Harry Potter le pertenece a J. K. Rowling.

Epílogo.
¡Actúa ya!

Andrómeda se mordió el labio: perdió la admiración de su hermana y acabó enamorada de Tonks, quien ahora la ignoraba cada vez que la veía. Por lo visto, Tonks se cansó de dedicarle atención.

Definitivamente, qué ironía: los papeles se invirtieron.

Tendría que dejar atrás su actitud orgullosa, no perdería al chico que amaba por algo tan absurdo como su familia; ya no le importaba continuar con el prestigio familiar. Su único interés estaba en recuperar el afecto de Tonks y de su hermana pequeña; después lo que debería suceder, sucedería. Independiente de qué sea. Su último año sería todavía más complicado que éste que casi terminaba, ya que solamente faltaba que supiera quién ganó la Copa.

Andrómeda se prometió que no desperdiciaría su próximo año. Ni sus vacaciones, que era cuando ambas estarían juntas.

Debía enmendar todas sus equivocaciones, una a la vez.

La vida de Andrómeda cambió radicalmente, para bien o para mal.