CAPITULO 11
-Se lo juro, milord, no fui yo quien alteró los libros. El lujoso estudio de Jasper revestido en caoba estaba bañado por la luz del sol, pero la atmósfera permanecía oscura y tensa. El señor Carter se quitó las gafas y frotó las lentes con su pañuelo como si intentara borrar los errores que Jasper le había mostrado.
-No pienso eso, señor Carter -dijo Jasper en voz baja, mientras le daba un golpecito a su pluma sobre la página abierta -Lo que quisiera saber es quién lo hizo.
Se reclinó mientras el señor Carter estiraba el cuello sobre los libros.
-No estoy seguro, milord. Las modificaciones son tan pequeñas que es difícil saberlo.
-¿Quién tiene acceso a los libros mayores, además de usted?
El señor Carter arrugó el entrecejo.
-Como ya sabe, se guardan en la oficina principal.
Cientos de personas pasan por allí todos los días, pero si se re fiere al personal, supongo que mis dos asistentes tendrían mayores posibilidades de modificar los números.
-¿Y ellos son...?
-Alexander Long y Christopher Duncan. Ambos han venido muy recomendados para el empleo. -Se inclinó hacia Jasper, con alivio en el rostro -En realidad, a uno de los hombres lo recomendó su padre, el Marqués.
Jasper suspiró con lentitud. -¿A cuál de ellos?
-A Duncan. Es escocés, creo que trabajaba en la finca de su padre antes de que se mudara a Londres en busca de una nueva posición.
Emmett, también presente, aclaró la garganta.
-Puedo reunir información sobre estos dos hombres para ti, Jasper. ¿Quién recomendó al otro hombre?
-Creo que ha sido sir James Pettifer o el señor John Brandon. -El señor Carter levantó una mano temblorosa para colocar sus gafas otra vez sobre su nariz -No tengo quejas de ninguno de los dos hombres. Siempre han parecido concienzudos, honestos y de confianza.
-Nadie lo culpa, señor Carter -dijo Alice desde una silla en la penumbra de un rincón.
Jasper resistió el impulso de mirarla con enfado. Él sí culpaba al señor Carter era evidente que el hombre era de masiado anciano para hacer su trabajo correctamente. Como si hubiera leído el pensamiento de Jasper, el señor Carter cayó a sus pies.
-Por favor, acepte mis disculpas, milord. Prometo que seré más diligente en el futuro.
Alice levantó las cejas hacia Jasper. De mala gana, él apisonó su deseo de despedir al hombre en el acto.
-Está bien, señor Carter. Lo superaremos. ¿Puedo sugerirle que mantenga los detalles de esta reunión en secreto? No querríamos que sus asistentes se enteren de nuestra ven taja y desaparezcan.
-Por supuesto que no, milord. -El señor Carter guardó el pañuelo en el bolsillo con un inconfundible alivio en el rostro -Seré la discreción personificada.
Después de la partida del señor Carter, Jasper miró fijamente a Emmett y a Alice.
Ella le sonrió.
-Fue amable por tu parte permitir que el señor Carter conservara su trabajo.
-Maldito estúpido. Se merece que lo despida. Ha sido negligente. -Jasper cerró el libro mayor y se reclinó en el asiento para apoyar sus pies enfundados en botas sobre el borde del escritorio-. Ahora supongo que esperarás que en cuentre la manera de reemplazarlo sin herir sus sentimientos. -Su voz estaba llena de sarcasmo.
Alice no logró esconder su regocijo. -Sería muy generoso de tu parte.
-Amable, generoso -le refunfuñó Jasper a su esposa -¿Con qué otras palabras deseas adularme hoy?
Emmett rio.
-Me alegra ver que Alice tenga ese efecto civilizador sobre ti.
Ella se puso de pie y alisó los pliegues de su vestido verde. Jas arrugó el entrecejo hacia ella.
-¿Adónde vas?
-Me han invitado a tomar el té en casa de los Pettifer esta tarde. -Puso su barbilla en alto y le lanzó una sonrisa de safiante-. Quizá pueda averiguar más sobre ese empleado tuyo.
-Creí haberte pedido que no tuvieras relación con ellos. -Jasper se incorporó de manera tan abrupta que los tacones de sus botas golpearon el piso de madera -Y desde luego que no quiero que realices ningún tipo de espionaje.
Alice lo besó la mejilla.
-Te veré en la cena, recuerda que prometiste asistir al baile del embajador conmigo esta noche.
-¿Por qué debería complacerte cuando no haces ni una de las malditas cosas que digo? -Frunció el ceño hacia la espalda de ella, que se retiraba cerrando la puerta con firmeza.
-Nunca pensé que una mujer te armara tal lío, Jas.-Emmett se sentó a un lado del escritorio.
-Bueno, pensaste mal. -Encendió un cigarro y le ofreció otro a Emmett-. Esperemos que recuerde ser discreta en su trato con los Pettifer. Es muy inocente.
Emmett sopló una nube de humo.
-¿Te preocupa que el padre de Alice pueda estar im plicado en todo este embrollo?
Jasper miró fijamente los tranquilos ojos azules de su amigo.
-Por supuesto que sí, aunque estoy más convencido de que esto tiene algo que ver con mi padre.
-Cálmate, Jas. Estoy seguro de que no está involu crado. -Emmett se estiró hacia adelante y pasó su dedo por la mandíbula apretada de Jasper. Cuando Jas se echó hacia atrás, Emmett quitó la mano de inmediato -Lo siento, es la fuerza de la costumbre. -Aclaró su garganta –Si te dijera que es hora de que vieras a tu padre por el hombre que es, en lugar del hombre del saco de tu niñez, ¿me escucharías?
-Escucharía, pero aun así no creería esas tonterías. Sé exactamente lo que es mi padre y lo que desea de mí. ¿Has ol vidado cómo te trató?
-No lo he olvidado, pero puedo entender por qué cre yó mejor eliminar todo rastro de tu vida anterior después de tu regreso a Inglaterra. -Peter suspiró -Era un recordato rio constante de tu pasado y, en verdad, yo también era una carga. Solo deseaba lo mejor para ti.
Jasper se puso de pie y se dirigió hacia la ventana. El carruaje de Alice se retiraba de la puerta principal.
-Tú eres más generoso que yo. Él deseaba fingir que no había sucedido nada, deseaba que actuara como si nunca me hubiera apartado de su lado y me hubiera criado como a un perfecto caballero, preparado y dispuesto para heredar su patético título.
-Pero tú también deseabas olvidar, Jas. Tal vez te pa reces más a él de lo que crees. ¿Cuándo te has tomado un mo mento para hablar sobre aquellos horrores que soportamos?
-Emmett apagó el cigarro en el cenicero -Aún insistes en que nada de lo que te ha sucedido en el burdel tiene influencia en tu vida presente.
Jas presionó la palma de su mano con fuerza contra el cristal de la ventana mientras los recuerdos de los cuerpos ex citados y calientes susurraban en su mente. Cerró los ojos contra las voces insidiosas y la oleada de malestar que vibraba a través de él. Con un insulto, se dio media vuelta para en frentarse a Emmett.
-No soy ni una mujer ni un poeta. No necesito coti llear sobre mis sentimientos, ¡maldición!
-No hay necesidad de gritar, Jas. Solo intento ayudar. Jas miraba a su amigo con enfado. Ya no recibía con agrado las caricias de Emmett, pero el vínculo que compartían iba mucho más allá de lo físico. Era la única razón por la que aún lo escuchaba. Luchaba por volver a concentrar sus pensamientos en las cuestiones más urgentes que tenía entre manos.
-¿Averiguarás todo lo que puedas sobre Long y Dun can, entonces?
Emmett se apartó del escritorio, con la mirada contem plativa.
-Me aseguraré de investigar a ambos hombres por igual. Si hay malas noticias para darte, te las daré en persona. ¿De acuerdo?
-De acuerdo. Ahora debo asistir a otra cita. -Jasper apagó el cigarro -Debo encontrarme con Victoria In gham en casa de la señora Helene para hablar sobre nuestro futuro, o la inexistencia de este.
-No es la mejor elección para el lugar de encuentro, Jas. -Emmett hizo una mueca -Hará todo lo posible para que vuelvas a su cama junto a ella.
-Lo sé. -Jasper esbozó una breve sonrisa. Estaba deseando ocuparse de Victoria-. Confía en mí, no tendrá éxito. Por desgracia, era la única manera en que podía conse guir que por fin se reuniera conmigo.
Alice sonreía mientras Maria Pettifer le ofrecía una taza de té. Su anfitriona parecía demasiado arreglada para recibir a una visita en casa, pero el gusto de Maria tendía a ser más recargado que el de Alice. Maria intentaba estar al corriente con cada antojo de la moda, le quedara bien o no. El vestido de satén con listas verdes y doradas en estilo egip cio no era una de sus mejores elecciones.
La lluvia repiqueteaba contra los cristales de la ventana y contribuía a la penumbra de la estrecha sala de estar. Había muchos muebles apretujados en el pequeño espacio, Alice siempre temía que sin querer tirara algo con un giro impru dente o al extender una mano.
Los cinco relojes de la sala comenzaron a dar la hora, y Maria brincó. Alice apoyó su taza. -Pareces un poco distraída, Maria.
La taza de té de Maria tintineó en su platillo.
-¿Sí? -Esbozó una risa forzada -Quizá se deba a que estoy esperando que mi esposo llegue en cualquier mo mento. Tenemos un huésped que se quedará con nosotros.
-Debiste haberme dicho que era un momento inoportuno, siempre puedo volver otro día.
-Oh, no, Alice, siempre eres bienvenida. -Se mordió el labio y miró de manera furtiva hacia la puerta -Es solo que no estoy acostumbrada a tener extraños en mi casa. Sabe Dios qué comerá el hombre.
-Tal vez puedas preguntárselo cuando llegue -Sugi rió Alice con amabilidad.
-¡Ni siquiera sé si habla inglés! -Maria parecía estar al borde del llanto-. A veces es duro fingir que sé cómo debe actuar una dama en cada situación determinada. Ojalá nunca hubiera intentado mejorar mi situación social.
-Puedo esperar hasta que llegue, si lo deseas. -Alice intentaba no parecer demasiado ansiosa -Sé hablar fran cés, alemán y algo de portugués. Sin duda sabrá alguno de esos idiomas.
Maria le dio varios toquecitos a sus ojos con un pañuelo de encaje.
-Es muy dulce de tu parte, pero sir James fue bastan te firme al decirme que no debía mencionarle a nadie lo de nuestro visitante. ¡Ay, Dios mío! -Sus ojos se abrían mientras miraba fijamente a Alice -No se lo dirás a nadie, ¿verdad?
Alice luchó contra un impulso de reír.
-Por supuesto que no. -Le echó más azúcar al té. Se le ocurría que podría sacar partido de la situación. Maria estaba muy involucrada en el manejo diario de las empresas navieras de sir James.
-Jasper tiene un empleado que habla varios idio mas para este tipo de emergencias, un hombre que creo que tú y sir James podrían conocer, un tal señor Alex Long.
-No recuerdo ese nombre. -Maria arrugó el entrecejo -Y como dije, estoy segura de que a sir James no le agradaría que me involucre con ninguno de los empleados de Jasper.
-Creo que el señor Long era empleado de sir James anteriormente. Estoy segura de que será discreto.
Maria suspiró.
-Si la situación se torna desesperada, mencionaré al señor Long, pero dudo que sir James quiera tratar con un empleado de Jasper. Gracias por la intención, Alice. Eres una muy buena amiga. -Quedó paralizada cuando el sonido inconfundible del llamador de la puerta retumbó por las escaleras-. Podrían ser ellos. Supongo que será mejor que vaya y sea amable.
Alice también se puso de pie.
-Estoy segura de que todo irá bien. Maria la sorprendió con un abrazo.
-Eres un encanto. Ahora deja que me asegure de que te marchas sin problemas en tu carruaje.
Cuando bajaron las escaleras, el vestíbulo estaba lleno de cajas y criados. Maria se detuvo para organizar el traslado del equipaje, dejando a Alice en libertad para acercarse a la puerta medio abierta del estudio de sir James.
Una risa efusiva, que sin lugar a dudas identificaba como la de sir James, retumbó. Ella aguzó los oídos para es cuchar la respuesta de su compañero pero no pudo reconocer el acento del interlocutor. Cuando la puerta se abrió de golpe, ella volvió al vestíbulo con toda la rapidez que pudo.
-¡Vaya, lady Masen, qué placer! -Sir James se acercó a ella y tomó su mano-. ¿Acaba de llegar o se retira?
Antes de que Alice pudiera responder, Maria apa reció de lado.
-¡El carruaje de Alice está en la puerta en este mismo momento! -Señaló hacia el estudio y susurró-: ¿Está allí dentro?
Alice no pudo pasar por alto el entrecejo arrugado de sir James al volverse y dirigirse a su esposa.
-Sí, querida, nuestro huésped ha llegado. -Hizo un gesto de manera intencionada hacia Alice. -Quizá quieras despedir a lady Masen y luego venir a saludarlo.
Con Maria a su lado, Alice salió por la puerta prin cipal y bajó los escalones. Mientras entraba al carruaje, Maria de repente se animó.
-He sido muy estúpida. Sé qué darle de comer, Alice. ¡Es de Turquía! Tiene que gustarle el arroz a la turca, ¿no es verdad?
Con un último saludo, Alice se acomodó en el carruaje para meditar sobre la información que había reunido. Sir James tenía un visitante de Turquía. ¿Era solo una coincidencia que quisiera mantener a su huésped en secreto? A estas alturas, Alice no lo creía. Se reclinó contra el cómodo asiento de brocado y sonrió. No podía esperar para contárselo a Jasper.
Jasper le dio el sombrero y los guantes a uno de los discretos lacayos de la señora Helene y se dirigió al salón principal. Como era de esperar, había muy poca actividad a mitad del día. Sonreía mientras la señora Helene se acercaba a saludarlo, llevando un vestido de seda dorado y rubí que hacía juego con la decoración lujosa de la sala al caminar. A menudo se preguntaba cómo una mujer hermosa e independiente ha bía llegado a ser propietaria de un establecimiento tan famo so. Valoraba demasiado su amistad como para curiosear.
Cuando Emmett lo presentó por primera vez en la Casa de Placer, Jasper solo había agradecido encontrar un lugar en el que pudiera satisfacer su voraz apetito sexual de manera discreta y sensual mutuamente. Inspeccionó el pasillo débil mente iluminado al otro lado del salón que conducía al inte rior de la casa. Las habitaciones al otro lado parecían guardar las simientes de la excitación sexual en sus paredes.
-Jasper, es un placer verte. ¿Buscas a Emmett?
Le sonrió a su rostro con forma de corazón enmarcado por gruesos rizos rubios. ¿Cuál era su edad? Nadie lo sabía con certeza. Celebraba su nacimiento con el día de la Bastilla, insistía en que no podía recordar cuándo era el verdadero día de su cumpleaños. Él sospechaba que había perdido a su fami lia durante el Terror en Francia.
-Buenas tardes, Helene.
Le besó la mano. Había sido su primera amante en la Casa de Placer. Habían compartido una noche memorable du rante su primer año de confusión, luego de regresar de Tur quía. Su energía había llegado a la altura de su juventud, y su técnica e inventiva lo habían superado con facilidad. Habían acordado separarse, a sabiendas de que eran demasiado pare cidos en su temperamento como para ser una pareja estable alguna vez.
-No busco a Emmett. Quedé en encontrarme con lady Victoria aquí.
Helene arrugó el entrecejo.
-Creo que está en la habitación egipcia otra vez.
-Observó a Jas con la mirada aguda -Creía que tu matrimonio te había ayudado a separarte de lady Victoria.
Jasper sonrió.
-¿Me estás aconsejando, Helene? No es propio de ti. En verdad estaba sorprendido. De todos los años desde que la conocía, nunca había hecho comentarios sobre sus ex cesos sexuales o su relación peculiar con Emmett.
No se inhibió ante su mirada.
-No me gusta Victoria Ingham. No te merece. La sonrisa de Jasper desapareció.
-Lo sé. ¿Por qué crees que estoy aquí?
-Espero que sea por las razones correctas, amigo mío.
-Así es, ¿qué otras razones hay?
Besó los dedos de Helene y se dirigió a zancadas hacia la parte trasera de la casa. Sabía con exactitud dónde se encon traba la habitación egipcia. Había disfrutado de jugar allí en años anteriores. Al caminar, imaginaba a Alice vestida de es clava egipcia, y se imaginaba chasqueando los dedos por ella. « ¿Vendría al llamarla o sacudiría la cabeza y se marcharía?»
Su débil sonrisa desapareció al abrir la puerta y en su lu gar encontrar a Victoria. Estaba recostada sobre una mesa de piedra. La habitación estaba decorada como un templo egipcio, con estatuas de mármol, palmeras y un altar de sacrificio. El cuerpo desnudo de Victoria yacía descubierto ante su mirada mientras tres hombres vestidos de esclavos masajeaban su piel con aceite, y un cuarto hombre se encontraba arrodillado entre sus muslos y movía la boca sobre su vagina afeitada.
Jasper se apoyó contra la puerta y contempló la es cena erótica. A pesar de los gemidos y los suspiros de Victoria, su mente permanecía indiferente; su pene no se excitaba. -¿Deseas que espere hasta que hayas terminado, Victoria?
Su fría pregunta hizo que ella se sentara, desplazando las manos sobre sus pechos y al hombre entre sus piernas.
-¿Jasper? ¿Ya estás aquí? -Se mordió el labio inferior y pasó lentamente los dedos sobre sus pechos acei tados mientras se volvía hacia él -¿Querrías ayudarme a que me apresure?
Jasper miró su reloj antes de guardarlo en el bolsillo. -Tal vez quieras despedir a estos hombres; no tengo mucho tiempo hoy.
Ella hacía pucheros mientras los hombres desaparecían y luego envolvió una sábana de seda alrededor de sus pechos prominentes.
-¿Por qué deseas hablar conmigo?
Esperó a tener su atención antes de sacar un fino estu che de joyas del bolsillo y mostrárselo.
-Estoy seguro de que lo sabes. Por eso me has evitado durante las últimas semanas.
Victoria le arrebató el estuche de su mano extendida y lo abrió. Gritó ante el collar de diamantes que contenía. -Creo que es habitual al terminar una relación ofrecerle a la ex amante una pequeña baratija para suavizar el gol pe. Espero que sea suficiente.
-¿Por qué deseas terminar nuestra relación? -Victoria parecía verdaderamente confundida.
-Porque tengo una esposa.
-Pero, ¿por qué debería detenerte? Todos saben que se ha casado contigo por el dinero. Sin duda no esperará que le seas fiel.
Jasper sonrió.
-No lo sé. Todo lo que sé es que intento serle fiel.
La expresión de incredulidad de Victoria adquirió el duro brillo del enfado.
-¡Eso es ridículo! Eres incapaz de ser fiel. Jasper se puso de pie.
-Eso está por verse. -Le hizo una reverencia y se di rigió hacia la puerta -Te deseo buena suerte, Victoria.
Ella luchó por ponerse de pie, tropezaba con la sábana que colgaba.
-¡No esperes que te acepte de vuelta cuando te canses de esa puta maulladora de cuna humilde!
-Confía en mí, no lo haré.
Cerró la puerta mientras un frasco de aceite se precipitaba hacia él, seguido de un alarido de rabia. Sus chillidos acrecentaban el volumen mientras él regresaba por el pasillo. Esperaba que los hombres de la habitación egipcia no interrumpieran la rabieta de Victoria. Podía ser bastante destructiva cuando se lo proponía.
