimentos antes de salir de la cocina.

Ella no me prestó demasiada atención cuando volvió a los cubiertos. Ko estaba concentrado en su labor en la sala, cuando atravesé el recibidor. Salí de casa al sol caliente de esa mañana. Antes de llegar a la bodeguita al fondo de uno de los costados de la casa, escuché a Sasuke maldecir.

Iba a entrar en silencio, pero el ruido que hicieron los perros al empujarse juguetones contra la reja que evitaba su paso al jardín frontal me asustó.

—Shh— me acerqué a ellos para acariciarlos y me tiraron lengüetazos. Reí —. Harán que me descubran.

Ellos volvieron a ladrar.

—Guarden silencio, les dije que…

—Demasiado tarde.

Me tensé al escuchar la voz seria de Sasuke y volteé a él. Tenía polvo en el pelo, seguramente estaba batallando para alcanzar los tarjeteros.

—Hola— le sonreí.

Hizo un movimiento con la cabeza —Entra. Te verán aquí.

—¿Problemas con eso? —pregunté viendo una escalera puesta y varias cajas desacomodadas — Puedo ayudarte, sé lo que buscas.

—Qué amable.

Voltee a verlo ante su sarcasmo. Casi pude sentir que mis mejillas dolían por sonreír, no podía evitarlo.

Él también sonrió y lo hizo de una forma que casi me hizo temblar las piernas. Creo que sabía que era yo la que lo tenía ahí.

—Ven acá —me dijo. Él estaba apoyado en una vieja mesa polvorienta llena de cajas de cartón, y creo que con todo ese desastre rodeándolo, lucía aún más sensual que nunca.

Me acerqué prometiéndome que nos comportaríamos, así que, como acto de buena fe, llevé mi mano a despeinar su pelo, sacudiéndole el polvo. Él me abrazó de la cintura pegándome a su cuerpo. Yo mantenía difícilmente mi comportamiento decoroso, con su cuerpo duro adherido a mí.

Cuando voltee a verlo, sus ojos negros habían buscado los míos.

—¿Has hablado ya con tu padre? — él no parecía igual de afectado que yo, su voz denotaba su siempre control de sí mismo, pero me sorprendió al notarlo ver mis labios por un segundo.

—Lo haré hoy— le dije y le sonreí, no quería que el nerviosismo respecto a ese tema me arruinara uno de los pocos momentos que tenía con él.

Sasuke asintió en silencio. Creí que me soltaría, pero no lo hizo y eso me puso nerviosa, así que busqué distraerme con su rebelde cabello. Alcé mi rostro al notarle una telaraña y se la arranqué.

—Creo que este lugar…

Lo que fuera que iba a decir sobre el aseo de la bodega, perdió importancia cuando los labios de Sasuke atraparon mi cuello. Jadeé de sorpresa y después contuve un gemido cuando su succión cobró voracidad. Una de mis manos se apretó contra su camisa en su duro abdomen, la otra a su espalda. Sasuke me apretó con sus dos brazos y todo volvió a ser como siempre que estaba con él. Todo mi cuerpo vibró en una calidez insoportable que hacía a mis pezones endurecer, y volvía agua entre mis piernas. Siempre quería más de eso.

—Espera, no vine aquí a esto— logré decir. Sentí mis mejillas calientes.

Él sonrió y el encuentro de su aliento con mi piel húmeda por su saliva me provocó un estremecimiento.

—¿Me dirás que de verdad venimos a buscar algo?

—Bueno… sí. Yo sí —dije y no me atreví a verlo, al abrazarme más fuerte a él.

Sasuke exhaló. Con una de sus piernas entre las mías, sabía cuán duro se había puesto, así que, desanimado, buscaba recomponerse. Yo no podía estar más avergonzada.

—¿Y eso es? —me preguntó con ese tono agrio de disgusto.

Yo mordí mi labio y besé el lóbulo de su oreja. Mi mano en su abdomen descendió más al sur.

—¿De verdad no crees tener idea? —escuché mi propia voz grave. Mi mano tembló cuando encontré su cinturón y peleé con él para abrirlo. Podía sentir sus pantalones tensos conteniendo toda esa presión contra ellos.

Él no pareció sorprendido por lo que sugería, porque sus dos manos fueron a mis glúteos.

—¿Y si alguien viene?

Negué. Los perros ladrarían si alguien se acercaba siquiera, eso nos advertiría. Pese a sabernos a salvo, seguía tensa, era la primera vez que yo tomaba ese tipo de iniciativa. Sabía lo mucho que a Sasuke le gustaba, pero él no solía pedírmelo con frecuencia, de hecho, era yo la que gozaba más de esos beneficios.

El sonido que hizo su cierre al bajar me llenó de un placer extraño. Nerviosa busqué sus ojos para asegurarme que podía hacerlo. Lo encontré con la mirada oscurecida y respirando despacio por sus labios. Este hombre tendría que ser un pecado, uno, no sé cuál, pero tenía que serlo.

Algo palpitó entre mis piernas y entonces tuve que meter mis manos bajo sus pantalones. Él gimió cuando encontré su turgente longitud y entonces bajé mi mirada. Era hermosa. Cielos, todo él.

No me di cuenta cómo terminé arrodillada entre sus piernas, escuchando los roncos gruñidos que lograba arrancarle, ni sintiendo lo tenso que se ponía todo su cuerpo conforme mi boca se amoldaba a sus proporciones, dándole cabida casi a mi garganta.

• • •

—Por favor Hinata, vamos, Sakura ha dicho que sí — Ino insistió del otro lado de mi móvil.

Yo mordí una manzana mientras veía a mi padre bajar del auto y entrar a la casa.

—De verdad, no puedo, mi papá acaba de llegar y…

—¿Y eso qué? No es la primera vez que te escapas, sin embargo, sí puede ser la última.

Reconocí el chantaje apenas terminó de hablar. Sonreí pese a eso.

—Lo siento. De verdad no puedo, ¿qué tal la próxima semana?

—¿Qué dices? ¿Pero por qué?

Seguí viendo por la ventana, el día era caluroso y salvo Sasuke, no había tenido ninguna distracción en la semana, así que lamenté negarme.

—En menos de diez días es mi primera exposición importante. Aún hay lienzos que debo terminar.

—Por favor— canturreo.

Cuando escuché un par de golpes en la puerta abierta, volteé de inmediato. Era mi padre con una sonrisa en el rostro. Le hice una seña con la mano y volví a girar a la ventana.

—Lo siento, prometo compensarlas. La siguiente vez yo pago, ¿sí? — Colgué al apenas escuchar a Ino advertirme que así sería y me apresuré directo a mi papá. Me di tiempo de dejar mi manzana mordida sobre mi carta de admisión en el tocador, justo donde mi padre miraba.

—¿Qué tal estos días? —me preguntó extrañado por interponerme en su alcance visual. Pese a eso, lucía agradecido de volver a casa.

—Echándote de menos— confesé sin animarme a abrazarlo.

Me sonrió —Igual que yo. ¿Algo que tengas qué contarme?

—Ah… — saqué de inmediato a Sasuke de mi mente y me pegué más a mi tocador — No, nada —sonreí nerviosa.

Papá me miró con extrañez, pero terminó sonriendo.

—Bien, me daré un baño y descansaré un rato. Cenamos juntos, ¿cierto?

Le sonreí —Claro.

Cuando me dejó sola voltee a ver esa carta. ¿Por qué no le había dicho? Cielos, era todo un fiasco.

• O •

Sasuke.

Hacía casi diez minutos que me había estacionado.

—Oye, ¿qué demonios dices que hacemos aquí? —preguntó Naruto que esperaba que nos dirigiéramos a otra noche de trabajo en el Nou.

—Esperar a alguien —respondí por segunda vez en la noche.

Él se revolvió el pelo mientras yo revisaba la conversación con ese sujeto. Estaba en el lugar correcto según los datos que me dio.

—¿Aquí? ¿En Kabukichō? Este lugar no es de lo más seguro y decente. Ni yo pondría un pie aquí por la noche. ¿A quién verás?

Justo cuando Naruto iniciaba con su interrogatorio, apareció la persona que esperaba.

—Compraré algo y nos iremos— le dije bajando del coche.

—¿Comprar algo? ¿Qué? ¿Drogas? ¿En serio drogas? —me quiso detener al bajar tras de mí.

—No, y cierra la boca.

Naruto bufó, pero me siguió en silencio. Noté por la forma en como miraba al tipo fortachón que teníamos enfrente que desconfiaba de él.

—¿Tú eres Sasuke?

—Sí. ¿Tienes lo que te pedí?

El chico alto de tez morena se llevó un cigarrillo a la boca.

—¿Traes los cien?

Asentí —Puedes contarlos. — Le ofrecí un sobre amarillo con lo que me pedía.

—Espero que no haga falta— me dijo y lo tomó.

Naruto casi se atraganta cuando lo vio sacar el dinero y echarle un vistazo.

—¿Qué mierda estás haciendo? —susurró y jaló mi chaqueta.

—¿Y bien? —le pregunté al tipo.

Él rebuscó en su pantalón y terminó sacando el par de boletos de los bolsillos traseros.

—Originales— me dijo—. Tienen precio de palcos porque fue muy difícil conseguirlos.

Asentí —Gracias.

—Si necesitas otra cosa, sabes cómo encontrarme —me dijo yéndose.

Observé el par de boletos y los golpeé en mi mano al tiempo de también girar para regresar al coche.

—¡Hey, hey, espera, hombre! ¿qué mierda ha sido eso?

—Vamos, ni tú eres tan imbécil como para no darte cuenta que acabo de comprar un par de boletos— entré al coche.

Naruto entró al segundo siguiente.

—Sé que compraste esos desgraciados boletos, lo que no sé es para qué mierda los quieres. ¡Acabas de pagar cien mil putos yenes por eso! ¿Estás demente?

Tiré los boletos sobre el tablero y puse en marcha el auto.

Como no respondí, Naruto los tomó.

—¡Eso es lo de cuatro meses de trabajo doble! ¿qué putas…? —alegó mientras los veía— ¿Y esta mierda qué es? ¿Un concierto?

—Hinata quiere ir —dije al tomar rumbo al bar.

Naruto jadeó tomándose unos segundos sin hablar.

—Joder, mira, tío, sé lo que ella te gusta…

—No es así.

—¡Sé lo que jodidamente te gusta! —alzó la voz—. Entiendo que quieras tenerla contenta, pero debes ser realista: no puedes permitirte este tipo de gastos.

—No es para tanto.

—¿En serio? ¿Cuántos meses de universidad pagarías con eso? —No le respondí—. Sé que es una chica rica y que seguro está acostumbrada a recibir regalos así todo el tiempo, o que para ella comprarse este tipo de cosas sea como ir y comprar un caramelo, pero tú no puedes costearlo.

—Por supuesto que puedo.

—¡Y una mierda! Haz lo que quieras que de todas formas lo vas a hacer.

—Al fin lo entiendes.

—Eres un jodido imbécil —dijo—. ¿Qué mierda te pasa? Lo único que se me ocurre para que des un huevo por ella es que su coño es delicioso y la mama increíble o…— Naruto se interrumpió ante mi mirada de advertencia

Jodidamente no me gustaba que se refiriera a ella de esa forma, ni que tuviera esas ideas en su asquerosa cabeza. Encendí el autoestéreo y subí el volumen en una estación cualquiera, a la que Naruto terminó cambiando, pero sirvió para que guardara silencio mientras seguía viendo los boletos.

«Lo único que se me ocurre para que des un huevo por ella es que su coño es delicioso y la mama increíble.»

Su vulgaridad me fastidió, pero lo cierto es que trajo a mí el recuerdo de lo ocurrido con Hinata justo esa mañana en la bodega de su casa. No pensé que verla arrodillada comiéndome me gustaría tanto. Que hiciera eso me dio otro vistazo de uno más de sus matices.

Sabía que Hinata algún día sería toda una mujer, llegaría lejos y sería feliz. Sería igual o más hermosa. Brillaría. Todo lejos de aquí. Eso me revolvía el estómago desde que supe que partiría.

—¿Te enamoraste de ella? —Naruto alzó la voz por encima de la música.

—¿Qué mierda? Creo que ahora el demente eres tú — di por zanjado el tema, aunque él insistió en que le respondiera.

No estaba enamorado de Hinata. Era demasiado precavido al respecto como para estarlo.

Detuve el coche en un semáforo en rojo y aproveché para encender un cigarrillo que se quemaría más rápido al volver a ponerme en marcha. Nuevamente tuve esa sensación de opresión en la garganta, la misma que apareció cuando tuve a Hinata desnuda en mi cama. Ella me pidió pasar la noche conmigo. Quería hacerlo. Pero dije que no.

Me sentí un bastardo por rechazarla, seguramente le había costado mucho atreverse a pedirlo. Suspiré y negué en silencio, había hecho bien al decirle que no.

La verdad era que no quería tener en la memoria el recuerdo de ella durmiendo a mi lado al amanecer. Despertando desnuda en mi cama. No quería descubrir si eso era algo que me gustaría seguir viendo. No lo necesitaba en mi memoria, porque después de todo iba a terminar pronto.

Aun con eso, sabía que era un jodido hipócrita, estaba dispuesto a mantenerla al margen de cualquier sentimiento pese a saber que para Hinata no era tan fácil. Pero también quería tomar de ella todo lo que me ofreciera, porque no quería que lo hiciera con nadie más. Si Hinata quería a alguien entre sus piernas, quería ser yo.

Cuando Naruto me preguntó si yo conocía a los tipos que darían el concierto, tuve que tragar el nudo que se formaba en mi garganta para decirle que no.

Comenzaba a molestarme conmigo mismo al obligarme a pensar en Hinata como un buen rato. Desde hacía tiempo no lo era. Y no era justo hacerle pensar que solo era eso. Era un bastardo con ella.

Tal vez por eso le había conseguido las entradas, para darle un poco de lo que merecía. Hacerla feliz, para variar.

• O •

Hinata.

Mi habitación tenía ese ligero aroma a pintura. Luego de cenar con mi padre el sábado, comencé a pintar. Había dejado pasar una oportunidad extraordinaria para contarle mis planes a futuro. Tenía aún un par de semanas, y tal vez eso me hizo confiarme un poco; la verdad habíamos charlado como pocas veces que no quise agregar tensión al momento.

El domingo me la pasé en pijama y pintando, apenas había bajado a comer algo y me recluí en mi habitación cuando papá recibió a un par de visitas.

Esta semana estaba pasando demasiado rápido para notarla. Lo que definitivamente no pude dejar de advertir es que mi padre ha mantenido a Sasuke más ocupado que de costumbre, apenas para por la casa. No me extraña demasiado, pues había ocasiones que no veíamos a su chofer durante todo el día, así que me dediqué a pintar y a leer cuando necesitaba un descanso.

El televisor en mi habitación estaba reproduciendo un canal de música mientras permanecía en el chat con Sai. Era viernes y el miércoles era la exposición. Los nervios comenzaban a hacerse notar al cosquillearme en el estómago.

Ya casi estaba lista, le dije, antes de salir de la conversación. Sai tenía demasiada paciencia, pero era muy imprudente al recordarme sin intención lo poco que faltaba para la fecha, revolviendo mis nervios.

Lancé mi móvil a la cama y me acerqué al óleo en el que trabajaba. Volteé a ver el estuche cercano y volví a preocuparme por la razón que me hizo dejar de pintar: había agotado un par de colores. Necesitaba reponerlos de inmediato.

Sin Sasuke en la casa, no me quedó más opción que volver a tomar prestadas las llaves de mi casi auto y salir a hurtadillas. Para cuando me vi entre el enorme número de autos del centro, me arrepentí completamente. Más nerviosa que conforme, me metí a una de las plazas comerciales. Haber llegado sana y con el coche sin ningún rasguño, me hizo bajar con una sonrisa, ahora solo requería mis pinturas y volver.

Me mezclé entre las personas y busqué por los distintos pisos el local que necesitaba. Para cuando lo encontré, ya había optado por comprar un sundae y también me di el tiempo para comprarle a Hanabi ese videojuego de One Piece del que había estado hablando antes de irse.

Localicé y pagué mis pinturas, antes de salir me entretuve viendo a unos niños a los que enseñaban a pintar, como parte de una campaña de publicidad de una nueva marca de rotuladores.

Mi móvil sonó y atendí de inmediato. Otra vez era Sai.

—Hola, ¿dónde estás?

—En un Mall en el centro —respondí al salir. Me detuve un poco al reconocer una revista que había querido comprar —, ¿ocurre algo?

—Sí, ¿puedes venir? —pidió— Necesito tu opinión sobre un par de pinturas que me tienen indeciso para la expo.

—Vengo sola en auto, sabes que…

—Oh, vamos, Hinata… Estamos a cinco días y creo que esto no está listo.

Mi móvil viró fuerte en mi oído. Lo quité de mi oreja y vi la notificación de un mensaje.

«¿Ocupada?»

Era Gaara. ¿Por qué insistía tanto?

«Tal vez porque has quedado como una desesperada por él, al seguirlo con tu cuenta falsa, ¿podría ser?»

No respondí y volví a la llamada con Sai.

—Está bien, voy saliendo para allá —dije y colgué. No pude comprar mi revista al salir con prisa, yo misma necesitaba regresar pronto a casa para terminar de preparar mis trabajos.

El móvil vibró. Volvía a ser Gaara, esta vez estaba llamando. Guardé mi móvil en el bolso sin la intención de atender, y menos lo haría con mis dos manos ocupadas. Era absurdo que estuviera apresurada por el tiempo, aún tenía días para terminar, pero siempre me ha perseguido la ansiedad; de hecho, si no trajera tacones, ya habría salido corriendo al coche.

—Hola, Hinata — «No, por favor.» Seguí caminando, no supe cómo —¿Seguirás ignorándome?

Volteé a ver de medio lado al chico que caminaba a un lado de mí. Usaba una camisa negra que se ajustaba bien a su pecho y resaltaba el color rojizo de su pelo. Tenía una sonrisa de lado marcada en el rostro, pero no había volteado a verme, caminaba a mi lado como si no me hubiese roto el corazón, parecía ni siquiera percatarse de ello. Cuando finalmente me vio, noté en sus ojos tan verdes y secos, que no lo había olvidado.

—¿Qué quieres? —pregunté viendo al frente, sin dejar de avanzar.

—No creí que siguieras molesta —me dijo, con las manos en los bolsillos parecía casual, pero no noté falsedad en su tono grave —. Al menos no después de comprender que aún te preocupabas por mí.

—Si lo dices por lo de Naviki, eso ocurrió justo al principio, cuando creí que…

—Debí pedir perdón antes —me interrumpió. Voltee a verlo y él no me miraba. Noté su perfil igual o más perfecto, su rostro serio acentuaba más sus rasgos ya más masculinos. Noté por su prominencia laríngea que tragó saliva —Supongo que me acobardé.

Dejé de verlo. Sabía que debía detestarlo por lo que hizo, pero realmente estaba todavía dolida.

—Sí, supongo que ya no importa —dije, curiosamente, menos tensa.

—Si de algo sirve, nunca quise lastimarte, debiste notarlo. — Antes de bajar por la escalera automática, él apoyó su mano en la baranda de vidrio y me impidió seguir avanzando —¿No es así?

—Te acostaste con Matsuri — reclamé viéndolo a los ojos. Él dejó escapar el aliento y negó despacio —. Y lo hiciste justo después de dejarme sumida en muchísimos problemas.

—Lo siento.

—Me alegra— respondí pasándolo de largo.

—Hey, Hinata— me detuvo de un brazo —, teníamos quince años. Lo siento, de verdad.

—Y a los quince años nos tomábamos las cosas muy enserio, ¿lo olvidaste?

—No. No quiero justificarme así…

—Y no te lo permitiría, me dejaste sola y avergonzada y…

—Y que bueno que estés molesta— me interrumpió.

No le dije nada, sabía a dónde iba.

—Eso quiere decir que no lo has olvidado. Temí que sí.

—Por supuesto que no lo iba a olvidar —aclaré—, ¿cómo iba a olvidar el problema más grande en el que me he metido?

—Nos hemos metido.

—Bueno, la única en pagar consecuencias fui yo.

Gaara resopló cuando dejé de verlo.

—Sabes que no. No pasó nada realmente grave, todos lo sabíamos entonces.

Dejé escapar el aliento, incrédula por lo que oía.

—¿Sabes qué?

—No viene a pelear contigo, sino a pedirte perdón. ¿Podrías?

—No.

—Dejémoslo pasar, Hinata. Nos equivocamos —me dijo, recordándome sin palabras que salir del campamento había sido idea mía—. Nadie sabía lo que pasaría y cada quien actuó según sus impulsos. Sabes que no quería dejarte, siempre te quise.

No creí que mi indignación pudiese ser más.

—Lo de Matsuri… ella apareció y… bueno, yo ya sabía que me iría, entonces…

—Te pareció más fácil acostarte con ella que pedirme disculpas —completé su frase, todavía me dolía, cielo santo. Mis ojos picaron y lo vi a los suyos.

El rostro de Gaara era serio, casi diría que molesto; pero sus ojos verdes y con esa profundidad fría que casi siempre tenía en ellos, también se fijaron en mí.

—Imbécil, ¿no? —me dijo.

Se me atoró un nudo en la garganta y por su voz tan ronca, diría que a él le pasaba algo similar.

—Debo irme, tengo prisa. — Sin querer golpeé su brazo cuando pasé a su lado.

—Hinata— su mano grande se apoyó en mi abdomen al detenerme. No volteé a verlo, pero lo sentí muy cerca. Gaara no era más alto que Sasuke, pero su presencia imponía tanto como la de él. Mi nerviosismo volvió multiplicado —, veámonos otra vez. Por favor.

—Debes estar bromeando. —Apenas voltee a verlo —. Sobreponerme a todo lo que vino después de ti ha sido realmente difícil —dije, y él realmente no tenía idea de cuánto. Aun intentaba mantenerlo muy lejos de mí, porque no había podido olvidar lo que significó… al menos para mí —. Hacer como si no hubiese pasado, solo significaría que no aprendí nada.

Me solté y volteé a verlo. Él asintió un par de veces. El Gaara de dos años antes ya me hubiese dicho que había sido solo uno de los muchos errores que íbamos a cometer en nuestras vidas. Éste no.

—Es solo que… —dijo e hizo una pausa—, me niego a pensar que mi última semana aquí, hace dos años, haya arruinado todo lo que me importaba.

Eso hizo que mi estómago se revolviera y mis ojos volvieran a picar. En realidad, nos lo había arruinado a ambos. Según yo, había sido casi perfecto.

—Bueno, las cosas pasaron así —me obligué a sonreírle. Seguro mi padre y hermano creerían que sigo siendo la misma tonta de solo verme hablando con él. Pero enfrentar esta parte del pasado era algo que se necesitaba, ¿cierto? Y no odiarlo, ¿también?

Eso último me descolocó. Tenerlo otra vez enfrente era algo que hacía vibrar mi pecho… de una manera diferente.

Garra vio hacia abajo y sonrió, con esa mueca ladeada que mostraba parte de sus dientes perfectos. Siempre me había parecido sensual eso que hacía.

—Debo irme —apreté las bolsas que cargaba y retrocedí un paso.

—¿En qué vienes? Te llevo a donde vayas.

—Traigo mi coche.

—Ya veo. — Bajó las escaleras conmigo. Sus manos volvieron a sus bolsillos y adoptó esa actitud distante, aun así, sentí sus ojos puestos en mí —. Y, ¿estás con alguien?

Sonreí y no respondí de inmediato. Luego de experimentar una sensación tibia en mi estómago, respondí—: Sí.

Gaara no dijo nada y cruzamos las puertas de cristal directo al estacionamiento.

—¿Y le eres fiel? —preguntó, haciendo reír a las personas que caminaban detrás de nosotros. Incluso sonreí. Ese era el Gaara de siempre.

Avanzamos varios pasos —Sí —respondí. «Aunque no debería.» Cretino de Sasuke.

—Tenía que intentarlo.

—Este es mi auto— dije llegando y la incomodidad inicial volvió, ¿Qué decía? ¿Gusto en verte? Sonaba falso. ¿Nos vemos después? Por mi bien, esperaba que no —. Ya debo irme.

Abrí y puse la puerta entre ambos antes de que él se acercara. Ese segundo de terror que sentí cuando dio un paso a mí, me recordó que no era inmune a él… y estaba bien, supuse, después de todo, por más de un año amé muchísimo a este chico.

—Adiós— me encerré en el auto y me felicité por haberme estacionado de reversa, así evité perder más tiempo frente a su mirada al salir rápido de allí.

• • •

Para cuando llegué a la casa, casi habían dado las cinco. El tiempo con Sai había pasado sin darnos cuenta luego de un par de emparedados y la selección de obras de varios artistas.

Estaba entrando cuando a lo lejos reconocí la figura de mi padre junto a Sasuke. Conforme me acercaba, noté los ojos de ambos puestos en mí. Mi padre parecía molesto y luego de un par de palabras más a Sasuke, entró en la casa.

Seguramente sería la última vez que tocaba ese auto. Bien, no me lo merecía del todo, porque nada malo había ocurrido, ¿cierto?

—Por favor, no me regañes— le dije a Sasuke al notarlo acercarse.

—Tu padre se encargará de eso.

Asentí, obviamente.

—¿De dónde vienes? —me preguntó viendo las bolsas que cargaba. Como no respondí de inmediato, sus ojos negros subieron a los míos.

El recuerdo de ese encuentro con Gaara me golpeó fuerte.

—¿Hinata?

Alcé una bolsa —Necesitaba unas cosas. —Sasuke frunció el ceño y asintió muy despacio.

—¿Solo eso?

El toque de suspicacia en su insistencia me hizo sentir nerviosa.

—Sí— dije y sonreí —Por cierto —añadí de inmediato—, ¿recuerdas lo del miércoles?

Él frunció el ceño.

—¡Oh, vamos! — ¿Lo había olvidado? ¿En serio?

Cuando sonrió, supe que me tomaba el pelo.

—Por supuesto— me dijo —, ¿algún cambio?

—En absoluto. — Sonreí — ¿Irás?

Asintió despacio y salté feliz. No había invitado a prácticamente nadie, por eso me emocionaba tanto su presencia… o bueno, me emocionaba porque había querido estar ahí.

Le di un abrazo rápido y me aparté, papá estaba en casa y molesto conmigo, cabía añadir, así que debía ser muchísimo más discreta. Sabía que seguro estaría al pendiente para no permitirme escabullirme y librar el regaño.

—Estaré muy ocupada estos días.

—Sí, igual yo.

—¿Nos vemos ese día?

Él pareció extrañarse por un segundo y luego sonrió. Aceptó. Su sonrisa me provocó un cosquilleo en el estómago y nunca antes tuve más ganas de besarlo. Pero no lo hice, eso era parte del nuevo acuerdo que teníamos. Con un sabor amargo, proviniendo no sé de dónde, me despedí y me dispuse a enfrentar a mi padre.

• • •

Me secaba el cabello después de darme un baño. La reprimenda de papá no fue tan grande como imaginaba, fue bastante rápida al alegar que tenía trabajo que hacer, pero en el fondo me dio la impresión de que estaba complacido porque ya no requerí asistencia.

Pensaba en bajar por un refrigerio cuando noté el zumbido agudo de mi móvil al golpearse con la madera del tocador. La notificación mostraba un mensaje con una foto. Era Gaara. Inhalé profundamente antes de abrirlo.

«Ven conmigo.»

En la foto se veían dos boletos para un concierto de electrónica a media semana.

«No.»

El «escribiendo» apareció de inmediato y yo salí de la conversación, por mera curiosidad entré al chat con Sasuke y observé que su última conexión había sido más de tres horas atrás.

«¿Por qué? Si es por tu novio, guardaré mis manos. Aunque prometo no apartar las tuyas si te apetece»

Salí de la aplicación sin responderle nada. Cretino, ¿qué se creía?

«Lo siento, ¿está bien? Es la vieja costumbre.»

Leí el mensaje desde la barra de notificaciones.

«De verdad quiero ir contigo.»

De pronto la molestia pasó y me dejó un malestar en el estómago. Caminé a la ventana sin responderle. Lo conocía bastante bien como para saber que decía la verdad, y justo de ahí venía mi malestar. Si Gaara no me hubiese sido infiel, pude haber entendido que se fuera, él insistió en que me fuera con él, pero yo no pude dejar a ese hombre que habíamos atropellado sin saber si viviría o no.

Había sido un error terrible, pero uno adolescente. Ninguno tenía madurez suficiente y solo hizo lo que su instinto le permitió. No lo sabía, tal vez si ello no hubiese ocurrido nosotros dos nos hubiésemos mantenido juntos.

Esa nostalgia me hizo no perderle el rastro. Gaara me seguía removiendo muchas cosas. Que Matsuri y él no hubiesen tenido más que esa noche, también pesaba.

«Por favor.»

«De verdad no puedo. Ya tengo planes.»

Justo ese día sería mi exposición, pero él no necesitaba saberlo.

«Entonces, vente al Nou.»

Esa invitación me estremeció. ¿Gaara estaba en el Nou? Sasuke estaba ahí también.

Volví a salir de la conversación y esta vez mantuve mi teléfono lejos. Luego de unos minutos me detuve frente a la pintura en la que había estado trabajando desde hacía bastante tiempo y en la que había agotado mi existencia de color negro. Le sonreí al rostro apenas reconocible de Sasuke. Adoraba pintarlo, amaba sus ojos y su medio perfil y lo tenía grabado en la memoria en muchos de sus ángulos.

Sai alguna vez vio uno de sus retratos y lo alagó… si él supiera que muchas de las formas que grabo de Sasuke son tomadas de nuestros encuentros sexuales, seguramente se interesaría más.

Le sonreí a la pintura. Esta en especial era mi favorita, la inicié –creo- luego de la cuarta o quinta vez que me acosté con él. Sasuke estaba sobre mí, jadeaba e intentaba hacerlo en silencio después de correrse. Estaba tan cerca. Nunca lo había visto así de perfecto cuando sus ojos oscurecidos por el deseo sexual, se posaron en los míos por debajo de su flequillo revuelto. Me había besado después. Y besado mucho. Lento.

El recuerdo todavía me calentaba el corazón. Sasuke, pese a pretenderlo la última vez, nunca me había dejado sentir que eso era un vil acostón.

Creo que justo en ese instante comencé a enamorarme de él.

Qué ilusa, eso jamás avanzaría. Pero ello no me impedía disfrutar la sensación.

• • •

El miércoles fue un mini caos. Desde un día antes me había encargado de enviar mis obras al Museo, pero como yo, varias personas habían hecho lo mismo, así que a mediodía Sai nos requirió para ayudarlo.

Salí sin tiempo para comer. Al final me había convencido de exponer uno y solo uno de los retratos de Sasuke. Cuando llegué a casa, papá ya había comido.

Estaba terminando de bañarme cuando lo escuché llamar a mi habitación.

—¿Cenarás en casa? —me preguntó del otro lado de la puerta del baño. Adiviné que asoció mi ducha temprana con una salida.

—En realidad, papá…

—¿Pensabas decirme de tu exposición?

Cerré la ducha —¿Cómo?

—Al parecer Sai me considera más que tú que eres mi hija.

Suspiré y volví a dejar correr el agua —En realidad no es algo relativamente importante.

Ya no respondió nada y yo casi entro en pánico cuando recordé cierta carta de Italia. Terminé de enjuagarme y me envolví en una toalla y un albornoz antes de abrir la puerta.

Sonreí nerviosa al verlo apenas sostenerla —Es a partir de las ocho —dije de inmediato. Vi con alivio que la soltó sin darle importancia —. Estará en exhibición el resto de la semana, así que…

—Estaré presente.

Asentí y lo vi salir, dándome privacidad.

Dejé escapar el aliento cuando la puerta se cerró. Tomé la carta y la guardé hasta el fondo del cajón de mi tocador. Aun había tiempo.

No había podido elegir nada de ropa y se me hacía tarde. Revisé mi closet y aunque no tenía idea qué ponerme, sabía que no me pasearía por las salas con nada ostentoso. Terminé por elegir un vestido casual gris, no muy corto, y unas botas altas. Apenas sequé mi pelo y me coloqué lo suficiente en el rostro para ocultar las pocas horas de sueño. Sai había mencionado que haría un pequeño brindis poco después de iniciar, así que no podía llegar demasiado tarde.

Revisé mi móvil mientras bajaba.

—¡Me voy! —alcé la voz.

Papá apareció por la puerta del despacho —¿Quieres que te lleve?

—No, ya pedí un taxi— dije, terminando de bajar. Mi transporte no demoraría en estar frente a la casa y yo no tenía ni un mensaje de Sasuke.

Suspiré, ¿y si lo olvidaba? No, él dijo que estaría ahí. Confiaba en eso, al menos iría unos minutos, después de todo, esta noche tendría trabajo.

Dejé de pensar en él en el trayecto, cuando recibí una fotografía de una de las paredes del evento. Se apreciaban varias de mis pinturas y un nerviosismo surgió.

• O •

Sasuke.

Había estado un par de veces en el Museo Metropolitano, habían pasado años desde ese tiempo de instituto. Las mejoras que había tenido el lugar eran notorias, lo comprobé al pasear por las distintas salas. Entre los visitantes, más de los habituales, supe que no era el que mejor encajaba.

Entre el bullicio donde predominaban adultos, me hice camino hasta Hinata. Sonreí al verla. Estaba en un pequeño círculo, donde se rodeaba por un par de parejas y un joven alto y pálido que la presentaba. Hinata sonreía como pocas veces, jovial, con luz en sus ojos. Parecía agradecer, quizás algún cumplido. Yo permanecí de pie solo viéndola y ella no demoró mucho en hacer contacto visual. Su sonrisa se extendió aún más.

Me aparté viendo varias de las obras expuestas en las paredes y muros provisionales. La alfombra y muros oscuros realzaban los colores de los cuadros. Por doquier había personas curioseando, incluso camareros ofreciendo bebidas y galletas.

Sentí los pasos de Hinata antes de que tomara mi brazo.

—Creí que no vendrías.

—¿Por qué no iba a hacerlo?

Me sonrió y parecía igual nerviosa que emocionada.

—Dijiste que sería algo sin importancia, pero esto está a reventar, incluso tienen camareros— me burlé al caminar con ella de mi brazo.

Se ruborizó —Ni lo menciones, la idea de los camareros es una excentricidad de Sai. ¿No crees que es demasiado?

Me burlé —No, no lo creo — dije, aunque sí, lo era —. ¿Y qué tal todo?

—Genial— me dijo y volteó a saludar a uno de sus conocidos —. Hace un momento se vendió mi primera obra.

—¿En serio? Felicidades.

—Sí, bueno, se sintió muy, en verdad, muy bien. El dinero recaudado será a partes iguales para el artista y la escuela.

—¿Eso es justo?

Se rio —Solo la promoción lo vale. Lo es.

—¡Hinata! —una chica apareció frente a nosotros— Ven, necesito presentarte a alguien.

—¿Qué?

—Mira —le tomó la mano y le señaló con el rostro a un tipo alto y de pelo negro.

Hinata apretó mi brazo inconscientemente —Ay, no puede ser.

—Cielos, sí, es Utakata Santorini. Debes conocerlo. Vamos. — Hinata se dejó jalar y ambas casi corrieron al otro extremo de la enorme sala.

Y mientras Hinata saludaba efusivamente al tipo que parecía afeminado, yo seguí recorriendo el pasillo. Luego de ir en dirección contraria a ella, tras varios metros recorridos, di por fin con sus pinturas. Reconocí su firma. Dos de sus obras ya tenían una etiqueta de vendidos tras un par de horas de exhibición. Sus paisajes eran bastante buenos, con matices claros y usaba varias técnicas, no era ningún experto en arte, pero podía reconocer distintos estilos. Ella tenía varios. Era paisajista. Y también tenía retratos. En realidad, sus trabajos eran buenos, incluso aquél dibujo que aún me negaba a borrar de mi pared.

«Por favor, no te vayas, voy enseguida.»

Su texto llegó mientras observaba sus trabajos. Había contado trece, entre vendidos y no, y aún faltaban. Decidí no responderle y antes de poder seguir avanzando, me percaté de la presencia de alguien conocido. La cabellera pelirroja y alborotada fue fácil de notar. Los ojos verdes de ese tipo voltearon y se detuvieron en mí. Lo vi fruncir el ceño sin dejar de verme y luego se giró yéndose.

Avancé hasta lo que había estado viendo y comprendí por qué me pareció que reía mientras se iba. En medio de un pequeño grupo de pinturas de Hinata, estaban un par de retratos. Uno era una acuarela: unos ojos verdes, tristes, bajo mechones de cabello rojizo. El otro, más grande y mejor colocado, era un juego de luces y sombras. Ella había plasmado una mirada profunda, enérgica, pero con aura distante. Era yo, o esos tres cuartos de rostro lo parecían bastante. Busqué la cabellera rojiza y no la vi más.

Fastidiado, sin saber si Hinata lo había invitado también, regresé por donde había caminado. Ella llegó apresurada a mi lado y no dejé de verla, quería ver si encontraba algo que me dijera que supiese de la presencia del imbécil pelirrojo aquí. Pero ella solo parecía emocionada. No lo sabía. Eso me hizo un poco mejor.

—¿Terminaste allá? —pregunté luego de ver su rostro de disculpa.

—Lo siento —se disculpó sentidamente y volvió a tomarme de la mano.

—¿Y ese quién era? — me dispuse a sacarla de la sala.

Ella suspiró, molestándome, y respondió—: Ese, era nada más y nada menos que Utakata Santorini.

Rodé los ojos —Sí, eso oí, pero no responde mi pregunta.

Se rio y caminó –parecía- más a gusto a mi lado —Es un pintor italiano que se abre paso fuertemente por Europa y gran parte de Asia.

No me parecía la gran cosa, pero Hinata estaba realmente emocionada.

—Así que ese tipo de sujetos logran emocionarte —dije, haciéndola salir del área de exhibición.

—¡Y más que eso! Despierta mi admiración. Es tan joven y ha logrado grandes cosas. Estoy segura que será de los nombres más importantes en el arte contemporáneo.

—Italiano.

Asintió emocionada.

—Eso significa que te lo encontrarás en Italia.

—Cielos, daría lo que fuera porque sí —no dudó en responder, todavía le brillaban los ojos.

Sonreí sin entenderlo.

—No creo que sea la gran cosa.

—¡Oh! Júralo que sí.

—Bien, si lo dices.

—Espera, ¿no estarás celoso?

—¿Celoso yo? Ni de joda.

—¿En serio?

—No. Además, ya sabes lo que dicen de los italianos.

La vi fruncir el ceño —¿Y eso es?

—Todo el mundo sabe que lo tienen pequeño.

—¿El qué? —me preguntó frunciendo el ceño. Enarqué una ceja y cuando Hinata comprendió, enrojeció.

—¡Qué mentira! —rio.

—Yo que tú, no esperaría demasiado— me burlé.

—Es tan desagradable —me dijo y se abrazó a mi brazo. Estábamos en el descanso de las enormes escaleras del afamado museo —. Ni siquiera sé por qué terminamos hablando del tamaño de su pene.

Me encogí de hombros. Solo no se me daba la gana que asociara a un tipo que admiraba y la idea un pene enorme.

—¿Te ha gustado?

—¿El tipo de miembro pequeño?

Se rio —¡No! Todo esto.

Sonreí. Asentí luego de un segundo —Tienes talento.

—¿Te lo parece?

—Por algo te tienen en Italia, ¿cierto?

La sonrisa de Hinata disminuyó y dejó de verme —Cierto— respondió después y me soltó. Avanzó varios pasos observando la noche en la ciudad. El viento nocturno le revolvió el cabello y ella volteó a verme. No sabía lo que pasaba por su cabeza en ese momento, pero la luz de sus ojos había disminuido.

—Tengo algo para ti — sonrió emocionada al escucharme.

—¿En serio? Cielos, yo no tengo nada para darte— se mordió un labio y no supe por qué pensaba que tendría que dar algo a cambio.

—Bueno, a mí se me ocurre un buen par de cosas que podrías ofrecer en gratitud— dije observando esa parte entre sus muslos que el viento se encargó en remarcar.

Me vio achicando sus ojos.

—Es broma— dije.

—Bueno, ¿y qué es?

Saqué de un bolsillo de mi chaqueta de piel el par de boletos que le había conseguido.

—¿De qué son?

—¿Por qué mejor no los observas y te dejas de preguntar? —estiré la mano y los tomó.

No pasaron ni dos segundos cuando ella casi gritó emocionada.

—¡No puede ser, no puede ser, no puede ser! ¡Los conseguiste! ¿Cómo? — Hinata dio tantos pequeños saltos como sus tacones le permitieron, y luego terminó lanzándose a mi cuello. Cuando envolví su cintura, me rodeó con sus piernas y supe cuán emocionada estaba: el pudor y los correctos modales que siempre mostraba en público desaparecieron. Estaba frente al Museo de Artes Metropolitano abrazándome con brazos y piernas.

Hinata se pegó tanto a mí, que por un momento también me importó una mierda la gente que nos miraba. Ella dejó de ver los boletos y se apartó para verme a los ojos. No le permití bajarse y no hizo mucho por querer hacerlo.

—¿Cómo los conseguiste?

—Un amigo de un amigo.

—Pero se habían agotado. Debieron salir carísimos.

—No tanto.

Sus ojos se humedecieron y me sonrió. Hinata me besó y cuando quise tomarla de las nalgas y pegarla más a mí para sentirla toda, fui yo el que recordó en el lugar en el que estábamos.

—Por Dios, te amo. Te amo —me dijo y volvió a besarme. Lo repitió otra vez y terminó ocultando su rostro entre mi cuello. Apreté su nuca para mantenerla así y pude haber disfrutado de esa sensación cálida, de no ser porque me encontré con una mirada verdosa e interesada en nosotros. Gaara se iba cuando nos vio.

—Yo, Sasuke… siento haber di-… —Hinata buscó verme otra vez.

—Cállate— ya sin Gaara para vernos, la tomé de la nuca y la besé. Suponía que sus palabras eran movidas solo por su emoción, aunque la parte celosa y posesiva de mi quería que no fuese por ello. Ojalá aquél imbécil nos viera, pensé cuando metí mi lengua dentro de la boca de Hinata y ella correspondió.

Continuará…

¡Hola!

Vengo volando a dejar colgado este nuevo capítulo. Me he tardado, lo siento, pasaron muchas cosas. Gracias por estar leyendo, lo aprecio muchísimo.

Como he dicho antes, esta historia es mero relax, pero se ha ido extendiendo :c Como sea, no sé si el siguiente cap terminamos, o sea necesario uno más.

Agradezco comentarios:

•clausuhh •Lizeth de Uchiha •Ana OroVel •Kislev •Nena Taisho •UnohanaHinata •wolf-enzeru •Aty •Guest •kitty lory •Orkidea16 •Geo Tlalli •Flordeloto05 •hime-23 •alsole •KiaraUchihalove.

Ya. Y si por aquí hay alguien que sigue mi otra historia, ya voy corriendo para allá c:

Besos, que anden todas bien.